:D Olóoo de nuevo :D Tarde, pero aquí está el otro capi :) ¡Ya pasamos la mitad de la historia! :3 *hurras* En fin...muchas gracias a todos por leer :D Espero les guste.


Capítulo 11: La decisión.

- Mi estómago está retorciéndose de hambre…

- Pero si acabas de desayunar… Yo creo que son nervios.

- No seas estúpida, obvio no estoy nerviosa.

- Como digas…

Mi hermana buscaba desesperadamente su libro de Defensa contra las Artes Oscuras. Los copos de nieve caían, suavemente, posándose en el alféizar de la ventana en el cual tenía clavada mi mirada.

- Ya no pienses más, Asty. Te volverás loca. Mejor espera a tenerlo de frente para ponerte nerviosa.

Volteé a verla. Tenía una sonrisa traviesa en el rostro.

- …¿Qué diablos dijiste, Dafne?

- Nada, nada… Vamos, que se nos hace tarde.

No me permitió preguntarle de nuevo pues salió huyendo del dormitorio.

- ¡Dafne Greengrass! ¡Ven acá! ¡No me has respondido que…!

Me corté a la mitad de la pregunta: ahí, parado a la mitad de la Sala Común, estaba Draco Malfoy, al cual había estado evitando, con mucho éxito por cierto, durante la primer semana de clases.
Él volteó, y sentí un puñetazo en el estómago al tener sus ojos grises clavados en los míos.
Pero no eran los mismos ojos grises que yo conocía. Tenían un brillo distinto…algo que no me permitió desviar la mirada de ellos.

- Astoria.

"Astoria." No "Greengrass", sino "Astoria".

-…Draco.

"Draco." No "Malfoy", sino "Draco".

Un silencio incómodo, el cual mi bendita hermana rompió.

- Bueno, yo eehhmm…me adelanto a la clase. Los veo al rato.

Y salió apresuradamente de la Sala.
Durante lo que a mí me parecieron horas, pero sé que sólo fueron segundos, ninguno de los dos se movió, ninguno dijo nada. Sólo nos miramos.

-…Tus clases para el patronus te las daré hoy.

- …Justo eso te quería preguntar - entrecerró sus ojos grises - No me avisaste en vacaciones.

Diablos. Demonios. Escregutos.

- Si bueno…estuve algo ocupada. Pero te lo aviso ahora: a las 8 p.m. en el Salón de los Menesteres. No llegues tarde. ¿De acuerdo?

- Perfecto.

Otro momento de silencio. Nos miramos.
Y sin poder aguantar más la tensión, salí corriendo de la sala.

...

El reloj marcó las 7:30 de la noche. Suspiré, mientras comenzaba a recoger mis libros de la mesa de la biblioteca. Alex, sentado a mi lado, levantó la vista.

-¿Ya te vas, corazón?

- Sí… Quedé de dar unas clases de patronus corpóreo a… unos de mi casa.

- De acuerdo… te acompaño.

- ¡NO!…Es decir, no… No te apures, a ti te falta bastante tarea… No hay problema.

- Pero quiero ver tu patronus corpóreo. No me has dicho que forma tiene.

- Ah… Mejor te lo enseño mañana, con más tiempo. Además, no quiero cansarme ahorita, prefiero guardar energías para la clase.

Le acaricié suavemente la oreja, mientras le sonría. Él jamás me negaba nada cuando hacía eso.

- De acuerdo. – murmuró mientras me sonreía.

- Nos vemos luego – le dije antes de besarlo fugazmente en los labios y salir corriendo de la biblioteca.

...

¿Ya estaría Malfoy ahí? Me detuve en un pasillo para ver mi reflejo en una ventana.
Estaba pálida. Mis ojos verdes eran lo único que brillaba en mi rostro. Me ordené el cabello, que caía en mis acostumbrados rizos suaves enmarcando mi rostro, intentando ondularlo más bonito.

Pero… ¿Qué diablos hacía? Ni siquiera para Alex me arreglaba en los vidrios de las ventanas. Bufé, y seguí caminando por el pasillo.
Al llegar al pasillo de la Sala, no vi a Malfoy por ningún lado. Pero al llegar al muro donde aparecería la puerta, noté que ya estaba una. Intrigada, entré sin llamar.

El salón estaba amueblado como una sala elegante, algo oscura por los tapices verdes combinados con negro. Había cojines por todas partes, y del lado derecho del salón, una chimenea ardía alegremente. Frente a ella, un acogedor sillón, y sentado en él, un rubio bebía serenamente de una copa.

No hice ningún ruido, pues él no había notado mi presencia: estaba sumido en sus pensamientos, contemplando el fuego. Lo miré: la luz de las llamas hacía que su piel blanca adquiriera un tono dorado, y su cabello rubio brillara más de lo normal. Sus labios, apretados, dejaban ver que estaba pensando algo importante. Sus ojos grises eran cruzados por reflejos amarillos y rojizos, dándole un aspecto casi mágico. Sus manos tomaban la copa con delicadeza, balanceándola cuidadosamente, para que después su nariz fina se acercara al borde, aspirando poco a poco el olor del vino. Nunca hubiera sospechado que el chico supiera catar vinos.

Tenía recogidas las mangas de su camisa blanca, y no pude evitar fijarme en los relieves que se alcanzaban a ver en su muñeca izquierda: los vestigios de la marca tenebrosa. Como si hubiera sentido mi mirada, sus ojos grises también se posaron en ella por un instante…
Y su rostro reflejó algo que jamás le había visto: una mezcla de dolor, tristeza… y nostalgia.
No pude hacer nada más que ver a ese niño vuelto hombre, que por primera vez dejaba ver algo que no era frialdad. Cómo había cambiado a través de todos esos años, del pequeño Draco pedante que me enseñó la lengua la primera vez que lo vi, a ese Draco…

- Draco.

Volteó, y sus ojos grises se posaron en los míos.
Esos benditos ojos grises, que brillaron de forma extraña, de una forma que me desarmó, que no me permitió evitar lo que pasó.

Me enamoré.

Maldita sea, me enamoré.

Se levantó, dejando su copa sobre la chimenea, y caminó hacia mí, pero no de esa forma engreída en la que solía hacerlo. Simplemente…caminó.
Y se detuvo frente a mí… demasiado cerca.
No pude dejar de notar lo bien que se veía: traía un pantalón de vestir negro y la camisa blanca desabotonada del primer botón. Su colonia llegó a mi nariz, y no hice nada para evitar aspirarla. Es más, aspiré un poco más de lo normal: olía bastante bien.

-…¿Comenzamos?

-…Es lo que he estado esperando estas últimas semanas, Astoria.

Lo miré a los ojos de nuevo. Y noté que él no había desviado la mirada.
Arqueó una ceja, y me sonrió de esa forma torcida que sólo él hacía. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.

Concéntrate, idiota.

- …Bien, eh… Tu varita.

Me la mostró, jugueteando con ella entre sus dedos finos.

- De acuerdo…-caminé hacia el centro libre de muebles de la habitación- es sencillo, sólo concéntrate en algún recuerdo que te haga sumamente feliz. El más feliz que tengas.

- ¿El que sea? – me dijo mientras se paraba a mi lado.

- El que sea.

Cerró los ojos, concentrándose, y se mordió el labio inferior.

Merlín, que sexy.

- Ya lo tengo.

- …

-…¿Astoria?

- Eh… ¿Eh?...¡Ah! Sí… Bien, ahora que ya lo tienes, no lo pierdas, levanta tu varita y di: expecto patronum. ¿Listo?

Sin abrir los ojos, el rubio levantó la varita.

- ¡Expecto patronum!

Nada pasó.

- Concéntrate…

- Eso hago.

Después de unos cuántos intentos fallidos, de su varita salió una densa niebla plateada, que se quedó por unos segundos ahí… Y se disolvió.

- Diantres.

- No te apures, no esperaba que lo lograras a la primera. Es magia muy avanzada y…

- ¿Te das cuenta que no nos hemos peleado desde que entraste?

Abrí la boca y la cerré de nuevo, sorprendida.

-…Bueno, usa eso como recuerdo feliz la próxima vez.

Reímos, pero nuestra risa se fue apagando y nuestras miradas se cruzaron de nuevo.
El silencio reinó por un instante. Él dio un paso hacia mí. Tragué saliva y desvié la mirada.

-… Bien. Eehh… Intentémoslo de nuevo. Sólo concéntrate y trata de expulsar esa alegría del recuerdo a tu alrededor.

- De acuerdo. No tienes que repetirme instrucciones obvias, Astoria.

Bufé y lo miré: me sonrío, burlón, antes de cerrar los ojos de nuevo para concentrarse.
Se tardó un poco más que la vez anterior, antes de repetir:

- ¡Expecto patronum!

La niebla plateada volvió a surgir, ésta vez más densa, de su varita. Y se quedó ahí, flotando a su alrededor.

- No tiene forma. ¡Maldita sea! – gruñó el rubio.

- ¡Pero es excelente! La puedes mantener aun cuando no estás concentrado sólo en ella, sino también en una conversación. Eso es un gran avance, a pesar de que ya sabías hacer patronus normales…
La niebla se disolvió de pronto, y él cayó de rodillas. Volteé a verlo, alarmada, y me agaché a su lado. Se veía cansado y un poco tembloroso.

- ¿Estás bien? – le pregunté, sin entender el porqué de su cansancio.

- Sí. Perfectamente.

Una sospecha apareció en mi cabeza.

-…Ya sabías hacer patronus normales, ¿Cierto?

Me miró fijamente.

- …Obviamente, no seas tonta... – murmuró mientras se levantaba.

- Sigues siendo el mismo grosero de siempre – le recriminé cortante.

- No me pienso pelear contigo ahorita.

- Entonces no vuelvas a hacerme enojar, a menos que quieras que te lance un maleficio.

- ¿Me estás amenazando, Astoria?

- Tómalo como quieras, Draco.

Nos miramos con enojo durante unos instantes.

Y sin saber bien el porqué, tomé rápidamente un cojín del suelo y se lo aventé a la cara.
Le dio de lleno en el rostro, estrellándose con un ruido sordo. Solté una carcajada.

- ¿¡Qué diablos crees que haces! – me reclamó mientras el cojín caía en sus manos.

Lo miré, y reí aún más fuerte: su cabello estaba desordenado en el frente, dándole una apariencia muy graciosa.
Pero mis risas fueron interrumpidas por un cojín… justo en mi cabeza.

- ¿¡Qué te ocurre! – le dije mientras lo observaba luchar por no reírse.

- Estás igual de despeinada que yo. – y soltó una carcajada.

Me sorprendió: Draco Malfoy sabía reír. Y no burlonamente, ni sarcásticamente, como siempre lo hacía. Sabía reír de verdad. Hasta sabía dar cojinazos.
No pude evitar reírme de pensar en lo estúpidos que debíamos vernos a la mitad de esa elegante Sala de los Menesteres, despeinados y casi revolcándonos de risa.
Después de un rato, nuestras risas fueron menguando, como momentos antes. Y volvimos a quedarnos en silencio. Mirándonos.
Merlín, podría pasarme la noche mirándolo a los ojos…

- Astoria, yo…

Guardó silencio. Mi estómago dio un brinco.

Maldita sea. ¿Yo qué, Malfoy? ¿Te encanto? Lo sé. Sólo dímelo y todo será más sencillo para los dos. Me encantas, estúpido y engreído Draco Malfoy, me encantas, así que sólo dime

Su mano derecha posándose en mi rostro suavemente cortó de tajo el hilo de mis pensamientos, dejándome en blanco.
Dio otro paso hacia mí, y su aliento se mezcló con el mío.
Miré por un instante sus labios finos, tan cerca de mí. Su nariz, rozando la mía como antes había pasado… Pero esta vez era diferente. Ésta vez yo sabía lo que quería.
Lo miré fijamente a los ojos, y mis manos subieron lentamente a su rostro.

Me miró, sorprendido. No pude evitar sonreírle. Un instante después, él me sonrió. Pero no era su sonrisa torcida, sino una sonrisa. Una sonrisa...
Acarició mi nariz con la suya, y cerró los ojos, aun sonriendo. Mi estómago dio otro brinco. Cerré los ojos…

Y nos besamos.

Perdí el piso. Sólo sentía sus manos acariciando mi rostro, mis manos rozando su cuello, su cuerpo pegado a mí, y sus labios… esos labios, acoplándose perfectamente a los míos, como si para eso hubieran nacido. Como si se hubieran buscado desde siempre, y al fin se hubieran encontrado para jamás separarse...
Y al fin hacerlo, escuché que susurró:

- Astoria…

Abrí los ojos y lo miré.
Tenía una mirada luminosa, y una sonrisa en los labios. Merlín, me encantaría…

-…Verte así todos los días.

-…¿Cómo?

- …Nada, nada…

- A veces piensas en voz alta. Lo sé.

Reí.

- ¿Así que querrías verme así todos los días? –me dijo mientras me abrazaba más fuerte y me guiñaba un ojo.

- Quizá, no te sientas tan importante.

- Te acabo de dar el mejor beso de tu vida, ¿Y así me respondes?

- Así muestro mi amor.

El rubio soltó una carcajada. Y volvió a verme a los ojos, lo cual me hizo sentir un violento escalofrío que disimulé.
Pasó sus dedos por mi rostro delicadamente. Sonreí.

- Astoria…

Noté un ligero color en su tez normalmente blanca. No era posible… ¿Draco riendo, dando cojinazos y sonrojándose en una sola noche?
Pero el orgulloso mago se intentó sobreponer sin éxito, sonrojándose aún más. Aguanté la risa.

- ¿Sí, Draco?

- Humm…¿Qué se siente ser mi novia?

Lo observé confusa, boquiabierta. ¿Qué demonios…?

- …¿Perdón? ¿Yo, tu novia?

- Claro. Porque no creas que te irás con un beso de Draco Malfoy así como así.
Lo miré fijamente, y su sonrisa de conquistador flaqueó, revelando lo que ocultaba: dudaba de si realmente lo quería o no.

- Draco Malfoy. Yo tengo novio…

- No soy celoso. Además, un novio es un defecto que se quita o que se ignora…

- Yo no pienso engañar a mi novio más de lo que ya lo engañé.

Su sonrisa se esfumó por completo.

-…¿Entonces por qué demonios me correspondes? ¿Por qué diablos me besas? – masculló, enojado - ¿Por qué lo haces, Astoria Greengrass?

Sus ojos, que pasaron de una tierna calidez a un frío glacial en segundos me dejaron ver que estaba enojado. No, no enojado, furioso. Suspiré, y tomé su rostro entre mis manos. Me miró fijamente y antes de que pudiera reclamarme, volví a besarlo, pero ésta vez con fuerza tal que no sé cómo terminamos chocando con el sillón. Me separé y lo miré, sonriente. Él suspiró, abrió los ojos y me miró, confundido.

- Yo tengo novio…El cual no es realmente mi novio pues no lo siento como tal. Pero pienso dejarlo con una condición para tí…

- ¿Cuál: que vaya directo al Avada Kedravra con él sin pasar por el Crucio?

- ¡Draco!

- De acuerdo, de acuerdo…

- Mi condición es que recuerdes que generalmente, a una chica se le pregunta si quiere ser la novia de alguien antes de que lo sea.

Me miró fijamente, y el sonrojo le volvió al rostro.

- Debes estar bromeando, Astoria Greengrass.

- Para nada. Y más te vale, Draco Malfoy, que te esmeres. Porque si no, te rechazaré.

- Me extrañarás, Astoria, lo veo en tus ojos.

- Y tú a mí, Draco, lo veo en los tuyos. Decide.

Me miró con los ojos grises entrecerrados durante un instante, y su brazo alrededor de mi cintura me acercó a él aún más.

- ¿Quieres que te explique con manzanas el hecho de que ya decidí?