N.A.: ni los personajes ni la historia me pertenece, es la adaptación de un libro que me gusto mucho y me gustaría compartirlo :)
Capítulo 6
—Edward, seamos razonables —jadeó Bella, su sexo apretando sobre el dedo dentro de ella, temblando por las profundas y gentiles caricias que la yema de su dedo le proporcionaba. —Tu polla no cabrá ahí. Deja de intentar asustarme.
Pero ella sentía que no era una amenaza ociosa.
Él sonrió. Ella sabía bien que debía creer en esa sonrisa. Sus labios se curvaron lentamente, las esquinas de sus ojos se arrugaron. Mirándola atentamente, él deslizó su dedo hasta lo más profundo de su empapado y caliente canal y luego se movió para acostarse al lado de ella.
Bella lo miró con cuidado, como a una bestia salvaje mientras él apoyaba su cabeza en su brazo y la miraba por entre sus ojos entrecerrados. Entonces su mirada cambió, dirigiéndola a sus muslos, los ojos ella siguiéndolo mientras movía su mano.
—No... —gritó ella defensivamente mientras él alzaba su mano.
Ella se irguió. Él movió su cabeza, sus labios se lanzaron sobre un duro, puntiagudo pezón un segundo antes de que él le propinara otro punzante golpe a los mojados labios de su sexo.
Ella gritó, placer y dolor obligando a sus labios a emitir un desvalido sonido de confuso deseo mientras su cuerpo se doblaba y empujaba contra el de él. Su lengua raspó su pezón mientras él la chupaba, y el siguiente golpe a su sexo fue sobre la carne que protegía su hinchado clítoris. Su grito fue fuerte, su cuerpo estirándose, arqueado, luchando tanto contra el dolor como el placer mientras que ella se esforzaba por separar los dos. Estaba en llamas, su cabeza tambaleándose en una confusa ciénaga de sensaciones. Quería rogar por más, suplicar piedad.
Otro golpe llegó a ella, su palma ubicada para golpear desde su clítoris a su vagina mientras él tomaba su pezón entre sus dientes. El dolor punzante, caliente y feroz tenía su clítoris palpitando mientras ella gritaba cerca del clímax.
—Por favor —suplicó ella, su cabeza refregándose contra la almohada mientras sentía su brazo alzarse otra vez. —Por favor, Edward...
Un grito estrangulado abandonó su garganta cuando un golpe más duro aterrizó sobre ella, golpeando con fuerza y fuego, haciendo arder su clítoris, su orgasmo alcanzando su punto máximo contra su voluntad. Un estremecimiento atravesó su cuerpo mientras su palma golpeaba en su clítoris con presión suficiente para disparar su liberación.
Entonces los labios de él cubrieron los suyos con un gemido, su lengua entrando en su boca con avaricia y hambre. Bella luchó para acercarse, sus brazos y piernas protestando contra su confinamiento mientras ella salía al encuentro de su beso con la misma voracidad, su lengua enredada a la de él, sus gemidos un áspero chirrido contra su garganta mientras ella sentía su coño latir, su vagina muriéndose por más.
Bella se estremeció con la palpitante intensidad de su clímax, una distante parte de ella estaba sobresaltada, asombrada de que ella pudiera responder de ese modo. Fieros estremecimientos atravesaban su cuerpo, dejándola ansiosa, hambrienta por más. Su sexo estaba vacío, un desesperante dolor excitado atormentándola ahora. No era suficiente. Ella necesitaba más. Mucho más.
— ¿Necesitas más, Bella? —gruñó él mientras se retiraba y bajaba la vista hacia ella.
Sus ojos ya no eran pacientes, estaban ardientes y hambrientos, mirándola atentamente.
—Más. Por favor, Edward. Te necesito —gimió ella mirándolo mientras su cuerpo se agitaba, necesitándolo, deseando tanto su polla que hasta apenas podía respirar, su excitación era así de intensa.
Él se movió hacia atrás, su mano subiendo entre sus muslos, un voraz gemido saliendo de su garganta mientras sentía la espesa capa cremosa que volvía a cubrir la carne de ella.
—Tu sexo es tan caliente, Bella —. Su voz sonó torturada. —Tan caliente y dulce, yo podría comerte ahora mismo.
—Sí —. Ella se retorció contra él, necesitando que la tocara, que la follara, llenando el enorme hoyo de exquisita necesidad palpitando dentro de ella.
—No aún —se negó él, haciéndola lloriquear. —No aún, nena. Pero pronto. Realmente pronto.
Ella miró mientras él se alejaba de ella, arrodillándose y acomodando las almohadas bajo sus hombros y cabeza.
—Tu sabes lo que quiero, Bella —le dijo, su voz ruda, su polla apuntando a sus labios. —Abre tu boca, nena, dame lo que quiero.
Cualquier cosa. Cualquier cosa para convencerlo de aliviarla del dolor que palpitaba en su estómago. Ella abrió sus labios, y gimió mientras la gruesa cabeza empujaba pasándolos, estirándolos dolorosamente. Él era enorme, tan largo y grueso que ella quiso gritar de miedo, gritarle que se apurara y la follara con eso.
—Oh sí, que boquita tan pequeña y caliente —gimió él, envolviendo sus dedos alrededor de la base mientras penetraba su boca, parando sólo cuando los ojos de ella comenzaron a ensancharse por el miedo de que la ahogara. —Relaja tu garganta, Bella —la urgió él. —Sólo unos centímetros más, nena. Toma un poco más para mí y te mostraré que bueno puedo hacerte sentir lo que sigue.
Su sexo zumbaba su respuesta. Sí, toma más, perra. Tómalo todo, y entonces él me follará. La criatura voraz que era su coño exigía su obediencia con tanta ferocidad como Edward lo hacía. Respirando por su nariz, sus ojos en los de él, ella relajó lentamente los músculos de su garganta, sintiendo como él, con lentos empujes, conseguía los centímetros finales que exigía que ella tomara.
Su mano apretaba sobre su polla, su dedo acariciando su boca mientras él marcaba su límite, y aún así, había tanto más. Él se retiró mientras Bella chupaba la gruesa longitud, su lengua acariciándolo, raspando el lado de abajo de su miembro mientras él lo sacaba casi totalmente de su boca hasta que ella estuvo bebiendo ruidosamente sobre nada más que la congestionada cabeza, y amándolo.
Entonces él comenzó a penetrar otra vez. Un lento y mesurado empuje que hundió su polla a la profundidad por él marcada, su expresión endureciéndose con tal extremo placer que ella luchó por acariciar la ancha cabeza que intentaba ahogarla. Ella dejó a su garganta hacer un intento de tragar, un movimiento tentativo como probando su capacidad para hacerlo.
Edward gimió, su verga sacudiéndose en su boca mientras se retiraba, metiéndola otra vez. Ella repitió el movimiento, mirando su cara, nunca dejando de ver su expresión mientras él comenzaba a follar su boca. Él estaba jadeando, sus dientes apretados, su duro estómago apretado.
—Sí, trágalo —gruñó él cuando ella repitió el movimiento. —Trágalo, nena. Muéstrame que deseas mi polla.
Él estaba follando su boca más duro ahora, sus labios tan estirados que los sentía lastimados, pero a Bella le gustó el sentimiento, amaba ver su entusiasmo, la extrema lujuria que cruzaba su cara cada vez que su garganta acariciaba la cabeza de su polla. Sus caderas botaban contra ella, su voz un gruñido mientras él follaba sus labios, empujando su polla tan profundamente como podía ir, gimiendo mientras la carne se tensaba, se apretaba más.
—Sí. Voy a correrme ahora, Bella. Voy a correrme en tu pequeña boca caliente justo como voy a correrme bien dentro de ese pequeño culo apretado. Tomalo, nena, toma mi polla —. Él empujó con fuerza, ella tragó, sus caderas bombeando, entonces Bella sintió la primera dura, caliente explosión de semen contra el fondo de su garganta. Esta fue seguida por más. Espesos chorros de cremoso semen bajando por su garganta mientras él gritaba encima de ella.
Bella estaba extática, temblando de anticipación mientras sentía su pene, todavía duro, salir de su boca. Él la follaría ahora. Seguramente, él la follaría ahora.
—Eres tan hermosa, Bella —susurró él mientras se alejaba de ella, bajando la vista hacia ella, sus ojos amables una vez más. —Tan condenadamente caliente y hermosa, me vuelves loco.
—Bien —gimió ella. —Fóllame ahora, Edward. Por favor.
Él sonrió, y sus ojos se ensancharon mientras sacudía la cabeza.
— ¿Qué? —escupió ella, incrédula. —Maldito seas, Edward, no puedes dejarme de esta forma.
— ¿Yo dije que te estaba dejando? —le preguntó él, arqueando su ceja en signo de pregunta. —No, Bella, estaré aquí contigo, toda la noche, cada noche. Pero tú no estás preparada para ser follada aún.
—Te juro que lo estoy —exclamó ella. —En serio lo estoy, Edward —. Si ella estuviera más lista, estallaría en llamas.
Él rió en silencio, aunque el sonido fue tenso.
—No aún, Bella —susurró él. —Pero pronto.
Él se movió a través del cuarto, y luego Bella notó la pequeña bandeja que había sobre la carpeta de su cómoda empotrada en la pared. Él lo recogió y al volverse, los ojos de Bella se ensancharon con aprehensión.
Había varios artículos sexuales yaciendo sobre la bandeja de plata, así como un gran tubo de lubricante. El que más la asustó, fue el grueso consolador anal apoyado sobre su ancha base. Bella tembló al verlo, sacudiendo su cabeza con miedo mientras él se acercaba a ella. Si sólo estuviera lo bastante asustada, pensó fríamente. Que Dios la ayudara, su coño estaba en fuego, su cuerpo tan sensible que ella creía que una suave brisa le produciría un orgasmo. Y ver esos juguetes, el grueso invasor anal y el gran consolador, la hacían temblar, no sólo de miedo, sino de entusiasmo.
Él puso la bandeja sobre su mesa de noche, luego se sentó sobre su cama, mirándolos fijamente.
—Si no te mantienes excitada, necesitándome a mí y a lo que te daré, entonces me alejaré —le dijo él, su voz tan suave que ella tuvo que esforzarse por oírlo. —Pero yo te empujaré, Bella, veré lo que te gusta, veré lo que puedes tomar. No sólo esta noche, sino toda la semana. Tú eres mía hasta la noche de la fiesta de tu padre. No importa qué, no importa cuando, siempre y cuando lo que haga te excite.
— ¿Y si no lo logras? —preguntó ella con ira. — ¿Qué vas a hacerme, lastimarme hasta que no pueda soportarlo más?
Él se volvió hacia ella, sus ojos ardiendo.
—Sólo puedo darte lo que quieres, lo que necesitas —dijo él entre dientes apretados. —Estás tan malditamente caliente por ser dominada que no puedes soportarlo. ¿Tú piensas que no conozco eso? ¿Crees que te contaron los rumores sobre mis preferencias innecesariamente? Si no estuvieras excitada por ellas, Bella, no hubieras estado tan mojada como para empapar mi mano hace dos años cuando te arrinconé en el pasillo. Sólo estás asustada. Y te deseo demasiado como para dejar que sigas asustada de lo que ambos necesitamos más.
— ¡No lo haré! —. Pero la excitación estaba electrificando su cuerpo, haciendo latir cada célula en anticipación.
— ¿No lo harás? —gruñó él. —Sé sobre los libros que tu madre encontró en tu cuarto cuando ibas al colegio, Bella. Las historias que lees, para satisfacer esas ansias que no puedes explicar.
Su cara enrojeció. Su madre había estado enfurecida sobre los libros eroticos que había encontrado en el cuarto de Bella ese año.
—Cautivas, dominadas por sus amantes. Sumisas, adorando cada golpe de sensual placer que recibían.
Bella podía sentir el rubor por la mortificación manchando todo su cuerpo.
— ¿Alguna vez follaste tu trasero, Bella? —le preguntó suavemente él, inclinándose hacia ella, mirándola fijamente. — ¿Mientras acariciabas tu coño, luchando por un orgasmo, tu dedo alguna vez entró en ese pequeño, caliente, oscuro pasaje sólo para ver cómo se sentía?
Ella lo había hecho. Bella gimió humillada. Pero no había sido su dedo, había sido el delgado, redondeado vibrador que ella tenía escondido. La oleada de oscuro placer que se había extendido por ella había sido aterradora. Incluso peor había sido el duro, espantoso temblor de un orgasmo que casi la hizo gritar, subiendo por su cuerpo, y haciendo que de su sexo chorreara un fluido suave, pegajoso. Recordar el dolor de la penetración, la humillación de lanzar aquel chorro de líquido, había hecho que ella nunca volviera a intentar tal cosa, excepto con sus dedos. Incluso ahora, años más tarde, el recuerdo de ese acto era suficiente para hacerla ruborizar de vergüenza.
— ¿Eso dolió, Bella? —. Y desde luego, esos malvados reconocieron el rubor de la admisión sobre su piel. — ¿Te hizo desear más?
—No —escupió ella, temblando de nervios, excitada.
—Yo creo que sí —. Él tocó su mejilla, sus dedos acariciando su carne, su voz apacible. —Creo que te dejó dolorida, necesitada y demasiado malditamente asustada para intentar hacerlo. Creo, Bella, que me necesitas tanto como yo te necesito.
—Y yo creo que tu estás loco —lo atacó ella, rechazándolo, preguntándose por qué lo hacía cuando lo necesitaba tanto.
Su pulgar le acarició los hinchados labios, sus ojos oscuros, brillando en la luz de la vela.
— ¿Lo estoy? —le preguntó suavemente. —Vamos a ver, Bella, cómo de chiflado estoy.
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Bueno yo aquí de new, después de creó dos semanas pero es que mi horario se torció… con eso k empecé a trabajar más la escuela llego rendida a casa pero bueno…. Que les parece el capi =D nuestro ed si k hace promesas, creen que las cumpla? Bueno creo k eso es obvio pero bueno
Dejen comentarios chicas y si hay chicos…. Los espero con ansias…
=D
Suerte!
