Hola :) Les traigo otro capitulo. Disfrutenlo!
-Big- Reneé pone decidida las cartas sobre el mantel verde, mirando satisfecha a su adversaria. Una mujer con los lentes grandes, al menos como su lentitud.
-Bájalas ya, mi querida…
Casi se le caen de las manos. Reneé se apodera velozmente.
-Esta la pones aquí, esta es así y esta ultima acá. Esta la pagas toda.
Hace una cuenta mental veloz, después escribe el resultado parcial en una hoja.
Se alza y se pone detrás de la espalda de Charlie apoderándose también de su hielo, y después de cualquier descarto lo convence de intentarlo. También su compañero hace Gin. Reneé marca feliz los puntos. Si no fuera por el Ander que Charlie se dejo hacer, le hubieran ganado también en la segunda mano.
Toma las cartas y comienza a mezclarlas velozmente. La mujer de los lentes grandes ve sus cartas. Hasta en esto no fracasa. Es lentísima. Reneé no soportaría perder, no tanto por el puntaje, porque está bastante adelantada, sino porque repartir las cartas le tocaría a esa mujer. En las mesas cercanas, una cadena perdedora que lleva mucho tiempo convence a alguien de cambiarse, culpando así a todas esas cosas negativas de la mala suerte. Algún otro usa el cenicero, apenas vaciado por la dueña de la casa. Un abogado se sirve un whisky, exactamente justo hasta el final de los diseños del vidrio.
La medida justa para ganar, manteniéndose más o menos sobrios. Algunas parejas aparentemente más enamoradas que otras se intercambian un saludo afectuoso antes de volver a prestar atención a las cartas en mano. En realidad es más una especie de ritual mágico en vez que un desinteresado 'te quiero'.
Cualquier pareja se va, justificándose con tener que madrugar temprano o que los hijos no han llegado todavía. En realidad, o el ha estado mal últimamente o ella se ha fastidiado esa noche. Entre estos también se encuentran Mariana y Felipe. Saludan a todos, agradeciendo a la dueña de la casa, mintiendo acerca de la esplendida velada. Mariana besa a Reneé después, con una sonrisa más larga de lo normal, recuerda la promesa secreta con respecto a las hijas.
Del portón 309 Third Ave S sale un grupo de invitados. Comentando lo sucedido. Un muchacho parece tener más cosas que contar que el resto. Seguramente tiene razón, a juzgar por su labio hinchado. Después de diversas, estúpidas e inútiles preguntas, la policía se marcho de la casa de Roberta. La única que sabía algo era una tal Francesca, que viendo la fiesta destruirse se marcho rápidamente, llevándose con ella su cartera vacía y los nombres de los culpables.
En el caos general, Jasper y Alice, junto con el resto de los invitados, huyeron.
Bella, completamente mojada, había perdido a su hermana. Compensándolo, Roberta le consiguió un pantalón que le queda muy bien y un suéter de su hermano mayor que le queda casi dos veces su talla.
-Deberías ir así más seguido a las fiestas, te ves fascinante.
-Jacob, ¿Todavía tienes ganas de bromear?- Los dos salen del portón. -Perdí a mi hermana y he arruinado el vestido Valentino.
Muestra un elegante empaque plástico con un nombre diferente de aquel del vestido mojado pero igualmente famoso.
-Y como si no fuera suficiente, si mi mama ve que regreso a casa con los cabellos mojados, habrá problemas.- Las mangas del suéter le cubren sus pequeñas manos. Bella se las remanga, tirándolas hasta el codo. Después de apenas un paso, bajan de nuevo desagradablemente.
-Ese es, es él.- Detrás de las cajas de limpieza Mike indica decidido a Jacob Black. Edward lo mira.
-¿Estás seguro?
-Segurísimo. Lo he escuchado con mis orejas.
Edward reconoce a la chica que esta con ese infame, aun si su disfraz es perfecto. No se olvida tan fácilmente a una mujer que insiste tanto para bañarse contigo.
-Vamos a avisar a los demás.
Bella y Jacob van hacia una calle pequeña.
-Ahora, ¿tu porque no interviniste cuando ese idiota me metió bajo la ducha?
-Que iba a saber yo, en ese momento fui a llamar a la policía.
-Ah, ¿fuiste tú?
-Sí, la situación se estaba saliendo de control, todos golpeándose… has visto a Andrés Mannelli, ¿el labio como se lo pusieron?
-Sí, pobrecito.
-¿Pobrecito? Ese se casaría con ese labio, imagínate. Quien sabe que contara después. El solo contra todos, el héroe de la velada. Lo conozco como mis bolsillos. Aquí estamos, esta es.
Se paran de frente a un auto. Las flechas brillan mientras los seguros se sueltan al mismo tiempo. Es un tipo de alarma común, a diferencia de la BMW: último modelo, nueva. Jacob le abre la puerta. Bella mira el interior perfecto, en madera oscura, los asientos de piel.
-¿Te gusta?
-Mucho.
-La traje para ti. Sabía que te habría acompañado a casa esta noche.
-¿En serio?
-¡Cierto! En realidad todo fue estudiado. Aquel grupo de cretinos los llame yo. Imagínate, todo ese alboroto fue hecho solo para que pudiera estar yo a solas contigo.
-Bueno, entonces la historia de la ducha te la podías haber ahorrado, al menos hasta cuando la ropa estuviera a la altura de la situación, ¿no?
Jacob ríe y cierra la puerta de Bella, después da la vuelta, se monta en el carro y sale.
-En general, me he divertido esta noche. Si no hubiera sido por ellos, esa fiesta hubiera sido el usual velorio.
-No creo que Roberta piense lo mismo.- Bella pone educadamente a sus pies el empaque plastificado. -¡Le han destruido la casa!
-Entenderás, que habrá, cualquier daño menor. Deberá repulir los muebles y mandar a la tintorería las cortinas.
Un sonido fuerte y sordo, duro, de hierro, rompe la atmósfera de elegancia y armonía en el interior del carro.
-¿Que paso?- Jacob mira en el espejo lateral. De repente aparece la cara de Felix. Se da cuenta de las risas. Detrás de él, Eric alza los pies y le da otro violento golpe al automóvil.
-¡Son esos locos! Rápido acelera.- Jacob acelera y comienza a correr. Las motos ligeramente agarran rápido velocidad y se mantienen al lado. Bella preocupada voltea a mirar detrás. Todos están allí, Bunny, Emmett, James, Eric, con sus motos potentes, y en el medio esta Edward. La chaqueta de cuero se infla abriéndose y mostrando su pecho desnudo. Edward le sonríe. Bella vuelve a mirar al frente.
-Jacob, corre lo más rápido que puedas, ¡tengo miedo!
Jacob no responde y continua a manejar continuamente empujando el acelerador, bajando por el final de la calle 309, en el frió de la noche. Pero la motos siguen ahí, a espaldas del carro, no se separan. Bunny acelera, Emmett extiende la pierna y con una patada golpea el faro posterior. James da una patada a la puerta trasera izquierda, rayándola toda. Las motos se doblan a toda velocidad, alejándose y acercándose al carro, golpeándolo con fuerza. Sonidos sordos y no piadosos le llegan a los oídos de Jacob.
-Malditos, ¡me la están destruyendo!
-¡Jacob no te atrevas a pararte, que después te destruyen a ti!
-No, pero les puedo decir alguna cosa.- Oprime el botón de la ventanilla eléctrica, abriéndolo a la mitad. -Escuchen muchachos- grita mientras trata de mantener la calma y sobretodo manejar bien.
-Este carro es de mi padre y si…- Un escupitajo lo golpea en plena cara.
-¡Yahooo! ¡Lo logre, cien puntos!- Emmett salta detrás de Bunny, alzando los brazos al cielo en señal de victoria.
Jacob, desesperado, se lava con un paño de tela más costoso y verdadero que los guantes de Emmett. Bella mira asqueada aquella escupida obstinada, que se apega con dificultad a su cara, después oprime el botón cerrando la ventanilla antes de que la mira de Emmett busque disparar algo más.
-Trata de llegar al centro, quizás encontremos la policía.
Jacob lanza atrás el paño y continúa a manejar. Comienzan a llegar los ruidos de carrocería golpeada y faros rotos. Cada uno de estos, piensa, son centenares de dólares en daños y largos regaños de mi padre. Entonces, tomado por una rabia repentina, Jacob comienza a reír, como un loco, casi preso de una crisis histérica.
-¿Quieren la guerra? Bien, ¡la tendrán! ¡Los golpeo a todos, los aplasto como ratas!
Le da un golpe al volante, el auto va a la derecha, después da un giro a la izquierda. Bella se agarra de la manecilla de la puerta, aterrorizada. Edward y los demás, viendo el carro moviéndose, se alejan frenando y acelerando contemporáneamente.
Jacob mira en el espejo retrovisor. El grupo está allí, detrás de él, siempre acechando.
-Tienen miedo, ¿eh? Bien, ¡tomen esto!- Presiona de repente el freno. Se siente el ABS. La maquina se para casi, aquellos con las motos a los lados la esquivan siguiendo derecho.
Mike, que está en el medio, trata de frenar, pero su moto con las ruedas lisas se mete en frente y termina contra el vidrio trasero. Mike cae a tierra. Jacob comienza a correr de nuevo a toda velocidad. Las motos, que se colocaron enfrente del auto se alejan por miedo a ser embestidos. Los otros se paran a socorrer al amigo.
-¡Que hijo de perra!- Mike se alza, tiene todos los pantalones rotos a la altura de la rodilla derecha. -Miren acá.
-Entenderás que con el salto que has dado te ha ido bien. Al menos solo tienes la rodilla raspada.
-Qué carajo me importa la rodilla, aquel idiota me arruino los Levi's, me los compre anteayer.
Todos ríen, divertidos y despreocupados, por el amigo, que no ha perdido la vida y mucho menos las ganas de bromear.
-Yahooo, lo he jodido, ¡les he ganado a esos bastardos!
Jacob golpea las manos felizmente sobre el volante. Mira de nuevo el espejo retrovisor. Solo un carro lejano. Se vuelve a asegurar. No hay nadie. -¡Idiotas, Idiotas!- Salta en la silla. -¡Les di lo suyo!
Después se acuerda de Bella a su lado.
-¿Como estas?- Regresa a enseriarse mirándola preocupado.
-Mejor, gracias.- Bella se agarra de la manilla de la puerta arreglándose normal. -Pero ahora quiero irme a mi casa.
-Te llevo rápido.
Se para un momento en el Stop, después continua por el Puente. Jacob la mira de nuevo: los cabellos mojados le bajan por la espalda, sus ojos marrones miran al frente todavía un poco asustados.
-Lo siento por lo que paso. ¿Te asustaste mucho?
-Bastante.
-¿Quieres tomar algo?
-No, gracias.
-Bueno, igual debo pararme un momento.
-Como quieras.
Jacob se para. Coloca el carro cerca de una fuente pequeña enfrente de una iglesia, se echa un poco de agua en la cara, quitándose los últimos posibles rastros de la saliva de Emmett. Después deja que el viento fresco de la noche le acaricie la cara mojada, relajándose. Cuando reabre los ojos, afronta la realidad.
Su carro, o mejor dicho, el carro de su papa.
-Hijos de…- Susurra hacia sí mismo, y fingiendo indiferencia le da un giro al carro, observa los daños, quita pedazos de faros rotos. Las puertas están todas llenas de golpes, el parachoques rayado. En algunos puntos se daño mucho la pintura. Hace una especie de cuenta mental. Por dos mil dólares. Si hubiera ido al programa ese donde se adivina el precio justo, no lo habrían seleccionado a él aun si estuviera en el público. Le lanza una sonrisa a Bella, un poco forzada.
-Bueno, hay que arreglarla un poco, tiene unas cuantas cositas.
No da tiempo a terminar la frase. Una moto azul marino oscura, con las luces apagadas lo ha seguido hasta allí, se para rugiendo a un paso de él. Jacob no logra siquiera girarse y viene empujado con violencia hacia el capo del carro. En la cuenta se añaden al menos otros quinientos dólares. Edward se le lanza encima con todo el peso de su cuerpo, dándole puñetazos en la cara, violentas, tratando de golpear la boca, lográndolo.
Los labios comienzan rápido a sangrar.
-¡Ayuda! ¡Ayuda!
-Así la próxima vez aprendes a tener la boca cerrada, gusano, infame, pedazo de…- Y más puños, uno después del otro, golpeándole la cabeza contra el capo, haciendo siempre más daño. Ahora, aparte del mecánico, el padre deberá pagar también un dentista.
Bella baja del carro y, llevada por la rabia, comienza a golpear a Edward con puños y patadas, dándole en la cabeza con el empaque plastificado del vestido.
-¡Déjalo! ¡Villano! ¡Para!
Edward se voltea y la aleja con un empujón violento. Bella va hacia atrás, tropieza con la acerca y pierde el equilibro terminando en tierra. Edward se queda mirándola un momento. Jacob aprovecha y trata de entrar en el carro.
Pero Edward es más veloz.
Se lanza encima de la puerta bloqueándole el pecho. Jacob grita del dolor. Edward lo agarra a golpes. Bella se alza del suelo adolorida. Comienza a gritar ella también buscando ayuda. Justo en ese momento pasa un carro. Son los Huffington.
-Felipe, ¡mira! ¿Qué sucede? ¡Pero esa es Bella, la hija de Reneé!
Felipe frena y baja del carro, dejando la puerta abierta. Bella corre hacia el gritando:
-¡Sepárenlos, rápido, se están masacrando!
Felipe se lanza hacia Edward agarrándolo por detrás. -¡Quieto, déjalo tranquilo!
Lo abraza, alejándolo de la puerta. Jacob finalmente libre de esa morsa, se masajea el pecho doloroso y entonces, aterrorizado, se monta en el carro y huye a toda velocidad.
Edward, buscando liberarse de los brazos del señor Huffington, se dobla hacia delante y lanza con fuerza la cabeza hacia detrás. Lo golpea en plena cara. Los lentes del señor Huffington vuelan rompiéndose, justo como su cavidad nasal que comienza a sangrar. Felipe asustado, con las manos en la nariz, perdiendo sangre, sin saber dónde ir. Ahora, repentinamente miope de nuevo, casi llora por el dolor. Mariana corre en ayuda de su marido.
-¡Delincuente, desgraciado! ¡No te acerques, no te atrevas a tocarlo!
¡Y quien quiere tocarlo! Quien se esperaba que fuera un viejo ese loco que le salto a las espaldas. Edward mira en silencio esa mujer gritona.
-¿Entendiste vándalo? ¡Esto no termina aquí!- Mariana ayuda al marido a entrar al carro, después se sienta de conductora y se aleja con cualquier dificultad. La señora Huffington maneja casi nunca, solo en casos excepcionales. Y ese lo es. No sucede todo el tiempo que el marido se pone a pelear en la calle.
Bella se coloca enfrente de Edward.
-¡Eres una bestia, un animal, me das asco! No tienes respeto por nada ni nadie.
Él la mira sonriendo. Bella mueve la cabeza.
-No pongas esa cara de estúpido.
-¿Se puede saber que quieres de mi?
-Nada, ¿qué puedo querer? ¿Que se le puede pedir a una bestia? Has golpeado a un señor, uno más grande que tu.
-Primero, el me puso las manos encima, segundo, ¿qué coño sabía yo que era un señor? Tercero, peor para el que se mete en cosas que no le incumben.
-¿Ah sí? ¡Entonces uno que se mete en cosas que no le incumben tú lo golpeas en la cara, lo caes a puños! ¡Cállate! Usaba lentes, ve…- Agarra lo que queda de los lentes.-Se los rompiste, ¿estás feliz? ¿Sabes que es una ofensa golpear a alguien con lentes?
-¿Todavía? Ese cuento lo he oído desde que nací. ¿Pero quien dijo esta cosa de los lentes?- Edward va hacia la moto, se monta. -Seguramente lo invento uno que usaba lentes villano, uno que tiene miedo de caerse a golpes, que por esto, usa lentes y cuenta estupideces.- Edward prende la moto. -Bueno, me despido.- Bella mira alrededor. No pasa ninguno. La plaza está desierta.
-¿Como que te despides?
-Bueno como quieras, no me despido.
Bella suspira molesta.
-¿Y yo, como regreso a casa?
-¿Y qué coño se yo? Puedes hacer que te acompañe el amigo tuyo, ¿no?
-Imposible, lo has asustado, hiciste que huyera.
-Ah, ahora es culpa mía.
-¿Y de quien más? Anda, déjame subir.- Bella va hacia la moto, alza las piernas de lado para montarse atrás. Edward gira el manubrio. La moto se mueve ligeramente. Bella lo mira. Edward se gira para observar su mirada. Bella trata de nuevo a montarse pero Edward es más veloz que ella y vuelve a adelantar la moto. -Anda, párate un momento. Pero que, ¿eres cretino?
-Eh no, querida. ¿Soy una bestia, un animal, te doy asco y ahora quieres montarte conmigo? ¿Detrás de uno que no tiene respeto por nadie ni por nada? No, ¡muy fácil! Se quiere coherencia en este mundo, coherencia.
Edward la mira seriamente, como si le hubieran dado una cachetada.
-De uno así, nunca puedes aceptar un pasaje.
Bella entrecierra los ojos, esta vez por el odio que siente.
Después se encamina segura por la avenida.
-¿Tengo razón o no?
Bella no responde. Edward ríe para sí mismo, después acelera y la alcanza. Le camina a las espaldas, sentado en su moto.
-Disculpa, yo lo hago por ti. Después te lamentas de haber aceptado. Es mejor que te quedes con tus ideas. Yo soy una bestia y tú caminas hacia tu casa, ¿estás de acuerdo?
Bella no responde, atraviesa la calle, mirando derecho al frente. Se monta en la acera. Edward hace lo mismo. Se alza en puntillas para no golpear la moto.
-Cierto…- continua a acompañarla con la moto. -Pero, sin embargo, si me pides disculpas, te arrepientes de lo que dijiste, y dices que te equivocaste… entonces no habría problema… yo te podría acompañar, porque en ese caso habría coherencia.
Bella atraviesa de nuevo la calle. Edward la sigue. Acelera un poco acercándosele, con una mano le agarra el suéter.
-¿Entonces? Es fácil, mira, repite conmigo: lo siento…
Bella le da un codazo, se libera de él y comienza a correr.
-¡Hey, que modales!- Edward acelera y la alcanza poco después. -¿Entonces quieres caminar hasta tu casa? ¿A propósito, donde vives? ¿Lejos? Ah, entendí, quieres adelgazar. Si, de hecho tienes razón, no fue tarea fácil alzarte debajo de la ducha.- Se le adelanta sonriéndole. -Y después, si quieres hacer otras cosas es mejor que pierdas cualquier kilito, no quisiera cansarme todos los días haciendo cosas así, ¿eh? Porque yo ya sé cómo eres. El clásico tipo de mujer que le gusta estar arriba, ¿verdad? Entonces tienes que adelgazar a juro, sino con todo ese peso me aplastas.
Bella no puede más. Agarra una botella que consigue en una esquina y se la lanza tratando de golpearlo. Edward frena de golpe y baja de lado. La botella le pasa casi encima, pero la moto se apaga y cae de lado. Edward alza el manubrio con fuerza, logrando pararla antes de que toque tierra. Bella comienza a correr.
Edward pierde un poco de tiempo encendiendo la moto.
De una calle lateral sale, justo en ese momento, un tipo con una Golf viejo modelo. Mira a Bella correr sola y se le acerca.
-Hey, castaña bella, ¿necesitas la cola?
-Hey, horrible estúpido, ¿quieres que te de un puñetazo en la boca?
El tipo mira a Edward que repentinamente se para entre los dos. Entiende que mejor se aleja. Se marcha moviendo la cabeza como indignado.
Alza el brazo derecho, tratando de poner una actitud no muy definida, fingiendo ser superior para no admitir que se acobardo. Edward mira como se aleja, después supera a Bella y se pone enfrente.
-Dale, móntate, basta con este juego.
Ella trata de seguir derecho. Edward la acorrala con la moto hacia el muro. Bella trata de pasarle por detrás. Edward la agarra por el suéter.
-¡Te dije que te subieras!
La empuja molesto hacia él. Bella aleja la cara asustada. El mira esos ojos profundos que lo miran atemorizados. Lentamente la deja ir, después le sonríe.
-Dale, te llevo a tu casa, sino esta noche terminara con que pelee con medio mundo.
En silencio, sin decir nada de donde vive, se monta detrás de él. La moto sale veloz, con rabia, adelantando al frente. Bella lo abraza por instinto. Sus manos terminan, sin quererlo, debajo de la chaqueta. Su piel es fresca, su cuerpo cálido en el frió de la noche. Bella siente deslizarse debajo de sus dedos músculos bien delineados. Se alternan perfectamente a cada pequeño movimiento. El viento le corre por los cachetes, los cabellos mojados ondean en el aire. La moto se dobla, ella lo abraza más fuerte y cierra los ojos. El corazón el comienza a batir fuerte.
Se pregunta si es miedo. Siente el ruido de algunos carros. Están ahora en una calle mas grande, hace menos frió, voltea la cara y apoya su cara en su espalda, siempre sin mirar, dejándose llevar por ese subir y bajar, de ese sonido potente que siente debajo de ella. Después nada más. Silencio.
-Yo estaría así también toda la noche, bueno, quizás avanzaría, profundizaría, que se yo, ¡conseguiría otras posiciones!
Bella abre los ojos y reconoce los negocios cerrados alrededor de ella, los mismo que ve todos los días desde hace seis años, desde que se mudaron a vivir allí.
Baja de la moto. Edward respira profundo.
-¡Menos mal, me estabas triturando!
-¡Disculpa, tenía miedo, nunca había ido atrás en una moto!
-Siempre hay una primera vez para todo.
Justo en ese momento una Mercedes frena cerca de ellos. Reneé sale del carro. No cree lo que ve.
-Bella, te he dicho miles de veces que no quiero que vayas detrás en una moto. ¿Y porque tienes los cabello mojados?
-Bueno… verdaderamente…
-Señora, permítame que le explique. Yo no quería traerla, ¿no es verdad? Dile a tu mama que no quería. Pero ella ha insistido tanto… lo que pasa es que el caballero, uno con una bellísima BMW, pero toda dañada, huyo.
-¿Como que huyo?
-¡Si, la dejo en la calle! Imagine que tipo.
-Absurdo.
-¡De hecho! Pero yo lo he regañado por esto, si señora, no se preocupe.- Edward mira a Bella. -¿Verdad Bella?
Después, dejando que solo ella escuchara: -Sabes una cosa… Bella. Me gusta tu nombre.
-Mama, déjalo así, hablamos después.- insistió colocándose repentinamente roja en sus mejillas.
Charlie baja la ventanilla del carro.
-Hola Bella.
-Hola papa.
Edward lo saluda también a él.
-¡Buenas noches!- Esta divertido por esta extraña reunión familiar. Reneé, sin embargo, no se está divirtiendo para nada.
-¿Cómo te mojaste? ¿Dónde está mi vestido Valentino?
Bella alza el brazo mostrando el empaque.
-Aquí adentro.
-¿Y tu hermana? ¿Se puede saber donde la dejaste?
Justo en ese momento llega Alice. Baja del carro con Jasper que la acompaño.
-Hola ma…
No da tiempo de terminar la frase. Reneé le da una cachetada, en plena cara.
-Así aprendes a regresar con tu hermana.
-Mama, pero no sabes que paso. Llegaron unos alborotados y…
-Quédate callada.
Alice se masajea en silencio el cachete. Jasper, siguiendo también la orden de Reneé, se monta en el carro y se va.
Edward enciende la moto. Se acerca a Bella.
-Ahora entiendo porque tienes este carácter. No es culpa tuya, es hereditario.
Después mete primera y con un 'Adiós' simpático se aleja en la noche.
Bella y Alice se meten en el auto. La Mercedes entra en la residencia y pasa adelante del portero. Louis se divirtió mucho mas al ver esos cinco minutos que todo el programa de televisión que pasaban a esa hora. Más tarde, mientras se desvestían, Alice se disculpa con la hermana por haberle arrugado la falda que le prestó.
-Fue Jasper, ¡me beso!- Pero su orgullo se detiene por el nacer de una sonora cachetada. Cuando se hacen confesiones a la hermana, hay que ver que los padres estén durmiendo. Reneé, nerviosa, trata de dormir. Esa noche muchos dormirán mal, algunos pasaran la noche en el hospital, otros están viviendo una pesadilla. Entre estos, Jacob Black. Piensa en todas las soluciones posibles, dejar el carro en la calle, llevarlo a escondidas al mecánico por la mañana, o botarlo lejos y denunciar el robo. A la final llega a la última solución posible. No hay solución. Deberá afrontar a su padre, igual que Roberta esa misma noche con los suyos.
Bella está en la cama, alterada por la velada. Piensa que la culpa de todo lo tiene ese estúpido, ese idiota, ese animal, esa bestia, ese violento, ese maleducado, ese alborotado, ese ridículo. Después, pensándolo mejor, se acuerda que no sabe siquiera como se llama.
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