¡Olóo! Lo sé,lo sé...No he publicado en un poco más de tiempo del normal. Pero he vuelto y prometo mañana publicar oootro capi en la mañanita :)
Capítulo 5: ¿Caracoles?
- ¡Awww, Astoria! ¡Déjame verla!
- Cállate. Ya dije que NO.
- Pero, pero…Esque…
- Dije cállate Dafne. ¿te lo deletreo?
- No puedes negar que está hermosa.
- Sí. Esta hermosa y es MÍA. Así que ahora cierra la boca.
Odiaba a Dafne cuando se emocionaba por algo. A pesar de que era mayor que yo, era sumamente infantil y molesta.
Y más ahora, que tenía clavada su mirada en la flor que tenía en mis manos.
Era un tulipán de cristal con un hechizo que lo hacía cambiar de color según el estado de ánimo del que la sostenía. Por ejemplo, ahorita estaba de un color amarillo brillante. Supuse que era porque tenía mucha hambre, o porque estaba enojándome con mi hermana.
Dafne suspiró por tercera vez.
- Creo que deberías ir a darle las gracias.
Le lancé una mirada asesina. Había encontrado el tulipán en la mesa de Slytherin del Gran Comedor, y sabía que era para mí porque la tarjeta lo decía.
Y la tarjeta estaba firmada por Alexander.
- ¿Entonces ya son novios? - preguntó Dafne mientras se servía más omelette.
- Sí. No. No sé. ¡Aaahh deja de hacer preguntas tan difíciles!
- Pero no es difícil. Ayer se besaron, hoy te deja un tulipán. Es obvio que lo son.
- No, no es obvio. No me lo ha preguntado.
- Oliver tampoco te lo preguntó jamás.
- Bueno, con él era diferente.
Dafne me dedicó un movimiento desdeñoso con la mano. Seguí dedicada a mi desayuno hasta que alguien me tapó los ojos. Pensé que era el tonto de Zabini, con el cual siempre me había llevado bastante bien.
- Blaise, ¡basta idiota! Estoy desayunando.
Las manos movieron mi cabeza negativamente. Era obvio que no era Zabini. Y fue aún más obvio cuando sentí un beso en mi mejilla. Mi visión regresó.
Volteé, y Alexander estaba parado detrás de mí, sonriente.
Todos los slytherins presentes miraban la escena disimuladamente. Los maldije por lo bajo.
- Veo que te gustó tu regalo – me dijo señalando el tulipán en mis manos.
- Mucho – mentí, pues aunque era lindo, esas flores no eran mis favoritas – el hechizo está muy bien hecho.
Eso si era verdad. Había que darle crédito al chico.
- Es un hechizo de irrompibilidad y otro permutador muy sencillo. Nada del otro mundo.
- Pues aunque es sencillo, te quedó muy bien.
- Gracias. ¿Nos vemos después del desayuno para ir a Pociones?
- Claro.
Me dio un beso rápido en los labios y se dirigió hacia la mesa de Ravenclaw. Ya sentado, me volteó a ver y dejó salir una gran sonrisa. Confundida, bajé la mirada hacia el tulipán: noté que había tomado un brillante color rosa. Bufé.
Dafne suspiró…por enésima vez.
...
La mazmorra donde tomábamos pociones era más bien un congelador. Estaba helando.
Justo cuando mi "algo" –como le llamaba Dafne a Alexander- me estaba acomodando mi túnica para que me abrigara más, entró el profesor Slughorn.
- ¡Buenos días chicos! Esta clase van a trabajar por parejas, que yo voy a formar – dijo con una sonrisa que ningún slytherin se molestó en contestarle.
En realidad, a ningún slytherin le agradaba. Todos extrañábamos a Snape.
Sentí un nudo en la garganta al recordarlo, con su capa negra ondeando tras él, siempre favoreciéndonos, siempre frío, siempre protector con los de su casa.
Disimuladamente me sequé una lágrima furtiva.
- Veamos... – murmuró, comenzando a acomodar a las parejas.
Me tocó justamente con Blaise Zabini. Comenzamos a trabajar en la poción.
- Oye Astoria – me susurró mientras pulverizaba unos caracoles - ¿entonces es cierto que andas con el hermano menor de Cormac McLaren? – señaló con la mirada el tulipán, en ese momento transparente, que descansaba encima de mi mochila, bajo la mesa.
- Pues…creo que sí – le susurré dudosa – no me ha preguntado nada, pero pues ya me trata como si fuera su…su novia.
"Novia". Palabra que siempre me daba trabajo pronunciar.
- Bueno, Wood tampoco te preguntó nada nunca, y ve cuánto duraron.
- Lo sé Blaise, lo sé.
- ¿Al menos esta vez no es un Gryffindor, eh? – dijo juguetón mientras echaba los caracoles pulverizados al caldero borboteante – vas mejorando. El próximo debe ser un Slytherin.
- Claro, ¿algo más, capitán? – le dije risueña.
- Ese par de allá atrás – nos regañó Slughorn – menos plática y más trabajo.
Entre risas disimuladas, le solté un codazo a Blaise.
-Ponte a trabajar, Zabini, por favor.
- Menos plática, Greengrass – me dijo Blaise mientras me empujaba con la cadera para intentar hacerme caer – menos plática y más trabajo.
Estallamos en risas ahogadas.
-Profesor – canturreó una voz justo atrás de nosotros – Ya no tengo caracoles.
- ¿Alguna vez has tenido, Malfoy? – solté mientras vigilaba que Slughorn no me escuchara.
- Claro que sí. ¿Quieres venir y comprobarlo?
- No, gracias. No quiero deprimirme al ver que has vivido engañado toda tu vida.
Blaise soltó una carcajada que a duras penas pudo apagar.
- ¿Mucha risa, no chicos? – dijo Slughorn, apareciendo de pronto al lado de nosotros, con una caja llena de caracoles.
- Lo sentimos profesor – dijimos Blaise y yo a coro.
Slughorn giro y le dio los caracoles a Malfoy.
- Lindos caracoles, Malfoy – le susurró burlonamente Blaise cuando Slughorn se alejó.
- Lo sé, y no tienes que decir que te encantan, Zabini. También lo sé.
- Sí, Malfoy. Sueño con ellos todas las noches. – le dijo Zabini mientras le lanzaba un beso.
Malfoy estiró el brazo sobre su mesa y lo golpeó en la cabeza con su libro, aguantando la carcajada.
- Par de niñas – les dije burlona mientras removía mi poción – váyanse a otro lado a coquetear.
- ¿Celosa, Greengrass? – susurró Draco.
- ¿De qué? ¿De que tengas caracoles, de que a Zabini le gusten tus caracoles, o de que a Zabini le gustes tú?
Zabini me miró con los ojos entrecerrados, riendo.
Draco se encogió de hombros.
- De que Zabini sepa que mis caracoles son lindos y tu no.
- Para nada. Realmente no me interesa saber que tienes lindo y que no. Es más, ni siquiera me interesa saber si tienes caracoles o no.
- Ya veo. ¿Y tu novio, ese tal McLaren, tiene caracoles o es como Wood?
Muchas cosas pasaron al mismo tiempo y con tal rapidez que no supe bien qué ocurrió.
Me enfurecí y saqué mi varita para maldecir a Malfoy, él sacó la suya para defenderse, Neville Longbottom gritó, y hubo una explosión por todo el salón.
Un segundo después, todos estábamos llenos de poción maloliente y parduzca.
- ¡¿Qué…qué diablos pasó? – gritó Slughorn, intentando quitarse el exceso de poción del rostro.
Todos volteamos a ver a Longbottom.
-…Creo…creo que fue mi poción…
Slughorn lo miró con enojo.
-20 puntos menos para Gryffindor, y se quedarán a limpiar la maz…
Se interrumpió, clavando su mirada en el suelo al lado mío. Seguí sus ojos, y vi a Malfoy inconsciente, lleno de poción. A fin de cuentas, parecía que mi maleficio si le había alcanzado.
No pude evitar reírme: se veía realmente ridículo ahí tirado.
- Señorita Greengrass, anda muy risueña el día de hoy, ¿no cree? Lleve al señor Malfoy a la enfermería, y de paso intente limpiarle la túnica.
Volteé a ver a Slughorn como si estuviera loco.
- ¿¡Quiere…quiere que lo desvista!
Slughorn me miró fijamente.
- Bueno, si quiere hágalo, pero no aquí. Yo pensé que, siendo usted una bruja, podría limpiarle la túnica con la varita.
Sentí claramente la sangre en mis mejillas: Slughorn era un estúpido que nunca sería como Snape, como lo acababa de demostrar. Todos me miraron, y escuché a Zabini soltar una risita. Carraspé.
- Claro, claro… enseguida, pro-fe-sor. – dije esa última palabra en tono de burla, barriendo a Slughorn con la mirada.
Tomé mi mochila, la de Malfoy y lo saqué del salón con un hechizo levitatorio, maldiciendo por lo bajo.
