Nota de la Autora: Me tardé un montón de tiempo en actualizar esta historia, lo sé. Tuve una época pesada y verdadermamente no tenía cabeza para escribir. Bueno, no es que ahora les haya traído una obra maestra o algo por el estilo. Pero se puede leer. Así que, como siempre, yo ofreciendo mis disculpas.

Disclaimer: Nada es mio.

Agradecimientos: Sealegs, The Shins. Y como cuando los niños salen en la tele, a todos los que me leen y en especial a los que me regalan sus lindos comentarios.


Capítulo Tres: Oportunidades

o

(Sí)

Cuando Harry ve a Molly abrazando a Ron, rodeándolo con ese halo casi sobreprotector para la luego estamparle dos besos en las mejillas, no puede evitar preguntarse cómo le habría abrazado su madre a él.

No es que tenga envidia.

Pero esa simple pregunta siempre está flotando en su cabeza cuando ve a la Señora Weasley.

Ron y Hermione desaparecerán en cosa de segundos desde el Ministerio de Magia hasta Australia. Arthur y Molly los miran con los ojos llenos de aprensión pero las palabras no traspasan el umbral de los labios

-Buen viaje. Espero que vuelvan pronto. –Dice Harry. –Luego un ligero plop y Harry se queda con los padres de Ron, Molly se abraza de Arthur, como si las fuerzas le fallasen y Harry ya no sabe qué hacer ahí.

Considera que quizás todo habría sido mejor si estuviera con ellos George, o mejor aún, Ginny. Pero los dos están en el Callejón Diagon y él tiene cosas pendientes en el Ministerio…

Y otras fuera del Ministerio, como visitar a la profesora MacGonagall en Hogwarts, para saber en qué puede ayudarles, y de paso ver a Hagrid. Porque a Hagrid no lo ha visto desde la serie de funerales que dejó la batalla.

Y Harry también tiene pendiente otras cosas más importantes, pero menos urgentes, como hablar con Ginny de todo eso que está pasando.

Harry se despide de los padres de Ron rápidamente, cuando ve pasar a Kinsley y éste, a la distancia, le hace un gesto. Harry jamás desperdiciaría una oportunidad de escape como esa. Además, la verdadera razón del por qué él está en el Ministerio viste una túnica púrpura con dibujos dorados, usa un aro en la oreja y tiene la piel oscura. Y le invita a pasar a su oficina.

Sólo para afinar detalles. El resto, el resto Harry ya lo ha pensado demasiado.

Cuando Harry se sienta en la silla que le ofrecen y se frota las manos, nervioso, sobre sus piernas, decide que esa noche es tan buena como cualquier otra para hablar con Ginny.

-¿Y, Harry? ¿Ya tienes una respuesta para mi?

- Sí.

- ¿Sí qué? ¿Sí tienes una respuesta?

- Mi respuesta es sí, Kinsley.

(No)

Hace calor. Mucho calor.

Y esa sensación extraña en el pecho no desaparece. Se siente ansiosa, y le gustaría salir corriendo en todas las direcciones posibles para llegar pronto hasta sus padres.

Aunque no tenga idea dónde están.

Pero está Ron a su lado y le toma de la mano. Además Hermione sabe que antes que todo hay que hacer planes. Los planes son buenos y funcionan. Le ahorrarán tiempo y otros recursos, disminuirán sus temores y sus nervios. Necesita aire, necesita moverse, necesita hacer algo. Necesita hacer un plan.

Se suelta del agarre de Ron y toma su mochila. Camina rápidamente mientras intenta ubicarse en un mapa.

El hotel no está tan lejos. Sólo unas cuantas cuadras hacia el sur. ¿Ves?

Ron no ve nada. Ni siquiera mira el mapa y sólo se encoge de hombros.

Todo parece pintado por el sol y el azul del cielo es mucho más intenso. Piensa que quizás, después de fijar sus pasos a seguir, sería buena idea ir hasta la playa con Ron. A él le haría bien. Y a ella también.

Cuando llegan al hotel piden una habitación con dos camas. Hermione no se preocupa mucho de la mirada extrañada de la dependienta, ni tampoco le preocupa el tamaño de las camas, ni el color del baño, ni la vista que la habitación tenga. Sólo le importa conseguir un directorio, buscar la letra "G", y encontrar a una tal Jane Granger o un tal Richard y que ambos sean dentistas.

El resto es fácil. En teoría.

Sentada en la mesa de su habitación, mientras Ron descalzo mira televisión, comienza a pasear sus dedos por las filas de apellidos. Su corazón da un vuelco cuando comienzan a aparecer la palabra Granger. Granger, Adam. Granger, Adele. Granger, Alan. Granger, Amelie.

Sus dedos se mueven rápidamente por el directorio, un camino torpe y lleno de ansiedad.

Granger, Jean.

Granger, Jean.

Granger, Jean.

Granger, Jean C.

Granger, Jean K.

Granger, Jean M.

Granger, Jean P.

Granger, Jean

Hermione deja escapar un pequeño chillido. Anota rápidamente el número en su pergamino, copia también la dirección de la primera de la lista.

Ron la mira extrañado.

Puede que sea alguno de los que están en el directorio. –Dice ella, como una explicación.

Ron sigue viendo Tom y Jerry como si no entendiese ni una palabra de lo que ella le dice, casi como si le hablara en otro idioma.

Hermione toma el teléfono y digita rápidamente el número que aparece en el primer lugar de su lista. Con el auricular en su oreja, los segundos parecen alargarse mientras espera que una voz le conteste. Una voz femenina. La voz de su madre.

-Hola.

Hermione piensa en colgar en ese mismo momento; no es la voz de su madre. Es la voz de un hombre. Aún así, sigue con la conversación como la tenía planeada en su mente.

-Hola. ¿Es Ud. Jean Granger?

-No. –Responde el hombre, secamente. Hermione se siente un poquito tonta. -…ella no está disponible. ¿Quién le llama?

-Hermione.

-¿Hermione? Qué nombre tan raro. ¿Hermione cuánto?

-Uhm…Responde ella, durante un momento. - ¿Podría decirme a qué se dedica ella?

-¿Cómo?

-Le estoy preguntado a qué se dedica Jean Granger.

-Oh…-El hombre al otro lado de la línea duda un instante. -…Ella es enfermera y ahora está trabajando. ¿Desea dejar algún mensaje?

-No, muchas gracias.

Antes de colgar el teléfono siente las manos grandes de Ron en sus hombros. Las lágrimas acumulándose en sus ojos y quemando.

-Hermione, nadie dijo que esto sería fácil.

-Lo sé, pero pensé que…

-Sé lo que pensaste, pero mira. No importa, aún quedan muchos más números en el directorio.

El resto del día es más o menos lo mismo. Digitar rápidamente algún número, a veces con tanta ansiedad que se equivoca, hablar con muchas Jean Granger pero con ninguna que sea su madre. Por un momento pensó que una podría ser ella. Pero luego, cuando descubrió que se dedicaba a las propiedades, Hermione anotó este dato y la marcó con una "X" que dibujaba a cada una de las descartadas.

El sol está muy redondo y anaranjado cuando Hermione lo ve en el horizonte. Por la ventana percibe la brisa ligera que hace inclinarse a los delgados árboles hacia la tierra. Ron aún sigue tendido en la cama, medio dormido, y ella a metros de él se siente completamente sola en el mundo.

Hermione suspira, alejando de ella el teléfono. Tenía la esperanza que fuese así de sencillo. Pensaba que estaba a solo una llamada telefónica de ellos. Por unos instantes se siente triste y nuevamente siente arder las lágrimas en sus ojos. Y le da rabia ser tan sensible, ser tan... llorona. Sentirse desmoronada y fracasada cuando las cosas no le funcionan como las tiene planeadas. Hermione sabe muchas cosas, sabe como preparar las más siniestras pociones, sabe cómo debe mover la varita para hacer cada hechizo, sabe la mayoría de las capitales del mundo, pero no sabe lidiar con las cosas que no sabe. Se restriega los ojos con los dedos, y se intenta acomodar su cabello infructuosamente. Como desde otro planeta, escucha un ronquido grave de Ron. Es en ese instante que se da cuenta que no está sola. Que a veces las presiones del momento se transforman en un árbol que no la dejan ver el bosque. Cierra los ojos, y piensa que lo peor ya pasó, Voldemort ya no existe, nadie va a asesinar a sus padres y ella no va a permitir que eso suceda. De hecho, cuando mira nuevamente a su alrededor, Hermione se alegra un poco, porque se da cuenta que cada segundo que pasa, ella está más cerca de encontrar a sus padres.

(Por favor)

Ginny y George, ambos con polvo en la ropa y suciedad en la cara, toman jugo de calabaza en la cocina. A los dos les duele la espalda y los hombros, y un masaje en el cuello, sí, por favor, no estaría nada de mal. Pero su madre está en su habitación y sin mucho ánimo de hacer masajes. Desde la ida de Ron pasa mucho tiempo ahí, la mayor parte se la pasa durmiendo. A Ginny le parece que ha envejecido diez años desde la muerte de Fred, pero confía en que algún día se levante y aprenda a vivir con ello, tal como lo intenta ella, George y su padre.

Harry llega de improviso, golpea la puerta llena de ollas y botas colgando. A ella le parece increíble que aún golpee, como si fuese alguien totalmente ajeno a esa casa. George le abre la puerta y con una leve sonrisa le invita a pasar. Harry le sonríe de vuelta, tímido, como siempre.

Y Ginny los mira un momento.

Y se da cuenta que todos lucen mayores. Como si de una día para otro se hubiesen transformado en hombres. Como si hubiesen pasado años ocultos de ella, y no sólo meses. Los rasgos, tanto de su hermano como de Harry, son los mismos, pero las miradas y la línea de la boca carga con una madurez que ella no había notado hasta ese momento. Y tiene la idea que de pronto si ella se mira en el espejo también lucirá distinta de lo que se recuerda. Y se pregunta si también lucirá mayor.

-Ginny, ¿podemos hablar?

-Oh, oh. –Dice George. –No se preocupen por mi, hagan como que no existo.

-No, no te preocupes, George. Ginny, ¿podemos salir al jardín a dar un paseo?

En el jardín, el aire está tibio y perfumado por las flores que crecen silvestres entre la hierba. Con una ligera brisa agitando su largo cabello, Ginny se da cuenta que Harry tiene los labios apretados y la mirada contenida. Ella, que lo conoce un poquito, sabe de inmediato que algo pasa, no es necesario que él le diga algo más. Su cuerpo tenso habla por sí solo.

-Ginny…-Dice, sentándose a su lado en el pasto. –Tenemos que hablar...

Tal como esa vez, tal como esa funesta tarde en el funeral de Dumbledore. Ginny siente que el pánico se apoderada de ella, y de pronto un agujero se abre en su estómago.

-Sí, claro, Harry. ¿De qué quieres hablar? –Y se pregunta de quién es esa voz, quién es esa extraña que logra articular las palabras y usa su boca. La verdadera Ginny está hecha polvo, escondida en algún punto de ese ligero cuerpo.

-Uhm…es... complicado. Estos últimos días, además de evitar a la prensa, -Y él rueda los ojos, fastidiado. -he estado en el Ministerio conversando con Kinsley sobre los juicios que se harán a los pocos mortífagos que han logrado atrapar, y también he estado detectado otros seguidores de Voldemort que están en libertad…ya sabes, recopilando nombres, haciendo listas y tratando de obtener…evidencias…y Kinsley me ha hecho una oferta que no he podido rechazar… -Ginny espera que él continúe, no quiere interrumpirlo ni adivinar, porque ya intuye que sigue. Se siente un poco mareada.

…Y quería que tú fueras la primera en saberlo. –Y él sonríe, sonríe como no lo ha visto en meses, con una felicidad genuina que a Ginny le rompe el corazón. – Y básicamente se trata de hacer todo esto de manera permanente, y ya sabes, luchar contra el mal, pelear por la justicia, detener a los seguidores de Voldemort para que se acaba esto, para siempre…y Kinsley dice que…Kinsley me pidió que me uniera al escuadrón de aurores…

Por unos segundos ella ni siquiera pueda respirar. Los pulmones han desaparecido y al parecer también sus facultades de comunicarse.

-Oh, por Dios, Harry. Oh, Merlín…eso es…eso es…eso es…eso es…fantástico. –Dice finalmente y él la abraza y ella aprovecha la oportunidad para cerrar los ojos y contener las lágrimas. –Es genial, Harry. Y te lo mereces tanto. Me alegro muchísimo por ti.

Y cuando dice aquello, no está mintiendo. Porque verdaderamente se alegra por él, pero de inmediato odia la idea para ella. En breves instantes reflexiona y se da cuenta que él ya no estará, que no estarán juntos el próximo año.

-Harry, pero…¿Hogwarts? –Y ella quiere decir, "Harry, y qué pasará conmigo."

Kinsley me dijo que no era necesario. No tengo que terminar Hogwarts y tampoco tengo que cursar la academia de instrucción de aurores. Y para ser sincero, Ginny, si no me hubiesen ofrecido esto, creo que tampoco hubiese vuelto al colegio.

-¿Por qué? ¿Te parece muy…infantil… para ti? –Y suena airada porque está así. Suena ofendida, y molesta, y trata malamente de disimularlo.

-No, Ginny. No es por eso. Es sólo que Hogwarts sin Dumbledore no es lo mismo para mi. Además…es complicado. Todas las cosas de Hogwarts me parecen tan…lejanas. Ni siquiera estará Hedwig…

-Pero estaré yo…

-Lo sé…-Y Harry parece por fin comprender la molestia de ella. –Ginny, no me lo tomes a mal, pero no soy capaz de volver al castillo. Han sido muchas las cosas que he vivido…Incluso me morí en ese bosque, sin contar que hubo una batalla en la que se murieron muchos de mis amigos. Sinceramente, no tengo ganas de volver a ese lugar por un largo rato, al menos, no como estudiante.

Ginny se queda mirando el agua del estanque, las lentas ondulaciones de la superficie mientras siente una tímida lágrima caer por su mejilla. Se la quita rápidamente con la mano. Le parece que Harry siempre va en la dirección opuesta a ella, que corre veloz, y que ella nunca le alcanza. Piensa que es peor que una snitch, que cuando parece tenerla en la mano, segura, se le escurre por entre medio de los dedos. Cree que Harry la dejará, una vez más, que ella se quedará sola, en Hogwarts con Neville y Luna, y él se irá una vez más con su hermano y Hermione a tener nuevas aventuras y misiones en donde no hay espacio para ella. Intenta calmarse un poco y se queda unos instantes pensando en silencio. Porque se da cuenta que es precisamente eso lo que le gusta de Harry, que nunca ha sido fácil para ella, que siempre significa pelear, pelear mucho, pelear contra Ron, con un montón de mujeres que también quieren ser algo especial para él, pelear contra ese instinto de Harry, que siempre tiene que estar involucrado en causas nobles y peligrosas. Es aquel, el joven aventurero e indomable, de quién Ginny está enamorada. Le cuesta mucho imaginárselo como un estudiante normal de Hogwarts, sin una espada sobre su cabeza. No va con él, y esa imagen que logra imaginar tampoco le agrada a ella. Luego, Ginny vuelve sobre las palabras de Harry, y se queda pegada en algo que él le dijo hace instantes, frunce el ceño y le pregunta –Es decir Harry, ¿he estado besando a un inferí todos estos días?

Bromear esta bien, si Harry va a terminar con ella una vez más, Ginny quiere que la recuerde como alguien feliz y no como una niña chica y llorona, que no es capaz de controlarse.

Harry parece no entender las palabras de Ginny, ella le recuerda que le dijo que se murió en los bosques de Hogwarts y entonces él se ríe y le responde –Creo que un zombie es más apropiado. Pero, si no te molesta tener por novio a un zombie auror, no creo que haya problema.

Y es entonces cuando ella le mira completamente seria, desatando la intensidad de su mirada sobre los ojos verdes de Harry que le miran expectantes.

O sea…¿eres mi novio? –A Ginny las orejas se le ponen rojas, pero mantiene su cara serena. Espera su respuesta con los ojos abiertos y los labios ligeramente separados, como si contuviera un suspiro.

-Sí…no, no lo sé. ¿Lo soy? –Pregunta él mientras su mano se pierde en su pelo indomable.

-El otro día me dijiste que eras más que mi amigo. Uhm. ¿Harry, me estás pidiendo que salga contigo?

-Sí…No…no sé. ¿Quieres que te lo pida?

-Harry…

-¿Qué? –Dice él cuando ella le mira con una media sonrisa asomándose entre sus labios.

-¿Quieres salir conmigo? –Y aunque no tenía planeado que fuese así, y menos aún si escucha su yo interior soñador y romántico, esa parte de ella que empuja constantemente a un rincón oscuro, se da cuenta que lo que tanto había ansiado durante tanto tiempo se lo está pidiendo ella a él.

Y para alivio de Ginny, Harry no tarda ni un solo segundo en responder. –Sí.

-¿Sólo sí? –Pregunta Ginny. –¿Sin ningún "no", "no lo sé?

-Sí, sí quiero ser tu novio, Ginny.

-¿Y que hay de mi en Hogwarts y tú en el Ministerio? –Pregunta mientras ladea la cabeza y lo mira, y su pelo largo y rojo se enreda entre sus rodillas.

-Lo he estado pensado…y es sólo un año. Te visitaré cuando puedas salir a Hogsmeade y el resto del tiempo nos podemos escribir.

-Nunca me has escrito…

-Nunca he podido hacerlo…

-Le escribías a Ron y a Hermione.

-Ginny, no te escribía no porque no quisiera…

-¿Por qué, entonces?

Las mejillas de Harry se llenan de color y él dice, a media voz. –No sabía qué decirte…

Y Ginny sonríe un segundo. –Podrías haber empezado con un simple hola. -Ginny levanta los ojos y los fija nuevamente en el estanque. -Va a ser…difícil.

-¿Qué cosa? –Pregunta él, con la cara aún roja.

-Hogwarts sin ti.

-El curso pasado lo hiciste bastante bien. –Ginny pudo identificar una sonrisa de orgullo dibujándose en su cara. –Y estabas sin mi.

-Aún así será difícil…tendré que vivir pensando en que por lo menos cincuenta tipas como Romilda Vane, incluida la propia Romilda Vane, estarán esperándote todos los días a la salida del Ministerio…

Y Harry se ríe fuerte, y la risa le hace sacudir los hombros y que los ojos se le vuelvan pequeñitos y a Ginny, cuando lo ve así, el corazón se le encoje y le gustaría recordar esa imagen por siempre…sobre todo en los largos días de soledad y angustia que le esperan en Hogwarts.

-¿Estás celosa?

-Sí.

-Pero eso no es cierto, nadie me estará esperando a la salida del Ministerio. Quizás la gente del Profeta, además, me conoces. Soy pésimo con las chicas, Ginny.

-Es verdad. –Dice ella, bromeando. –Eres pésimo con las chicas. Ni siquiera sabes qué escribirles en una carta.

-Sin contar que quién debiese estar preocupado por la cantidad de admiradores, soy yo.

-¿Tú? ¿Y por qué tú? –Pregunta Ginny.

-Porque la mitad de los chicos de Hogwarts están enamorados de ti.

-Eso no es cierto.

-Hasta Malfoy te considera bonita.

-¿Qué? –Pregunta ella, incrédula.

-Eso…-Dice Harry, y sus pómulos ahora se tiñen de un suave color rojo. Toma un mechón de pelo de ella que cae sobre su cara y cuidadosamente lo pone tras su oreja. –Una vez escuché una conversación entre Malfoy y Zabini y estaban hablando de ti.

-¿De mi?

-Sí, de ti. Y decían que eras bastante bonita…

-…¿para ser la hermana de Ron? Sí, en eso tienen razón. –Y sonríe complacida porque Harry también está hecho de sangre y carne, y pese a todo, es agradable comprobar que es una persona normal y que a veces puede sentir celos. Harry la cela a ella, la idea la llena de satisfacción y algo se infla en medio de sus pulmones. –Pero…¿en verdad crees que te cambiaría por Malfoy o Zabini?

-No lo sé. –Responde él, el color de su cara se enciende un poco más. -¿Me cambiaras por ellos?

-Por supuesto. Siempre me han gustado los cobardes y los traidores y la gente que piensa que mi familia es escoria. Fred estaría muy orgulloso de mi si me fuera con alguno de ellos, sin contar toda la emoción que le provocaría a George. Y el infarto a mi padre y la locura a mi madre.

-O sea, ¿estás conmigo porque le agrado a tu familia?

-Por supuesto. –Responde ella, completamente seria; tomándole el pelo sin que Harry se de cuenta. .¿Por qué otra cosa sino?

-¿Porque soy un zombie súper cool?

Ginny se ríe, y comienza a trenzarse el pelo mientras los últimos rayos del sol se desvanecen tras las colinas. El aire está más fresco pero sigue igual de fragante, la cara de Harry comienza a hundirse en la oscuridad que invade el jardín, y La Madriguera comienza a llenarse de pequeños destellos amarillos emitidos por la luz de las velas.

-¿Cuándo comienzas a trabajar en el Ministerio, Harry?

- Hoy fue mi primer día.

- ¿Hoy? Merlín, qué rápido…

- Necesitan gente en el Ministerio, parece que el número de empleados bajó considerablemente luego que un tercio del personal esté siendo investigado por ser seguidores de Voldemort y otro porcentaje…

-Murió…ya lo sé. ¿Tienes hambre, Harry?

- Un poco.

- Podemos ir a comer algo si quieres, la cena debe estar lista…-Dice Ginny. La trenza ya terminada baja por su hombro derecho y una flor blanca y pequeña está equilibrada arriba de su oreja. –O…podemos quedarnos aquí y…¿sabes hacer masajes, Harry?

- Nop. –Contesta Harry, algo incómodo.

- No es tan difícil. Sigue mis instrucciones, yo te guío.

Ginny se tiende boca abajo en el pasto. Aún siente el peso del cansancio del día en los hombros. Harry está estático en el pasto, la mira desconcertado y parece no decidirse.

-¿Por favor? –Le pide Ginny. –George me hizo pintar las paredes de la tienda y limpiar la chimenea. –Vamos, Harry, no seas tímido.

(Primeros ritos)

La timidez es algo bueno. Harry considera que la poca prudencia que le acompaña es obra de su timidez. Pero en este momento es su timidez eso que no le deja ponerle las manos encima a Ginny…No es como si fuera a pasar algo, algo como lo que sucedió esa vez junto al lago…, no, no es nada de eso, es sólo un masaje. Pero su cuerpo es una jaula, que no lo deja moverse hacia donde quiere ir, no puede dejar de pensar si viene hasta ellos George o la Señora Weasley. O peor aún, el mismísimo Señor Weasley.

Aún así le gustaría intentar…

Hace mucho que pasaron esos días calurosos en Hogwarts, hace mucho tiempo que no sabe cómo se siente Ginny. Dentro de él comienza a despertar lentamente el lenguaje de la naturaleza, ese que nadie le ha enseñado a leer, pero que parece entender a la perfección.

Y abre la puerta de sus temores y los deja huir. Lentamente toca la espalda de Ginny, por debajo de la ropa. Su piel es suave y tibia y Ginny comienza a murmurar cosas que no se le entienden porque tiene la boca contra el pasto. Harry tiene la sensación de estar tocando una bomba. Avanza despacio, delicadamente, como si de un momento a otro fuese suceder algo malo. Como si ella fuese a explotar y él tuviera que darle explicaciones a su familia sobre cómo acabo la vida de Ginny.

Y él no debería estar haciendo eso, una parte de él esta seguro sobre eso. Pero Ginny y su voz de muñeca deshilachada, diciendo "por favor, Harry" y su silueta oscura contra el pasto, no le dejan muchas opciones.

Tiene la mano precisamente en esa curva de la espalda donde parece comenzar todo, sube de a poco, imaginando cómo luce su piel. Piensa que debe estar salpicada por el sol, igual que sus mejillas. Siente la tela de su sostén y necesita respirar profundo un momento. Comienza lentamente a trazar círculos invisibles con sus dedos porque ahí todo es tan liso, tan suave, tan cálido. Sube su mano un poco más y él se acerca más, su cuerpo está casi encima del de ella y él no sabe por qué pero su mano comienza a tiritar un poco. El entero. Y respira nuevamente, y el aire ya no huele a flores, sino que huele a su cabello, y ese aroma tan particular que ha sentido solamente en su cuello.

Harry sabe desde hace un tiempo atrás que está enamorado de ella, lo supo en esas interminables noches que lo único que hacia era verla en el mapa del merodeador y en las estrellas que las escasas noches despejadas le dejaban ver cuando era un prófugo. Las estrellas siempre le recordaban el brillo de sus ojos. Antes de eso, sabía que le gustaba. Que le gustaba mucho.

Pero ahora, viendo el atardecer en su compañía, sabiendo que era de él, sólo de él, sentía su corazón latir acelerado de emoción y de felicidad. Hace mucho tiempo, quizás desde las tardes libres que podía compartir con ella en Hogwarts, que no se sentía tan contento. Tan completo. Tan vivo.

Como si hubiese un lugar en el sol, que todos quieren tener pero sólo él es capaz de encontrar. Eso sintió cuando Ginny le preguntó si quería salir con ella.

Con los ojos cerrados, sintió la redondez de su hombro desnudo. Deja su mano ahí un momento, desplazando sus dedos lentamente. De masajes nada, para Harry se trata de descubrir y tocar lugares invisibles que nadie ha visto y que él es invitado exclusivamente a aventurar.

Harry se detiene un momento. Saca la mano de debajo de su ropa, y Ginny instintivamente se da vuelta para mirarlo mejor. Está oscuro, tan oscuro que parece que las estrellas no brillaran, y croan las ranas y cantas los grillos y a lo lejos una lechuza, pero nadie los oye. Y el viento susurra cosas que Harry no entiende, que hacen bailar a la hierba, que le ponen la piel de gallina.

Y es Harry quien, con los músculos apretados de valentía, toma a Ginny de las mejillas, pone sus dos manos alrededor de su cara y se acerca presuroso. Con los ojos cerrados la besa, ansioso, extasiado, desafiante. Intentando darle todo aquello que antes no ha podido; confesiones de amor que jamás escribió en ninguna carta, besos apresurados con sabor a cerveza de mantequilla en algún bar, masajes después de alguna practica particularmente dura, apoyo en sus momentos difíciles, preocuparse por ella y ocuparse en ella. Y aún así, pese a todo, no es un beso culposo el que está desplegando con su pulso acelerado y se deja arrastrar por Ginny y la gravedad y terminan ambos tumbados en el pasto. Es perfecto. No hay lágrimas, ni dobles sabores, no está la muerte entre medio de ellos ni tampoco Ron. Ni nadie más, sólo ellos dos. Y él siente que está rodando entre la hierba que crece libremente, pero no, no lo está. Es mejor que eso, sintiendo bajo su peso el cuerpo tibio de Ginny y su boca en todas partes, y su voz temblorosa en sus oídos y las manos cálidas en su espalda desnuda.

Y le gustaría poder desaparecer con ella y llevarla a otro lugar. En un instante de lucidez piensa en la playa, y uhmmmm, sí, eso, que Ginny le está haciendo con su boca, ahí, en el cuello estaría muy bien junto al sonido de las olas. Y cree que si no hace algo pronto, él, que ahora es una bomba, él va a explotar, pero no están en la playa, sino en el jardín de La Madriguera, y aunque se desvanece a segundos y a otros se siente tan duro como una roca, escucha perfectamente los gritos de George desde la puerta de la cocina, diciéndole que entren a comer.

Harry se separa rápidamente de ella. Pone distancia entre ambos, mientras que por sus venas corre un aire frío que le despeja la cabeza. Extiende su brazo y le ayuda a levantarse. Ambos se acomodan un poco la ropa y el cabello.

-Uhmmm. –Dice Harry, sin saber qué más decir. –El sabor de Ginny aún está en su boca y tiene las manos ligeramente sudadas. Aún su cuerpo tiembla.

- Uhmmm. –Dice ella, mientras se sacude el pasto de la vestido. –¿Te conté que George cree que soy su elfo doméstico?

Harry se ríe, y caminan juntos de la mano hasta la Madriguera.

(Valor)

Hay un nombre que está tatuado en sus párpados. Cada vez que cierra los ojos, lo ve. Es ese nombre que no se puede sacar de su cabeza, que está enterrado dentro de su corazón, todos los días lo intenta al menos unas cinco veces, pero no puede, no puede sacárselo dentro de él, por mucho que le gustaría.

Todo parece conspirar en su contra.

Sobre su pequeño escritorio hay una carta de ella. Está firmada con "besos y abrazos" pero no son los besos y abrazos que a él le gustaría recibir. En esa carta, que por un breve momento lo hizo tan, tan feliz, encuentra la confirmación a ese temor que apareció como una sombra en el funeral de Fred.

Ha estado sentado gran parte de la tarde mirando el jardín de su abuela, mientras que por dentro suenan sus músculos y sus huesos desgarrarse de dolor. Ella y Harry, aquel hombre que admira y que considera su amigo, han vuelto a ser novios. Ella, la chica que despierta la chispa de la vida en él, el único nombre que pudo recordar antes de cortarle la cabeza a la serpiente de Voldemort lo invita al callejón Diagon esta tarde para hablar sobre una liga de Quidditch que quiere formar y que quiere que él le ayude en eso.

El.

Y Neville piensa que ella le confunde con Harry. O con Dean. O con Michael Corner o con cualquier otro que sí sabe jugar Quidditch y que sí ha sido el habitante de su corazón. Por esa razón no se apresuró a contestar esa carta, por esa razón está viendo como brotan y florecen lentamente las plantas bajo un sol abrasador.

Y en esa carta le cuenta, con letra desarmada y apurada, que su padre ha recibido un ascenso y Neville se alegra genuinamente por ellos, que Harry no volverá a Hogwarts porque aceptó un trabajo en el Ministerio (Neville ya sabía eso, se lo contó su abuela esta mañana, durante el desayuno. Apareció en la portada de El Profeta), que George quiere reabrir pronto su tienda y que por eso no ha tenido mucho tiempo para escribirle antes, porque trabaja con él y con Lee Jordan de sol a sol, que Harry habla casi a diario con Ron y Hermione, pero que aún no encuentran a los padres de ella. Y le cuenta, además, que lo extraña mucho.

Y son las cuatro de la tarde, y Ginny le estará esperando a las cinco. Ella con su sonrisa y su pelo brillante y sus ojos caudalosos, como un río de invierno. Y él no sabe si ir o no, porque no sabe cuánto puede soportar. Y tampoco sabe si quiere volver a Hogwarts porque quizás le duela mucho regresar. Regresar a ella para no estar con ella, regresar a ese lugar plagado de sombras y de estrellas fugaces, que no debieron consumirse tan rápido.

Y de pronto escucha un suave plop, y en la verja de su casa aparece Luna Lovegood y su padre tomados de la mano, ella se tambalea un poco pero logra recuperar el equilibrio. Tan pronto como lo ve, con sus ojos soñadores, levanta una mano y le saluda. Neville se levanta de las escaleras y va a su encuentro.

Luna trae sus ropas coloridas y su pelo algo sucio, suelto al viento. Cuando están cerca, se apresuran para abrazarse. Han pasado muchos días desde la última vez que se vieron, y Neville se da cuenta que lo que le dice Ginny en su carta es real. El también las echa de menos. A las dos.

El padre de Luna se queda un poco rezagado, con la mirada taciturna.

Cuando Neville lo saluda a él, éste le contesta. –Discúlpame tú también. No sé si te ocasioné algún mal por querer defender a Luna… Y quiero agradecerte por todo lo que hiciste por ella y por el resto de nosotros. Has sido verdaderamente muy valiente.

Neville está confundido, no sabe muy bien qué decir. Luna no dice nada y observa distraída el amplio jardín de su abuela. Neville asiente ligeramente y se queda pensando en las palabras de Xeno Lovegood.

¿Realmente valiente? Se pregunta. Y en ese momento decide que esta tarde es un buen momento para saber qué tanto lo es.

Luego de dejar a Luna y a su padre sentados junto a su abuela, Neville va al baño, se lava la cara y arregla el pelo. Piensa, mientras se mira en el espejo, que si ha sido capaz de hacer tantas cosas en donde puso en riesgo su vida, si ha sido capaz de vencer tantos miedos, también puede vencer y superar el fantasma que le persigue, también puede superar a Ginny Weasley.


Nota final: Espero que les haya gustado y espero también poder traer pronto otro capítulo. Hablamos en los comentarios. :D

Y sí notan que faltan guiones, no es que me haya dado flojera ponerlos, es esta página, que me come todo. Lo mismo pasa con las líneas separadoras. Siempre me hace lo mismo, y es tarde, y ya me cansé de pelear con ella.

Besos.