...Y he aquí el segundo capi que dije. :) ¡Disfrútenlo y nos vemos en el siguiente!
Capitulo 10: La carta.
Draco Malfoy:
¡Hola! Espero no te sorprenda mi cart...
Eres un asqueroso estúpido, y obviamente no quiero darte clases de...
Basta de maldiciones imperio, ¡eres tan malo en ellas que me he dado cuenta de que me estás haciendo una! No tienes derecho a manejar mis pensamientos de éste modo, no tienes derecho a meterte a mi cabeza de ésta manera, te odio, me das asco y jamás podr...
Supongo que recuerdas las clases que habíamos acordado. Pues olvídalas, no me intere...
No puedo dejar de pensarte.
Las clases serán el mismo Lunes que iniciemos, a las 8 de la noche, ya sabes en dónde. Lleva tu varita y algo de comer.
Astoria Greengrass.
- Demonios – murmuré, observando fijamente el trozo de pergamino tachoneado por todas partes, con frases inconclusas que sólo me hacían sentir peor.
Leí la última frase subrayada y, suspirando por enésima vez, recargué los codos en mi escritorio de ébano y cerré los ojos.
La imagen del rubio apareció frente a mí, desviando sus ojos de los míos cuando nos encontramos en el tren, el viernes pasado. Volví a sentir el roce de su cuerpo al pasar junto a mí en el pasillo, sin intentar poner distancia para que pasáramos sin problema. Volví a sentir su brazo bloqueándome el camino a mi compartimento, mientras sus ojos se clavaban en los míos con esa altanería típica en la mirada, y su respiración se mezclaba con la mía…antes de que yo lo empujara de nuevo y saliera corriendo.
Volví a sentir escalofríos.
Abrí los ojos y miré a mi alrededor: realmente, ya extrañaba mi casa, mi habitación, y generalmente en vacaciones me la pasaba danzando de allá para acá en mi casa, devorando cualquier golosina navideña que podía robar de la cocina.
Pero esta vez era diferente. Muy diferente. Me sentía rara, incómoda, y nerviosa.
Extrañaba Hogwarts…y lo extrañaba a él.
Ciertamente todo era más sencillo ahora que sabía que me gustaba Draco Malfoy. Él, ese estúpido que había criticado siempre, al cual había aborrecido y con el cual siempre me llevé mal. El cual se había acostado con Merlín sabía cuántas, entre esas mi hermana…Al cual casi beso en el penúltimo día de clases, y en el viaje de regreso en el tren, y al cual le intentaba escribir una carta para avisarle de las clases para el patronus…cuando en realidad, simplemente quería escribirle, saber de él. ¿Qué estaría haciendo en ese preciso momento, allá en su mansión?
- ¿Pensando en el chico misterioso? – musitó la voz de mi hermana desde la puerta de mi habitación.
Saliendo de mi ensoñación, noté que había recargado mi cara en mis manos y tenía una sonrisa estúpida en la cara. Bufé, volviendo a mi seriedad.
- No te importa.
- ¿A quién le escribes? – me dijo Dafne mientras se acercaba a leer el papel.
Actué rápidamente y lo escondí, arrugándolo en mis manos y levantándome de la silla, encarándola.
- A nadie que te importe.
- ¡Déjame ver! Anda Asty, no le digo a nadie.
- Eso no me importa, pero no quiero enseñártelo.
- ¿Por qué?
- Porque no y punto.
- Bien. – me dijo cortante mi hermana, girando sobre sus talones…
Y se lanzó sobre mí, tirándome sobre la mesa, intentando robarme el papel.
- ¡Dafne Greengrass!
- ¡Déjame ver!
Intenté guardarlo, pero fue demasiado tarde: mi hermana tenía el papel en sus manos y, dando un salto hacia atrás, lo desdobló rápidamente.
No pude evitarlo: leyó el nombre, leyó las líneas tachadas. Leyó todo, y sólo se quedó mirando fijamente el papel, sin ninguna expresión en el rostro. Tragué saliva.
- Dafne, yo…
- No. No digas nada. – me cortó mientras me miraba fijamente, entregándome el papel. Lo tomé con mano temblorosa.
- No sé cómo ocurrió, Dafne. Yo estoy con Alex y lo quiero, de verdad que lo quiero…
- Pero no te complementa, hermanita. – hizo una pausa, y agregó teatralmente - …Lo sé todo.
La miré, boquiabierta, mientras ella se sentaba en la orilla de mi cama, con una expresión de triunfo en el rostro.
- Escucha, Asty. De una forma u otra, yo siempre supe lo que pasaría. Alexander es todo lo que tú siempre has dicho que buscas, y en circunstancias normales terminarías casada con él, con Alexandritos y Astoritas. Pero el detalle está en que no te complementa. Llena tus expectativas y altas exigencias, pero no te complementa…y eso es algo que tú no tenías contemplado, ¿cierto?
Me limité a afirmar, estaba demasiado sorprendida para hablar.
- En cambio, Malfoy…bueno, siempre se han odiado. Creo que nunca habían intercambiado una palabra amable hasta éste año. Y sin embargo, es obvio que son tal para cual: los dos son muy parecidos pero a la vez son polos opuestos…Malfoy es todo lo que aborreces. - me tomó por los hombros, sacudiéndome – ¡Merlín, Astoria! Tú defiendes a Granger cuando hablan mal de ella, y él…bueno, no hay mucho que aclarar. A ti te importa una varita de regaliz la pureza de sangre, y él es todo lo contrario…y sin embargo, hay tantas cosas en las que se parecen…
- No…no entiendo. ¿Qué no polos iguales se repelen y polos opuestos se atraen?
- Exacto. Tú dime cómo ha sido tu relación con Malfoy durante todos estos años.
Abrí la boca y volví a cerrarla.
Esa frase era una descripción exacta de lo que yo iba a explicar, sólo que Malfoy y yo teníamos polos opuestos e iguales al mismo tiempo.
Suspiré, derrotada, y me dejé caer en la cama al lado de ella, escondiendo la cara entre mis manos.
- Por mí, no hay problema mientras no te haga sufrir – me dijo mi hermana mayor mientras me acariciaba el cabello – y creo que deberías intentar evitar negar tanto lo que sientes. A ti te atrae, y tú a él, es obvio. Simplemente están perdiendo el tiempo al negarse.
- Es difícil, sabes…
- Nadie dijo que sería fácil, Asty. Piensa que tampoco lo es para él, con lo orgulloso que es. Y creo, solamente creo…que tienes miedo a enamorarte.
Levanté la mirada y la clavé en ella.
- …Yo…claro que no…
- ¡Venga Asty! Esa vez que engañaste a Oliver… ¿te acuerdas cómo fue? Fue porque habían discutido, lloraste y te diste cuenta que lo querías más de lo que tu creías. Así que fuiste con ese chico de Ravenclaw…
- Bernard…
- Si, si, bueno, él, que siempre te había buscado como mosca a la miel, y pasaste la noche con él. Claro, después modificaste la memoria del chico, pero desgraciadamente no se puede modificar la propia. De hecho, terminaste con Oliver porque él te propuso matrimonio cuando terminó su educación. Dijo que te esperaría a que terminaras Hogwarts…y te negaste. ¿Acaso no fue por miedo?
Solté un sollozo.
- Entonces no tengo porqué explicarte más cosas, ¿no? Y ahora con Alexander…bueno, si lo quieres pero no como él a ti.
- No es eso, Dafne, es sólo que…le falta algo…
- Algo que Malfoy si tiene…y creo que deberías dejar de negarlo.
Me dedicó una sonrisa y salió de mi recámara, dejándome sola con mis pensamientos sobre el amor, Draco Malfoy y mis dementores personales.
- Maldita sea…- murmuré, y al ver de nuevo el papel arrugado al lado mío, sentí un nudo en la garganta.
¿Qué pasaría cuando él viera la forma que tenía mi patronus? ¿Deduciría de algún modo que no lo odiaba, sino todo lo contrario? ¿Qué diría al verlo?
Volteé a ver el tulipán de cristal que descansaba en mi escritorio. Me levanté y lo tomé entre los dedos. No tomó ningún color.
Maldito seas, Draco Malfoy.
Inmediatamente el cristal tomó un color rojo brillante. No rosa brillante, como cuando lo tomaba pensando en Alex, sino rojo brillante. Lo miré fijamente.
- Por Merlín…
