Capitulo 4 Batallas Furiosas
El sonido de las olas mantenía a Misao entretenida, sólo miraba de reojo a la persona que se encontraba junto a ella, su querido señor Aoshi. Estaba muy emocionada por aquella situación y deseaba que jamás terminara. Estaba tan emocionada por aquel momento que no se había percatado de que eran observados desde la oscuridad, sin embargo Aoshi si lo había notado y pese a que desconocía los motivos por los cuales esos sujetos les miraban algo le quedaba claro: no eran buenas intenciones.
-¿Sucede algo, señor Aoshi?—preguntó Misao entonces preocupada. El okashira recordó el estado de la chica, no podía arriesgarse a que le pasara algo malo por ello debía alejarse de ella para protegerla, sin embargo tampoco deseaba dejarla sola. ¿Qué podía hacer? Fue entonces cuando su buena suerte quiso que en ese momento llegaran Kaoru y Megumi bastante alteradas.
-¿Qué sucede chicas?—preguntó Misao al verlas llegar tan preocupadas. Kaoru sonrió.
-Hemos descubierto un secreto maravilloso ¿Verdad, Megumi? –comentó con una sonrisa y la doctora sólo la miró resignada.
-Y esta mujer propuso que viniéramos a decirte lo que vimos. ¿Por qué no vamos a nuestro cuarto para que lo veas?
-Bueno—miró de reojo al señor Aoshi. Él tan sólo se limitó a asentirle con la cabeza y Misao sonrió.
-Nos vemos después señor Aoshi—Comentó y comenzó a seguir a las dos mujeres quienes sonrieron aliviadas para llevarse a Misao discretamente.
Aoshi se quedó completamente solo y sintió de inmediato que las sombras se movían rápidamente hacia la misma dirección que habían tomado las chicas. Decidido comenzó a avanzar para detenerlos.
Cuatro ninjas empezaron a perseguir a las mujeres en la oscuridad, estaban a punto de darles alcance cuando dos de ellos recibieron unos golpes que les hicieron retroceder.
-¿Quién demonios es? –preguntó uno de ellos levantándose. Una sonrisa cruzó el rostro de su atacante.
-Primero deberías presentarte tú ¿No te parece?—comentó Sanosuke con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
-¡Bastardo!—El otro iba a atacarlo pero unos explosivos le hicieron retroceder.
Entre el polvo que se había levantado de los explosivos ambos vieron a dos hombres espalda contra espalda que sonreían divertidos.
-Oye Sunan ¿Por qué demonios traes explosivos a unas vacaciones?—le preguntó Sanosuke con una gota.
-Experiencia, te conozco bastante bien como para no sospechar que acabaremos metidos en problemas. Siempre que viajamos ocurre algo ¿no es verdad?
Los dos ninjas atacaron de inmediato pero ambos amigos los esquivaron con facilidad, luchando juntos como aquellos viejos tiempos, sin rendirse y siempre cubriéndose las espaldas el uno al otro.
Los otros dos ninjas seguían persiguiendo lentamente a las tres mujeres. Megumi y Kaoru habían acelerado el paso insistiendo a Misao que se apresuraran, la joven aún no comprendía que sucedía para que estuviesen tan emocionadas.
Uno de los ninjas estaba a punto de girar a la derecha en una de las esquinas para alcanzarlas cuando un golpe lo recibió de lleno.
-¿A dónde crees que vas tan ocupado?—El ninja se sorprendió al ver a la persona que se atrevía a detenerlo de nuevo. Ese maldito niño aparecía frente a él de nuevo. ¿Acaso quería jugar de nuevo?
-Muévete mocoso, estorbas.
-¿Acaso crees que te voy a dejar pasar? Como descendiente de samurái no puedo permitir que avances más—se puso en posición de ataque preparado para cualquier movimiento pero primero tendría que sacar a ese sujeto del interior del barco por que el espacio en los pasillos era demasiado pequeño.
El último ninja dejó de perseguir a las mujeres, consciente de que en ese momento les habían tendido una trampa. Su misión ahora era borrar del mapa a aquellos que se interpusieran en su camino. Ingresó a una habitación donde le esperaban otros cuatro ninjas. Esperó oculto entre ellos lo que tuviera que pasar. Esperando que apareciese su nuevo contrincante.
En ese momento se abrió lentamente la puerta. Los cuatro hombres miraron de reojo al samurái. Kenshin sonrió.
- Perdón, creo que me equivoque de habitación-dijo con toda tranquilidad. Estaba por cerrar discretamente a puerta cuando los ninjas se levantaron rápidamente. El ninja anterior permaneció oculto en las sombras observando con detalle el espectáculo.
-Ni creas que te permitiremos escapar Battusai.
Esas palabras eran suficientes para Kenshin, era evidente que esos tipos eran los hombres que buscaba sin embargo ninguno de ellos era el ninja que perseguía a las chicas antes. Tenía un extraño presentimiento. El ninja sonrió desde la oscuridad y desapareció lentamente sin ser detectados. Los cuatro ninjas se abalanzaron sobre Kenshin, el samurái empezó a correr para salir a cubierta. Ahí ya estaban Sanosuke y Sunan luchando con los otros dos ninjas. Yahiko también luchaba con uno de ellos. Cuando vieron salir a Kenshin se reagruparon y los ninjas los rodearon a todos.
-Ustedes realmente son una molestia para nuestros planes—Comentó uno de los ninjas.—Pero ahora hay que borrarlos del mapa.
-Demonios, falta uno—murmuró Kenshin en ese instante. El resto lo miró preocupado.
-Nuestro compañero ya debe estar donde está esa chica. Sin duda han fallado en su trampa—comentó el otro ninja y todos comenzaron a atacar al grupo. Kenshin trataba de esquivarlos para perseguir al otro hombre sin embargo eran muy persistentes. Sólo le quedaba confiar en aquella persona.
-¿Qué? ¿La sorpresa era que Tsubame está aquí?—preguntó Misao totalmente fuera de sí. Las chicas la habían arrastrado a su habitación de una manera exagerada y todo para que ella viese a la joven. De verdad estaba contenta de verla ahí pero la chica pensó que se trataba de algo mucho más serio.
-Lo sentimos, pensamos que sería emocionante verla—Comentó Kaoru con una gota en su cabeza. Tsubame sonreía también mientras Megumi suspiraba aburrida. Era evidente que no tenían ninguna sorpresa para ella más que esa pero tenían que alejarla del peligro lo más pronto posible. Kenshin y los demás se encargarían de esos ninjas fastidiosos, sin duda alguna las cosas se iban a poner peligrosas pero tanto Kaoru como Megumi confiaban en ellos y Tsubame estaba dispuesta a confiar plenamente en Yahiko. Si su rol era permanecer en ese lugar distrayendo a Misao sin duda lo iba a cumplir con todas sus fuerzas.
-Bueno, tengo que ir al baño—sonrió Kaoru mientras se levantaba de la cama y se dirigía hacia la salida-No tardaré en volver.
-¿Y por qué te llevas tu espada?—preguntó Misao entonces y todos miraron a Kaoru con una gotita.
-Es que siempre hay pervertidos rondando por ahí—se justificó rápidamente Kaoru y salió antes de que Misao pudiese preguntar algo más. Megumi suspiró y Tsubame comenzó a platicar con Misao tratando de distraerla con cualquier cosa.
La maestra de kendo se alejó unos cuantos metros de la habitación, permaneció con la vista levantada y preparada para cualquier cosa. Confiaba ampliamente en sus amigos pero aún no sabían cuantos ninjas habían el lugar y a ella también le correspondía luchar para proteger a su amiga.
-Vaya, y yo que pensé que ya no tendría problemas en el camino—Kaoru se tensó, como sospechaba había otro ninja rondando por ese lugar.
-Sal de tu escondite, cobarde—murmuró Kaoru dispuesta a cualquier cosa. Una sombra apareció tras de ella y la maestra retrocedió mirándola. Era la silueta de un ninja con la cara totalmente cubierta.
-Maravilloso, me encantan las mujeres fuertes—comentó la figura-¿Por qué no jugamos un rato? Así le produciré más dolor a esa persona.
Kaoru sintió un escalofrío, desconocía quién era ese ser pero sin duda alguna tenía intenciones de dañar a Misao y no iba a permitirlo. Levantó su espada y atacó sin dudarlo. El ninja esquivo el ataque y comenzó una dura batalla porque Kaoru no se iba a rendir bajo ningún concepto. Ella también era parte del equipo de Kenshin y no era para nada débil. Ha adquirido mucha experiencia por sus batallas previas y ha luchado por proteger su estilo y a las personas que más quiere. Esa es su voluntad y fuerza. Aquella figura sonreía emocionada debajo de la máscara.
-Maravilloso, entre más fuertes es más divertido verlas caer—Sin previo aviso desapareció y rápidamente se colocó detrás de Kaoru golpeándola con fuerza contra la pared. Antes de que ella se pudiera reponer, volvió a atacarla sosteniendo su cuello con su mano izquierda contra la pared.
-Me encantaría quedarme a jugar más tiempo—acarició su rostro con diversión—Pero aún tengo que encargarme de Misao—Se retiró lentamente parte de la máscara y antes de que Kaoru pudiese luchar para defenderse la besó. La maestra se quedó congelada en el acto. Aquel ninja hubiese seguido divirtiéndose pero sintió una mirada fría y peligrosa. Golpeó en el estómago a la mujer y Kaoru cayó al suelo adolorida y con la mirada borrosa distinguió a la figura que se postraba entre ella y aquel ninja.
- Aoshi—Comentó recargándose lentamente en la pared tratando de recobrar la vista.
-Has peleado bien, ahora es mi turno—Comentó el ninja dirigiéndole una mirada fría a aquella figura que sonreía maravillado bajo su máscara.
-Así que has aparecido. ¡Shinomori Aoshi!—su voz mostraba emoción y locura. Se lanzó sobre él sin pensarlo ni dudar ni un instante en pelear para destrozarlo. Su eterno enemigo estaba ahí y si lo destruía sin duda dañaría a Misao con más intensidad. Eso le encantaba, moría por ver la cara de esa mujer con el rostro lleno de lágrimas cuando viese a las personas que más quería muertos.
Misao abrió los ojos en un instante. Megumi y Tsubame se asustaron creyéndola dormida. La ninja se levantó.
-Algo está pasando. ¿Por qué no han vuelto Kaoru?—preguntó en ese instante. Tsubame no sabía que decir, ella también estaba preocupada por la maestra de kendo. Megumi estaba apunto de salir con su caja de medicinas cuando Misao había despertado. Eso le dio una mala impresión a la ninja.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué me están ocultando?—Tsubame se puso muy nerviosa. Megumi dejó su caja de medicinas brevemente en el suelo y miró con seriedad a Misao.
-Misao, no tiene caso que te sigamos engañando. No me importa lo que piensen los demás pero –Se acercó a ella con una mirada seria—Antes de revelarte la verdad tienes que prometerme que no harás ninguna tontería ni nada que dañe más tu salud.
-¿A qué te refieres, Megumi? ¿Qué está pasando?
Y Megumi le explicó la situación y por cada palabra que salía de su boca Misao sufría cada vez más como si mil estacas se enterraran en su corazón.
Los cuatro chicos continuaban luchando en cubierta contra aquel grupo de ninjas. La batalla no parecía acabar, aquellos ninjas tenían una buena resistencia física y pese a que los habían derribado varias veces continuaban levantándose a pesar de sus heridas.
-Estos tipos son realmente molestos—decía Sanosuke golpeando una y otra vez a varios de ellos— ¿Qué nunca se van a acabar?
-Tenemos que darnos prisa, no podemos perder más tiempo en este lugar—comentó Kenshin abatido, tenía un extraño presentimiento y algo le molestaba desde hace un buen rato. No podía dejar de pensar en Kaoru y su seguridad, como si temiese que algo malo le hubiera ocurrido. Estaba desesperado e impaciente.
Yahiko y Sunan también empezaban a tener problemas con los ninjas, las cosas se estaban poniendo cada vez más problemáticas para todo el grupo. Fue entonces cuando de repente se escucharon silbatos y el rugir de los cañones. Eso fue suficiente para que los ninjas se asustarán. Una luz alumbró la cubierta y un barco cercano se acercó rápidamente.
La voz de un hombre en lo alto del pequeño barco se hiso presente y Kenshin suspiró aliviado en ese momento.
-¡Deténganse en nombre de la ley!—Era el capitán Yamagata y como por arte de magia varios marineros llegaron a cubierta rodeando al grupo de ninjas. El capitán del barco los lideraba. Los ninjas entendieron entonces que era momento de retirarse antes de que los capturaran. Se hiso un silencio y las bombas de humo hicieron retroceder a todos. Los ninjas desaparecieron en medio de la confusión. El capitán les ordeno a todos los marinos que se pusieran a buscar en los alrededores.
Yamagata deseaba hablar con Kenshin sin embargo los cuatro compañeros ya se encontraban en camino a las habitaciones para asegurarse de que las chicas se encontraran bien.
Kaoru empezaba a recobrar poco a poco su vista pero aún le dolía mucho su cuerpo y su orgullo. Veía como Aoshi mantenía una lucha contra aquel ninja, sin duda ese sujeto era poderoso porque aguantaba un fiero combate contra Aoshi sin dar señales de rendirse en ningún momento pero Aoshi era más fuerte y jamás se iba a rendir ante una persona que quería dañar a Misao.
-Realmente eres maravilloso Aoshi Shinomori—dijo la figura con una gran sonrisa mientras continuaba atacándole sin embargo escuchó a lo lejos el tumulto y entendió que era momento de retirarse.
-Parece que la fiesta terminó. Es lamentable pero pronto nos volveremos a ver—una sonrisa ladina cruzó su rostro bajo la máscara. Echo una bomba de humo rápidamente y desapareció. Se fue corriendo de ese lugar lo más pronto posible. Y en una de las esquinas su mirada se cruzó con Misao que corría desesperada buscando a sus amigos. La figura sonrió con malicia y desapareció.
-¡Señor Aoshi! ¡Kaoru!-Gritó cuando llegó al pasillo. Sus ojos se abrieron de par en par viendo el desastre que se había creado en el lugar. Kaoru reaccionó al verla y trato de levantarse asustada ¿Por qué estaba Misao en ese lugar?
-¡Misao, sal de aquí! ¡Es muy peligroso!—trató de decirle en medio de dolor. Misao corrió hacia ella asustada y envuelta en lágrimas. Aoshi le bloqueó el paso y la sostuvo en sus brazos.
-Ella está bien, regresa a tu habitación—Misao protestó pero Aoshi golpeó levemente su cabeza dejándola inconsciente al mismo tiempo que Kenshin y los demás llegaban. Megumi corrió de inmediato a atender a Kaoru.
Horas después todos reposaban en la enfermería del barco. Kenshin miraba preocupado a Kaoru en una de las habitaciones. Megumi ayudaba a atender a los heridos pero ninguno estaba tan grave como Kaoru así que le daba prioridad a la mujer.
-Luchó con valentía, aguantó hasta que yo llegué—le comentó Aoshi a Kenshin, quien se relajó levemente—Ella también deseaba proteger lo que quiere. Realmente es fuerte.
-Tienes razón—comentó Kenshin con una pequeña sonrisa. Megumi les dijo que dejaran la habitación un momento pues tenía que seguir atendiendo las heridas de la joven. Ambos salieron para encontrarse con Yahiko siendo atendido por Tsubame, el chico estaba nervioso por el dolor de sus pequeñas heridas y cada vez que Tsubame le tocaba con el algodón sus lágrimas salían mostrando un pequeño espectáculo gracioso. Sanosuke se la pasaba molestándole mientras Sunan suspiraba.
Aoshi ignoró aquel espectáculo y se acercó a la camilla donde Misao dormitaba. Había tenido que dejarla inconsciente ya que no deseaba ver su rostro afligido y preocupado. Si hubiera visto las heridas de Kaoru se habría preocupado de más y echado toda la culpa. Megumi le había contado toda la verdad sabiendo las consecuencias.
-Hubiese sufrido más si le ocultáramos las cosas—comentó Kenshin acercándose—Misao también es fuerte y capaz de defenderse por sí misma. En nuestro intento de sobreprotegerla podríamos terminar dañándole más. Es mejor que mantenga su gran sonrisa sabiendo la verdad y luchando a nuestro lado ¿No es verdad?
Aoshi no supo que responder, tan sólo permaneció mirando a Misao pensando en las palabras que le diría cuando despertara pero ella estaba ahí con tranquilidad durmiendo. Los ninjas e habían marchado ya del barco, podrían disfrutar de los últimos días de aquel barco antes de llegar a su destino.
Ayame:- Espero que les haya gustado, me centré más en la batalla de Kaoru que en las otras porque considero que ella también es una gran guerrera que tiene mucho por dar. No se preocupen, va a recuperar su honor, y también habrá otras batallas más intensas de los otros personajes, descuiden. ¿Quién será aquella figura misteriosa? ¿Y por qué tiene tanta obsesión por dañar a Misao y todo lo que se relacione con ella?
