Aclaratoria: Bleach no me pertenece sino a T.K.

Palabras: 650

Género: Intento de comedia xD

¿De dónde salió?: de una tarde esperando a que un profesor nunca llegara y ya medio drogada por la ociosidad. Niños no se tomen en serio este comentario. Las drogas no son buenas.

Especial agradecimiento a Dianix que siempre me apoya en todo lo que escribo. A Aki-Hatake por seguir el fic desde el comienzo que me da ideas para escribir los caps. A Yemi-Hikari por seguirme aún cuando lo lee por el traductor, eso me honra mucho, espero no desilusionarte. Y por último y no menos importante a Phantom1812 cuyos comentarios me hacen sentir muy bien, y espero seguir mejorando más.

Por cierto, los invito a leer mi fic más reciente: Resfriado. Es un KenpachixUnohana (la idea me vino azarosa y repentina ya que nunca imaginé que escribiría de ellos), primera vez que escribo de ellos y siento que me he enamorado de esta pareja ya que son tan opuestos que deben atraerse porque sí. No olvidemos que Kenpachi puede tener un lado sensible, Yachiru es la prueba. Y Unohana es la única mujer que puede ponerlo en su lugar y es toda maternal. Ojalá Tite-sama me escuche. Como es mi primer fic de ellos me gustaría saber sus opiniones =D

En fin, volvamos a este fic... ¡espero que les guste! =D

Tomar el pelo

Las palabras retumbaron en la mente de la chica. Por un momento creyó que no había escuchado bien, pero al ver el rostro de su acompañante marcado por un extraño semblante serio —pocas veces visto en él— y junto a sus curiosos ojos que se habían abierto para la ocasión, Matsumoto Rangiku supo que la frase anterior la había dicho sin jugar y que había sido la más pura verdad. Se quedó callada. Él no dejaba de mirarla a la espera de su futura reacción. Pasaron diez segundos de silencio absoluto, hasta que la exuberante rubia soltó una sonora carcajada que desencajó la pose del joven; Gin volvió a retomar la forma rasgada en sus ojos, sin desviar su atención de la chica, ya que se encontraba claramente atónito por la respuesta de la misma. Rangiku se dio cuenta de eso, y con su mano derecha tapó su boca para contener la risa, hasta que logró detenerla.

—No me malinterpretes —se explicó—, sólo que nunca me imaginé que fueras un padre soltero tan joven.

Ichimaru sonrió levemente.

—Créeme. Fue de lo más inesperado —soltó con un poco de vergüenza—. Tu reacción es ciertamente extraña. Creí que me ibas rechazar por tener un hijo.

Matsumoto agitó su mano en señal de negación. Cierto que le sorprendió en el primer momento. Pero, conociendo a Gin como lo conocía, sabía que no hablaba mucho de su vida privada y por eso, no sabía del niño hasta después de cinco meses de haber comenzado la relación. Suspiró aliviada, le alegraba saber que el hombre de sonrisa zorruna le estimara tanto como para contarle semejante secreto. Eso le hacía muy feliz.

—¿Rechazarte? Más bien debería felicitarte —exclamó con sinceridad—; no todos los hombres de tu edad mantienen una responsabilidad tan grande —se explicó—. Además se podría decir que yo también soy como la madre de mi prima menor. Así que no te preocupes, que te entiendo.

El albino acarició su nuca y sonrió. Una curvatura honesta que muy pocas veces mostraba ante los demás.

—Entonces… ¿qué piensas de todo ésto? —se atrevió en interrogar. Volvió a abrir aquellas esferas azuladas, que a Rangiku siempre la hacían caer en la perdición.

—Pues —se encogió de hombros—. Que me gustaría conocerle, cuando sea el momento —admitió alegre.

Matsumoto no supo en qué momento pasó, pero lo cierto es que Gin la había estrechado con agilidad entre sus brazos y la había besado con cierta devoción. Ella le correspondió con el mismo cariño. Poco después, se separaron e Ichimaru le susurró al oído un "gracias", a lo que ella atinó a guiñarle un ojo animada.

—¿Y qué edad tiene tu niño?

—Casi trece años —confesó ensanchando su sonrisa.

—¿Qué! —la mujer no pudo evitar el grito de sorpresa—. ¿A qué edad lo tuviste?

—A los quince, Rangiku —exclamó inocente.

—¡Pero no concuerdan los cálculos!

—Es porque no es mi hijo, sino mi hermano, Rangiku.

—¡Gin malvado! ¡Odio que me hagas quedar como una tonta! —fue lo último que oyó Gin antes de perder la consciencia de lo que pasó después

Y ese día Gin Ichimaru aprendió a no tomarle el pelo a Matsumoto Rangiku.

Xxx

—Ichimaru.

—Dime hermanito.

—Tienes un golpe en tu mejilla.

—Oh ¿en serio?. No me había dado cuenta —habló irónicamente el mayor.

Un minuto de silencio colmó la sala de la casa.

—¿Estás bien? —preguntó el adolescente luego que se quedara viendo el cachete de Ichimaru.

—Sí, lo estoy —respondió con soltura mientras ampliaba una maquiavélica sonrisa en sus labios—. Pero seguro estaría mejor si mi lindo hermanito y no tan alto Shiro-chan me consintiera un poco. Como cuando eramos niños que me curaba con canciones.

—¡Ichimaru! —fue lo último que escuchó el mayor antes de perder la noción de la audición.

Y es que Gin Ichimaru aprendió a que no se debía tomarle el pelo a dos personas en un mismo día… o quizás, no hasta el día siguiente; porque después de todo, era un masoquista que le gustaba hacerle perder la razón a las dos personas más importantes de su vida. Sí, una visión bastante enfermiza de felicidad, pero así era Gin y él no cambiaría eso nunca.

FIN

Cualquier crítica que tengan, saben cómo dejarla. Sólo den en review y háganmela saber.

Próximo capítulo: ¿Toushiro, me das un beso?

Trataré de publicarlo antes del lunes que viene. Saludos. Se les quiere.