La conquista
Por Mandragorapurple
Oh yeah! Vuelvo con la cara en el piso de la pura vergüenza pero bien contenta… ya comienzan las clases y como les he dicho, terminan las apestosas vacaciones. La verdad es que sólo durante las clases puedo escribir con regularidad, he avanzado la historia en papel pero sentarme a pasarla a la PC y editarla se me complica. Por extraño que parezca, así es.
Por otro lado les agradezco enormemente el apoyo increíble que me han dado después de saber lo del lemon. Espero poder corresponderles con CALIDAD y por supuesto: PUNTUALIDAD.
Les envío un abrazo, un feliz regreso a clases y una disculpa por hacerles esperar. ;D.
ADVERTENCIAS: un AU yaoi muy fail. Protagonismo de cierta niña odiada.
DISCLAIMER: D. Gray –man no me pertenece (Hoshino… ten piedad de nosotros)
Viendo la hora suspiró cansinamente, contó hasta cien y tomó una colcha de las que tenía en la cama. Aun hacía frío y todo lo abrigadoramente decente estaba sobre su colchón, suponía que la chica no notaría si estaba limpia o no.
—si vas a quedarte no seas tan ruidosa — le lanzó la colcha a la niña. Ella estaba tumbada en el sofá mirando la TV. En cuanto recibió la orden, asintió. Apagó el aparato.
Kanda fue a la cocina y tomó un gran vaso de agua. Aquel día había sido condenadamente agotador: más allá de los trabajos usuales, con motivo de San Valentín varios clientes de Link tuvieron la ocurrencia de hacer campañas festivas sobre la fecha. Tenía sobredosis de rosados, rojos, elementos adorables y cursilerías, además de una cucharada de enfurruñamiento porque aquello del "el amor y la amistad" había comenzado desde hace casi tres semanas. Y parecía no terminar.
"Es un trabajo, el arte rara vez te da de comer" le dijo Link y lo sabía muy bien, por eso se tragaba su orgullo todos los días.
Volvió a la sala al no escuchar ningún ruido. El sofá estaba vacío, un cobertor se había unido a la colcha y la puerta de su recámara estaba entreabierta. Lo venía temiendo. Alma estaba acurrucada en su cama, seguramente fingía que dormía, con tal que no le sacara del lugar.
Cerró sin dudarlo.
Mil veces dormir torcido en la sala que al lado de aquella niña loca.
A Marie le parecía tierno, a Daisya; divertido, él pensaba que era una puta mierda tener acosador. Pero sólo él la echaba, a los otros dos les agradaba la chica y casi podía jurar que disfrutaban de su mal humor provocado por ese engendrito.
Dicen que si alimentas a un animalito de la calle este se quedará cerca y jamás podrás sacarlo de tu hogar… pues seguramente eso había pasado con Alma. Curiosamente desde que Marie la consideraba en las porciones de comida, la niña parecía más encajada en ese lugar, Tal parecía que nadie la quería en su casa pues pasaba todo su tiempo libre consagrada en el terco deber de enfrentarlo.
De golpe había dejado de insistir con lo de Allen pero no dudó ni un segundo que fuera parte de una estrategia mucho mayor y más reventadora de madres. Ni idea del plan macabro que venía… tampoco quería saberlo, le bastaba y sobraba con que la chica no fuera gritando por todos lados la pregunta del infierno: "¡¿TE GUSTA?"
Y como siguiera con su "mudanza" a ese departamento terminaría pidiéndole pensión alimenticia a sus padres.
Amaneció en un santiamén. Podría decirse que las noches se hacían condenadamente cortas e incómodas en el sofá. Entre extraños aromas que por más que lavaban no desaparecían y el tamaño que colocaba a sus pies fuera del mueble, no había descansado nada. Pero era sábado.
Revisó el rol de deberes en la cocina, se levantó para adelantar los suyos. No tenía caso intentar conciliar el sueño a esas alturas y menos en el mismo lugar.
Limpiaba el refrigerador cuando Alma revivió y entró al lugar estirándose.
—es raro — soltó abriéndose paso hasta el cartón de leche — verte limpiar — completo abriendo y bebiendo del incómodo orificio del empaque. Tenía enfrente a la niña más sucia que había conocido.
No se molestó en corregirla, no estaba de humor para hablar con nadie, de nada y en ningún tono.
La escuchó pasar de aquí para allá, cantando, moviendo cosas, poniéndose prendas, parando a observarle y robando alguna cosa del refrigerador que para ese momento ya estaba reluciente. Se plantó a su lado esperando terminara de lavar los trastos que aparecían misteriosamente cada mañana.
Volteó porque honestamente le estaba mosqueando tener a la chica como supervisora de sus habilidades de lavatrastes.
—me voy — le sonrió y besó en la mejilla — hoy compraré tu obsequio de San Valentín — anunció cruzándose la mochila en el pecho — ¿cuándo comprarás el mío? — no estaba seguro si era una broma o una exigencia real, como fuera no debía esperar que atendiera tal cuestión
Volvió a su labor esperando su anhelada paz casera con la partida de Alma.
—que sea bonito, pero si no se te ocurre nada… ¡dame un pastel! — frotó su mejilla contra el hombro de Kanda maullando como gato y corrió a la puerta
¿Sería buen momento para clavar puertas y ventanas?
Disfrutaba la cuidad por las mañanas. Un paisaje diferente, sobre todo al ser fin de semana. Podría saltar todo el camino de puro gusto y saludar a todos con una sonrisa: levantarse temprano la revitalizaba.
Desde su salida del apartamento de Kanda había gastado más de hora y media entre pajareos y decidió a pasarse por la casa de Allen para invitarlo a hacer las compras de San Valentín con ella. No le apetecía ir sola y a decir verdad no contaba con muchos amigos (lo cual era bueno si se trataba de fechas festivas al momento de dar regalos).
Allen le abrió la puerta aún en pijama. Tyki bebía café y fumaba cerca de la ventana. Ella apuntó el mal olor que se percibía en el ambiente y el vicioso tuvo que apagar el cigarrillo a regañadientes.
Desayunaron los tres y luego se agregó Lavi a la reunión provocando el hartazgo de Tyki al ver arruinado su sábado romántico. Viendo perdido el día, se inventó alguna excusa y fue a amargarse a otro lugar, un lugar mejor sin niños ni exes.
La perspectiva de hacer compras en grupo no ilusionaba a los dos adultos jóvenes que quedaban en el lugar. Era un plan bastante colegial pero, como en tantas ocasiones más, sabían de sobra que Alma no era un éxito haciendo amigos. Todos esperaban que fuera amable y madura, seria y complaciente, quizá algo especial por ser famosa. Sus compañeros le hablaban por montones, nadie perdería la oportunidad de hacer migas con una celebridad pero como siempre, al final del día, las sonrisas eran pasajeras y se esfumaban en sus dueños que a menudo pensaban en ella como un ser que jamás los tomaría en serio. No era su culpa, ellos se excluían y sólo miraban lo que querían de ella.
Resultaba en una niña que conocía a todos pero no tenía ni un amigo.
A ella no parecía importarle, no obstante es bien sabido que los niños necesitan estar con niños sin importar su avanzada madurez.
Después de intercambiar miradas, Allen y Lavi accedieron a acompañar a Alma. No pedía mucho ni a menudo.
—pues… ¿a la chocolatería? — dijo Lavi mirando a todos lados, sinceramente no encontraba donde comenzar en ese centro comercial, era mejor ir por lo seguro.
—¡claro que no! Mi regalo debe ser bueno… —
—¡nuestra nena tiene un prospecto! — festejó el manager como picardía materna. Ella asintió.
—el más guapo de todos — Allen se intrigó. Era del dominio público que Alma se volvía una acosadora cuando alguien le gustaba
—¡oh! ¿Y quién es el desgraciado que tiene encantada a mi niña? —
—ya lo conocen — se miraron esperando que el otro tuviera idea
—pues no — dijo Allen rindiéndose sin mayor esfuerzo. A veces Alma venía contando sus aventuras colegiales y de tantas no se le pegaba ni un nombre
—¡Yuu! — dijo frunciendo el ceño
Y pensaban que había superado la obsesión.
—pequeña… no creo que sea buena idea comprarle un regalo — dijo Lavi sabiendo, con su poco conocimiento de Kanda, que probablemente ese hombre se daría la vuelta al mirar el regalo
—¿y porqué no? — la chica se ofendió mínimamente
—no creo que lo acepte — no por ser ella, si no por ser "él"
No había una manera suave de decir que no podía interesarle a Kanda.
Entraron a una tienda chucherías varias siguiéndola, lugar obligado de baratijas de a dólar.
—no es tan mala persona como crees — se dirigió específicamente a Allen.
Particularmente ese "tan" no le tranquilizaba. Entonces era malvado pero no del todo…
—no se trata de si es bueno o malo, es algo más… — Allen buscó ayuda en Lavi pero este lo había desamparado sumergiéndose en las posibilidades de uso de un paquete de varitas de neón
—es mi amigo, como ustedes — ella tomó una cajita floreada
—pero no lo ves sólo como amigo — Lavi había regresado de su ensoñación de luces fluorescentes
—un amigo que me gusta. Y si se lo preguntaban, estoy perfectamente consciente de sus preferencias — decidió que la cajita se iba con ella a casa
Ambos la miraron y se sintieron estúpidos. Hasta ahora había creído que la chica era muy ciega e ingenua. La charla seria que ambos se plantearon como paso forzoso antes de la elección del obsequio ya no era necesaria.
—regalarle cosas no te ayudará a congraciarte con él — dijo Allen
—Es mi amigo — fue hacía otro pasillo — ya se los dije —
Allen permaneció callado, Lavi sabía entrar en el tema, cosa que, por no dañar las sensibilidades de la chica él jamás habría hecho.
—ayer dormí en su casa — Lavi se sorprendió, Allen no supo a bien como reaccionar; seguramente no hubo poder humano que la sacara de la casa de Kanda
—no deberías molestarlo — dijo el manager
—no lo molesto, creo que se está acostumbrando —
—basta Alma —
—¿basta que? —
—no está bien lo que haces —
—¡pero mamá! —
—no te burles de mi —
—me agrada y aunque no lo quiera aceptar se que yo a él también, incluso he comido con sus compañeros de departamento y jugamos y… —
—necia —
—no lo hago para gustarle, si eso es lo que te preocupa. A Yuu ya le gusta alguien — tomó una taza absolutamente convencida que el gatito de diseño japonés y excesivamente tierno haría enojar a Kanda.
—perfecto, perfecto. No soy tu padre. Gracias a Dios — dijo Lavi deslindándose de la niña pues era imposible razonar con ella
Sonrió satisfecha.
—¡lo encontré! — anunció decidiéndose por la taza del gato que tenía su cola como asa
—un buen regalo no cuesta un dólar — se burló Lavi
—no tengo mucho dinero — reclamó —así que escojan su regalo—
—me preocupa, Kanda está siendo amable pero no la aguantará mucho. Parece no entenderlo. Creo que le hace falta tener amigos de su edad — decía mientras Tyki se acostaba en sus piernas
—le pediré a Road que salga con ella — solucionó acariciando el rostro de Allen
—eso estaría muy bien, pero creo que debería hablar con Kanda, para que deje de darle alas —
—dijo que su intención no es conquistarlo, entonces déjala en paz. Debe aprender a resolver sus problemas —
—es muy terca — paró su discurso para recibir el beso de Tyki — igual buscaré a Kanda, le pediré que deje las cosas claras —
—no tienes qué — le comenzaba a desagradar la insistencia en el tema
—siento que es mi responsabilidad, después de todo, Alma conoció a Kanda por mi —
—¿te molesta que se lleven bien? —
—¿qué? —
—dijiste que ella pasa casi todas las tardes con él, que incluso la ha dejado dormir en su casa y conoce a sus amigos. El tipo es un imbécil. Si no le gustara ser adorado por Alma la habría mandado al diablo desde hace mucho — Allen estuvo a punto de responder pero siguió — yo no veo el problema aquí, pero al parecer te molesta que ellos tengan contacto —
—no es así, es como mi hermana menor, quiero cuidarla —
—no me jodas — se levantó y tomó asiento al lado pasándose las manos por el cabello con algo de desesperación —no busques excusas, si quieres ir a verle entonces ve y ya — se levanto y encendió un cigarrillo.
Su sábado se había arruinado… ¿por qué no machacar el domingo también?
—no es que quiera ir a verlo —
—llama o lo que sea, me viene valiendo una mierda — dio la primera calada profundamente, retuvo el veneno
—no tienes que ponerte así — lo sabía, hasta su manera de fumar se alteraba cuando estaba molesto
—¿por qué no? — soltó el humo mientras hablaba y volvió a poner el tabaco en su boca
—no lo sé, sólo no… no hay razón, ¿te molesta que lo mencione? — Tyki bufó
—si —
—¿por qué? —
—es tu maldito punto anulado —
—¿qué tiene que ver mi memoria en esto? —
—eres increíble… — se levantó y fue a la ventana
—dime, de verdad no entiendo que tiene de malo —
—que tuvieron que darte HHG para sacártelo y mira, ni siquiera eso funcionó —
—fue hace mucho… — Tyki lo interrumpió
—en cambio yo, jamás seré tan importante de modo que necesites que te abran la cabeza para borrarme — dijo aquello con desaliento, molestia y tomando sus cosas.
Esperó en la puerta, pero Allen se le quedó mirando únicamente. Sin saber que decir y no porque creyera que tenía razón sino porque era inesperada su explicación, sus celos, reclamos y obvia solución a sus problemas: no hablar más de Kanda, hacer lo que Mana pretendió en su momento, dejarle atrás.
Hacía mucho que no hablaba con él y se sentía cerca gracias a Alma.
No, Kanda no era el problema… él mismo lo era.
Llegó el bendito día de los benditos regalos y los benditos detalles románticos. A bien no sabía que debía hacer. No se le había ocurrido nada para regalarle a Tyki que fuera mínimamente decente y por más que lo pensaba concluía que nada lo pondría contento y probablemente un encuentro volvería a terminar en pelea.
¿Dónde estaba su tranquilidad? ¿No decían que el amor te da paz y trae alegría a tu vida? ¿Por qué no nacían los detalles por si mismos?
Allen tenía unas horas pero primero tendría que arreglarse con "el novio"
Alma entregó el obsequio sonriente. A los amigos les había dado chocolates y los comían expectantes a la apertura del regalo de Kanda. Reposaban sentados en la sala; para no caer de la impresión si la cajita contenía una tanga o tirarse al piso de risa si acaso era una tanga ¿Por qué una tanga? A saber. Las ganas de joder a Kanda, cosa que se le daba natural a la chica, sugerían un regalo descabellado como ese.
Kanda se negó a abrirlo pero lo reconsideró cuando la chica comenzó con su insistencia desquiciante.
La taza se reveló y no decepcionó al público. No era la tanga de leopardo que Daisya hubiera preferido pero aquella taza rosadita, con florecillas y el gato sonriente bastaba.
—¿te gustó? —
—ni que tuviera los sesos de fuera — Kanda se levantó dejando su regalo en la mesa. Todavía se preguntaba por qué aguantaba bromas como esas.
Las cosas se arreglaron pronto entre Tyki y Allen. Él moreno pidió disculpas y reconoció que había reaccionado con exageración. Allen se sintió aliviado y quedaron de verse en la entrada de su edificio.
Cuando bajó le esperaba un piano con un moño de listón rojo rodeándolo. Allen sólo pudo ofrecer su cuerpo. Tyki pareció complacido. El empeño que Allen puso en satisfacerlo fue sobresaliente.
Agradecimientos a todos los que hacen alertas, leen el fic pero especialmente a todos aquellos que me comentan y animan con su entusiasmo: Musical Caffe, kaoryciel94, nee-chan, Choi MingYu, ginnysak, lirionegro-san, Yu Okawa, neko-san, ZakuryMinashiro y Sallame-chan.
Nos leemos luego! Atte: Mandra
