Dedicado a todos aquellos que me insistieron en que continuara, de verdad me agradó ese apoyo y me inspiré para este capítulo. Espero que sea de su agrado. Pronto estaré de vacaciones y actualizaré más seguido.
Capitulo 3 Los ninjas misteriosos.
El sonido de las olas chocando contra el barco era único e inevitable. La embarcación avanzaba en silencio hacia el horizonte. El sol brillaba en el cielo con intensidad y algunas nubes lo cubrían para proteger a los pasajeros de los rayos. No había mucha gente en cubierta en ese momento. Sólo un pequeño grupo que charlaba sentado en unas sillas de madera. Tres mujeres permanecían charlando con un grupo de hombres mientras todos miraban con tranquilidad el mar preguntándose si verían pasar una ballena o algún delfín.
- ¡Este clima es maravilloso!- sonrió una joven que traía un kimono muy hermoso adornado con flores típico de la temporada de verano- Sin duda nos vamos a divertir.
Estaba muy alegré y miraba de reojo a un chico de pelo rojo que sonreía mientras la veía tan animada.
- Kaoru, será mejor que te calmes o te saldrán arrugas- comentó Megumi riendo levemente provocando que la joven se enojara bastante.
- ¿Por qué tratas de arruinar mi hermoso día? – gruñó y caminó hacia el barandal del barco para alejarse de la doctora del grupo.
Los demás rieron menos Yahiko que estaba muy mareado y Aoshi el cual no tenía animó alguno de reír.
El jefe del grupo de ninjas mantenía una mirada serena en el mar. Pensando en miles de cosas en su cabeza. Sólo una vez apartó la mirada y fue cuando una jovencita de trenza llamó su atención jalando su brazo.
- Señor Aoshi ¿Cree que vamos un delfín?
Ahí estaba, esa jovencita inocente que se había vuelto ahora toda una mujer y eso lo sabía muy bien el okashira. Misao estaba muy contenta de tenerlos a todos ahí. No dejaba de mirar a sus compañeros e intentó empujar de broma a Yahiko al mar comenzando a pelear ambos como unos niños mientras Kenshin trataba de calmarlos.
- Chicos, van a molestar a los demás pasajeros- comentó el samurái con esa sonrisa que siempre caracterizaba su rostro.
- No creo que importe, no hay muchos de ellos en cubierta- comentó Sunan, el mejor amigo de Sanosuke. Se encontraba algo alejado del grupo sentado en una silla pintando algunos paisajes para entretenerse. Algunas jóvenes pasajeras lo miraban de reojo y él les sonreía levemente llamando su atención y tras terminar sus pinturas se las regalaba con un autógrafo y las jóvenes reían muy animadas.
- Vaya, creí que ya habías dejado tus pinturas- comentó Sanosuke. El peleador estaba recargado en la pared de la cubierta sin camiseta y mordiendo una espiga de trigo con gesto muy aburrido.- Espero que haya buenos peleadores en Honk Kong.
Y como si fueran llamados de repente notó a lo lejos que un grupo de personas empezaban a salir de una habitación para después meterse a una más próxima a donde estaban.
Se levantó decidido y dijo:
- Iré a dar una vuelta, empiezo a echar raíces.
- ¿Tan pronto? ¿Por qué tienes tanta prisa? – preguntó Megumi algo sorprendida. Sanosuke tragó saliva. Quería ahorrarse un discurso largo y meterlas en problemas, tal vez solo se tratase de imaginaciones suyas.
- Sano tiene razón- dijo de pronto Kenshin- ¿Qué les parece si vamos a explorar el barco?
El chico cabello de escoba notó su mirada y entendió que no solo eran sospechas suyas. Kenshin también había notado algo raro en los hombres que acababan de salir. Y al parecer las mujeres estaban alegres con la idea de dar un paseo por lo que nadie notó nada.
- ¿Y dónde está Misao? – Preguntó de repente Kaoru cuando se levantaban- Hace un segundo estaba aquí.
Antes de que alguno comentara algo Aoshi ya había salido rápidamente del lugar sin ser notado más que por Kenshin.
- Descuiden, seguro fue a dar una vuelta por ahí.
- Esa comadreja sólo causa problemas- -suspiró Sanosuke y comenzó a alejarse del lugar rápidamente. Cuando pasó por donde estaba Sunan esté se despidió de las jovencitas con suma educación y después le siguió de inmediato.
- ¿Qué te parece si vamos al bar? – Comentó el pintor cuando lo alcanzó- He oído de sea lindas señoritas que hay "un buen lugar divertirse"
Sanosuke comprendió la indirecta y sonrió complacido mientras que se dejaba guiar por su compañero hasta el bar del barco. Justo el sitio donde habían entrado esos hombres sospechosos.
-¿Pero qué les pasa todos hoy? – preguntó Kaoru molesta cuando se dio cuenta de que básicamente la habían dejado junto con Megumi y Kenshin, el último también trataba de irse pronto pero sabía que Kaoru lo seguiría y eso podría representar un problema.
- Kaoru ¿Quieres venir conmigo al masajista? – preguntó de repente la doctora sorprendiendo a ambos.
- ¿Masajista? – La maestra de kendo lo pensó durante unos segundos- ¡Claro! ¡Quiero lucir mucho más joven!
Y se fue riendo muy emocionada mientras la doctora la seguía suspirando. Kenshin notó que Megumi le guiñaba el ojo antes de irse. Al parecer la mujer era bastante inteligente para darse cuenta de que algo raro pasaba.
Una vez que ambas se alejaron el samurái decidió ir a recorrer el barco para investigar sin embargo de repente notó que uno de los marineros se acercaba a él muy agitado. Al parecer lo estaba buscando.
- ¿Señor Kenshin? – Preguntó y él asintió- Mi capitán desea verlo en su camarote.
Eso sorprendió bastante al samurái. ¿Quién era ese hombre y para qué lo requería? Eso se estaba poniendo muy extraño. Al parecer ese viaje no sería relajante como sonaba. Un mal presentimiento le recorrió la espalda y esperó que todo saliera bien mientras seguía al grumete a la oficina del capitán.
El ex líder del grupo de ninjas caminaba presuroso por los pasillos buscando a Misao. ¿Por qué se preocupaba tanto por ella? La joven era suficientemente fuerte para sobrevivir sola en un barco, realizó un largo viaje cuando los estaba buscando enfrentándose a grandes peligros y además ahora lideraba al grupo de ninjas. ¿Por qué tenía miedo? Tal vez se debiese al reciente desmayo de la chica, dudaba mucho que se tratase de un simple mareo había algo más grave y la misma Megumi les había advertido de eso pero la joven ninja se había negado a cancelar el viaje.
Tras unos minutos se detuvo en seco al darse cuenta de una silueta tirada en el suelo, de inmediato la reconoció y corrió hacia ella cargando a la joven ninja en sus brazos. Estaba desmayada por ese motivo no podía dejarla sola. Vio su expresión tranquila y decidió que lo mejor sería llevarla al camarote para después llamar a Megumi por que no confiaba en ningún médico abordo más que en ella.
Otra persona deambulaba por los pasillos esta vez despreocupadamente. Se trataba de Yahiko, el discípulo número uno del Dojo Kamija. Consciente de que se marearía si se quedaba quieto decidió dar un vistazo por los alrededores del barco para ver si encontraba algo interesante. De repente, escuchó unos gritos provenientes de una habitación entre abierta, curioso se acercó para mirar de reojo y la escena que vio lo dejó helado por unos segundos.
En la habitación había dos hombres y una jovencita. Al principio no la reconoció por que estaba de espaldas pero en el instante en que se giró pensó que se debía tratar de un error porque Tsubame no podía estar en ese lugar.
-¿Por qué no puedes hacer nada bien? –Se quejó el hombre frente a ella y estaba por golpearla cuando Yahiko incapaz de aguantar más bloqueó el ataque con su shinai a gran velocidad.
-¿Cómo te atreves a golpearla? –Gruñó colocándose frente a Tsubame para protegerla mientras los hombres trataban de recuperarse de la sorpresa. La misma chica estaba sorprendida pero aliviada de que Yahiko estuviese ahí.
-¿Quién eres tú chiquillo?—preguntó uno de los hombres entonces metiendo su mano a su bolsillo.
-Esa chica es nuestra sirvienta, la encontramos perdida en el puerto y le ofrecimos traerla con nosotros—Rió el otro atento a los movimientos del muchacho.
Los nervios del joven espadachín estaban a punto de explotar. No soportaba que lo llamasen chiquillo y mucho menos que insultasen a la persona más importante para él de esa manera. No sabía cómo demonios había acabado Tsubame en ese lugar pero de eso se encajaría luego.
-No tienes honor, secuestras a una joven indefensa para tu propio beneficio—puso en posición de ataque a la espada de madera -Yo como descendiente de samurái no puedo permitir un insulto como ese.
El otro hombre empezaba a impacientarse y estaba por atacarlo cuando su compañero lo detuvo.
- No vale la pena, es sólo una criada más, ya nos la arreglaremos más adelante. Hay trabajo que hacer.
Y con esas palabras abandonó la habitación. Yahiko no bajo la guardia hasta asegurarse de que el otro también saliera. Cuando ambos se quedaron completamente solos guardó la espada y se giró a ver a Tsubame quien lo miraba nerviosa.
-¿Estás bien?
La joven asintió avergonzada.
-Muchas gracias, pensé que no iba a librarme nunca –Suspiró la chica más relajada- Lo que sucede es que quería venir a despedirme de todos ustedes desde el puerto pero me perdí y acabe rodada por esos sujetos quien me obligaron a subir a este barco. Tenía miedo de no volver a ver a verlos.
Algunas lágrimas empezaron a caer.
-Vaya tonta-Yahiko le dio un leve coscorrón- Deberías habernos avisado desde el principio y habrías podido acompañarnos-sonrió acariciando su cabello—Me alegra que estés aquí, así las cosas serán más divertidas.
La chica se sonrojó de pies a cabeza ante el acto y sonrió llena de felicidad. El joven se avergonzó también y su estomagó gruño.
-¿Quieres ir a buscar algo de comer? Seguro encontramos a los demás por ahí.
Ambos empezaron a reír divertidos mientras caminaban por los pasillos rumbo al gran comedor.
En otra parte del barco, específicamente en el camarote del capitán se encontraba un hombre alto, de pelo café, con un traje elegante y mirada profunda. Su bigote y barbas recién afeitadas lo hacían lucir más joven de lo que aparentaba. Meditaba mirando hacia el mar cuando el silencio de la habitación fue roto por el sonido de un golpe en la puerta.
-Capitán, el hombre al que me pidió llamar ya está aquí-le indicó una voz en el exterior.
-Adelante, hazle pasar-fue la única orden que dio el capitán y la puerta se abrió lentamente.
Kenshin ingresó al recinto con la naturalidad y tranquilidad de siempre pese a que su rostro mostraba un poco de seriedad ya que no era normal que fuese llamado por un capitán de un barco y esperaba no recibir malas noticias.
- Buenos días, soy Kenshin ¿Puedo ayudarle en algo? –preguntó con respeto y el capitán se giró para verle con más detalle, confirmando con una sola mirada el aspecto de ese hombre y la identidad de este por medio de aquella cicatriz en forma de cruz.
- Usted debe ser el señor Himura, mi amigo Yamagata me ha hablado muy bien de usted.
Kenshin abrió un poco los ojos pero sonrió, ahora todo empezaba a tener lógica, si aquel hombre conocía al capitán Yamagata sería normal que también reconociera su identidad e historia como Hittori.
-No me he presentado adecuadamente, mi nombre es Hikatara Sodoma y soy el capitán de este barco. Yamagata es un viejo amigo de la infancia, en los tiempos en los que no nos preocupaban las guerras-rió levemente y Kenshin se relajó un poco pero en el momento en que el capitán cambió su expresión a una de gran seriedad Kenshin preguntó:
-Supongo que esta no será una simple visita de cortesía ¿Verdad?- Lo miró esperando su respuesta, dispuesto a escuchar cada palabra de aquel hombre.
-Me molesta tener que interrumpir su agradable viaje pero tenemos sospechas de que en este barco se encuentra un grupo de ninjas peligrosos que pueden armar alboroto. Ya le han ocasionado recientemente problemas a la policía y ahora se trasladan a Honk Kong por lo que sospechamos que su sede está en alguna parte de esa ciudad. Aún desconocemos sus verdaderos propósitos y la policía está investigando como loca. De hecho algunos miembros se encuentran en este mismo barco escondidos como turistas para pasar desapercibidos, el problema es que los ninjas también están haciendo lo mismo. Yamagata viene en camino en un barco más pequeño por si las cosas se salen de control y cuando se enteró que usted tomaría este viaje me indicó que le avisara de inmediato y preguntara su opinión sobre la situación.
Kenshin escuchó con atención y supo entonces por qué había tenido una mala sensación desde que subieron aquella embarcación. Al parecer su viaje no sería tan relajante como habían sospechado, lo mejor era avisarles a los otros de inmediato para que juntos formaran un plan sin embargo por ahora consideró mejor evitar hablar de ello con las chicas, no quería involucrar a Kaoru ni a ninguna de ellas, sobre todo a Misao que estaba en una condición desfavorable y más malas noticias podrían empeorar su situación además era mejor mantener la calma.
-Me reuniré con mis compañeros y les consultaré sobre la situación—sonrió el samurái entonces ante la sorpresa de Hikatara quien no se esperaba tal reacción.—Descuide, ya estamos acostumbrados a los problemas y salimos juntos de ellos.
Y es que era verdad que siempre acababan metidos en aprietos a donde fueran, tal vez la mala suerte los perseguía.
-Si usted considera correcto hablar con ellos adelante, entre más precavidos seamos mejor, hay que tomarlos por sorpresa- comentó el capitán y le ofreció asiento a Kenshin para continuar hablando sobre otros asuntos.
Aoshi miraba preocupado a Misao, ella dormía tranquilamente que no parecía percatarse de nada. El okashira se preguntaba cuál podría ser la razón de los constantes desmayos de aquella joven. Esperaba que Megumi no tardara en llegar, le había pedido a un chico que atendía a las habitaciones que fuera a buscarla, con las referencias que le dio dudaba que el muchacho tardara mucho en encontrarla.
Notó que Misao empezó a abrir los ojos lentamente. Ella lo miró confundida.
- ¿Señor Aoshi? ¿Qué sucedió?
- Volviste a desmayarte- Contestó con el tono que habitualmente usaba para hablar con ella, no uno frío si no tranquilo- Megumi viene para acá, necesitas que vuelvan a revisarte.
La joven no parecía dispuesta a ello porqué comenzó a levantarse tratando de mostrar que se encontraba en excelentes condiciones.
- No es necesario, estoy bien, sólo algo mareada-Trató de justificarse con una sonrisa pero la sola mirada seria de Aoshi detuvo todo intento de movimiento.
-Obedece, te quedarás a descansar hasta que llegue Megumi- Fue más una orden que una sugerencia. La mirada de Misao se entristeció, al hombre se le rompió el corazón, detestaba verla con ese rostro pero no podía hacer nada, no iba a permitir que saliese de esa habitación hasta que estuviese bien.
- Siempre lo echo a perder todo—suspiró Misao bajando la mirada-Quería que usted disfrutara este viaje y no arruinarle el día- Y era cierto, la principal razón por la que Misao estaba emocionada por ese viaje era por Aoshi, pensaba que sería una buena oportunidad para que él se relajara sin embargo no había logrado más que causarle molestias y preocupaciones. Estaba enfadada y desesperada por esa situación. ¿Por qué demonios se desmayaba? ¿Qué es lo que tenía su cuerpo? Empezaba a hartarse de todo eso.
Para su sorpresa Aoshi tocó su hombro y la miró con tranquilidad. Había algo en su mirada que la hacía recordar al Aoshi que jugaba siempre con ella cuando era una niña.
-No has echado a perder ningún viaje, no le afecta a nadie un buen descanso. El viaje en barco será largo y tendrás oportunidades de explorarlo con más calma.
Misao entendió la indirecta y se sonrojó levemente, era muy raro que Aoshi manifestara esos sentimientos tan abiertamente y la joven entendía que estaba preocupada por ella pero lo manifestaba a su manera. Sin duda no era hora de enfermarse ni desmayarse, tenía que ser más fuerte para poder hacer reír a esa persona que tanto quería.
-Descansaré pero después iremos a buscar algo de comer ¿verdad?—sonrió con inocencia- Me muero de hambre.
Sin decir nada más se acurrucó de nuevo en la cama y cerró los ojos dejándose llevar por el mundo de los sueños segura de que cuando despertara aquella persona estaría a su lado esperando. Rió entre sueños divertida imaginándose los lugares que visitaría junto cn esa persona en Honk Kong.
Aoshi se relajó cuando la joven se quedó completamente dormida. Miró lo tranquila que se veía y llegó a preguntarse cómo era posible que tuviese tanta energía cuando permanecía despierta. Eso era algo que la caracterizaba desde que era una niña, siempre revoloteando y jugando con sus cuatro compañeros. Hanya solía cargarla en sus hombros, Beshimi y Hiotoko bromeaban con ella y todos sus compañeros nunca dejaron de jugar y querer a Misao. Cerró los ojos alejando sus recuerdos amargos sobre la muerte de esos cuatro, no podía volver a esa horrible época donde tan sólo clamaba y deseaba ser el más fuerte. Si no hubiese sido por Kenshin en este momento no estaría ahí al lado de Misao, protegerla, velar por ella y seguir adelante era la misión que le habían encomendado sus cuatro fieles compañeros y cumpliría al pie de la letra esa misión. No iba a permitirse perder a nadie más. Protegería a esa chica con todas sus fuerzas.
No muy lejos de ahí en una pequeña taberna en la cubierta se había organizado una ronda de apuestas amigables entre los marineros y algunos pasajeros. El premio no era ganar ni perder tan sólo divertirse un buen rato. Sanosuke y Sunan estaban disfrutando varias rondas y ya habían ganado bastantes. Entre todos los marineros bromeaban sobre esa pareja y los admiraban. Era un ambiente agradable.
- Somos los mejores, ¿Por qué no vamos a festejar?—rió el peleador con una gran sonrisa en la cara.
-Sanosuke, si sigues así aras que la gente se aburra de jugar—le comentó Sunan mientras les firmaba algunos retratos a las chicas que conocían de su talento y le pedían autógrafos, también un par de hombres le pedían retratos para sus novias.
- Oh vamos, si sólo estamos divirtiéndonos.
Ambos cambiaron sus expresiones cuando vieron entrar a dos sujetos sospechosos. A simple vista lucían como las demás personas que estaban ahí, simples pasajeros que querían entrar a divertirse pero los sentidos de ambos amigos eran bastante agudos para darse cuenta de que había algo diferente en ellos.
- Esos tipos me dan mala espina-comentó Sunan por lo bajo.
- A mi también—se levantó Sanosuke caminado hacia la entrada, se despidió con educación del resto de jugadores que parecieron aliviados por qué ahora tenían más posibilidades de ganar los juegos.
Ambos amigos salieron de la taberna y se pusieron a caminar por cubierta.
-Será mejor consultarlo con Kenshin, sospecho que algo grande está por venir-Sonrió el luchador y su compañero suspiró divertido.
Kaoru no había tardado nada en reunirse con Yahiko y Tsubame en el gran comedor donde se estaba sirviendo la cena. Los había encontrado charlando animadamente en una de las mesas que estuvo a punto de no interrumpirlos sin embargo el hambre le gano y llegó a saludarlos con una sonrisa preguntando por qué motivo estaba ahí la joven. Después de una larga conversación entendió los motivos e invitó a Tsubame a la habitación de las chicas. Los tres estaban comiendo cuando vieron entrar a Megumi al lado de Misao quien ahora lucía mucho más saludable y tranquila después de un buen descanso. Kaoru recordó que estaba con Megumi en los masajes cuando un chico entro preguntando por la doctora y Megumi salió de inmediato para ir con Misao quedando de verse en el gran comedor horas más tarde.
- ¿Se encuentra bien señorita Misao? –Le preguntó Tsubame minutos después que le contaran a la ninja el motivo por el cual Tsubame estaba ahí. Aoshi miraba la situación desde cerca, recargado en la pared y vigilante de todos los movimientos de Misao.
- Si, muchas gracias-Sonrió la ninja estirando sus brazos—Megumi es una excelente doctora y yo tengo muchas energías.
- Te voy a cobrar la cuenta—mencionó Megumi con sus orejas de zorrita y una sonrisa divertida—De todas formas no debes esforzarte tanto o te ataré a la cama hasta que lleguemos a puerto.
Misao tragó saliva y Kaoru suspiró divertida. Tsubame tembló preguntándose si de verdad la doctora sería capaz de hacer algo tan peligroso. Yahiko seguía comiendo como si nada, aprovechando que su rival estaba lejos o eso creyó porque en momento en que estaba por probar uno de los platillos este desapareció rápidamente y ahoras e encontraba siendo devorado por Sanosuke.
- ¡Oye! ¡Eso era mió!-Se quejó el chico empezando a refunfuñar.
- El que lo toma primero se lo queda-siguió comiendo como si nada mientras Sunan suspiraba y saludaba a todos con tranquilidad.
- Ya era hora—mencionó Megumi mirando de reojo a Sanosuke con cara de asco, sobre todo porque el luchador estaba comiendo sin nada de educación—Por un segundo pensé que te habían comido los tiburones.
- No podrían conmigo—comentó Sanosuke terminando de tragar- Además estoy de muy buen humor—sonrió ampliamente.
- Cuando eso ocurre es que has hecho algo ¿Qué hiciste ahora? –le preguntó Kaoru empezando a sospechar que se había vuelto a meter en problemas.
- ¿De qué hablas? Nosotros nunca nos metemos en problemas-lo meditó unos segundos-Bueno tal vez en algunos pero ahora sólo fue un buen día de juegos. No hubo nada de conflictos ¿Verdad, Sunan?
Pero su mejor amigo al parecer se había encontrado a unos cuantos personajes importantes y charlaba con ellos animadamente.
- Se ve que es un gran periodista- comentó Kaoru- Deberías aprender de él Sanosuke en vez de estar de vago.
Pero Sanosuke no le hiso caso y continuó peleando por la comida con Yahiko mientras Tsubame los veía con una gran gotita tras su cabeza lo peor era que la pelea se había incrementado y ahora Misao también participaba en ella por que Sanosuke la había quitado su plato de comida. La gente empezaba a mirarlos tanto que Kaoru suspiró y de un solo golpe calmó a ambos chicos, quienes minutos después estaban comiendo con tranquilidad y con un chichón en la cabeza cada uno. Misao sonreía divertida pues ella había sido la única en esquivar el ataque de Kaoru.
-Deberían aprender a comportarse—comentó la maestra de kendo—Estamos dando mala impresión—Fue cuando al echarle una ojeada a los presentes se percató de que no de ellos faltaba.
-¿Dónde está Kenshin?
-¿Me buscaba señorita Kaoru?—la chica se sobresaltó al no sentir la presencia del pelirrojo. El samurái se había quedado charlando con el capitán durante un buen rato hasta que éste le dijo que sus compañeros lo deberían estar esperando en el gran comedor y ahí mismo los encontró. No era difícil ubicarlos: eran los únicos que armaban jaleo. Alcanzó a ver como Kaoru calmaba a Yahiko y Sanosuke a base de unos cuantos golpes.
-¿Dónde has estado Kenshin?—le preguntó Yahiko mirándole de reojo. Tsubame le sonrió también y pusieron al corriente al samurái de la situación para su sorpresa Kenshin no pareció realmente sorprendido. Lo que pareció interesarle más era el aspecto de eso dos hombres. Yahiko le fue explicando cada uno de los detalles. No había que ser inteligentes para darse cuenta de que algo le preocupaba a Kenshin pero este se justificó con una sonrisa tranquila diciéndoles que no era nada importante.
Tras un rato Misao les comentó que regresaría antes al camarote para descansar bien, sobre todo porque ya deseaba sentir la mirada preocupada del señor Aoshi. El mismo también se disculpo y la acompaño al camarote.
- Esos dos se traen algo—comentó Sanosuke tras haber terminado de comer. Ya casi no había gente en la sala, sólo estaban el grupo del doyo Kamiya, Tsubame y Sunan.
- No seas grosero—le dijo Megumi—Aoshi está preocupado por ella, se nota claramente—sonrió pícaramente—Además es un excelente guardián, se asegurara de que Misao no se esfuerce demasiado—dos orejas de zorro aparecieron en su cabeza.
-Menos trabajo para ti supongo—comentó Kaoru suspirando.
La tranquilidad del lugar fue rota por una pregunta de Sunan, quien miraba a Kenshin de reojo desde hace un buen rato. El samurái había permanecido en silencio sumido en sus pensamientos.
-¿Puedes hablarnos de lo que sucede ahora?—preguntó y todos miraron al samurái. El chico entendió que había llegado la hora de contarles todo lo sucedido.
Les contó con todo lujo de detalles la situación explicada por el capitán, además sus sospechas sobre los sujetos que habían capturado antes a Tsubame. La mayoría recibió con seriedad sus palabras y todos entendieron que aquel viaje no sería tan maravilloso como esperaban.
-Como me molesta que siempre tengamos problemas—suspiró Kaoru—Y yo que pensaba que por fin podríamos relajarnos.
-No es tan malo, no hay nada más relajante que una buena pelea—dijo Sanosuke chocando sus puños.
-Maniático de las peleas—comentó Megumi—Ni creas que te voy a curar de nuevo.
Una gotita cayó tras la cabeza de todos. El ambiente comenzó a relajarse, como si todo eso fuera común para ellos. Fue entonces cuando Tsubame ahogó un grito que llamó la atención de todos.
-¡Sabía que olvidaba algo!—dijo asustada—Estaba tan emocionada por verlos a todos que estuve a punto de no decirlo—cerró los ojos y respiró hondo. Al abrirlos los miró a todos nerviosa.
-Primero pensé que podría ser un error pero tras escuchar toda su conversación puedo estar segura. Esos hombres hablaban de atacar y capturar alguien en este barco.
-¿Qué dices?—Todos se exaltaron al mismo tiempo, la pobre chica casi se cae al suelo del susto. Kenshin le sonrió con calma para que se tranquilizara.
-¿Podría contarnos lo que escuchó?
Tsubame repitió las palabras de esos dos detalle por detalle y por cada palabra que decía la cara de sus compañeros iba cambiando gradualmente de color.
-Esto es más grave de lo que pensé—comentó Kenshin.
Todos se levantaron en un instante y a la misma velocidad salieron de aquella sala rumbo a un único destino: Misao, porqué las palabras de Tsubame habían sido claras: esos ninjas misteriosos buscaban a la señorita Misao, aún desconocían los motivos pero no podían dejar que la lastimaran.
Lo que ninguno sabía es que Misao no estaba en la habitación si no en cubierta mirando el reflejo de la luna en el mar. Había subido ahí antes de irse a dormir pero no importaba por que Aoshi estaba a su lado y él la protegería sin importarle el peligro.
