Volvemos con la narración de la madre, que no debemos olvidarnos de que va toda esta historia

Disclaimer: Avatar: The last airbender y todos sus personajes no me pertenecen, yo sólo me divierto inventado formas de matarlos.


La habitación se había vuelto obscura, el sol los había dejado conforme las palabras de la reina avanzaban. El príncipe mantenía sostenida mano débil de su madre, las uñas largas y negras ya no quedaban bien con esas manos tan cansadas.

- Madre – interrumpió el hijo- ¿Por qué me cuentas esto? La búsqueda de mi padre por la reina Ursa es algo que ya he escuchado, de ti, de mis maestros, de la gente, está escrito en la historia de nuestro pueblo. Sé que su muerte fue una desgracia, pero ¿Por qué recordarlo ahora?

- Lo sabrás si dejas de interrumpirme – insistió la madre- y supongo que ya te abras dado cuenta que lo que tus maestros te contaron no es lo que realmente ocurrió.

El príncipe esbozo una sonrisa forzada.

- Se suponía que el anciano había accedido amablemente a darles la información, pero tú misma te has reído varias veces al contármelo antes, todo el mundo sabe que esa era una mentira – el muchacho cambio su tono- pero esa no es la mentira que te mantiene viva ¿cierto?

La madre seguía débil y el sueño comenzaba a vencerla, pero su insistencia por continuar la mantenía ahí.

- Yang Ra… – la reina dijo ese nombre con un gran dolor- ese fue el nombre que nos dijo el anciano. No sabes cuánto dolor ha causado ese hombre, a pesar de que era tan viejo y tan débil.

- Eso también lo sé – el joven se esforzaba por separar las manos de las de su madre, la tapo con las sabanas de seda y se puso de pie- siempre me has dicho que mi padre lo odiaba desde mucho antes.

- No era tu padre quien lo odiaba – Los ojos de la reina comenzaron a temblar – era una amiga suya la que lo odiaba con todo su corazón.

La madre tomo la mano de su hijo para evitar que se fuera, pero esa mano ya casi no podía sostener nada.

- Aun no te vayas – insistió la madre – debo terminar hoy.

- No hoy – dijo el príncipe y señalo un ramo de hermosas flores frescas sobre la cabecera de la cama - ¿No recuerdas que día es?

La reina vio las flores por un segundo y sonrió débilmente.

- Hoy es día de las madres – dijo la reina mientras soltaba por fin la mano de su hijo-.

El príncipe se puso de pie y camino hacia la puerta, desde ahí escucho a su madre.

- Si lo pienso bien, tal vez este día fue la razón que la hizo despertar – la reina hablaba desde un recuerdo que parecía aun más lejano que el resto - este día nos la pasábamos tan felices…


5º Relato: Regalo

Esos días eran extraños, se suponía que eran los más tranquilos, pero por alguna razón eran los más difíciles de recordar.

El palacio era un lugar más apacible en ese entonces, aunque en ese momento cualquiera hubiera dicho lo contrario.

Un niño vestido elegantemente sale corriendo de una habitación, más bien parece que lo han aventado fuera. Por el impulso cae al pasillo. Al menos esto evita que le caiga en la cabeza el florero que su hermana arroja, al final se estrella contra la pared y al niño solo le caen los pedazos.

- Sal de aquí! Te odio! – Gritaba la enfurecida princesa a su hermano – Lárguense de una vez! De cualquier forma yo no quería ir!

- Ya basta Azula! – Contesto el niño a su pequeña hermana – es tu culpa que mama se halla enojado.

- Mi culpa? – Siguió indignada la princesa- yo no hice nada y ella siempre busca excusas para no salir conmigo.

- Incendiaste la colección de retratos! – Acuso el hermano-

- Yo no lo hice nada – Azula se desesperaba- No tengo idea de lo que paso con la ridícula colección de retratos y de cualquier manera el circo es estúpido…

La pequeña Azula hace una cara de enfado, se escuchan pasos que se acercan. Ursa llega y se para detrás de Zuko, observando fijamente a Azula. Las dos intercambian miradas, la ira es obvia, pero también están tristes, Ursa es la primera en hablar.

- Si te disculpas aun podrás acompañarnos – dice tratando de que su tono sea conciliador-

- Yo no tengo de que disculparme – reta la niña – si quieren irse solo háganlo, yo pasare el día haciendo algo más.

La expresión de Ursa no es agradable, se nota el deprecio en sus ojos.

- Tu no saldrás de tu habitación en toda la tarde – ordeno la reina mientras señalaba a un guardia para que se quedara junto a la puerta-

- Tu no puedes decidir eso! – Azula se mostraba altanera-

- Ya lo hice – con esto, Ursa termino la conversación y siguió caminando – Zuko, date prisa.

Azula escucho la voz de Zuko

- Es día de las madres, al menos hoy debiste comportarte – dijo Zuko en voz baja, como quien sabe que se arrepentirá de sus palabras-

Tan pronto la mirada asesina de Azula se clavo en él y Zuko echo a correr detrás de su madre.

Azula lanzo un grito, entro a su habitación y azoto la puerta.

Parecía que ese día de las madres seria igual a los anteriores.

Zuko y su madre salieron del palacio junto con su escolta. A penas y ellos se fueron dos sombras se escabulleron dentro del palacio, un par de guardias alcanzaron a divisarlas, se miraron el uno al otro y se sonrieron, como si fuera algo que hubieran visto varias veces.

Mai y Ty lee ya estaban en los jardines, se encontraron debajo de la copa de un árbol mientras trataban de no ser vistas.

- Día de las madres – dijo Ty lee con una sonrisa- la misión habitual?

- Eso parece – dijo Mai asintiendo y elevando la vista - Rescate…

- La malvada reina ha puesto un terrible hechizo sobre la princesa y es nuestro deber rescatarla – dijo Ty lee fingiendo blandir una espada- yo distraigo a los guardias y tú te escabulles….

- Me gusta más distraer a los guardias – replico Mai- y tú eres más rápida, tiene más sentido q tú te escabullas

Se miraron un momento y asintieron.

Mai entro por el pasillo. Era una habitación grande, un recibidor bien adornado donde sobresalía la escalera, arriba estaban las habitaciones, la tercera de la derecha era la de Azula. Mai entro al recibidor sin que la vieran los guardias, llevaba una bolsa llena de piedras. Tiro una hacia un jarrón y corrió a esconderse detrás de una cortina. Los guardias llegaron por el ruido, una piedra mas dio hacia un candelabro más lejano, los guardias se alejaron un segundo de sus puestos. Ty lee subió lo más rápido q pudo las escaleras, Mai la siguió, pero se detuvieron al ver q había un guardia frente a la habitación de la princesa.

- Diablos – dijo Mai- será el plan B…

Ty lee se acerco al guardia tratando de hacer sus grandes ojos más grandes.

- Puedo entrar? – dijo la pequeña con voz adorable-

- Lo siento, la princesa está castigada – dijo el guardia con voz firme-

- Por favor…- dijo Ty lee mientras movía su cabeza de un lado a otro –

- Fueron ordenes de la reina – el tono de voz no cambiaba-

- Ella nos dijo q podíamos venir a jugar – dijo Mai mientras se acercaba-

El guardia las miraba con incredulidad.

- En serio ella lo dijo – decía Mai mientras sacaba desde debajo de su abrigo una bolsa-

El guardia no les quitaba la vista de encima. Mai saco de la bolsa dos pepitas brillantes.

- O es que no nos crees? – dijo Ty lee mientras le quitaba Mai las pepitas para lanzarlas al aire-

- Esta bien – dijo el guardia mientras alcanzaba la pepita en el aire- pero ustedes insistieron mucho.

Ty lee y Mai entraron a la habitación. Azula estaba sobre su cama, se incorporo cuando las vio entrar. Ty lee se acerco primero, los ojos de Azula se veían tristes. Ty lee observo la almohada de la princesa, estaba mojada.

- Mmmm… mal, mal, mal – dijo Ty lee meneando su cabeza – las almohadas de las princesas nunca deben de estar empapadas, pareciera que necesitas un nueva.

Mai se acerco y le entrego a Azula un regalo.

- Feliz cumpleaños – dijo Mai con un tono muy serio-

- Ya les he dicho q hoy no es mi cumpleaños – dijo Azula como si esa fuera una escena que se repitiera seguido- mi cumpleaños fue la semana pasada y todos me dieron muchos regalos, por si no lo notaron y papa lleno todo el patio con ellos.

- Lo sabemos – dijo Ty lee con una sonrisa – pero hoy es cuando realmente necesitas regalos.

Cruzaron miradas, sabían que era verdad.

- No sé cómo se las arregla para siempre arruinar este día – siguió hablando la princesa- está loca.

Seguido tomo el regalo y deshizo el envoltorio. Una almohada nueva, parecía bordada a mano. El bordado parecía hecho por una niña, aunque estaba perfectamente elaborado se notaban los gestos infantiles. Azula tomo su almohada vieja y la lanzo al suelo donde empezó a arder, coloco la nueva sobre su cabecera y se puso de pie.

- Si cada año vas a quemar la del año pasado valdría más que dejáramos de bordarlas – dijo Mai mientras veía incendiarse la almohada-

Su comentario pareció no ser tomado en cuenta.

- Y a ustedes siguen sin extrañarlas en sus casas? – dijo la princesa recuperando su tono soberbio –

- Ha… ya sabes cómo es – el tono de Ty lee perdió un poco de alegría- una que sobre o una que falte… mi mama no se dará cuenta, a lo mucho lo sabrá cuando cuente los regalos.

- Mi madre está organizando una cena – siguió Mai – entre menos problemas le dé será mejor.

- Entonces hablamos del operativo habitual – Azula se volteo con su extraña sonrisa malvada-

Las chicas asintieron. Salieron de la habitación, los guardias ya no podían hacer nada si era la princesa quien les ordenaba retirarse. Las tres salieron de palacio, solo ese día salían sin escolta. Entre una risa y otra se oían maquilar planes, el día de las madres siempre era extrañó. Como si ese día todo se acumulara la falta de atención, de cariño, de libertad, como una explosión, como la consecuencia de muchos errores…

Azula se levanto de su cama helada. Había un regalo sobre su mesa. Era extrañó, su cumpleaños había sido la semana pasada, su padre había llenado todo el patio con sus regalos. Tomo el paquete y lo abrió.

Una almohada nueva. Parecía bordada a mano. Con un gesto casi automático la princesa prendió fuego a la vieja almohada en la cama helada. Se quedo ahí, mirando el vacío, sin prestar atención al fuego que se propagaba por toda la cama. Recordó ese extraño día, ese día donde las tres se tomaban de la mano y le gritaban al mundo, ese día donde a pesar de ser tan pequeñas descubrían que podían no tener límites. Ese día le prendieron fuego a la carpa del circo y rieron mientras los animales huían, se escabulleron en una hermosa casa y robaron los regalos de cinco insoportables hermanas, y ya casi al anochecer se escabulleron en las cocinas y envenenaron la comida de una elegante cena. Siempre con la cautela necesaria para no ser atrapadas y con el descaro suficiente para poder seguir otro año.

Como si tan solo faltara esa pieza, todo dentro de ella se acomodo, los recuerdos se ordenaron y al mismo tiempo, sus sentimientos estallaron.

Una almohada bordada. Ya no la necesitaba, ya no iba a llorar.

El fuego seguía propagándose por la habitación. Los muros se abrieron, entraron varios maestros agua a apagarlo. Con un gesto lento la princesa volteo a verlos, se mantuvo firme y le recorrió la mirada a cada uno. Ellos se miraron confundidos, era la primera vez que ella se mostraba consciente de su presencia.

- Y no les da miedo cuidar de alguien tan peligrosa? – La voz de la princesa sonaba a amenaza-

Azula levanto su mano y salió una chispa.