Siguen leyendo? dejenme sus reviews es que así me doy cuenta de quien lee y quien no, pienso que nadie lo ve.. Aquí les dejo otro capitulo..


Un sonido insistente. El despertador.

Rosalie lo apaga. Se desliza fuera de la cama sin hacer ruido y se viste. Mira a Bella. Apenas se movió y duerme todavía tranquila boca arriba. Rosalie se acerca al pequeño estante de madera pegado al muro. U2, All Saints, Robbie Williams, Elisa, Tiziano Ferro, Cremonini, Madonna. Quiere algo especial. Ahí está. Controla el volumen y lo baja. Apenas toca la tecla play. Alex Britti dulcemente comienza a cantar. El volumen es justo. Bella abre los ojos. Se voltea sobre la almohada terminando boca abajo. Rosalie le sonríe.

-Hola.

Bella se voltea de la otra parte. Su voz llega un poco ahogada.

-¿Qué hora es?

-Siete menos cinco.

Rosalie se le acerca y la besa en una mejilla.

-¿Paz?

-Mínimo quiero un cruasán de chocolate.

-No hay tiempo, dentro de poco mi mama estará aquí, debo ir a hacerme el análisis.

-Entonces no hay paz.

-Anoche fuiste de verdad increíble.

-Ya te dije que no quería escuchar nada más sobre eso.

Rosalie alarga los brazos.

-Okey, como quieras. ¿Hey, que cosa le digo a tu madre si la encuentro mientras salgo?

-Buenos días.

Bella le sonríe y se echa encima el cubrecama. Rosalie agarra el morral con el cuaderno y se lo pone en la espalda. Esta feliz, hicieron las paces. Bella es muy buena, y ahora también es una groupie.

Rosalie cierra lento la puerta detrás de ella, atraviesa en la punta de los pies el corredor. La puerta de la casa todavía está cerrada con llave. Abre la cerradura, y justo cuando va a salir siente una voz detrás de ella.

-¡Rosalie!

Es Reneé, en un pijama rosa, la cara sin maquillar, ligeramente hinchado y sobretodo somnoliento. Rosalie decide seguir el consejo de Bella y con un:

-Buenos días señora- se va hacia las escaleras.

Sale por el portón. Su mamá no ha llegado todavía. Se sienta en un muro mientras espera. El sol sale frente a ella, la gasolinera levanta las cadenas de las bombas, algunos señores salen rápidos del kiosco de periódicos frente, llevándose bajo el brazo el peso de noticias más o menos catastróficas.

En la luz del día no le quedan dudas. No quisiera a Reneé como madre, absolutamente, aun si es más puntual que la suya.

Bella entra en el baño. Encuentra su cara en el espejo. No es de las mejores. Hacer la groupie no te hacer ser más bonita, al menos no a ella. Abre el agua fría, la deja correr por un momento, después se lava con fuerza la cara.

Alice aparece detrás de ella.

-¡Cuéntame todo! ¿Cómo te fue? ¿Cómo es la Serra? ¿Es de verdad tan divertida como dicen? ¿Encontraste alguna amiga mía?

Bella abre el tubo de la pasta de dientes, comienza a empujarlo desde el fondo tratando de hacer el doblez que Alice le hizo justo a la mitad.

-Es una idiotez. Un grupo de idiotas que arriesga inútilmente la vida y cada tanto alguno la pierden.

-Sí ¿pero hay tanta gente? ¿Qué hacen? ¿Dónde se va después? ¿Has visto a las groupies? Que valentía ¿no? ¡Yo nunca podría ser una!-

-Yo lo fui…

-¿En serio? ¿Fuiste una groupie? ¡Guau! Mi hermana es una groupie.

-Oh, no es así gran cosa, te aseguro, y ahora déjame prepararme.

-¡Siempre haces así! Contigo no hay satisfacción. ¿Qué ventaja hay de tener una hermana mayor si no te cuenta nada? ¡Igual ya hemos decidido Jasper y yo que la próxima semana vamos nosotros! ¡Y si quiero, también hago de groupie!- Alice sale del baño. Bella sonríe a sí misma, termina de lavarse los dientes y agarra el cepillo. Nada que hacer. Alice se ha vengado a distancia. Algunos largos cabellos negros están pegados inmovibles y enredados en el cepillo. Bella los recoge con la mano y los bota en el inodoro. Después baja el agua y comienza a peinarse.

Alice aparece detrás de la puerta.

-¿Donde metiste los zapatos que te preste anoche?

-Los boté.

-¿Como que los botaste? ¿Mis zapatos nuevos…?

-Escuchaste bien, los boté. Terminaron en estiércol y estaban arruinados, los tuve que botar. También porque sino Edward no me traía a la casa.

-¿Terminaste en estiércol y después Ed te trajo acá? ¿Y cuando fuiste la groupie?

-Antes.

-¿Detrás de Ed?

-No.

Alice con los pies desnudos sigue a Bella hasta su cuarto.

-Bueno Bella ¿me cuentas como fue todo?

-Escucha Ali, hagamos un pacto, si tú de hoy en adelante limpias el cepillo después de que te peines, yo dentro de unos días te cuento todo. ¿Está bien?

Alice bufa.

-De acuerdo.

Después regresa a su cuarto. Bella se pone el uniforme. No le contaría nunca, lo sabe. Alice quizás habría limpiado el cepillo por los primeros días y después se le olvidaría. Es más ingeniosa que ella.

Reneé entra al cuarto de Bella.

-¿Rosalie durmió aquí?

-Si mamá.

-¿Y dónde?

-En mi cama.

-¿Pero cómo es posible? Cuando yo vine anoche a besarte estabas solo tú.

-Llego mas tarde. No podía estar en su casa porque la mamá hacia una cena.

-¿Y dónde estaba antes?

-No lo sé.

-Bella, no quiero ser responsable también de ella. Piensa que le hubiera sucedido algo y su madre supiera que estaba en otro lado en vez de acá…

-Tienes razón mamá.

-La próxima vez que ella venga a dormir quiero saberlo con tiempo.

-Pero yo te lo dije, antes de que tú salieras anoche, ¿no recuerdas?

Reneé se para un momento a pensar.

-No, no lo recuerdo.

Bella le sonríe ingenuamente como diciendo 'y yo que puedo hacer'. De igual forma sabe perfectamente que no lo podría recordar. Nunca se lo dijo.

-No quisiera nunca tener por hija a una como Rosalie. Siempre saliendo de noche haciendo quien sabe que. No me gusta esa chica, terminara mal, veras.

-Pero mama, ella no hace nada malo, le gusta divertirse pero te aseguro que es buena.

-Lo sé, pero te prefiero a ti.

Reneé le sonríe y la acaricia la quijada, después sale del cuarto. Bella sonríe. Sabe como engañarla. Lleva ya un tiempo diciéndole muchas mentiras. Decide que debería dejar de hacerlo. Pobre Rosalie, aun cuando no tiene nada que ver resulta culpable. Decide perdonarla. Claro, hay que resolver el problema de Emmett, aunque todo a su tiempo. Se mete la falda. Se para frente al espejo, se lleva el cabello hacia atrás, descubriendo su cara y lo aguanta con dos pequeños ganchos laterales. Se mantiene así, mirándose, mientras la canción -Ladron Feliz- sale del stereo. Bella se acuerda de cuanto se parece a su madre. No, aun si supiera todo lo que ella había hecho, Reneé no la cambiaría nunca por Rosalie, tienen muchas cosas similares entre ellas. Uno de esos raros casos donde, sin saberlo, todos están de acuerdo.

El sol se filtra alegre por la ventana de la cocina. Bella termina de comer sus biscochos integrales y bebe la última gota de café que dejo en la taza. Alice cava hasta el fondo. Su cucharilla se agita nerviosa en la caja plástica del pequeño biscocho, tratando de agarrar hasta el último pedazo de chocolate escondido. Reneé ha comprado casi todo lo que le escribieron en la lista. Charlie está feliz. Quizás por un horóscopo positivo, de seguro es por el anhelado café, que finalmente logro beber. También se ha ahorrado de comprar una cafetera grande.

-Bella, hoy es un día bellísimo. Hay mucho sol afuera… no debe hacer mucho frío. Hable antes con tu mamá y estamos de acuerdo. Aun si te pusieron la nota y eso… ¿hoy pueden ir a la escuela en moto!

-Gracias papá, eres muy bueno. Pero sabes, después de lo que hablamos el otro día pensé bien, y quizás tienes razón. Por la mañana ir juntos tú, Alice y yo se volvió casi un ritual, un amuleto de suerte. Y también es un buen momento: podemos hablar de todo, comenzar juntos el día. Es mejor así, ¿no?

Alice no cree lo que está escuchando.

-Bella, disculpa, vayamos en moto. Con papa hablamos siempre, podemos estar en las noches durante la cena, la mañana del domingo.

Bella le agarra el brazo apretándolo con mucha fuerza.

-Pero Ali, es mejor así, en serio, vayamos con él.

Se lo aprieta de nuevo.

-Recuerda que te dije anoche, no me siento bien. Desde la próxima semana quizás iremos en moto, que hará aun más calor.- Esta última indirecta no le deja más dudas. Es un mensaje. Alice es una chica intuitiva, más o menos.

-Si papa, Bella tiene razón ¡vamos contigo!

Charlie bebe feliz el último trago del café. Es bello tener dos hijas así. No pasa todo el tiempo sentirse así de querido.

-Bien muchachas, entonces salgamos, sino se hace tarde la escuela.- Charlie va en el garaje a agarrar el carro mientras Bella y Alice se paraban frente al portón a esperarlo.

-¡Lograste entender, finalmente! ¿Acaso tenía que partirte el brazo?

-Me lo podías decir antes, ¿no?

-¿Que iba a saber yo que justamente hoy nos dan el permiso de ir en moto?

-¿Pero porque no la quieres usar?

-Fácil, porque no está.

-¿No está la moto? ¿Y donde esta? ¿Pero no saliste con ella anoche?

-Si.

-¿Entonces? ¿Terminaste en el estiércol con la Moto y la dejaste botada también?

-No, la deje en la Serra y cuando regresamos no estaba.

-¡No te creo!

-Créelo.

-¡No lo quiero creer! Mi moto.

-Si es por eso, a mi fue que la regalaron.

-Sí, ¿pero quien la mando a arreglar? ¿Quien le cambio unas partes? El próximo año papa y mama te comprarían el carro y seria mía. No lo puedo creer.

Charlie se para ahí enfrente. Baja la ventanilla eléctrica.

-Bella, ¿donde está la moto? No está en el garaje.

Alice cierra los ojos.

-Nada papa, la metí detrás por el patio. Te da tanto fastidio cuando sales. Pienso que esta mejor dejarla afuera.

-Bromeas, métela rápido adentro. ¿Y si te la roban? Mira que tu mamá y yo no tenemos intención de comprártela de nuevo. Apúrate y métela adentro. Toma, estas son las llaves.

Alice se monta detrás mientras Bella se aleja hacia el garaje fingiendo de buscar en el mazo la llave correcta. Al llegar al patio Bella se pone a pensar. ¿Y ahora qué hago? Al menos esta noche debo tener la moto. Si no, debo conseguir otra solución. Maldición Rosalie, es ella que me puso en este enredo, y es ella la que me debe sacar. Bella siente el sonido del Mercedes que llega en retroceso. Corre hacia el garaje. Se inclina sobre la cerradura. Apenas a tiempo. El Mercedes sale por la esquina y se detiene frente a ella. Bella pretende que está cerrando el garaje y se dirige sonriente al carro.

-Listo, la puse en su lugar.- Bella logro que le saliera bien, pero quizás es mejor conseguir la moto lo más rápido que pudiera. Mientras sube al carro se siente observada. Mira arriba. Tiene razón.

El chico que vive en el segundo piso esta extrañado. Debe haber visto todo. En realidad, no ha visto nada, y es por eso que tiene una actitud perpleja. Ella le sonríe tratando de relajarlo. El intercambia la sonrisa, pero entiende perfectamente que hay algo que no está claro.

El Mercedes se aleja. Bella regresan las llaves al padre y le sonríe.

-¿La pegaste bien al muro?-

-Pegadísima. No te puede fastidiar.- Bella se voltea hacia Alice. Esta sentada con los brazos cruzados. Esta molesta.

-¡Anda Alice, vamos la próxima semana a la escuela con la moto!

-Espero que sea así.

El auto se para a la salida del complejo frente a la barra que lentamente comienza a alzarse. Charlie saluda al portero que le hace la señal de pararse un momento. Sale de la vigilancia con un paquete en la mano.

-Buenos días doctor, disculpe, dejaron este paquete para Bella.

Bella lo agarra curiosa. El auto marcha dulcemente, mientras la ventanilla se cierra. Alice se inclina hacia delante, llevada por la curiosidad. También Charlie echa una ojeada para ver que es.

Bella sonríe.

-¿Quien quiere un pedazo? Es un cruasán de chocolate.

Bella agarra el cruasán y comienza a comerlo.

-¿Papá?- Charlie niega con la cabeza.

-¿Ali?

-No, gracias.- Quizás esperaba que en ese paquete hubieran noticias de la moto de 'ellas'.

-Mejor así, me lo como todo yo. No saben que se pierden…- Rosalie de verdad es un tesoro, sabe siempre como hacerse perdonar. Ahora debe solo encontrar la moto antes de las ocho.

En la entrada de la escuela las chicas charlan alegres esperando el sonido de la campana. Bella y Alice bajan del carro y saludan al padre. El Mercedes se aleja en el tráfico. Rápido un grupo de chicas corren hacia ellas.

-¿Bella, es cierto que ayer fuiste a la Serra e hiciste la groupie?-

-¿Es cierto que huiste fugando de la policía?-

-¿Un policía te agarro por los cabellos, Ed lo golpeo y escaparon en su moto?-

-¿Es cierto que murieron dos muchachos?- Alice escucha incrédula. La moto no fue sacrificada inútilmente. Aquella es la verdadera gloria. Bella no cree lo que escuchan sus orejas. ¿Como hacen para saber todo? No completamente todo. La historia del estiércol, por suerte, permaneció secreta. El sonido de la campana la salva.

Mientras sube las escaleras, responde vagamente a algunas preguntas de las amigas más simpáticas. Aquel día es una celebridad. Alice la saluda con afecto.

-¡Chao Bella, nos vemos en el receso!- Increíble. Desde que van a la escuela nunca se lo había dicho. Mira a Alice alejarse rodeada de algunas amigas. Todas le caminan alrededor haciéndole miles preguntas. También ella esta regocijándose de su momento de notoriedad. Es justo, al final ella le había botado sus zapatos. Espera solo que no cuente acerca del estiércol.

Un joven pastor que viene de una parroquia cercana se sienta en la cátedra. Es la primera hora, la de religión. La diversión preferida de todas es meterlo en dificultad con preguntas acerca del sexo y relaciones prematrimoniales. Narran desinhibidas ejemplos precisos y hechos sucedidos a tremendas y fantasmales amigas, que casi siempre, son ellas mismas. Prácticamente, esa hora de religión se transformo en una verdadera hora de educación sexual, la única materia en la cual todo el salón habría tenido la suficiencia completa.

El pastor trata de esquivar una pregunta bien precisa acerca de su vida privada antes de tomar los votos. Abre la Biblia cortando así el gran interés que se genero alrededor de sus improbables pecados. Bella revisa el diario. La próxima hora es griego.

La Sra. Evans interroga. Está por cerrar el último trimestre antes de los exámenes de aptitud. Al terminar las materias no habría más interrogaciones. Revisa las marcas que tiene. Faltan solo tres para completar el ciclo. Quienes serian las 'afortunadas'. Bella lee los nombres. Esta de nuevo Victoria Marshall. Pobrecita, bella semana que le ha tocado. Bella se voltea hacia ella. Esta con las manos en las mejillas y mira al frente. Bella la llama con un susurro. Victoria se da cuenta.

-¿Qué pasa?

-Pendiente que hoy la Sra. Evans te interroga en griego.

-Lo sé.- Victoria le sonríe, después mueve de la espalda de la compañera de frente el libro que ha apoyado en ella. El de gramática griega. -Estoy repasando.

Bella le sonríe. Para lo que le serviría de todas formas. Quizás era mejor si hubiera prestado atención a religión. En realidad, solo un milagro la salvaría. La campana suena. El joven pastor se aleja. Lleva consigo un maletín de piel suave oscura y también unas últimas dudas. Su forma de caminar es una sincera confesión. Si de joven ha cometido pecados, ellas, las chicas en general, no tuvieron la culpa.

-¡Hola Bella!

-Rosalie ¿como estas?

Rosalie pone el morral sobre el pupitre de Bella.

-¡Bien, con un litro de sangre menos!

-Es cierto. ¿Cómo te fue en los análisis?

Rosalie se arremanga la camisa azul del uniforme mostrando su pálido brazo.

-¡Mira aquí!- Le indica una inyección de la punta ligeramente enrojecida de sangre. -Esto no es nada. No sabes cuánto tardo ese medico para conseguirme la vena. Dos horas. Me ha pinchado todo alrededor y mas puyas bajo el brazo, decía el que para hacer salir la vena. Según yo, solo para hacerme mal, me odia. Siempre me ha odiado ese doctor. Después comenzó a decir que no iba a parar nunca. Clásico, para no hacerme pensar en la inyección. ¡Me dice que tengo venas reales, la sangre azul, que debo ser una princesa! ¡Y después ya! Me mete completamente esa aguja en el brazo. Pero yo le hice ver quien era la princesa. Le dispare un 'Hijo de puta'…

-¡Rosalie!

-Eres más gentil. Mi mamá me dio una cachetada en la boca. No sé quien me lastimo más, ella o el doctor que odio. Cuando tienes miedo del dolor físico solo quieres silencio alrededor de ti, pero ellos nunca lo entienden. Imagínate que cuando estábamos saliendo se la dio de chistoso con mi madre.- Rosalie imita el tono. -Una cosa es segura señora, con estas venas su hija difícilmente se podrá drogar.- Pésimo, me dio ganas de vomitar. La única cosa positiva de todo esto fue que después, mi madre me llevo a desayunar. ¡Me comí un pastel fabuloso! Por cierto ¿recibiste mi paquete?

-¡Sí, gracias!

-No, porque ese portero tuyo tiene la cara de uno que siempre debe saber lo que hay en los paquetes que dejas. Es peor que una máquina de rayos x… se ve que todavía estoy alborotada por los análisis, ¿no?

-Bastante.

-¿Entonces no se comió tu cruasán?

-No.- Dice Bella sonriendo.

-¿Me perdonaste?

-Casi.

-¿Como que casi? ¿Que, debo dejarte dos?

-No, debes conseguirme mi moto antes de las ocho.

-¿Tu moto? ¿Y cómo hago? Quien sabe donde termino. ¿Quién la tiene? ¿Quien la agarro? ¿Cómo se yo?-

-¿Qué se yo? Tú siempre sabes todo. Estás bien metida en el ambiente. Eres la

'mujer' de Emmett. Una cosa es segura, cuando mi papá llegue esta noche a las ocho, la moto debe estar en el garaje…

-¡Hale!- La Sra. Evans está en la puerta. -Vaya a su puesto, por favor.

-Sí, discúlpeme profesora, estaba preguntando que habían hecho en la hora de religión.

-Lo dudo… igual vaya a sentarse.- La Sra. Evans va a la cátedra. Rosalie agarra el morral. Bella la detiene.

-Tengo una idea. No se necesita conseguir mi moto, al menos no tan rápido.-

Rosalie sonríe.

-Menos mal. ¡Era imposible! ¿Pero como haremos? ¿Cuando tu padre regrese y no consiga la moto que dirás?

-Mi papa si conseguirá la Moto en el garaje.

-¿Y cómo?-

-Fácil, pondremos la tuya.

-¿Mi moto?

-Claro, para mi papa son idénticas. Nunca se dará cuenta.

-Pero y yo como…

-¡Hale!

Rosalie no da tiempo para responder.

-Esta lección de religión debe haber sido interesantísima. Venga mientras tanto y déjeme ver la justificación.- Rosalie se pone el bolso y le da una última mirada a Bella.

-Hablamos después.

Rosalie va a la cátedra. Saca afuera el diario y lo abre en la página de justificaciones. La Sra. Evans se lo quita de las manos. Lo lee y lo firma.

-Está bien, te hiciste análisis, ¿no? A usted le deberían hacer una transfusión de cultura en vez de exámenes de sangre.

Mahela como fiel aduladora ríe con el chiste. Pero es tan chillona que hasta la Sra. Evans se mantiene fastidiada de esa fingida diversión.

-Cierto, hay alguien mas que debe enseñarme su diario firmado.- La Sra. Evans mira irónica a Bella. -Cierto Swan?

Bella le lleva el diario ya abierto con la nota firmada. La Sra. Evans lo revisa.

-¿Que ha dicho su madre?

-Me ha castigado.- No es cierto, pero es mejor darle la victoria del todo.

De hecho, la Sra. Evans sonríe al oírlo.

-Ha hecho bien.- Después se dirige al resto de la clase: -Es importante que sus padres sepan apreciar el trabajo hecho por nosotros, los profesores, y lo apoyen plenamente.- De arriba para abajo todas asienten. -Su madre, Swan, es una mujer muy comprensiva. Sabe bien que lo que hago, lo hago solo por su bien. Tenga.- Le devuelve el diario. Bella regresa a su puesto. Extraño modo de hacerme bien, un dos en latín y una nota. ¿Y si me odiara que haría? La Sra. Evans saca de su viejo maletín de piel las tareas de griego dobladas a la mitad. Se abren sobre el escritorio expandiendo en la clase la mágica duda de haber al menos alcanzado la suficiencia.

-Les anuncio que fue una carnicería. Deben solo esperar que no salga griego en la prueba de aptitud.

Todas están tranquilas. Ya saben cual saldrá: latín. Todas fingen no saberlo. En realidad esa podría ser una clase de actrices. Roles dramáticos, a juzgar por el momento.

-Jones, tres. Daniells, tres. Collingwood, cuatro.- Una detrás de la otra, las chicas van a la cátedra a retirar su tarea en silencio. -Green, cuatro. Hutchinson, cuatro con más.

Hay una especie de procesión fúnebre. Todas regresan a su puesto y abren rápido la tarea buscando entender la razón de todos esos rayones rojos. Es un trabajo inútil, igual como el intento de traducción que les salió mal.

-Rumsfeld, cuatro y medio.- Una chica se alza haciendo señal de victoria. De hecho, para ella lo es. Nunca ha salido del cuatro. Aquel medio voto es un verdadero regalo. -Gaffigan, cinco.- Una chica pálida, con los ojos gruesos y los cabellos pegados, siempre habituada a siete, se sorprende.

Se alza del pupitre y va con paso lento hacia la cátedra preguntándose en donde se habrá equivocado. Un escalofrío de alegría recorre los pupitres. Es una de las sabelotodo de la clase, y nunca deja copiar sus tareas.

-¿Que te paso? ¿Quizás no estabas muy bien? ¿O quizás esta clase de analfabetas también te ha contagiado a ti?- La muchacha le da una sonrisa. Y con un débil 'Si, no me sentía segura.'- Regresa a su puesto.

Una cosa es segura. Ahora está verdaderamente mal. Ella, Gaffigan. Esa de las versiones imposibles, tener cinco. Abre la tarea. Lo lee rápidamente, encuentra su trágico error. Bate el puño sobre el pupitre. ¿Cómo se pudo confundir? Se lleva la mano entre los cabellos desesperada. La felicidad de la clase llega a vértices increíbles.

-Aldridge, cinco y medio. Smith, seis.- Ya paso. Esas de la clase que aun no habían retirado la tarea dan un suspiro. Ahora tienen la suficiencia asegurada.

La Sra. Evans entrega las tareas en orden creciente, primero las notas peores, después lentamente sale a la suficiencia y a algunos seis u ochos. Ahí se detiene. Nunca ha puesto más nota. Y un ocho es un evento para nada malo.

-Brown, seis. Ricci, seis y medio.- Algunas chicas esperan tranquilas sus notas, habituadas a encontrarse en la zona alta de la clasificación.

Pero para Rosalie esto es un verdadero milagro. No cree sus orejas. ¿Ricci seis y medio? Entonces ha tenido esa nota, si no más. Se imagina llegando donde su madre a almorzar y decirle 'Mama saque siete en griego'. Se desmayaría. La última vez que saco siete fue en historia. Acerca de Colon. Cristóbal le gustaba mucho, desde que vio una foto de él en un libro que lo retrataba con una bandana roja en el cuello. Un verdadero jefe. Viajero, decidido, hombre de pocas palabras. Y entonces, bien o mal, el primero en ir a América. Fue el que lanzo la moda de los Status. Pensándolo bien, tiene una vaga semejanza entre él y Emmett.

-Swan, siete.- Rosalie sonríe feliz por la amiga.

-Que bien Bella.- Bella se voltea hacia ella y la saluda. Una vez al menos no se sentirá tan mal por sacar más que Rosalie.

-Hale.- Rosalie salta fuera del pupitre y se dirige veloz hacia la cátedra. Esta eufórica. Ahora es al menos un siete. -Hale, cuatro.- Rosalie se queda sin palabras. -Tu tarea debe haberse metido entre estas por accidente.- Se disculpa la Sra. Evans sonriendo. Rosalie agarra su tarea y regresa derrotada al banco. Por un momento lo creyó. Como hubiera sido bello tener siete. Se sienta. La Sra. Evans la mira sonriendo, después regresa a leer las notas de las últimas tareas.

Lo ha hecho a propósito esa estúpida. Rosalie está segura. Por la rabia los ojos se le llenan de lágrimas. Diablos, ¿cómo logro engañarse? Siete en una versión de griego, es imposible. Debía entender que algo extraño había. Siente un susurro a su derecha. Se voltea. Es Bella. Rosalie trata de sonreír con un resultado pobre. Bella le muestra un pañuelo. Rosalie asiente. Bella lo anuda y se lo lanza. Rosalie lo agarra al vuelo. Bella se inclina detrás de ella.

-¡Llorona! Deberías hacer de groupie. Después de eso, todo el resto parece una tontería.

Rosalie comienza a reír con gusto. La Sra. Evans la mira fastidiada. Rosalie alza la mano disculpándose, después se sopla la nariz y aprovechándose del pañuelo frente a la cara, alza el dedo del medio. Cualquier chica alrededor de ella se da cuenta y ríe divertida.

La Sra. Evans golpea el puño contra la cátedra.

-¡Silencio! Ahora voy a interrogar.

Abre el registro.

-Brown y Ricci.

Las dos chicas van a la cátedra, entregan sus cuadernos y esperan en el muro, listas para ser fusiladas de preguntas. La Sra. Evans mira de nuevo el registro.

-Smith.

Ashley Smith se alza del pupitre sorprendida. Aquel día no le tocaba a ella. Debía interrogar a Brown, Ricci y Marshall. Lo sabían todas. Va en silencio a la cátedra y entrega su cuaderno tratando de esconder su desesperación. En realidad, es bastante evidente. No está preparada para nada. La Sra. Evans recoge los cuadernos, los mete uno sobre el otro emparejando los bordes con las dos manos.

-Bien, con ustedes termino el ciclo de interrogaciones, espero meter las notas de griego. Estudiaremos mas latino. Bueno, se los diré de una. Casi seguramente será esta la materia que saldrá…

Gran secreto, piensa la mayor parte de la clase dentro de sí mismo. Solo una chica tiene otro pensamiento. Victoria Marshall. ¿Como la Sra. Evans no la llamo? ¿Por qué no la interrogaran a ella, en vez de a Smith, como sería justo? ¿Quizás la Sra. Evans está proyectando algo para ella? Su situación no es de las mejores. Tiene ya dos cincos y no es el momento de empeorarla. Igual, la profesora no puede nunca equivocarse. La Sra. Evans no se equivoca nunca. Esta es una regla de oro de los Roosevelt.

Victoria Marshall quiere tener su tercera interrogación, que sobretodo la espera. Llama, sin hacerse ver, la atención de Bella.

-Lo siento, no sé qué decirte. Según yo, deberías ser interrogada tú.

-¿Que quieres decir? ¿Que se equivoco la Sra. Evans?

-Quizás. Pero sabes como es. Mejor no decírselo.

-Sí, pero si no se lo digo no me dejan presentar los exámenes después.

Bella alarga los brazos.

-No sé qué hacer…- Se lamenta de verdad. Comienza la interrogación. Victoria se agita nerviosa en su pupitre. No sabe comportarse. Al final decide intervenir. Alza la mano. La Sra. Evans la ve.

-¿Si Marshall, que pasa?

-Lo siento profesora. No deseo molestarla. Pero creo que me falta la tercera interrogación.- Marshall sonríe tratando de hacer pasar el hecho de que la está acusando de haberse equivocado. La Sra. Evans resopla.

-Veamos rápido.- Agarra dos cuadernos para ayudarse en la búsqueda. Parece que jugara batalla naval. Pero sobre el registro.

-Marshall… Marshall… Aquí esta: interrogada el dieciocho de marzo, naturalmente un menos. ¿Satisfecha? De hecho…- revisa las otras notas -… no sé si podrás presentar el examen.

Un débil 'gracias' sale de la boca de Victoria. Prácticamente fue destruida. La Sra. Evans con aire de suficiencia continúa interrogando. Bella revisa el diario. Dieciocho de marzo. Justo la fecha cuando Smith fue interrogada. No hay dudas. La Sra. Evans se tuvo que haber equivocado. ¿Pero cómo lo puede probar? Es su palabra contra la de la profesora. Lo que significaría otra nota. Pobre Marshall, tiene mala suerte. Si se queda todo así podría tener el año en juego. Abre las hojas de las otras materias. Dieciocho de marzo. Es un jueves. Revisa también las lecciones. Qué extraño, ese día Marshall no la interrogaron en ninguna materia. Quizás es solo casualidad, quizás no. Se estira en el pupitre.

-Victoria.

-¿Qué pasa?- Marshall está destruida. Se siente mal, pobrecita.

-¿Me pasas tu diario?

-¿Por qué?

-Debo ver una cosa.

-¿Qué cosa?

-Después te lo digo… pásamelo, anda.

Por un momento una luz de esperanza se enciende en los ojos de Victoria. Le pasa el diario. Bella lo abre. Va a las últimas páginas. Victoria la mira esperanzada. Bella sonríe. Se gira hacia ella y le regresa el diario.

-¡Tienes suerte!- Victoria sonríe. Ahora está más segura.

De repente, Bella alza la mano.

-Disculpe, profesora…

La Sra. Evans se voltea hacia ella.

-¿Que pasa Swan? ¿Tú tampoco fuiste interrogada? Hoy están fastidiosas muchachas. ¿Qué pasa?

Bella se alza. Se queda un momento en silencio. Los ojos de la clase están todos sobre ella. Sobre todo los de Victoria. Bella mira a Rosalie. También ella, como las otras, espera curiosa. Le sonríe. En el fondo está bien. La Sra. Evans puso a propósito la tarea de Rosalie entre las que tenían siete.

-Le quiero decir, profesora, que usted se ha equivocado.

Un murmullo general inunda la clase. Las chicas parecen enloquecer. Bella esta tranquilla.

La Sra. Evans se pone roja de la rabia, pero se controla.

-¡Silencio! ¿Ah sí, Swan, y en qué cosa?

-Usted el dieciocho de marzo no pudo haber interrogado a Victoria Marshall.

-Como no, está escrito aquí, en mi registro. ¿Quiere verlo? Aquí esta, dieciocho de marzo, negativo a Victoria Marshall. Comienzo a pensar que a usted le gustan las notas.

-Aquel negativo es de Ashley Smith. Se ha equivocado al escribir y se lo coloco a Marshall.

La Sra. Evans parece explotar de rabia.

-¿Ah sí? Bueno, yo se que usted marca todo en su diario. Pero es su palabra contra la mía. Y si yo digo que ese día e interrogado a Marshall quiere decir que es así.

-Sin embargo, yo digo que no. Usted se ha equivocado. El dieciocho de marzo no pudo haber interrogado a Victoria Marshall.

-¿Ah sí? ¿Y por qué?

-Porque ese día, Victoria Marshall estaba ausente.

La Sra. Evans se exalta. Agarra el registro general y comienza a hojearlo hacia atrás, como enloquecida. Veinte, diecinueve, dieciocho de marzo. Revisa frenéticamente las ausencias. Green, Jones y ahí está. La Sra. Evans se mueve en su silla. No cree sus ojos. Marshall. Ese apellido escrito por su misma mano estampada en letras de fuego. Su vergüenza. Su error. No sirve de nada. La Sra. Evans mira a Bella. Esta destruida. Bella se sienta lentamente. Todas las compañeras se voltean hacia ella. Un murmullo general se alza rápido en la clase.

-Así es Bella, así es.- Bella finge no escucharlos.

Pero aquel lento susurrar llega a las orejas de la Sra. Evans, esas palabras como terribles pedazos de hielo la golpean fríamente, cortantes como el peso de lo que perdió. La imagen frente a la clase. Su clase. Y después esas frases que le salen así pesadas y fatigosas, el subrayar el error.

-Smith vaya a su puesto. Venga Marshall.- Bella baja los ojos al pupitre. La justicia se hizo. Después, lentamente alza la cara. Mira a Rosalie. Sus miradas se cruzan y mil palabras vuelan silenciosas entre esos pupitres. De hoy en adelante, también la Sra. Evans se puede equivocar. La legendaria regla de oro se rompe.

Cae al suelo, rompiéndose en millones de pedazos como un frágil cristal fugado de las manos de una inexperta y joven camarera. Pero Bella no ve a ninguna dueña gritándole. Donde sea que se voltee, solo los ojos felices de sus compañeras, orgullosas y divertidas de su coraje. Después mira más lejos. Y eso que ve le da miedo. La Sra. Evans está ahí viéndola. Su mirada, privada de expresión, tiene la dureza de una piedra gris sobre la cual fue esculpida con cansancio la palabra odio. Por un momento Bella se arrepiente de no haber tenido miedo.