La conquista

Por Mandragorapurple

Aquí estamos de nuevo, casi semanalmente como lo prometí. Recuerden: "Los días feriados y vacaciones son una pesadilla" opinión muy personalmente comprobada. Gracias por leerme, por dejar comentarios y por las alertas. Este monstruito se balancea entre dos caminos: la comedia y el angst, veamos que pasa.

ADVERTENCIA: Yullen (oh yeah!), AU (para que los akumas no interrumpan los cachondeos) y extraños parentescos familiares.

D. Gray – man no me pertenece, entero es de Hoshino-sensei pero este AU es mío.

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Tenía volteados los horarios, se levantaba a medio día y el sueño llegaba casi al amanecer. No formaba parte de la vida en esa cuidad, entonces eran irrelevantes sus hábitos.

Había dejado lo mejor para el final, era su puré de papa en un plato de carne y verduras al vapor o la última galleta de chocolate que sale entera de su empaque. Parecía haber absorbido toda la mugre de la casa, esta relucía, pero incluso sus jeans aparentaban ser de uso rudo (o ser el trapeador de la casa, era igual). Jaló las sábanas con cuidado y humedeció su trapo para limpiar la tapa, las teclas y el interior del viejo piano. El único recuerdo claro que tenía de su niñez en esa cuidad, su sonido.

La primera canción que su padre le enseñó fluyó entre sus dedos, las teclas fueron hundidas suavemente y volvían con gentileza a su lugar, tal como la canción lo ameritaba. Tarareó la letra con algo de vergüenza, cantar no era para él, afortunadamente la música de Mana era tan perfecta que podía eliminar la voz. Volvió a sentir esa calidez que representaba su padre, vio su sonrisa y el también sonrió, cerró los ojos imaginando aquellos días cuando festejaban tocando juntos esa pieza. Era injusto, no debió dejarlo tan pronto. Pero tal como Mana Walker le dijo un día "No sé otra cosa pero la sé bien, lo único que podría enseñarte es música" y esa misma mañana en que dio por sentado que Allen sabía tocar el piano, construir algo con él y no podría enseñarle algo nuevo, murió.

Soltó las teclas. Un bostezo gigantesco lo interrumpió, pero era mejor detenerse o los vecinos lo demandarían por tocar a las tres de la mañana. Se levantó para tomar un baño, por alguna razón los muebles, las paredes, la casa entera parecía más viva.

Cuando la casa estuvo terminada y Allen despierto, fue al minisuper por su desayuno y el directorio telefónico, el dependiente lo observó y apresuró. Anotó en su mano el número de varias inmobiliarias y salió. Esta vez tomaría un taxi para no perderse.

Recién atravesaba las calles principales cuando todos comenzaron a sonar sus cláxones, pensando en un accidente o embotellamiento se asomó… no, era un loco motociclista que se escurría entre los autos para llegar primero a la línea del "siga". Pasó cerca de él y de no ser por sus reflejos, su cabeza estaría rodando en el pavimento. Reconoció al conductor y le pidió al taxista que lo siguiera con la energía de una persecución.

Tal como esperaba, el repartidor iba hacia el restaurante por más entregas. Paró su moto fuera del Mugen japanese food y bajo con su caja y casco cada uno en un brazo.

—¡Yuu-chan! — Saludó desde la barra un hombre de gafas con cabello y bigote rizado y castaño — tienes tres entregas más — puso sobre la barra algunos paquetes cálidos al tacto

—Después me largo — aclaró por si acaso su abuelo había olvidado el trato

—¿me abandonas? Aun no tengo repartidor

—no es mi problema — metió todo a la caja, dejó los pagos anteriores frente a su abuelo y salió apresurado

Allen negociaba el precio del viaje con el taxista así que simplemente lo vio alejarse, pero sabía donde trabajaba. Oh si. Lo estaría esperando para recitarle los insultos aprendidos en japonés.

El lugar era totalmente japonés; piso y mesas de madera, algunos cojines mullidos con estampados florales la hacían de asientos, las paredes adornadas con afiches del clásico arte japonés y algunos kanjis complicados y en cada mesa un pequeño bonsái recién refrescado.

"Por favor, quítese los zapatos antes de entrar" leyó Allen y así lo hizo. Ya que estaba en el lugar agradecería la comida, caminó hacia la barra donde estaba lo único no japonés del lugar.

— ¡buenas tardes! — saludó al hombre que desarrugaba billetes frente a él, de inmediato salió de la barra para estrecharlo en un abrazo familiar.

— ¡pequeño Allen! ¿No me recuerdas? — el hombre intuía bien, Allen conocía ese lugar pero en forma borrosa y el nombre del señor mucho mas.

— Soy Tiedoll-san — el nombre extranjero no iba para nada con el "san" japonés

— ¿Tiedoll-san? — repitió logrando que su cerebro recordara algo de dango relacionado con ese nombre

— ¡exacto! Buen niño — le acarició la cabeza con una sonrisa gustosa

—vine a darle las gracias por la comida — dijo sinceramente

—no hay porque, ¿te gusto el dango? — Allen asintió.

No fue hasta que Tiedoll recordó una anécdota de su infancia que encontró mucho más que una conexión con el hombre de los dangos: "tú y mi Yuu se odiaban, era la guerra"

Sus abuelos le prometieron un día de campo ese verano, entonces lo llevaron a la orilla del río a comer sándwiches, ensalada de manzana y pastel de naranja.

Vio un niño tal vez de su misma edad, tenía el cabello negro, las rodillas parchadas con curitas y llevaba una mochila tan grande que lo hacía encorvarse. Lo observó reunir piedrecitas del río, aquellas más lisas, con colores parejos y formas bonitas, las secaba con su ropa y ponía dentro de un balde de juguete que traía en la mochila.

"Hola", saludó desde lejos sin obtener respuesta, y decidió bajar hasta donde el niño desconocido se encontraba. Se presentó para atraer su atención pero solo consiguió un empujón del pequeño que ahora buscaba cangrejos. Subió de regreso con la frente arrugada y acusó al niño con su abuela. "Se llama Yuu, se educado, hace un año se mudó aquí y no tiene amigos" su abuela lo conocía bien, era nieto de un conocido de su abuelo, su competencia favorita en el Maratón y el ajedrez. Tomó una rebanada de pastel y se la llevó a su "nuevo amigo". Yuu Kanda no la aceptó.

Allen estaba determinado a volverse amigo de ese niño, buscó piedritas y se las mostró, Yuu le golpeó las manos para que las soltara, como respuesta él pateó el balde donde ponía los cangrejos dejándolos escapar. Así inició la pelea, rasguños, mordidas, jalones, pellizcos, manotazos y empujones; todo lo propio de una pelea infantil. Los separaron los abuelos respectivos aunque lograron hacerse algo de daño. Ese día fue la primera vez que escucho el baka moyashi entre otros insultos y reclamos en japonés.

—Verlos pelear siempre fue impresionante, creo que mi Yuu aun tiene la cicatriz de la mordida que le diste — recordó divertido entre carcajadas. Allen solo pudo sonreír.

— ¿y como esta tu padre? — dio un sorbo a su té sosteniéndose el estómago adolorido de tanta risa

—murió hace tres años

—disculpa, no lo sabía, lo siento mucho

—No se disculpe — solo esperaba que no preguntara los detalles, siempre hablaban de lo sano y lleno de vida que estaba antes de morir, no necesitaba más discursos de esos. Guardaron silencio un momento.

—a Yuu-chan le encantará verte, después de todo tu fuiste el primero al que le rompió el labio — habló de eso como un recuerdo enternecedor.

El maldito repartidor entró refunfuñando algo sobre el calor, dejó su casco sobre una mesa pero paró al ver que el viejo, como lo llamaba, hablaba con Allen. Un segundo y sus miradas se cruzaron, al siguiente Kanda sacaba un montón de billetes hechos bola de su bolsillo y los ponía sobre la mesa frente a su abuelo.

—espera Yuu, ¿recuerdas a Allen-chan? — puso su mano sobre el hombro del peliblanco. Kanda solo levantó una ceja.

—ya tomé mis propinas — y salió del local dejando su uniforme al lado del casco.

—Tiene prisa, disculpa — excusó el abuelo. Allen no atendía, se esforzaba por recordar… y si, como siempre solo necesitaba un pequeño empujón para volver a sus antiguas memorias. Pero se aseguraba a si mismo que no podría olvidar a semejante tipo.

Un buen rato estuvo amenizado por anécdotas, té y dangos. Ese maldito ya había tratado de matarlo más de una docena de veces (con la tierna inocencia infantil, pero asesinato al fin).

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—eso es todo, sabes que el sueldo no es bueno pero presta tus oídos a alguien o bríndale un espectáculo a las turistas y sacarás buenas propinas — indicó el encargado del bar antes de dejarlo

Finge, por favor, finge, o no lograrás conseguir el dinero.

Sonrió para su primer cliente, una chica rica como otros tantos que tenían por su paraíso personal aquella cuidad. A ella le comentaron que había nuevo barman, joven y asiático, debía matar su curiosidad. No se decepcionó.

Su primer Manhattan fue delicioso.

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Lo tuvo entretenido toda la tarde, charlando o comiendo pero logró retenerlo hasta las diez de la noche. Cerrarían en breve y Tiedoll le pidió que se quedara "este viejo no tenía tan buena compañía desde que tu abuelo se fue" comentó.

Le indicó que buscara las llaves de la puerta en la barra mientras el hablaba con los meseros.

Las encontró rápido y se quedó esperando al dueño tras la barra. Dio otro vistazo al lugar, era muy bonito, cada detalle y su posición. Sobre la barra había una fotografía: un Tiedoll mucho más joven con un brazo rodeando a una mujer asiática usando un kimono rosado y aunque era mayor se conservaba atractiva, la otra mano tomaba con firmeza el hombro de un joven bastante común y a su lado una mujer de cabello negro como la mujer del kimono pero un poco ondulado, tenía en brazos a un niño muy pequeño que llevaba ropa de niño grande seguramente para la ocasión.

—Son mi esposa, mi hija y mi yerno — dijo tras él con algo de nostalgia, suspiró y se recuperó — y ese es mi pequeño Yuu — dijo con mucho cariño. Debía admitir que era bastante tierno de pequeño, el cómo se había convertido en semejante humano era un misterio.

—dime Allen, ¿cuanto tiempo estarás aquí?

—pues… solo vine por la casa. Dos semanas como mucho — la casa, la había olvidado por completo.

— ¿podrías cubrir a un mesero? Mientras consigo a uno nuevo, solo es medio tiempo, en las tardes — Allen respondió con algunos balbuceos — por supuesto te pagaré y con tantos estudiantes buscando un empleo tal vez solo trabajes mañana —

Asintió aun desconcertado.

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Corto nuevamente, pero semanal. Agradecimientos a: hikaru88, AppleRin (como siempre aquí, gracias de todo corazón),KARIN (el sensei es demasiado XDD, pero muchas gracias y yo vivo de noche, desvelarme no es una opción ;D), sephy malfoy, kotoko-noda y Racksha yami.

Gracias por su valioso tiempo. Nos leemos luego.

Atte: Mandra