:D :D :D Olóooo! :D Pues aquí está! El último capi! :3 En realidad el penúltimo porque ya va el epílogo :D Espero les guste mucho mucho y dejen muchos reviews y favorites y alerts y todo :3 Nos vemos! :D


Capítulo 16: Draco y Astoria.

- No puedo creerlo, Dafne. ¿No te da vergüenza?

- Mamá, es un "Insatisfactorio" nadamás.

- Tu hermana tuvo "Sobresalientes" en todos, absolutamente en todos.

- Es porque mi hermana lo necesitaba para su trabajo…Además,ella es un fenómeno que se mató estudiando.

No me molesté en levantar la vista de la lista de invitados. Sólo bufé.

- No la distraigas. Y no he terminado contigo… ¿Por qué me escondiste tus resultados tanto tiempo, si sabías que me enteraría de todos modos?

- Mamá, no fue tanto…

- ¡Estamos ya en Noviembre, y los mandaron en Agosto!

- Astoria – entró mi padre con unas hojas en las manos – aquí están las opciones de menú. Y la próxima semana tienen que ir a ver lo del vestido.

Asentí con la cabeza mientras marcaba que le enviaran invitación a la familia McLaren. No debía quedar mal.

- Por cierto, cielo – continuó mi padre,ignorando la batalla campal entre mi hermana y mamá – haremos una fiesta para celebrar tu puesto en el ministerio. Deberías ir de compras.

- ¿Cuándo será la fiesta, papá?

- Creo que la primer semana de Febrero.

-¿Y no es también por mi nuevo puesto? – dijo Dafne.

Ella había conseguido un puesto en un refugio de vida mágica silvestre en Devon. Draco y yo habíamos logrado entrar al Ministerio; yo en el Departamento de Misterios, él en el de Cooperación Mágica Internacional; y comenzaríamos a trabajar los primeros días de Enero.

- No te celebraré tu "Insatisfactorio" en Adivinación, Dafne Greengrass. – dijo cortante nuestra madre.

- ¡Tuve un "Supera las expectativas" en cuidado de criaturas mágicas!

- Lo cual no es para presumirse – dije venenosamente mientras me acomodaba en el sillón – en eso trabajas…Debería haber sido un "Sobresaliente".

- Cállate Asty.

- Cuando gustes Dafne. – murmuré sonriente, mientras marcaba a la familia Parkinson en mi lista de invitados.

Como dije, no debía quedar mal.

...

13 de Agosto.

Mi hermana había dicho que era de mala suerte casarse un 13, pero ése era mi número favorito, y no podían discutirme la fecha en que me quería casar. Además, la mala suerte no fue hecha para mí.
Al fin, 13 de Agosto. El día de mi boda.
Y no sentía nervio alguno. En realidad, sentía como si fuera cualquier otro día. Justo estaba cavilando eso, acostada en mi cama, cuando mi hermana entró hecha un huracán.

- ¡Astoria! ¡ASTORIA! ¡Ya son más de las 12 del día! ¡Se te va a hacer tarde!

- Dafne, no seas ridícula – musité mientras me volteaba en mi cama para intentar dormir otro rato – mi boda es hasta el anochecer y…

- ¡Y apenas te alcanzará el día! ¡Hay miles de cosas que hacer! – chilló mientras abría las cortinas blancas de par en par, haciendo que el sol cayera en mi rostro – Ya mamá se está encargando de los del banquete, y papá ya se fue a la mansión…digo, a tu mansión a ver lo último de la decoración.

Suspiré mientras me levantaba con pereza. Los señores Malfoy habían decidido irse de viaje por el mundo, y Draco y yo viviríamos en la mansión por tiempo indefinido.
Comencé a cepillar mi cabello perezosamente, como siempre lo hacía antes de bañarme.

- ¿¡Qué diablos haces! – chilló de nuevo Dafne, quitándome el cepillo.

- Se llama "cepillarse el cabello", cosa que deberías hacer más a menudo.

- ¿¡Estás loca! Báñate, pronto vendrán a maquillarte y peinarte, y luego veremos lo del vestido. ¡Muévete! – Y diciendo esto, salió dando un portazo.

Me miré al espejo, soñolienta, y recordé que tenía papeleo pendiente de mí trabajo.
Realmente, parecía que quien que se casaba era todo el mundo, y no yo.

...

- Te ves hermosa, hija.

Clavé mi mirada en los ojos verde esmeralda de mi padre, ésos ojos que yo había heredado, en el reflejo del gigantesco espejo de mi habitación. La que dejaría de serlo ésa noche. Sonreí.
Había soportado perfectamente la despedida sentimentaloide de mi madre…Pero no creía poder soportar un adiós de mi papá sin llorar. Carraspeé para liberar un poco el nudo de mi garganta.

- ¿Tú crees?

- Definitivamente. Draco es bastante afortunado.

- Lo sé.

Reímos, y me volví a ver al espejo. Quería revisar que llevara lo que dicen, deben llevar todas las novias: "algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul".

El vestido era un diseño que yo misma había hecho. Blanco con tonos crema, tenía un solo tirante delgado en el hombro derecho, adornado con pequeñas rosas de seda. El corsette ajustado tenía grabados victorianos trazados con miles de diamantes pequeños. Un listón ancho de seda en mi cadera daba inicio a la ostentosa falda: dos capas superiores de seda se abrían del lado izquierdo de mi cadera hacia el suelo, dejando ver la capa más profunda que era de tul decorado igual que el corsette. La orilla de las dos capas de seda tenía trazos un poco más grandes de flores, y por toda la orilla de la abertura de la capa superior de seda caían muchísimas rosas blancas iguales a las del tirante, pero más grandes.

Ostentoso, realmente ostentoso…El vestido era lo nuevo.

Las ondas de mi cabello caían libres por mi espalda. En la cabeza llevaba solamente una tiara de plata, hecha por los duendes. Había sido de mi madre, antes de mi abuela, y así se iba hacia atrás en las generaciones… Ésa tiara era lo viejo.
A juego con la serpiente de plata colgada de mi cuello, unos aretes de diamantes que eran de mi madre. Eso era lo prestado. Y lo azul, cortesía de mi hermana…

-Hija, el carruaje ya espera allá abajo, y en la entrada del bosque estará algo oscuro si no nos vamos ya.

- Sí padre, vamos.

Toqué mi pierna por encima del vestido.
Sí, lo azul también lo llevaba.

...

Cuando puse un pie en la tela blanca que marcaba el camino al altar, a la mitad del bosque, todo mundo volteo. Sonreí, nerviosa, mientras apretaba el brazo de mi padre.

- Astoria, me vas a arrancar el brazo. – susurró mi papá.

- Lo siento.

Todos, absolutamente todos estaban ahí. Ahí estaban los reporteros, emocionados y ansiosos. Ahí estaban los Parkinson, con su hija lanzándome miradas de odio. Ahí estaban los McLaren, con su hijo menor sonriéndome francamente. No pude evitar regresarle la sonrisa.
De pronto mis ojos se cruzaron con unos profundos ojos marrones que no esperaba ver ahí. ¿Quién diablos lo había invitado? Seguramente mi hermana, que se llevaba muy bien con su hermana menor.

Oliver Wood.
Ahí estaba él en su elegante traje, con su familia. Orgulloso y guapo, justo como lo recordaba.
Cuando notó que lo veía, me sonrió en una mueca de conformidad, causándome un estremecimiento: Sí, lo seguía queriendo mucho, pero no se comparaba con el amor que tenía por Draco. Le sonreí, y me las arreglé para despegar mis ojos de ésos iris marrones que tanto había querido.
Los señores Malfoy, de un lado, y mi madre llorosa del otro, me sonreían desde las bancas frente al altar, donde estaban mis dos mejores amigas: Melisse y Vivianne, y mi hermana en sus puestos de damas de honor, hermosas con sus vestidos plateados, y Dafne aguantando las lágrimas. Del otro lado, estaban los groomsmen, entre ellos Zabini, sonriente con su traje negro.

Mi corazón se detuvo por un segundo al ver a Draco frente al altar, con su impecable frac blanco, sus brillantes ojos grises, su cabello rubio cayendo suavemente sobre su frente y mordiéndose nerviosamente el labio inferior.

Pero entonces nuestras miradas se cruzaron. Él sonrió ampliamente. Y yo le respondí.
Mi corazón volvió a latir, más fuerte que nunca.

Hasta entonces me di cuenta de que ése era el día de mi boda.

...

- Draco Lucius Malfoy Black, ¿Aceptas en sagrado matrimonio a Astoria Greengrass Avery?

- Sí, por supuesto que acepto.

Sonreí, y clavé mis ojos verdes en los ojos grises de Draco. Él sonreía.

- Astoria Greengrass Avery, ¿Aceptas en sagrado matrimonio a Draco Lucius Malfoy Black?

- Sí, claro que acepto.

Alcancé a escuchar el sollozo ahogado de mi madre. Solté una risita.

- Si alguien se interpone en la unión de esta pareja en sagrado matrimonio,que hable ahora o calle para siempre.

Giré y clavé mis ojos en Oliver. Tenía la mandíbula y los puños apretados, pero permaneció sentado. Después de un instante, me dedicó una suave sonrisa. Yo sólo le agradecí con mi mirada.
Escuché gruñidos de mi hermana y de Zabini. Los miré: tenían una mano sobre el mango de sus varitas salientes de su pequeña bolsa y de su bolsillo, y miraban con ojos entrecerrados a todos. Draco y yo casi no pudimos aguantar la carcajada.

- Bien pues, al no haber impedimento, y por la autoridad divina y mágica que se me otorga – el viejo mago levantó su varita sobre nosotros, y lanzó una lluvia de chispas blancas - los declaro marido y mujer. El novio puede…

Pero Draco no necesitaba instrucciones. Nos besamos y los aplausos ahogaron las palabras "…besar a la novia."

...

La fiesta en la Mansión Malfoy fue fastuosa, y se extendió hasta entrada la madrugada. Y cuando menos me di cuenta, ya estábamos tomando el traslador que nos llevaría hasta el castillo en Rumania donde pasaríamos nuestra luna de miel.

-¿Lista? – me dijo Draco tomándome en brazos sin avisarme.

- ¡Draaaaco! ¡Bájame!

- No. Y ahora…

Empujó suavemente la puerta de entrada de la habitación principal.
La elegante habitación de paredes de piedra y con muebles verde con negro, me recordaba mucho a la Sala común de Slytherin, lo cual me hizo sentir un poco más nostálgica de lo que ya estaba. Con delicadeza, Draco me colocó en la enorme cama de edredón verde, recostándose a mi lado, con una sonrisa.

- Al fin solos…- me guiñó el ojo y me comenzó a besar pero se detuvo, mirándome fijamente - …¿Qué ocurre?

- No es nada, sólo que ésta habitación me recordó a nuestra sala común.

El rubio sonrió ampliamente mientras me acomodaba un mechón detrás de mí oreja.

- La sala común en la cual peleamos, reímos, nos enamoramos…Y en la cual nuestros hijos estarán algún día.

Lo miré, sonriente: imaginarme pequeños niños castaños de ojos grises…o rubios de ojos verdes…o como fueran, correteando con sus pequeñas capas de Slytherin y sus varitas en mano, haciendo maldades, me emocionaba demasiado para mi sorpresa. Yo jamás había pensado seriamente en tener hijos…Pero parecía que eso estaba cambiando.

- ¿Hijos, huh? Vamos muy rápido, Draco.

- No, no, no… - murmuró mientras me tomaba fuertemente en sus brazos y me besaba – Es el mundo el que va despacio.

...

Nuestras manos delineaban el contorno de nuestros cuerpos, al principio de una forma dulce y luego con deseo desbordante, al mismo tiempo que nuestros labios se fundían a veces en besos, a veces se perdían en el cuerpo del otro, haciéndolo suspirar.

Miradas intensas, a veces apasionadas, a veces tiernas, a veces desafiantes, haciendo parecer eso una guerra de amor. Miradas que daban sentido al movimiento de nuestros cuerpos, al roce de nuestras manos que causaban estremecimientos, escalofríos, sentimientos increíbles en ésa batalla incansable, en ése encuentro de voluntades indomables que buscan hacerse caer una a la otra en el placer.

Las manos y los labios volaban en los cuerpos como si fueran el pincel y el lienzo buscando retratar al amor. La guerra de voluntades aumentó el ritmo, y la pasión se coló en nuestras mentes para no salir jamás de ellas.
Susurros, palabras, estremecimientos que se tornan cada vez más y más fuertes al paso de nuestros latidos acelerados. Y llegó un momento en que nuestros latidos se detuvieron por un instante, nuestra respiración cesó, y en el mundo estábamos solos él y yo.

En ésa guerra de voluntades, el amor triunfa.
Así nos perdimos, acariciándonos, besándonos, robándonos el aliento hasta que las primeras luces del amanecer entraron por la ventana.

...

La serpiente de plata me miraba con sus ojos de diamante, desde el cuello de mi marido.

- Amor eterno – dijo Draco rompiendo el silencio, mientras jugaba con mi cabello. Levanté mi cabeza de su pecho y lo miré.

- ¿Perdón?

- Eso significa el nombre de tu kiosco. "Dragoste veşnică" significa "Amor eterno"

Sonreí, sintiendo un nudo en la garganta.

- Nuestro kiosco, dirás.

Él clavó sus ojos grises en los míos, y sonrió como sólo lo hacía para mí.
Y entonces, rendidos, nos quedamos dormidos.

...

Lo observé dejar su portafolio en la enorme sala, dando un suspiro. Seguramente había sido un día algo pesado en su trabajo: el Mundial de Quidditch ya iba a dar comienzo en un mes, y él era uno de los coordinadores principales.

- ¿Y ésta cena tan elegante? – dijo Draco con una sonrisa mientras entraba al comedor, lleno de sus platillos favoritos. Le sonreí desde mi silla.

- Hoy cumplimos…

- 5 años de casados, lo sé – canturreó mientras me abrazaba – y te dije que iríamos a cenar adonde tú quisieras, Astoria.

Giré los ojos.

- Lo sé, es que… - tomé aire - …te tengo una sorpresa. Pero antes cenemos.

El rubio dejó ver su interés reflejado en sus ojos grises mientras se sentaba al lado mío.
Cenamos con tranquilidad, platicando sobre todo lo que habíamos hecho ése día en nuestros trabajos. En ésos 5 años habíamos viajado casi por todo el mundo, en parte por nuestro trabajo, en parte por placer; habíamos limpiado el apellido de los Malfoy (y lo seguíamos haciendo), y saboreábamos una completa paz en el mundo mágico, lo cual era de apreciarse.

Al terminar la cena, le coloqué una caja pequeña frente a él. Draco la miró, interesado.

- Cielo, te dije que no quería ningún regalo… - musitó mientras la abría.

Pero al abrirla, su rostro se congeló. Levantó su mirada de la caja y la clavó en mí. Le sonreí.

- Astoria…¿¡En…en serio!

Afirmé con la cabeza y le sonreí. No podía hablar: estaba demasiado emocionada. Draco dejó salir una carcajada de felicidad, levantándose y tomándome en brazos.

- ¡Draco, bájame! – le dije, divertida.

- Es que…¡Estoy tan feliz! – exclamó mientras me daba vueltas y luego me depositaba delicadamente en el suelo – tenemos que hacer remodelaciones a la casa, y al jardín, y comprar muchas cosas, tenemos que avisarle a nuestros padres y…

Le puse un dedo en los labios, callándolo. Me miró con los ojos grises llenos de alegría, justo como yo había procurado mantenerlos en todo el tiempo de nuestro matrimonio. Sentí un nudo en la garganta. Carraspeé.

- Primero lo primero… - susurré sonriente - …Hay que pensar en el nombre.

Con una gran sonrisa en el rostro, Draco afirmó con la cabeza.

- Constelaciones: Me agradan algunos nombres… - finalizó.

Y tomó delicadamente los pequeños zapatitos con listón azul que descansaban en la caja.