A las cuatro de la tarde, Paula y Rick descienden del buque en Montevideo, Uruguay. Desde allí, se dirigen en taxi al hotel donde se alojaran, el Belmont House.

El hotel, al igual que los demás, es lujoso, tiene una formidable pileta circular rodeada de palmeras, varios pisos, habitaciones enormes, un increíble restaurante. Han contratado una sola habitación con dos camas simples, porque no valía la pena rentar dos cuartos y además es algo que ya han hecho en varias giras, pero Rick no le ha contado a Kate porque sabe que seguramente ella no lo entendería ni aceptaría.

Luego de dejar los bolsos en el cuarto, se dirigen al restaurante a comer algo ya que no han almorzado. Deciden comer unos sándwiches al lado de la pileta. Mientras Paula solicita la comida, Rick llama a Kate, quien esta recostada en el hotel en Argentina, junto a Paris.

-Hola, amor.

-¡Rick! ¡Qué alegría oírte! Ya te extraño.

-Yo también te extraño, Kate.

-¿Recién llegaron? ¿Qué hacen?

-Sí, ya nos registramos en el hotel y ahora estamos por comer algo. ¿Cómo están ustedes?

-Mejor. Paris ya está casi curada. Yo hoy levante temperatura cuando me desperté pero ahora estoy mejor, llame al doctor y me dio unos medicamentos.

-Me gustaría poder estar allí para ti. Lo siento.

-Rick… Más aun siento yo no poder estar allí para ti. Como tenía que ser.

-Nos veremos mañana por la noche de todos modos. Se pasara enseguida el tiempo.

-Lo sé.

-Te amo.

-Yo a ti.

-Adiós, Kate.

-Adiós.

Rick finaliza la llamada. Para ese entonces, Paula ya estaba sentada junto a él alrededor de la pileta. Enseguida un joven camarero les trae la comida.

-¿Hablabas con ella?

-Sí. Hablaba con Kate. Y no me pongas esa cara, Paula.

-Es que sinceramente no te reconozco, Richard. Es decir, se que eres un buen padre porque pude verlo con Alexis, pero te has transformado en… no lo sé… un sometido. Aprecio a Kate, pero ella es tan… tan avasalladora, controladora…

-No es cierto. Kate puede parecer un poco dominante, pero es una increíble mujer, extraordinaria. Y no soy un sometido. La amo, y eso es lo que aun no pareces entender.

-Reconozco que no creo mucho en el amor, pero lo de ustedes me sobrepasa.

-No es una cuestión de creencias, Paula. Tú me conoces, sabes que jamás me he enamorado, sí he tenido muchas mujeres, pero nunca he sentido lo que siento por Kate. Si no la amara tanto seguiría siendo el mismo de antes. Conocerla me cambio la vida. Para mejor. Me hizo mejor persona, mejor hombre. Me hizo papá otra vez. Me hace feliz.

-Ahora creo que me da envidia. Oírte hablar así. Es una mujer muy afortunada por tenerte.

-Yo soy el afortunado por tenerla.

Luego de terminar de comer, se dirigen al cuarto, cambian atuendos y se van hacia la librería Puro Verso en el centro de la ciudad.

Allí, Rick cumple con su trabajo del día. Lectura y firma de libros.

Mientras tanto, en Argentina, Kate se siente encerrada de estar tanto tiempo en la habitación, y la mayor parte en la cama. Se asoma a la ventana para respirar algo de aire mientras mece a Paris en el carrito, y llama a Lanie, quien está en el trabajo.

-Hola, Lanie.

-¡Kate! ¡Qué sorpresa! ¿Cómo va todo por Latinoamérica?

-Bien. Salvo porque Paris y yo nos agarramos varicela aquí en Argentina, y debimos quedarnos mientras Rick se fue a Uruguay con Paula.

-Que mala suerte, amiga. ¿Y cuando regresan?

-Mañana por la noche. ¿Cómo esta todo por allí?

-Como siempre. Hoy cerramos un caso, estoy terminando de rellenar algunos papeles así puedo irme a casa. Hoy cenare con Javi. El cocinara.

-Me alegro, amiga. Necesitaba escucharte. Estoy cansada de estar en este cuarto, sola con la bebe.

-Pobre, Kate. Espero que te pongas bien pronto, linda.

-Espero.

-Te quiero.

-Yo también. Adiós.

-Adiós, Kate.

Kate vuelve a recostarse en la cama. Y enciende la televisión.

En Uruguay, Rick y Paula caminan hacia el hotel.

-Richard… Te voy a preguntar algo pero es solo por curiosidad, no tomes a mal que este un poco insistente con tu relación con Kate.

- Te conozco Paula, se que hasta que no agotas un tema no lo dejas ir. Pregúntame.

-Bien… Ustedes se conocen desde hace… ¿cinco años?

-Un poco más.

-Bueno… pero ustedes recién están juntos desde Paris, o sea hace alrededor de un año y meses.

-Así es.

-Y si no me equivoco, en ese tiempo, no has estado con muchas mujeres, y la ultima fue Gina.

-¿A dónde quieres llegar?

-¡Richard Castle has estado como dos años sin acostarte con nadie!

-Grítalo mas fuerte. Creo que Kate en Argentina no te ha oído bien.

-Perdón. Es que es algo sorprendente. Ningún hombre sensato aguantaría todo ese tiempo en espera de una mujer. Es decir, ¿te das cuenta que la seguiste por casi cinco años y la esperaste sin estar con nadie por como dos? Es insensato, Rick.

-Como te dije antes, la amo. Desde que la conocí me deslumbro. Eso me impulso a seguirla. Me resultaba misteriosa, atrayente, hermosa… luego la conocí mejor y me enamore. Y no me importaba no estar con nadie. Para mi estar con ella, aunque fuera trabajando, era suficiente.

-Ojala hubiera más hombres como tú en el mundo, Richard.

El se sonríe.

-No soy nada especial, Paula. Es solo que… No sé cómo explicarlo… Dos seres, de mundos distintos, vidas distintas, se encontraron, se conocieron, y se hicieron especiales. Nuestra relación es extraordinaria. Cada uno de los dos es el complemento perfecto del otro.

-Ojala que lo de ustedes dure toda la vida, Richard, porque es algo jamás visto.

Enseguida llegan al hotel. Se ponen los trajes de baño y se quedan hasta la hora de la cena en la pileta. Luego piden algo para comer allí mismo y más tarde se van a dormir.

A la mañana siguiente, por un lado, en Argentina, Paris ya está completamente bien, y Kate mejorando. Desayuna en el cuarto y luego, el doctor, le permitió tomar un poco de aire en la calle pero no demasiado, así que Kate salió con Paris a dar una vuelta por la costanera del rio.

En Uruguay, Rick se despierta antes que Paula, se ducha y pide el desayuno en el cuarto. Paula se despierta. Desayunan. Luego, al mismo tiempo que ella se ducha y viste, Rick se dirige a la pileta a tomar sol mientras la espera.

Media hora después, un coche los pasa a buscar y van a la inauguración de una biblioteca en un centro cultural.

Hay bastante gente. Rick acompaña al director de la biblioteca a cortar la cinta de inauguración, se toma algunas fotografías, firma autógrafos, saluda, y luego se retira del lugar.

Compran algunas cosas de recuerdos, y después van hacia el hotel. Almuerzan. Empacan todo. Y a las cinco de la tarde se embarcan de regreso a Buenos Aires, Argentina.