o.O.o Venganza y Deseo o.O.o

Capítulo II

- Tú, mi querida, eres mi prisionera.

Marin recibió la noticia con indignación.

- Mejor que me mates. - dijo - Pues si intentas violarme, morderé tu lengua y no te daré este placer.

Su declaración fue recibida en silencio. Todos la miraban sin alterar sus fisionomías. Nadie pareció impresionado con sus palabras. Todos, menos Aioria, cuyos rasgos se volvieron sombríos y la miró enojado, muy ofendido.

- Creas, no estoy interesado en obtener a la fuerza lo que las mujeres me dan con placer. - la agarra por su pulso y la tira hacia Aldebarán - Atenla, se terminó la broma. Vámonos a casa.

Todos festejaron el orden. Hacía días que estaban lejos de casa y ya la extrañaban.

- ¿Y la otra? - preguntó Aldebarán indicando a Shina, con los brazos cruzados, controlando las ganas de matar a alguien.

- Ella no sirve para nada. - dijo Aioria.

- ¿Puedo quedarme con ella? - preguntó Shura.

Shina lo acribilla con la mirada y pregunta:

- ¿Quién o qué ustedes creen que soy? ¿Un objeto o animal?

- ¿Estás seguro? - Aioria mira a Shina, juraría que si pudiera, ella le cortaría la garganta a su amigo - Parece que te traerá muchos problemas.

- Sabes que me gusta dominar una gata salvaje a veces. - contestó pasando su brazo por sobre los hombros de Shina, que lo aleja con un golpe doloroso.

- Será tu responsabilidad. - declaró Aioria, cierto de que su amigo tendría muchas confusiones por cuenta de la arisca amazona. - Atenla también.

- Quítenle la armadura también. - ordenó Shura.

Cuando un soldado iba a cumplir el orden, recibió un golpe fuerte de la amazona, que lo tiró lejos.

- Nadie toca en mi armadura. - y ella misma se quitó la vestimenta, quedando con sus ropas íntimas, un pantalón y una túnica.

Marin y Shina tuvieron sus pulsos atados con sogas y fueron puestas sobre la montura de dos caballos, dos magníficos corceles, un negro y otro de pelos castaños. La armadura de la amazona fue llevada por otro revelde.

Marin miró a Aioria, cada nervio de su cuerpo deseando acabar con él. Sin ningún aviso, Aioria monta sobre el corcel negro, el mismo caballo que ella. Su brazo fuerte la apretaba contra su cuerpo, sosteniéndola muy firme por su cintura, mientras que con la mano libre guiaba las riendas del animal. Él indujo el caballo que si precipitó hacia adelante.

Shura iba a hacer lo mismo con Shina, pero recibió una dura patada en su rostro que lo hizo retrodecer. Ella sonrió triunfante, él la miró furioso, principalmente por las risas que esta situación provocó en sus hombres.

Shura sonreí y con un duro arranque la saca de la montura, montando él mismo. Luego, con la ayuda de un soldado, Shina es erguida y arrojada sobre la montura como si fuera un bolso de papas, delante de Shura. Ella gritó y se contorció.

- ¡Perro desgraciado! - gritaba - ¡Te sacaré el corazón y lo haré en pedazos!

- Muy bien, ahora vámonos. - dijo, pasando su mano en el muslo femenino e incitando el caballo.

o.O.o En el palacio real de Pallas o.O.o

Lord Camus miraba el paisaje desde una ventana del salón. De donde estaba tenía una visión previlegiada de su esposa y su hijo pequeño, que caminaban por el jardín de rosas. Habían percebido que eran observados y le ofrecieron una sonrisa.

- El joven Alejandro ha crecido mucho, de verdad se parece contigo. - comentó Miro, llegando - Milady continua linda también.

- Gracias. - dijo Camus sin alterar su rostro - ¿Qué quieres, Miro?

- Percebí que no te pusiste feliz con la noticia del rey sobre su futuro matrimonio. - Miro lo mira discretamente.

- Sólo creo que nuestro soberano se preocupa demasiado con cosas mundanas mientras deja que sus barones hagan lo que quieren con la gente.

- Él anda ocupado con otros asuntos, amigo.

- Sí, como cazar reveldes y promover la guerra entre reinos vecinos. - él mira al amigo con enojo - ¿No te preocupas con el futuro de nuestro reino?

- Claro que sí. Pero tú me conoces desde que éramos de la edad de Alejandro. Prefiero aprovechar mi vida que arriesgarla desafiando los deseos del rey.

- Pues yo prefiero pensar en el futuro de mi hijo. - Camus vuelve a mirar a su familia y dice con frialdad - Ares no es un rey bueno. Sabemos que todos sufren con su comportamiento tiránico. Las rebeliones son el reflejo de este gobierno corrupto y la gente acoje los asesinos de su antiguo soberano como héroes, tal es su desgusto. Además, es difícil creer que el capitán Shura y el príncipe hayan urdido la muerte de Lord Aioros. Pero no creo que te importes con eso. ¡Vuelva a tus noches rellenas de vino, juegos y mujeres, Miro!

- ¡Vale! - Miro se vuelve serio - Pero cuidado con lo que dices, amigo, tus palabras pueden condenar a ti y a todos que amas. Puedes que no creas en lo que digo, pero somos como hermanos y amo tu familia como si fuera mía. No me perdonaría si algo les pasa por causa de tus desconfianzas.

Camus nada dice cuando lo ve salir. Miró su esposa amada y su querido hijo. Haría todo para defenderlos.

...v...

Marin se sentía incómoda. Estaba aprisionada en el brazo fuerte de Aioria, que la sostenía contra su pecho. Sus cuerpos rozaban a cada paso del caballo. Ella intentaba librarse, pero era en vano, pues él la agarraba con fuerza.

Aioria le dio una sonrisa discreta al verla contorcerse. No quería admitir, pero le parecía muy placentero mantener el cuerpo de la amazona cautiva cerca al suyo. Ella poseía un dulce olor de flores, que parecía impregnado por todo su cuerpo y cabellos.

Los cabellos rojos, como el crepúsculo, suaves y perfumados. El perfume lo volvía loco. Suspiró, aspirando su aroma. Miró sus lindos rasgos, ahora enojados...

Intentó no demonstrar que verla nuevamente había sido un choque. Era verdad que el tiempo había pasado, pero aún se recordaba de Marin como una niña pelirroja, audaciosa, bonita y peleadora, que no quedaba callada cuando desafiada. Ahora era una linda mujer y llena de coraje.

Sus ojos deslizaron por su rostro, ojos y se detuvieron sobre los labios. La posición lateral que estaba en relación a ella, las manos atadas, la forzaban a buscar el apoyo de su brazo y pecho. Marin hizo un brusco movimiento para alejar su mano, asustando el caballo que se detuvo y levantó.

Pero Aioria lo dominó con facilidad. Luego de controlar el caballo, él la apretó aún más fuerte contra su cuerpo. Marin lo encaró enojada, luego se volvió tensa, dándose cuenta de donde sus ojos azules se habían fijados.

La posició en la que se encontraba, contra el pecho masculino, las manos atadas frente a su cuerpo, hicieron con que su ropa quedara un poco tirada adelante, exponiendo un poco sus senos.

- Aleja tus ojos de mí. - dijo furiosa, dándole un golpe con el codo en su estómago.

El caballo balanceó para un costado, inquieto por los movimientos sobre sí, meneando la cabeza, respirando nervioso.

Marin percibió la agitación del animal y empezó a patearlo en el cuello. Asustado por la agresión, el animal se levantó. Marin se agarró en la montura, consiguiendo empujar Aioria hacia el piso.

Con otro movimiento ágil, pudo controlarlo e incitarlo a correr rápidamente. Shina sonrió, esperando que la pincesa pudiese escapar, pero la sonrisa se le fue cuando notó que Shura no parecía preocupado, incluso se divertía con el infortunio de su amigo.

Aioria se levantó, a pesar del dolor y de la humillación frente a sus hombres. Sacó el polvo de su ropa, tranquilamente. Puso las manos en la cintura. Todos sus hombres daban carcajadas, todos menos Mu, que permanecía serio.

Entonces él silbó fuerte. En este instante el caballo detuvo su marcha, casi echando abajo a Marin. Otro silbado y el animal gira y dispara hacia su dueño, a pesar de los intentos de Marin en volver a la huida.

- ¡Zéphro! - Él llama al corcel y acaricia su cuello - No estoy enojado contigo, amigo.

Él volvió a montar en el animal y antes de recomenzar la caminada, forzó a Marin a encararlo, sosteniendo con fuerza su mentón.

- Si intentas huir de nuevo, llevando a mi caballo, quiebro tus lindas piernas. - amenazó.

- Tú no lo harías. - ella sostuvo su mirada desafiadora.

- Pues experimiente hacer esta estupidez de nuevo.

Y volvieron al viaje.

- No puedes mantenerme así. ¡Estoy sin aire! - protestó Shina.

- Si prometes ser buenita...

- Prometo... que no intentaré matarte. - dijo ella solemnemente.

- Bueno...

Shura la hizo bajar y Shina cayó sentada en el suelo. Luego se levantó, intentando recuperar su dignidad. Shura estiró su mano hacia ella que, contrariada, la aceptó, montando de nuevo en el caballo, atrás de él.

- Con las manos así no tengo donde sostenerme. - ella protestó.

- ¿No eres una amazona? ¿Eximias en las montarías? Pues piense en algo para mantenerse ahí. - él sonrió y Shina tuvo ganas de golpearlo de nuevo.

Su imagen, con la garganta asfixiada por la soga que la prendía, le vino a la mente y ella sonrió.

- ¡Qué linda sonrisa! - él comentó - Espero que estés pensando en cosas buenas.

- De hecho. - ella continuava sonriendo - Pensaba en tu muerte, lenta y agonizante.

- ¡Madre mía! ¡Qué palabras cariñosas! - contestó irónico.

Muchas horas pasaron, no habían parado ni para comer. El sol ya moría en el horizonte cuando Aioria dio el orden para parar y armar campamento.

- ¿Entonces, ha aprovechado el viaje? - preguntó.

- Adorable. - contestó sarcástica, ignorando su ayuda para bajar - Necesito ver a Shira.

- No. - dijo él, bajando también.

- ¿No? ¡No puedes hacer eso!

- Tú eres mi prisionera y si aún no te diste cuenta, lo puedo sí. - él la agarró por su brazo - Vamos.

Mientras caminaban, Marin observaba lo que pasaba a su alrededor. Hogueras fueron prendidas, el olor de la carne llenaba todo ambiente, haciéndola acordar que nada había comido todo el día.

Él la condujo hacia algunas vegetaciones. Con una soga le ató su pie y con la otra punta, la aprisionó a un árbol.

- ¿Adónde crees que me voy?

- De ti espero cualquier cosa. - contestó, haciendo un fuerte nudo - Traeré comida y agua.

- ¿Y si necesito de...er...privacidad?

- ¿Para qué? - preguntó, pero se dio cuenta que ella se sonrojaba y percibió lo que quería - Bueno, entiendo, lo arreglo caso necesites de privacidad.

- ¡Ahora! - ella dijo.

- ¿Ahora?

- Necesito ahora.

Él suspiró, desatando su pie y agarrándola por su mano.

- Vamos, hay un río acá cerca.

Siguieron por un camino que los condujo hacia el río. Desesperada por la sed, Marin se inclinó y tomó del agua dulce con placer. Luego de saciarse, se preparó para entrar en el agua, pero observó que Aioria aún permanecía parado, apoyado en ul árbol, encarándola.

- Señor...- ella lo miró - No espere que haga eso mientras me estés observando.

- Perdón. - él se puso rojo y se alejó - Te doy dos minutos.

Era el tiempo que necesitaba. Marin se quitó sus ropas, quedando sólo con sus ropas íntimas y se tiró en el agua. El río era profundo y de aguas rápidas y siguiendo la corriente, empezó a nadar. Nadó lo más lejos que pudo, lamentando el hecho de abandonar a Shina. Pero si encontraba los soldados del rey, los avisaría.

La corriente aumentaba. Cansada, buscó una piedra en el medio del río para recuperar el aliento. Un poco ahogada, no pudo ver bien por el agua, sólo sintió que brazos fuertes la agarraban.

- ¿Adónde ibas, princesa?

- ¡Aioria!

Le vio el pecho desnudo, los músculos, la piel bronceada donde relucían algunas cicatrizes, seguramente conseguidas en los combates, la expresión dura, los rasgos cerrados.

- La corriente me arrastró. - fue la disculpa que encontró.

- No me pareció eso.

Él la agarró contra su pecho, haciéndola sentir a través de sus fina combinación la forma musculosa de su cuerpo, el calor que emanaba de él.

- Volvamos, princesa.

Brazos la circularon por la cintura, se vio arrastrada por las aguas y arrojada con violencia sobre la yerba. Aioria se echó sobre ella, marin se sonrojó cuando se dio cuenta que ambos estaban casi desnudos. La combinación mojada revelaba gran parte de su cuerpo. Su mirada deslizó sobre el rostro masculino de Aioria, la barba de días le daba un aire seductor. Su mirada fue hacia su tórax, que subía y bajaba con la respiración tensa y nerviosa. Percibió, entonces, que él la miraba distinto.

- ¿Qué harás conmigo?

- No me gusta que me desafien. - contestó, mientras bajaba la cabeza lentamente - Intentaste huir de nuevo...

- No intenté robar tu caballo...- tartamudeó ella - ¿Me vas a quebrar las piernas?

- Hay otros medios para punirse a una mujer.

Y en un segundo la boca de Aioria se apoderó de la boca de ella con una fuerza devastadora. El beso era una combinación de castigo y dominación, pero se suavizó. Marin quiso alejarlo, pero no tenía fuerzas. Al revés de luchar, se dejó llevar por los labios que se movían sensualmente sobre los suyos.

Las manos de él deslizaron por la cintura y piernas de Marin, cada toque despertando dentro de ella un fuego intenso que la dominaba por completo.

Él interrumpió el beso de forma brusca, parecía transtornado. Se alejó rápidamente y la ayudó a levantarse.

- Volvamos al campamento. - ordenó, arrastrando la joven.

Marin no dijo nada, aún temblaba, sorprendida por lo que había pasado. Tocó sus labios. Había sido su primer beso...

o.O.o Continua o.O.o