Hola:D

Pues aquí les tengo la continuación, espero que les guste:B

Quiero decirles que en la otra pagina que lo publico, ya lo termine, así que ahora subiré los copitulos mucho mas rápido;P

Bueno, espero que les guste el capitulo y feliz Día

Cap. 5

— ¿Estás dormido? —la pregunta en voz baja llenó la habitación a oscuras.

Hasta el Comandante, que dormía profundamente sobre el pecho de Sasuke, levantó las orejas.

—No —respondió él con resignación. ¿Cómo diablos se suponía que iba a dormir con un perro sobre el pecho y los labios suaves de una mujer en la mente? Cien veces se dijo que podría haberla tomado, que debería haberlo hecho. Sakura lo deseaba tanto como él a ella. Pero la había soltado, negándose a ambos lo que habría podido ser la experiencia sexual de sus vidas. ¿Por qué lo había hecho?

—Antes fuiste un verdadero caballero —musitó ella con un deje de cierto desamparo.

—Gracias.

No era necesariamente un cumplido. De hecho, habría preferido que le hubiera demostrado que era un absoluto sinvergüenza. La habría seducido en contra de su voluntad, la habría obligado a hacer el amor con él y todo habría quedado fuera de control. Sin nada de culpa. Todo placer.

Pero lo había estropeado todo al hacerle caso.

Sonrió sus tontos pensamientos. No era culpa de Sasuke; sí de ella. Era ella quien había puesto el cartel de inaccesibilidad. En su momento, había estado convencida. Solo cuando él comenzó a besarla la invadió una especie de bruma. Por suerte, él había tenido la fuerza de voluntad de apartarse antes de que la situación se les hubiera ido de las manos. Y lo agradecía. Se encontraba demasiado cerca de alcanzar su objetivo y de realizar su sueño de formar una familia como para dejarse arrastrar por algo tan transitorio como el deseo.

Sasuke había tenido la fuerza de voluntad, pero ella había necesitado cinco minutos enteros para recuperarse antes siquiera de poder cruzar aquella puerta. Sasuke, que ya había salido del cuarto de baño, se había metido en la cama. El Comandante Akamaru, que evidentemente le había perdonado el anterior ataque a su ama, se había acurrucado sobre su torso. El muy traidor.

Y bien entrada la noche, se sentía inquieta y sola. Le pareció idóneo que Sasuke compartiera su insomnio.

—Así que tú tampoco puedes dormir —expuso, afirmando lo obvio.

Como si hubiera podido dormir teniéndola a solo cincuenta centímetros de él. ¿Es que creía que era de piedra? Ni siquiera había sido capaz de cerrar los ojos. Cada vez que lo hacía, veía un llameante pelo rosado extendido sobre una almohada blanca. Entre sus dedos. El único modo en que podía evitar los sueños eróticos era permaneciendo despierto.

Aunque eso era sencillo. Despierto, oía su respiración suave, imaginaba la subida y caída de su pecho, los labios delicados, plenos y levemente entreabiertos. No, permanecer despierto no iba a ser más fácil que dormir, y en ese momento la Pelirosa se había dificultado aún más al informarle de que a ella le costaba tanto como a él.

—Veo que tienes el mismo problema —apuntó con un deje de suficiencia. Era ella quien había establecido las reglas.

—Sí, y todo por tu culpa —soltó Sakura. Estaba cansada y frustrada, se sentía excitada y culpable… todo al mismo tiempo. Si no la hubiera besado, en ese momento dormiría mejor que Akamaru.

— ¡Mi culpa! Tal como yo lo veo, Pelirosa, todo es por tu culpa —espetó, anonadado por la audacia de exhibía al culparlo.

— ¡Mi culpa! —fue el turno de ella de exclamar—. Fuiste tú quien me besó.

—Y tú quien dijo que no podía hacer nada más que besarte. Por eso los dos nos sentimos frustrados. Soy un caballero, no lo olvides —se mofó con las mismas palabras que había empleado ella.

—Antes de que me besaras te dije que no podías besarme. Pero lo hiciste de todos modos. Por eso los dos nos sentimos frustrados. Ahora que lo pienso, estás tan lejos de ser un caballero como… como… El Comandante Akamaru.

— ¡Guau! —ladró Akamaru, al parecer asintiendo a lo que su ama decía.

—Encanto, puede que dijeras que no te besara, pero todo tu cuerpo gritaba para que lo hiciera. Yo simplemente… te ayudé a satisfacer tus necesidades —en cuanto las palabras saliendo de su boca, tuvo la clara impresión de que había dicho lo equivocado.

— ¿Y qué diablos se supone que significa eso? —gritó Sakura furiosa. Esa misma furia la impulsó a sentarse—. ¿Insinúas que fue un beso compasivo?

—No iría tan lejos como para afirmar semejante cosa —afirmó, tratando de dar marcha atrás.

— ¡Akamaru! Sal de encima de él —ordenó.

El perro, a pesar de hallarse muy cómodo, sabía quién le daba de comer. De inmediato saltó fuera de Sasuke y de su cama para ir a buscar otra más segura.

Sasuke debió de imaginarlo. Sin el perro para frenar cualquier ataque frontal, se encontraba vulnerable para la venganza que Sakura tuviera en mente. La almohada que lo golpeó de lleno en la cara no fue una sorpresa. Ni la segunda. Pensó que se excedía cuando le arrojó la tercera, y soltó una carcajada al recibir la cuarta.

— ¿Por qué te ríes? —aulló Sakura. Seguía encendida, pero se había quedado sin armas.

—Parece que esta noche vas a dormir con la cabeza sobre el colchón —rio entre dientes. Tenía que reconocer que la Pelirosa era divertida.

Después de respirar hondo varias veces, Sakura logró calmarse. Pelear con un hombre al que no tenía intención de recordar dentro de cinco días era inútil. De modo que decidió olvidar su malhumor, desterrarlo de su mente y caer en un sueño apacible. Lo que habría hecho de haber tenido una almohada.

—Devuélveme mis almohadas —ordenó.

—No —repuso satisfecho.

—Vamos, solo una.

—No —¿Quién iba a tener la última palabra en esa ocasión? Rio mentalmente.

—Si no me la devuelves, iré hasta allí y las recuperaré —explicó con lógica. Entonces vio que la forma que había bajo las sábanas se movía y la miraba con ojos de canino que podían verla a pesar de la falta de luz.

—Si vienes aquí, puedo garantizarte que esta noche no regresarás a tu cama. ¿Me he expresado con claridad?

El timbre ronco de su voz, el brillo de sus ojos… sí, se había expresado con claridad y la amenaza resultaba inconfundible. Sakura cerró la boca y apoyó la cabeza en el colchón. Se dijo que no estaba tan mal.

— ¡Esto es horrible!

El sol de la mañana se mostró duro sobre unos ojos que no había estado cerrados más que un par de horas de forma intermitente durante la noche. Sakura sintió como si todo el cuerpo fuera a estallarle por la crispación que la invadió al ver el coche. El mismo que tenía dos ruegas pinchadas.

— ¿Sobre qué diablos lo aparcaste? ¿cristal? —Sasuke había salido de la habitación con el perro bajo un brazo y las bolsas de ambos bajo el otro.

— ¿Yo? —aún no se había recobrado de estar furiosa con él la noche anterior. Y acababa de brindarle la excusa perfecta para reavivar esa furia—. Si no recuerdo mal, fuiste tú quien aparcó cuando llegamos al motel. Así que, ¿sobre qué diablos lo aparcaste tú?

—Es inútil quedarnos aquí discutiendo cómo sucedió. Lo que necesitamos es repararlo. Luego podemos ir a la oficina de la Western Union. No puedo perder un día entero en Jackson Hole, si no jamás llegaré a Filadelfia a tiempo para impedir la boda.

Sakura farfulló algo acerca de la imposibilidad que tenían los hombres de reconocer cuándo se equivocaban, pero lo dejó estar. Él tenía razón. Estaba en juego el futuro de su hermana.

—Vi a una gasolinera cuando entramos en la ciudad. Quizá tengan una grúa.

—Más te vale —le dio la espalda y regresó a la habitación a recoger el resto de sus pertenencias.

Sakura le sacó la lengua a su espalda y esperó que lograran encontrar dos ruedas; de lo contrario, iba a tener que pasar otra noche en la diminuta habitación del motel. Y sencillamente carecía de fuerza de voluntad.

Tras una breve búsqueda por la pequeña ciudad, primero encontraron la oficina de la Western Union y luego la gasolinera. Por suerte, el encargado disponía de dos ruedas para ellos y Sasuke pudo pagarle en efectivo como incentivo para que se diera prisa. El hombre prometió remolcar el coche y cambiarle las ruedas. Les dijo que volvieran a buscarlo en un par de horas. Ella se mostró reacia a aceptar que pagara el daño, pero Sasuke lo consideró su modo de apagar por el viaje de a través del país. Y como Sakura en secreto creía que los pinchazos eran culpa suya, aceptó.

—Tenemos algo de tiempo, ¿Qué te parece si vamos a buscar un sitio donde desayunar? —sugirió Sakura.

Sasuke estuvo de acuerdo y los dos emprendieron un paseo lento por la ciudad hasta que encontraron una pequeña cafetería.

Sentados en el pequeño local que daba a la calle principal, comieron unos bollos y bebieron café con leche.

— ¿Estás seguro de que el Comandante Akamaru se encontrará bien solo en el motel? —preguntó Sakura por tercera vez aquella mañana.

—Sí —respondió por tercera vez desde que dejaron al perro—. No lo entiendo. Anoche lo dejamos solo cuando nos fuimos a cenar. ¿Qué problema hay esta mañana?

—Eso fue antes de las ruedas pinchadas —repuso ella con preocupación—. ¿Y si alguien te está acechando y las ruedas solo fueron una advertencia?

Odió reconocerlo, pero no era del todo descabellado. Una cosa era que le robaran la cartera, y otra muy distinta dos ruegas rajadas. Nadie tenía esa mala suerte. Pero como no quería asustarla, le dirigió la pregunta a ella.

— ¿Cómo sabes que nuestro supuesto hostigador va detrás de mí? Quizá va detrás de ti.

—No seas ridículo. ¿Quién querría hostigarme? Por otro lado, no cuesta imaginar que tú puedas tener nerviosas a algunas personas. Y ya sabes lo que los psicópatas desquiciados le hacen a nuestras pobres mascotas, ¿no?

Con un suspiro, Sasuke posó la taza en el plato.

—Pelirosa, voy a decirte algo y quiero que escuches con atención. Tu mascota, el Comandante Akamaru, es un perro. Un perro con orejas y rabo. No es un bebé —su intención solo era burlarse, pero en la cara de ella vio una expresión que no era divertida. Los ojos estaba serios y tristes, y un poco obstinados.

Sakura giró la cabeza para no delatarse y frunció los labios. No confiaba en que la voz no se le quebrara por la emoción si le decía lo que pensaba de él en ese momento.

Sasuke quedó aturdido por la reacción. Había esperado una réplica aguada, quizá una mirada agria, pero no el silencio. Algo que nunca habría imaginado de la Pelirosa. Alargó la mano y con los dedos en el mentón le giró la cara. El impacto de sus ojos húmedos le golpeó las entrañas con la fuerza de un martillo neumático.

— ¿Qué he dicho? —preguntó, no en tono defensivo, sino como pregunta legítima para no repetir jamás el error.

Sakura desterró la tristeza y, con el fin de quebrar el contacto con la mano de él, alzó aún más la barbilla. Luego respiró hondo para calmar sus emociones.

Sasuke no había dicho también en alguna ocasión. Akamaru era un perro. Y ella lo sabía, desde luego.

Pero había días en Seattle en que se sentía sola, sin nadie que pudiera ser receptor de todo el amor que albergaba. No tenía un marido al que mimar, ni hijos a los que cuidar y proteger, pero sí tenía al Comandante Akamaru. El trato que le daba surgía del temor de que era lo más cerca que estaría alguna vez de tener un hijo de verdad. Por eso debía casarse con Shino. Quizá estaba mal utilizarlo de esa manera, pero sería una buena esposa e incluso mejor madre.

—Lo siento. No has dicho nada. Me he comportado como una boba —sonrió para respaldar sus palabras. Como siempre, su tristeza era una aberración momentánea. La vida era demasiado corta para estar melancólica.

Él debería haber sonreído también y cambiado de tema, pero no quedó satisfecho con la respuesta.

—No.

— ¿Te refieres a que no soy una boba?

—Oh, no, por supuesto que lo eres —aclaró Sasuke—. Cuéntame por qué parecías dolida hacer unos momentos. Sin duda sabes que tu perro es un perro, ¿verdad?

Iba a soltar uno de sus exabruptos cuando vio la sonrisa de él. Intentaba ser gracioso. No lo era. Pero de todos modos el intento fue tierno.

—Akamaru es especial para mí, eso es todo. Por supuesto que no es un bebé. Pero es lo único que tengo para brindarle todo mi amor. En mí anida un manantial profundo de instintos maternales. A veces afloran y si no les doy salida, sé que explotaré. De manera que es posible que Akamaru esté más malcriado que la media de los perros. Es mi familia, y lo quiero en consonancia.

—Familia —repuso Sasuke con desdén. ¿Qué tenía de maravilloso una familia? Las familias no eran más que grupos de personas que mantenían una dependencia y una necesidad mutuas. Cuando una persona de la familia no estaba a la altura de las responsabilidades, todos los demás sufrían. Era mucho más ventajoso ser in dependiente y estar libre de cargas familiares. No existía la decepción ni el sufrimiento.

— ¿Por qué lo dices como si fuera un insulto? —inquirió Sakura.

— ¿Sí? No me di cuenta.

Sakura se encogió de hombros y rio entre dientes para desterrar la tensión que parecía haber surgido en torno a la mesa.

—Akamaru no estará tan consentido en cuanto yo tenga hijos. Por eso voy a casarme con Shino.

La imagen que de pronto se formó en la mente de Sasuke no fue agradable. Sakura se hallaba embarazada de otro hombre y ese hombre no era digno de tenerla.

— ¿Shino? —musitó, como si la palabra fuera una maldición.

El silencio de flotó sobre sus cabezas. Intercambiaron una mirada. Por un lado de añoranza, por otro de pesar.

— ¿Crees que el coche estará listo? —preguntó Sakura.

—Vayamos a comprobarlo.

Los dos sabían que no estaba preparado. Sin embargo, la charla había llegado a su fin, y prolongarla más probablemente conduciría a una discusión.

Juntos, pero separados por la nueva tensión que fluía entre ellos, caminaron por la calle principal de Jackson Hole.

Al estudiar a la gente que pasaban, Sakura notó a los turistas que llevaban zapatos inadecuados, a los excursionistas experimentados que daban la impresión de que partirían hacia las montañas para no regresar jamás, y un rostro familiar. No sabría explicar por qué le resultaba familiar. Llevaba unos chinos morrones y una camisa beige. Y se cubría la cabeza con una gorra marrón de béisbol. Estaba en la acera de enfrente y unos pasos detrás.

¡Una gorra marrón! Había visto una igual el otro día cuando iba a la agencia de alquiler de coches. Desde luego, eso no tenía por qué representar algo. Podía tratarse de otro turista, como ellos. Pero algo no encajaba. Iba a alcanzar a Sasuke para preguntarle si reconocía al hombre de la gorra, pero se había adelantado un metro y caminaba como si le fuera a la vida a alejarse de ella.

No supo por qué, si ambos iban hacia la gasolinera. Se tomó su tiempo y llegó varios pasos detrás de él.

— ¿Sabes?, no era una carrera —comentó.

—Lo siento —dijo con frialdad, volviéndose hacia ella—. ¿No has sido capaz de mantener mi ritmo?

Conocía las palabras adecuadas para irritarla. Y lo que más le crispaba era que lo había hecho adrede. Era evidente que cada vez que aparecía el nombre de Shino en la conversación, hacía que Sasuke se volviera desagradable.

—Escucha, me disculpo por haber mencionado a Shino —manifestó—. Es obvio que mi compromiso te molesta. Me esforzaré en evitar más conversaciones sobre mi futura felicidad.

—Tu compromiso no me molesta.

Tenía los dientes apretados, los músculos de la mandíbula tiesos.

—Claro que sí.

Antes de hablar, Sasuke descubrió otro músculo en la mandíbula que tensar.

—Te conozco desde hace un día y medio. Y por todo lo que sé de ti, aún ni siquiera he llegado aún a la conclusión de que caigas bien. Por favor, no creas que he olvidado que eres la causa de que esté atrapado en Wyoming, dependiendo de un cacharro de dos ruedas rajadas con el que ni siquiera se puede llegar al mercado. De modo que no existe motivo alguno bajo el sol por el que pueda sentirme molesto de que un timo emotivo y sensible llamado Shento y tú vayáis a casaros.

—Es Shino. Pero tienes razón. ¿cómo he podido ser tan ciega?

—Bien. Una vez aclaradas todas esas tonterías, ¿te parece si recogemos el coche?

— ¿Mi coche? —quiso saber con aire inocente. Sasuke solo asintió—. ¿Te refieres al coche que no puede llegar al mercado? ¿El mismo que ya nos ha llevado a través de dos estados, a diferencia de un Mercedes que conozco? ¿A ese coche?

Sasuke observó cómo se le iluminaban los ojos. Era hermosa cuando estaba relajada. Arrebatadora cuando estaba encendida. Un puño de deseo lo golpeó en la parte inferior de las entrañas. Por lo general, no se consideraba un hombre romántico. Cuando la necesidad lo permitía, podía ser creativo en la cama, pero casi nunca se había sentido del todo cómo con una mujer como para perder el control en el sexo.

Sin embargo, Sakura era alguien que exigiría una atención total. Era alguien quien se le haría el amor toda la noche, despertándola una y otra vez para iniciar la fusión de los cuerpos, porque en ese momento, cuando yacía en la cama, se entregaría por completo.

Debía tenerla. Ya había dejado de ser una opción. En su mente había cruzado un umbral invisible y sabía que no podría dejar a esa mujer hasta que hubiera gritado su nombre sacudida por un placer devastador. Una vez. Tal vez dos.

Se la devolvería a Shinton en cuando hubiera terminado, porque él no podía ofrecerle la familia que Sakura había afirmado que quería. Pero antes de entregársela, debía tenerla.

— ¿Ese coche? —repitió ella, un poco crispada por su silencio. Por no mencionar que la devoraba con la mirada como si fuera el Correcaminos y Sasuke fuera el Coyote.

—Sí, ese coche —emitió con un timbre de voz que ella no reconoció. Bajo y ronco, pronunciando las palabras como si significaran algo por completo diferente.

—Oh —en algún momento, Sakura había perdido la ventaja—. Vayamos a recogerlo, entonces —lo vio caminar hacia ella y de pronto experimentó lo que sentía un ciervo ante un cazador. Supo que si intentaba huir, la atraparía—. ¿Sasuke? —la voz le tembló por la tensión y un poco de miedo. No por lo que fuera a suceder, sino por la reacción que iba a tener cuando sucediera—. Sasuke —repitió, tratando de obtener una respuesta y quebrar el hechizo que permanecía dominarlo—. ¡Sasuke! —empleó su tono de profesora. Pero nada surtía efecto.

La voz de ella lo obligo a levantar la cabeza y observar su entorno. Se encontraban ante la mirada de la oficina de la gasolinera, donde cualquiera que bajara por la calle principal los vería.

Necesitado de más intimidad, la tomó de la mano y la condujo al callejón que había detrás de la gasolinera. Sin emitir sonido alguno, la empujó contra la pared de ladrillos y apoyó su cuerpo contra el de ella, de modo que los pechos quedaron aplastados contra su torso. Había dejado de analizar sus acciones y no sabía cómo describir su conducta. Lo único que sabía era que la necesitaba, y no podía parar. Quizá ella sí.

—Detenme —le pidió, rozándole los labios.

Por desgracia, en ese instante Sakura sufría de pérdida de memoria y le resultaba imposible recordar cómo se había metido en esa situación. Un minuto se pelaban por el coche y al siguiente la expresión de él reflejaba que quería arrancarle la ropa. Y en ese momento le pedía que lo detuviera, pero no podía. Nunca antes se había visto atrapada en semejante fuente de deseo. Nunca antes había creído que su cuerpo podría llegar a anhelar que lo tocaran y moverse por voluntad propia hacia el cuerpo por el que quería ser tocada.

—No puedo.

Sasuke no la dejó continuar. Le aplastó la boca con la suya y al principió sintió alivio, como si llevara demasiado tiempo sin agua y solo al probar la humedad de la boca de Sakura descubriera lo sediento que había estado. Las lenguas se debatieron en busca de supremacía. Ganó él. Lentamente, comenzó a controlar el calor y la profundidad del beso. Introducía y sacaba la lengua de la boca de ella a un ritmo constante que prácticamente la hipnotizo de placer y la obligó a aceptarlo por completo. A Sakura no le quedó más opción que rendirse mientras con la boca le hacía el amor.

"Tírala al suelo". Era lo que el deseo le ordenaba. "Tírala al suelo y tómala antes de que explotes". En teoría sonaba maravilloso. Pero no podía hacerlo. No allí ni en público. No de esa manera. Sakura sería suya. De eso ya no quedaba duda. Pero no quería que al recordar el breve tiempo que pasaron juntos lo lamentara.

Separó los labios y logró serenarse. Al mirar a la Pelirosa, vio que tenía los ojos nublados y vacíos por el deseo. Como si fuera una niña pequeña, le alisó el cabello y le arregló la ropa. Luego, le dio un beso delicado en los labios y la condujo de vuelta hacia la calle.

—Vamos —instó.

— ¿El coche? —la voz de ella salió como un graznido.

—El coche —repitió él.

No había prisa. Disponían de todo el tiempo del mundo.

CONTINUARA…

Espero que les haya gustado mucho, en lo persona a mi me emociona cada vez mas:D

Nos vemos

CHAO