Summary:

Era un ex policía frio y duro por fuera, pero por dentro era un hombre ardiente y apasionado. Una fotógrafa y columnista de sociedad aparentemente frívola a la que alguien quería quitar de en medio. La misión de él era proteger a una mujer que no deseaba ningún tipo de protección, superar sus prejuicios en contra de los periodistas

Para ser su Guardaespaldas tendría que estar cerca de ella como si fuera su amante

Disclaimer: Los Personajes de esta historia NO me pertenecen, son Propiedad de Masashi Kishimoto

/El Guardaespaldas/

Capitulo 6

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—Hace un par de meses. Oye, una cosa, no quiero meterme en tu vida, pero... ¿Esto es lo que sueles cenar, una ensalada de lechuga? ¿Eres vegetariana o qué?

—No como nada que tenga cara. Y hay proteínas en el queso de cabra.

—ah, que consolador— sonrió Sasuke.

—bueno, cuéntame quién era ese cliente por el que casi te pegan un tiro.

—me pegaron un tiro. ¿Tienes mantequilla?

—no, la mantequilla me da asco.

Ssuke suspiro, tomando un poco de ensalada. Estaría pasable si no supiera a queso de cabra.

— ¿te pegaron un tiro?

—sí, pero no fue nada, un arañazo. Y me encargué de los dos tipos.

— ¿Los mataste?— pregunto ella, boquiabierta.

—no, los retuve hasta que llego la policía.

— ¿Quién era el cliente?

—el editor de un periódico de Bogotá que había publicado varios artículos sobre un cartel de traficantes de coca.

— ¿te enviaron a Colombia?

—Sí. En realidad, estoy especializado en escoltar a hombres de negocios norteamericanos cuando viajan a Sudamérica porque hablo el idioma.

—Tu madre es española.

—eso es. Además, lo estudié en el colegio, así que también puedo escribirlo.

—Yo estudie latín.

— ¡latín!

—era obligatorio en el colegio de monjas— contesto Sakura, señalando una fotografía que había en la pared. En ella aparecia con un uniforme y carita de buena. Debía tener unos diez o doce años.

—no sé qué haría una chica como tú en un colegio de monjas.

—Intentar escalar los muros —contesto ella.

Sasuke soltó una leve carcajada.

—ya me imagino.

—y yo me imagino que tú harías algo parecido en tu colegio.

—¿Por qué?

—porque eres ese tipo de hombres. Duro, machito… me recuerdas a Kevin Costner en esa película…

—¿ el guardaespaldas? Sí, me lo dicen mucho.

—No, el guardaespaldas no… Los intocables de Elliot Ness. Costner hacia el papel de un policía serio, sobrio, que seguía las reglas al píe de la letra. Tú te pareces a él.

—ya.

Lo irritante era que tenía razón.

—Pero ahora que lo dices… ¿el guardaespaldas es esa película en la que Kevin Costner no puede acostarse con Whitney Houston porque es su cliente? ¿Eso es verdad? ¿No puedes acostarte con tus clientes?

—Bueno… en el libro de reglas de Shizune está prohibido, pero en general los jefes no se preocupan de esas cosas — contesto Sasuke, tomando un trozo de pan.

—pero eso va en contra de tu código de conducta, ¿verdad?

— ¿eh?

—lo de acostarse con las clientes.

—supongo que eso me comprometería, pero la verdad es que no está escrito en ninguna parte. De hecho, los guardaespaldas suelen mantener relaciones con su clientes… supongo que porque pasan mucho tiempo juntos. Algunos incluso se casan. Como Patricia Hearst o la hija del presidente Gerald Ford.

—¿y a ti te parece bien?

—no es asunto mío juzgar lo que hacen mis colegas.

— ¿Tú te has acostado con alguna cliente?

Sasuke se atragantó con el pan.

—Sólo llevo haciendo esto dieciocho meses y no he tenido ninguna mujer como cliente.

—Hasta ahora— sonrió Sakura—. Parce que voy a tener que cargar contigo. Kakashi me ha atacado donde me duele: en la cuenta corriente.

—deberías darles las gracias. Mis servicios no son baratos.

—ya me imagino. Pero en mi estilo de vida no cabe un guardaespaldas.

—Entonces tu estilo de vida tendrá que cambiar un poco.

—Verás, la cosa es que yo valoro mucho mi libertad— le explico Sakura—. Necesito mi libertad independencia. Lo que tú propones es que me olvide de todo eso por culpa de un imaginario asaltante. ¿Qué va a hacer, secuestrarme, matarme? ¿Alguien se ha sentado para analizar seriamente este asunto?

—Muy bien, vamos a analizarlo—dijo él— te han amenazado, ¿no? Has recibido anónimos amenazadores por culpa de Tsunade…. quien, por cierto, ha desaparecido.

—Tsunade estará en algún balneario, seguro. O en Hawai, o en Las Vegas. Este asunto se ha sacado de quicio.

—Es posible, pero lo más prudente es pensar que alguien podría haber secuestrado a Tsunade…

—Eso es posible…

—Y que tú eres la siguiente en su agenda. ¿Quién es ese hombre?

—Olvídalo. El no ha secuestrado a nadie y no pienso hacer que lo metan en la cárcel sólo porque está un poco desequilibrado.

— ¿Quién es, Sakura? Si supiera quién es, podría protegerte mejor.

—Si algún día le veo persiguiéndome te diré quién es.

—Eso no vale— suspiro Sasuke—. Ese tipo podría contratar a alguien para hacer el trabajo. Seguramente eso es lo que ha hecho.

Sakura soltó una risita.

—Si lo conocieras no dirías eso. Es totalmente inofensivo.

—Sí, ya, pero tu idea de lo que es «Inofensivo» deja mucho que desear, amiga. Buena, ¿vas a decirme quién es ese tipo o tengo que sacártelo a golpes?

Sakura arqueó una ceja.

—Yo diría que liarte a golpes con una chica no es tu estilo.

—Me ha dejado el aceite hirviendo en casa.

—Una pena— sonrio ella—. A mí me pone el aceite hirviendo.

Sasuke se atragantó con el pan… otra vez. Y Sakura se partió de risa.

—Bueno, vamos a establecer unas reglas. Durante el dia, no puedes ir a ningún sitio sin mi. Sere tu sombra, asi que acostúmbrate a la idea. Por la noche no puedes quedarte aquí, así que debes mudarte a un hotel. No le digas a nadie qué hotel…

—De eso nada.

—Sakura…

—Esta es mi casa. Mi estudio y mi sala de revelado. Y tengo mis plantas… todas mis cosas están aquí.

—Sé razonable, Sakura.

—No pienso irme de aquí, acostúmbrate a la idea— replico ella.

Sasuke apretó los dientes.

—muy bien. Tendremos que instalar una alarma de inmediato. Y habrá que cambiar las puertas por unas de acero. Las dos puertas tendrán un código numérico de seguridad… solo tú y yo lo conoceremos. Nadie más. Pondremos sensores para detectar la rotura de cualquier cristal en las ventanas y… yo dormiré aquí hasta que todo eso esté instalando. Esa cosa…—Sasuke señalo un futón—sirve de cama ¿no?

—Sí

—Cuando el sitio sea seguro podrás quedarte aquí sola por las noches, pero tendrás que ponerte en contacto conmigo a intervalos más o menos regulares. Y necesitarás un «botón de pánico».

— ¿Un qué?

—es un aparato que funciona por control remoto y que puedes llevar en el bolso. Pulsas el botón en caso de que ocurra algo y envían una señal por radio…

— ¡Por favor!— rio Sakura—. Que exageración.

—las técnicas de seguridad son efectivas casi siempre, así que no te rías. Te daré un código… una palabra que usarás cada vez que me llames. Si no la usas, sabré que ocurre algo.

Sakura se levantó y empezó a recoger los platos.

—Eso es demasiado.

—Absolutamente—dijo Sasuke, levantándose—. Esa será la palabra. ¿Crees que podrás recordarla?

—Absolutamente—contesto ella, poniendo los platos en el fregadero—. Absolutamente, absolutamente. Estoy ensayando.

—no habkes nunca de tus planes por teléfono. Yo me encargaré de hacer un barrido por si hubiera escucha, pero no hay garantías. No abras tu correo, yo lo haré.

Sakura se dio la vuelta, con las manos en las caderas.

—¿Tú has oído hablar de la intimidad de las personas?

— ¿Tú has oído hablar de las cartas-bomba?

—me pareces que ves demasiada televisión.

—Y desactivo demasiadas cartas-bombas.

Sakura salió de la cocina murmurando algo ininteligible mientras Sasuke tiraba a la basura el resto de su ensalada.

—Durante el día— siguió diciendo— debes variar tu itinerario. Sal de aquí por la puerta de atrás la mitad de las veces. No vayas a trabajar cada mañana, ve unas cuantas veces por semana, nunca los mismos días. Nada de ir en transporte publico. E intenta no ir a los sitios andando. Yo te llevaré donde tengas que ir.

—Kakashi contrata una limusina para mí cada vez que tengo que acudir a una fiesta. Y a mí me gusta.

—Pensé que a las hippies les gustabas más las viejas furgonetas pintadas con flores y símbolos de la paz.

—Soy un poco anticuada.

—Puedes ir en la limusina, pero yo iré contigo. No vayas donde haya multitudes…

— ¡Ja!

—Olvídate de Fisherman's Whart o de la plaza Ghiradelli… y olvídate de las bibliotecas vacías.

Sasuke asomó la cabeza a través de la cortina de las cuentas… y se chocó con Sakura, que volvía a la cocina. Los vasos que llevaba en la mano cayeron al suelo y se hicieron añicos.

Los dos se inclinaron para recogerlos y, al hacerlo, sus cabezas se rozaron. Una fragancia oriental le llegó entonces. Una fragancia sensual, excitante.

Sakura levantó la cabeza y sus ojos se encontraron. Sí, había química entre ellos, pero era sólo algo físico. Sakura pensaba que era un matón que quería robarle su libertad y él despreciaba su trabajo como columnista de cotilleos. La prensa, esa clase de prensa amarilla, le había robado su carrera en el cuerpo de policía y a su familia. Pero a su libido, gobernada por el instinto, todo eso parecía darle exactamente igual.

—Yo lo limpiaré—dijo Sakura

—No, lo haré yo— murmuró él, sujetando su mano.

« ¿Te has acostado alguna vez con una cliente?»

Nunca había tenido oportunidad. ¿Sería poco profesional? Sólo si interfería con su trabajo, pensó. ¿Sería una estupidez? Por supuesto. Una relación con una mujer que se ganaba la vida publicando rumores y escándalos estaba fuera de la cuestión. Y aunque a él le gustaban los revolcones de una noche, de hecho, esas eran las únicas relaciones que tenía, sólo lo hacía con mujeres a las que no volvería a ver nunca. Sakura Haruno era una cliente y, considerando su profesión, nunca la querría como novia. Así que nada de sexo.

—Te vas a cortar con los cristales. Deja, ya lo hago yo.

Sakura se encogió de hombros mientras se levantaba, ofreciéndole un primer plano de sus largas piernas. Sasuke recordó entonces el liguero de leopardo que había visto en su habitación y la imaginación con ese liguero… y nada más.

«Contrólate o van a tener que protegerla de ti».

—¿Alguna otra regla que necesite saber, Sasuke Uchiha?— pregunto ella, sacando una escoba de la cocina.

—Si te digo que te agaches, agáchate.

— ¿Obediencia incuestionable? ¿Esos es lo que te gusta?

—Si sirve para salvarte la vida, sí. Pero no será para siempre, solo hasta que esta situación esté bajo control.

—Supongo que te pondrás a investigar para saber quién es el admirador obsesivo de Tsunade.

—No. Sería bueno saber quién es. Pero a mí me pagan por proteguer, no por investigar. Y eso es lo que pienso hacer.

—Ah, ya veo. Tu tramautica salida del cuerpo ha hecho que odies el trabajo policial.

—¿Quién ha dicho nada de una experiencia tramautica?

—No tienes que hacerlo. Soy muy perceptiva.

—¿ Ah, sí? Pues percibe esto— dijo Sasuke entonces, poniendo una mano cada lado de la pared aprisionándola—. Que yo dejara el cuerpo de policia no tiene nada que ver contigo ni con este caso. Y no pienso hablar de ello, asi que puedes dejar de sacar el tema.

—Se supone que los guardasespaldas no deben ser groseros con sus clientes.

—Me estás provocando— suspiro él, apartándose.

—Vaya, vaya. Rasca un poco y Sasuke Uchiha se convierte en un carvenicola.

—a lo mejor deberías dejar de rascar— sugirió Sasuke

—A lo mejor. Pero la verdad es que a mí siempre me ha gustado Pedro Picapiedra.

— ¿No me digas?

—Te digo— sonrió Sakura—. Así que a partir de ahora me tienes sujeta con una correíta. Si dices que salte, saltaré, si dices que me agache, me agacharé… tú sólo tienes que ordenármelo.

Sasuke tragó saliva.

— ¿Quieres decir que vas a cooperar?

Suspirando, Sakura se pasó una mano por el pelo.

—No tengo alternativa, ¿no? Kakashi no me paga mucho por esa columna, pero no tengo otra fuente de ingresos.

—Mira, yo no quiero destrozarte la vida. Pero tendrás que cambiar de hábitos durante un tiempo. No llames la atención, evita las fiestas… sobre todo si se les ha dado mucha publicidad…

—Imposible. Estoy intentado cooperar, de verdad, pero eso es absolutamente imposible. Yo me gano la vida yendo a fiestas y escribiendo sobre ellas… fiestas importantes organizadas por gente importante. Así que tendremos que llegar a algún tipo de compromiso.

Sasuke se pasó una mano por la barbilla.

—Muy bien, de acuerdo. Puedes conseguir haciendo lo que haces, pero no vayas a todas las fiestas a las que te inviten y no confirmes tu asistencia. No le digas a nadie ni siquiera a tus mejores amigos, a cuáles piensas ir y a cuáles no. Y recuerda, no vayas a ningún sitio sin mí.

—Ese es otro problema— suspiro Sakura—. Tengo que ir a una exposición mañana por la noche.

— ¿Dónde?

—En una galería del centro, en la calle Sutter. Y no veo a Pedro Picapiedra a mi lado admirando cuadros. ¿Cómo iba a presentarte?

—Di que he ganado el concurso del «matón del mes» y te eh tocado como premio.

Sakura sonrió.

—Otra broma. Anda, a lo mejor si eres humano y todo.

—No en serio, nadie debe saber que estoy allí para protegerte. Los atacantes eliminan al guardaespaldas y luego van por el objetivo. No te preocupes… me mezclaré con el público de la galería.

—Pues te informo que no puedes ir a la exposición con la camisa de Alcatraz. Y no se te ocurra ponerte el bigote.

— ¿Alguna sugerencia?

Sakura inclino a un lado la cabeza, estudiándolo.

— ¿Qué tal si fuéramos novios?

Sasuke la miro en silencio por un momento.

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