Les traigo un nuevo capitulo, me dio un poco de pesar pero me gusto porque hay es cuando uno como persona se da cuenta de la clase de amistades que tiene :') Disfruten el capitulo. Besos!
Rosalie, con un mono Adidas y un suéter azulado igual que el elástico que le aguanta el audífono, corre casi flotando sobre zapatos Nike claros.
-Entonces, ¿no me vas a preguntar cómo me fue?
Bella, con un mono oscuro y bajo con la escritura 'Baila' y una camiseta rosada como la cola que tiene en los cabellos, mira a la amiga.
-¿Cómo te fue?
-No, si me lo preguntas así, entonces no te cuento.
-Entonces no me lo cuentes.
Continúan a correr en silencio, siempre al mismo ritmo.
Después Rosalie no puede más.
-Está bien, al ver que te aguantas tanto, igual te lo digo. Me divertí un montón. No sabes dónde me llevo.
-No, no lo sé.
-Anda, ¡no seas antipática!
-No me agradan ciertas amistades, eso es todo.
-Hey, pero salimos una sola vez, ¿qué pasa con eso?
-¡Puede ser como quieras, basta que sea la última!
Rosalie se queda en silencio. Un chico con el mono impecable las supera. Las mira a las dos. Después, revisa un cronometro que tiene en la mano y aumenta su caminar, desapareciendo después en una callecita.
-Bueno, entonces me llevo a comer en un lugar buenísimo. El lugar es la Pirámide.
Bella no muestra interés particular.
Rosalie continúa a contar, un poco mas emocionada.
-La cosa divertidísima es esta: en cada mesa hay un teléfono.
-Hasta este punto no me parece muy interesante.
-¡Pero qué fastidiosa eres! Este teléfono tiene un número que va del 0 al 20
-¿Y tu como lo sabes?
-Está en el menú.
-¡Ah, porque se come también! Pensaba que te había llevado a una cabina telefónica.
-Escucha, si quieres que te cuente cierra esa boca ácida.
-¿Qué cosa?- Bella la mira fingiendo estupor. -¿Acida yo? ¡Pero si soy la más cortejada de las la escuela! ¿Viste ese que paso antes como me miraba? ¿Qué creías, que tenía los ojos fuera por ti?
-¡Claro!
-Pero se dio cuenta que estábamos en grupo y no ataco.
-Aquí lo único que ataca es mi sudor, y no me halaga mucho. ¿Nos podemos sentar en ese banquito y hablar normalmente?
-Ni hablar. Yo corro. Debo perder al menos dos kilos. Si quieres venir conmigo, bien, sino me pongo el Sony. Tengo el último CD de U2 adentro.
-¿Sony? ¿Desde cuándo lo tienes?
-¡Desde ayer!
Bella se alza el suéter mostrando el walkman mp3 de Sony aguantado en la cintura. Rosalie no cree sus ojos.
-Con CD y radio. ¿Pero donde lo conseguiste?
-Me lo trajo una tía que regreso ayer de Bangkok.
-Fabuloso.
-Como ves, pensé en ti.
Bella muestra a Rosalie dos audífonos.
-Si pensaras en mí de verdad hubieras hecho que te trajeran dos.
-¡Siempre hablas así! Yo le pedí dos. Pero mi tía se quedo sin dinero y agarro uno nada más. ¡Que te importa! Esto tiene dos audífonos y siempre corremos juntas.
Rosalie sonríe a la amiga.
-Tienes razón.
Bella la mira seria.
-¡Lo sé! ¿Pero quieres terminar o no esta historia del teléfono que se come?-
Bella y Rosalie se miran, después se echan a reír. Dos chicas pasan al lado.
Viéndolas así alegres las saludan divertidas. Su coraje, sin embargo, no fue premiado. Rosalie regresa a contar.
-Entonces, cada teléfono responde a un número, pero ninguno sabe cuál. Es decir, tú presionas un número de 0 a 20, te responde otra mesa, pero no sabes cuál es. Por ejemplo, tú presionas el 18 y te responde uno que quizás esta en la otra habitación. Puedes hablar, contar chistes, describirte inventando ser mucho más bella que eres, o en mi caso, mucho menos. ¿Está claro no?
Bella mira a la amiga alzando la ceja.
Rosalie hace como si no le hubiera prestado atención.
-Si estás sola o con las amigas puedes agarrar citas, dártelas de cretina. ¿Entiendes? Divertido, ¿no?
Bella sonríe.
-Sí, me parece muy divertido. Es muy gracioso.- Rosalie cambia de expresión.
-Claro, no cuando te llama un maleducado…
-¿Por qué, que sucedió?
-Bueno, a cierto punto llega la pasta. Los dos pedimos pasta corta con una salsa divina. No sabes que buenas estaban, calientísimas, de hecho. Teníamos que soplar para enfriarlas y mientras tanto hablaba con Emmett. Suena el teléfono. Emmett va a responder pero yo soy más rápida que él, agarro el teléfono y digo: Aquí la secretaria del doctor Emmett. Siempre tan simpática yo.- Rosalie hace una mueca. Bella sonríe.
La historia comienza a interesarle.
-¡Bueno, continua!
-Bueno, este estúpido en la otra parte del teléfono no sabes que me dijo.
-¡Que te dijo?
-Me dijo: Secretaria del señor Emmett. Qué tal si te lo hago a sentir hasta el fondo.
-Tierno, muy ingles.
-Sí, muy estúpido. Yo agarro y le cuelgo el teléfono y seguramente me puse roja. Emmett me preguntó que me habían dicho en el teléfono, y no le respondí. Me molestaba. Me daba pena. ¿Entonces sabes que hizo? Me agarro por el brazo y me dio una vuelta por el local. Pensó que cuando el tonto me viera reaccionaria…
-Sí, está bien, ¿pero cómo iba a saber que eras tú la chica que respondió?
-Lo sabía, lo sabía…
-¿Porque lo sabría?
-Porque era la única chica en el restaurante.
Bella niega con la cabeza.
-Bonito lugar donde van a comer. La única chica en ese lugar con maniacos llamando por teléfono para decir cosas estúpidas… entonces, ¿qué paso después?
-Sucede que uno viéndome se echa a reír. Emmett lo agarra, ¡le mete la cara en el plato y le echa la cerveza en la cabeza!
-¡Bien hecho! ¡Así aprende a no decir eso!
-Quizás la lección no la aprendió tanto.
-¿Por qué?
-Porque cuando Emmett fue a pagar…
-Ah claro… con tu dinero…-
-Aja… un tipo bajo se me acerca y me dice: '¿qué haces? ¿Te vas? ¿No te ofendiste verdad? Yo estaba bromeando.' ¡El estúpido era este! El pobrecito del principio no tenía nada que ver…
-¿Se lo dijiste a Emmett?
-¿Bromeas? Así golpeaba a ese también.
-No ¡que se había equivocado! Estos se comportan como jueces. Castigan, golpean y para mas cometen errores. Lo trágico fue que te divertiste.
Bella ahora está verdaderamente seria. Rosalie se da cuenta. Por un momento corren en silencio, recuperando el aliento. Después Rosalie habla de nuevo. Esta vez también esta seria.
-No sé si me divertí. Solo sé que tuve una sensación nueva, que nunca había probado antes. Me sentí tranquila y segura. Si, Emmett fue allí, golpeo a ese equivocado, pero me defendió, entiendes, me protegió.
-¿Ah sí? Que bello. Pero dime una cosa… ¿quién te protege de él?
-Que fastidiosa eres… me proteges tú, ¿no?
-Olvídalo. A ese ni a su amigo los quiero ver, absolutamente.
-Entonces no nos veremos tampoco nosotras.
-¿Y por qué no?
-Porque somos pareja.
Bella se para de golpe.
-¡No, esto no me lo puedes hacer!- Rosalie continua a correr. Sin voltearse hace señal a la amiga de seguirla.
-Dale, dale, fuerza, corre, no seas así. Sé que estas feliz. Quizás muy en el fondo, pero eres feliz.
Bella vuelve a correr. Alarga mas el paso alcanzándola.
-Rosalie, te lo ruego, dime que es una broma.
-Para nada, me gusta un montón.
-¿Cómo te puede gustar un montón?
-No lo sé, me gusta y basta.
-Pero te robo el dinero.
-Me lo restituyo, me ofreció la comida.
-Pero que dices ¡es como si lo pagaras tú!
-Mejor, así ando con él porque quiero y no porque debo. Como siempre, cuando sales con un chico y te ofrece pizza y todo eso, después te parece casi una obligación besarlo. ¡Esta fue una libertad elegida!
Bella se queda callada por un momento, después se acuerda de otra cosa.
-¿Le dijiste a Jackson?
-No se lo he dicho.
-¡Se lo debes decir!
-Debo, debo. Se lo diré cuando quiera…
-No, dile rápido. Si lo sabe de alguien más estará muy mal. Esta enamorado de ti.
-Tú todavía con esta historia. No es cierto.
-Es muy cierto, y lo sabes. Así que cuando regreses a casa lo llamas y le dices.
-Si quiero lo llamo, sino no.
-Sabes que te digo, estoy feliz que mi tía me trajo solo un Sony, no te lo mereces.- Bella comienza a correr más rápido. Rosalie rechina los dientes y decide no terminar la discusión.
-Bueno, si quiero, el Sony me lo puede regalar Emmett.
-Ah claro, me lo quita a mí y luego te lo da.
Rosalie se ríe. Bella se da la vuelta molesta. Rosalie le da un pequeño empujón.
-Anda, no peleemos. Sé que eres una amiga. Hoy te sacrificaste para salvarme de la interrogación. ¿Cómo tomo tu mama la historia de la nota?
-¡Mejor que como yo tome la de Emmett!
-¿La vez muy trágica?
-Dramática.
-Escucha, tú no lo conoces bien. Es uno chico lleno de problemas ¿sabes? No tiene dinero, su papá lo trata súper mal y aún así es muy simpático, conmigo es tierno, en serio.
-¿No te importa que no lo sea con los demás?
-Quizás mejorara.
Bella piensa que todo es inútil. Cuando Rosalie se mete una cosa en la cabeza, esa es.
-Está bien, basta. Ya veremos.
-Aja, así me gustas.- Rosalie sonríe. -Te prometo que cuando regrese a casa llamo a Jackson.
Bueno, al menos Bella consiguió algo.
Bella y Rosalie continúan corriendo, en silencio, para recuperar el aliento un poco. Pasan por el parque donde se hace gimnástica. Los niños suben y bajan, gritando. Madres preocupadas lo siguen de cerca listas para socorrerlos en aquel lanzamiento Kamikaze. Un bello muchacho alto y rubio y una chica un poco más baja tratan de hacer ejercicios en las barras. Bella y Rosalie corriendo le pasan cerca. El chico mirándolas deja de hacer ejercicio.
-¡Bella!
Bella se para. Es Marco. Hace más de ocho meses que no se ven. Rosalie también se para. Bella se vuelve roja. Esta apenada. Pero el corazón extrañamente no le comienza a latir veloz como normalmente. Marco la besa en el cachete.
-¿Como estas?
Bella logro conseguir el control.
-¿Bien y tú?
-Buenísimo. Te presento a Elizabeth.- Marco le indica la chica. Bella le da la mano y raramente no se olvida rápido de su nombre como pasa siempre cuando te presentan a alguien. Rosalie también la saluda, pero se ve claro que quisiera evitar ese encuentro.
Marco comienza a hablar. Lo mismo de siempre. Frases ya escuchadas. Te he llamado. No supe nada más de ti. Vi a una amiga tuya o un amigo. ¿Qué estás haciendo? Ah, claro tienes la prueba de aptitud. Te aconsejo, saca 100 y honores. Tratando de ser simpático. Bella no escucha casi. Recuerda todos los momentos pasados con él, el amor que probo, la desilusión, las lagrimas. Que sufrimiento por uno así. Lo mira mejor. Engordo. Tiene los cabellos sucios. Le parecen menos. Que mirada muerta. Parece privada de vida. ¿Cómo pudo gustarle tanto? Una mirada a la chica. No merece siquiera ser tomada en consideración. Terrible, la indiferencia. Se saludan así.
Después de haber hablado por cinco minutos y no haberse dicho nada. Aquel mágico puente se perdió. Bella comienza a correr. Se pregunta donde termino todo el amor que existía. ¿Cómo puede no sentirlo más? Parecía entonces tan grande. Se mete el audífono del Sony. Los U2 cantan su nuevo sencillo. Bella alza el volumen. Mira a Rosalie. Ella le sonríe con afecto. Su mechón baila en el viento. Le pasa un audífono. Se lo merece. En el fondo, Bella no lo sabe, pero fue ella quien la salvo.
El año antes.
-¡Bella, Bella!- Alice toca la puerta del baño gritando. Pero Bella no la escucha. Esta bajo la ducha y como si no bastara la radio cercana suena a todo volumen una canción del año precedente de los U2. A la final Bella escucha algo. Como un golpe fuerte que no va al tiempo del ritmo del baterista. Cierra el agua, después todavía goteando, estira el brazo bajando el volumen.
-¿Qué pasa?
Alice desde afuera suspira.
-Finalmente, llevo una hora tocando. Rosalie al teléfono.
-Dile que estoy bajo la ducha, la llamo yo en cinco minutos.
-¡Dijo que es urgente!
Bella suspira.
-¡Esta bien! ¿Ali, me traes el teléfono?-
-¡Listo!- Bella abre la puerta. Alice esta allí con el inalámbrico en mano.
-No hables mucho, espero una llamada de Tanya.
Bella se seca la oreja antes de apoyarla en el teléfono.
-¿Que es tan urgente?
-¡Nada, te quería saludar! ¿Qué haces?
-Estaba bañándome. No sé cómo, pero siempre me llamas cuando estoy bajo el agua.
-¿No vas a salir con Marco?
-No, esta noche iba a casa de un amigo suyo a repasar. Tiene un examen en dos días. Biología.
Rosalie se queda un segundo en silencio. Decide no decir nada.
-Buenísimo, te paso a buscar en diez minutos.
Bella agarra una toalla pequeña y se seca los cabellos.
-No puedo.
-Anda ven, comemos una pizza.
-¿Y si me llama Marco? El apago su teléfono, debe estudiar…
-Dile a Ali que llame más tarde, quizás te encuentra en tu teléfono. ¡Anda, regresamos rápido!
Bella trata de replicar. Pero todas sus excusas – cansancio, tareas no terminadas y un increíble deseo de quedarse en casa con pijamas enfrente de la televisión – son inútiles. Poco después está sentada en la moto detrás de Rosalie que maneja despreocupada en el tráfico de las nueve.
Bella tiene los cabellos aun mojados, un suéter azul con el escrito California y la actitud molesta.
-Harás que me pase algo.
-¡Pero si hace calor esta noche!
-¡Hablaba de tu forma de manejar!
Rosalie sigue y agarra a la derecha.
Bella se acerca a la cara de Rosalie para que la escuche.
-¿Que calle estas tomando?
-¿Por qué?
-¿No vamos a al centro comercial?
-No.
-¿Que paso?
-Cada tanto hay que cambiar. Bella, eres una metódica. ¡Siempre vas al centro comercial, siempre sacas ocho en latín, siempre todo igual! A propósito ¿con quién estas ahora?
-¿Como que con quien? Con Marco ¿no?
Bella mira sorprendida a la amiga. No sabe porque, pero está segura que a ella no le cae bien Marco.
-Ves Bella, hasta ahí eres fastidiosa. Debes cambiar.
-¿Bromeas? Estoy ilusionada.
-No exageres…
-No, Rosalie, en serio. ¡Lo quiero muchísimo!
-¿Cómo te puede gustar tanto si apenas tienen cinco meses?
-Lo sé, pero estoy enamorada, quizás es porque es mi primer historia importante.
Rosalie sube las calles con rabia. Si, tú primera historia importante y es con ese gusano, piensa Rosalie. Después mete tercera y va hacia la Plaza. Después va a segunda y dobla a la derecha. Bella le aprieta la cintura mientras a toda velocidad van por la tercera transversal. Fabio, el hijo del propietario, está en la puerta. Cuando las ve, las saluda yendo a su encuentro. Es muy apegado a ellas dos. En realidad le atrae Bella, aunque siempre lo ha escondido. Fabio las acomoda en la fila de las mesas a la derecha, apenas entrando, cerca de la caja.
De ahí se puede ver todo el local. Un camarero les lleva rápido dos menú para comer. Pero Rosalie ya sabe que agarrar.
-¡Aquí hacen un calzone fabuloso! Este todo: queso con el huevo, mozzarella, y pedazos de jamón. ¡Una cosa increíble!
Bella revisa en el menú si hay algo con menos grasa para su dieta. Pero Rosalie la convence.
-Entonces dos calzones y dos cervezas claras medianas.
Bella mira preocupada a la amiga.
-¿También la cerveza? Quieres hacerme engordar.
-¡Entiende, por una vez! ¡Esta noche debemos celebrar!
-¿Qué cosa?
-Bueno, hace tiempo que no salíamos solas.
Bella piensa que es cierto. Últimamente las pocas veces que ha salido siempre ha sido con Marco. Le gusta estar ahí en ese momento, con su amiga. Rosalie está revisando los bolsillos de su chaqueta. Al final saca un gancho con corazones de piedra dura de colores, se recoge el cabello y los aguanta con el gancho.
Su bella cara aparece en toda su claridad. Bella le sonríe.
-Está bello ese gancho. Te queda muy bien.-
-¿Te gusta? Lo compre en el centro comercial, me gusto mucho.
-¿Te molesta si compro uno también? Quizás un poco diferente. Tenía uno parecido pero se me perdió.
-Bromeas, estoy habituada a ser copiada. Soy una chica que marca tendencia. ¿Sabes que cuando voy a los negocios me dan la ropa gratis? Basta que me la ponga. ¡Desde mañana lo decido, me pediré que me den un sueldo!
Ríen. En ese momento llegan las cervezas. Bella las mira. Son enormes.
-¿Esta es la mediana? ¿Y si fuera la grande?
Rosalie sube el vaso.
-Anda, no inventes cosas.- Lo choca con fuerza contra el de Bella. Un poco de cerveza cae afuera salpicando en el mantel.
-Por nuestra libertad.
Bella la corrige:
-Momentáneamente…
Rosalie le da una pequeña sonrisa como para decir: concedido. Después beben las dos. Bella es la primera a ceder. Al llegar a un cuarto del vaso, para de beber.
Rosalie continúa bebiendo tomándose poco más de media cerveza.
-Ahhh.- Rosalie deja el vaso en la mesa. -Esta sí que la necesitaba.
Y se limpia la boca rozándola violentamente con la servilleta. Cada tanto le gusta asumir ese aire de dura. Bella abre la canasta de los panecitos. Saca uno ligeramente caliente y lo parte. Después mira alrededor del local. Grupos de chicas hablando divertidas, haciendo pequeños triángulos de pizzas con tomates.
Chicos refinados se obstinan de comer con el tenedor las aceitunas. Una joven pareja habla divertida esperando ser servidos. Ella es una bella chica de cabellos oscuros, no muy largos. Él le sirve gentilmente de beber. Está de espaldas. Bella no sabe porque, pero le parece conocido. Un camarero le pasa cerca. El chico lo para. Le pregunta qué ha pasado con sus pizzas. Bella lo mira a la cara. Es Marco. El pan se le rompe entre las manos mientras algo mas se rompe adentro.
Recuerdos, emociones, momentos bellísimos, frases dulces susurradas comienzan a girar en un vértice de ilusión. Bella suspira. Rosalie se da cuenta.
-¿Qué pasa?
Bella no puede hablar. Le indica el fondo del lugar. Rosalie se voltea. El camarero se aleja de una mesa. Rosalie lo ve. Marco esta allí, le sonríe a una chica sentada frente a él. Le acaricia la mano, confiado de la llegada de las pizzas y sobretodo de lo siguiente en la velada. Rosalie se voltea de nuevo hacia Bella.
-Que hijo de perra. Más que una frase común. ¡Los hombres son de verdad todos iguales! Examen de biología ¿no? ¡Se está preparando par anatomía!- Bella en silencio dobla la cabeza hacia abajo. Una lágrima ingenua se desliza por sus mejillas. Se para un momento sobre el mentón indecisa, después, empujada por el dolor, da un salto al vacío.
Rosalie mira lamentada a la amiga.
-Disculpa, no quise.
Se saca del bolsillo del pantalón un pañuelo colorado y se lo pasa.
-Toma, no es la indicada para la situación, quizás muy alegre, pero es mejor que nada.
Bella cae en una risa extraña acompañada por un poco de llanto. Después se limpia las lágrimas y la nariz. Sus ojos limpios, ligeramente enrojecidos, vuelven a mirar a su amiga. Bella se ríe de nuevo. En realidad suena como un sollozo. Rosalie le acaricia la barbilla, quitando otra lagrima indecisa.
-Anda no seas así, no se lo merece ese gusano. ¿Cuándo va a conseguir una como tú? Es el que debería llorar. No sabe lo que perdió. Ahora esta maldecido a tener que salir con chicas como esa.
Rosalie se voltea una vez más a mirar a la mesa de Marco. También lo hace Bella. Le da una puntada en el estomago. La búsqueda del tesoro. Las caminatas en Villa Glori, los besos en el atardecer, mirarse a los ojos y decirse te amo.
Imágenes dulcemente ligeras desaparecen rotas por un viento de tristeza. Bella trata de sonreír.
-Bueno, tan fea no me parece.
Rosalie mueve la cabeza. Bella es increíble, hasta en esta situación no puede dejar de ser sincera. Bella agarra la cerveza y da un sorbo largo. Después deja el vaso en la mesa y se limpia violentamente la boca con la servilleta igual que como Rosalie hizo.
-Dios, como lo odio.
-¡Eso! Así me gusta. ¡Debemos castigarlo!- Rosalie golpea el vaso de la amiga, después las dos terminan con la cerveza en un único y último trago. Bella, ligeramente confundida, no habituada a beber y a todo el resto, sonríe decidida a la amiga.
-¡Tienes razón, se las haré pagar! Tengo una idea. ¡Vayamos donde Fabio!
Marco ríe divertido sirviéndole a la chica del frió vino Galestro. Sabe divertir a una chica casi lo mismo que como no sabe elegir un buen vino.
Esa noche la Nueva Florentina puede estar orgullosa. Nunca había tenido un mesonero tan lindo. Una mesonera, para ser exactos. Bella avanza entre las mesas con las pizzas en mano. No tiene dudas. Esa de la mozzarella sin aliños es para Marco. Cuantas veces la escucho ordenarlas. Cuantas veces con amor le hizo probar un pedazo, llevándolo a su boca.
Otra puntada. Decide no pensar. Se voltea. Fabio y Rosalie están cerca de la caja. Le sonríen apoyándola desde lejos. Bella toma fuerzas. Esta molesta. La cerveza era buena y la está ayudando a llegar a la mesa de Marco.
-Esta es para ella.
Pone la pizza blanca de jamón con poco aceite a la chica que la mira sorprendida.
-¡Y esta es para ti, gusano!- Marco no le da tiempo de sorprenderse. La mozzarella sin aliños le cae en la cabeza con todo el tomate, mientras que la masa caliente, quemándolo se transforma en un incomodo sombrero. Fabio y Rosalie comienzan a reír en un aplauso, seguidos por todo el restaurante. Bella, ligeramente ebria, se inclina agradeciendo. Después se aleja con Rosalie bajo el brazo seguida por divertidos comentarios de los presentes y la mirada estúpida de la acompañante.
Regresan en la moto en silencio. Bella se aguanta abrazada fuerte a Rosalie. Pero no es miedo. Por la calle hay mucho menos tráfico. Con la cabeza apoyada en la espalda de la amiga mira los árboles desfilar frente a ella, las luces rojas y blancas de carros a lo lejos. Un autobús naranja le pasa cerca. Cierra los ojos. Un escalofrío la toma de sorpresa, después la abandona. Siente frío y calor y se siente sola. Siempre en silencio llegan debajo de su casa. Bella baja de la moto.
-Gracias Rosalie.
-¿De qué? No he hecho nada.
Bella le sonríe.
-La cerveza estaba buenísima. Mañana en la escuela te brindo la merienda. Debemos festejar.
-¿Festejar qué?-
-La libertad completa.- Rosalie la abraza. Bella cierra los ojos. Se le sale un sollozo, después se separa y se aleja. Rosalie la mira subir las escaleras corriendo y desaparecer dentro del portón. Después enciende la moto y se aleja en la noche. Más tarde Bella, mientras se quita la ropa, saca el dinero de los bolsillos de los jeans. Cuando mete la mano para ver que hay todavía algo más ahí, queda sorprendida. Entre tantas lagrimas, sale una sonrisa. El gancho de Rosalie con los corazones de colores está ahí. Se lo metió ella, cuando estaban abrazadas.
Un pequeño regalo para animarla, para hacerla sonreír. Lo ha logrado. Rosalie es verdaderamente una amiga. Marco, sin embargo, fue verdaderamente un idiota. Bella sonríe poniéndose el pijama. En toda esta tragedia piensa que hay algo de divertido. Si hubiéramos ido como siempre al centro comercial nunca lo hubiéramos atrapado. Bella se lava los dientes. Qué extraño, justo esta noche, decidimos ir a la Nueva Florentina. Bella se mete bajo las sabanas. Si, Marco fue un idiota, y espero que lo sea por toda su vida.
Rosalie gira a la derecha. Decide pasar saludando a su amigo Jackson.
Un gato atraviesa la calle. No mira si es negro o no. Rosalie no cree en la suerte.
Ella prefiere miles de veces la pizza del centro comercial que el calzone de la Nueva Florentina. No la cambiaría por nada en el mundo. Pero esa noche, cuando Fabio la llamo diciéndole que ahí estaba el novio de Bella con otra, no tuvo dudas. Era la ocasión que esperaba desde hace tiempo. Supo muchas historias acerca de las aventuras de Marco. No pueden ser solo rumores. Pero si se las hubiera contado, estaba segura que Bella no le hubiera creído. O quizás sí. Y ahí se hubiera arruinado una amistad. Mejor echarle la culpa al destino. Rosalie llama a Jackson por el intercomunicador. Le responde una voz somnolienta.
-Sí, ¿quién es?
-Rosalie. Todo está hecho.
-¿Lo atraparon?
-¡In fraganti! Como una rata con el queso en la boca o mejor como un gusano con la pizza en la cabeza.
-¿Por qué, que sucedió?
-Si bajas te cuento.
-¿Y cómo lo tomo Bella?
-Malito…
-Espera, me visto y bajo.
Rosalie se peina hacia atrás los cabellos. Solo por un momento extraña su gancho de cabello. Pobre Bella, pero mejor así. Quizás sufriría un poco, pero mejor ahora que después. Cuando hubiera estado más enamorada. Rápido regresara a estar alegre. Y la sonrisa de una amiga vale mucho más que un gancho, mucho más que una pizza margarita. Aun si es del centro comercial.
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