La conquista
Por Mandragorapurple
Niñas y niños (?), aquí el cap. estuve varios días dudando pero decidí dejarlo aquí, finalmente el próximo ya viene. ¡Feliz regreso a clases! (aja) Y aquí el link del dibujo que prometí en el episodio anterior, decidí subirlo hasta este cap. pues pega más con la temática de este, ya saben, pongan punto donde diga punto y barra donde diga barra porque el no me deja poner los links tal cual: http(dospuntos)(barra)(barra)fav(punto)me(barra)d36zcrp
ADVERTENCIAS: AU (oh yeah! Again), yullen o arekan o lo que sea (porque la vida da sorpresas), y flash back (pero juro que no se corta cada párrafo).
D. Gray –man le pertenece a Katsura Hoshino. Yo solo juego con sus lindos niños (¿vieron el calendario 2011? ¡Ya no son exorcistas! ¡son modelos! OMFG!).
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Después de la muerte de la abuela todo comenzó a decaer: su abuelo, su padre, el mismo. Seguramente su abuelo se iría pronto, es como dice la frase trillada, cuando haz compartido y amado a alguien por tanto tiempo y se va, "no puedes vivir sin él". Ni una partida de ajedrez con el señor Tiedoll ayudaba a su abuelo y empeoraba todo hablar de los viejos tiempos.
No tenían más familia por lo tanto el único lugar donde podrían pasar la navidad su padre y él era en el pueblo. Por Allen, encantado, pero siendo la primer navidad sin la abuela la cosa se ponía intensa por mejor cara que pusieran. Su familia unida se convirtió en asfixiante, como si temieran que si le quitaban un ojo de encima él también moriría.
—¿qué haces aquí? — Kanda abrió su ventana para dejarlo entrar. Ya era tarde, había tanto silencio esa noche que escuchó perfecto los toquecitos de Allen contra el vidrio de la ventana.
—Llegué hace tres días — tuvo cuidado de no atorarse con la enredadera o patear alguna teja, si caía y se hacía un alboroto pensarían que era un ladrón. Como sea, su forma de entrar fue furtiva; saltar la barda, subirse en un macetón para alcanzar la enredadera, escalarla y caminar por la orilla de la ventana de Kanda sobre ese desnivel de tejas que hacia sombra en la terraza.
—ya lo sabía — la luz de la habitación estaba apagada, el despertador decía que eran poco más de las tres y el frío se colaba pero Kanda no se permitía temblar.
—¿estabas dormido? — Allen se sacudía, desenrolló la bufanda de su cuello y abrió su chamarra, Kanda lo miró obviando la respuesta; su cabello estaba alborotado y tenía puesta la playera de Star Wars que usaba como pijama más un pantalón de franela a cuadros.
—Lo siento — se vio obligado a esperar a que su padre y abuelo subieran a sus habitaciones para poder escaparse.
—Pudiste venir por la mañana — reprochó, ser despertado a la fuerza jamás mejoró su humor.
—necesitaba salir, ya no se esta bien en esa casa… — se sacó los tenis y subió a la cama revuelta.
No hizo falta preguntar, Kanda sabía de sobra que era por la abuela de Allen.
—Toma — revolvió en sus cajones y sacó otro par de prendas como las suyas — no quiero tierra mi cama — Allen las tomó y comenzó a cambiarse. Aun era algo bajo de estatura y había aterrizado sobre los setos cayendo irremediablemente, de ahí la tierra.
—¿Harry Potter? — dijo extendiendo la camiseta, el tal Harry le sonreía heroicamente apuntándole con la varita. Allen levantó una ceja.
—El viejo las compró, por mi cumpleaños — señaló la puesta y la que estaba en manos del otro — se supone deberían gustarme — Se lanzó a la cama, su amigo lo siguió.
Estaba tibia. Dejaron la ventana entre abierta pues siempre era suficiente el calor de ambos, alguna vez se habían levantado abochornados botando todas las colchas al piso.
—perdón, por no haber estado en tu cumpleaños — se disculpó, desde junio no lo veía y a pesar de hablar seguido por el msn la Internet se le hacía muy árida.
—No importa — ese verano fueron las audiciones de admisión para la mejor escuela de música del país, Allen había conseguido una oportunidad y no podía perderla.
—¿Te gustó el regalo?, quería venir al menos ese día pero me tuvieron practicando hasta casi borrarme las huellas digitales — siempre con disculpas
—ya lo he usado — Allen definitivamente esperaba una continuación aunque fuera bien sabido que a Kanda hay que sacarle las cosas.
—lo siento —
—ya dije que no importa —
—pensaba que la audición sería en julio, siempre era en julio… —
—Cállate — Kanda cerró los ojos dando todo por terminado, Allen comprendió que estaba perdonado.
— ¿qué tal la escuela? — sería mejor cambiar el tema ya
—Una mierda. Me expulsaron — se puso bien derechito bajo las colchas, cuando dormía no movía ni un músculo.
—¿otra vez? Yo pregunto por las novedades — se ganó un codazo
—esas respuestas no te van — Allen esperó a que Kanda reiniciará la conversación. Nada.
—¿Me preguntarás de la audición? —
—¿Para qué? —
—Para saber — se ofendió un poco, a veces Yuu Kanda de verdad te hacía creer esa de que el mundo no le importaba — … Estoy dentro — y como siempre, el mundo trataba de que ese chico se interesara en él
—Ya lo sabía — Kanda le sonrió y golpeó su frente. Era su versión de "¡Felicidades!". Allen se llevó las manos a la zona más por instinto que por dolor.
Se hizo presente otro momento de silencio, por supuesto no incómodo, era de aquellos cuando hay tanto que decir y no se sabe por donde comenzar.
—¿Me muestras lo que hiciste con tu regalo? — Kanda bostezó
—Mañana — abrió el ojo derecho para mirar a Allen pero este se cerró casi al instante con el peso del sueño
—¡Agh…! — se quejó al ver a Kanda perder contra sus necesidades
—sh… —
—¿Tienes idea de lo que es escabullirse de madrugada? —
—no —las manos de Kanda estaba flojas sobre la cama. ¿Quién mandaba al moyashi a ponerse intrépido a esas horas? — pide permiso la próxima —
A Allen no le quedó más que pensar, si se dormía seguro no despertaba a tiempo para volver a casa sin ser descubierto, siendo las tres y media no tenía de otra.
—Omedetou, mudana (1) — susurró Kanda acomodándose unos milímetros
—¿qué? — detestaba cuando el hablaba en japonés, vamos que si entendía dos que tres cosas pero cada vez ese maldito le sacaba nuevas palabras — ¿qué dijiste? —
—Que cierres el pico y te duermas de una maldita vez — Allen lo miró enojado
Sería la última vez que se medio mataba escalando esa barda. Su esfuerzo no era valorado como se debía.
Dio respingos un par de veces al sentirse casi dormido, era horrible considerando que ese último año tomó la costumbre de dormir hasta tarde y ahora simplemente se veía rendido ante ese calor que se guardaba entre las sábanas. Se estaba tan a gusto.
Kanda respiraba con ritmo, incluso dormido era tan callado como despierto. Se vio tentado a fastidiarlo, hacerle cosquillas en la nariz, en la oreja o tirarlo de la cama, pero no. Siempre pensaba en bromas horribles para hacerle a Kanda, una manera de desquitarse por las veces que lo insultaba o le hablaba en japonés para desconcertarlo, pero no estaba en su naturaleza realizarlas. Y Kanda tampoco se dejaría, seguro le regresaría la trastada con intereses y volverían a quedar disparejos. Su amistad era "jamás quedar a mano", por eso funcionaba.
Miró ansioso el reloj, había esperado mucho por las seis de la mañana y ya habían llegado.
Se cambió, dejó la ropa prestada incaculadamente doblada y buscó un papel para escribir una nota.
"ven a casa de mi abuelo" dudó en poner un "por favor" y solo buscó un lugar donde ponerla, aun si pidiera algo de rodillas si a Kanda no le daba la gana no lo haría.
Sobre el escritorio había un folder que decía "Instituto Católico Monte-Cristo", lo abrió y encontró papeles de ingreso a esa escuela; un reglamento, costos, lista de útiles y materias, un horario y una credencial. No pudo evitar reír, Kanda salía con una cara horrible en el carnet, la frente arrugada, una mirada asesina y la boca apretada, parecía estar concentrándose en sacar rayos laser de sus ojos para asesinar al fotógrafo. Kanda en una escuela católica: sería como bañar con agua bendita a un demonio.
Un "por favor" no era suficiente, sin embargo…
Tomó un marcador del escritorio y recompuso el nombre de la credencial con un "Bakanda Yuu". Salió de la casa sonriendo, después de todo si tenía algo de malicia. Quizá algún día llegaría a ser profesional.
Cuando volvió, la casa estaba callada y quieta como era esperado. Subió a su habitación e intentó dormir. Dio dos, tres vueltas, diez vueltas hasta que su cama quedó hecha un desastre.
No volvió a dormir.
Sin duda, su padre se había dado cuenta. Al parecer no tenía ganas de reñirlo, no en esa casa, ni en ese momento o frente al abuelo, solo miró sus ojeras y desánimo por no haber dormido. Además era malo para mentir. Siguiendo con los mitos pidió un poquito de café con leche en el desayuno, jamás le darían el café negro y cargado que necesitaba.
En dos días sería su cumpleaños, puede que esa fuera la razón de las consideraciones. El abuelo solo le sonrió, seguramente sabía a que hora había escapado, a cual había regresado y como había entrado a casa de Kanda, el abuelo lo sabía todo.
Comenzaron a decorar la casa con los típicos adornos navideños y como castigo no oficial a él lo mandaron a poner las luces en el jardín, dentro, su padre y abuelo ponían el árbol y decidían que cocinar para la noche buena pues ahora que la familia era un poco más pequeña resolvieron invitar al señor Tiedoll para festejar todos juntos. El ánimo del abuelo subió un poco, "noche de hombres" dijo.
—¡estúpido moyashi! — Kanda le movió la escalera sin importar que pudiera caer
—¿qué? ¡no me muevas! — Allen tiró la serie de luces que pretendía poner alrededor de un árbol
—¡LIMPIALA! — le lanzó el carnet con intenciones de estrellárselo en la cara, tenía los puños apretados pero pronto los aflojó para volver a sacudir la escalera.
—¡que si! ¡deja de hacer eso!¡por favor! — bastó su cara de angustia para satisfacer la maldad de Kanda. Lo dicho, era un demonio. Bajó pero guardó su distancia por si acaso.
—LIM-PIA-LA — le habló serio, no había necesidad de amenazar con el puño, su expresión era suficiente.
—ya, ya —recogió el cuadrado de plástico enmicado y lo miró — se quita con alcohol — siempre exageraba sus reacciones, seguro no había tratado de limpiarla. Fue dentro por un algodón húmedo y dejó la credencial tal cual la había encontrado, fue el cobro de los intereses, tener que componer su broma.
Se retractaba, ese tipo de malicia no estaba en su naturaleza.
—¿me ayudas? — dijo devolviéndosela. Colocó la escalera de nuevo.
—no — se sentó a ver trabajar a Allen. Kanda notó la mirada de reproche pero simplemente la ignoró.
—vendrán en noche buena —
—¿Quiénes? —
—tú y tu abuelo —
—¿para que? —
—para cenar y… para mi cumpleaños — dijo lo último muy bajito
—¿qué vamos a cenar? — escuchó al viejo aceptar la invitación, sería mil veces mejor que las cenas para dos.
—No sé —
—umm — Kanda metió las manos bajo su sudadera y sacó una revista que traía atorada en el pantalón, la desenrolló y la miró por un momento — Moyashi — llamó a Allen con ese apodo que tanto le molestaba desde que supo que significaba, "brote de haba" para Kanda era una semillita con raíz blanquecina y sabor terroso.
Allen volteó y atrapó al vuelo la revista que Kanda le lanzaba. Sus ojos se abrieron tanto como era humanamente posible, enrojeció de golpe y una expresión de susto salió de su boca, pegó el objeto a su pecho y miró a todos lados comprobando si había alguien cerca que pudiera ver tan profana publicación.
—es tu regalo — Kanda se acostó en el pasto y se estiró, Allen bajo de la escalera y le trató de meter la revista de nuevo bajo la ropa.
—no seas marica, como si jamás hubieras visto una — Kanda le dio un manazo y lo empujó forcejeando para que esa revista se quedara en manos del moyashi, este solo podía articular palabras sin sentido.
"que no vengan ¡QUE NO VENGAN!"
—¡quédatela! Fue difícil conseguirla —Kanda le arrebató la revista y se la metió dentro del pantalón
—¡no te hubieras molestado! — Allen metió la mano tratando de alcanzarla pero ya había resbalado hasta sus piernas, se sentó para meter su brazo por abajo con angustia
—ya es tuyo, nos vemos mañana — Kanda se despidió con la mano y salió tranquilo del jardín.
—¡NO!¡ LLEVATELA! — Allen se quitó el zapato y por fin pudo sacarla
—Allen, ¿estas bien? — su padre se asomó por la ventana y él volteó la revista
—s-si, si, es que… — de nuevo su incapacidad para mentir
Su padre lo miró con sospecha, solo pudo contestar con una risa nerviosa que rogaba porque no preguntara nada.
—termina ya, tenemos que ir al super — Mana volvió a meter la cabeza, Allen pudo respirar de nuevo.
Escondió a las chicas de la revista bajo su chamarra, se apresuró a poner las luces pensando que en cualquier momento la revista saldría volando y se abriría en la página central para mostrarse ante su padre.
Subió a su habitación pensando el lugar posible para esconder esa cosa. En el librero que tenía revistas de moda viejas de su abuela era el mejor lugar. Estaba a punto de mezclarla cuando su curiosidad surgió. Kanda era un pervertido, mira que regalar esas cosas, y seguro la había hojeado antes de entregarla. Apretó los ojos y la abrió en una página al azar: una chica rubia y bastante frondosa lo miraba provocativamente con un dedo en su boca, estaba recostada en una hamaca, en toples y con las piernas abiertas, la otra mano jalaba las cintitas del bikini que parecía a punto de ceder. Piel suave y bronceada, piernas bien torneadas, vientre plano y un aire descarado. No era bonita, pero en esa foto lo que menos importaba era su belleza.
Suspiró. Su mano pasó la hoja sin que el lo quisiera. Una morena, otra rubia, una chica con pechos imposiblemente naturales. No era la primera vez que veía una, en eso su amigo tenía razón. Los chicos de su escuela le habían llamado un día entre risitas y murmullos, le mostraron otra revista mucho menos explícita que la que tenía en sus manos "Kanda, eres un cerdo" ¿Cómo alguien de 14 años consigue estas cosas?
La cerró. Esta vez como la otra no sintió nada al ver a esas chicas, simplemente estaba ahí, tratando de provocarlo, seguramente estarían decepcionadas porque sus poses y atributos no encendían nada en él. La puso entre una revista de tejido y otra de patrones para blusas, trataría de no parecer sospechoso si alguien entraba ahí.
Nada, no sentía nada. Se suponía que alguien de su edad debió sentir emoción y buscar el momento apropiado para masturbarse mirándola. Pero nada. Ni le desagradaban ni le encantaban ¿había algo malo con él?
Tampoco le interesaba tener novia, incluso había fingido que una chica le gustaba; tres años mayor que él, popular e inalcanzable para que ninguno de sus compañeros lo animara a tratar de conquistarla. También recibió declaraciones de varias chicas, trató de rechazarlas amablemente pero siempre terminaban haciendo un drama. Al parecer la música ocupaba todo su tiempo y llenaba el lugar que esas ganas de tirarse a una chica representaban.
Lo llamaron para salir, dio unos pasos atrás comprobando que la revista no sobresalía de las demás y bajó.
Al final encargaron un pavo con una amable vecina que se ofreció a prepararlo al verlos llegar con las compras, estaban salvados, solo tenían que preparar la ensalada de manzana y la pasta.
El día llegó, por la noche Kanda y su abuelo llegaron, se festejó la noche buena y un rato después de las doce comenzó la fiesta de cumpleaños de Allen. Aunque algunos dijeran que la navidad no era un buen día para nacer a Allen le parecía agradable, siempre tenía a toda su familia reunida, cosa que no hubiera podido ser si su cumpleaños fuera en cualquier otro día del año y además su único amigo estaba con él.
—Yuu, dale su regalo a Allen — ordenó el señor Tiedoll dándole pequeños empujones a su nieto, Kanda lo miró huraño
—ya se lo di — Allen sintió un cubo de hielo pasándole por todos los lugares recónditos del cuerpo cuando contempló la posibilidad de que todos preguntaran sobre el regalo.
—¿qué es? — Mana hizo la pregunta endemoniada y sorpresivamente la palabra fue tomada por Kanda
—Partituras — dijo mirando a Allen y su expresión de alivio — de la música de una película que le gusta — Kanda era su ídolo al momento de engañar, solía ser tan cínico que cuando mentía nadie lo notaba.
La fiesta siguió. En año nuevo estuvieron todos juntos y unos días después, Allen y Mana Walker regresaron a la cuidad. No fue si no hasta las vacaciones de verano que Kanda y él volvieron a verse, luego en navidad, todo en ese pueblo tan tranquilo y lindo. Aunque su amistad tomaba intensidad solo en vacaciones, cada vez que se encontraban parecía haberse quedado donde la habían dejado meses atrás.
Con el tiempo Kanda cambió, se volvió más tranquilo, ordenado y casi buen estudiante, su violencia jamás desapareció. Obviamente su comportamiento no era producto de la escuela católica, seguía blasfemando quizá aun más que antes, llamaba avaras a las monjas y cuando hablaba de la escuela cinco de cada diez palabras que pronunciaba eran malas palabras. Detestaba el lugar pero su abuelo lo había amenazado: si era expulsado de nuevo, lo sacaría de la escuela y lo pondría a trabajar en su restaurante por el resto de su vida, se acabaría el kendo y las clases de pintura, le dio tan fuerte en su punto débil que incluso bajaron sus protestas cuando debía cortarse el cabello periódicamente por el reglamento de la escuela. Kanda siempre decía que quería largarse de ese pueblo, alejarse de su fastidioso abuelo y vivir en la cuidad donde estaba Allen.
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Miró la casa de Allen por última vez. Ya habían pasado varios meses desde que su manager había venido por él y no intentó comunicarse al menos y por supuesto tampoco ir al pueblo para terminar las cosas. Kanda realmente no esperaba mucho, en la radio ya se escuchaba la canción que el moyashi y la niña besucona habían hecho, así que siguió con su vida como si ese idiota jamás hubiera regresado. De vez en cuando pensaba en el tiempo que vivieron sin que ese imbécil lo arruinara.
La nostalgia no le gustaba, no encontraba el caso a revivir cosas del pasado, menos aun si esos recuerdos solo le pertenecían a él.
Volvió a tomar sus maletas y siguió caminando.
Su inscripción, colegiatura y hospedaje estaban pagados totalmente. La cuidad le esperaba.
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NOTAS:
(1)Omedetou, mudana: se traduce como "Felicidades, inútil".
AGRADECIMIENTOS: a makuya-love, keshi295, KawaiiSophie, Choi MingYu, kotoko-noda, ZakuryMinashiro, Alhena-star, AppleRin, kaoryciel94, Yu Okawa, Mikoto-sama.
Gracias por su tiempo, por sus reviews y sus buenos comentarios.
También les agradezco a todos los que leen y no dejan reviews y por las suscripciones ;D.
Nos leemos luego.
Atte: Mandra
