Summary
Era un ex policía frio y duro por fuera, pero por dentro era un hombre ardiente y apasionado. Una fotógrafa y columnista de sociedad aparentemente frívola a la que alguien quería quitar de en medio. La misión de él era proteger a una mujer que no deseaba ningún tipo de protección, superar sus prejuicios en contra de los periodistas
Disclaimer: Los Personajes de esta historia NO me pertenecen, son Propiedad de Masashi Kishimoto.
Capitulo 3
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Sasuke miraba a través de la cámara los barcos atracados en el muelle Fisherman`s Wharf y a los turistas que se movían por allí hasta que se encontró a Sakura Haruno… Por enésima vez aquella tarde. Estaba riéndose de nuevo, aquella chica se reía mucho, por algo que había dicho su acompañante, una chica de piel blanca y de largo cabello rubio.
La risa de Sakura era deliciosamente sensual y tan libre como la de un niño. Mientras reía dio una vueltecita, la falda del vestido flotando alrededor de sus piernas. Tenía los ojos ocultos bajo unas gafas de sol, pero su sonrisa era resplandeciente.
Ya le había hecho muchas fotos, pero hizo una más. Debería estar concentrándose en la gente de alrededor para ver si había alguien de aspecto sospechoso, pero sin saber por qué su cámara parecía acabar en ella.
Sasuke llevaba dos días siguiéndola y cuando vio el barrio en el que vivía… y la ridícula tienda que ella llamaba casa, con una puerta de cristal ni más ni menos, se dio cuenta de que tendría que vigilarla por la noche.
Normalmente, cuando estaba trabajando conducía un viejo coche azul para pasar desapercibido, pero en aquella ocasión llevaba un Corvette negro que resultaba mejor para la vigilancias nocturnas. Había estado toda la noche aparcado delante de la casa y no pasó nada hasta las 02:30, cuando dos tipos en moto se detuvieron en el callejón. Nada más.
Por la mañana, cuando Sakura tomó el tranvía que la llevaba al despacho de la revista, Sasuke se fue a casa a dormir un rato y luego volvió a seguirla desde las oficinas de Fiebre del Oro hasta el Instituto de Arte de San Francisco donde, según Kakashi, impartía cursos de fotografias. Después la vio tomar una ensalada de aguacate en la cafetería y más tarde estuvo un par de horas leyendo en la biblioteca. Sakura lo hacía todo mal. Tenía un horario predecible, siempre estaba rodeada de extraños e iba caminando o en transporte público a todas partes, factores que aumentaban el riesgo de ser atacada.
Kakashi le había dicho que no tenía coche. Cuando tenía que cubrir fiestas o eventos para la revista alquilaba una limusina con conductor.
Cuando terminó la clase, Sakura se encontró con su amiga en la fuente del patio del Instituto de estilo árabe, y luego se fueron de compras… sin comprar nada. Desde allí fueron al muelle y centraron algo que compraron en un puesto ambulante mientras paseaban, sin dejar de charlar.
A Sasuke el trabajo de vigilancia siempre le había parecido tedioso. El único factor que hacía aquel encargo más o menos tolerable era que Sakura fuese una chica tan guapa. Sakura Haruno era tan atractiva en persona como lo era su fotografía en la revista. Pero, a pesar de su belleza, no era el tipo de mujer que lo atraía. A él le gustaban las mujeres clásicas, especialmente las que llevaban uniforme: enfermeras, azafatas, incluso las mujeres policías… mientras no estuvieran en la brigada de narcóticos. Sus relaciones con las mujeres solían ser breves, de modo que sus colegas estaban fuera de la cuestión.
Sakura Haruno era la antítesis de todas esas mujeres. Salvo por el hecho de que era una chica que irradiaba buena salud, parecía una hippy recién salida del festival de Woodstock. Era alta como lo había imaginado algo que, además de su belleza, la hacía fácilmente reconocible entre la multitud. Como hacía calor, algo normal en el mes de septiembre, Sakura llevaba el pelo sujeto con un moño medio deshecho y un vestido amarillo pálido sin mangas que dejaba ver la silueta de sus largas piernas cada vez que se ponía de espalda al sol.
En ese momento, Sakura se puso las gafas de sol sobre la cabeza, levantó la cámara que llevaba colgada al hombro y la dirigió hacia donde estaba Sasuke. Él se dio la vuelta y caminó un par de metros en dirección contraria. ¿Lo habría visto hacerle fotografias o estaría volviéndose paranoico?, se preguntó.
Se había cambiado de ropa varias veces aquel día y ahora mismo iba vestido como un simple turista, con unos pantalones cortos de color caqui y una camiseta con un dibujo de la isla de Alcatraz… dos tallas más grandes para tapar la Beretta 92Sb que llevaba debajo y un bigote postizo.
Cuando se volvió, Sakura estaba despidiéndose de su amiga. Sasuke contó hasta diez antes de seguirla a una prudente distancia, mientras metía la mano en la mochila para cambiarse de disfraz. Fuera el bigote, una camisa de cuadros sobre la camiseta, unas gafas de sol y una gorra que llevaba pegada una coleta postiza. Estaría bien haberse puesto unos vaqueros, pero incluso en San Francisco podían detenerte si te quitabas los pantalones en público.
¿Dónde se había metido?, se preguntó mirando de un lado a otro…
Entonces vio el vestido amarillo pálido, estaba subiendo a uno de los viejos tranvías. Sasuke tuvo que correr para llegar a su lado y cuando logró subir a la plataforma estaba sin aliento y bastante irritado. Aquello era absurdo, Sakura Haruno podía haber sido secuestrada cuarenta veces aquel día y él no habría podido hacer absolutamente nada.
Suspirando, pagó los dos dólares y se sujetó a la barra, mirando a Sakura por el rabillo del ojo. El tranvía estaba lleno de turistas y de gente de San Francisco, con ropa de trabajo o trajes de chaqueta. Al final del trayecto, Sakura bajó del tranvía y se detuvo para comprar algo en una tienda de alimentación.
El sol empezaba a ponerse y Sasuke se preguntó cuántas veces haría aquel mismo itinerario de noche. Aquel barrio no era precisamente recomendable, con muchas tiendas cerradas, portales sin conserje, tiendas de licor y hasta una oficina de fianzas. Cuando Sakura se detuvo delante de su casa, Sasuke oyó un silbido que le heló la sangre en las venas. Varios motores salieron del callejón que separaba la antigua tienda del edificio contiguo… Todos llevaban cazadoras negras.
Sasuke apresuró el paso, haciendo un recuento mental de las armas con las que contaba, además de sus manos: la Beretta, un cuchillo en el cinturón y un bastón plegable de metal en el bolsillo izquierdo del pantalón. Por supuesto, sólo sacaría la pistola si no tenía más remedio. La obligación de un buen guardaespaldas era salvar a su cliente del peligro a toda velocidad y sin llamar la atención.
— ¡Hola preciosa!—
Sakura miró por encima del hombro mientras sacaba la llave del bolso.
— ¿Hoy no tienen que robar ninguna gasolinera?—
Los motores soltaron una carcajada.
—Estamos de fiesta esta noche. ¿Qué dice, señorita Haruno, le apetece un poco de diversión?—preguntó uno de cabellos platinados, bajándose de la moto para acercarse peligrosamente a su cliente.
Sasuke sacó el bastón de metal y, con un movimiento de muñeca, lo convirtió en una barra de aspecto más que peligroso.
—Suigetsu, ¿cuándo vas a dejarme en paz? Ya sabes que mi idea de lo que es una diversión no tiene…—no terminó la frase al ver que Sasuke se colocaba entre el motero y ella.
—Ya has oído a la señorita, Suigetsu fuera de aquí— Sasuke
—Perdone, pero sé cuidarme de mí misma—replicó Sakura, intentando apartarse.
— ¡No se mueva!—ordenó Sasuke
— ¿Qué mierda es eso?—preguntó Suigetsu, señalando el bastón.
—Puede partirte el cuello en dos segundos—contestó Sasuke
Suigetsu metió la mano en la cazadora y sacó una escopeta recortada, que puso contra su cara.
— ¿Ah, sí? Pues esto puede volarte la cabeza en un segundo—
Sasuke dio un golpe en la escopeta con la mano izquierda. Cuando cayó sobre la acera le dio una patada y golpeó a Suigetsu en el estómago con el bastón, haciéndolo caer de rodillas.
Los otros moteros sacaron las recortadas, con los consiguientes y aterradores clic-clac. Mirando los cañones, Sasuke soltó el bastón, sacó la Beretta y la puso sobre la sien de Suigetsu.
—Si yo muero, él muere también—amenazó Sasuke al resto de los moteros.
—Es posible—dijo Suigetsu, mirando la automática—Pero por lo menos de mí quedará algo para enterrar.
—A ver chicos…—Sakura miraba de uno a otro—Que se calme todo el mundo.
—Nosotros vamos a calmarlo ahora mismo—gruño Juugo, el amigo gigante de Suigetsu, mientras ponía el cañón de la recortada contra la cara de Sasuke—Lo vamos a calmar pero bien.
—Deja que hable yo—dijo el desconocido, apretando su brazo.
—Sí, ya veo que sabe solucionar las cosas pacíficamente—replicó ella, irónica—A ver, por favor, bajen las armas. Nadie tiene por qué salir herido.
—Él sí—contradijo Juugo.
—El hombre sólo intentaba ayudarme… Pensó que estaba en peligro — dijo Sakura
—Y tenía que hacerse el héroe, ¿no?—dijo Suigetsu, tan chulo como siempre a pesar de estar de rodillas con un arma apuntando a su cara.
—Su trabajo consiste en hacerse el héroe. Es mi guardaespaldas—
Los moteros la miraron, sorprendidos. El desconocido aún más.
— ¿Cómo sabes…?—
—Llevas siguiéndome desde ayer. Cada vez que me doy la vuelta estás ahí, con uno de tus absurdos disfraces.
— ¿Sabías que estaba ahí desde el principio?
—Soy muy observadora—replicó ella—Me doy cuenta de las cosas.
— ¿Y sabías quien era?—inquirió Sasuke.
—Kakashi lleva amenazando con ponerme un guardaespaldas desde hace semanas. Es muy paternalista.
— ¡Un momento!—exclamó Suigetsu— ¿Por qué necesitas un guardaespaldas? ¿Tienes algún problema?
—No—contesto Sakura cruzándose de brazos.
—Sí—contestó Sasuke.
—Deberías habernos pedido ayuda a nosotros—dijo Suigetsu entonces—Nosotros podemos protegerte. Si alguien intenta hacerte daño le llenaremos la barriga de plomo.
—Es muy amable de tu parte—contestó Sakura—Pero yo no necesito protección.
—Sí la necesitas—insistió el guardaespaldas—Pero no de una pandilla de gorilas con chupas de cuero. La cuestión es ser discreto posible.
— ¿Llamas a esto ser discreto?—le espetó Sakura, señalando alrededor.
—Sí, bueno, es lo único que podía hacer en estas circunstancia—intento explicar él, irritado—Vamos, entra a la casa.
—Eso, que entre a la casa. No la queremos en la línea de fuego mientras te perforamos—replicó Suigetsu.
—Por mi bien, cállense todos—suspiro la chica de cabellos rosados.—El nivel de testosterona empieza a darme dolor de cabeza. Pero él entrará conmigo.
—No, de eso nada—dijo Juugo—Tenemos planes para este tipo.
— ¿Esos planes incluyen estar aquí todo el día? Porque algo me dice que este tipo no piensa bajar la pistola—señaló a Sasuke
—Déjalo—subió una mano Suigetsu en señal de acabar con eso—Me duelen las rodillas.
Soltando una palabrota, Juugo señaló la puerta con la recortada.
—Hmp, fuera de aquí—Sasuke dio un paso atrás, sin dejar de apuntar a Suigetsu con la pistola. Luego se inclinó para tomar el bastón del suelo, hizo un gesto con la muñeca y lo convirtió en una especie de bolígrafo largo.
—Que interesante—dijo Suigetsu entonces— ¿Dónde puedo conseguir uno de ésos?
—Pídeselo a Santa Claus—contestó con una visible media sonrisa en sus labios, entrando en la casa con Sakura y cerrando la puerta.
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¿Qué tal les pareció el capitulo? :3 ¿Bueno?, ¿Malo? o ¡Pésimo! T.T
Gracias a todas/os a los que se toman un tiempito y se pasan x aquí a leer mi finc! Gracias de verdad!
Como antes dije, si tengo errores ortográfico, o si debo mejorar mas háganmelo saber si!
¿REVIEW?... Son Gratis =D
Nos leemos en la próxima! Un beso! Sayonara ~~
[ VerithOx ]
