Olóo! Aaaahh lo sée! No había actualizado en siglos D: Lo siento! Pero había estado muy muy ocupada u.u Así que a forma de disculpa, les dejaré dos capítulos más. Muchas muchas gracias por sus favorites y reviews! Me hacen muy muy feliz :D Y sin más,los dejo con los capis.
Capítulo 9: Recuerdos.
Un contento Alexander McLaren me fue a dejar a la entrada de mi sala común. Intenté deslizarme sin ser notada, y todo iba muy bien hasta que…
- ¿¡Dónde diablos te metiste todo el día, Asty! ¡Te busqué por todos lados y no estabas! Llegó una carta de papá.
- Dámela – le dije secamente a mi hermana mientras me sentaba al lado de ella, en el sillón de la sala común, y le quitaba la carta.
- Dice que el viernes que viene, él nos irá a recoger a la estación, y que…
- Sé leer, Dafne. Puedo enterarme sola, gracias. – la corté.
- Bueno. Ahora dime dónde estabas.
- Eso no es tu asunto.
- Estabas con Alex, ¿cierto?
- Sí, ¿qué tiene de especial eso?
- Nada, nada… ¿me contarás los detalles o qué?
La volteé a ver: su rostro resplandecía, sonriente.
- Eres una tonta, Dafne. No hay nada que contar.
- ¡Claro que hay! Dime: ¿se besaron? ¿se abrazaron? ¿tendrán Alexitos y Astoritas?
- ¡Dafne Greengrass!
- De acuerdo, de acuerdo…
- Simplemente te diré que estuvo bien. Fue con él, como debe de ser. Y estuvo bien. Es bueno, bastante bueno de hecho…
Mi hermana me miró, confundida, durante un momento. Luego entrecerró los ojos.
- ¿Cómo que fue con él como debe de ser? ¿Qué acaso podía haber sido con alguien más?
- …Por Merlín. ¿De qué hablas, Dafne?
- Lo dijiste ahorita…dijiste "Fue con él, como debe de ser."… ¿Por qué dijiste eso?
La miré, atontada. Segundos después, su mirada cambió a una más maliciosa.
- Ya veo…¡estás enamorada de alguien más!
- ¡NO DIGAS IDIOTECES! – mi hermana brincó en el sillón y varios slytherins en la sala común nos voltearon a ver. Respiré hondo – …Es decir, no digas idioteces, Dafne. Yo sólo estoy enamorada de Alex, no podría estarlo de nadie más. Wood ya quedó en el pasado y…
- Yo nunca mencioné a Wood. No dudo que a él ya lo hayas olvidado, no completamente, pero ya no está tan presente como antes. Pero yo te conozco, Asty, y sé que aunque quieres mucho a Alexander, si realmente estuvieras enamorada de él no hubieras dicho eso.
- Pamplinas, Dafne. Ahora esfúmate. – la corté, comenzando a leer la carta.
- De acuerdo, hermanita, sólo recuerda que te lo advertí. No estás enamorada de él y si te sigues engañando lo único que vas a lograr es lastimarte y lastimarlo. Piénsalo.
Y sin más mi hermana mayor se fue, dejándome sola y confundida.
La última semana fue algo así como un infierno: al no haber casi ni una clase, las palabras de mi hermana no me dejaban nunca de rondar en la cabeza, Alexander estaba más feliz de lo que había estado en toda nuestra relación y desde el viernes, diario me iba a buscar al pasillo que daba a mi sala común para darme algún obsequio…lo cual me hacía sentir culpable, Merlín sabía por qué.
Además, aún no lograba ejecutar un patronus corpóreo. Diario leía sobre cómo hacerlo, y me la pasaba en el salón de los menesteres, mínimo unas tres horas, y terminaba agotada, pero no parecía avanzar.
A veces el propio Alexander me ayudaba en el salón de los menesteres, y aunque había ocasiones en que en vez de practicar, terminábamos bastante entretenidos en otra cosa, él ya había logrado un hermoso patronus en forma de tucán. Mis patronus normales si eran mucho mejores de lo que jamás habían sido, pero no lograba ejecutar un corpóreo, lo cual me tenía de un humor no muy bueno.
El jueves decidí pasarme todo el día entrenando mi patronus, así que me escurrí sin ser notada de la sala común.
Pero justo cuando iba llegando al pasillo que daba al tapiz del troll, vi a quien menos esperaba. Me intenté esconder, pero fue demasiado tarde.
- ¿Qué, Greengrass? ¿Buscando a tu noviecito?
- Eso es algo que no te importa. Lárgate.
- Ooh, ¿Estás de malas, huh? ¿Acaso no te complace como debe?
- ¿Qué, Malfoy, piensas que puedes complacer mejor que él?
Los ojos del rubio brillaron.
- Pruébame si quieres.
Solté una risa de nervios que sonó a burla, afortunadamente.
- Quisieras, Malfoy. Ahora vete.
- ¿Acaso te citaste con él para revolcarte en el salón de los menesteres, Greengrass?
- Sí. ¿Quieres ver cómo lo hacemos o prefieres imaginártelo?
La sonrisa de Malfoy se borró inmediatamente. Le sonreí, triunfal, y me di la vuelta.
Pero sentí su mano sobre mi brazo, jalándome y azotándome duramente contra la pared.
Mi primer reflejo fue intentar sacar mi varita de mi capa, pero me detuvo con la mano que tenía libre.
- Suéltame, Malfoy, o te arrepentirás.
- Oblígame.
Lo miré a los ojos. Me veían de una forma que…sentí como si me atravesaran la piel, haciéndome aún más difícil respirar. Sus manos apretando mis muñecas contra la pared aumentaban la presión a momentos.
Me llegó el olor de su colonia a mi nariz. Me recordó a un postre que hacía mi madre, al cual le ponía trozos de madera de ciclamor y…
- Canela.
-… ¿Eh?
- …suéltame, Malfoy. Me estás lastimando…
Noté cómo sus manos dejaban de apretarme con tanta fuerza, pero no me soltaron. Las miré: simplemente se quedaron ahí, inertes y enredadas en mis muñecas. Lo volví a ver a los ojos, y había un brillo distinto, que nunca había visto. ¿Confusión? ¿Miedo?... Dio un paso hacia mí, y noté su aliento cálido en mi rostro, su cuerpo pegado al mío, como en el baile de Halloween.
¡Muévete, estúpida! ¡Golpéalo!
Pero esta vez no reaccioné, mi cuerpo ya no quería obedecer a mi cerebro histérico.
Sus pulgares acariciaron lenta, muy lentamente la piel de mis muñecas, casi con miedo, dirigiéndose a mis manos…
Donde mis dedos se enredaron en los suyos, de una forma tan natural que parecía que siempre habían debido estar ahí.
Me miró, sorprendido. Yo…simplemente lo miré, y di otro paso hacia él.
Se acercó aún más, mi nariz rozó la suya…y sus labios rozaron los míos.
Pero apenas sentí ese roce, un choque eléctrico recorrió violentamente mi espina dorsal. Sentí que me sonrojaba, así que lo empujé y corrí hacia el salón de los menesteres sin mirar atrás.
Ya adentro, a salvo de esos ojos grises, me dejé caer en el suelo alfombrado. Noté que estaba hiperventilando.
¿Qué demonios había pasado? ¿Por qué diablos estaba tan agitada? Bueno, no era para menos, Malfoy me había azotado contra la pared. Esta vez sí que se había sobrepasado, el muy desgraciado…
Volteé hacia las paredes de espejo que siempre pedía al salón para entrenar. Mi reflejo, pálido y tembloroso, me devolvió la mirada, echándome en cara lo que tantas veces me había negado. No estaba agitada por enojo, ni siquiera por haber corrido. Ya me había estado mintiendo demasiado tiempo. Me acosté en el suelo, y clavé mi vista en la bóveda del salón hasta que mi corazón y mi respiración se calmaron. Después de un rato, cerré los ojos.
Un niño rubio de piel blanca y maliciosos ojos grises me enseñaba la lengua mientras su padre lo jalaba del brazo para sacarlo de una tienda. El mismo niño me empujaba en el andén 9 ¾. Me arrugaba la nariz cuando me veía sentar por primera vez en la mesa de Slytherin al lado de mi hermana mayor. Me maldecía al ver su libro de pociones de tercer año lleno de tinta, que casualmente se me había caído sobre él.
Recuerdos, recuerdos, recuerdos…insignificantes recuerdos: miradas cruzadas durante un desayuno o una clase. Saludos nimios, peleas tontas…
El niño, ya un adolescente, me miraba con desdén mientras pasaba del brazo de Wood, en el baile de Navidad del Torneo de los Tres Magos. Me lanzaba un maleficio que yo bloqueaba, al ver su placa de la brigada inquisitorial totalmente quemada, descansando en las brasas aún calientes de la chimenea.
No pude evitar una sonrisa al recordarlo.
Recuerdos, recuerdos…
El mismo chico, un poco cambiado, chocaba conmigo una noche en la entrada de la sala común, y me extrañaba que me ignorara, que no me insultara y siguiera apresuradamente su camino, aunque en ese tiempo ignoraba a todo mundo y casi nunca estaba en la sala común. Lo veía correr, huyendo de Hogwarts, acompañado de personas con capas negras, iluminados solamente por la marca tenebrosa en el cielo. Los ojos grises buscaban por entre el caos y el miedo. Buscaban desesperadamente, cruzándose con los míos de pronto, pero los perdí de vista pues nos estaban sacando del castillo a todos. Gritos, muchos gritos. Y a lo lejos, un ejército de mortífagos, esperando, esperando…
Recuerdos…
El rubio sonreía mientras salía del Ministerio con sus padres. Se sentaba en el sillón, al lado de mi hermana, y le acomodaba el cabello atrás de su oreja. Me miraba altivamente mientras lo apretaba contra la pared, amenazándolo con mi varita. Sonreía, contento, mientras Alexander y yo lo mirábamos furiosos. Le pegaba con un libro a Zabini, en la cabeza. Su cabello rubio brillante descansaba sobre su frente, mientras yo se lo terminaba de limpiar. Se caía sobre mis piernas, y por mi empujón se levantaba, sonrojado. Se sentaba en un sillón al lado mío, mientras yo comía una varita de regaliz. Me pegaba a su cuerpo en el baile de Halloween, sus dedos se hundían en mis caderas, me susurraba al oído. Huía de mis golpes, dando un brinco hacia atrás. Me guiñaba el ojo en la clase de Historia de la Magia. Chocaba conmigo en la entrada de la biblioteca. Lo veía, recostado a mi lado, resultando ser una ilusión.
Temblorosa, me levanté del suelo.
Él me azotaba contra la pared, apresándome de las muñecas. Sus ojos grises me atravesaban. Sentía su respiración en mi rostro, su cuerpo contra el mío.
Abrí los ojos, pues ya no podía mantenerlos cerrados por más tiempo. Ya no quedaban recuerdos que negar. Ya no quedaba tiempo para mentir…
Acariciaba mis muñecas suavemente. Mis dedos se enredaban entre los suyos. Mi nariz tocaba la suya.
Y nuestros labios se rozaron.
El recuerdo de su colonia apareció de nuevo en el ambiente...
Ya no quedaba tiempo para mentirme.
Levanté mi varita, con la sensación de sus labios en los míos.
- ¡Expecto Patronum!
