La conquista

Por Mandragorapurple

AVISO IMPORTANTE: si alguien se atreve a darme spoilers sobre DGM lo perseguiré hasta el fin del mundo para matarle. Los adoro, niños y niñas, pero con eso… NO SE JUEGA *mirada matadora*

Aprovecho para anunciar que pronto será el aniversario de primer año de este monstruo y por eso haré fiesta! XDD además trataré que el fic termine en octubre. El final está cerca y no puedo más que agradecerles por haber seguido la historia por tanto tiempo. Son maravillosos.
ADVERTENCIAS: AU, yullen, mucha violencia verbal y demasiados diálogos.

DISCLAIMER: D. Gray –man es de Hoshino Katsura, yo sólo escribo fics sin fines de lucro


Se quitó la sangre de la nariz con papel higiénico y se miró al espejo. Descubrió una perversa sonrisa que no debería mostrar, entró a la ducha sin pensar más en ella pero se topó con su ineptitud para esconder el sentimiento que la causaba.

No era porque finalmente le había partido la cara al modelo de mierda, tampoco por ver a Allen recibir su merecido por ser tan imbécil. Era por lo que significaba aquella pelea: el moyashi ya no tenía quien lo follase.

Incluso se talló el cuerpo con energía, por supuesto no lo notó. Mañana amanecería hecho polvo.

Abajo el moyashi se había deshecho en disculpas con Tiedoll, él por su parte le restó importancia. Su nieto tenía un extenso historial de magulladuras y peleas, está vez, al menos, había sido por una buena razón.

Evaluó lo que había quedado lastimado tras la pelea sin embargo, no estaba molesto. Miró sus nudillos raspados y se sintió revitalizado. Bajó y fue directo a la cocina. En la sala el abuelo y el moyashi charlaban. El último se quejaba de dolor en la lengua y en el interior de la mejilla pues se había mordido al ser sorprendido por el golpe de Tyki.

Se sirvió té y lo bebió de un tirón, así repitió un par de veces más.

—vístete — regañó el viejo al notar que había aparecido sin camiseta — tenemos visita — cortó un pedazo de cinta para cubrir un raspón en la mano de Allen que se había hecho al aterrizar.

Gruñó con rumbo al cuarto de lavado. Allen trataba de no curiosear, creyó por un momento que Kanda tenía un bicho sobre el pecho, una cosa enorme y negra, seguramente lo molestaría si se le quedaba mirando para descubrir lo que era.

Volvió poniéndose la camiseta que había sacado de la secadora. Se tiró en el sofá sin mirar las curaciones que el abuelo aplicaba.

—ven acá Yuu, te toca a ti —

—estoy bien — se estiró completamente relajado.

El moyashi miró su barbilla hinchada y su nariz roja, poco a poco iban apareciendo los moretones de su cuello. No supo si sentirse culpable, eso sería lo más correcto pero probablemente, si no hubieran sucedido así las cosas, hubiese terminado cediendo. Por supuesto lo que Tyki pensaba de ambos, en especial de Kanda, era un error pero no había manera de aclararlo, quizá cuando las cosas estuvieran tranquilas… si, sería mejor.

Aunque le parecía increíble que Kanda estuviera tan tranquilo. La situación ameritaba reclamos por haberlo metido con cosas que no le incumbían pero incluso había encendido la TV.

—al menos ponte hielo o mañana parecerás un sapo —

—vale — se levantó y regresó a la cocina para llenar una bolsa con hielo. Se la sostuvo en la mandíbula y volvió a su posición anterior en el sillón.

—Yuu está de buen humor — dijo el viejo al oído de Allen y se levantó para guardar el botiquín.

Lo observó sin pensar en nada particular. Encendió su móvil al notar que lo llevaba en los pantalones.

Tenía algunas llamadas de Lavi, llamadas de esa tarde y de inmediato intuyó que eran para advertirle de Tyki. Se excuso aunque sabía perfectamente que Kanda no le respondería y salió al jardín. Marcó y escuchó la preocupación de su amigo.

—odio que apagues el móvil — dijo congojado

—igual no hubiera hecho nada — suspiró sentándose en las escalerillas que conducían al camino de baldosas

—vino a preguntarme, no le dije nada pero supongo que ha pasado lo suficiente contigo como para saber donde estarías. Disculpa, debí enviarlo a otro lado —

—tenía que pasar, igual lo iba a enfrentar cuando volviera. Creo que esto me hizo las cosas mucho más fáciles — botó algunas piedrecitas con el pie

—¿qué pasó? — se aventuró a conocer los hechos

—pues… vino a disculparse, le pedí que se fuera, dije que tenía que pensar porque estaba con él — puso la frente sobre su rodilla — se fue molesto y cuando pensé que ya lo tenía resuelto apareció Kanda y comenzaron a pelear —

—¿Kanda? Pero él… —

—si, está aquí. Tyki pensó que había huido para encontrarme con él —

—increíble, ni yo lo hubiera esperado —

—supongo que sigue pensándolo pero no pude hablar más con él —

—volverá a buscarte, tenlo por seguro — advirtió Lavi a sabiendas de la terquedad de Mikk

—me gustaría, debemos charlar como se debe, no quiero que se quede con lo que sucedió —Allen quedó pensativo, Tyki merecía una explicación

—¿volverás entonces? —

Allen no lo había pensado, en realidad no tuvo mucho tiempo para planear su siguiente paso.

—¿podría quedarme unos días más? — se sintió cual chico que le pide permiso a su padre para llegar tarde

—pues claro, te dejé libre hasta finales de agosto. Aprovéchalo —

—gracias — dudó un momento sobre lo que iba a hacer — quisiera pedirte otro favor —

—dime —

—¿le devolverías el piano? — Lavi calló un momento

—si, por supuesto, te avisaré cuando esté hecho — Allen agradeció una vez más y se despidieron.

Dejó encendido el móvil y no fue hasta que lo puso en su bolsillo que sintió una presencia tras él. Giró y se encontró con Kanda, apoyado cómodamente en la pared.

—¿me espiabas? —

—es mi casa — no se movió — ¿tu niñero te quiere de vuelta? —

—no es mi niñero — se acomodó para verlo mejor — y no, aun no vuelvo, lo siento, trataré de no encontrarme contigo —

Encogió los hombros y se sentó al lado del moyashi, torció el cuello y tronó fuerte.

—lamento haberte metido en la pelea — se disculpó porque le pareció mucho más apropiado que dar las "gracias".

Kanda produjo un sonido que no supo como interpretar.

—es hora de irme — se levantó y sacudió el pantalón

—el viejo hará la cena, no te atrevas a desairarlo —

Allen decidió ir a ayudar en la cocina dejando a Kanda sin mirarlo.

Se recriminó su afabilidad hasta el momento, debía saber bien que entre mejor humor tuvieras las cosas iban peor, era un idiota por creer que todo estarían bien entre el moyashi y él sólo con eliminar a Tyki de la ecuación. Por supuesto que Allen no se metería en su camino, pero no por petición propia sino por que tampoco le apetecía.

Subió enojado a su habitación y se negó a colaborar en la cocina o comer.


Al menos hoy llovía, hacía calor pero llovía. Teniendo todo resuelto se planteó visitar a Allen. Quizá después, en los últimos días de su estancia, llevaría el auto y volverían juntos.

Dejó su libro en la cama cuando el timbre chilló desesperado.

Revisó por la mirilla y descubrió que lo imaginado había llegado más pronto de lo que pensaba: Tyki no tenía a quién reclamarle y siendo él amigo de Allen y único en la cuidad, le tocaba resistir.

Sin embargo le fue inevitable reírse cuando miró el ojo hinchado, labio roto y nudillos vendados de Tyki.

—¡¿te parece gracioso? — reclamó abriéndose paso por el lugar

—por supuesto — asintió sentándose en su sofá

—¿Cómo te atreviste a encubrirlo? ¡eres un maldito alcahuete! — se quedó de pie con la expresión frustrada

—Allen ya te lo dijo: ni Alma ni él ni yo sabíamos que estaba ahí —

—traidor — reclamó sin éxito pues fue interrumpido

—no hice nada, pero me hubiera gustado ser parte de "la mano del destino". Además no entiendo que haces reclamándome, no te debo nada, no somos amigos —

—lo éramos ¿o ya no podemos porque te dejé? —

—¿crees que sigo pensando en ello? si me afectara no hubiera soportado que Allen y tú estuvieran juntos — era de esperarse debido al gran ego de Tyki que, a pesar de ser golpeado por Kanda (además de su cara), seguía lo suficientemente alto para molestarlo.

—me parece que si. Desde el principio te opusiste y al final los ayudaste —

—qué poco conoces a Allen si crees que actuaría a escondidas —

—ahora los conozco bien, es tan despreciable como cualquier otro —

—vete, antes que me den más ganas de emparejarte el otro ojo —


—¿A dónde vamos? —

Allen caminaba tras Kanda. Ambos llevaban mochilas pero el peliblanco no sabía que contenían.

—cállate y camina —

—no vine para que me trates mal —

—pues vete, a ver si encuentras el camino de vuelta —

Arrugó la frente y miró a su derecha; montón de árboles, a su izquierda; montón de árboles, hacía atrás; montón de árboles y al frente; Kanda y su paso firme.

A regañadientes siguió, debía reconocer que en tanto no se separara del japonés evitaría que lo rescataran con helicópteros y exhaustivas búsquedas que incluyeran perros de rastreo. Eso si no es que la bruja de Blair lo encontraba primero.

Kanda sonrió triunfal cuando el otro se emparejó a su paso. Agradecía que no fuera más el niño que casi se desmayaba con una caminata y se quejaba cada dos segundos de alguna adversidad natural.

Varias veces quiso atarlo a un árbol para no tener que cuidarlo. Tenían seis años cuando sus aventuras comenzaron y Allen escapaba de Mana para perseguirle. Como resultado, cuando volvía lleno de mugre y basura silvestre, raspones y alguna prenda rota era reprendido y él, sin poder evitar que el mocoso cachetón le siguiera, también.

Sacó una botella de la mochila y bebió largamente.

—¿tenemos agua? — llevaba mucho sediento, de inmediato trató de abrir la que traía cargando pero Kanda lo paró con voz enérgica

—ten, no puedes ver que tiene dentro — le ofreció la botella de la que bebía. Allen lo miró molesto y la tomó dudando poniendo su atención en la boquilla

—si te da asco, muérete de calor — dicho esto Allen limpió la boquilla con la mano y se empinó la botella acabándola

Caminaron otro rato hasta que vieron una casita ruinosa, un lugar que alguna vez fue un palacio hoy se revelaba como escombros que nadie en su sano juicio atravesaría sin casco.

Allen no entendía nada, sacarlo de casa a punta de insultos y jalones para llevarlo a un lugar desolado le sonaba a que lo asesinaría y escondería el cuerpo ahí mismo.

Kanda sacó unas sillas de la casa, bastante carcomidas y sucias, luego una mesa rustica que al parecer había arreglado un aficionado pues una pata que le faltaba había sido sustituida por un palo de madera a pesar de estar hecha enteramente de metal.

—siéntate — ordenó y el otro se negó hasta no saber que sucedía

Kanda lo tomó por los hombros, le quitó la mochila y lo empujo hasta sentarlo por encima de las quejas del chico y de los forcejeos

—¡no me empujes! — dijo refunfuñando y manoteándolo para que le soltara — ya me siento… ¡ya! — se quedó ahí cruzado de brazos mientras Kanda se ponía frente a él — ¿a que viene todo esto? Creí que no querías ni verme —

—decidí que no se me da la gana que no me recuerdes —

—ya me ayudaste, no es tu culpa que no pueda recordarte del todo —

—si, no es mi culpa — Allen entrecerró los ojos ante la respuesta — pero en realidad lo que te dije antes no sirve de mucho, lo hice de mala gana y no quería ayudarte —

Allen se sintió algo molesto ¿serían mentiras todas las cosas que Kanda le dijo cuando hicieron el trato? Tal vez por eso quería redimirse

—no me importa si estás o no interesado en saberlo, igual te diré todo lo importante — sacó algunas recipientes con comida dentro y algunos papeles. Allen permanecía atento para ver que más sacaba.

Finalmente la ansiada explicación llegó.

—en este lugar… te traje aquí porque jugábamos en este lugar. Aquí dejaste de ser tan llorón — le ofreció una hoja de cuaderno bastante amarilla pero bien conservada, la tomó y comenzó a leer su contenido.

Era una especie de contrato donde decían admitirlo como soldado y juraba que en caso de desertar se comería diez bichos del bosque. Firmaban Kanda, un tal Máscara de la muerte que ponía una huella de pata y él. Todos eran garabatos y la letra estaba redonda y enorme. Más abajo se incluía un dibujo: un niño castaño con overol de mezclilla, otro de cabello negro con una espada en la mano y un conejo que excedía por mucho el tamaño natural de la especie y estaba coloreado de rojo.

—¿de verdad firmé esto? —

—¿pone tu nombre? —

—pues si pero…—

—entonces si —

—qué humor — dijo resintiendo el tono de Kanda, le devolvió el contrato — ¿por qué lo guardas? —

Levantó una ceja, no lo sabía. Había pasado tanto tiempo guardado que era difícil tirarlo.

—son cosas que tienes que saber, así que grábatelo bien y trata de recordar el lugar —

—¿es… muy importante? —

—para mi lo es —

Se miraron incómodos. No se le daba bien eso. Había sido una mala idea pero no podía abortar la situación.

—come — le acercó un recipiente destapándolo — es nattou —

Allen movió dudoso con la cuchara, eran unos los frijoles pegajosos sobre el arroz al vapor, se veían sumamente feos

—¿qué es? —

—frijoles de soya fermentados, te gustaban antes —

—no lo creo — alejó el nattou con desagrado

—que te lo comas —

—que no, gracias —

—te lo comes o hago que te lo comas —

—no —

Kanda se levantó y tomando una gran cucharada de frijoles trató de meterla en la boca del moyashi, esté se negó rudamente empujando y forcejeando de tal modo que casi vuelca la mesa que los separaba. Usó toda su fuerza para lanzar a Kanda hasta su lugar y este, dando un sentón en su silla, puso a prueba la apolillada madera haciendo que la estructura fallara y lo dejara violentamente sobre el piso en un sentón.

—¡tu puta madre moyashi! — dijo desde abajo mientras Allen se descojonaba de la risa y Kanda trataba de no moverse para evitar las corrientes punzantes de dolor que iban desde su coxis hasta sus piernas.

Allen seguía muriendo a carcajadas y se sostenía el estómago pues comenzaba a dolerle.

Se levantó con trabajo maldiciendo a la silla y a su acompañante en todos los idiomas que conocía. Tomó la cuchara que había quedado abandonada sobre la mesa y tomando un bocado aun mayor de arroz y nattou en partes desiguales se lo metió en la boca al burlón y la tapó con su mano para evitar que la escupiera. El moyashi pataleó como nunca en su vida al sentir el asqueroso (porque así le pareció) y ácido sabor de la fermentación en su lengua y al final tuvo que masticar y tragar pues Kanda le estaba sujetando la nariz con la otra mano.

Escupió lo poco que quedaba en su boca cuando el japonés lo soltó y pidió agua con desesperación tal que parecía haber tragado algún veneno.

Kanda rió ahora y con ganas.

Había mentido. Esa fue la misma reacción que Allen tuvo cuando probó el nattou por primera vez y tampoco le había gustado.

Por un momento fue como antes.


Gracias a todos, de verdad: ¡GRACIAS! Por su tiempo, por su paciencia, por sus comentarios, ¡por todo!

Reviews anónimos:

KoKoRo Kanda: DEJA DE PRESIONARMEEEEEEE por eso no te mando ni besos ni abrazos

kaoryciel94: pues ya, pregunta respondida XD y juro que no lo dejé ambiguo a propósito

Nos leemos luego.

Atte: Mandra