Aquel día. Solo ocho meses después.
Poppy y sus amigos están enfrente del Café Fleming, ríen y bromean bebiendo cerveza. Alguno come la pizza roja, todavía humeante, lamiendo los ángulos laterales para parar el tomate que gotea. Algún otro fuma un cigarrillo. Algunas muchachas escuchan divertidas el cuento de un tipo que hace muchos gestos, hablando acerca de su tema principal: fue despedido, pero finalmente tuvo una satisfacción. Rompió todas las botellas del local, la primera en forma particular.
-¿Saben que he hecho? Me había molestado tanto que le lance la botella en la cabeza.
También Annalisa está ahí. La noche de la riña no había llamado a Edward, no había sabido nada de ella. Pero no importa. Edward no es un tipo que sufre por soledad. Hasta entonces no había tenido más noticias de ninguno de ellos.
Entonces, un poco preocupado, ese día, los fue a buscar.
-Poppy, amigo ¿como estas?
Poppy mira a ese tipo desconocido que viene de frente. Tiene algo familiar, esos ojos verdes brillantes, el color de los cabellos, la forma de la cara, pero no lo recuerda. Está bien ejercitado, tiene brazos gruesos y un buen torso. Edward, viendo su mirada intrigante, le sonríe, tratando de ponerlo cómodo.
-Hace mucho tiempo que no nos vemos, ¿eh? ¿Cómo te va?
Edward pasa el brazo detrás de la espalda de Poppy, amigablemente.
James, Emmett y Felix, felices de acompañarlo, se meten en medio del grupo.
Annalisa todavía sonríe, cuando se encuentra la mirada de Edward. Es la única que lo reconoce. La sonrisa lentamente se va de sus labios. Edward deja de mirarla y se dedica totalmente a su amigo Poppy que continua mirandolo perplejo.
-Disculpa, pero en este momento no me acuerdo.
-¡Como puede ser!- Edward le sonríe teniéndolo siempre abrazado, como dos viejos amigos que no se ven desde hace mucho tiempo. -Me haces sentir mal. Espera. Quizás te acuerdes de esto.- Saca del pantalón de los jeans la gorra.
Poppy mira esa vieja tela, después la cara sonriente del tipo que lo tiene abrazado. Sus ojos, esos cabellos. Claro. Era ese pequeño que amenazo hace mucho tiempo.
-Coño…- Poppy trata de quitarse el brazo de Edward, pero la mano de él lo agarra fuerte por los cabellos, inmovilizándolo.
-¿Memoria corta, eh? Adiós Poppy.- Y se lo lleva hacia él y le da un golpe bestial que le aporrea la nariz. Poppy se dobla llevándose las manos a la cara. Edward le da una patada en la cara, con toda su fuerza. Poppy salta hacia atrás y se golpea contra la acera con un ruido de hierro.
Rápidamente Edward está encima de él, antes que se levante lo inmoviliza con una mano en la garganta. Con la derecha le da una serie de puños, golpeándolo desde lo alto hasta lo bajo, por la frente, por las cejas, lastimándole el labio.
Da un paso atrás y le da una patada derecha en plena barriga quitándole el aliento.
Alguno de los amigos de Poppy trata de intervenir pero James lo bloquea rápido.
-Bueno, calma, quédate en tu puesto ¿eh?
Poppy esta en el suelo, Edward lo llena de patadas en el cuello, en la barriga.
Poppy trata de cerrarse, cubriéndose la cara, pero Edward es imposible, golpea en donde consiga un espacio, después comienza a pisarlo arriba. Alza la pierna y le da una patada con el talón. Seco, con fuerza, en el oído, que se rompe rápido, en los músculos de las piernas, en sus caderas, casi saltándole encima, con todo su peso. Poppy, chillando con cada golpe, moviéndose a gatas, pronuncia un piadoso: '¡Basta, basta, te lo ruego!', casi tosiendo por la sangre que le salía de la nariz directamente hacia la garganta y escupiendo un poco de saliva que le sale del labio roto y sangrante.
Edward se para. Recupera el aliento saltando en sus piernas, mirando a su enemigo en la tierra, inmóvil, destruido. Después se gira y se lanza encima de un rubio que esta a sus espaldas. Es aquel que ocho meses antes lo había bloqueado de atrás. Lo golpea con el puño en plena boca, dándole con todo el peso de su cuerpo. Al tipo le saltan tres dientes. Dos terminan en el suelo. Edward lo agarra por la espalda. Inmovilizándolo, comienza a llenarle la cara de puños. Después lo agarra por los cabellos y le bate la cabeza contra el suelo, con violencia. De repente dos brazos fuertes lo bloquean. Es Emmett. Por debajo de las costillas lo tira hacia arriba: 'Anda Edward, basta, vamos, lo estas masacrando.'
Hasta James y Felix se le acercan. James ya había tenido problemas con alguno de los otros.
-Sí, vámonos es mejor. Quizás cualquier estúpido ha llamado a la policía.
Edward regresa a respirar normalmente, da un medio giro hacia los amigos de Poppy que lo miran en silencio.
-¡Pedazos de mierda!- y le escupe a uno que está cerca con un vaso de Coca-Cola en mano, golpeándolo en plena cara. Pasa frente a Annalisa y le sonríe. Ella trata de devolver la sonrisa, un poco asustada, sin entender bien qué hacer.
Mueve apenas el labio superior y le sale una extraña mueca. Edward y los otros se montan en sus motos y se alejan. Felix maneja como un loco, con James detrás, ambos gritan, yendo arriba y abajo, dueños de la calle. Después se acercan Emmett, con Edward atrás.
-Coño, esa rubia te la podías haber agarrado… estaba muy bien.
-Si eres exagerado, Felix. Siempre tienes que hacer todo al mismo tiempo. Con calma, ¿no? Tienes que saber esperar. Hay un tiempo para todo.
Esa noche Edward va a la casa de Annalisa y sigue el consejo de Felix. Muchas veces. Ella se lamentaba no haberlo llamado antes, jura que le desagrada, que quería haberlo hecho, pero ha tenido tantas cosas que hacer. En los días siguientes Annalisa lo llama a seguido. Edward esta tan ocupado que no consigue el tiempo siquiera para responder el teléfono.
Una chica que vive cerca enciende una radio portátil y suena la clásica canción 'Beat it', aquella canción saca a Edward de sus recuerdos y vuelve momentáneamente a la realidad.
-¡Ciento nueve!- Mike, un poco ebrio, salta sobre el techo bailando en sus zapatos Clark de piel, sudados y sin lazos, trata de hacer un descanso. Va mal. -¡Yahooo!- mueve las manos con fuerza. -¡Ciento diez!
-Atención, damos el premio a los más sudados. En el número uno conseguimos a James. Vistosas manchas debajo de las axilas, parece una fuente. ¡Ciento once!
Edward, Eric y James hacen un esfuerzo increíble. Llegan los tres abajo, emocionados, rojos y cansados.
-En nuestro Hit Sudados el número dos lo tiene Eric. Como pueden ver, la esplendida camiseta Ralph Lauren ha cambiado de color. Ahora es un verde descolorido, o mejor, verde podrido.
Mike, agitando los puños cerca del pecho, sigue con la cabeza el pedazo que el DJ de la radio ha anunciado como suceso del año: 'Moves like jagger'. Da un giro y continúa:
-¡Ciento doce!- y naturalmente el ultimo es Edward… casi perfecto, ligeramente despeinado pero esta tan poco despeinado que ni se nota. Mike se inclina para verlo mejor, después se alza moviendo las manos en el aire.
-Increíble, he visto una gota de sudor, pero les aseguro, ¡era una sola! ¡Ciento trece!
Edward sube, siente los ojos borrosos. Algunas gotas de sudor bajan por la frente esparciéndose en las pestañas como un colirio fastidioso. Cierra los ojos, siente los hombros adoloridos, los brazos tensos, las venas pulsantes, sigue empujando y lentamente sube de nuevo.
-¡Siiii!- Edward mira al lado. James también lo está logrando. Estira completamente los brazos. Falta solo Eric.
Edward y James miran a su amigo-enemigo subir cansado y chillando, centímetro a centímetro, segundo a segundo, mientras los gritos de abajo aumentan:
'¡Eric, Eric, Eric…!'
Eric, como paralizado, se detiene de repente, después temblando mueve la cabeza: 'No, no lo lograre.' Se mantiene por un momento inmóvil, y ese es su último pensamiento. Cae de golpe, dando apenas tiempo de voltear la cabeza.
Se golpea con todo el peso el pecho en el mármol.
-¡Ciento catorce!
Edward y James bajan, veloces, esperando solo el fin de la flexión, después regresan a subir rápidos, como si hubieran conseguido una nueva fuerza, nueva energía. Son ellos solos corriendo hacia la meta. O primer lugar o nada.
-¡Ciento quince!- Vuelven a bajar.
El ritmo aumenta. Como si hubiera entendido, Mike se pone serio.
-¡Ciento dieciséis!- uno después del otro pronuncia solo los números. Veloz.
Esperando que lleguen arriba para darles el sucesivo.
-¡Ciento diecisiete!- De nuevo abajo.
-¡Ciento dieciocho!- Edward aumenta aun, soplando.
-¡Ciento diecinueve!- Baja y de nuevo sube, rápidamente. James lo sigue, esforzándose, gimiendo, cada vez más rojo.
-¡Ciento veinte! ¡Ciento veintiuno! ¡Increíble muchachos!- Ninguno habla más.
Debajo solo reina el silencio de los grandes momentos.
-Ciento veintidós.- Solo la música de fondo. -¡Ciento veintitrés…!
Entonces James se para a la mitad, comienza a gritar, como si alguna cosa dentro de él lo detuviera.
Edward, en lo alto de su flexión, lo mira. James es como inmóvil. Tiembla gritando, pero sus brazos no lo quieren escuchar, no lo escuchan más. Entonces da un último grito, como una bestia herida que le hubiera arrancado un pedazo de carne. Su supremacía. E inexorablemente, lento comienza a caer. Ha perdido. Desde abajo se alza un grito. Alguno abre una cerveza: ¡Siii! ¡Aquí esta! ¡El nuevo ganador es Edward!
Mike se le avecina festejando, pero Edward mueve la cabeza.
Como una orden por aquel gesto, la plaza regresa a estar en silencio. Desde abajo, en la radio, casi una señal del destino: un pedazo de Closing time. Edward sonríe dentro de él, se lleva la mano derecha a la espalda y después baja, sobre una sola mano, gritando.
Toca el mármol, lo mira con los ojos entrecerrados y de nuevo para arriba, temblando y empujando solo con su derecha, con toda su fuerza, con toda su rabia. Un grito de liberación sale de su garganta:
-¡Siii!- Donde no había llegado la fuerza, llego su voluntad. Se mantiene inmóvil así, de nuevo arriba, con la frente hacia el cielo, como una estatua gritona, contra de la oscuridad de la noche, la belleza de las estrellas.
-¡Yahooo!- Mike grita como un loco. En la plaza todos explotan siguiendo ese grito, encienden las motos y los autos sonando las bocinas, gritando. Emmett comienza a patear la caseta postal.
Felix tira una botella de cerveza enfrente de una vitrina. Las ventanas de los edificios alrededor se abren. Una alarma lejana comienza a sonar. Viejos en camisas de noche salen a sus balcones gritando preocupados: '¿Que sucede?'
Alguno grita que hagan silencio. Una señora amenaza con llamar a la policía.
Como por un hechizo, todas las motos se mueven. Emmett, Felix y los otros se ponen a correr, saltando en sus asientos, mientras los tubos de escape dan humo blanco. Cualquier lata continua a hacer sonido rodando, las muchachas todas van a casa. Lauren esta aun más enamorada.
Eric se acerca a Edward.
-Buen duelo, ¿no?
-Nada malo.
Las otras motos también se acercan, ocupando toda la calle, sin importarle de cualquier maquina que suena pasándoles a lado velozmente. Mike se para encima de su vieja moto.
-Sé que hay una fiesta por 309 Third Ave S. En el 1130. Es una residencia.
-¿Pero nos dejaran entrar?
Mike les asegura:
-Conozco a una que esta allá.
-¿Quién es?
-Francesca.
-¿Pero, ustedes tuvieron algo?
-Sí.
-Entonces no nos dejaran pasar.
Riendo, se montan casi todos al mismo tiempo. Frenando y acelerando giran a la izquierda. Algunos andan en una rueda, todos sin prestarle atención al semáforo.
Después llegan a 309 Third Ave S. a toda velocidad.
Un apartamento caliente, ventanas con largos vidrios desde donde se ve la avenida. Buenos cuadros en las paredes, de un tal Fantuzzi. Cuatro cornetas en los ángulos de la sala difunden un CD bien mezclado. La música se apodera de los muchachos que, hablando, se tropiezan casi todo el tiempo.
-¡Ali hey! Casi no te reconocía.
-No me eches broma tu también, ¿eh?
-Hablaba de la ropa, estas muy bien, en serio…
Alice se mira la falda, Tanya ya la ha visto antes, se da cuenta del sarcasmo.
-¡Tanya!
-¿Que te molesta? Te pareces a Rafaela, la ñoña que vive en el 3B que en las mañanas llega toda desarreglada…
-Como logras ser así de simpática todo el tiempo, ¿eh?
-Es por esto que somos amigas.
-¡Nunca dije que era tu amiga!
Tanya se pone de frente.
-Un beso ¿hacemos las paces?
Alice sonríe. Se dirige hacia a ella cuando ve a sus espalda a Jasper.
-¡Jazz!
Deja el cachete de Tanya y sigue derecho, esperando, antes o después, concentrar su boca en el.
-¿Como estas?
Jasper se mantiene por un momento confuso.
-Bien ¿y tú?
-Buenísimo.
Se saludan con un beso apurado. Después el pasa a saludar a sus amigos. Tanya la alcanza y le sonríe.
-No te preocupes, está haciendo de celebridad.
Se quedan mirándolo un rato. Jasper habla con algunos chicos, después se voltea hacia ella, la mira de nuevo y al final sonríe. Finalmente ha entendido.
-¡Caramba! Si que has exagerado… no te había reconocido.
Bella atraviesa la sala. Algunas chicas bailan entre ellas. En un lado, un aparente DJ, tratando de imitar a David Guetta, intenta un rap que tiene poco éxito. Una chica baila desenfrenada, lanzando los brazos en alto.
Bella mueve la cabeza sonriendo.
-¡Rosalie!
La cara delgada y delicada, enmarcado de largos cabellos rubios se voltea.
-Bella ¡Guauuu!- Corre hacia ella y la abraza besándola, casi ahogándola. -¿Como estas?
-Buenísimo. ¡Me habían dicho que no venias!
-Sí, lo sé, pero fuimos a una fiesta por la Olgiata ¡Pero no sabes que fastidio era! Estaba con Aaron, pero nos escapamos rápido de allí. Y estamos acá, porque, ¿no estás feliz?
-Bromeas, muy feliz. ¿Preparaste la lección de latín? Mira que mañana te interroga, solo faltas tú para terminar el ciclo.
-Sí, lo sé, he estudiado toda la tarde, después he debido salir con mi mama, fui al centro. Mira, compre esto, ¿te gusta?- Y dando una extraña pirueta, mas de bailarina que de modelo de traje, hace girar a un divertido sobretodo de corte azul.
-Mucho…
-Aaron me ha dicho que estoy muy bien…
-¿En serio? Tú sabes mi teoría, ¿no?
-¿Todavía? ¡Pero si somos amigas de una vida!
-Deja quieta mi teoría.
-Hola Bella.- Un chico guapo, con cabello ondulado y castaño y la piel palida se acerca.
-Hola Aaron, ¿como estas?
-Buenísimo. ¿Has visto que linda la ropa de Rosalie?
-Sí. A juzgar por mi teoría, le queda muy bien.- Bella le sonríe. -Voy a saludar a Roberta, que todavía no la he felicitado.- Se aleja. Aaron se queda mirándola.
-¿Que quería decir con eso de la teoría?
-Oh, nada, sabes cómo es ella… es la mujer de las miles teorías y ninguna practica, o casi.
Rosalie se ríe, después mira mejor a Aaron. Sus miradas se encuentran por un segundo. Esperemos que esta vez no tenga razón.
-Anda, ven a bailar…- Rosalie baja tomada de la mano y llega al grupo.
-Hola Roby, ¡Feliz cumpleaños!
-Oh, Bella ¡Hola!- Se intercambian dos besos sinceros.
-¿Te ha gustado el regalo?
-Bellísimo, en serio. Justo lo que necesitaba.
-Lo sabíamos… fue una idea mía. Después de todo, siempre saltabas la primera hora y tampoco es que vivieras muy lejos.
A sus espaldas llega Jacob Black.
-¿Que le has regalado?
Bella se gira sonriente, pero al verlo cambia la expresión.
-Hola Jacob.
-Me regalaron un despertador bellísimo.
-Ah, qué lindo, en serio.
-Sabes, el también me hizo un regalo bellísimo.
-¿Ah sí? ¿Qué cosa?
-Un cojín todo bordado. Ya lo puse en mi cama.
-Ten cuidado, seguramente te pedirá probarlo.-Y dándole una sonrisa forzada a Jacob se aleja hacia la terraza. Roberta la mira.
-A mí el cojín me gusto muchísimo. De verdad…
En realidad le gustaría también probarlo con él.
Jacob le sonríe.
-Lo creo, discúlpame.
-Pero… dentro de poco sirven la pasta…- le grita detrás Roberta tratando de pararlo de algún modo.
En la terraza, de poltronas suaves, con cojines claros de flores, un techo de madera con luces tenues bien escondidas detrás de ramas de alguna planta. Un jazmín se enrolla alrededor de las otras plantas. Bella pasea en el suelo de cerámica. El fresco viento de la noche le agita los cabellos, le acaricia la piel quitándole un poco de su perfume y dejando solo algún leve escalofrío.
-¿Qué cosa debo hacer para que me perdones?
Bella sonriendo para sí misma se cierra la chaqueta, cubriéndose.
-Que cosa no debiste haber hecho para no molestarme.
Jacob se le acerca.
-Es una noche tan bella… es tonto arruinarla peleando.
-A mí me gusta muchísimo pelear.
-Me he dado cuenta.
-Pero también me gusta hacer las paces… la verdad me gusta sobre todo eso. Sin embargo, contigo no sé, pero no logro perdonarte.
-Es porque estas confundida. Un poco quieres estar conmigo, un poco no. ¡Clásico! Una cosa típica de todas las mujeres.
-Eso, ese 'todas' es lo que te lo arruina.
-Me rindo… ¿te gusto el film de la otra noche?
-¡Si solo me lo hubieses dejado ver!
-He dicho que me rindo. Bueno, entonces te mandare la película en cinta a tu casa. Así la ves con tranquilidad tu sola, sin nadie que te disturbe. Por cierto ¿Sabes que me han dicho?
-¿Qué?
-Que lo disfrutas más cuando sabe a mantecado.
Bella riendo trata de golpearlo.
-¡Puerco!
Jacob le para el brazo en el aire.
-¡Para! Era un chiste. ¿Paz?
Sus caras se acercan. Bella mira sus ojos: son muy bellos, casi como su sonrisa.
-Paz.- Se rinde.
Jacob se le avecina y le da un leve beso en los labios. Esta por volverse más profundo cuando Bella se separa y regresa a ver afuera.
-Que noche más esplendida ¡mira la luna!
Jacob suspirando alza los ojos al cielo.
Algunas nubes ligeramente navegan el azul oscuro del cielo. Acarician la luna, cubriéndose de luz, aclarándose por partes.
-¿Es bella, verdad?
Jacob responde simplemente 'Si', sin apreciar verdaderamente toda la belleza de esa noche. Bella mira a lo lejos. Las casas, los techos, los prados a los bordes de la ciudad, las filas de altos pinos, una larga carretera, las luces de un automóvil, sonidos lejanos. Si solo pudiera ver mejor, se daría cuenta de esos muchachos que corren, riendo y sonando las cornetas. Quizás reconocería a aquel tipo de la moto. Es el mismo que había encontrado una mañana mientras iba a la escuela. Y que se estaba avecinando.
Jacob la abraza y le toca los cabellos.
-Estas muy hermosa esta noche.
-¿Esta noche?
-Siempre.
-Así está mejor.
Bella se deja besar.
