N.A.: ni los personajes ni la historia me pertenece, es la adaptación de un libro que me gusto mucho y me gustaría compartirlo :)


Capítulo 2


No era suficiente. Una hora y una ducha fría más tarde, el cuerpo de Bella todavía hervía de necesidad. Estirada sobre su cama, su cuerpo cubierto de sudor mientras luchaba por un orgasmo, maldijo al teléfono cuando sonó a su lado. Haciendo una mueca cuando rehusó detenerse Bella lo alcanzó, agarrando el receptor.

— ¡Hola! —. Ella intentó aclarar su garganta, aquietar sus alientos rápidos, y esperó poder justificarlo si fuera su padre. No quería que él supiera que su hija era una masa furiosa de hormonas calientes listas para explotar.

Hubo un silencio breve, como si el que llamaba sopesara sus palabras.

— ¿Te sientes mejor? —. Burlándose, una profunda, sensual y ronca voz susurró las palabras.

Bella enrojeció ante la voz de Edward. Maldito.

—No he estado enferma —dijo ella entre dientes, sus ojos cerrándose mientras su vagina palpitaba. Ella pasó sus dedos sobre su clítoris, sintiendo la estimulación aumentada allí. Maldición, ella podría correrse solamente con su voz.

—No, solamente estas intentando correrte — dijo perezosamente. —Yo te ayudaría. Todo lo que tienes que hacer es pedirlo.

Pídelo, pídelo, rogaba su voz interior.

—En tus sueños —. Ella se estremeció mientras las palabras salían de su boca. Maldito, él la ponía a la defensiva más rápido que cualquiera que ella conociese.

—Parecería que en los tuyos también —dijo él, de pronto su voz sin burla. —Sé como suenas cuando estas excitada, Bella. No intentes mentirme. Déjame oírte. Tócate para mí.

Bella sintió su aliento estrangularse en su garganta

—Eres un pervertido, Edward —. Ella luchó por su propio control ante el sonido de aquella voz atractiva. — ¿No es el sexo telefónico ilegal?

—Estoy seguro que la mayor parte de que lo que quiero hacer contigo podría ser llamado ilegal —rió él silenciosamente. —Conversemos sobre ello, Bella. Venga, dime que te estabas haciendo. ¿Estás usando tus dedos o un vibrador?

— No tengo un vibrador —. Ella apretó sus dientes por la mentira.

— ¿Consolador? —él susurró las palabras acaloradamente. — ¿Te estás jodiendo a ti misma, Bella? ¿Pensando en mí, en cuánto te deseo?

— ¡No! —. Ella apretó al receptor en su mano, sacudiendo su cabeza a pesar del hecho que sus dedos habían vuelto de pronto a su pulsante coño.

—Me gustaría verte en mi cama, Bella, tus piernas extendidas, tus manos tocando tu bonito coño, jodiéndote. ¿Alguna vez te dije que compré ese consolador que prometí? Es agradable y grueso, Bella. Casi tan grande como mi polla. Quiero mirarte usarlo. Verte jodiendote con él.

—Dios, Edward —ella jadeó. —Estamos en el teléfono. Esto es indecente —. Pero sus dedos se hundían en su coño.

— ¿Qué estabas haciendo antes que yo llamara, Bella? —. Su voz era oscura, caliente. —Sé que te estabas tocando. Conozco el sonido de tu voz cuando estás lista para correrte, y estás lista para correrte, nena.

—No —, ella intentó negar la verdad obvia, pero no pudo impedir que su aliento se le atascara cuando sus dedos rozaron su clítoris otra vez.

—Maldición, Isabella —gruñó él. — ¿Estas cerca, nena? —. Su voz se hizo más profunda. —Si yo estuviera allí, te haría gritar por eso. Te jodería tan profundamente y con tanta fuerza que no serías capaz de pararlo. Llegarías para mí, Bella. Córrete para mí ahora, nena. Déjame oírte.

Su voz era tan profunda, tan sensual y excitada que hizo que su vagina se contrajera casi dolorosamente. Su cuerpo inclinado se dobló, su respiración cercana al sollozo. Él le trajo todos sus deseos más oscuros, sus fantasías más profundas a la vanguardia de su mente. Eso la aterrorizaba.

—Edward —ella susurró su nombre, queriendo negarlo, pero sus dedos no escuchaban mientras acariciaban su clítoris, se hundían en su vagina, luego se movían hacia atrás para repetir la acción.

Estaba tan caliente que apenas podía soportarlo. Tan caliente que estaba a punto de gritar su alivio.

—Estoy acariciando mi polla, Bella, escuchándote yaciendo, imaginándote tocar tu jugoso coño, deseando estar contigo, mirando como te follas con el consolador que te compré —. Sus palabras hicieron que ella jadeara, que su matriz se contrajera dolorosamente, que sus caderas se levantaran hacia sus dedos hundidos.

—No —. Ella sacudió su cabeza. No podía hacer esto.

—Maldición, Bella, quiero follarte —gruñó él, su voz dura. —Quiero estar enterrado tan profundamente y con tanta fuerza dentro de ti que nunca lo olvidarás o me negarás otra vez. Córrete para mí, maldición. Al menos déjame oír lo que no puedo tener. Jódete Bella, dame eso. Esos no son tus dedos enterrados en tu coño, es mi polla. La mía, y no voy a joderte hasta que grites.

El orgasmo de Bella corrió a través de ella. Se estremeció, gimoteó, su cuerpo rígido al punto de dolor antes de que sintiera su vagina explotar.

—Oh Dios, Edward —ella gritó su nombre, luego oyó su dura exclamación de placer, sabía que él estaba llegando, supo que su clímax había provocado el de él.

—Bella —gimió él. —Maldición, cuando consiga agarrarte te follaré hasta que no puedas andar.

Bella tembló ante la promesa erótica de su voz, la sensualidad oscura que la aterrorizaba, la hizo querer darle todo lo que él quisiera.

—No —susurró ella, luchando por conservar el aliento, luchando por conservar la cordura. —Te pedí que te mantuvieras alejado.

Ella quería gimotear, quería rogar.

Había silencio sobre la línea.

— ¿Mantenerme alejado? —le preguntó él con cuidado. —No lo creo, nena. He estado lejos demasiado tiempo. Eres mía Isabella, y voy a demostrártelo. Eres toda mía. Mía de cada manera posible, y antes me condenaré que dejarte que sigas negándolo.

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Su madre la esperaba cuando bajó las escaleras con la maleta en la mano. Renne Swan era una mujer pequeña y delgada, con cabello castaño y agudos ojos azules. Había pocas cosas que se le escaparan, e incluso menos las que toleraba.

—Así que te vas —le espetó al ver la maleta que Bella depositó junto a la puerta principal—. Pensaba que tendrías más orgullo, Bella.

Bella apretó los labios luchando por evitar una respuesta sarcástica.

—Esto no tiene nada que ver con el orgullo, mama —dijo suavemente. —Él todavía es mi padre.

—El mismo padre que destruyó a tu familia. Que se aseguró que perdieses la casa en la que te habías criado —le recordó ella con amargura. —El mismo padre que se casó con la puta que significaba más para él que tú.

El pecho de Bella se tensó de dolor y furia. Ya no era una niña, y podía ver con claridad por qué su padre no había sido capaz de continuar al lado de su madre. Ella sólo tenía en cuenta un punto de vista, y ese era el suyo.

—Se preocupó por nosotras, madre —le indicó. —Incluso después del divorcio.

—Como si tuviese otra opción —. Ella cruzó sus brazos sobre su pecho mientras su mirada llena de cólera se fijaba en Bella.

—Sí, madre, tuvo otra opción cuando yo cumplí los dieciocho —la recordó Bella con tristeza. —Pero creo que todavía te envía dinero y te proporciona lo que puedas necesitar, tal como hace conmigo. No tiene por qué hacerlo.

—El dinero de la conciencia —escupió Renne, con su bonito rostro retorcido de furia y amarga cólera. —Sabe que hizo mal, Bella. Nos echó…

—No, tú elegiste marcharte, si recuerdo bien —. Bella deseaba gritar de frustración.

La discusión nunca acababa. Nunca tenía fin. Se sentía como si continuamente pagase por las elecciones de su padre porque su madre no tenía modo de hacerle pagar a él.

—Es un depravado. Como si tú necesitases pasar una semana en su casa —. Renne se sacudía de furia, con el desprecio impreso en cada palabra que salía de su boca.

— Esas fiestas que da son excusas para las orgías, y esa esposa suya…

—No quiero oírlo, madre.

—Crees que tu padre y su nueva familia son tan respetables y amables —se mofó. —Crees que no sé como mirabas al hermano de ella. Que no sabía lo de las flores que te envió el año pasado. Son monstruos, Bella —la apuntó con un dedo delgado y acusador. —Depravados y sin conciencia. Te convertirá en una zorra.

Bella sintió su rostro en llamas. Había luchado durante años para ocultar su atracción por Edward. Había escuchado todos los rumores sobre sus proezas sexuales de las que tan frecuentemente se chismorreaba. Él se lo había admitido más o menos en varias ocasiones.

—Nadie puede convertirme en una zorra, madre —dijo entre dientes. —Tal como no hay forma de que tú puedas cambiar el hecho de que tengo un padre. No puedo ignorarle o pretender que no existe, y tampoco quiero hacerlo.

Bella se enfrentó a su madre, sintiendo el mismo horrible miedo que siempre la llenaba ante el pensamiento de enfurecerla. O de desagradarla de alguna forma. Pero se enfrentó a su miedo y sintió su propia furia creciendo dentro de ella. Durante muchos años había intentado compensarla por el divorcio que su padre, de alguna manera, había forzado. Sabía que él se había echado la culpa por ello. Tal como su madre había jurado una completa inocencia. Y comenzaba a preguntarse si alguno de ellos le diría alguna vez la verdad.

—Terminarás como él —la acusó Renne, con sus ojos estrechándose de odio.

Bella solamente pudo sacudir la cabeza.

—Volveré a casa dentro de una semana, madre —dijo, recogiendo su equipaje.

Aunque en el fondo de su mente sabía que no volvería. Había evitado el sentimiento de culpa y el miedo de fallar en algo a los ojos de su madre. Aunque solo ahora se daba cuenta de que nunca conseguiría su aprobación. Luchaba una batalla perdida. Una batalla que ya no deseaba ganar, para empezar.

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Bueno aquí les traigo otro capi, dado que he tenido un poco de tiempo… que les parece la aparición de nuestro Edward?

Espero sus reviews chicas

Suerte!