N.A.: ni los personajes ni la historia me pertenece, es la adaptación de un libro que me gusto mucho y me gustaría compartirlo :)
Capítulo 5
Bella se despertó unas horas más tarde, la sensación de ser observada, estudiada, se abrió camino dentro del sueño erótico con Edward bromeando, tentándola con un beso que nunca llegó. A punto de gritar, la presencia en su habitación empezó a cobrar sentido.
Ella parpadeó abriendo los ojos, mirando ceñuda la suave luz de una vela en la pequeña mesa de media luna junto a su cama. Volviendo la cabeza, su corazón comenzó a correr. Edward estaba sentado al lado de la cama mirándola, sus ojos azules entrecerrados, su musculoso pecho desnudo excepto por la sombra del rizado vello que bajaba por su estómago y desaparecía en el interior... Sus ojos se agrandaron, luego volaron hacia abajo. Él estaba desnudo. Dulce Dios, él estaba desnudo y duro, comprenderlo la aterrorizó. Grueso y largo, la cabeza púrpura, la carne fuertemente venosa.
Bella de repente fue más consciente de su desnudez bajo el pesado edredón. Cuando se había acostado, no había pensado para nada en ello. Ahora podía sentir la hinchazón de sus pechos, el endurecimiento de sus pezones. Entre sus muslos sentía la lenta, ardiente humedad de su carne afiebrada. También sentía algo más. Sus brazos estaban atados al curvado cabecero, estirados, así como sus piernas, con muy poco juego en las cuerdas. El hijo de puta, la había atado a la cama como una virgen condenada al sacrificio.
— ¿Qué has hecho? —. Ella se aclaró la somnolencia de su voz mientras él se quedaba quieto, mirándola con aquellos malvados ojos, llenos de sensualidad. –Desátame, Edward. ¿Qué haces aquí?
—Primera lección —dijo él, su voz era suave mientras asomaba a sus labios una sexy sonrisa. — ¿Estás lista para ella?
— ¿Lección? —ella negó con la cabeza, su voz gritando de cólera. ¿Cómo se atrevía el hijo de puta a atarla? — ¿De que demonios hablas, Edward?
Su mano se levantó. Bella pensó que él la tocaría, la agarraría, en cambio, esos largos dedos se enrollaron distraídamente alrededor de su pene, acariciándolo. Ella tragó fuertemente, su boca sedienta, ansiando sentir la hinchada cabeza en ella. Hasta podría haber pensado en darse impulso, si hubiera podido mover su cuerpo.
—Tu primera lección en ser mi mujer, Bella —le dijo él, con una voz serena, decidida. –Te dije que estaba harto de esperarte. Esta noche, empieza tu primera lección.
Bella hizo girar sus ojos mientras suspiraba con irritación.
— ¿Eres un psicópata o algo parecido, Edward? —Le dijo rechinando los dientes — ¿Prestas atención a lo que dices? Ahora déjame y deja de actuar de manera tan rara. Caray, si lo que quieres es follar, sólo debías haberlo dicho.
Él se rió de ella. El bastardo sólo sonrió perezosamente, perversamente.
—Pero, Bella no quiero sólo follarte —dijo él, divertido. —Quiero que sepas quién controla tu cuerpo, tus lujurias. Quiero que sepas, en el fondo de tu alma, quién pose ese coño tan bonito, ese culito tan tentador y tu boca caliente. Quiero que admitas que son míos, sólo para joderte cuando yo quiera.
Maldición. Ella sabía que Edward era retorcido, ¿pero violación?
—Edward —. Ella luchaba para que su voz sonara razonable. —Esta no es forma de conseguir una mujer. Realmente. Ya sabes, flores, noviazgo, ese es el camino al corazón de una mujer.
— ¿De verdad? —se reía ahora de ella sin disimulo. —Te envié flores, querida.
Sus ojos se abrieron.
—Ah sí, con una tarjeta que me decía de qué tamaño tenía que comprar el invasor anal, para así poder follar mi culo —ella apretó los dientes cuando tiró de las cuerdas que ataban sus tobillos. —Verdaderamente romántico, Edward.
Recordaba con un sentimiento de horror, el entusiasmo y la vergüenza que sintió cuando leyó la tarjeta. Había tirado las flores a la basura, pero se había guardado la tarjeta. Del por qué, ella no estaba muy segura.
Él se encogió de hombros indiferente. —Práctico —le dijo. —Te deseaba preparada. Pero como no aceptaste prepararte tu misma, entonces tendrás que aceptar el dolor.
¿Dolor? No, no, nada de dolor.
—Mira, Edward —ella le advirtió razonablemente. —Mi padre realmente se enfadará contigo. Y sabes que se lo contaré.
—Primero le pedí permiso a tu padre, Bella —le dijo él suavemente, ahora con una expresión paciente. — ¿Por qué piensas que tu madre abandonó finalmente a tu padre? Renne rechazaba aceptar quien era él y lo que necesitaba. No cometeré el mismo error contigo. Tu conocerás y aceptaras tu alma, tus necesidades y las mías. No huirás de mí. Tu padre lo entiende y me da el tiempo que necesito para ayudarte a comprender.
Bella miró hacia arriba a Edward, con la furia estallando dentro de ella mientras sacudía sus brazos estirando las cuerdas que la sujetaban. Condenado, no estaban apretadas, pero no había ninguna posibilidad de que pudiera golpearlo para borrarle la expresión de triunfo de su cara.
—Estás mintiendo —le acusó ella. —Mi padre nunca dejaría que me hicieras daño.
—Pregúntaselo por la mañana —se encogió de hombros tranquilamente, —estarás libre para entonces.
Un sentimiento de impotencia la embargó. Maldición, pensó que él tenía todas las malditas respuestas y todos los malditos proyectos. Ella no era un juguete para que él jugara y se lo demostraría.
—Te haré detener —le prometió ella. —Lo juro, aunque sea la última cosa que haga, te encerraré.
Durante unos largos momentos el se mostró tranquilo, sus ojos brillaban con lujuria, con un sereno conocimiento.
—Yo no lo haría si estuviera en tu situación. Piensa que mañana por la mañana, quizás hayas cambiado de opinión.
Bella aspiró con fuerza, mirándolo con miedo y odiando el recuerdo que esto le trajo.
— ¿De qué me hablas? —le dijo ella rechinando los dientes.
La mano de Edward cesó de acariciar lánguidamente su polla, moviéndose al estómago de ella. Sus músculos se contrajeron involuntariamente con el calor y la aspereza del masaje en su carne.
—Esta noche, te daré una muestra del placer del que puedes disfrutar —le prometió él. —Aprenderás, Bella, quién es tu maestro, lentamente. Un paso a la vez. Nada demasiado fuerte, nena, lo prometo.
Bella tembló. Él no parecía cruel, pero estaba decidido. Su voz era suave, inmensamente suave, pero centrada en el objetivo. Él la tendría ahora y la tendría en sus condiciones.
—Esto no es lo que quiero, Edward —le dijo, luchando por respirar, por tener el control.
Su mano se movió perezosamente de su estómago, sus ojos siguieron cada movimiento, sus dedos se deslizaron entre sus muslos hasta que uno corrió entre la espesa, resbaladiza crema que los humedecía, que probaban que sus palabras eran falsas. Ella tembló, reprimiendo un gemido de placer cuando la gruesa longitud de su dedo bajó hasta su vagina.
— ¿De verdad? —le susurró. —Pienso que me mientes, Bella. No deberías mentirme, nena.
Antes de que Bella supiera lo que iba a hacer, su mano se movió, dándole con la palma de la mano un golpe seco sobre la carne desnuda de su coño.
Bella tembló de excitación. —Eres un hijo de puta —le gritó ella, sacudiéndose contra las cuerdas, no haciendo caso del latigazo de placer que hizo que su clítoris se hinchó sobresaliendo. —Le daré una patada a tu culo cuando salga de aquí.
Edward sonrió abiertamente, moviéndose de su lado para colocarse entre sus muslos extendidos.
— ¡Déjame ir, bastardo! — gritó, luchando por no hacer caso del placer vergonzoso y la anticipación que se alzaba en su interior.
—Bella, traviesa —le susurró él, su mano dejó de lado su coño, deslizándose entre la humedad de los gruesos y pesados labios de su sexo. —Estás tan apretada, Bella. ¿Cuánto tiempo hace desde tu último amante?
— ¡Bésame el culo! — gritó ella, por la sorpresa cuando su palma golpeó la curva superior de su coño. Ella luchó contra las cuerdas, aterrorizada por las espantosas vibraciones de placer que irradiaban de su clítoris debido al calor del golpe. — ¡Maldito seas!
Su cuerpo se arqueó cuando su dedo se deslizó dentro de la vagina otra vez. Era una estimulación lenta, el dedo suavemente separaba sus músculos, haciendo temblar la carne con el principio del éxtasis. Ella luchó contra la necesidad de gemir, suplicar por la penetración lenta.
— ¿Cuánto tiempo Bella, desde que has tenido un amante? —le preguntó otra vez.
Bella comprendió que estaba jadeando, lista para culminar. Dios, si él solamente la dejara acabar.
—Te odió —le gruñó.
Su dedo se paró. A mitad de camino dentro de ella, sus músculos se apretaron desesperadamente por la necesidad y él paró.
—No estás siendo buena, Bella —susurró él. —Yo podría dejarte atada aquí, caliente y desesperada por aliviarte, o podría darte finalmente lo que necesitas. Ahora contesta a mi pregunta. — ¿Cuánto tiempo?
La amenaza era clara. Su dedo estaba todavía dentro de ella cuando él la miró, su expresión dura ahora, aunque sus ojos retuvieran aquel humor irónico, suave. El contraste era casi espantoso.
—Cuatro años. ¡Estás satisfecho... Oh Dios! —. Su espalda se arqueó, su cabeza cayó sobre las almohadas cuando su dedo se deslizó dentro con un poderoso empujón.
Bella se estremecía, el orgasmo tan cerca que ella podía sentirlo palpitar con desesperación.
—Maldición, que estrecha eres, Bella —. La yema de su dedo se torció, acariciando las sensibles profundidades mientras ella se estiraba contra sus ataduras. —Tan apretada como una virgen. Apuesto a que tu culo aún está más apretado.
Bella se calmó, temblando, viendo la lujuria, el entusiasmo que llenaba la cara de Edward. Su polla era enorme, gruesa y larga, y ella sabía que estiraría su vagina hasta que gritara por alivio. ¿Pero su culo? No había modo. Aunque mirando la cara de Edward, parecía que él hubiera resuelto el modo de hacerlo, exactamente.
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Hola chicas, siento aber tardado hahah pero bueno he tenido problemas para adaptarme a los últimos horarios y con las tareas, dios es un desastre
Pero bueno que opinan este capi es corto, pero bueno poco a poco va avanzando la historia, dejen sus comentarios haha enserio me alegran el dia despues de uno desastroso pff cuenten cuenten =D
Suerte!
