HOLA^^

FELIZ HALLOWEN O DIA DE MUERTOS:)

Pues dejenme decirles que se qe me tarde, pero creo qe solo podre actualizar una vez a la semana, transcribir los capitulos es dificil, ademas de que son muchas palabras, de eso estoy contenta, pero en fin. depende si escribo rapido o no, pero muchas gracias por lo comentarios que me sirven para seguir escribiendo y no dejar la historia

AVISO:UN POCO DE SASUSAKU

Sin mas que decir, los dejo leyendo;)

Cap. 4

—No puedo creer que haya pasado esto. Parece algo normal para ti en este viaje. ¿Has roto algún espejo últimamente? —preguntó Sakura, acomodando a Akamaru sobre el hombro. Hasta el momento el perro había cooperado bastante, pero si no lo dejaban pronto en el cuarto para que durmiera, al día siguiente sería imposible viajar con él.

—No, no he roto ningún espejo ni caminado por debajo de una escalera. Aunque he pasado demasiado tiempo con una imitación de gato negro y su chiflada madre.

—Oh, ¿también esto va a ser por mi culpa? ¿Qué tiene mi dulce perrito? —quiso saber Sakura. Se hallaban en el exterior del local de alquiler de vehículos, que apenas estaba a unas manzanas del motel donde habían aparcado. Le había sugerido que fueran primero a ocuparse del coche porque se hacía tarde y luego podría estar cerrado. Sasuke había aceptado. Para estirar las piernas, habían decidido ir andando ente la muchedumbre de turistas que llenaba las calles de la renacida Wyoming. Entre turistas, por supuesto, siempre había características…—. Yo no te robé la cartera —le recordó.

— ¡Tu tuviste la idea de caminar! —era una acusación ridícula emitida por la frustración. No obstante, hizo que se sintiera mejor.

No tenía cartera. No tenía tarjetas de crédito. Ni siquiera un carné de conducir con el que alquilar un coche aunque estuviera dispuesto de dinero. Podría pedirle a su vicepresidente que le transfiriera algo de efectivo a primera hora mañana, pero, ¿Qué iba a hacer con el carné? Y lo que era más importante, ¿Qué iba a hacer para conseguir una habitación esta noche?

Por desgracia, la respuesta a su última pregunta tenía pelo rosado y representaba una inagotable fuente de irritación.

— ¿Te das cuenta de lo que esto significa? —le preguntó Sasuke.

Claro que se daba cuenta. Significaba que iba a hacer el trayecto entero con ella hasta Filadelfia. La idea la desasosegó. En un principio, al ofrecérselo, había pensando que la presencia de él podría representar una buena compañía, protección y alguien con quien compartir la conducción. Pero eso había sido antes. Lo que Sakura había llegado a comprender durante la distancia recorrida era que estaba mucho más interesada en ese hombre que lo que debería estar una mujer a punto de comprometerse. Le gustaba. Hasta cuando discutían. Ya de por sí eso era nefasto, pero el hecho de que cada vez que lo miraba a los ojos el corazón se le aceleraba, la sangre se le espesaba y por su mente pasaban imágenes de los dos desnudos… eso resultaba terrible.

Lo primero que había querido hacer al llegar a Jackson Hole había sido que alquilara su propio coche. No podía correr el riesgo de tener que pasar otro día con él. Y en ese momento pasaba la impresión de que iba a pasar más tiempo.

—Significa —concluyó Sasuke— que iremos juntos hasta Filadelfia. Siempre que tú oferta siga en pie, desde luego.

—Mmm —farfulló Sakura.

— ¿Qué digo? Claro que sigue en pie. No me dejarías tirado en Jackson Hole, ¿verdad?

— ¿No? —preguntó ella, no tan segura como parecía estarlo él.

—No.

Derrotada, asintió. Iba a tener que mantener a raya sus pensamientos descarriados y a sus hormonas desbocadas.

Regresaron por donde habían ido por si a Sasuke se le hubiera caído la cartera. Como la había guardado en el bolsillo de atrás, parecía improbable, pero ambos querían cerciorarse, cada uno por sus propios motivos. Tras una minuciosa búsqueda, mantuvieron la primera conclusión. Se la habían robado. Sakura sugirió que presentaran una denuncia ante la policía local. Sasuke estuvo de acuerdo y partieron en busca de la comisaría. El agente de guardia le solicitó detalles, aunque Sasuke no pudo aportarle mucho. De igual manera, el agente no pudo ofrecerle muchas esperanzas de que la cartera fuera a aparecer.

Al volver al motel, él motivo la puerta abierta para dejarla pasar por delante. Juntos se acercaron a la recepcionista.

La joven con una sonrisa luminosa y una coleta rubia fue complejamente ajena a la tormenta que acababa de entrar en su pequeño vestíbulo. Parecían dos personas normales y un perro. Jamás sabría qué había caído sobre ella.

Diez minutos más tarde, una furiosa Sakura salía del vestíbulo con el Sir Akamaru en una mano mientras con la otra sostenía la puerta abierta.

En cuanto Sasuke llegó hasta ella, Sakura soltó la puerta con la intención de matar. O al menos con el propósito de darle un golpe fuerte en la nariz.

Si los reflejos de él no hubieran sido veloces, quizá hubiera tenido éxito. Por suerte para ella, por ese entonces Sasuke la conocía lo suficiente como para esperar una jugada sucia.

—Te has comportando como una niña. No sé dónde está el problema —bufó él mientras la seguía hasta su habitación. Algo que hasta entones había sido una emoción desconocida comenzaba a tornarse corriente gracias a una pelirroja irracional.

—No podrías saberlo —replicó ella—. Pero créeme, es muy importante.

—Guau —coincidió Akamaru.

— ¿Lo ves?, hasta el está de acuerdo conmigo —anunció Sakura.

—Claro, ahora he de creerme que el maldito pero lo ha dicho.

Sakura alzó a Akamaru al hombro para poder mirarlo a la cara.

— ¿Has oído como te han llamado?

—Guau.

—Es evidente que este hombre carece del sentido de la decencia —volvió a acomodar a Akamaru en el hombro.

Con un movimiento coordinado, Sasuke adelantó al perro y a su dueña de camino a la habitación y le quitó la llave de la mano. Había decidido no caer en su última provocación. Estaba descubriendo que a Sakura le encantaba tener la última palabra. Si elegía responder al comentario, sabía que producirían más. Y entre las discusiones mantenidas a lo largo del día, ya no se hallaba preparado para entrar en otra a esas horas.

Una vez dentro de la habitación, no pudo soslayar el jadeo que oyó a su espalda.

— ¡Mira qué pequeña es! Es una minúscula, una miniatura, diminuta, ínfima…

—Ya lo he entendido —interrumpió él.

—Pero dijiste que probablemente no estaría tan mal. Dijiste que ni llegaríamos a notar la presencia del otro. Dijiste que hasta olvidaríamos que la otra persona se hallaba presente —protestó con las palabras que había empleado Sasuke.

—Dije que intentaríamos olvidar que la otra persona estaba aquí, y créeme, haré todo lo que se encuentre en mi poder para que así sea. Ayudaría mucho si tú lograras cerrar la boca durante más de cinco segundo seguidos. Aunque creo que no podrías conseguirlo, ni aunque quisieras.

— ¿No me consideras capaz de mantener la boca cerrada?

—Así es. No por un período prolongado de tiempo.

Sakura cerró la boca, decidido a no hablar. Fue su desgracia, ya que aún le quedaban muchas cosas por decir. Era como sacudir la lata de gaseosa y luego negarse a abrirla. Todo el gas se moría por salir. Aunque si lo pensaba bien, ya lo había dicho todo.

En la recepción, había pedido una habitación para Akamaru y ella, y luego se había hecho a un lado para que Sasuke pudiera solicitar su cuarto.

Ese fue el momento en que le recordó que le habían robado la cartera.

Le dijo que no podían compartir cuarto. Que era impensable. Era esa clase de chica.

Él le dijo que no era esa clase de chico, pero que dónde diablos pensaba que iba a dormir.

Ella le informó de que no podía pagar dos habitaciones. Agotaría demasiado pronto el límite de su tarjeta de crédito, con todo el trayecto que les quedaba. Y que no tenía ni idea de dónde iba a dormir.

Él le dijo que se tranquilizara. Que iba a quedarse con ella. Luego añadió todo eso de que la habitación era tan grande que ni siquiera se verían.

En ese momento se sentó en su cama, la que estaba apenas treinta centímetros de la de él, y avivó la rabia que la dominaba, pero no dijo una palabra. Él estaba tendido en la cama, al parecer ajeno a su irritación.

—Uh...hhh…hhh —suspiró una vez más, en esa ocasión de forma tan audible que él tendría que haberla oído. Aguardó su reacción.

Bump. Una masa blanca, grande y blanda, la golpeó de lleno en la cara. Durante un momento quedó demasiado aturdida para pensar. Luego comprendió lo sucedido. ¡El muy arrogante, inútil, apestoso, desgraciado, taimado… imbécil! ¡Canalla! Le acababa de tirar la almohada.

Tomo el arma y se plantó ante él, sorprendida de que hubiera tenido el descaro de cerrar los ojos. Alzó la almohada sobre su cabeza en posición de ataque, dispuesta a hacerla caer con fuerza sobre su cara.

Fue cuando la cama iba en el camino descendiente cuando comprendió que había cometido un error táctico. Había caído en una trampa. La más obvia de todas. Se estaba haciendo el muerto. Después de haberla empleado con sus hermanos un montón de veces, debería haber sabido reconocerla.

En un instante Sasuke abrió los ojos. Levantó las manos y le tomó las muñecas. Sin embargo, no era suficiente detener el ataque. Tenía que desarmarla antes de que pudiera considerarse realmente a salvo. La atrajo hacia sí al mismo tiempo que rodaba, de modo que el impulso natural la tendió junto a él en la cama. En un abrir y cerrar de ojos, se situó sobre ella y le inmovilizó los brazos por encima de la cabeza. Un rápido vistazo le confirmó que aún tenía la almohada.

Jadeante por el esfuerzo y sonrojada por la humillación de haber sido engañada tan fácilmente, Sakura lo encaró. Ese fue su segundo error. Esos ojos negros que flotaban sobre ella exhibían un color extraordinario. Pero no lo eran más que el hombre al que pertenecían. De pronto vio que una expresión rara cruzaba por la cara de él. Debía de haberse dado cuenta de la situación en que los había metido a ambos.

Sasuke observó a su prisionera. Había estado preparando para jactarse de su victoria, pero en cuanto se sumergió en las profundidades verdes de esos ojos, se vio impotente para detener la oleada de deseo que rompió sobre él. Ese pelo rosado exigía ser acariciado. Las pecas lo llamaban para que las besara.

—Pelirosa… —susurró—: ¿Pelirosa?

— ¿Sasuke? —repuso Sakura, sin saber qué otra cosa hacer. Arqueó el cuello levemente. Él bajó la cabeza y el roce de sus labios fue como el contacto de una pluma.

— ¡Guau! —Akamaru eligió ese momento para lanzar un ataque sobre la espalda de Sasuke. Usó la boca para intentar morderle la espalda a través de la camisa del algodón. Al parecer no le gustaba la idea de que alguien atacara a su ama… aparte de sí mismo, desde luego—. ¡Guau! —rugió con furia.

— ¡Comandante Sir Akamaru! Vamos —reprendió Sakura, aunque no supo si se sentía agradecida, enfadada o frustrada por la interferencia del canino.

Con un gemido, Sasuke se puso lentamente de costado para proporcionarle al perro la oportunidad de saltar. Este lo hizo y se alejó feliz al saber que su ama se hallaba fuera de problemas.

— ¿Qué acaba de pasar? —quiso saber él.

— ¿Qué te parece si cenamos? —sugirió Sakura, sin prestar atención a la pregunta. Tenía la voz tensa y aguda. Se incorporó de la cama y corrió al cuarto de baño—. Me muero de hambre. ¿Por qué no buscas un restaurante en la guía del hotel? —pidió desde la otra habitación.

—Pelirosa… —comenzó Sasuke, sin saber muy bien qué decir. Quizá la cena era la mejor idea. Tenían toda la noche para hablar de la atracción que había brotado entre ellos. Toda la larga noche con las camas separadas dijo. Luego… ¿Quién sabía qué podía aportar la noche? Sin embargo, iba a tener que hacer algo con ese perro. Con que hubiera una cama era suficiente.

Con un movimiento fluido, saltó de la cama y aguardó que la Pelirosa terminara en el cuarto de baño. En ese momento se sintió como un descarado. Ella le había proporcionado transporte, cobijo e iba a alimentarlo. Era un hombre rico y anticuado. No correspondía a su estilo dejar que una mujer se encargara de la cuenta. ¿Y si a cambio de alimentarlo le exigía favores sexuales?

Rio entre dientes y se dijo que no podía pasar el día siguiente disponer de dinero en efectivo.

Debía llamar a Neji si quería tener el dinero al día siguiente. La mejor solución sería pedirle que le hiciera una transferencia a su siguiente parada. Trató de recordar el número de la casa de Neji y se dio cuenta de que lo más probable era que aún estuviera en la oficina trabajando en la puja de la Compañía Maderera de California.

La Pelirosa salió del cuarto de baño con el pelo aún revuelto y las mejillas más rojas que de costumbre. Aparte de eso, parecía recuperada de la situación que habían estado a punto de vivir.

Esperó que Sasuke volviera a preguntarle lo que había sucedido en la cama. En esa ocasión estaba preparada para darle una respuesta.

Era una relación natural después de toda la tensión que habían vivido durante el día. Ambos buscaban una liberación de tantas discusiones. "Y baya si la estás buscando", se burló una voz en su cabeza.

"Para", le advirtió su conciencia.

Eso no formaba parte de la respuesta. Eran dos adultos. No había pasado nada. No podía pasar nada, ya que iba camino a estar con Shino y Sasuke terminaría por regresar a Seattle. No era una chica de una noche. En ese instante él le preguntó hacia dónde se dirigirían al día siguiente.

— ¡Desde luego, no a la cama! —exclamó indignada.

Sasuke soltó una carcajada hasta que le dolió el estómago. Lo que sirvió para que Sakura se sonrojara más y terminara por ponerse morada de furia.

—Lo siento… lo siento —se disculpó él entre jadeos—. Es que te habías puesto tan seria.

—Estoy seria —plantó el pie con fuerza sobre el suelo para demostrarlo.

— "Creo que la dama protesta demasiado".

—Citas muy mas a Shakespeare —desdeñó—. Si no te referías a lo que creía que te referías, entonces, ¿a que te referías?

—Me refería a cuál iba a ser nuestro destino mañana. Voy a llamar a mi vicepresidente para que me envíe algo de dinero. Le diré que lo transfiera a nuestra siguiente parada, para tenerlo cuando lleguemos en vez de vernos obligados a esperar toda una llamada.

—Custer. En Dakota del Sur, no muy lejos de Rapid City.

— ¿No podemos ir directamente a Rapid City? Es más grande, y nos costará menos encontrar una oficina de Western Union —era una sugerencia lógica, pero la Peliroja movía la cabeza y lo miraba como si estuviera loco—. Deja de mover la cabeza. ¿Por qué no podemos ir a Rapid City?

—Porque entonces pasaríamos por alto el Monte Rushmore, tonto. Ya sabes, donde están las efigies de los presidentes esculpidas en la montaña… Washington, Jefferson, Lincoln y…

—Roosvelt —concluyó Sasuke.

—Pero pasaremos por Rapid City al día siguiente, así que puedes decirle a tu vicepresidente que te envíe el dinero allí.

—Demasiado tarde. No quiero esperar dos días. Tendremos que aguardar aquí mañana. Siento todo esto —alzó el auricular del teléfono y marcó el nuevo para obtener línea con el exterior.

Con otro movimiento de cabeza, Sakura descartó la disculpa.

—Te robaron. No había nada que pudieras hacer.

Sasuke se lo agradeció con una sonrisa. La conversación con Neji fue breve y al grano. El dinero llegaría al día siguiente. Colgó y se volvió para ver a Sakura con la mano en el mentón, como si reflexionara en algo.

— ¿Qué? —preguntó él.

Ella se encogió de hombros.

—Estaba pensando si tu hermana puede permitirse el lujo de la espera. A mí no me importa, pero, ¿y a ella?

Toda la tarde, mientras conducía al Escarabajo de la Pelirosa, había pensando en el problema de llegar a tiempo a la boda. El viejo utilitario no podía pasar de cien kilómetros por hora sin ponerse a temblar como sacudido por un huracán. No era un vehículo preparado para un viaje largo. Quizá lo mejor era ganar algo de tiempo.

—Se me ocurre una idea.

—Mmm.

— ¿Y eso qué diablos significa? —espetó Sasuke.

—Nada.

Satisfecho, volvió a levantar el teléfono.

—Significa que tu última idea acerca de hermana, ofreciéndole un soborno al novio, salió tan mal que quizá deberías dejar que a partir de ahora pensara yo.

De la garganta de él salieron unos gruñidos lobunos.

Sakura no pareció oírlos.

—Por ejemplo, estaba pensando que tal vez podrías llamar a Mikoto para comunicarles que vas a llegar tarde. ¿Es una boda importante? Ya sabes, iglesia, recepción, esas cosas.

—No, dijo que Hidan no quería esperar. Se van a casar en el registro civil.

—Pídele si puede postergar la boda unos días. De ese modo ganaremos un poco de tiempo.

— ¡Esa era mi idea! —explicó irritado.

—Vale, vale. No hace falta que te enfades. Haz tu llamada. Luego comeremos.

Después de marcar los números con más fuerza de la necesaria, Sasuke espetó un saludo.

—Oh, eres tú, Hidan. Dile a mi hermana que se ponga, es una emergencia.

Sakura esperó y escuchó.

— ¿Qué quieres decir con que no está? ¿Dónde se encuentra? Ha ido a comprar un vestido… comprendo… ¿Cuándo volverá?… No lo sabes. ¿Es tu novia pero no tienes idea de cuándo regresará a casa?… ¿Qué diablos se supone que significa esa bromita?… no soy demasiado posesivo… Escucha.

Sakura lo observó agitarse cada vez más. Como no controlara el temperamento, bajo ningún concepto Hidan iba a considerar postergar la boda. Se interpuso para pararlo antes de que dijera algo estúpido. Le quitó el auricular de la mano y habló con quien dio por hecho que era Hidan Yugakure.

—Hola, señor Yugakure. Usted no me conoce, pero soy amiga de Sasuke.

—No sabía que tuviera amigos —fue la respuesta del otro lado de la línea.

Sakura ya había tomado la decisión de que no le gustara, pero no pudo evitar sonreír ante el insulto.

—Sí, bueno, los tiene. Ha tenido un pequeño problema con el coche, y también con su cartera, aparte de sufrir un golpe en la cabeza. Lo que quiero decir es que va por detrás del tiempo establecido. Pensábamos que como es tan importante que asista a la boda de su propia hermana, si podrían postergarla durante unos días.

—No lo sé. Ya hemos planeado todo —respondió Hidan.

—Los va a casar un juez de paz, ¿verdad?

—Sí.

—Entonces, no deberían tener ningún problema para solicitar otra cita. Sasuke es su hermano. Debe estar presente.

—Le diré lo que haré. Se lo comentaré a Mikoto. Si ella está de acuerdo, postergaremos todo hasta que llegue Sasuke.

Sakura le sonrió con gesto triunfal a este, que aún intentaba controlarse.

—Eso es perfecto. Estoy segura de que Mikoto se mostrará de acuerdo. Adiós.

—Eran las once de la noche —le dijo Sasuke al camarero.

Era una respuesta extraña teniendo en cuenta que el camarero le había preguntado si quería beber algo.

— ¿Disculpe, señor?

Sasuke intentó recuperar la concentración.

Sakura intervino con una excusa.

—Tendrá que disculpar a mi amigo. Hoy ha recibido un fuerte golpe en la cabeza. Y su coche quedó destrozado, además de que robaron la cartera y…

Con una mirada de advertencia, Sasuke intentó silenciarla. Sin éxito.

—En realidad, desconocemos si ha sufrido algún daño permanente —continuó ella, ajena a la desaprobación de Sasuke—. Las heridas en la cabeza pueden ser engañosas.

El camarero asintió con gesto de simpatía, pero no fue complicado ver que lo único que quería era conocer su pedido.

—Para, Pelirosa —Le dijo Sasuke—. Tomaré una cerveza, una hamburguesa con queso, patatas fritas y una ensalada, con aliño de roquefort.

Sakura lo aprobó.

—Suena estupendo. Yo quiero lo mismo. Pero sin las patatas. Y en vez de hamburguesa, me apetece un sándwich de pollo. Y en lugar del aliño de roquefort, preferiría algo bajo en calorías, si tienen. Y si no, un aliño de mostaza de dijon.

Sasuke movió la cabeza.

—No se parece en nada a lo que he pedido yo.

Sakura le devolvió los menús al camarero mientras miraba a Sasuke en un intento por descifrar a qué se refería. No se dio cuenta de que el camarero prácticamente huyó de la mesa.

— ¿De qué hablas? Yo también he pedido cerveza.

—Olvídalo —musitó, sabiendo que no valía la pena que gastara la poca energía que le quedaba ese día.

—Hablando de no saber de qué hablas, ¿Qué querías decir con eso de las once de la noche?

—Hidan dijo que Mikoto había salido a comprar un vestido —tras calcular la diferencia horaria, se había dado cuenta de que en Filadelfia eran las once de la noche pasadas durante la llamada—. ¿Qué clase de tiendas abren a las once? Mintió. No quería que hablara con Mikoto. No soporto que viva con ella en esa casa. De ese modo ejerce demasiado control sobre mi hermana.

— ¿Qué clase de control?

—Para empezar, puede filtrarte las llamadas.

—Tiene que hacerlo. Teme que la convenzas de que no se case. De hecho, es una jugada arriesgada por parte de Hidan. Si Mikoto averigua que le oculta las llamadas que recibe, ella misma podría cancelar la boda.

No lo sabía.

—No creo que Hidan logre que Mikoto acepte casarse sin que yo esté presente. Y con un poco de suerte no importará. Mi plan… nuestro plan sigue siendo estar en Filadelfia a tiempo, ¿verdad? No hay nada que él pueda hacer para detenerme.

Los ojos de Sasuke irradiaban una ferocidad que avivó algo muy hondo en Sakura. Imaginó lo que sería que un hombre la amara con la misma intensidad con que Sasuke quería a su hermana. Sabía que un hombre como él sería protector al igual que posesivo. Pero también sería generoso e indulgente, como lo era con Mikoto. Como lo eran sus hermanos con ella. Si tan solo Shino pudiera parecerse más a Sasuke. Pero era Shino. Dulce, adorable y pusilánime.

Les sirvieron los platos y durante la siguiente hora saciaron sus apetitos e intentaron no confundir más al camarero. Fue durante el café cuando Sasuke decidió que había llegado la hora de hablar de lo sucedido en la habitación del motel.

—Escucha, Pelirosa, hemos de aclarar algunas cosas.

Sakura lo miró a los ojos por encima del borde de la taza y al instante supo a qué se refería. Había adelantado el torso para crear una atmósfera más íntima.

— ¿Te he contado la historia de este restaurante? —no podía decirle con un mínimo de credibilidad que no estaba interesada en él, ya que en unos días iba a prometerse a otro hombre.

—Evitas el tema —informó Sasuke. Lo cual resultaba irónico, ya que por lo general era él quien eludía las conversaciones personales. Razón por la que jamás había salido más de un par de meses con una mujer. Había un tope para el sexo del que se podía disfrutar y las conversaciones superficiales que se podían disfrutar y las conversaciones superficiales que se podían mantener. En cuanto una mujer comenzaba a hablar de un futuro y una familia, Sasuke huía. No tenía interés en volver a formar parte de otra familia. No cuando sabía por experiencia que el dolor de perder a una podía mutilar a un hombre. Protegería a Mikoto, pero ahí se acababan sus obligaciones familiares.

Pero la Pelirosa era diferente. Con ella quería hablar de los temas íntimos. De lo que iban a hacer con la atracción que sentían el uno por el otro. Y el instinto le decía que se trataba de algo mutuo.

—Es un honor del primer hombre que logró atravesar la Sierra Nevada. Luchó contra los indios. Contra los osos. Cartografío tierra inexplorada…

—… sedujo a vírgenes —concluyó Sasuke con la esperanza de llamar su atención.

—No creo que hiciera eso.

—Yo sí. Debe de ser por la calidad del aire a esta altitud —explicó. Captada su atención, continuó—: Bien, volviendo a lo que pasó antes en el hotel…

— ¡Estoy prometida! —exclamó Sakura, lo que hizo que los otros comensales giraran la cabeza en su dirección.

—No, no lo estás. Además, eso no tiene nada que ver con nosotros.

—Claro que sí —repuso con voz igual de suave.

—Esto es entre tú y yo. Sheto no pinta nada con nosotros.

—Es Shino, y espero que no des a entender que soy el tipo de mujer que podría prometerle a un hombre que va a casarse con él y luego acostarse con otro, días antes de ver a su novio —porque era eso exactamente lo que quería hacer. Además, poco importaba lo que ella quería. No podía traicionar a Shino. Estaría mal. No, no estaban casados. Tampoco prometidos. Jamás habían sido amantes. En realidad, solo eran buenos amigos.

Pero había decidido que se casaría con él, lo que significaba que debía serle fiel. No importaba que en su corazón ya le hubiera sido infiel. Deseaba a Sasuke. ¿Estaba mal desear a otro a pesar de no deseas a ese otro? Eso creía. Costaba distinguirlo.

A veces se confundía a sí misma.

—No he dado a entender nada —replicó Sasuke irritado. Pero la verdad era que sí lo había hecho. Deseaba a la Pelirosa y lo crispaba saber que no iba a llegar a tenerla porque otro hombre la esperaba en Nueva Jersey. Un hombre que ella ni siquiera deseaba—. ¿Por qué te vas a casar con ese hombre?

—Ya te lo he dicho —le recordó. De pronto no le pareció posible que solo se conocieran desde hacía veinticuatro horas.

—Ah, sí, ya lo recuerdo. Por seguridad.

Bien podría haber dicho por dinero, debido al desdén que transmitió su voz.

—Si no recuerdo mal, coincidiste conmigo.

Él se encogió de hombros como si no pudiera recordar lo que había dicho al respecto. Había sido un día largo. ¿Solo un día?

—Los dos estuvimos de acuerdo en que el amor no era más que una palabra bonita para figurar en poemas, canciones e historias románticas —continuó ella—. En la vida real no acontece como afirma la gente. No surgen chispas —aunque al parecer entre ellos había algunas—. No existe el amor a primera vista. Y tampoco el "fueron felices y comieron perdices" —y eso era verdad. Y aunque decidieran investigar la atracción mutua que sentían, solo serviría para romperles el corazón. Él se iba a Seattle y ella junto a su familia en Nueva Jersey. Desde luego, no era un final feliz de cuento de hadas.

Sasuke se preguntó en qué pensaría ella que hacía que sus ojos se apagaran. Supuso que en su argumento de que el amor verdadero, el amor mágico, no existía. Se preguntó por qué esa idea lo deprimía.

—Ve a casa y cásate con Shento. Para lo que me importa —indicó con todo desagradable.

—Es exactamente lo que pienso hacer —repuso con arrogancia—. Nada va a detenerme —"por favor, detenme. Por favor". "Cállate", le dijo a su conciencia.

Estaba haciendo lo correcto. Había esperado toda la vida a alguien como Sasuke. Alguien atractivo, inteligente y divertido. Aunque debía reconocer que era un poco altivo. Y quizá de vez en cuando perdía los estribos. Pero probablemente solo después de estropear su coche o de que le robaran la cartera. Por algún motivo insondable, quiso llorar.

La cena había terminado, pero Sakura no se hallaba preparada para retirarse a la pequeña habitación donde las camas prácticamente se tocaban. Se le ocurrió una idea mejor para divertirse.

— ¿Qué te parece un tiroteo?

—No seguirás enfadada por lo de la habitación, ¿verdad? —preguntó un poco preocupado.

—No, tonto, es una atracción turística. La representación de un tiroteo real. Dos hombres se enfrentan cara a cara en el crepúsculo con dos revólveres que apuntan a su corazón. Ninguno sabe si va a vivir o morir. Es muy intenso —tenía el rostro acalorado por la excitación ante la idea de poder presenciar un duelo de verdad. Representado, desde luego.

—Y muy dramático —añadió Sasuke—. Has visto demasiadas películas.

— ¡Esa es la clave! Será como ver una película, pero en directo.

Sasuke supo que no podría pagar su entusiasmo, de modo que ni lo intentó.

Abandonaron el restaurante para ir a buscar la atracción. No tuvieron que andar mucho. Se celebraba en el centro de la ciudad.

Jackson Hole, a pesar de sus tiendas elegantes y restaurantes caros que servían a los esquiadores, aún mantenía una auténtica atmósfera del Oeste. Todas las fachadas estaban hechas de madera oscura, y como a la calle principal la enmarcaba una acera de madera, se podía imaginar que había caballos atados a postes. El efecto era de un Wyoming del siglo XIX, y atraía turistas durante las temporadas tanto de verano como de invierno.

No resultó fácil encontrar un sitio desde el que observar la representación. Sasuke pudo abrirse paso hasta la primera fila y arrastró consigo a Sakura.

Los actores aparecieron en la calle de enfrente y se observaron desde una distancia aproximada de veinte metros. Uno comenzó diciendo que la ciudad no era lo bastante grande para los dos. El otro respondió que lamentaba que tuviera que morir. El diálogo tópico continuó durante unos minutos. Luego ambos callaron. El ruido de la multitud descendió. Sakura agarró la mano de Sasuke y la apretó con fuerza. Se estaba convirtiendo en un patrón. Él no pudo evitar pensar si sería una amante igual de entusiasta. Pero desterró el pensamiento de su mente. No iba a suceder. No mientras Shato se interpusiera entre ellos.

De pronto el hombre de la izquierda desenfundó el revólver y entonces el de la derecha hizo lo mismo. Se oyeron varios ruidos sordos y secos, tras los cuales ambos cayeron muertos. Un hombre con traje oscuro y sombre alto salió para medir los cuerpos.

—El sepulturero —susurró Sakura por si él aún no lo había deducido.

El sepulturero cubrió a los hombres con unas sábanas y la multitud estalló en un aplauso sonoro. Luego, los dos hombres bajo las sábanas se incorporaron y dedicaron una inclinación al público. A Sasuke le resultó más bien anticlimático.

—Deberían haberse quedado muertos hasta que todo mundo se hubiera marchado —se quejó él como un niño decepcionado al enterarse que Papá Noel no existe.

Regresaron al motel.

—Eres un poco realista. Habrían tenido que permanecer bajo esas sábanas demasiado tiempo. Además, merecían el reconocimiento como cualquier actor —respondió Sakura, aunque con la mente en otra parte. Una vez terminado el duelo, no había nada que les pudiera impedir regresar a su diminuta habitación.

Llegaron a la puerta del cuarto del motel. Era evidente que ambos eran reacios a entrar.

—Si esta fuera una cita —apuntó ella—, aquí es donde te diría gracias por una velada deliciosa.

—Lo fue, ¿verdad? —parecía ligeramente aturdido. No recordaba una cita en la que se hubiera divertido tanto de manera tan sencilla e inocente. Había sido casi perfecta. Casi—. Sabes que si fuera una cita —continuó—, y tú hubieras pasado una velada tan agradable como acabas de reconocer, no sería tan horrible que te pidiera un beso, ¿cierto?

—Sasuke, ya te he dicho que no puedo… —comenzó ella.

Sasuke apoyó los dedos sobre sus labios para detener sus excusas.

—Un beso, Pelirosa. Un beso, luego lo dejamos, nos acostamos y nunca más volveremos a sacar algo así.

No podía negarle un beso. Tampoco podía negárselo a sí misma. Ladeó un poco la cabeza y permitió que él pegara sus labios sobre los suyos. Al principio se mostró gentil, luego juguetón, sacando la lengua para acariciarle los labios. Después atrevido, pegando el cuerpo contra el de ella hasta dejarle la espalda presionada contra la puerta, y a los brazos no les quedó más alternativa que rodearlo. Introdujo la lengua en su boca y la conquistó con intensidad.

Sakura lo probó y fue maravilloso. Gimió al pensar que él hacía lo mismo. Esperó resultarle igual de placentera. Todas las buenas intenciones que alguna vez había albergado estaban a punto de salir por la ventana, ya que no era capaz de recordarle el nombre de la persona a quien dedicaba esas buenas intenciones.

Sasuke eligió ese momento para finalizar el beso. Prácticamente tuvo que arrancar los labios del contacto establecido con ella. Durante un momento se miraron y sintieron el palpitar de sus respectivos pechos. Sakura quiso decirle que olvidara a Sheto, o Shato, o como quiera que se llamara, y que la tomara allí mismo, contra la puerta, con tanta velocidad y profundidad que nunca pudiera olvidarlo.

—Vaya —fue lo único que pudo articular.

—Sí, vaya —repitió él. Luego retrocedió y dejó sus brazos vacíos—. Un trato es un trato —le quitó la llave de la mano, abrió la puerta y entro.

Aturdida, ella solo pudo clavar la vista en la puerta abierta.

CONTINUARA…

!

QUE VA A PASAR?

Si tienes curiosidad, dejame un comentarios

Nos vemos.