La conquista
Por Mandragorapurple
Puff… puff y re puff… Este capítulo fue creado entre los parloteos de mis profesores y después de unas clases de teoría literaria que cada día me dejan en OMG. Fuck yeah! Lo logré XDDD espero que el cap. no saliera tan OoC, si es así me disculpo y tienen entera libertad de asesinarme. Gracias por seguirme hasta este punto del fic, por eso, agradezco enormemente a aquellos que me dan su crítica y me señalan los pros y los contras de mi historia ;D, eso es lo que necesito. Por otro lado le envío mis buenos deseos a Kokoro Kanda para que su fic salga epic, Tu puedes!
En fin, aquí está el fic que logró salir por encima de las malditas fiestas patrias y las malditas clases XD.
ADVERTENCIAS: AU, Yullen, Tyken, demasiada imaginación.
DISCLAIMER: D. Gray –man no me pertenece, es de Katsura Hoshino y hago esto sin fines de lucro
El fantasma le estaba hablando.
"¿qué haces aquí?" le pregunto y él contestó "no, ¿qué haces tú aquí?"
Y la aparición se ofendió y lo mandó al diablo. "¿qué mierda te hiciste en la cabeza?"
Estaba seguro que no existía y a pesar de ser una visión le estaba diciendo Bakanda. A pesar de ser una cochina jugarreta de su imaginación se había levantado aquel personaje inventado y lo miraba molesto. Lo peor vino cuando haciendo uso de su inexistente capacidad de cognición, puesto que no era real, le formuló una respuesta e incluso le habló de Alma.
—si te jodo tanto ¿por qué no te vas? — pero era real, por más que se negara, era real.
—eso hice y me seguiste hasta aquí — era real porque sentía su presencia y su voz retumbaba terriblemente en sus oídos. O estaba loco si le contestaba o estaba teniendo una conversación.
—¡no te seguí! Tengo mis razones para haber venido —
Ambos callaron. Sus voces se volvieron más intensas al disminuir la lluvia. No se habían dado cuenta que gritaban.
—se te ve fatal — comentó Kanda para romper el silencio y cambiar de tema. No le interesaban sus razones para estar ahí y probablemente, aunque quisiera escucharlas, no le hubieran gustado.
—¿te fuiste por mi culpa? —
—no te creas tan importante —
—lo acabas de decir —
Fue hacía la entrada seguido por el renovado castaño y tomó sus cosas. Había tenido suficiente de esta mierda.
—explícame —
Se dio la vuelta y lo miró con los ojos entrecerrados.
—Basta con que no te cruces en mi camino — sentenció y salió del lugar
Allen lo miró alejarse y luego cerró la puerta.
Eso era lo que quería, eso tendría. Finalmente debería importarle un comino los conflictos existenciales de Kanda. Alejarse de la cuidad por su causa o por la que fuera no eran su problema, no le había hecho nada y probablemente, alejarse de él, era la mejor manera de estar en paz. Lo último que quería era ganar más problemas, ya tenía los suficientes en que pensar.
Resultaba que el abuelo no sabía nada de la llegada del moyashi. Llegó reclamando y repartiendo maldiciones incluso contra la cerradura necia que no habría por lo alterado que estaba.
No, Yuu Kanda no se altera por pequeñeces como esa. El causante de sus males estaba ahí, a dos calles. Pero golpearse con todo lo que estaba en su camino o era una señal de estar alterado.
Tiedoll se mostró alegre y de inmediato planeo un almuerzo con Allen. Poco le importaban las miradas de Kanda y claro, su nieto esperaba que después de ese encuentro y las palabras que habían intercambiado, Allen rechazara la invitación.
Subió a su cuarto y no bajo hasta la mañana siguiente.
—Yuu — llamó el abuelo desde su cama. Estaba tapado hasta el cuello y sus sábanas estaban tapizadas de pañuelos sucios. Hacía unos días que estaba enfermo. Hoy tenía mejor aspecto.
Fue hasta él y esperó.
—almorzaré con Allen —
—haz lo que quieras — no pudo evitar su gesto de desacuerdo
—me aseguraré que se vaya antes que llegues — gruñó y bajó las escaleras.
Tenía un abuelo tan considerado.
Froi bajó más tarde y comenzó a cocinar. Cuando Allen llegó, los dangos estaban servidos, la vaporera había terminado con el arroz y el aceite descansaba después de freír el tempura. Hubiera querido hacer un almuerzo-banquete pero ya tendría tiempo de agasajar a Allen con sus delicias.
Lo recibió con sonrisas y abrazos, reclamó bastante que no lo hubiera visitado hasta ahora y le dio las nuevas sobre el lugar: que si el rio tenía el caudal lleno gracias a las lluvias, que si los vecinos se habían mudado y ahora las naranjas que caían en su lado no serían aprovechadas, que si el mugen tenía nuevo mesero y que lo había buscado guapo para atraer clientela joven, que si el takoyaki había sido incluido en el menú, que si había tenido que podar las bugambilias porque ya echaban mucha basura…
Una mañana agradable, con dango y té.
Kanda llegó al Mugen sin saludar, metiéndose hasta la cocina y pensando en como haría funcionar la exposición de pinturas de fin de curso sin que los chicos se ofendieran si no eran seleccionados. Resolvió darles tema libre y además poner una pintura de su elección de entre los trabajos realizados en clase. Fin. Era un gran profesor… que se quería evitar los lloriqueos de padres y alumnos.
—¡Kanda! — saludó el chef levantando los platos donde serviría un yakimeshi. El aludido movió la cabeza y bebió agua hasta el fondo — ¿ya se siente mejor tu abuelo? —
—si — se sirvió uno más
—nos preocupamos cuando llamó diciendo que no venía. Con eso que Froi trabajaría aunque tuviera la gripe aviar… —
Kanda levantó una ceja. No era típico ni natural.
Se despidió y salió rumbo a casa.
Al menos pudo haberle llamado si se sentía tan mal.
—¿qué le hiciste al viejo? — reclamó cuando encontró a Allen sentado junto a la cama de su abuelo. Aquel puso cara y tono ofendido en su respuesta que fue parada por la mano de Tiedoll.
—Allen-chan me está cuidando, deberías agradecerle —
—debiste llamarme a mi — dijo remarcando las últimas palabras
Tiedoll sonrió y agachó un poco la cabeza.
—no le hables así — regañó el renacido castaño.
Sólo pudo pronunciar un "che" de desacuerdo.
—está bien. Me preocuparía que no llegara con sus insolencias, pensaría que mi Yuu está enfermo — su sonrisa volvía a ser la misma pero únicamente para el moyashi
Allen se despidió pero el viejo insistió en que se quedara. Acordó esperar abajo y volver cuando terminaran de hablar.
—¿estás molesto Yuu? — se acomodó en la cama y palmeó el colchón invitándole a sentar
—¿debería no estarlo? — rechazó la oferta, le iba mejor regañar de pie
—Allencito estaba aquí, era lógico que me ayudara —
—ese imbécil —
—no te enojes con él, yo le pedí que no te avisara — ahora le imprimía un tono meloso a sus palabras y su cara decía "cálmate, no es para tanto"
—estupideces —
—pero ya estás aquí —
—me voy, confías más en el moyashi —
—esa no es la cuestión — lo miró firme sin dejar de lado ese modo de hablar que quería disculparlo — Resuelvo mis problemas perfectamente, no tiene porque ser diferente cuando vienes. Me he aprovechado un poquito de Allen. Deja que tu viejo se mime un poco ¿si? —
Gruñó, era sumamente infantil.
—¿me prepararías algo de comer? —
—no — se dio la vuelta con molestia
—se lo pediré a Allen ¿puedes llamarlo? —
Volteó los ojos y bajó. El abuelo se ponía incordioso cuando estaba enfermo. Para rematar, sospechaba que aquella recaída no era mas que una actuación para conseguir beneficios.
Entró a la cocina y planeó brevemente el menú. Cobraría su venganza por tomarlo de sirviente dándole una comida poco sustanciosa, acorde a su convalecencia.
Allen lo vio pasar y subió con un "con permiso" cuando Tiedoll lo llamó desde arriba intuyendo que su niño no daría su mensaje. Regresó en segundos alegando que su abuelo postizo le había pedido que ayudara en la cocina.
—estorbarás… largo — sacó la col y comenzó a picarla
—no deberías dejar a Tiedoll-san, está enfermo, es mayor y… —
—ya se me esa cantaleta — y picó con más ahínco
—grosero —
—¿quieres un "gracias"? — dejó el cuchillo por un momento y volteó a verlo —Pues GRACIAS —
El castaño entrecerró los ojos.
—no hay porque, tu abuelo me agrada —
—te lo regalo —
Se quedaron en silencio mientras la col era lavada y las demás verduras se picaban.
No había mucho que decir. Prefería que el moyashi no estuviera pero su presencia no le molestaba, contrario a lo que hubiera pensado hace unos días. Debía estar mejor.
¡Felicidades! Ha completado la primera etapa de su rehabilitación.
—Kanda — llamó y él hizo un sonido indicando que escuchaba
—lamento lo del dinero. Me porté como un idiota y lo siento —
Asintió. No podía más que darle la razón. Era un idiota.
—pensé que te serviría y como eres orgulloso imaginé que debería pagarte pues no lo pedirías —
—jamás te dije que quería dinero —
Se había preparado para pronunciar un monólogo sobre sus sensaciones pero aquello truncó su justificación.
—¿con qué te pagaría si no? — se decidió a ayudar y tomó la olla que Kanda había sacado de la alacena para llenarla de agua esperando que su cálculo no fuera errado.
—déjalo ahí moyashi —
—dime — se ganó uno de los chasquidos habituales del otro
—olvídalo, no pasarías sobre tu lealtad para pagarme — encendió la estufa viendo que Allen tenía listo todo y vació las verduras
—¿qué lealtad? — arrugó la frente
—la que le tienes al puto modelo — agregó condimentos
—no lo conoces, no tienes por qué llamarlo así — Kanda rió
—no he dicho nada que no sea verdad —
—a ti qué te importa — Allen tapó la olla y lo miró inquisidoramente. Kanda le sonrió burlón.
—eres un pendejo — finalizó y fue a buscar un paquete de tallarines.
Lo seguía con persistencia. Era imposible sacárselo en encima.
Durante una hora había caminado por senderos, dado vuelta, corrido de aquí a allá, escalado e incluso saltado un arrollo. Y el mocoso retrasado no lo dejaba. Volteó a verlo, estaba sudando, incluso su cabello se pegaba a su rostro e intentaba torpemente limpiárselo logrando solamente que le entrara en los ojos.
Se burló cuando lo escuchó quejarse. Menudo tonto.
Siguió por un rato más hasta llegar cerca de su lugar. Su fortaleza. Un castillo enorme, con muchos árboles que la escondían para que los dragones no la vieran.
Rectificó por encima de su hombro, el moyashi se había quedado muy atrás. Tanto mejor.
Se tiró de panza al piso cuando escuchó algo volando sobre él. Se levantó sobre la maleza y miró sospechando. Por culpa del lastre que llevaba y lo poco silencioso que era los ninjas enemigos debían estar cerca. Debieron enviar a algún pelícano espía para asegurar su posición.
Avanzó arrastrándose y en cuanto encontró una hoja lo suficientemente grande, la amarró con un cordel a su cabeza. Era una técnica de los tanukis, zorros y gatos, el abuelo se lo había contado: cuando un bicho de esos se ponían en la cabeza una hoja, podía convertirse en cualquier cosa, incluso en humano. Era lógico pensar que si un humano se la ponía así, podía transformarse de vuelta. Hoy sería un gato. Se concentró apretando los ojos y pujando hasta que sintió que una cola le salía, el viento cosquilleaba en sus orejas puntiagudas y sus bigotes rozaban las hierbas crecidas, entonces corrió rápido hacía el túnel secreto que lo llevaría a su fuerte.
Plaf! Plaf! Plaf! Su cola golpeaba las plantas. Por fin la estaba dominando, su equilibrio cambiaba cuando se convertía en felino y solía tropezarse con la cola. Puta cola, se la amarraría a la cintura como un sayayin.
Utilizó su super velocidad. Amarró la bandera de su ejército cuando llegó hasta la barrera invisible que protegía el castillo. Un conejo la había puesto, era el Capitán, un fiel camarada siempre dispuesto a romperle el trasero a los tengus que se robaban onigiris.
En cuanto comprobó que no había enemigos se volvió humano y diciendo la clave en japonés, logró abrir la puerta.
Su fortaleza se veía en ruinas, pero aquello también fue idea su Capitán, el prefecto disfraz y nadie sospecharía de la alta tecnología que había dentro. Subió al techo por el agujero tapado con una lámina y se sentó. Sacó el catalejo de su mochila y observó con cuidado. Al parecer la última batalla había causado muchas bajas en los gorriones de acero. Tramaban algo, podía verlo en sus saltitos, esos puñeteros pollos se habían quitado las armaduras para camuflarse, pero él los veía, tenían puestos sus campamentos en los árboles y se hacían los desentendidos.
Tomó la pistola de balines, hizo las modificaciones necesarias. Ahora era un rifle de francotirador, se puso boca abajo y esperó, en cuanto los gorriones se relajaron, disparó dando de lleno a una de esas bombas blancas y redonditas que guardaban en los nidos.
Puim! Pium! Pium!
¡ÉXITO! Había estropeado los planes de los piojosos bichos.
Bajó de vuelta. El plan de hoy sería buscar a un guardián para el lado este. Cosa difícil. Había enviado al Capitán a que lo buscara desde la semana pasada y sólo había vuelto para anunciar que le era imposible convencer a las mariposas o a las hormigas. Lo cierto era que tampoco serían de mucha ayuda. Partió de nuevo para tratar de convencer a los ciempiés y juró éxito por su honor. No quedaba más que esperar pero le preocupaba, si no conseguían aumentar sus filas las batallas serían cada vez más complicadas.
Decidió seguir con la construcción de su catapulta.
Ajustaba las palancas cuando escuchó pasos. Tomó su kanata, la fiel Mugen que invocaba seres infernales.
Y se escuchó un chillido, un grito que le pareció de guerra pero cuando unos gimoteos se le agregaron, cambio sus sospechas. Se hizo gato, sostuvo su espada de madera con la cola y corrió, alguien estaba en peligro, algún insensato que había entrado en territorio de guerra sin las debidas precauciones.
Un moyashi trataba de subirse a un árbol sin mucho éxito, una de sus rodillas sangraba. Reconocía esas marcas, era de una flecha que había fallado el blanco.
—¡moyashi! — llamó sin dejar su guardía.
El intruso irresponsable señalaba a un conejo canela que comía brotes a unos pasos de él.
—¡me mordió! — y estalló en un nuevo llanto mostrando el dedo mordido, el roedor paró las orejas
—¡bájate! — ordenó de mala gana, de haber sabido que ese bobo era el causante del alboroto no se hubiera distraído de sus deberes
—¡no puedo! — lloriqueó pidiendo la mano de Kanda
Reprendería a su subordinado por ponerse a tontear con ese niño en vez de conseguir soldados.
Le dio la mano pero la rama en que Allen se apoyaba era muy delgada y se dobló haciéndolos caer. Ahora se había raspado la barbilla con la corteza y los quejidos aumentaban terriblemente.
—¡cállate! — ordenó Kanda tapándose los oídos con las palmas. Era un cobarde, mira que ponerte a llorar por un raspón, él había resistido la mordida de un troll y no se había quejado ni un poquito.
—¡l-lo lo lo acaricié y me mordió! ¡Me persiguió y me quiere comer! — señaló al conejo quién observaba esperando una pausa para explicarle a su general que había visto potencial en aquel niño para convertirle en un poderoso asesino y por tal le había conducido hasta ahí para su aprobación
—¡silencio! — dijo con voz autoritaria y se levantó para pasearse con las manos tras de si en un gesto de verdadero jefe y voz severa — ¡está bien! Lo acepto, pero deberás entrenarlo, es un torpe aunque bastante persistente — le habló el conejo quién respondió moviendo la nariz.
Allen lo miró sin comprender.
—¡soldado moyashi! — saltó al ser llamado con voz de mando y se señaló a si mismo — si, tú. Tendrás el honor de pertenecer a mi equipo, ¡levántate y saluda! — el castañito se puso de pie y luego de limpiarse la cara con su camiseta saludó como lo había visto en la TV: la mano derechita sobre la frente — le presento al Capitán Máscara de la muerte — señaló al conejo quién se acercó unos brinquitos.
Kanda quitó la hoja en su cabeza y la ató sobre la del moyashi.
—sea bienvenido al equipo de Exorcistas — el rostro de Allen se iluminó de inmediato — ¡ahora dame quinientas mil uno y dos sentadillas! — y comenzó a hacerlas sin dudarlo aunque no sabía contar más que a treinta.
Más tarde, el valiente Capitán Máscara de la Muerte Sapporo de la Soba recibiría su recompensa por cumplir con su palabra de encontrar a un nuevo vigilante, una manzana verde.
Kanda tomó el álbum de fotografías que el abuelo tenía sobre la cama. Se había quedado dormido mirándolo. Observó la fotografía donde Allen usaba una gorra con una hoja pegada encima y él tenía puesto una banda en la cabeza a lo Rambo y sostenía una pipa.
El horror… ¿Qué mierda estaba pensando cuando hizo eso?
Cerró el álbum. En cuanto el viejo muriera, destruiría la evidencia.
En cuanto abrió la puerta le sonrió pero le miró sorprendido, casi asustado. No esperaba que lo encontrara tan pronto… no esperaba que lo encontrara.
Lo abrazó y se disculpó de la forma más sincera que pudo. Colocó su rostro sobre su pecho poniendo las manos sobre su cabeza en un intento por consolarlo sin embargo, cuando terminó de hablar, el otro se apartó empujando suavemente contra la superficie en la que antes reposó su cara.
"He sido un egoísta, te amo. Perdón" comprendía su reacción, abrió la boca para decir lo que pensaba pero la mirada de Allen, clavada en el piso y su expresión temerosa le decía que quizá había hecho mucho más daño del que podría reparar.
—necesito tiempo — pronunció
—esperaré — trató de besarlo pero se apartó suavemente
—he pensado sobre lo que he hecho mal —
—no haz hecho nada — aun no levantaba la mirada
—si, sino por qué estarías huyendo de mi — acarició su rostro pero no logró hacer contacto visual — lo siento. Vuelve, por favor, prometo ser paciente, considerado. No quiero volver a hacerte daño. Te amo —
—Necesito tiempo — lo repetía y sonaba a "vete"
—¿para qué? —
Allen quedó en silencio. Abría y cerraba la boca ligeramente, buscaba las palabras para explicarse.
—un día me preguntaste si había salido contigo sólo por ser bueno contigo — no lo veía pero sonaba firme — quiero tiempo para saber por qué lo hago —
—¿me amas? — soltó
—yo… disculpa es que yo… —
—no, mejor no me contestes. Me voy, espero que tu respuesta cambie por si sola porque no sé que más hacer para lograrlo. Yo te amo y si no puedo escuchar las mismas palabras no quiero que vuelvas —
Las contemplaciones se hicieron a un lado. Herido su orgullo, contrario a lo que esperaba de aquel viaje que hizo con intención de ser romántico, apretó los puños, evitó toda disculpa de Allen y se fue sabiendo que si dependiese de su sentencia, Walker no volvería.
Allen tartamudeó torpemente y fue tras Tyki cuando lo escuchó maldecir en la calle.
Kanda avanzaba al pausado paso de su abuelo. Era justo pues también estaba cansado. Le había tocado revivir sus días de mesero por culpa de un enclenque empelado que estaba enfermo. Todo fuera porque no embarrara los mocos a las mesas. Ni modo.
De lejos escucharon maldiciones y el autor de estas le dio un golpazo al poste. Siguieron caminando, el viejo apresuró el paso. Llegaron frente al molesto sujeto cuando Allen salió a calmarlo. Lo reconoció de inmediato.
Aquel volteó y lo señaló. Gritó algo, no entendió muy bien pues recibió un golpe en la cara.
Allen trató de detenerlo pero fue empujado y dio algunos pasos atrás trastabillando sin poder evitar que Kanda le regresara el favor a Tyki dos veces más.
Tiedoll se apartó y dejó que se dieran sin decir pio.
Forcejearon. Allen miraba a todos lados sin saber que hacer para que esos dos se detuvieran. Lo más fácil sería dejar que se rompieran todo y sentarse a ver.
Un rodillazo en el estómago, un codazo en los riñones. Cuerpos chocando contra la pared mientras eran tomados por el cuello.
¡Por dios! Se gritaban cosas que no iban al caso. Tyki lo culpaba por la presencia del moyashi en esa cuidad y Kanda lo provocaba.
—¡Basta! — ordenó Allen tomando a Tyki por el cuello de la camisa y le torció un brazo con fuerza — ¡Kanda no tiene nada que ver! ¡Si tienes que golpear a alguien es a mi! —
Y se zafó del agarre para darle un golpe en la boca que de inmediato reventó su labio.
—¡MENTIROSO! — le gritó y puso otro puño en su abdomen con tal fuerza que le hizo caer. Tiedoll acudió de inmediato a él con mucha preocupación. Tyki se agachó repitiendo "perdón" en cuanto vio la sangre en el rostro de su novio.
El viejo lo detuvo con un ademán y los ojos. Allen no lo miraba, desde hace mucho no lo miraba.
—es tu culpa — le dijo resentido a Kanda — le sigues arruinando la vida —
Kanda se limpiaba la sangre de la nariz con el dorso de la mano. Respiraba agitado y lo miraba como una fiera. Tenía tantas ganas de machacarlo y embarrarlo en el piso de no ser porque Allen, con una expresión molesta, voz seria y ojos que calaban le pidió, con sorprendente educación, que se fuera.
Ya, listo, me voy a tirar en el piso XD. Dejo los agradecimientos anónimos ;D.
AGRADECIMIENTOS ANÓNIMOS:
Nee-chan: yo tampoco me lo esperaba o.o. Creí que tardaría más capítulos XD.
Kaoryciel94: el cabello es teñido. ¿Por qué? Porque si se lo seguía decolorando se quedaría calvo XD. Nah, es algo simbólico ;D.
Kokoro kanda: trabajale mujer! trabajale! ;D te saldrá genial el fic, ya verás que si.
Ginnysak: oh yeah! Está vivo… pero eso ya lo sabíamos XD
Gracias a todos por sus comentarios. Saludos y espero no defraudarlos.
Atte: Mandra
