¡Oló! Aaaaahh sé que hace muuucho no actualizaba! Lo siento! D: Pero veo con alegría y felicidad que hay reviews y muchos favorites y todo. ¡Mil gracias! :3 Ahora que mis vacaciones terminaron, prometo actualizar un capi por semanita. Aquí está el primero de ésta semana...Que será especial porque el Jueves es mi cumpleaños así que les regalaré otro capi el Jueves xD Espero les guste! :D
Capítulo 8: Inevitable
Pasaron las semanas y lo que había pasado en el baile era de conocimiento público. Malfoy no me hablaba, yo tampoco a él, y Alexander sólo empeoraba las cosas sin querer. Y era sin querer, porque era grandioso conmigo. Era detallista y amable, pasábamos horas juntos platicando y haciendo tareas…y me hacía sentir más y más culpable a cada segundo que pasaba.
Porque desde aquel incidente, algo había pasado entre Malfoy y yo. Algo irreparable, y me di cuenta de eso porque aunque nos evitábamos, siempre coincidíamos en donde fuéramos. E invariablemente, nuestras miradas se cruzaban por unos segundos antes de que alguno de los dos la retirara. Incluso pasaba esto cuando estaba con Alex, lo cual me ponía de malas.
Afortunadamente, ya las vacaciones de Navidad estaban a la vuelta de la esquina, y no tendría que estarle viendo su desagradable cara a Malfoy.
Pero una semana antes de salir, recibí un recado en clase de Historia de la Magia.
Estaba luchando por no dormirme en la clase, cuando una pajarita de papel llegó volando y me picoteó duramente la cabeza, cayendo luego a mi pupitre.
Después de sobarme donde me había picoteado, la tomé, notando que estaba muy bien hecha, y miré alrededor. Todos estaban poniendo atención, todos menos…
Bufé, y desdoblé la pajarita. Había una sola línea escrita con una caligrafía fina y elegante.
"Dijiste que no te hablara, pero no mencionaste nada sobre que no te escribiera."
Suspiré, y escribí.
"¿Qué quieres Malfoy?"
Después de unos minutos de enviada, la pajarita regresó a mis manos.
"Pedirte una disculpa. Creo que fui muy grosero y atrevido en el baile. No debí hacerlo y realmente lo lamento."
Leí la línea tres veces, y me giré en mi pupitre para verlo. Tenía una cara seria, y cuando lo miré, hizo un gesto de súplica. Me giré de nuevo, y miré fijamente el papel por un largo tiempo. Mi cerebro se resistía a creer que eso hubiera sido escrito por Draco Malfoy: él jamás pedía disculpas. No era natural de él.
"Bien. ¿Qué es lo que quieres?"
"Las clases para el patronus. Siguen en pie, ¿cierto?"
Como dije, Draco Malfoy jamás pide disculpas si no son realmente necesarias.
"No"
"Bien. Te arrepentirás, Greengrass."
"Reprobarás, Malfoy, y me burlaré."
"Y tú te quedarás sin saber qué viene en el ÉXTASIS de Historia de la magia, lo cual si lo supieras, sería una gran ayuda ya que por lo que veo no es tu materia fuerte, y desafortunadamente necesitas un "Extraordinario" para lo que tú quieres trabajar."
Maldije al leer la nota. Yo quería trabajar en el departamento de misterios del ministerio, y para entrar ahí necesitaba notas de "Extraordinario" en todos mis ÉXTASIS.
Y Malfoy lo sabía, por la chismosa de mi hermana, y se aprovechaba de ello.
"Bien. Tendrás tus clases como habíamos acordado, pero primero me dirás que viene en el ÉXTASIS de historia"
"Te diré la mitad antes de empezar y al terminar las clases te diré la otra mitad."
"La otra mitad me la darás justo a la mitad de nuestras clases. Creo que yo soy más de fiar que tú."
"De acuerdo, Greengrass. Todo con tal de que ya no me molestes con tus papelitos."
Volteé a verlo escandalizada: ¡fue él el que había empezado con las notas!
Malfoy tenía una sonrisa burlona en la cara, y me guiñó un ojo.
Rápidamente le hice una mueca de asco y me giré, para continuar con mi lucha contra el sueño.
Al cerrar los ojos brevemente, recordé su guiño.
Sentí escalofríos…De asco, claro.
...
La tarde fría y nublada del Viernes de la penúltima semana de clases me atrapó en la biblioteca, estudiando como loca, buscando libros sobre un tema realmente urgente.
"Dementores.", "El patronus: un estudio a sus secretos", "Técnicas avanzadas de defensa contra las artes oscuras", "Patronus corpóreo: mitos y realidades." y los títulos seguían y seguían, todos ellos esparcidos sobre la mesa de biblioteca que había conseguido para mí sola, después de correr a unos Gryffindor de segundo curso.
Estaba enfrascada en la lectura sobre patronus corpóreos cuando escuché un susurro de tela detrás de mí.
- ¿Patronus corpóreo? ¿Para qué lo estás estudiando?
- Lo preguntarán en el ÉXTASIS de defensa.
- ¿Cómo sabes? – preguntó Alex mientras me comenzaba a hacer un masaje en el cuello.
- Humm…digamos que sólo lo sé de buena fuente.
- Vaya…estás tensa. ¿No quieres ir a dar una vuelta? El día está algo frío, y con algo de suerte encontraremos chocolate caliente en el Comedor.
- Bueno, ya que insistes…
Cerré el libro y él me ayudó a regresar los volúmenes a los estantes. Al salir de la biblioteca, choqué contra alguien.
- ¡Cuidado por donde vas, Greengrass! – exclamó una voz muy conocida para mí.
- Esfúmate, Malfoy. – le dije mientras lo miraba a sus ojos grises, empujándolo.
Sólo en ese momento me percaté que Alexander me tomaba de la mano.
Me sentí incómoda: éramos novios, pero por algún extraño motivo no me sentía como su novia.
- No lo entiendo… - musité después de un rato de pensar en el asunto.
- ¿Qué no entiendes?
- Eeh nada…
Alexander se detuvo a medio pasillo y me tomó por los hombros, mirándome fijamente. Me sentí extrañamente acorralada. Incómoda de nuevo, rehuí su mirada.
- ¿Qué es lo que te ocurre, Astoria? Estás muy rara desde hace tiempo. Y además…
El Ravenclaw dejó la frase en suspenso, y se mordió el labio. Lo miré, confusa.
- ¿Además qué?
-… olvidaste nuestro aniversario.
Abrí la boca, sorprendida. Era cierto: había olvidado por completo cuando cumplimos un mes. Pero bueno, no era mi culpa: el jamás me había preguntado correctamente, no sabía que día era el exacto y…
No pude seguir el hilo de mis pensamientos pues el beso de Alexander me interrumpió. Me besó con tal fuerza que terminé azotada contra la pared, atrapada en sus brazos y más confundida que minutos antes. Su beso, apasionado y fogoso, tenía un sabor a desesperación. No muy segura de lo que pasaba, le correspondí.
Sus manos comenzaron a moverse por mi espalda y mi cintura, acariciando cada parte que podían con rapidez y fuerza; y sin saber bien cómo fue, terminamos en un salón solitario.
Alexander me apresó contra una pared y sus labios comenzaron a bajar por mi cuello, mordiendo y besando con fuerza y necesidad. Sentí sus manos desabotonando mi camisa del Colegio, y su boca comenzando a besar todo lo que le era posible.
Lancé un gemido…Y entonces reaccioné: ¿qué diablos le ocurría a Alexander McLaren?
Lo tomé de los hombros y lo empujé firmemente hacia atrás. Su cabello castaño estaba revuelto y, Merlín sabía cómo, se había quitado su suéter, quedándose con su camisa medio desabotonada. Me miró confundido.
- ¿Qué ocurre?
- Eso es lo mismo que yo te pregunto, Alex. ¿Qué te ocurre? Tú…bueno, tú no eres así.
- ¿Te molesta?
- No, no…pero, bueno, nunca lo habías hecho de éste modo…
Me callé. Las veces que habíamos ido más allá, había sido yo la que comenzaba la acción. Y las pocas veces que él comenzaba, lo hacía de forma lenta y suave, sutil; no con esa pasión surgida de la nada.
- Y ¿No te agrada?
- No, no…es que…bueno…- me acomodé la blusa de forma que me tapé lo más que pude – no sé por qué lo haces, porqué este cambio, y quiero saberlo.
- Porque siento que no estás conmigo. – me contestó, directo como siempre – siento que tenemos una relación pero no te siento en ella. Cuando empezó estaba todo bien, pero de un tiempo para acá…estás rara, ausente.
Suspiré, ¿cómo le podía explicar todo lo que sentía sin herirlo? Él no era el culpable, era yo por no estar segura de estar con él.
Pero, ¿por qué no estarlo? Él era perfecto, justo lo que yo siempre había dicho que buscaba. Íbamos a terminar Hogwarts al mismo tiempo, guapo, rico, de buena familia…
-Pero le falta algo.
- ¿A quién? – me miró confuso
- Diablos. Demonios. Escregutos…
Lo miré, un poco apenada.
- Alex, yo… - me senté en un pupitre y lo miré – no se bien que es lo que me ocurre. Te quiero, en serio, pero…
- ¿Pero me falta algo?
Vi su semblante serio, pero no me podía ocultar que se sentía mal.
Sin pensar, me levanté de nuevo y lo abracé fuertemente, cerrando los ojos. Pegué mi cabeza a su pecho, y escuché el latido de su corazón. Él, sorprendido por mi cambio, se quedó quieto, y me abrazó a su vez.
- Escucho tu corazón – musité después de un rato.
- ¿Qué te dice?
- Humm…me dice tum-tum
Él rió.
-A veces puedes ser sorprendente, Astoria – me dijo entre risas – eres cambiante, como la Luna. Creo que por eso me llamaste tanto, porque contigo nunca se sabe que pase.
Levanté la vista, y me encontré con sus ojos miel, brillantes y tiernos, mirándome amorosamente. Sentí algo cálido en el corazón.
- Lo siento, Alex. Siento mucho el ser tan cambiante y no saberte demostrar lo que siento por ti…
Lo besé.
Lo besé porque me nació hacerlo, no por pena o lástima. Y para mi sorpresa, me agradó ese beso: fue dulce, y subió de intensidad poco a poco.
Las caricias retomaron el ritmo frenético que nos había llevado hasta ahí. Y sin saber bien cómo, terminamos en el suelo del salón, completamente desnudos y devorándonos el uno al otro...de la forma más literal posible.
Y el sueño nos venció.
...
Desperté, y noté a Alexander dormitando en mi regazo. Aun bostezando, adormilada, jugueteé con su cabello para intentar despertarlo, y observé los últimos rayos del Sol agonizantes que caían sobre un mechón rubio entre mis dedos. Merlín, ¿Cuánto habíamos dormido?
Alto. Alex no tenía mechones rubios.
Dí un ligero brinco que hizo que el chico me volteara a ver.
- ¿Qué ocurre?
- Yo…
Dios mío. Ésos ojos no eran miel. Ése rostro no era el de Alexander.
Cerré los ojos fuertemente y volví a abrirlos.
Los ojos miel de Alexander McLaren me miraban, mientras éste se estiraba.
- …Nada…ya es tarde, Alex…Debemos irnos a nuestras salas comunes o nos castigarán…
- Sí, creo que tienes razón…-me sonrió y bostezó de nuevo mientras se levantaba del suelo.
Había visto mal: seguramente una ilusión óptica por los rayos del Sol del anochecer. Un error que a cualquiera puede pasarle…
