Volviiiii :D Les tengo un nuevo capitulo, me encanta, debo decir que es uno de mis favoritos :) Disfrutenloooo ;)


Emmett se para con la moto frente a la residencia de Bella. Rosalie baja y va a donde el portero.

-Hola ¿ha regresado Bella?-

Louis, medio somnoliento, duda un poco a reconocerla.

-Ah, hola Rosalie. No, la vi salir en la moto, pero todavía no ha regresado.

Rosalie regresa donde Emmett:

-Para nada.

-No te preocupes, si esta con Edward está bien. Veras que dentro de un poco estará acá. ¿Quieres que te acompañe?

-No, voy arriba. Quizás esta en problemas y llama a la casa. Mejor que este alguno que pueda responderle.- Emmett prende la moto.

-El primero que sepa algo, llama.

Rosalie lo besa, después se va. Pasa debajo de la barra y se aleja hacia la subida del complejo. Cuando está a mitad del camino se voltea. Emmett la saluda. Rosalie le manda un beso con la mano, después desaparece por la izquierda y sube las escaleras. Emmett mete primera y se aleja. Rosalie alza la alfombra. Las llaves están allí, como acordaron. Tarda un poco encontrando la correcta para la puerta. Sube al primer piso y abre lentamente la puerta. Del corredor llega una voz. La reconoce. Es Alice. Está hablando por teléfono.

-Alice ¿donde están tus padres?

-Rosalie ¿qué haces aquí?

-Responde ¿donde están?

-Salieron.

-¡Bien! Cuelga, rápido. Debes dejar libre el teléfono.

-Pero estoy hablando con Jasper. ¿Y Bella donde esta? Fue a buscarte.

-Por eso debes trancar. Quizás Bella llama. La última vez que la vi estaba en la moto con Edward perseguida por la policía.

-¡No!

-¡Sí!-

-Que asombrosa es mi hermana.

El polvo lentamente desapareció. Nubes densas y grises vuelan en lo alto, en el cielo sin luna. Todo alrededor es silencioso. Ni una luz. Solo un pequeño faro lejano pegado al alto muro de una casa. Bella se pega al muro. La golpea el olor fuerte de fertilizante esparcido en el campo. Una brisa ligerea mueve las hojas de los árboles. Se siente sola y perdida. Esta vez es cierto. Tiene miedo. A la derecha, lejos, siente un galopar de caballos. Sementales perdidos en un campo oscuro. Se dirige hacia el pequeño faro. Camina lenta, a lo largo del muro, con la mano apoyada al mismo, atenta a donde mete los pies, entre pedazos de hierba alta y salvaje. ¿Habrá culebras? Un viejo recuerdo del libro de ciencia la tranquiliza. Las culebras no salen de noche. Pero las ratas sí. Alrededor debe estar lleno. Las ratas muerden. Leyendas urbanas. Recuerda algún amigo de un amigo, que lo mordió una rata. Murió en poco tiempo de Lepto algo. Terrible.

Maldita Rosalie. De repente un sonido a su izquierda. Bella se para. Silencio. Después una rama rota. De golpe algo se mueve veloz hacia ella, corriendo, asomándose entre las ramas. Bella está aterrorizada. La mancha oscura frente a ella deja ver a un gran perro de cabello oscuro. Bella mira el can que avanza veloz ladrando en la noche. Bella se voltea y comienza a correr. Casi resbala con unas piedras. Regresa a correr, arranca en la oscuridad, corriendo al frente, sin ver dónde va. El perro está detrás. Avanza amenazante, gana terreno. Ladra feroz. Bella alcanza la cerca. Hay una fisura en lo alto. Mete la mano, después la otra, al final consigue un apoyo para los pies. Derecha, izquierda y arriba, logra subir. Salta en la oscuridad, evitando por un segundo esos dientes blancos y afilados. El perro termina contra la cerca. Rebota con un golpe sordo. Comienza a correr hacia el frente y atrás ladrando, tratando inútilmente el modo de alcanzar su presa. Bella se alza. Se golpeo las manos y rodillas cayendo hacia delante en la oscuridad. Se metió en algo cálido y suave. Es fango. Se le mete lentamente por toda la chaqueta y los jeans. Sobre las manos adoloridas. Trata de moverse. Las piernas están hundidas hasta la rodilla. El perro corre lejos a lo largo de la cerca. Bella espero que no haya una entrada. Lo puede oír ladrando, ahora más feroz porque no logra alcanzarla. Bueno, mejor este fango que sus mordidas. Después, de repente, un olor acre, ligeramente dulce, le pega de golpe. Acerca la mano sucia a su cara. La huele.

El campo por un momento parece envolverla y hacerla suya. ¡Oh no! ¡Estiércol! El cambio no es tan conveniente.

Rosalie sale a la puerta, la acompaña lento para no dejar que cierre. Después toma las llaves del bolsillo, se inclina, alza el tapete y las pone en el lugar establecido. Bella todavía no ha llamado. Pero al menos así no debe tocar para entrar. En ese momento siente el sonido de un carro. De la curva del patio sale una Mercedes 200. Los padres de Bella. Rosalie deja caer el tapete y se mete en la puerta. Deja que cierre de golpe a su espalda. Corre rápido hacia el corredor.

-Alice rápido, llegaron tus padres.

Alice esta frente al refrigerador, presa del hambre usual de las dos de la madrugada. Pero esta vez deberá ayunar. Dieta forzada. Lanza la puerta del frigorífico. Corre a su cuarto y se encierra dentro. Rosalie entra en el cuarto de Bella y se mete en la cama toda vestida. El corazón le late fuerte. Se pone a escuchar. Siente el sonido del portón del garaje que cierra. Es cosa de minutos. Después en la oscuridad del cuarto ve el uniforme en la silla. Bella lo preparo antes de salir, en caso de no regresar temprano. Como es precisa, pobre Bella.

Esta vez esta en problemas. Si Rosalie supiera donde termino Bella, no perdería la oportunidad de echarle broma. Esta vez esta de verdad metida en la mierda, aun si es de caballo.

Rosalie se sube las sabanas hasta el mentón y se voltea hacia el muro, mientras una llave gira ruidosa el cerrojo de la puerta de la casa.

Edward va por la avenida, supera dos o tres carros, después mete la tercera y acelera. La policía la tiene siempre detrás. Si alcanza la plaza central, lo lograra. Del espejo ve el carro que se acerca peligroso. Dos carros frente a él. Edward acelera. Tercera. La moto chilla al avanzar. Pasa rápido entre las puertas. Una de los dos automóviles frena asustado. El otro continúa su camino en medio de la calle. El conductor, ebrio, no se dio cuenta de nada. La policía siempre a la derecha. Las ruedas suben sonando sobre el borde de la acera. Edward ve la plaza central frente a él. Acelera de nuevo. Corta la calle por la derecha y se dirige a la izquierda. El conductor ebrio frena de golpe. Edward se mete en una pequeña calle frente a la fuente que une otras calles. Pasa en medio de bajas columnas de mármol. La policía frena bloqueada frente a las columnas. No puede pasar. Edward acelera. Lo logro. Los dos policías bajan del carro. Les da solo tiempo de ver una pareja de enamorados y un grupo de chicos que suben veloces sobre la pequeña acera dándole paso a ese loco con la moto de faros apagados.

Edward continúa a correr veloz por un rato. Después mira en el espejo. Detrás de él está todo tranquilo. Solo algún carro lejano. El trafico de la noche. Ya no lo sigue nadie. Prende las luces. Falta solo que lo pararan por eso.

Charlie abre el frigorífico y se sirve un vaso de agua. Reneé va hacia los cuartos de dormir. Antes de ir a dormir siempre les da el beso de las buenas noches a sus hijas, un poco por hábito, pero también para estar segura que han regresado. Esa noche no debían siquiera salir. Pero uno nunca sabe. Es mejor revisar. Entra en el cuarto de Alice. Camina sin hacer ruido, atenta a no tropezar con el tapete. Pone una mano sobre la cama. La otra la apoya en la pared. Después se dobla al frente, lentamente, y con los labios le toca el cachete. Duerme. Reneé se aleja en la punta de sus pies. Cierra lento la puerta. Alice se voltea lentamente. Se alza apoyándose en un codo. Ahora viene lo bueno.

Reneé baja silenciosa la manilla y abre la puerta de Bella. Rosalie está en la cama. Ve el reflejo de luz del corredor que lentamente se plasma alargándose sobre las paredes. El corazón le comienza a latir veloz. Y ahora ¿si me descubren que les cuento? Rosalie se mantiene inmóvil de espaldas, tratando de no respirar. Siente el sonido de un collar: debe ser la mamá de Bella. Rosalie reconoce su perfume. Es ella. Mantiene la respiración, después siente el beso de ella tocándole la cara. Es el beso suave y afectuoso de una madre. Es cierto. Las mamás son todas iguales. Preocupadas y buenas. ¿Pero también para ellas las hijas son idénticas? Espera que sí. Reneé arregla el cubrecama, la tapa delicadamente con el borde de la sabana. Repentinamente se detiene. Rosalie se queda inmóvil, en espera. ¿Descubrió algo? ¿La reconoció? ¿Vio la gran diferencia de sus tonos de cabello? Siente un ligero sonido. Reneé estaba inclinada.

Puede sentir la respiración cálida cerca, demasiado cerca. Después nota los pasos ligeros que se alejan. La débil luz del corredor desaparece. Silencio. Rosalie se gira lentamente. La puerta está cerrada. Finalmente respira. Ya paso.

Se inclina hacia el frente. ¿Porque la mamá de Bella se inclino? ¿Qué estaba haciendo? En la oscuridad del cuarto sus ojos acostumbrados a la penumbra consiguen rápido la respuesta. A los pies de la cama, perfectamente unidas, están las pantuflas de Bella. Reneé las arreglo en su puesto, ordenadamente. Listas para acoger a los pies de su hija en la mañana, cuando aun están calientes de sueño. Rosalie se pregunta si su mamá haría lo mismo. No. Ni lo pensaría. Alguna noche se quedo despierta esperando su beso. Una inútil espera. Su madre y su padre regresaron tarde. Los escucho charlar, pasar frente a su puerta y seguir de largo. Después el sonido. La puerta del cuarto de ellos cerrándose. Y con esa, sus esperanzas desvanecían. Bueno, son madres diferentes. Siente escalofríos extraños por todo el cuerpo. No, no quisiera a Reneé como mamá de todas formas. Después de todo no le gusta su perfume. Es muy dulce.

Edward desemboca en la calle. Llegando frente al portón donde la dejo, frena alzando una nube de polvo. Mira alrededor. Bella no está allí. Suena la bocina. Ninguna respuesta. Apaga la moto. Trata de llamarla.

-Bella.

Nada. Desapareció. Va a encender la moto, cuando siente un movimiento a la derecha. Viene de detrás de la cerca.

-Estoy aquí.

Edward mira entre las tablas de madera oscura.

-¿Donde?

-¡Aquí!- Una pequeña mano blanca sale en un espacio libre entre una tabla y otra.

-¿Pero qué haces ahí atrás?

Edward mira sus grandes ojos marrones. Brillan solitarios sobre su mano, en el espacio. Están iluminados por la débil luz de la luna y parecen asustados.

-Bella, sal de ahí.

-¡No puedo, tengo miedo!

-¿Miedo? ¿De qué?

-Hay un perro enorme ahí atrás, y no tiene cadena.

-¿Pero dónde? Aquí no hay ningún perro.

-Estaba antes.

-Bueno, ahora ya no está.

-Igual no puedo salir.

-¿Y por qué?

-Me da pena.

-¿Pero que te da pena?

-De nada, no quiero decirte.

-¿Te la das de cretina ahora? Bueno, ya me moleste. Ahora enciendo la moto y me voy.

Edward prende la moto. Bella bate las manos entre las tablas.

-¡No, espera!

Edward apaga de nuevo la moto.

-¿Entonces?

-Ya salgo, pero prométeme que no te reirás.

Edward mira hacia esos ojos marrones, después se pone la mano derecha en el corazón.

-Lo prometo.

-Lo prometiste, ¿no?

-Sí, ya te lo dije…

-¿Seguro?

-Seguro.

Bella mete las manos entre las fisuras, preocupada que ninguna astilla la lastime. Un 'Ay' ahogado. Edward sonríe. No fue tan cuidadosa después de todo. Bella está en la cima de la reja, se desliza y comienza a bajar. Al final da un salto. Edward gira el manubrio de la moto hacia ella iluminándola con el faro.

-¿Pero qué hiciste?

-Para escapar del perro tuve que saltar la cerca y me caí.

-¿Te ensuciaste toda de fango?

-Quizás… es estiércol.

Edward arranca a reír.

-Dios mío, estiércol… no, no es posible. No puedo.

No logra parar la risa.

-Me dijiste que no te reirías. Lo prometiste.

-Sí, pero esto es demasiado. ¡Estiércol! No puedo creerlo. Tú en el estiércol. Es muy bello. ¡Es lo máximo!

-Yo sabía que no me podía confiar. Tus promesas no valen nada.

Bella se acerca a la moto. Edward deja de reír.

-¡Para! Quieta. ¿Qué haces?

-¿Como que hago? Subo.

-¿Pero que, estás loca? ¿Quieres subir en mi moto así?

-Claro, sino que hago ¿me desnudo?

-Ah, no sé. Pero sobre mi moto así de sucia no subes. ¡Menos con estiércol!- Edward comienza a reír de nuevo. -Es que no puedo…

Bella lo mira exhausta.

-¿Pero que, estas bromeando?

-Absolutamente no. Si quieres te doy mi chaqueta y así te cubres. Pero quítate esa ropa de encima. Si no, juro que detrás de mi no subes.

Bella suspira. Esta enloquecida por la rabia. Lo supera pasándole cerca. Edward se tapa la nariz, exagerando.

-Dios… es insoportable…

Bella le da un golpe, después va detrás de la moto, cerca del faro trasero.

-Mira, Edward. Te juro que si mientras me desnudo tú te volteas, te salto encima con todo el estiércol que tengo.

Edward se mantiene mirando hacia el frente.

-De acuerdo. Avísame cuando te deba pasar la chaqueta.

-Mira que lo digo en serio. No soy como tú. Yo si mantengo mis promesas.

Bella revisa una última vez que Edward no se voltee, después se quita el suéter lentamente, teniendo cuidado a no ensuciarse. Debajo no tiene casi nada. Se arrepiente de no haberse puesto una camiseta por haberse vestido tan rápido. Mira de nuevo a Edward.

-¡No te voltees!-

-¿Y quién se está moviendo?

Bella se dobla hacia delante. Se quita los zapatos. Basta un momento. Edward es rapidísimo. Ajusta el espejo lateral izquierdo inclinándolo hacia ella, cuadrando su imagen. Bella se alza de nuevo. No se dio cuenta de nada. Lo mira de nuevo. Bien. No se ha volteado. En realidad Edward, sin ser visto, la está mirando. Esta reflejada en su espejo. Tiene un sostén de encaje transparente y la piel de gallina por todos los dos brazos. Edward sonríe.

-¿Te quieres mover? ¿Cuánto falta?

-¡Casi termino, pero no te voltees!

-Te dije que no lo haré, deja el sermón, apúrate.

Bella se desabotona los jeans. Después, lentamente, tratando de ensuciarse lo menos posible, se dobla de frente acompañándolos hasta los pies, ahora desnudos sobre ese frío asfalto lleno de polvo. Edward inclina abajo el espejo siguiéndola con la mirada. Los jeans bajan lentamente mostrando sus piernas lisas y pálidas en esa pobre luz nocturna.

-Podrías dedicarte a ser stripper…

Bella se gira de golpe. Sus ojos iluminados por el débil faro rojo encuentran la mirada divertida de Edward que sonríe malicioso por el espejo.

-Nunca me voltee, ¿no?

Bella se libera rápida de los jeans y salta detrás de él sobre la moto en ropa intima.

-¡Horrible infame, eres un bastardo! ¡Un puerco!- Lo llena de puños. Sobre los hombros, en el cuello, en la espalda, en la cabeza. Edward se dobla hacia delante tratando de alejarse como pueda.

-¡Ay, basta! ¿Qué hice de malo? Solo di una miradita, nunca me voltee ¿no? Mantuve mi palabra… ¡Ay! Mira qué sino no te doy la chaqueta.

-¿Qué? ¿No me la darás? Entonces yo agarro mis jeans y te los planto en tu cara ¿quieres ver?

Bella comienza a quitarle la chaqueta por las mangas.

-Está bien. Está bien. ¡Basta! Cálmate. No le hagas así. Eso, ya te lo doy.

Edward se lo deja quitar. Después prende la moto. Bella le da un último golpe.

-¡Puerco!- Después se pone veloz la chaqueta tratando de cubrirse lo más posible. Los resultados son escasos. Las dos piernas se mantienen afuera, incluido el borde de las bragas.

-Hey… ¿sabes que no estás para nada mal? Deberías lavarte un poco más seguido… pero tienes de verdad un lindo culo… en serio.

Ella trata de golpearlo en la cabeza. Edward baja de golpe riendo. Mete primera y parte. Después hace como si estuviera oliendo el aire.

-Hey ¿pero no hueles ese olor extraño?

-¡Cretino! ¡Maneja!

-Parece estiércol…

En ese momento de un arbusto a la derecha, un poco más adelante, sale el perro. Corre hacia ellos ladrando. Edward lo alumbra con la moto. El perro se mantiene por un momento mareado por el faro. Sus ojos rojos brillan rabiosos en la noche. Los dientes aparecen chillando, blancos y afilados.

Basta solo ese momento. Edward acelera hacia delante. El perro sale rápido tras ellos. Toca por un pelo la moto saltando de lado con la boca abierta. Bella grita. Sube las piernas desnudas y se aguanta con fuerza a Edward abrazándolo por la cintura con ellas. El perro le falla por un segundo. La moto acelera. Primera. Segunda. Tercera. Acelerando al máximo. Se aleja en la noche. El perro la persigue con rabia. Después, lentamente pierde terreno. Al final se para y se queda ladrando a lo lejos. Al rato viene lentamente envuelto de una nube de polvo y desaparece así como apareció. La moto continua su carrera en el húmedo frío de los campos verdes. Bella todavía tiene las piernas agarradas a la cintura de Edward. Lentamente la moto baja la velocidad. Edward le acaricia la pierna.

-Por un pelo, ¿no? ¡Sino después estas bellas cosas iban a ver un feo final! Era cierta entonces la historia del perro…

Bella le quita la mano de la pierna y la hace caer de lado.

-No me toques.- Se echa hacia atrás en la silla, metiendo los pies de nuevo abajo y se cierra la chaqueta. Edward le pone de nuevo la mano en la pierna. -¡Te dije que no me tocaras con esa mano!- Bella se la quita. Edward sonríe y cambia de mano. Bella le quita también la mano derecha.

-¿Ni con esta puedo?

-¡No sé que es peor, el perro que corría detrás o el puerco que tengo adelante!

Edward ríe, agita la cabeza y acelera.

Bella cierra la chaqueta. ¡Qué frío! ¡Qué velada! ¡Qué alboroto! Maldita Rosalie. Vuelan en la noche. Al final llegan sanos y salvos a su complejo. Edward se para frente a la barra. Bella se voltea hace frío. Lo saluda. El portero la reconoce y alza la barra. La moto pasa, sin esperar que la barra termine su recorrido hacia lo alto. Louis no puede hacer menos que echar un ojo a las bellas piernas de Bella que salen friolentas de debajo de la chaqueta. Qué cosas le toca ver. En sus tiempos, ninguna chica salía con minifaldas de ese tipo. Bella ve la cerradura del garaje pasada. Los suyos ya habían regresado. Un peligro menos. ¿Qué cosa les podría inventar si la hubieran atrapado en ese momento en la moto detrás de Edward y sobretodo en ropa intima? Prefiere no pensarlo, no tiene tanta imaginación. Baja de la moto. Trata de cubrirse lo más que puede con la chaqueta. Nada que hacer. Todavía deja entrever el borde de las bragas.

-Bueno, gracias por todo. Escucha, la chaqueta te la lanzo desde la ventana.

Edward le mira las piernas. Bella la baja un poco, logra que la cubra un poco mas pero el resultado es todavía escaso. Edward sonríe.

-Quizás nos veamos alguna otra vez. Veo que tienes argumentos muy interesantes.

-Ya te dije que eres un puerco, ¿verdad?

-Sí, me parece que si… entonces te vengo a buscar mañana en la noche.

-No creo que pueda. No lograría pasar otra velada como esta.

-¿Porque, no te divertiste?

-¡Muchísimo! Yo siempre hago de groupie, cada noche. Me dejo perseguir por la policía un poco, bajo volando en medio de un campo perdido, me dejo arrinconar por un perro rabioso y para terminar, me lanzo en el estiércol. Nado un poco ahí y después regreso a mi casa en ropa interior.

-Con mi chaqueta encima.

-Ah claro… lo olvidaba.

-Y sobre todo no me has dicho una cosa…

-¿Qué cosa?

-Que hiciste todo eso conmigo.

Bella lo mira. Que tipo. Tiene una sonrisa bellísima. Lástima que este tan mal. Se refiere a su carácter. Acerca del físico no tiene nada que decir. Ella decide sonreírle. No es un gran esfuerzo del todo.

-Sí, tienes razón. Bueno, me despido.

Bella hace para irse. Edward le agarra la mano. Esta vez con dulzura. Bella se resiste un poco, pero después se deja llevar. Edward la lleva hacia él, acercándola a la moto. La mira. Tiene los cabellos largos, despeinados, llevados hacia atrás por el frío viento de la noche. Su piel es blanca, helada. Los ojos intensos, buenos. Es hermosa. Edward deja deslizar una mano debajo de la chaqueta. Bella abre más los ojos, ligeramente asustada, emocionada. Siente su mano subir, extrañamente no la siente fría. Por lo alto de la espalda. Se para en la cerradura del sostén. Bella lleva veloz su mano hacia detrás. Se la quita de encima. Edward le sonríe.

-¿Eres una buena groupie sabes? Eres valiente, mucho. Es cierto que no me tienes miedo. ¿Me denunciaras?

Bella asiente.

-Si.- Susurra.

-¿En serio?

Bella vuelve a asentir con la cabeza. Edward la besa en el cuello, muchas veces, delicadamente.

-¿Lo juras?

Bella asiente de nuevo, después cierra los ojos. Edward continúa a besarla. Va a la cara, le toca las mejillas frescas, las orejas frías. Un soplo cálido y provocante le da un escalofrío más abajo. Edward se le acerca al borde rosado de los labios. Bella suspira temblante. Después abre la boca, lista a aceptar su beso. En ese momento, Edward se separa. Bella se mantiene un momento así, con la boca abierta, los ojos cerrados, soñadores. Después los abre de repente. Edward está frente a ella con los brazos cruzados. Sonríe. Niega con la cabeza.

-Ay Bella, Bella. Así no va. Soy un puerco, un animal, una bestia, un violento. Dices, dices, pero a la final siempre quedas conmigo… y te hubieras dejado besar. ¿Viste como haces? ¡Eres incoherente!

Bella se vuelve roja de la rabia.

-¡Eres de verdad un estúpido!

Comienza a golpearlo con una descarga de puños. Edward trata de protegerse mientras ríe.

-¿Sabes que me recordaste antes? Un pez rojo que tenía cuando era pequeño. Estabas ahí con la boca abierta, igual que él cuando le cambiaba el agua y se me salía afuera en el lavandero…- Bella lo centra con una cachetada.

-¡Ayyy!- Edward se toca la mejilla divertido. -Mira que estás equivocada, con la violencia no se obtiene nada. ¡Lo dices siempre tú! No es que si me golpeas te beso. Quizás lo haría, si me prometieras que no me denunciaras

-Yo te denuncio como sea. ¡Veras! Terminaras en la cárcel, te lo juro.

-Ya te dije que no debes jurar… en la vida nunca se puede decir…

Bella se aleja veloz. La chaqueta le sube descubriendo un buen trasero cubierto por pequeñas bragas claras. Trata de cubrirse como puede mientras mete la llame equivocada en la cerradura.

-Hey, la chaqueta la quiero ahora.

Bella lo mira con rabia. Se quita la chaqueta y lo lanza al suelo. Se queda en sostén y bragas, en el frío, con lágrimas en los ojos. Edward la mira complacido. Tiene un hermoso físico. Recoge la chaqueta y se la coloca. Bella maldice esas llaves. ¿Donde termino esa del portón? Edward se prende un cigarrillo. Quizás ha hecho mal en no besarla. Bueno, será para otra vez. Bella finalmente adivina la llave, abre el portón y entra. Edward va detrás de ella.

-Pecesito ¿no me vas a dar el beso de las buenas noches?

Bella le lanza el portón en la cara. A través del vidrio, Edward no puede escuchar lo que dice, pero lo lee fácilmente en sus labios. Le aconseja, mejor dicho, le ordena de ir a lavarse cierta parte. Edward la mira alejarse. Claro, si ese lugar sería tan bello como el que tiene ella, no le molestaría hacerlo.

Bella abre lentamente la puerta de la casa, entra y la cierra sin hacer ruido. Camina en la punta de los pies en el corredor y se mete en su cuarto. ¡Está a salvo! Rosalie prende la pequeña luz de la mesita de noche.

-¡Bella eres tú! ¡Menos mal, estaba tan preocupada! ¿Pero qué haces así sucia? ¿Te desnudo Edward?

Bella agarra la camisa de noche de la gaveta.

-¡Termine en el estiércol!

Rosalie huele el aire.

-Es cierto, se siente. No sabes qué miedo tuve cuando vi esa moto cayendo. Por un momento pensé que habías sido tú. Eres increíble. En serio. Les enseñamos a esas dos gafas. Hey, ¿y que le paso a mi correa?

Bella le da una mirada fría.

-Rosalie, no quiero escuchar más de correas, de groupies, de Emmett, de carreras y de historias de este tipo. ¿Claro? Es mejor para ti si te callas, sino te tiro fuera de mi cama a patadas y te hago dormir en el suelo. Mejor, ¡te saco de la casa!

-¡No te atreverías!

-¿Quieres probar?

Rosalie la mira. Decide que no es el momento de ponerla a prueba. Bella va hacia el baño.

-Bella.

-¿Qué pasa?

-Di la verdad. Te divertiste bastante con Ed, ¿no?

Bella suspira. Nada que hacer, es irreparable.

Edward sube el portón, atraviesa el jardín sin hacer sonido. Después se acerca a la ventana. La cerradura fue alzada. Quizás no ha regresado todavía. Toca con los dedos el vidrio. Las cortinas claras se abren. En la oscuridad aparece la cara sonriente de Lauren. Deja ir las cortinas y abre rápido la ventana.

-Hola ¿qué andabas haciendo?

-Me persiguió la policía.

-¿Todo bien?

-Sí, todo está bien. Espero que no hayan agarrado la placa.

-¿Apagaste las luces?

-Claro.

Lauren se aleja. Edward escala ágilmente el muro y entra en su cuarto.

-Ve lento. Mis papás regresaron hace rato.

Lauren cierra la puerta con llave, después salta en su cama y se mete bajo las sabanas.

-Brrr… ¡que frío hace!- Le sonríe. Se quita la camisa de noche por la cabeza y la deja caer a los pies de Edward. La débil luz de la luna entra por la ventana. Sus pequeños senos perfectos se ven claros en la oscuridad. Edward se quita la chaqueta. Por un momento le parece oler el aroma del campo. Es extraño, le parece que está mezclado a un perfume extraño. No le hace mucho caso. Se desnuda y entra en la cama. Se acuesta cerca de ella. Lauren lo abraza fuerte. Edward desliza rápido la mano, le acaricia la espalda, las caderas. Se para entre sus piernas. Lauren suspira a su toque y lo besa. Edward pone sus piernas entre las suyas. Lauren lo para. Se acerca a la mesita de noche. Busca tocando el stereo. Presiona REW. Está regresando una cinta. Un sonido seco le avisa que llego al principio. Lauren presiona PLAY.

-Listo.

Regresa entre sus brazos.

-Así mejor.- Lo besa con pasión. De la cinta del stereo salen bajas las notas de la canción 'Me casare contigo porque'. La voz de Eros acompaña dulcemente sus suspiros.

Es cierto, quizás ella es la mujer más adecuada para él. Lauren sonríe.

Susurra entre el fresco rumor de las sabanas:

-Esta es una de las veces en las cuales es mejor saber moverse, ¿cierto?

-Cierto.

Edward le besa un pecho. Esta seguro. Lauren es la mujer más adecuada para él. Después, de repente, se acuerda de ese extraño perfume que tenía la chaqueta. Es perfume Caronne. Se acuerda también a quien pertenece. Por un momento, en la oscuridad de ese cuarto, ya no esta tan seguro.


Esto me encantaaa! jajaja no se porque, creo que es porque ambos se empiezan a dar cuenta de lo que sienten :) Me muero de ansias por mostrarles el siguiente capitulo ;) jajajajaja Nos vemos!