La conquista

Por Mandragorapurple

Happībāsudē Bakanda! You're the best seme of the world! Marry me!

Ladies and gentlemen: el nuevo cap. La verdad a todo esto es que además de la joda que son las vacaciones tengo un par de proyectos y tengo la intención de divertirme más esta vez XD, porque las vacaciones son para descansar. Por si fuera poco mi primer semana la pasé enferma y durmiendo el 70% del tiempo, empastillada y delirando la primera parte de este capítulo que al final resultó una chorrada y tuve que tirar a la basura. Ya estoy sanísima pero muerta de calor y prometo que contra viento y marea, así deba trasnochar y sobornar estaré puntual. Consideren este capítulo como la compensación por las tres semanas anteriores pues este fin de semana tendrán el siguiente.

ADVERTENCIAS: AU pro-alcoholismo, pro-café malo de los minisupers, pro-drama, pro-yullen, pro-tyken, pro-leenalen, pro-alucinación.

DISCAIMER: D. Gray –man no me pertenece, es de Katsura Hoshino (Kanda no esta muerto, anda de parranda)

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En cuanto escuchó cerrarse la puerta abrió los ojos. Lavi y Tyki estaban en la sala discutiendo y para su afortunada sorpresa, no era sobre él. La última hora habían estado tratando de atar cabos en su habitación mientras él fingía dormir, luego salieron de ahí pensando que, lo que para ese instante ya era una acalorada discusión sobre el pasado, despertaran a Allen y claro, él lo agradeció. No quería hablar con ellos después de su ataque dramático, había quedado como la damisela en desgracia y ahora se arrepentía de no haberse controlado. Por supuesto esas lágrimas no fueron de decepción, tristeza o abatimiento, fueron de ira, impotencia y molestia sin mencionar que la cabeza le comenzó a doler de golpe y trató de resistir aquel asalto de una sensación que sugería la llegada de un recuerdo. Siempre sentía eso cuando algo intentaba volver y luego una barrera se lo impedía, al parecer el HHG había marcado un límite y seguramente no recordaría ciertas situaciones nunca.

Allen se encontraba un mínimo más calmado. En todo el tiempo que pudo escuchar los razonamientos de Tyki y Lavi había llegado a sus propias conclusiones. Sencillamente debía pensar en lo que quería pues todo lo demás no podía remediarse, las mentiras, el tiempo perdido, el camino que había tomado su vida gracias a los recuerdos suprimidos. Lo único que le molestaba de todo aquello era no saber todos los "por qués" de la situación. No podía enojarse con su padre, comprendía sus razones para someterlo al HHG, sólo hizo lo que consideró adecuado. Imaginaba que si todos los padres tuvieran la posibilidad de borrar algún evento traumático de los recuerdos de sus hijos, seguramente lo harían, sin pensar en el mal que harían a sus hijos, enfocándose únicamente en evitar sus tristezas.

Por otro lado estaba Kanda, suponía que había hecho mucho más de lo revelado, no podría ser motivo de suicidio ver a el tipo que te gusta haciéndolo con otra persona… ¿o si?. Para Allen, ahora, con la ideología "sigue caminando" que Mana le había regalado no encontraba potencia en la razón para quitarse la vida. Pero ahí entraba el conflicto, ya no era el de antes, no sabía como era antes.

Entonces debía concentrarse en recuperar lo posible.

—buenas noches… ¿podría comunicarme con Marian Cross por favor? — había tomado el número de la libreta de direcciones encontrada en casa de sus abuelos

—¿ese canalla?¡EL MALDITO NO VIVE AQUÍ! — contestó una mujer furibunda colgando escandalosamente. Allen se sobresaltó ante tal reacción sin evitar decepcionarse. Marian Cross era su padrino pero pocas cosas le venían a la mente sobre él. Cierta vez cuando tenía la tierna edad de ocho años, su padrino apareció en su casa presentándose como el último recurso de su padre para cuidarlo mientras salía. Cross no parecía muy contento pero igual se quedó. Ese día se desbloqueó el canal pornográfico, descubrió cinco diferentes filias y vio la aplicación de cuatro de ellas, aprendió sobre la reproducción humana con información severamente ilustrada dándose por enterado que un hombre podía "intentar embarazar" a varias mujeres en una misma sesión y aprendiendo sobre las ventajas de tirarse a un hombre. Ante tales revelaciones permaneció pasmado y luego curioso, su padrino le respondía a cada pregunta con soltura y palabras que jamás debió escuchar al menos hasta pasar la década de edad. No dijo nada a su padre, no sabía que la sabiduría de Marian Cross era moralmente inaceptable.

Desde ese momento sólo había aparecido no más de media docena de veces en su vida, entre ellas el día de la muerte de su padre y en la lectura del testamento. Ni siquiera le había dejado un número para localizarlo y con lo poco que se conocían jamás imaginó necesitarle. Luego de ver su firma en los papeles supo que debía encontrarle a toda costa.

Justo ahora no tenía medio para hacerse de su número, quizá entre las cosas de Mana encontraría alguna pista de su paradero, pero para llegar a la habitación de su padre cruzaría la sala y no quería encontrarse con los sujetos que esperaban sin ganas de irse a ver si volvía a llorar como magdalena.

Usualmente era paciente, mesurado, conservaba la calma y sonreía por más fastidiosa que fuera la situación en que se encontraba. No en este caso, era para romperle la paciencia a cualquiera. Tyki y Lavi seguían en la sala con una pelea que había avanzado a tales magnitudes que ahora hablaban de sus aventuras de secundaria, luego Lavi en un acto nunca antes visto, mando al diablo a Tyki en veinte diferentes formas. No imaginó que se conocían de antes.

Le restaban 5 horas a su cumpleaños y no es que lo sintiera perdido por estar encerrado, aún si hubiera podido salir no hubiera festejado. Simplemente quería llegar al final del día.

Se levantó dispuesto a salir de aquel lugar, buscó entre sus partituras la tarjetita que Lavi había conseguido para él, tenía el número de Kanda, esperaba no fuera mentira.

—¿Kanda? —preguntó al escuchar que alguien había contestado

—¿qué? — pensó que aquella voz jamás la volvería a escuchar

—sácame de aquí — dijo en un tono que sin hacerlo a propósito sonó tal que si tuviera un asesino en casa

—¿de dónde? —

—¡de mi casa! Anda —

—¿te están matando? —

—casi —

—mm… llámeme cuando sea un hecho, iré a ver — Kanda estaba tratando de limpiar los pinceles viejos que había traído de casa de su abuelo, no tenían remedio pero igual lo intentaba aunque estuvieran más duros que una roca. Alguien tocaba a su puerta con claras intenciones de derribarla, Daisya quería venganza después de descubrir su balón de soccer ponchado y descuartizado. Razones le sobraban a Kanda para haber cometido tal crimen; su compañero hacía dominadas dentro de la casa y usualmente tiraba cosas, la última vez le había tocado a su proyecto de escultura dañándose en el acto.

—parece que tu eres a quien asesinarán — dijo Allen al escuchar el griterío de fondo

—para nada — Kanda se acercó a la puerta — llego en media hora — colgó para rugirle a Daisya con el proyecto en la mano e intenciones de usarlo contra su cabezota.

Allen tomó su atuendo de camuflaje con ansias. Sería mejor esperar a que llamaran a la puerta para salir. Seguramente tratarían de detenerlo pero la cara de fiera que tenía Kanda lo aplacaría un poco. Lavi sabían quién era Yuu Kanda y no se opondría (tanto) a dejarlo ir, si bien cada que se encontraban parecía que se arrancarían brazos y piernas, su amigo comprendía el nexo entre ellos y su valor.

La media hora pasó y con una puntualidad impactante, el timbre zumbó haciendo salir a Allen como una bala ante la mirada extrañada de sus amigos. Tal como predijo, intentaron detenerlo con ahínco, con argumentos bien armados, razonables. Allen se hizo el sordo y salió.

—No es mi problema que no puedas controlar tu vida — dijo Kanda algo molesto por tener que arrancarles de los brazos al moyashi, la situación fue estúpida, todos trataban al cabeza de anciano como si no pudiera cuidarse solo. Eso le fastidiaba, pero lo que le saltaban las venas de la frente al pensar que la razón para llamarlo era para tomarlo de excusa.

—la controlo perfectamente —

—y por eso el pelirrojo y el modelo están en tu departamento, sin contar que me llamarte para ser rescatado — tomaron el elevador, Kanda observaba los movimientos del moyashi, ahora se ponía una bufanda bastante fea.

—¿rescatarme? — Allen se puso bajo el brazo una carpeta que sostenía para ponerse el gorro y las gafas — no necesito que me rescates —

—¿a que vine entonces? — el elevador se abrió y caminaron hacía la salida

—mira esto — Allen le entregó la carpeta a Kanda y salieron — después de todo si era tu culpa — Kanda paró, estaban en la calle así que caminaron hacía el lugar menos concurrido, el super de 24 hrs. donde había algunas sillas para disfrutar del delicioso ramen instantáneo que vendían ahí. Allen se sirvió un latte y Kanda un té. Cuando estuvieron cómodos y el dependiente paranoico los dejó de acosar con la mirada Kanda abrió el folder y comenzó a leer.

—¿soy el punto anulado? — dijo soltando la carpeta en la mesita, bebió su té con toda tranquilidad — ¿es una broma? — había escuchado perfectamente lo que el tal Lavi le dijo a Allen y era mucho más creíble que lo hubieran violado a que le hubieran hecho perder la memoria.

—no, eso prueba que tenías razón: me lavaron el cerebro por tu culpa —

—¿mi culpa? Tal vez tu querías el tratamiento — aún no se la creía, aquellos documentos eran rarísimos pero tanto las fechas como su desaparición en los recuerdos de Allen se explicaban perfectamente con ellos.

—no, yo no quería — dijo mostrándole la evaluación psicológica donde quedaba claro que se negaba rotundamente — era menor de edad, bastó con la firma de mi padre —

—ese bastardo —

—¡oye! ¡él sólo quería lo mejor para mi! —

—seguro — dijo sarcástico — terminó jodiéndonos —

—el único jodido soy yo, tú tienes todos tus recuerdos — sinceramente esperaba una respuesta más escandalizada de su "amigo", su expresión no parecía conmocionada durante la lectura de los archivos, más bien parecía ofendido — y quiero recuperarlo todo —

—a la mierda moyashi — justo ahora desviaba la mirada sutilmente, fingía observar a un par de chicos que acababan de entrar a la tienda, supuso que Allen lo había llamado para dejarlo todo pro la paz — a la mierda — volvió permaneciendo concentrado en su té — te va bien, si fueras como antes no podrías ni atarte los cordones sin ayuda de Mana… ¡ah! Pero si justo ahora tienes a tus niñeros en casa —

—aunque recordara no sería el mismo de antes, afortunadamente — meneaba el vaso de cartón con su latte — sólo ayúdame por una vez en tu existencia, puede que acumules buen karma, luego tu vida dejará de ser tan miserable y podrás quitar esa cara de "estoy oliendo mi trasero todo el día" — qué maña esa de inmiscuir a su padre en sus conflictos, bien sabía Kanda que aquellos comentarios lo encendían

—no — aquella avalancha de insultos únicamente le hizo sonreír

—¡cómo que no! Lo único que tienes que hacer es hablarme de mi pasado—

—no y ya —

—te pagaré —

—¡JÁ! — levantó el mentón indignado

—entonces ¿QUÉ QUIERES? — debía conseguirlo pues era su único contacto vivo con el pasado. Kanda dio unos sorbos más con cara de suficiencia.

—lo haré, pero cuando termine hablaremos de mi pago —

—canalla — había imaginado que su molestia era por ofrecerle el dinero, por un momento creyó que lo haría gratis

—siempre puedes hacer una sesión espiritista con Mana Walker, tal vez vuelva de la tumba a aclararte sus mentiras — se levantó y tomó su té

—bueno… tienes un trato, pero mi condición es que dejes de hablar mal de mi padre — extendió su mano para sellar el acuerdo

—rechazo la condición, no estás en posición de exigir — estrechó la mano de Allen y este lo miró con ojos de pistola. De modo que seguiría con sus malos comentarios…

—¿Cuándo comenzamos? — Allen soltó a Kanda y tomó otro poco de su latte asegurándose de soplar antes

—¿crees que tengo tu tiempo? Comienza a preguntar —

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Las conversaciones con Kanda usualmente terminaban en reclamos y un enojo que perduraba no más allá de unos minutos después de despedirse. Por molesto que fuera, por insoportable en momentos Allen estaba totalmente concentrado en la recuperación de su memoria y prácticamente no vio a nadie más que a Kanda hasta pasado el año nuevo. Estaba agotando todo hasta poder armar su niñez y dejar de sentir que era un cuento y no su vida. Por más que Kanda le diera detalles Allen seguía sintiendo que aquello no era su vida… pero era todo lo que tenía.

—¿de nuevo aquí? — murmuró Tyki al ver a Kanda en la sala de Allen — ¿y Walker? — se dirigió a Lavi quien también estaba esperando

—no lo sé, cuando llegué no había nadie — dijo marcando de nuevo al teléfono de Allen — se suponía que hoy hablaría con Alma del video para el tercer sencillo —

Todos se miraron esperando que Allen contestara; Kanda había acudido a la hora acordada un día antes, Lavi tenía que aparecerse y Tyki siempre iba con esperanza de robarse al moyashi por unos momentos, cosa que no había logrado en las últimas semanas.

—Allen… ¿Dónde estás? — Lavi había logrado que Allen le contestase — si, comprendo… ¡¿tan tarde?... aja, aja, tendré que llamarle a Alma — Lavi se hizo hacia atrás el cabello algo desesperado, últimamente Allen se había convertido en impuntual o incumplido, pues tenía la concentración puesta en resolver los enredos que su padre le había dejado. Lavi colgó y miró a los otros chicos.

—por fin encontró a su doctor, esperará a que salga de una cirugía para hablar con él así que… — suspiró — cree que volverá como a las ocho — no tenía caso enmascarar los detalles, todos los presentes sabían por el momento que Allen pasaba.

—me voy — Kanda se levantó, era claro que Tyki no se movería de ahí y no competiría por un momento con el moyashi, finalmente el idiota era el interesado, si quería verlo de nuevo tendría que buscarlo. Tomó sus cosas y salió sin decir más provocando una sonrisa disimulada de Tyki.

— ¿también te irás? — preguntó Lavi a Mikk cuando Kanda cerró la puerta

—no tengo nada mejor que hacer — se estiró y soltó el cuerpo en el sofá

—no presiones a Allen, aunque no lo diga, sigue molesto con nosotros — advirtió Lavi poniéndose el abrigo y cargando su portafolios — nos dirá todo cuando esté listo —

—no me quedo por saber de su investigación —

—como sea… ya no te será tan fácil, tienes competencia —

En el hospital, Allen no sentía el trasero de tanto esperar. Se levantaba, caminaba, volvía a sentarse y ojeaba las revistas viejas sin nada de ganas, la cabeza recién había dejado de fastidiarle y eso gracias al cocktail de analgésicos que tomaba. Aquellos remedios tendrían consecuencias, no lo dudaba, pero mientras funcionara…

—¿A-Allen? — Lenalee se detuvo casi fría de la impresión al verle en la sala de espera

—¡ah! Buenas tardes Lenalee — se levantó de inmediato y sonrió cordial

—¿estás… enfermo? — preguntó con preocupación para luego disculparse por la pregunta atrevida

—vengo por una revisión de rutina — Allen invitó a sentarse a Lenalee y ella aceptó tomando la plaza al lado de él

—¿tú estás enferma? — preguntó para aliviar la vergüenza que la chica había sentido, así igualaba las condiciones

—ru-rutina… también — finalizó después de un momento, ella parecía conmocionada, nerviosa y parecía apenada por encontrarse con él. En otro momento aquel momento habría sido todo un sueño.

—no es muy alegre pero es una coincidencia que estemos en el mismo hospital — no sabía como comenzar una charla en tal lugar, sobre todo por su humor y los ánimos visibles de la chica

—mi hermano trabaja aquí, así que vengo desde siempre — sonrió para suavizar su expresión y no ahuyentar a Allen — es pediatra —

—vaya, debe ser divertido e interesante —

—pues le gusta pero no puede evitar quejarse. La vida de un médico es sumamente sacrificada — Lenalee contó un par de anécdotas que su hermano le había compartido alguna vez. La situación se fue relajando un poco y después de algunas risas, el encuentro ya no resultaba tan inconveniente.

—Lena, cariño, arriba van un poco atrasados, tendrás que esperar un rato más – avisó una enfermera que parecía conocer a la chica desde hace mucho por aquel tono maternal que le imprimía a su aviso

—no hay problema — miró su reloj — espero a mi hermano — con un gesto dulce la enfermera volvió a sus asuntos. Cabe mencionar que después de este aviso Lenalee miraba su reloj obsesivamente hasta que una llamada volvió a interrumpir su conversación con Allen.

Komui estaba por entrar a una junta sobre las reformas del nuevo año al ala de pediatría, como supervisor del área no podía faltar, lo lamentaba mucho, tanto que incluso Allen escuchaba sus lamentos y a alguien reprendiendo al doctor por no apresurase a entrar.

Lenalee colgó completamente hecha un manojo de nervios. Tomar el tratamiento sin compañía, sin su hermano, era impensable. Era una niñería pero hacer cualquier cosa que le daba miedo, sin su hermano, le hacia sentir como si fuera una tortuga bebé recién salida del huevo tratando de llegar al mar sin ser devorada por una gaviota. Cada día del tratamiento Komui la acompañaba, le acariciaba la cabeza y le hablaba de alguna tontería que la hiciera reír para tranquilizarla. Luego venían los mareos, las nauseas, el desgano, la sensación de que alguien saltaba sobre ella, pero su hermano estaba ahí.

—linda, ya puedes subir — anunció la enfermera

—¿podría esperar un momento más a Komui? No debe tardar — pidió lo más tranquila que pudo. La enfermera asintió no sin antes recordarle que no podía suspender su tratamiento

—¡ah! Pero recuerda que sólo puede entrar contigo una persona, tu novio no podrá pasar — dijo refiriéndose a Allen. La chica enrojeció de golpe y tartamudeando pudo aclarar que él no era su novio. La enfermera sonrió con complicidad. Había visto a Lenalee crecer y era como la tía sin mejores quehaceres que cotillear acerca de las vidas ajenas. A todo este Allen permaneció amable y dejó a Lenalee explicarse, después de todo ella conocía mejor ese lugar.

Lenalee miró su reloj. La razón decía que no debía esperar más pero los intestinos se le revolvían cuando pensaba en lo que le haría sentir el tratamiento. Por otro lado suponía que Allen ya se había dado pro enterado que su "revisión de rutina" era una mentira, le apenaba sobremanera que le vieran como una mentirosa descarada pero no podría decirle al chico del que estaba enamorada que estaba en quimioterapia. No era algo de que avergonzarse pero no quería compasión, mucho menos de él. Cuánto hubiera dado porque sus encuentros fueran más afortunados. Cuánto hubiera dado porque su situación fuera otra, quizá sería más valiente.

—¡Lenalee! —dijo Reever corriendo ante la mirada fulminante de la recepcionista

—Reever ¿qué sucede? —

—tu hermano me envió para acompañarte, sólo los jefes están en junta así que me pidió que te acompañara a la quimio. Suponía que no querrías entrar sola. —

—¡a-ah! — de nuevo a enrojecer, si Allen no lo sospechaba ahora si quedaba claro que le había mentido — vamos entonces — no se atrevía a mirar a Allen

—Lenalee — llamó Allen haciéndola voltear. Le daba una gran sonrisa, brillante, reconfortante y absolutamente sincera, de un modo que probablemente no había visto en todas esas fotografías que tenía en la PC tal que si fueran tesoros — ¿me permites tu móvil? — Lena se lo dio con todas dudas ante la cara de incredulidad de Reever quien recién había notado que Allen Walker era la compañía de la hermana de su mejor amigo. Komui ya le había dicho algo parecido: que Lena y él famoso se conocían pero como aquello iba acompañado de un drama de celos fraternales no le prestó mucha atención.

—mi número. Llama cuando quieras — Allen entregó el móvil y ella asintió torpemente con un gracias bajito.

Reever la tomó de la mano y ambos se despidieron apresuradamente del peliblanco.

Allen comprendía. Lenalee estaba pasando por lo mismo que Mana y de alguna forma se identificaba con ella. Había vivido el proceso con su padre y no era lástima lo que la chica le inspiraba, él y su padre estaban solos desde siempre y sabía que en momentos como ese todo el apoyo que te pudieran brindar era bienvenido. Lenalee Lee era una niña adorable, no debería estar pasándole eso.

Pasó media hora más para que Allen se entrevistara con su doctor.

El hombre, con ese gesto severo, de altos conocimientos y actitud ocupada le invitó a sentarse con cierta incomodidad.

—¿cómo le ha resultado el aumento de dosis? ¿tiene algún problema? — las preguntas eran un bien ensayado protocolo doctor-paciente

—para nada, dejé de tomarlas y me siento de maravilla — los ojos del médico se abrieron desmesuradamente, tomó su libreta de recetas y comenzó a escribir

—vaya ya mismo a farmacia y que le resurtan el frasco, ha sido un insensato señor Walker, no puede abandonar el tratamiento. Creí que había dejado en claro la consecuencias que traería — le entregó una receta garabateada para mas HHG

—si, lo entendí perfectamente, pero de no ser por mi irresponsabilidad jamás hubiera descubierto que me han mentido todo este tiempo — Allen sacó de su bolsa el folder que Tyki le había proporcionado. El doctor los tomó y hojeó impactado.

—cuales sean sus razones, no debió dejarlo — dijo aun leyendo aquellas páginas

—me aplicaron el HHG para borrar mi memoria. Ahora quiero saber lo que debo hacer para que todo vuelva —

—disculpe Walker pero debería cuestionarse sobre la veracidad de estos documentos, pueden estar jugandole una broma — Allen miró intrigado, ¿quién se dedicaría a dejarle tantas pistas por una broma? Por supuesto la situación era una trastada desde el principio y por muy increíble que fuese, no había manera de dudar sobre su verosimilidad.

—usted es mi doctor, debe resolverlo —

—me temo que no, la única solución es que tome el HHG y siga con su vida — el hombre quedó pensativo por un momento

—en ese caso solicito todo mi expediente —

—imposible — el médico cerró el folder y lo guardó en su escritorio con llave

—doctor, debe devolverme la carpeta, por favor —

—me temo que la retendré, no puede ir por ahí haciendo acusaciones falsas al hospital, no permitiré que siga con sus especulaciones. Recomendaré que se practique un estudio psiquiátrico para descartar paranoia o delirio de persecución — el doctor volvió a su libreta de recetas y ordenó con letra mucho menos legible a la anterior una canalización al área de psiquiatría

—pe-pero… — Allen se quedó de piedra, jamás hubiera esperado un final así

—solicite los estudios en recepción, ellos le dirán a donde ir — el hombre ofreció la receta pero Allen no se movió, seguía atónito.

—¿señor Walker? — llamó moviendo un poco el papel para remarcar lo que Allen debía hacer.

Allen se levantó y salió de ahí totalmente desencajado. De menos esperaba una pista más, no una insinuación de locura. Y para acabar de joderla, el doctor se había quedado con los papeles. Sin duda era un estúpido confiado, había pasado tanto tiempo pensando en lo que quería averiguar que jamás se le ocurrió planear como conseguirlo.

No había más que regresar a casa, hacía una semana que había comenzado la solicitud de su expediente y aún el faltaban dos semanas más. Esperaba que al poner sobre aviso al doctor no propiciara que se le obstaculizara la entrega de sus papeles. Menuda estupidez, estupidez en serio.

Repasó en su cabeza lo que debió hacer una y otra vez. No cabía duda que el doctor sabía algo, de otra forma no hubiera tenido esas reacciones: defender su maldito trabajo enmascarándolo como si protegiera al hospital.

Llegó a casa enojado consigo mismo.

Kanda le había contado casi todo, Tiedoll también, hurgó en las cosas de su padre y nada, su doctor se negaba a hablar y la tierra se había tragado a su padrino. ¿Dónde más podría buscar? Definitivamente insistiría con el doctor, pero tenía que pensar cómo pues no podía levantar un escándalo. Le importaba poco lo que la prensa pudiera decir de aquello, pero su amnesia era algo privado, muy privado e importante para exponerlo ante todo el mundo.

Entró al departamento y se encontró con un Tyki de delantal. Se quitó bufanda, guantes, chamarra, gorro y suéter ahí mismo, incluso las botas, con total mal humor. Lamentó que Tyki estuviera ahí, era buena persona pero no quería saber de nadie, no ahora.

—estoy preparando la cena, es katsudon (1), siéntate — Allen lo miró fijo.

—no tengo apetito —

—no, no, ya entendí — se quitó el delantal y lo puso sobre la barra de la cocina — todo esta listo, descansa, nos veremos luego — fue al sofá y comenzó a vestirse para salir al frío.

—lo siento, no desdeño tu compañía es que… — suspiró y fue al sofá, con un movimiento invitó a Tyki a sentarse, pasó las manos por su rostro en un gesto hastiado. Tyki tomó asiento.

—las cosa no fueron nada bien, lo siento, no debo desquitarme contigo pero sinceramente no tenía cabeza para nadie. Sé que últimamente me he portado huraño con Lavi y contigo pero de verdad necesito resolver esto — Tyki asintió y se levantó de nuevo, esta vez volvió con una cerveza

Allen no protestó. De hacerlo sería considerado una grosería y ya le había hecho muchas a Tyki. Siempre estaba ahí, esperándolo, cuidándolo, probablemente mejor y más sutil que Lavi. No merecía sus maltratos. Bebió un sorbo y después de algunas palabras más, decidieron comer.

Tyki no sintió remordimiento por la jugada que acababa de hacer para quedarse, pero si el preocupaba Allen. Todo el tiempo rodeado de gente, todos clamando su atención pero nadie le ayudaba en realidad y tal como él lo hacía ahora… tampoco le dejaban ponerse en paz con su yo interno.

Su objetivo, para hacer que Allen se calmase un poco, era dejarlo ebrio. Sin mencionar que cuando estaba bebido soltaba muchas verdades. Así aquella cerveza se convirtió en tres y luego ni siquiera tuvo que insistirle a Allen para tomarla. Curiosamente el único momento en que Allen estaba totalmente relajado era cuando perdía la razón, esa que lo dominaba por completo. En cuanto notó al chico con la guardia baja, comenzó a hacer preguntas de lo que había pasado con el doctor.

—fue completamente… "aggg" — explicó Allen — cuando me di cuenta, el doctor me estaba mandando una orden para estudios psiquiátricos — dijo mirando la boca de su botella comprobando que aún tenía líquido a pesar de estar recién abierta

—¿qué? ¿por qué te enviarían? —

—el sujeto dijo que tenia delirios paranoicos o algo así, incluso se quedó con los… la… las… la carpeta — bebió — quería evitar que difamara al hospital pero estoy seguro que algo muy gordo se esconde detrás, su cara me lo dijo — aseguró con los ojos entrecerrados en sospecha — como sea, lo haré hablar — amenazó con sus palillos de bambú

—¿cómo se llama? —

—cerveza —

—el doctor —

—¡ah! Dr. Yeegar — dijo sin poder coordinar sus manos para atrapar los granos de arroz que se habían quedado pegados en el tazón — pero no importa, ¡ya no será más mi doctor! — al ver que no podía con el arroz dio un trago largo que probablemente lo llevó a la mitad de la botella —¿me enseñarías a jugar póker? — dijo cambiando de tema tomando como una nueva página su trago prolongado

—¿a qué viene eso? — Tyki estaba perfectamente consciente, no fueran a hacer alguna otra tontería como la vez anterior

—umm… Kanda, Bakanda Kanda me dijo que antes sabía jugarlo, pero no recuerdo, cosa que ya no me parece extraña — Allen sonrió tontamente — ¡jamás recordaré! Menos si el doc no me ayudaaaaaa — dijo tirándose en al mesa con dramatismo — es la única pista que me queda — habló con la nariz pegada a la mesa

—te enseñaré a jugar, pero no tengo un maso, iré por uno —

—no urge, no urge, pasé cuatro años sin saber que diablos sucedía, un día más no me matará — dijo restando importancia pero ahora tratando de atrapar con los palillos una botella de cerveza vacía

—iré, espera aquí chico. Me gusta jugar póker y no perderé la oportunidad — Tyki se levantó y salió del departamento advirtiendo a Allen de salir o hacer alguna tontería. Finalmente lo dejó bailando Judas de Lady Gaga con la TV. Hay que decir que no lo hacía del todo mal.

¿Saben dónde conseguir un maso de cartas a las 11 pm? Tyki llevaba uno a todos lados, pero aquel detalle desconocido por Allen le permitía desviar el camino. El hospital, claro, era el destino lógico para Tyki.

—¿Dr. Yeegar? — dijo encontrando en la cafetería al hombre. Aquel lo confirmó con orgullo y una sonrisa que daba asco por su falsedad. Los compañeros del doctor, probablemente igual de viejos que él, no entendieron el evento, incluso miraban a Tyki de manera fastidiada — un amigo me recomendó sus servicios y yo estoy en un apuro, dijo que usted era el indicado para este problema — se aseguró de poner angustia en sus gestos y un halo de esperanza sobre al cabeza del hombre

—¿es usted el paciente? — Tyki asintió y de inmediato fue conducido hacia la oficina del doctor

—dígame señor… —

—Mikk —

—señor Mikk ¿quién me recomendó con usted? —

—Allen Walker — su rostro endureció con prontitud; frente, boca, ojos mostraron molestia y tensión

—¿qué sorpresa! — dijo acomodándose en su asiento — ahora dígame ¿qué puedo hacer por usted? —

—devolverme los documentos que le quitó a Walker y responderme unas preguntas, por supuesto —

—no hay tales —

—doctor, admiro su descaro, pero juro que no bromeo cuando le digo que DEBE dármelos —

—¿mi empleo peligra? — dijo suponiendo la amenaza más obvia

—precisamente — el doctor sonrió y negó con la cabeza — ¿conoce a Lenalee Lee? —

—no —

—fue su paciente hasta hace un año — se miraron fijamente — gracias a sus "tratamientos" ahora se enfrenta con un tumor cerebral. La familia debió atar cabos y sospecharlo, podría buscarlos y convencerlos de demandar, luego Allen Walker lo haría y su cloaca de mentiras quedaría abierta para que otros trágicos casos con el HHG se defendieran —

—señor Mikk, es simple: no pueden —

—no importa si no ganan, la opinión moralista lo destruirá a usted y al hospital —

—de acuerdo — el hombre abrió su cajón y sacó los papeles — hago esto por voluntad, sus amenazas me dan el mínimo de inquietud, pero si va a demandar alguien, no quiero que sea al equivocado — le entregó los documentos y se hizo hacia atrás apoyándose en el respaldo de su silla — usted es la quinta persona que viene a hacerme un reclamo de este tipo… la quinta en tres años y le diré lo que a todas les digo: no es mi responsabilidad — paró un momento y se apoyó en el escritorio para ver de cerca a Tyki — lo reconozco, sé quién es su padre y me sorprende que vaya por la vida defendiendo causas nobles provocadas por su padre —

Tyki lo miró intensamente, era cierto que su padre había financiado el HHG desde el inicio del proyecto hasta hoy. Sin embargo no podía meterlos en el mismo saco.

—soy el único en todo este basto mundo que fue capaz de aceptar a los pacientes de Marian Cross — Tyki se sorprendió ¿acaso ese maldito estaba en todas partes? — el aplicó los tratamientos, el supervisó su evolución, él creo el HHG. Yo únicamente recibí a sus pacientes cuando decidió ir y regar su mal a otras partes del mundo. Escribo recetas para los pacientes y reciben sus píldoras, eso es lo que hago. Si tiene que demandar a alguien, es a él —

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Volvió al departamento de Allen una hora después. El chico estaba dormido en el sofá y murmuraba una receta de cocina. Lo había escuchado otras veces, Allen soñaba que era chef y tenía su programa. Rió cuando Allen aseguró en su delirio que el kraken(2) debía aplanarse con un mazo para empanizarlo en panko(3) y acompañarlo con salsa BBQ.

Debería grabarlo para la posteridad. Consciente era amable, cortés, sonriente, tolerante y todas las buenas virtudes que podría tener un santo, pero con el alcohol a full soltaba malas palabras, se quejaba de todo lo quejable y se volvía gracioso. Particularmente le gustaba tenerlo así, le daba una oportunidad para cuidar al indefenso borrachín.

Tyki pretendía dejarlo ahí pues por más que Allen fuera delgado, no era nada liviano, no pretendía aplastarse una vértebra. Acomodó los cojines bajo la cabeza de Allen y trajo varias mantas de la cama de Allen, este se movió unas cuantas veces, pero no continuó con la receta, lo cual era lamentable pues no llegaría a saber cual era la guarnición o sopa indicada para acompañar el kraken empanizado.

Lo siguiente era irse, dejar que Allen durmiera y que la resaca le diera los "buenos días", pero era demasiado egoísta para hacerlo. Se hincó a un lado y puso el rostro sobre Allen, respiraba con la boca entreabierta totalmente muerto.

No pensó ni media vez. Lo besó. Y aquellos labios eran tal como lo pensaba, suaves y te forzaban a querer más. Se avergonzó de si mismo por tomar ventaja de la falta de conciencia en Allen, sacarle las verdades a un amigo en estado etílico no era el mismo nivel de maldad que besarle. ¡Empeoraba! ¡Su mano se estaba colando bajo la camiseta de Allen! Pero podría jurar ante medio vaticano que sus avances no podía controlarlos. Palpó su abdomen plano y deslizó sus dedos por la cintura. Pero no, no era de caballeros.

—Allen… — sacó la mano y la usó para agitar al chico — despierta, traje las cartas — Allen gruñó desperezándose y abrió los ojos sintiendo que acababa de volver de un coma.

—¿qué día es hoy? ¿Cuánto tiempo dormí? — bostezó estirándose

—el mismo que hace una hora, vamos, te enseñaré a jugar — Allen se levantó cubriéndose con las mantas en un capullo de protección al frío

—¿puede ser mañana? —

—no— Allen comprendió y se sentó en la mesa con pesadez, con al barbilla sobre ella recibió toda la explicación de su maestro y luego de una sesión de práctica, donde Tyki ganó y Allen por fin logró despertar, comenzaron las apuestas

—no tengo dinero — advirtió Allen sacando de sus bolsillos a penas lo suficiente para pagar el autobús

—¿acaso Lavi te da mesada? — de nuevo le empujaba una cerveza y Allen al recibía sin chistar

—NOOOOOO, no seas tonto, no tengo efectivo — sacó su cartera y mostró que tenía más tarjetas de crédito que monedas en los bolsillos

—entonces apostemos algo "inmaterial" —

—¿ah? — bebió lo que quedaba en su botella de golpe

—si ganas podrás pedirme algo, si gano, yo seré quien pida — revolvía las cartas con gran habilidad, Allen lo miraba tan atento que tardó en responder

—¡si, si ,si! Yo pediré… doscientos miratashi dango — y todavía se preguntó si serían suficientes

—bueno, bueno, no era a lo que me refería pero esta bien — Tyki paró y comenzó a repartir —pediré una cita —

—acepto — el juego comenzó. Por supuesto, por sobre las grandes habilidades que residían en la memoria de Allen, Tyki lo venció.

—hey ¿con quién será tu cita? — dijo Allen después de un momento teatral por ser derrotado

—¿estás jugando? —

—es que no lo dijiste —

—contigo — Tyki recogía las cartas, ya pasaban de las tres de la mañana

—¿conmigo? — de un momento se vio más cuerdo de lo que había estado en toda la noche, Tyki lo apresuró a ponerse todo e nuevo: botas, suéter, sudadera y chamarra, lo enrolló él mismo en la bufanda y le puso el gorro casi a presión, el también tomó su cosas y juntos salieron del departamento.

El día había sido una porquería, desde la mañana hasta la noche, a pesar de la comida y la bebida ya que estar borracho no era la cosa favorita de Allen. Al entrar al auto de Tyki se quedó dormido. Un par de veces abrió los ojos pero volvía a caer rendido y desparramado en el asiento.

El auto paró y escuchó como las llantas hacían un curioso sonido al tocar la gravilla de la terracería. Bajaron el capó y una tenue luz golpeó sus párpados haciendo que buscara resguardo.

—bebe esto — Tyki el dio un gatorade(4), lo tomó con mucho esfuerzo pues sus miembros se sentían cansados

—mi cabeza… — murmuró sintiendo que le había pisoteado el cerebro — ¿Dónde estamos? — entrecerró los ojos recuperándose

—en mi casa —

—¿esta montaña es parte de tu casa? — se frotó el rostro logrando entrar en conciencia

—es parte de la propiedad, ¿te gusta? — Allen estaba totalmente ausente y lo cierto era que no le prestaba atención a Tyki

—debo volver, hablar con Lavi para que consiga un abogado, un detective privado, ¡lo que sea! El Dr. Yeegar debe devolverme los documentos y además alguien debe encontrar a mi padrino — dio un sorbito se acomodó en el asiento agarrándose la cabeza y miró a Tyki apresurándolo a arrancar

—no, estamos en nuestra cita — dijo firme

—¿de que hablas? ¿qué cita? — Allen sentía que la cabeza se le caería

—perdiste en el póker, debes pagar la apuesta —

—ah… cierto, pero ahora no, no puedo Tyki, debo terminar con esto, quiero todo de vuelta, necesito recordar. Ayer dejé plantado a Kanda y seguramente está molesto, tengo que llamarle — revolvió entre su ropa para encontrar el móvil

—son las 5 am —

—no importa, el se levanta muy temprano, debo disculparme o no querrá ayudarme más — Allen encontró su celular y comenzó a buscar el número de Kanda

—¿y si ya no recordaras? — Tyki paró sus manos y lanzó su teléfono al asiento de atrás, Allen lo miró sorprendido, era impropio de Tyki —¿qué pasaría? ¿no podrías ser feliz? —

—estaría tranquilo, eso es seguro —

—mira como te pones. Desde que comenzaste a buscar no eres tu mismo y si pudiera ponerse peor, las noticias que recibes no te satisfacen y cada vez se complican más, las pistas te llevan a otra red de mentiras —

—pero… —

—ni siquiera te llevas bien con Yuu Kanda, ¿qué quieres recuperar? —

—perdí un parte de mi vida, tal vez sería otro si no hubiera pasado —

—pero no es así. Tu padre debió tener una muy buena razón para alejarte de él y llegar a tales extremos. Desde que apareció en tu vida no ha hecho más que causarte problemas ¿qué otra prueba quieres? —

—no lo entiendes, no es por él, es por mi —

—tal vez no es necesario que recuerdes para ser feliz —

Tyki atrapó el rostro de Allen con sus manos y los sostuvo mientras lo besaba suavemente.

Allen, desconcertado al principio, dejó que Tyki se apartara, estaba enrojecido, Mikk acarició una de sus mejillas y le sonrió.

El siguiente beso lo correspondió. Y el siguiente y el siguiente a ese.

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NOTAS:

(1)Katsudon: comida japonesa donde se pone carne de cerdo empanizada sobre un tazón de arroz al vapor y se le agrega una salsa de soya dulce.

(2)Kraken: Criatura mitológica de los mares que se decía, surgía de las profundidades para hundir a los barcos con sus enormes tentáculos. Su aspecto era parecido al de un calamar gigante.

(3)Panko: producto japonés que se utiliza para empanizar, podría considerarse el "pan molido japonés" aunque no es propiamente "pan molido" debido a la forma en que se consigue. La migajas. Por su preparación, el panko es más crujiente y absorbe menos grasa.

(4)Gatorade: bebida de sabores con electrólitos, la usan los deportistas para evitar la deshidratación y también algunos sujetos que quieres sacudirse la cruda. El principio para usarla es que el alcohol deshidrata el cuerpo y esa es la razón de los malestares después de una noche de copas.

AGRADECIMIENTOS: a Allen-Kurosawa, Gotik-Neko-Chan.13, KawaiiSophie, neko-san, lirionegro-san, makuya-love, kaoryciel94, Yu Okawa, ginnysak, Musical Caffe (si, hay consecuencias, tenlo por seguro, en un rato se verán ;D) y Kalliste.

PERDÓN MIL VECES, ME ARRODILLO Y USTEDES PEUDEN ACRIBILLARME. GRACIAS POR SU PACIENCIA Y POR SU VALIOSO TIEMPO, SIN SUS LECTURAS EL FIC NO SERÍA LO QUE ES.

¡DISCULPEN UNA VEZ MÁS Y FELIZ VERANO!

ATTE: Mandra