Bueno, aquí traego conmigo la continuación, espero que les guste a todos, estoy contenta por los comentarios que llegaron, que aunque no los conteste, los leo y los tomo mucho encuenta, cualquier pregunta o sugerencia, es meramente contestada;) Ya saben alguna duda, no duden preguntar, claro que no les contare la historia, pero por si se preguntabanXD

Los dejo leyendo

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Cap. 3

— ¡Yellowstone! ¿El parque Nacional de Yellowstone? No tenemos por qué pasar por el parque para llegar a Jackson Hole. Eso está al sur. Nosotros queremos ir al este —se apretó el puente de la nariz en un esfuerzo por mitigar su dolor de cabeza.

—Y lo haremos. Solo quiero dar un pequeño rodeo. No querrás perderte Yellowstone, ¿verdad? Sería una pena estar tan cerca y no visitarlo —para ella tenía perfecto sentido. Era una viajera por naturaleza. Necesitaba acumular nuevos paisajes y experiencias para mantener alimentados sus sentidos.

— ¿Te ha llegado a mencionar que la vida de mi hermana está en juego? No dispongo de tiempo para rodeos.

—Quizá ya es hora de que hablemos de tu hermana. Ayudaría si supiera con exactitud en qué clase de peligro se halla. No puedo imaginar que su vida se encuentre realmente en peligro, de lo contrario habrías descubierto un modo de superar tu miedo a volar.

Con sus rasgos severos, sus ojos almendrados y sus hombros anchos, no parecía un hombre que le tuviera miedo a muchas cosas. Costaba reconciliar al hombre que dominaba el espacio del interior de su pequeño coche con alguien que tenía temores como las personas normales.

—Ya te lo he dicho —suspiró con paciencia—, no tengo miedo a volar.

—Sí, sí, lo sé. Simplemente, no vuelas —Sakura intentó no poner los ojos en blanco.

—Exacto. Igual que tú, hice una promesa y no tengo intención de romperla —la voz le cambió un poco.

De inmediato Sakura supo que había tocado un punto vulnerable.

— ¿Quién te hizo prometer que no volarías? —conjeturó que una persona importante. Se preguntó cuántas más personas importantes habría en la vida de ese hombre. Apostaría todos sus ahorros a que no muchas.

Era un ámbito de su vida que a Sasuke no le gustaba compartir. Conocía a esa mujer desde hacía menos de un día. No tenía derecho a conocer sus problemas personales. Lo mejor que podría hacer era mandarla al infierno. Pero entonces recordó lo vulnerable que había parecido al hablarle del supuesto novio que la esperaba.

—Mi hermana me hizo prometer que no volaría. Hace años mis padres y nuestro hermano mayor murieron en un accidente de avión. Y fue nuestra desgracia estar allí cuando sucedió.

Las lágrimas quemaron los ojos de Sakura. Aparecieron tan súbitamente que la aturdieron.

—Lo siento muchísimo. ¿Cuántos años tenías?

—Diecisiete. Pero Mikoto tenía diez. Es evidente que a ella le afectó más.

A Sakura no le pareció tan evidente. En silencio se preguntó por qué Sasuke no iba a estar igual de dolido por la muerte de sus padres.

—Desde entonces, ella ha sido una persona frágil, incluso asustada —continuó él—. Al año siguiente me marché a la universidad. La primera Navidad planeé mi regreso en avión, pero Mikoto me hizo prometer que no lo haría. Luego me hizo prometer que nunca más volaría. Probablemente me equivoqué al complacerla, pero si hubieras oído el temblor de su voz por el teléfono… estaba tan asustada que quise desterrar todos sus temores.

—Seguro que ya ha superado ese miedo, o al menos comprendería que en vez de cuando volaras. Por el amor del Cielo, vives en la otra punta del país. ¿Cómo vas a casa?

Sakura pensó en lo difícil que le resultaba a ella estar separada de su familia durante tanto tiempo. Hasta el trayecto en avión era largo. Si no dispusiera de la opción de volar, jamás habría regresado a pasar las navidades u otros festivos con su familia.

"No muy a menudo", quiso responder Sasuke. Aunque quizá fuera lo mejor. El hogar despertaba recuerdos incómodos de un tiempo desvanecido ya. Esos recuerdos y la sensación de pérdida eran lo que lo habían impulsado a marcharse. Aquel primer año había aceptado un trabajo en Alaska cortando madera, y se había encargado de la necesidad de estandarizar el proceso de talado y replantación. Al terminar la universidad, lo había reclutado unas empresa de software, y allí había perfeccionado sus habilidades hasta que estuvo preparado para aventurarse por su cuenta con un programa informático diseñado para supervisar el negocio de la madera. En los diez años que llevaba viviendo en Seattle, había vuelto a casa solo una vez al año, todos los años. Tanto Mikoto como él aceptaban el hecho de que ninguno volvería a subir nunca a un avión.

—Mikoto no ha superado su miedo y yo no quiero que conduzca sola. Voy a casa más o menos una vez al año. A veces lo hago en coche, otras en tren. De cualquiera de las dos maneras, jamás estoy allí tan a menudo como quisiera. Pero tengo mis negocios en el noroeste, de modo que no hay nada que pueda hacer al respecto.

Era extraño que incluso después de llevar más de diez año en Seattle, considerara Filadelfia su casa. Pensó en las implicaciones de eso y se preguntó cuándo llegaría a ser Seattle su hogar.

—Has dicho que la vida de Mikoto estaba en juego. ¿Se encuentra enferma? —si ese era el caso, estaba dispuesta a conducir veinticuatro horas si fuera necesario. Una hermana no debería estar sola.

Recordó la vez que se rompió el tobillo jugando al fútbol con algunas de sus estudiantes mayores. La habían llevado a su apartamento y dejado sola. Habían ido amigos a ayudarla y a visitarla, pero no era lo mismo. Nadie se quedó con ella. Nadie le ofreció simpatía cuando el tobillo le picaba tanto que quería gritar. Nadie le llevó helado cubierto de chocolate derretido. Eso le dolió más que el tobillo.

—No está enferma.

Sakura esperó, pero no obtuvo más respuesta.

—Bueno, ¿corre peligro?

Sasuke reflexionó. Dudaba que Hidan fuera violento. Casi con toda seguridad Mikoto se hallaba a salvo físicamente. Era Hidan quien iba a sufrir un dolo serio en el futuro inmediato, en cuando pudiera ponerle las manos encima.

—No, Mikoto no corre peligro.

Una vez más, Sakura esperó.

— ¿La va a embestir una manada de búfalos trasladada a un rancho de Pennsylvania, que de algún modo se soltó en la ciudad de Filadelfia y va directamente hacia ella? —sonrió con expresión traviesa, pensando que quizá él pudiera reir.

No lo hizo.

—No, ese tampoco es el problema.

Sakura se había quedado sin alternativas.

—Está enamorada —musitó Sasuke, como si eso fuera mucho peor que cualquiera de las sugerencias antes mencionadas.

Confusa, lo instó a explayarse.

— ¿Enamorada? ¿Por eso su vida corre peligro? ¿Por qué está enamorada?

Sasuke volvió a mostrarse renuente a compartir informacion personal con esa mujer. Tenía la sospecha de que no iba a darle el visto bueno a sus tácticas.

Sakura se dio cuenta de que mantenía un debate interno sobre si divulgar o no más información. Decidió facilitarle las cosas.

—Si no me das un buen motivo para ir inmediatamente al este, quizá aproveche la oportunidad de parar a ver el Gran Cañón. Y eso está al sur. Muy al sur.

Con los dientes apretados, Sasuke soltó la historia.

—Está enamorada de un hombre que la va a desvalijar y a dejar destrozada. A eso me refiero cuando digo que su vida está en juego. De acuerdo, quizá no su vida, pero desde luego sí su futuro. Como su hermano, es mi trabajo protegerla. Por eso voy a Filadelfia, para detener la bosa y salvar a su futuro —con los brazos cruzados, clavó la vista en la carretera.

— ¿Cómo sabes que ese chico va a robarle todo el dinero?

Sasuke se encogió de hombros.

—Es… es…

— ¿sí?

—Hábil —indicó al final, como si eso lo explicara todo.

—Y…

— ¿Y?

—Sí —repitió Sakura—. Y. Y. Cómo en qué más. Y.

— ¿Qué? —Sasuke se sentía perdido.

— ¡Exacto! —exclamó exasperada—. ¿Qué? ¡Sin duda tendrás algo más que el hecho de que es hábil!

—No tienes por qué gritar.

Con voz serena y racional, le preguntó:

— ¿Cómo se llama?

—Hidan Yugakure. ¿Eso solo no te suena a falso ya? Quiero decir, ¿Hidan? Hidan Yugakure —repitió con lo que quiso ser un acento inglés.

Sonó ridículo. Con una risita, Sakura preguntó:

— ¿Es ingles?

—No —respondió, sin saber muy bien cómo reaccionar a la risa. Por regla general, la gente no se reía de Sasuke Uchiha. Aunque pocas veces decía algo que pudiera ser considerado humorístico.

—De modo que es hábil y consideras que su nombre es falso. ¿Y esas son las causas, las únicas causas, por las que quieres detener la bosa de tu hermana?

—Sí.

—Nos desviamos al Gran Cañón.

—Vamos. Es serio, ¿Yugakure? Suena como si saliera de una de esas tontas novelas románticas sobre un conde inglés que se enamora de una doncella. En serio el nombre no podría ser más absurdo que…

—Sakura —aportó ella con sonrisa traviesa. De algún modo que él tenía su nombre en la punta de la lengua.

—Exacto —convino él, en absoluto molesto—. Sakura es un nombre absurdo. Tanto, que creo que voy a tener que negarme a llamarte por semejante apelativo.

—Falta un buen rato para que lleguemos a Jackson Hole. ¿Cómo piensas llamarme durante todo ese tiempo? "eh, tú", quizá no funcione si nos encontramos entre una multitud en la siguiente parada.

—Me cercioraré de darte en el hombro cuando diga "eh, tú".

—Es gracioso, porque das la impresión de ser un hombre racional, pero cada vez más claro que careces de toda lógica.

— ¿Qué no soy lógico? ¿La señorita me-voy-a-casa-a-casarme-con-un-hombre-que-no-he-visto-en-siete-años, y me llevo a mi perro, que, de paso, cree que es un comandante de Estados Unidos, me está diciendo a mí que no soy lógico?

—Sí, no eres lógico —confirmó con un gesto de asentimiento.

Quizá tuviera un poco de razón, pero no pensaba reconocérselo.

—Es más que eso. Sabe exactamente lo que tiene que decir, pero nunca dice nada. Varias veces le he preguntado cómo se gana la vida. Comienza a contar una historia con gran profusión de detalles, pero después de una disertación de quince minutos, sigo sin saber a qué se dedica. No cuenta nada de su familia o de su entrono. Por lo que yo sé, ha surgido de ninguna parte. No es más que una sanguijuela. Y encima, no mira a mi hermana como si…

— ¿Cómo si qué? —preguntó Sakura con sincera curiosidad.

—Olvídalo —desterró ese pensamiento. Iba a decir que no miraba a su hermana como un hombre enamorado. Pero eso habría sido ridículo, ya que él no creía en el amor. Y se recordó que tampoco la Pelirosa.

—No, dímelo —no sabía por qué era importante que lo supiera, pero no era capaz de contener su curiosidad.

—Cuando Mikoto lo mira, él es todo sonrisas y besos. Pero cuando ella gira la cabeza, es como si se quitara una máscara y debajo hubiera otra persona. Estoy convencido de que la engaña.

Sakura lo creyó. Aunque no le cabía duda de que Sasuke era demasiado protector, no parecía el tipo de persona que interfiera a menos que lo considerara necesario.

—Quizá no quieres dejar que tu hermana pequeña se vaya —sugirió con conocimiento de causa, ya que sabía por experiencia propia que la protección de sus propios hermanos nacía de su deseo de no dejarla crecer.

Fue el turno de Sasuke de reír, aunque no resultó un sonido divertido.

—Créeme, estaría más que dispuesto a entregar a Mikoto al primer hombre decente que quisiera tenerla. Necesita a alguien que la cuide y proteja, y yo no estoy el tiempo suficiente a su lado. Sin embargo, Hidan Yugakure no es un hombre decente. De eso no me cabe ninguna duda.

Sasuke no anhelaba otra cosa que renunciar a su puesto de guardián de Mikoto. Principalmente porque sabía que no había realizado la tarea de formar satisfactoria. Si se casara con un buen hombre, un hombre fuerte, podría liberarse de la culpa que lo hostigaba.

— ¿Por qué no intentaste alejarlo la última vez que lo viste? —inquirió Sakura. Por el momento, había tomado la decisión de creer que Sasuke estaba en lo cierto, lo que significaba que lo mejor era que le echara una mano para extirpar a Hidan de la vida de Mikoto.

—Lo intenté —explicó, al ver que la Pelirosa se había decantado por su lado—. Pensé que había captado el mensaje. Me equivoqué.

—Descartemos lo obvio. Primero, no puedes sobornarlo. Ese sería el peor error.

— ¿Por qué dices eso? —quiso saber, despertada su curiosidad.

— ¿Es que nunca vez la tele? —Suspiró y comprendió que trataba con un aficionado—. Cuando el padre rico, o el hermano, según sea el caso, le ofrece al novio taimado dinero para mantenerse alejado de su hija, o de su hermana, el novio taimado siempre se lo cuenta a la novia. Esta se enfurece tanto con el padre, o con el hermano, por insultar a su novio y tratar de interferir en su felicidad, que está convencida de que la espera en los brazos del novio taimado, que no duda en escaparse con él. Así de simple.

— ¡Ja! —exclamó Sasuke con tono triunfal.

— ¿Qué quieres decir con "ja"?

—Le ofrecí un soborno —movió las cejas—. Eso fue hace meses, y no se han fugado.

—No, no lo han hecho. Simplemente han decidido casarte y te han dado… ¿Cuántos días de aviso?

—Siete. Y ahora solo dispongo de cinco para llegar.

—Siete —repitió—. Suficiente para que llegues y acompañes a tu hermana hasta el altar. Es evidente que el soborno no funcionó.

—Quizá no le ofrecí lo suficiente —musitó Sasuke, sin querer conceder una derrota total.

—Si ese tipo es tan hábil como afirmas, entonces tendremos que pensar en algo mejor que un soborno.

— ¿"tendremos"? —inquirió Sasuke. Por algún motivo, la idea de estar junto a ella más tiempo que un día no le sonó tan horrible como aquella mañana.

—Dios sabe que vas a necesitar ayuda. ¡Un soborno! Que tópico —Sakura soslayó la mención de la palabra "tendremos", aunque no pudo evitar verse afectada por su importancia. Asustaba.

Sasuke rio entre dientes y apoyó la cabeza en el respaldo. Lo alegraba poder olvidar sus problemas y dejar que la Pelirosa tratara de solucionar el problema de separar a Hidan de su hermana. Además, ya se merecía la cabezadita que había querido echar.

—Despiértame cuando necesite un relevo de volante.

—Te despertaré cuando lleguemos a Yellowstone. No puedes perderte del parque —informó con voz muy seria.

—Ni se me pasaría por la cabeza.

En unos minutos se quedó dormido. Siempre que pudo, Sakura desvió la vista de la carretera y lo miró. Resultaba extraño, pero le recordaba a un juguete nuevo con el que resultaba divertido jugar. La estimulaba, la hacía reír, y también lograba que se sintiera cómoda en su presencia. Apenas se conocían, pero, básicamente, se habían contado sus respectivas historias vitales.

— ¿Qué te parece, Sir Akamaru? —susurró con voz apenas audible—. ¿Nos lo quedamos?

—Guau.

—Estoy de acuerdo —repuso.

Sasuke, despertó al oír la voz de Sakura, pasó las siguientes horas tratando de descifrar la respuesta del perro.

— ¡Hemos llegado!

Sasuke sintió que el coche frenaba. Sorprendido de haber vuelto a quedarse dormido, necesitó unos minutos para orientarse. Había coches delante de él, detrás, a la derecha y a la izquierda. O se hallaban en un atasco descomunal o en un aparcamiento.

—Vamos, dormilón —le informó, al tiempo que con dificultad, ya que Akamaru era reacio a poner fin a su momento de reposo, sacó al perro del asiento de atrás—. Juro que no sois más que unos bebés. Ya dispondréis de tiempo para dormir más tarde. Ahora mismo tenemos un tesoro nacional que ver.

—Guau —se quejó Akamaru.

—Estoy de acuerdo con el perro. Despiértanos cuando vuelvas —gimió Sasuke. Había estado en medio de un sueño maravillosamente sexy y quería volver a él. Ante sus ojos pasó una visión de la Pelirosa y de pronto comprendió que ella había sido el tema central del sueño. Como aquella mañana se había prohibido esos sueños, se obligó a despertar, aunque sus ojos no quisieron cooperar.

Sakura decidió animarlo.

El sonido estruendoso de una bocina reverberó por todo el coche; Sasuke se preguntó si se hallaban en un estado que permitía las azotainas. Pero no le quedó más remedio que abrir la puerta y bajar del coche.

Satisfecha, Sakura apartó la mano del claxon y alzó a Akamaru en brazos. Rodeó el coche y siguió a Sasuke en la dirección de los demás turistas.

—Lamento esa táctica de guerrillera para despertarte, pero estoy convencida de que habrías quedado destrozado si te hubieras perdido esto —se disculpó ella.

—Destrozado —le aseguró sin sinceridad.

Delante de un amplio claro donde estaban situados las fuentes termales, Sasuke pudo ver un reloj enorme en el costado del centro de recreo. Faltaban ocho minutos en la cuenta atrás hasta que saliera el siempre fiable chorro.

Los dos se acercaron hasta la barrera que mantenía a los turistas a distancia segura del agua caliente. De algún modo, el enorme entusiasmo de Sakura resultó contagioso. Hasta el Comandante Akamaru había erguido las orejas.

—La presión del calor del manantial se acumula hasta que al final ha de ser liberada —indicó la guía turística al grupo situado en torno a la barrera. Prosiguió con una explicación completa de cómo funcionaba el manantial.

Sakura no perdió ni una palabra. De pronto, el agua comenzó a brotar de la abertura que había en el suelo. Aún no manaba a chorros, solo borboteaba, indicando que se acercaba el momento.

— ¿No es fantástico? —Sakura se volvió y con la mano libre aferró la de Sasuke, apretándola a medida que el agua se elevaba más y más.

Sasuke contempló sus manos unidas. No sintió ninguna chisma de electricidad. No vio fuegos artificiales en la distancia ni oyó el clamor de campanas. A cambio, se sintió apretujado por la gente, aunque experimentó una especie de remolino en el estómago que atribuyó a que tenía hambre.

— ¡Vaya!

El agua ya alcanzaba los ocho metros de altura y estallaba desde el suelo como un cohete encaminado hacia el espacio. Sakura daba saltos, imitando subconscientemente el movimiento líquido. Akamaru gemía por el tratamiento que recibía.

Pero terminó demasiado pronto. El agua decreció, igual que sus saltos. Se volvió hacia Sasuke, quien parecía más cautivado por ella que por el espectáculo.

— ¿No ha sido maravilloso?

—Sí —respondió con sinceridad.

A Sakura le pareció que sonaba un poco críptico, pero no ahondó más en el asunto.

—Bueno, hemos de irnos. Queremos llegar a Jackson Hole al anochecer. Allí habrá un sitio donde alquilar un coche. Y mañana podrás poner rumbo al este —por el motivo que fuere, las palabras se agriaron en su boca.

Y también sonaron mal oídos de él. Pero resultaba lógico conseguir un coche. ¿O no? "Desde luego que sí", se dijo. Esa mujer representaba problemas. Y se sentía atraído por ella. No podía manejar la atracción y salvar a su hermana al mismo tiempo. Además, cualquier atracción representaría un acto de futilidad. Quizá fueran en la misma dirección, pero emocionalmente cada uno seguía su propio camino; una hacia un hogar y una familia, y el otro lo más lejos posible de un hogar y una familia. Lo único que podían hacer era continuar separados.

Sin hacer ningún comentario, la siguió hasta el coche. Adrede, fue hacia el lado del conductor. Una vez decidido que la iba a dejar, quería hacerlo lo más rápidamente posible antes de cometer alguna estupidez, como considerar sus opciones.

Sakura lo miró con suspicacia.

—Si quieres que lleguemos a Jackson Hole al anochecer, créeme, esta es la única manera —arguyó él y alargó la mano para que le diera las llaves. Ella accedió. En cuanto las tuvo, Sasuke completó su pensamiento—: Tú conduces como una anciana.

Ofendida, aunque no mucho, ya que más o menos era verdad, Sakura ocupó el asiento del pasajero y acomodó a Akamaru en el regazo. Las piernas golpearon la nevera y recordó que esa mañana había puesto otras seis Diet Pepsi a enfriar.

— ¿Quieres un refresco? —preguntó.

— ¿Diet? —Preguntó y obtuvo un gesto de asentimiento—. No, gracias.

Ella se encogió de hombros, sacó una lata y la abrió. Bebió larga y ruidosamente y cuando la separó de los labios, suspiró. Era como un anuncio; impulsó a Sasuke a mirarla. No debía simplemente el refresco, la consumía. No pudo evitar sentirse distraído por el chisporrotear del líquido, el sonido del suspiro, la visión del cuello arqueado hacia atrás y la garganta mientras tragaba. Entonces, para volverlo loco de verdad, se llevó la lata al cuello, las mejillas y la frente para refrescarse.

— ¿Estás seguro de que no quieres una? —preguntó ella al captar la dirección de su mirada.

—No me gustan los refrescos dietéticos —explicó—. Además, ¿para qué necesitas tú una Pepsi Diet? Tienes una figura perfecta.

—En absoluto —sonrió ante el cumplido y se ruborizó un poco—, pero la que tengo se la debo a los refrescos dietéticos. No están tan mal en cuanto te acostumbras.

Bebió otro sorbo y Sasuke se derrumbó.

—De acuerdo, dame un trago.

— ¿Porqué no te doy una lata?

—No sé si me gustará y no quiero que desperdicies una lata entera por mí —"quiero esa", pensó. "Quiero poner mis labios donde han estado los tuyos y probar la dulzura de tu boca, que seguro será mucho más dulce que cualquier refresco".

Sakura pareció casi reacia a entregársela, también ella pensaba dónde había tenido la boca, dónde se posaría la de Sasuke y dónde volvería a ponerla una vez que él hubiera terminado. ¡Prácticamente sería como besarse!

Él alargó la mano y casi tuvo que arrancársela de los dedos.

—Estoy sano.

Con una risa carente de humor, Sakura soltó el refresco. Lo observó mientras posaba los labios sobre el borde de lata y echaba el cuello hacia atrás para beber el líquido dulce y con burbujas. El labio inferior era más pleno que el superior, y se pegó contra la lata, dejando un rastro de humedad donde el aliento caliente había formado rocío en el metal frío.

Gulp. Sakura tragó saliva. Y no era la que estaba bebiendo. Con un suspiro de satisfacción, Sasuke le devolvió la lata.

Y esperó.

Sakura bajó la vista a la lata. Vio la marca de los labios y sintió que él se alternaba para mirar la carretera y a ella. Lo único que tenía que hacer era limpiar con los dedos la presencia de la lata. Habría sido una señal clara de que quería mantener la distancia con ese desconocido que de pronto había entrado en su vida.

Pero se llevó la lata a los labios y bebió un buen trago. "Qué diablos", pensó. Quizá era hora de empezar a vivir más peligrosamente. Después de todo, regresaba a casa para casarse con Shino. Jamás podría tener una vida menos peligrosa.

Por algún motivo, Sasuke se mostró desmesuradamente contento.

— ¿Eres una de esas fanáticas de la dieta que siempre controla su ingestión de grasa? —preguntó, aliviado la tensión que acababan de crear.

—Sí —suspiró—. Lamento decir que lo soy. Pero de vez en cuando comento algún desliz. De hecho, más que de vez en cuando, como habrás podido notar por el modo en que los pantalones cortos me ciñen el trasero.

Lo había notado, pero le había gustado el resultado.

—Siento debilidad por las galletitas de chocolate —reconoció ella—. Es como una adicción.

La conversación duró horas. La tarde dio paso al anochecer mientras hablaban de sabores, texturas, matices. No fue hasta llegar a Jackson Hole y localizar un motel cuando ambos se dieron cuenta de que habían dedicado una tarde entera a hablar de comida.

Bajaron del coche, se estiraron y se miraron.

—Estamos locos, ¿te has dado cuenta? Hemos dedicado horas a hablar de galletitas —comentó Sasuke mientras se dirigía al vestíbulo del motel para registrarse.

—Espera un minuto, espera. Vayamos a buscar un sitio donde puedas alquilar un coche, luego nos registraremos.

—Perfecto —aceptó a regañadientes—. Una vez solucionado eso, saldré de tu vida para siempre.

"Para siempre", pensó Sakura.

"Para siempre", pensó Sasuke.

CONTINUARA…

Ojala les haya gustadoc: y como ya les dije, alguna pregunta o sugerencia, es bienvenida:B
YO FUEEERA:B