A los bordes de esa gran calle de amplia curva hay mucha gente. Algunos Jeep Patrol con las puertas abiertas disparan música a todo volumen. Muchachos con cabellos rubios teñidos, con camisetas y gorras americanas, pretenden ser surfistas y en poses de estatuas se pasan, felices, una cerveza. Un poco más allá, cerca de un Maggiolone descubierto, otro grupo, un poco más realista, se aproxima para fumarse una marihuana. Más adelante, algunos señores en busca de una velada emocionante, están cerca de un Jaguar. Cerca de ellos, otra pareja de amigos miran divertidos esa absurda carrocería. Motos que van sobre una sola rueda, motos que corren veloces rugiendo, frenando y acelerando, chicos que pasan de pie sobre los pedales mirando si hay gente conocida, otros que saludan amigos.
Bella con su moto arreglada afronta la dulce subida. Al llegar arriba, se queda sin palabras. Bocinas diversas, agudas y profundas, suenan como enloquecidas.
Motores fuertes se responden rugiendo. Luces de faros, colorados de maneras diversas, iluminan la calle como si fueran una enorme discoteca.
En una pequeña parte hay un kiosco móvil que vende bebidas y panes calientes. Esta haciendo muchos negocios. Bella se para ahí enfrente y mete el seguro a la moto. Lo cierra. Una Free sobre una sola rueda le pasa tan cercano que Bella casi pierde el equilibrio. Un chico de quince años máximo deja caer de nuevo la rueda del frente riendo alocadamente. Frena haciendo un gran ruido y vuelve a ir por el sentido inverso. Se alza de nuevo con las piernas fuera de su puesto, ligeramente desequilibrado.
Bella mira distraída todo. Después se pone a caminar, tropieza con un tipo con los cabellos peinados, una chaqueta negra de piel y un zarcillo en el oído derecho. Parece tener un gran susto.
-Mira por dónde vas, ¿no?
Bella se disculpa. Ahora mucho más se pregunta qué está haciendo en ese lugar. A un cierto punto ve a Gloria, la hija de los Huffington. Está ahí, sentada en el suelo, sobre una chaqueta de jeans. Cerca de ella este Darío, su novio. Bella se les acerca.
-Hola Gloria.
-Hola ¿como estas?
-Bien.
-¿Conoces a Darío?
-Sí, ya nos hemos visto.
Se intercambian una sonrisa tratando de recordar donde y cuando.
-Escucha, lo siento por lo que le paso a tu papá.
-¿Ah sí? A mí no me importa de verdad. El está bien. Así aprende a meterse en sus propios asuntos. Siempre se entromete, siempre quiere salirse con la suya. Finalmente consiguió alguien que lo metiera en su puesto.
-¡Pero es tu padre!
-Sí pero también es una gran ladilla.
Darío prendió un cigarrillo.
-Estoy de acuerdo. Dile a Ed gracias de mi parte. ¿Sabes que nunca me deja subir a su casa? Debo siempre esperar abajo para salir con Gloria. No es que me importe no verlo. Es una cuestión de principios, ¿no?
Bella piensa que principios serán esos. Darío le pasa el cigarrillo a Gloria.
-Claro, si se la hubiera dado yo la golpiza, hubieran sido muchos problemas.
Darío se comienza a reír.
Gloria fuma, después mira a Bella sonriendo.
-Y que ¿ahora eres algo de Ed?
-¿Yo? ¿Estás loca? Me despido, debo conseguir a Rosalie.
Se aleja. Se ha equivocado. Los dos son unos locos. Una hija feliz porque su papá fue golpeado. Su novio molesto porque no lo hizo el. Cosas increíbles. Sobre una pequeña escalera, detrás de una red, esta Emmett. Este sentado sobre una gruesa moto y habla alegremente con una chica que tiene abrazada entre las piernas. La chica tiene un gorro azul con la visera y escrito NY al frente. Los cabellos rubios recogidos le salen del gorro entre la visera y el final. Tiene puesta una chaqueta con los bordes blancos plastificados como típica porrista americana. La correa que se usa para ser groupie, un par de pantalones azul oscuros y los zapatos combinados la hacen ver un poco más americana. Esa loca desencadenada que ríe y mueve divertida la cabeza y besa cada tanto a Emmett, es Rosalie. Bella se les acerca. Rosalie la ve.
-Hola ¡que sorpresa!- Va a su encuentro y la abraza. -¡Que feliz estoy, viniste!
-Yo para nada. ¡De hecho, quiero irme lo más rápido posible!
-A propósito, ¿qué haces acá? ¿No es de cretinos venir a las carreras?
-Sí, eres una cretina. ¡Llamo tu mama!
-No… ¿Y qué le dijiste?
-Que dormías.
-¿Y te creyó?
-Sí.
Rosalie suelta un suspiro.
-¡Menos mal!
-Sí, pero dijo que mañana en la mañana te buscaba rápido, que debes hacer los análisis y saltar la primera ahora.
Rosalie da un salto de alegría.
-¡Siiii!- Su entusiasmo dura poco. -Pero mañana tenemos religión a primera hora, ¿no?
-Sí.
-Que mal ¿no puedo hacer los análisis el viernes que toca italiano?
-Bueno, igual te pasara buscando a las siete, así que trata de regresar pronto ¿ok?
-¡Pero quédate!- Rosalie agarra Bella bajo su brazo y la lleva hacia Emmett. -¿A qué hora termina esto?
Emmett sonríe a Bella que lo saluda forzada.
-Rápido, a lo mas dos horas y termina todo. Después iremos a comer una buena pizza, ¿está bien?
Rosalie mira entusiasmada a la amiga.
-¡Anda, no te hagas la muerta!- Dice mientras Emmett sonríe y prende un cigarrillo. -Sabes que aquí está Edward… será feliz de verte.
-¡Sí, pero no lo seré yo! Rosalie, yo regreso a casa. Trata de llegar rápido. ¡No quiero tener problemas con tu mama por tu culpa!
Bella mira una placa en el suelo por el borde de la calle. Esta sobre una madera, y en el centro está la foto de un muchacho cerca de un círculo mitad negro, mitad blanco. El símbolo de la vida. Esa misma vida que el muchacho no tiene más. Y después una escritura: -Era veloz y fuerte, pero con él, el señor no se comporto como un verdadero señor. No le quiso dar la revancha. Los amigos.-
-¡Bellos amigos que son! ¡Y también se la dan de poetas! Prefiero estar sola que tener amigos como ustedes que me ayudan a triturarme.
-¿Qué rayos vienes a hacer acá si nada te parece bien?- Dice Emmett botando el cigarro.
Después, su voz.
-¿Es posible que no puedes estar de acuerdo con alguno? Tienes un carácter terrible, de verdad.
Es Edward. Parado frente a ella con su sonrisa arrogante.
-Se da el caso que yo estoy de acuerdo con todos. En mi vida nunca existieron discusiones, quizás porque siempre frecuento un cierto tipo de gente. Últimamente mis conocidos han empeorado, quizás por la culpa de alguien…- Mira directo a Rosalie que alza los ojos al cielo suspirando.
-Lo sé, de cualquier forma que lo pongas, siempre es mi culpa.
-¿Ah porque, acaso no vine acá solo para avisarte?
-¿Ah entonces, no viniste por mi?- Edward se para enfrente. -Estaba seguro que habías venido para verme correr…
Se acerca peligrosamente su cara a la de ella. Bella lo esquiva superándolo.
-Pero si ni sabía que estabas.- Se ruboriza.
-Lo sabía, lo sabía. Te pusiste toda roja. Viste, no debes decir mentiras, no eres capaz.
Bella se queda en silencio. Se molesta con ese maldito rubor y su corazón que, desobediente, le late veloz. Edward lentamente se le acerca. Su cara está de nuevo muy cerca de la de Bella. Le sonríe.
-No entiendo porque te preocupas tanto. ¿Tienes miedo de decirlo?
-¿Miedo? ¿Miedo yo? ¿De quien? ¿De ti? Tú no me das miedo. Me das risa. ¿Quieres saber algo? Yo esta noche te denuncie.- Esta vez es ella que se acerca a la cara de Edward. -¿Entendiste? Le dije que fuiste tú que golpeaste al señor Huffington. Aquel que le diste el cabezazo. Dije tu nombre. Imagínate que tanto miedo te tengo…
Emmett baja de la moto y se dirige veloz hacia Bella.
-¡Idiota!
Edward lo detiene.
-Calma Emmett, calma.
-¿Como que calma, Ed? ¡Ella te arruino! Después de todo lo que paso, otra denuncia y te quitan todo el resto. Vas directamente a prisión, a la cárcel.
Bella se queda estupefacta. Esto no lo sabía. Edward tranquiliza al amigo.
-No te preocupes Emmett, no sucederá. No terminare en prisión. Quizás iré a lo más a un tribunal.- Después, volteando hacia Bella: -Aquello que cuenta es lo que se dice en el proceso, cuando tú seas llamada a dar el testimonio en contra de mí. Ese día no dirás mi nombre. Estoy seguro. Dirás que no fui yo. Que no tengo nada que ver.
Bella lo mira como si fuera un duelo.
-¿Ah sí? ¿Y estás tan seguro?
-Claro.
-¿Piensas que me das miedo?
-Absolutamente no. Ese día, cuando estemos en el tribunal, estarás tan loca por mí qué harás cualquier cosa por salvarme.
Bella se queda un momento en silencio, después explota en una risa.
-El loco serás tú que te convences de eso. Yo ese día diré tu nombre. Te lo juro.-
Edward le sonríe seguro.
-No jures.
Un pitazo largo y seguro. Todos se voltean. Es Ben. En el centro de la calle está un hombre bajo como de treinta y cinco años. Tiene una chaqueta de piel negra. Es respetado por todos. Alza los brazos. Es la señal. La primera carrera, la de las groupies. Edward se voltea hacia ella.
-¿Quieres venir detrás de mí?
-Viste, es cierto. Estás loco.
-No, la verdad es otra. Tienes miedo.
-¡No tengo miedo!
-Entonces haz que Rosalie te preste su correa, ¿no?
-No apoyo las carreras de idiotas.
Una moto azul oscuro se para enfrente. Es Lauren. Saluda a Rosalie con una sonrisa, después ve a Bella. Las dos chicas se miran fríamente. Lauren se sube la chaqueta.
-¿Me llevas Ed?- Muestra la correa apropiada.
-Claro pequeña. Ponle seguro a tu moto.
Lauren le lanza una mirada de satisfacción a Bella, después le pasa al lado para ponerle el candado a su moto. Edward se acerca a Bella.
-Que malo, te hubieras divertido. A veces el miedo es una cosa fea. No te deja vivir los momentos más bellos. Es una especie de maldición si no sabes vencerla.
-Ya te lo dije, no tengo miedo. Anda a correr si te divierte tanto.
-¿Vas a apoyarme?
-Me voy a casa.
-No puedes, después de que pita nadie puede moverse.
Rosalie se le acerca.
-Sí, es así. Anda Bella. Quédate aquí conmigo. Así vemos esta carrera y nos vamos juntas después.
Bella asiente. Edward se le acerca y con un movimiento ágil le quita la bandana que tiene en la cintura. Bella no tiene tiempo de pararlo.
-¡Devuélvela!
Trata de agarrarla. Edward la tiene en alto con la mano. Bella trata de golpearlo en plena cara, pero Edward es más veloz. Le para la mano en el aire y la aprieta fuerte. Los ojos marrones de Bella se ponen claros. La esta lastimando. Orgullosa como es, no dice nada. Edward se da cuenta. Deja de apretarla.
-No lo hagas nunca más.
Después la suelta y se monta en la moto.
En ese momento llega Lauren y se monta detrás de él. Se pone al contrario como dice el reglamento y se ata a él con la correa. La moto sale justo a tiempo cuando ella logra cerrar la correa en el último hueco. Lauren lleva las manos hacia atrás y se las lleva a los lados. Después alza la cara. Bella está ahí viéndola. Las dos chicas intercambian una última mirada.
Después Edward alza la moto, Lauren cierra los ojos aguantándose de él. La cinta los aguanta. Edward cae en dos ruedas y acelera para ponerse en el centro de la calle, listo para la carrera. Alza el brazo derecho. En su muñeca, resplandeciente y alegre, esta la bandana de Bella.
De repente, tres motos aparecidas de la nada, van al centro de la calle. Todos tienen detrás a una chica sentada al contrario. Las groupies miran alrededor. Una locura de chicas y chicos están frente a ellos. Las miran divertidos. Algunas las conocen y gritan sus nombres. Otros le saludan con la mano buscando tener su atención. Pero las groupies no le responden. Todas tienen las manos detrás y se aprietan al conductor por el miedo de soltarse en la salida. Ben reúne las apuestas. Los señores del Jaguar apuestan más que todos. Uno de ellos apuesta a Edward. Otro de ellos apuesta al de al lado con la moto de colores. Ben recoge el dinero y se lo mete en el bolsillo de enfrente de la chaqueta, con cierre. Después alza el brazo derecho y se mete el pito en la boca. Hay un momento de silencio.
Los chicos en las motos están todos mirando al frente, listos para salir. Las groupies están sentadas detrás, de espaldas. Tienen los ojos cerrados. Todas menos una. Lauren quiere saborear el momento. Adora las carreras. Las motos corriendo. Tres pies izquierdos empujan el pedal hacia abajo. Con un único rumor suenan al mismo tiempo. Están listas. Ben baja el brazo y pita. Las motos salen de frente, casi inmediatamente sobre una sola rueda, veloces y rugiendo. Las groupies se sujetan fuertes a sus hombres. Volteadas con la cara hacia el suelo, ven la calle correr bajo de ellas, dura y terrible. Con la respiración aguantada, el corazón a dos mil, el estomago en la garganta. Corren detrás a cien, ciento veinte, ciento cuarenta. El primero a la derecha rompe. Baja la rueda de enfrente, tocando tierra con un golpe fuerte, empujando los amortiguadores. La moto tiembla, pero no pasa nada. Aquel que está cerca acelera más. La moto sube de nuevo, la chica, sintiéndose casi vertical, grita. El chico, asustado, quizás también porque es su novia, suelta el acelerador frenando. La moto baja delicadamente. Una bestia de Kawasaki como de trescientos kilos baja con dulzura como si le hubiesen ordenado, baja el frente, tocando el suelo, como un pequeño avión sin alas.
Edward sigue en la competencia, jugando con el freno y el acelerador. Su moto, proyectada siempre a la misma altura, parece inmóvil, sostenida por un hilo transparente en la penumbra de la noche. Vuela así, aguantado de las estrellas.
Lauren mira la calle correr, las rayas blancas casi invisibles se mezclan una con la otra y aquel gris asfalto parece un mar que suave, liso, sin ondas, navega silencioso bajo ella. Edward llega de primero entre los gritos de alegría de los amigos presente y la felicidad del señor que apostó por él, no tanto por el dinero ganado, sino por haberle ganado a su amigo que lo llevo a ese lugar.
Darío, Mike y cualquier otro amigo se precipitan a darle cumplidos. Una mano hermana no bien diferenciada en medio del grupo le ofrece una cerveza aun fría.
Edward la agarra al vuelo, le da un trago largo, después se la pasa a Lauren.
-Fuiste muy buena, nunca te moviste. Eres la groupie perfecta.
Lauren bebe un poco, después baja de la moto y le sonríe.
-Hay momentos en que hay que quedarse quietos y otros en que hay que saber moverse. Estoy aprendiendo ¿no?
Edward le sonríe. Es increíble.
-Sí, estas aprendiendo.
La mira alejarse. También tiene un cuerpo hermoso. Llega Emmett que se monta detrás en su moto.
-Anda, vamos donde Ben. ¡Vamos a ver cuánto ganaste!
-No mucho ¡me daban de favorito!
-Coño, ya no eres una buena jugada. Debes perder alguna carrera, así dejas de ser favorito. Quizás también haces una bella caída y después jugamos todo en la última donde ganas. ¿Clásico no? Como las películas americanas.
-¡Sí, pero la caída la hago con tu moto!
-¡Entonces no! Apenas la arregle.
-¡Ed! ¡Ed!- Él se voltea. Es Rosalie desde encima del muro cerca de la red llamándolo. -¡Increíble! Eres el mejor.
Edward le sonríe. Después ve a Bella que está al lado. Alza el brazo derecho mostrando la bandana azul.
-¡Fue solo suerte!- Grita Bella desde lejos.
Edward mete la primera, y con Emmett detrás hace espacio entre la gente y se aleja para retirar el merecido premio.
Frente a Bella y Rosalie se para Lauren. Tiene una chica rubia, un poco rellena detrás de la moto. Su amiga tiene los pies sobre los pedales y esta levantada, pero la rueda posterior esta igual casi pegando del suelo. Lauren mastica una menta con la boca abierta.
-No fue solo suerte. Es sobretodo coraje, valor. ¿Se puede saber que hacen dos tontas como ustedes en un lugar como este?
La tipa rellena de atrás sonríe.
-Y sobre todo ¿cómo salen sin uniforme? ¿No son dos de esas idiotas del Roosevelt? ¡Dicen que son todas unas refinaditas!-
Rosalie se ajusta la gorra.
-¡Escucha cretina! ¿Pero que tienes contra nosotras? Si hay algo que te molesta dilo y ya. No le des tantos rodeos.
Lauren apaga la moto.
-Pasa que tienes la correa para correr y no te lo puedes permitir.
-¿Y quién lo dice?
-¿Entonces porque no corriste?-
-No compitió mi novio. Yo solo corro con Emmett. Porque, si no lo sabías…- Rosalie se voltea a la chica detrás de Lauren. -…pero yo, estoy con Emmett.
La chica hace una mueca. Se está sonrojando. Rosalie lo dijo a propósito. Sabe que está interesada en el.
Lauren señala a Bella.
-¿Y ella? ¿Ella que hace acá? No lleva siquiera la correa. ¿Que no sabes que este lugar está reservado a las groupies? O corres o te vas.
Bella se voltea hacia Rosalie suspirando.
-Solo faltaba la estúpida de turno.
Lauren se da cuenta.
-¿Que has dicho?
Bella le sonríe.
-Dije que estoy esperando mi turno.
Lauren se queda quieta. Quizás de verdad no lo escucho. Bella abre la chaqueta de Rosalie.
-Rápido, dame esta correa.
-¿Qué? ¿Estás bromeando?
-No, anda, dámela. Si es tan emocionante ser groupie entonces quiero probar.- La abre. Rosalie la parra.
-Mira que si te la pones y te eligen, debes correr. Una vez vino aquí una chica que se puso la correa por casualidad, porque le gustaba. Bueno, la hicieron montarse en la moto y debió correr a la fuerza.
Bella la mira curiosa.
-¿Bueno? ¿Cómo termino todo?
-Bien, no le pasó nada, no se cayó.
Rosalie le pasa la correa. Bella la mira. Rosalie hace una mueca graciosa. Después comienzan las dos a reír. En realidad, tratan solo de dramatizar el momento. Lauren y la amiga las miran fastidiadas.
Bella se mete la correa y dice con sarcasmo.
-¡Wow, que increíble! Ahora también soy una groupie.
Un tipo atemorizante pasa con la moto enfrente. Tiene la parte baja de los cabellos completamente rapadas y un cuello grueso le sale de una chaqueta verde militar con detalles naranjas.
-Dale groupie, tu allá arriba. Móntate detrás.
Bella se señala incrédula.
-¿Quien, yo?
-¿Quien más? Anda, muévete que pronto comienza.
-Hola Lauren.- El tipo, aparte de su aspecto terrible, tiene también otro punto en su contra. Es un amigo de Lauren.
Bella se acerca a Rosalie.
-Bueno, adiós, yo voy. Después te cuento como es.
-Sí, claro.
Rosalie está frente a ella, preocupada.
-Mira Bella… lo siento.
-Pero no, que dices. Pienso que es bien ser la groupie y quiero probar. Tu no entras en nada.
Rosalie la abraza y le dije al oído:
-Eres la mejor.
Bella le sonríe, después se dirige hacia el tipo con la moto. Por un momento se acuerda de esa frase. La escucho justo esa mañana y le provoco una bella nota. ¿Da mala suerte? Maldición a Rosalie, a las groupies y a cuando se mete en la cabeza de ser la mejor.
El tipo acelera sin problema de gastar la gasolina. Bella tiene algún problema para montarse en la moto de espalda. El tipo la ayuda. Bella se ajusta la cinta. El tipo la agarra, se la pone al nivel del corazón y se la regresa a la mano. Bella llega con suerte a ajustarlo en el último hueco. Es más o menos gordo. Y como si no bastara, Lauren le da una palmada con fuerza a la chaqueta del tipo.
-Dale, acelera todo. ¡Estoy segura que ganas!- Después sonríe a Bella: -Veras como te diviertes aquí detrás. Danilo corre de maravilla.
Bella no da tiempo de responderle. El tipo acelera y va adelante. ¡Danilo! Eso es lo que significa la D que está en su moto. D. Como Danilo. O peor, como destino. La moto frena. Bella por el frenazo termina golpeándose contra la espalda de Danilo.
-Calma, niña.
La voz cálida y profunda del tipo que debería, según él, tranquilizarla tiene el efecto contrario. Dios mío, piensa Bella.
-Calma, niña.- Debe ser una pesadilla despierta. Esta correa que me aprieta por el corazón. Yo este tipo de correas nunca me las puse, ni siquiera cuando estaban de moda. Debe ser un castigo. Un tipo con una venda en el ojo y una moto amarilla esta a su izquierda. Eric. Detrás de él hay una chica con los cabellos rizados y un rubor muy pesado. Esta feliz de ser la groupie. La chica la saluda. Bella no responde. Tiene la garganta seca. Se voltea a la otra parte. Un bello chico alto, con los cabellos largos y un pequeño arete en la oreja, se para a su derecha. Tiene la cubierta de la moto pintado con aerógrafo. Tiene un horizonte con un grueso sol en el centro, con ondas sobre una playa. Un tipo que surfea. Seguramente el surf es menos peligroso que ser la groupie. Abajo tiene una escritura: -El baila…- Bella se inclina hacia delante pero no puede leer más.
El resto de la escritura está cubierta por los pantalones del tipo. El chico saca afuera del bolsillo un pedazo de papel. Se alza sobre sus piernas acercándose al espejo. Lo gira hacia lo alto mirando hacia arriba. La luna aparece reflejada adentro. Bella mira la cubierta. Ahora si puede leer todo: -El Bailarín-. Claro, ha escuchado de él. Dicen que se droga. El Bailarín abre la bolsita de papel sobre el espejito. La redonda blancura de la luna se cubrió del blanco de un polvo menos inocente. El bailarín se inclina hacia delante. Se apoya sobre un billete de un dólar enrollado y aspira. La luna regresa de repente a reflejarse. El bailarín pasa el dedo sobre el espejo, recoge los últimos pedazos de esa felicidad artificial y se la pasa por los dientes. Sonríe sin algún motivo real. Químicamente feliz. Se enciende un cigarrillo. La chica detrás de él tiene los cabellos recogidos por un pañuelo y parece no haberse dado cuenta de nada. Sin embargo, se deja ofrecer el cigarrillo.
No es válido. No se puede correr drogados. No es deportivo. Si después le hacen el antidoping lo descubren. ¿Pero que estoy diciendo? ¡Esto no es una carrera de caballos! No hay nada legal. Si puedes drogarte. Se va a ciento cincuenta por hora sobre una sola rueda con una pobrecita detrás.
Yo soy esa pobrecita.
Le provoca llorar. ¡Maldición Rosalie! Edward apenas se mete sus ciento cincuenta dólares en el bolsillo cuando Emmett le da un codazo.
-Hey, mira quien está ahí.- Emmett indica las motos que van a salir. -¿Esa que está detrás de la moto de Danilo no es la amiga de Rosalie?
Edward se acerca acelerando. No es posible. Es Bella.
-Es cierto.- Agita el brazo con la bandana y grita su nombre.
-¡Bella!- Siente que la llama. Es Edward. Lo reconoce, allá en el fondo justo frente a ella. La esta saludando. -Tiene mi bandana.- Susurra casi a sí misma. -Te lo pido Edward, hazme bajar, ayúdame. ¡Edward, Edward!- Después suelta la mano para decirle que se acerque. En ese momento, Ben pita. El publico grita.
Las motos salen al frente acelerando. Bella se vuelve a agarrar rápido a Danilo, aterrorizada. Todas las tres motos suben en una rueda. Bella se consigue a sí misma con la cabeza hacia abajo. Le parece estar casi por tierra. Ve el asfalto correr veloz bajo ella. Trata de gritar mientras la moto ruge y el viento le desordena los cabellos. No le sale nada. La correa le aprieta fuerte la barriga. Le provoca vomitar. Cierra los ojos. Es aun peor. Siente que se desmayara. La moto continua a correr sobre una sola rueda. La rueda enfrente baja un poco. Danilo acelera más. La moto se alza de nuevo, Bella se encuentra más cercana al asfalto. Cree que se caerá. Un toque al freno y la moto regresa ligeramente abajo. Va mejor. Bella mira alrededor. La gente ahora es solo un grupo lejano, coloreado, ligeramente borroso. Todo alrededor, silencio. Solo el viento y el sonido de las otras motos. El bailarín está ahí a su derecha detrás de ellos. Sus cabellos largos están tensos en el viento y la rueda delantera casi inmóvil en el aire. Eric esta ligeramente más lejos.
Danilo está ganando. Ella está ganando. Lauren tiene razón. 'Corre de maravilla.'
Bella esta exaltada. Siente un sonido a su derecha. Se voltea. El bailarín acelero mas subiendo. La moto se alza mucho. Un golpe seco al freno. La rueda del frente cae muy veloz. La moto trata de alzarse de nuevo, El bailarín la trata de aguantar. El manubrio se le fuga de las manos. La moto va a la izquierda, yendo de lado, y de nuevo a la derecha. El bailarín y la chica detrás, atados juntos, vienen desarmados de ese caballo con motor, hecho de pistones y cilindros enloquecidos. Terminan en el suelo todavía atados. Después su cinta se rompe, deslizan así, aun cercanos, por poco, girando y dando vueltas de un lado a otro de la calle. La moto, ahora libre, continua veloz su carrera. Después cae lateralmente, desliza sobre el asfalto, chilla y da muchas más vueltas. Al final da una especie de giro, vuela cerca de Bella, alta en la penumbra de la noche. Salta hacia el cielo, llega al menos a cinco metros, con el faro todavía prendido ilumina todo alrededor, hace un arco luminoso. Después, con un último giro, cae golpeando y destrozándose, dejando atrás miles pedazos de acero y de la cubierta pintada. Sutiles llamas de fuego cada vez más débiles la acompañan hasta el final de su carrera. Eric y Danilo se detienen. El grupo lejano se queda en silencio por un momento, después todos salen. En manada de motos, SH 50, Peugeot robadas, motos de pequeños o grandes cilindros, Yamaha, Suzuki, Kawasaki, Honda.
Un ejército de motociclistas avanza rápido. Todos corren al lugar del incidente. El bailarín se alzo. Se aguanta sobre una sola pierna. La otra sale fuera del jean roto, herida y fracturada, perdiendo sangre por la rodilla. Un visible abultamiento debajo de la chaqueta arriba muestra que el hombro se le salió, mientras que por el frente la sangre oscura le desciende por el cuello. El Bailarin mira su moto destruida. Se dobla y acaricia la cubierta. Una parte de la playa se rompió. El surfista desapareció, transportado por la onda mucho más dura del asfalto destructor.
La chica esta tirada en el suelo. El brazo derecho se sacude descompuesto lateralmente. Esta roto. Llora por el susto, sollozando fuerte. Bella se libera de la correa. Baja de la moto. Los primeros pasos son inseguros. No logra dominar sus piernas por la emoción. Entra en el grupo. No conoce a ninguno. Siente los lamentos de la chica tirada por tierra. Busca a Rosalie. En un momento escucha otro pitazo. Más largo. ¿Qué es? ¿Comienza otra competencia terrible? No entiende. Todos comienzan a correr en todas las direcciones. La gente la tropieza. Las motos le pasan por al lado. Escucha las sirenas. No muy lejos aparecen los carros. Sobre sus techos de colores azules brillantes. La policía. Solo faltaba esta. Debe alcanzar su moto. Alrededor están muchachos que escapan. Alguno grita, otros se tropiezan peligrosamente. Una chica con la moto cae a pocos metros de ella. Bella se pone a correr. Otros carros de la policía se paran alrededor. Ahí está. Ve su moto parada frente a ella, a pocos metros de distancia. Está a salvo. De repente, algo la parra. Alguien la agarra por los cabellos. Es un oficial. La empuja con fuerza haciéndola caer al suelo, halándola con violencia desde atrás por los cabellos. Bella grita del dolor, tirada en el asfalto, mientras algunos mechones se despegan. En un momento, el policía la suelta. Un golpe en plena barriga ha hecho que se doblara en dos abandonando la presa. Es Edward. El policía trata de responder. Edward le da un empujón violento que lo hace terminar en el suelo. Después ayuda a Bella a alzarse, la hace subir en su moto detrás de él y sale acelerando. El policía se recupera, se monta en un carro cerca con un colega al volante y parten a su persecución. Edward pasa fácilmente entre la gente y las motos paradas de la policía.
Algunos fotógrafos avisados de esa redada llegaron al lugar y toman fotos. Edward se levanta sobre una rueda y acelera. Supera otro policía que con la señal roja le hace señas de pararse. Alrededor, flash enloquecidos. Edward apaga las luces y se baja hacia el manubrio. El carro de la policía con el oficial golpeado supera lateralmente el grupo y, con la sirena chillando, esta rápido detrás.
-Cubre la placa con el pie.
-¿Qué?
-Cubre el último número de la placa con el pie.
Bella tira hacia atrás la pierna derecha tratando de cubrir la placa. Se desliza dos veces.
-No lo logro.
-Déjalo así. ¿Es posible que no sepas hacer nada?
-Se da el caso que nunca he tenido que escapar en una moto. Seguramente hubiera querido evitarlo hoy también.
-¿Preferías que te hubiera dejado en manos de ese policía que quería tu cráneo?-
Edward acelera y gira a la derecha. La rueda de atrás se desliza ligeramente marcándose en el asfalto. Bella se aprieta a él y grita:
-¡Frena!
-¿Estas bromeando? Si ellos me atrapan me quitan la moto.
El carro de la policía se pone detrás de ellos persiguiéndolos en la calle. Edward vuela rápido por la bajada. Ciento treinta, ciento cincuenta, ciento ochenta… se siente la sirena sonar lejos. Se están acercando. Bella piensa lo que le dijo su madre: 'No te atrevas a montarte atrás de ese muchacho. Mira como maneja… es peligroso.' Tiene razón. Las madres siempre tienen razón. Sobre todo la suya.
-Frena. No quiero morir. Ya me lo imagino mañana lo que leeré en los periódicos. Joven chica muere en una persecución con la policía. Frena, te lo pido.
-¿Pero si mueres como vas a leer los periódicos?
-¡Edward pararte! ¡Tengo miedo! Ellos quizás disparen.
Edward acelera de nuevo y se voltea repentinamente a la izquierda. Se meten en una calle que tiene un campo semi desierto. Hay algunas villas con un muro alto y una cerca. Tienen algún segundo. Edward frena.
-Apúrate, baja. Espérame aquí y no te muevas. Te pasó a buscar apenas no los tenga detrás…
Bella baja volando de la moto. Edward sale de nuevo a toda velocidad. Bella se pega al muro cercano de la entrada de la villa, escondiéndose. Justo a tiempo. El carro de la policía pasa justo en ese momento. Pasa rápido frente a la villa y prosigue a perseguir la moto. Bella se tapa las orejas y cierra los ojos para no escuchar el sonido chillón de la sirena. La maquina desaparece lejos, detrás de aquel pequeño farolito rojo. Es la moto de Edward que con las luces apagadas, ahora solo, corre veloz en la oscuridad de la noche.
