Ojala les guste:D
Y disculpen la tardanza
Cap. 6
¡Bajo ningún concepto, voy a acostarme contigo!
— ¡Más de prisa! ¿No puedes hacer que esta cosa vaya más de prisa? —Sasuke apoyó las manos en el salpicadero, como si de esa manera pudiera darle más velocidad al coche.
—Te he dicho que no te preocuparas. El Monte Rushmore permanece abierto hasta tarde. Tendremos tiempo más que suficiente para verlo. Y a mi coche no le gusta que le den prisas —iba a cien kilómetros por hora y temblaba y tosía como si lo odiara.
—Solo me gustaría ver que el maldito coche alcanzara los ciento diez. ¿Es mucho pedir? La vida de mi hermana sigue en peligro —le recordó por si lo hubiera olvidado.
—Escucha, he dicho que llegaríamos al Monte Rushmore hoy, y eso es lo que haremos. Además, mi coche ya va al máximo. "No hay hombre vivo que recuerde aquel día y años aciagos…", Longfellow —citó con una sonrisa—. ¿Recuerdas la historia? ¿Sabes?, muy poca gente lo hace. Todos piensan que lo que ha pasado forma parte del pasado. Y no es verdad. La historia le ha dado forma a nuestro presente. Jamás podríamos empezar a entender quiénes somos hoy si no supiéramos quiénes fueron las personas de ayer.
—Hablas como una profesora que enseñara historia.
—Excelente —se mostró radiante—. Porque soy una profesora que enseña historia y diversas clases más. Trabajaba en una escuela pequeña, donde teníamos que arreglarnos con el personal que había. De modo que era la profesora de historia para tres cursos, al igual que la de gimnasia, la de música y la de arte.
—Vaya. Debes tener mucho talento para poder enseñar todo eso —de hecho, se sentía realmente impresionado.
—Oh, no toco ningún instrumento, ni sé dibujar ni puedo trepar por una cuerda. Lo que hacía era enseñar historia de la música, historia del arte e historia de…
— ¿De la cuerda?
—No. Historia de los deportes.
—Por supuesto.
— ¿Y tú? ¿De qué te gusta hablar?
—De árboles.
— ¿Te gustan los árboles? —sentía curiosidad por saber cómo se ganaba la vida. No recordaba que lo hubiera mencionado. Además, eso les brindaría un tema seguro de conversación.
—Me gusta la idea de observarlos —repuso él—. Instalo sistemas informáticos que supervisan el ritmo de crecimiento y la lluvia requerida para alcanzar su máxima salud. El software puede informar a los plantadores de deslizamientos de tierra y cosas por el estilo. Está muy bien decir que talas árboles y los sustituyes por otros nuevos, pero si la replantación no se lleva a cabo en condiciones ideales, los árboles jóvenes morirían. Y con el tiempo corremos el riesgo de quedarnos sin madera, por no decir oxígeno —la miró. Supuso que ya debería estar desconectada. Casi todas las mujeres se quedaban dormidas cuando se ponía a hablar de su negocio. Pero ella giró la cabeza y le sonrió. Era obvio el interés que sentía.
—Continúa. Cuéntame cómo un nativo de Filadelfia llegó a interesarse en los árboles.
Era una historia en la que no pensaba a menudo, por que cuando lo hacía, se veía obligado a pensar en sus padres, y por lo general eso resultaba doloroso. Sin embargo, en esa ocasión quería contar la historia. No, lo que quería era contársela a la Pelirosa. Desconocía la causa ni por qué era tan importante que Sakura la supiera. No tenía el afán de prolongar la relación. Estaba decidido a hacerle el amor a Sakura, tanto como de despedirse al final del viaje. Ella se casaría con Shiton y tendría una familia. Él regresaría a Seattle, solo, sin trabas y libre.
Quizá quería contársela porque era una buena oyente. Quizá porque nadie se lo había preguntado antes.
—Soy rico.
—Oh —fue la única respuesta que se le ocurrió. No, también tuvo otra—: Eso es agradable.
—Estoy comenzando una historia, no alardeando —espetó Sasuke—. Vengo de una familia rica. Mi padre heredó una fortuna al vender el negocio familiar. Utilizó el dinero para meterse en la política. Primero logró ser un asambleísta estatal, luego congresista de Estados Unidos durante antes. Antes de morir planeaba presentarse para el Senado.
—Fugaku Uchiha. Claro, he oído hablar de él. Mi padre solía hablar mucho de él. Estaba a favor del medio ambiente, ¿verdad? Si no mal recuerdo, su hijo mayor estaba por mi mismo camino… ¿Itachi Uchiha? ¿No? —Sasuke solo asintió—. En ese entonces era bastante joven.
—Sí, mi padre era un político y mi hermano seguía sus mismos pasos. A veces creo que hacía lo correcto. Otras… bueno, digamos que no siempre estábamos de acuerdo, sobre todo mi hermano. Uno de los tema importantes en los que no coincidíamos era en el medio ambiente. Él creía en la conservación a toda costa, incluso por encima de puestos de trabajo y de fábricas. Muchos de los chicos con los que fui al colegio eran hijos de industriales poderosos a los que no les gustaba la idea de que mi padre restringiera su estilo contaminante. Como para mí era más importante ser aceptado por mis compañeros que por mi padre, me puse del lado de ellos. Solíamos enfrascarnos en discusiones terribles, mi hermano era el intermediario entre mi padre y yo, por lo que para mí era un concepto muy vago. Lo único que yo sabía era que mis compañeros de colegio estaban en mi contra porque mi padre hacía que los suyos perdieran mucho dinero.
— ¡Me gusta tu padre!
Fue una exclamación tan sincera y entusiasta que durante un segundo Sasuke sintió que se emocionaba. Pero de inmediato desterró semejante tontería.
—Cuando murió, supongo que quise averiguar la causa por la que habíamos peleado durante tanto tiempo. Quise descubrir qué nos mantuvo enconados en vez de permitirnos jugar fútbol juntos. También fue una de las razones, por las que estaba también en guerra con mi hermano, que él era el que a veces mi padre y yo hiciéramos las paces o no, así que me pegó duro cuando también el murió. Fui a Alaska. Conseguí un trabajo en una empresa maderera respetuosa del medio ambiente. Luego concentré mi talento informático en una causa ecologista. El resto, como dirías tú, es…
—Historia —concluyó Sakura. Era una historia maravillosa, salvo por una cosa—. ¿Por qué tuviste que irte a Alaska? ¿Y qué me dices de Mikoto? ¿No te echó de menos?
La culpabilidad lo desgarraba. No había sido ciego al dolor que le había causado a Mikoto con su marcha. Técnicamente, si quería ser sincero consigo mismo, ese matrimonio precipitado e imprudente era por su culpa. La había dejado sola por haber sido incapaz de soportar el dolor que le causaba estar en casa. Era verdad que su padre y él habían discutido mucho, y en algunos casos, también causaba que se peleara con su hermano. Pero también había habido un cariño profundo que jamás hubo que manifestar en voz alta, porque cada uno sabía lo que sentía por el otro. El amor había impregnado toda la casa. Y cuando sus padres y hermano mayor murieron, la casa había pasado a ser un recordatorio de ese amor.
Se había sentido perdido. Al marcharse, había tratado de convencer a su hermana de que lo acompañara para escapar de la casa y de todos los recuerdos. Sin embargo, Mikoto se había mostrado firme. Necesitaba su hogar para sentirse segura y protegida. Una tía mayor se había trasladado con ella para cuidarla hasta que pudiera hacerlo por sí misma, y Sasuke había dispuesto de libertad para marcharse. En retrospectiva, había sido un error. Era la única familia inmediata que le había quedado a Mikoto, y prácticamente la había abandonado. Su tía Anko era una mujer amable que había sido maravillosa para su hermana, pero no podía reemplazar a su madre. Y los viajes anuales que realizaba a casa no bastaron para cumplir con sus deberes de hermano mayor. Lo sabía. Pero en su momento no le pareció tener otra alternativa. La casa y los recuerdos lo asfixiaban.
— ¿Dónde estamos? —inquirió, evitando la pregunta de ella.
—En Wyoming. Hemos estado en Wyoming todo el día.
—Sí, pero, ¿en que parte de Wyoming? —en todas las direcciones se veían campos abiertos que se extendían hasta el infinito. No se veía ni un alma, ni una casa, ni siquiera un caballo.
—Hace unos dos kilómetros pasamos un pueblo llamado Chugwater. "Chuuuuuuuuuuuuuuuuuggwater! —rio. Pero Sasuke se negó a ofrecerle una sonrisa. Decidió centrar su atención en un tema más apropiado—. Tenemos que hablar de algo serio.
— ¿Sabes cómo ser sería? Me asombras —fue un comentario grosero adrede, y no supo muy bien la causa. Quizá buscaba algo que la hiciera parecer menos encantadora, menos feliz con la vida.
Levemente ofendida, pero no lo suficiente como para no sacar el tema que le había rondado por la cabeza toda la mañana, continuó:
—Sí, puedo ser sería, y el momento es ahora. He estado reflexionado sobre las ruedas. De verdad creo que fue tu culpa —proclamó.
— ¡Mi culpa! Si la tienes más gastadas que…
—Cállate y escucha. No me refiero a que fue tu culpa que se gastaran. Aunque no conté con tu considerable peso sumado a la carga del coche al iniciar el viaje —sintió la necesidad de soltar esa pequeña provocación—. Lo que quería decir era que si no te parecía extraño que te hubieran sucedido todas esas cosas horribles desde que iniciaste el viaje. El accidente de coche, por supuesto, fue culpa exclusivamente tuya, pero desde entonces te han robado la cartera y mis ruedas misteriosamente han desarrollado unos agujeros. No solo una, la cual habría sido bastante fácil de arreglar, sino dos al mismo tiempo. Sé que esta mañana bromeé con un hostigador, pero quizá no se trate de una broma.
Él se negó a creer eso. Sencillamente resultaba inconcebible.
—Quizá tengo una maldición.
— ¿Maldición? Que ridículo. ¿Parezco la clase de persona que cree en maldiciones?
—Guau —corroboró el perro desde el asiento de atrás.
—Bueno, Akamaru es parecido a un gato negro. Quizá el es la causa de mi mala suerte —sugirió él.
—No digas estupideces. Tu mala suerte comenzó antes de conocer a Akamaru. Además, el no cuenta, es un perro. Y no es negro al contrario es blanco. Tiene una mancha oscura en la barriga, solamente.
Sabiendo que era el centro de conversación, Akamaru se trasladó al asiento delantero y se acomodó en el regazo de Sasuke, como para demostrarle que no representaba la mala suerte que creía. Él le acarició la cabeza en señal de disculpa. Desde luego, no había querido ofender al perro.
Había vuelto a hacerlo. Había dejado que su mente pensara las cosas más ridículas. ¡Disculparse con un perro! Tenía que abandonar ese coche lo antes posible.
—Volviendo a nuestra discusión original. Si no estoy maldito, ¿Cuál crees tú que es la causa de mi… a falta de una palabra mejor… mala suerte?
Sakura lo desconocía. Por había sacado el tema. Esperaba que él tuviera algunas ideas. Después de todo, era su maldición. Sin embargo, tenía una idea, aunque era descabellada. Sasuke se partiría de risa.
— ¿Y si… crees que… tal vez…?
— ¿Qué? —ya no podía sorprenderlo más.
— ¿Y si no se trata de un hostigador, sino de alguien que adrede intenta evitar que llegues a tiempo a la boda? —se preparó para su reacción. Sasuke guardó silencio. Era mejor que un juramento.
— ¿Quién?
—Tal vez Hidan se encuentra detrás de todo esto —ofreció Sakura.
—Es el candidato obvio —convino Sasuke—, pero es imposible. Cuando anoche llamé a mi hermana, él estaba en Filadelfia. Jamás habría podido estar en Jackson Hole para robarme mi cartera y estropearte las ruedas y en Filadelfia para responder al teléfono. ¿Y cómo habría sabido cuál era tu coche?
—Entiendo. Solo fue una idea.
Sasuke no había tenido intención de descartar su teoría con tanta celeridad. Pero sus pensamientos habían seguido derroteros similares y hacía horas que había descartado a Hidan por los mismos motivos que acababa de mencionar. El problema era que nada más tenía sentido.
— ¿Tienes algún enemigo? —desde luego, lo imaginaba capaz de haber enfurecido a algunas mujeres a lo largo de su vida.
—En los últimos diez años, nadie ha sido más hostil conmigo que tú. De modo que a menos de que anoche te escabulleras para rajar tus propias ruedas, lo que ambos sabemos que no hiciste, ya que los dos escuchábamos respirar al otro, tu idea carece de sentido —¡enemigos! Los protagonistas de las novelas de espías tenían enemigos. James Bond tenía enemigo. Sasuke Uchiha no.
—El hecho de que yo me muestre articulada en mi hostilidad hacia ti, no significa que otras personas no lo hayan sentido. Como ahora, por ejemplo. Me siento como tu enemiga, pero tú no lo imaginas porque estoy siendo solapada —lo escuchó respirar. ¿Cómo se atrevía a realizar semejante comentario? Era certero, por supuesto, pero injusto que se lo restregara en la cara.
Solapada. Sasuke se mofó de la idea. La Pelirosa no tenía ni un solo hueso solapado en todo el cuerpo. Todo lo que sentía lo expresaban sus ojos. Todo lo que pensaba, lo decía.
—Pelirosa, espero que te tomes esto como un cumplido, pero he decidido que no puedes ser una asesina a sueldo —dicho eso, apoyó la cabeza en el respaldo y se acomodó para disfrutar de unas horas de sueño. La noche anterior no había descansado mucho. Con gesto distraído, acarició a Akamaru hasta que el perro emitió un ruido de comodidad, que surtió el efecto soporífero de un vaso de leche caliente.
Mientras tanto, Sakura aún trataba de interpretar lo que le acababa de decir. Pero llegó a la conclusión de que no tenía sentido darle muchas vueltas. Había descubierto que la mente de Sasuke a menudo se desviaba por extrañas tangentes. Lo mejor era concentrarse en quién podría querer impedir que llegara a Filadelfia.
— ¡Ahí está! ¿Lo ves? ¿Lo ves?
Sakura era como una pelota de goma que no paraba de botar en el asiento del pasajero. Habían cambiado de turno de volante unas horas atrás y Akamaru había aprovechado esa oportunidad para emplear el regazo de su madre como almohada. Despierta en ese momento, parecía tan entusiasmada como su ama con la siguiente atracción.
—Nos acercaremos más. Deja de forzar el cuello. Dentro de unos momentos estarás justo delante —Sasuke señaló lo evidente, aunque no lo sorprendió que Sakura no le prestara atención. No podría haberse sentado quieta ni aunque le fuera la vida.
—Ya lo tenemos al alcance de la mano. Mira lo grande que es —se hallaba agradablemente sorprendida. Todo el mundo le había dicho que el Monte Rushmore era más pequeño que lo que parecía en las fotos y en las películas. Era una desinformación. Resultaba monstruoso. Impresionante. Era historia y naturaleza combinadas de un modo que duraría generaciones.
Sasuke ascendió por la ladera y aparcó. Bajaron del utilitario y vieron que a su alrededor había familias con hijos pequeños que realizaban el mismo ritual. Sakura llevaba a Akamaru acunado contra su suave pecho.
Durante un momento Sasuke envidió al animal, pero de inmediato desterró esos pensamientos lujuriosos. No lo llevaban a ninguna parte salvo a un estado de excitación, lo que resultaba incómodo. Con sus típicos pantalones cortos y camiseta, le pareció una niña que jugara a ser adulta. Salvo que el modo en que trataba a su mascota hacía que pareciera una madre.
Tenía sentido que estuviera dispuesta a casarse sin amor para poder tener hijos. Había nacido madre, para nutrir y consolar. Había nacido para amar. Manaba de ella, con su humor, su encanto y su entusiasmo. Pero una mujer con tanto amor para dar no debería marchitarse en un matrimonio sin amor. Una mujer así debería ser amada con pasión.
Pero él jamás volvería a arriesgarse a amar. Al menos no el tipo de amor que ella merecía. A Mikoto tenía que quererla. No le quedaba otra elección. La protegería como pudiera, pero ese era el límite hasta el que llegaría. Sin embargo, con la Pelirosa tenía alternativa. Cuando acabara ese viaje, podría alejarse de ella tanto emocional como físicamente. Al menos eso esperaba.
—Vamos, al Señor Comandante no le gusta que la hagan esperar —le informó. Se acomodó a Akamaru sobre el hombro y subió por la colina que estaba decorada con cada bandera estatal de la unión, que recibía el nombre de Avenida de las Banderas.
Sasuke la siguió al tiempo que admiraba el conteo de su trasero. Quizá Sakura y él no compartieran un amor verdadero, ni siquiera compartían la historia que ella compartía con Shino, pero disfrutaban de una camaradería fácil que semejaba el trato de las parejas que se apiñaban a su alrededor. Era un vínculo formado en un período de tiempo breve, y si lo examinara para comprobar su fortaleza y longevidad, le costaría afirmar que duraría. Pero existía.
Sakura no pudo evitar compararse con las otras mujeres casadas que había a su alrededor. Las veía con los hijos y maridos, riendo, discutiendo. Familias. Eso era lo que quería. No quería a Shino. Dios sabía que no lo quería. No obstante, anhelaba esa sensación de formar parte de algo. Quería experimentar la plenitud y el logro que surgían cuando dos personas creaban un entorno de amor para sus hijos.
Quizá echara de menos a su propia familia. Algo que no necesariamente creía, pero estaba dispuesta a aceptarlo como excusa legítima de su reciente introspección. O tal vez la verdad era que empezaba a enamorarse del hombre equivocado. Al menos, él no estaba enamorándose de ella. Quizá la deseara, pero no era amor. Eso debería ayudarla a contener con firmeza a su corazón.
Pero hacía tiempo había descubierto que los sentimientos no podían controlarse. Si no, estaría locamente enamorada de Shino. Sin embargo, tirar un futuro por las emociones no era lógico. Debía tomar en consideración toda su vida. Y sin importar lo poderosa que fuera la atracción entre Sasuke y ella, ni lo mucho que creyera que se enamoraba de él, estaba decidida a frenar a su propio corazón. Sus hijos contaban con ella.
—Hemos llegado —Sasuke se situó junto a ella.
Se hallaban ante una barandilla que daba a los grandes monumentos. Había telescopios de pago, pero resultaban innecesarios. El Monte Rushmore era impresionante al ojo desnudo. Sakura se adelantó levemente y él le rodeó la espalda con un brazo protector.
El leve contacto a la altura de la zona lumbar le produjo a Sakura un hormigueo hasta los dedos de los pies.
Acalló la sensación. "No", intentó decirle a sus hormonas desbocadas. Pero la carne era débil y no aceptaba una negativa. La sangre comenzó a zumbarle por las venas y sintió que le palpitaba la piel. ¿No acababa de decidir que no sentiría nada por Sasuke? ¡Por supuesto! Aunque daba la impresión de que su cuerpo no le hacía caso.
—Impresionante.
Sakura no fue capaz de contener una sonrisa. Era extraño decir que empezaba a conocerlo, pero era la verdad. Sea lo que fuere lo que él sintiera, sabía que intentaría mostrarle el mínimo de emociones. Quizá esa fachada austera se debía a que dirigía su propia empresa, aunque no lo creía. Simplemente, era su manera de ser. Como si tratara de frenarse de sentir demasiado. Tal vez pareciera presuntuosa, pero estaba segura de que empezaba a entenderlo.
— ¿Impresionante? —Repitió, medio en serio, medio en broma—. ¿Es lo único que puedes decir? ¿Nos encontramos ante las tallas en roca más sorprendentes jamás creadas y lo único que se te ocurre decir es "impresionante"? es magnífico. Sobresaliente. ¡Edificante!
Sasuke movió los labios.
—Dije impresionante, y era lo que quería decir.
—Mira al señor Roosevelt, Akamaru —Sakura sonrió feliz—. ¿No es maravilloso? ¿Te hablé alguna vez de su primer matrimonio, que solo duró un año? Fue trágico. La pobre murió al dar a luz, pero era el destino, ya que luego se casó con Edith, su verdadera alma gemela.
Los tres se encontraban apenas separados por centímetros mientras disfrutaban del gran espectáculo que tenían delante. Juntos observaron fascinados cómo el color de la piedra de la ladera de la montaña cambiaba a diversas tonalidades de naranja a medida que el sol seguía su camino descendente. El aire, más fresco a esa altitud, se tornó frío y Sakura se vio obligada a acercarse más a Sasuke.
Tal vez "obligada" había sido una mala elección de palabra. Nadie le plantó una pistola en la cabeza. Pero allí donde la mano de él le tocaba la espalda, se sentía abrigada. Sin ese contacto, experimentaba un frío inexplicable.
— ¿Tienes frío? —preguntó él, disfrutando del silencio ameno.
"Más de lo que imaginas", quiso responder ella, pero solo asintió con gesto vigoroso.
Al ver la necesidad que tenía de calor, Sasuke se apartó de la barandilla y la acercó a él para poder cobijarla. Su pecho le abarcó la espalda, sus brazos la encerraron contra la barandilla y sus muslos le rozaron el trasero. A Sakura le encantó esa prisión.
Una vez más la conciencia de ella entró en juego. Se suponía que no debía permitir que pasara eso. Con un suspiro de pesar, le dijo:
—No podemos repetir esto. Los dos sabemos adónde conducirá. Estuvo mal la primera vez. No te culpo, pero ya no tengo la fuerza de voluntad para frenarte. Eso significa que dejaré en tus manos el que te detengas por los dos.
Era una bomba que había depositado en su regazo. El pensamiento inmediato de Sasuke fue que la espera había llegado a su fin. Aquella mañana se había echado atrás porque quería que la primera vez fuera especial. No en público y desde luego no en el suelo. Pero en ese momento no había nada que le impidiera llevarla a la habitación de un motel y amarla toda la noche de todas las maneras que deseaba amarla.
Confiaba en él para que hiciera lo que era correcto para ambos. Supuso que lo correcto sería no empujarla hacia algo que pudiera lamentar. Pero no podía dejarla ir. Su cuerpo deseaba el de ella como si fuera el mismo aire que respiraba. Anhelaba tocarla y besarla de un modo que nunca antes había conocido. Si alguna vez se había considerado más allá de esos sentimientos, en ese momento había descubierto que no era así.
—No me hagas parar, Pelirosa. Te necesito demasiado —dejó que las acciones hablaran por él y cerró los labios sobre el lóbulo de la oreja de Sakura. Mordisqueó la piel rosada mientras la lengua danzaba sobre la superficie. La sintió temblar de placer.
—No quiero que pares, pero, por favor… —era una súplica, aunque desconocía qué suplicaba. Lo único que sabía era que en ese momento Sasuke le ofrecía el mundo. La sangre hirvió en sus venas. Le daba vida a partes de su cuerpo que hasta entonces no había sabido que existían—. Ohhh —salió de su alma y significó "Sasuke".
El gemido lo frenó. Fue abierto y completamente honesto, lo que hizo que la deseara mucho más. Pero el hecho de que el perro llorara patéticamente en el abrazo demasiado fuerte de su madre no ayudó en nada a mejorar la atmósfera.
De pronto Sakura despertó del trance sexual en que la había sumido el beso de Sasuke.
—Lo siento, Sir Akamaru. ¿Ya estás listo para irte?
—Guau —fue la respuesta del perro.
Él retrocedió y la dejó escapar. Sakura le lanzó una mirada de agradecimiento y las entrañas de Sasuke se retorcieron por la culpabilidad. El único motivo por el que se había mostrado tan indulgente era porque sabía que volverían al motel. No podía dejar que terminara en ese momento, no en esa sensación. Había logrado convencerse de que hacer el amor con Sakura Haruno era lo correcto y pensaba hacerlo.
Sakura bajó por el sendero que conducía devuelta al aparcamiento. Había pensado que tal vez si corría a suficiente velocidad pudiera huir de la atracción, pero no había dónde refugiarse.
Sasuke regresó al coche mientras ella se ponía el cinturón de seguridad en el asiento del pasajero.
— ¡No me acostaré contigo! —exclamó con énfasis y lo bastante alto como para que oyeran los cuatro presidentes de piedra. Hubiera sido más sensato que le pidiera a la marea que dejara de ir hacia la playa.
Sasuke se situó ante el volante y arrancó. Lo mejor era escapar pronto antes de que llamara a la policía y lo acusara de violación. A ella no le dijo nada.
— ¿Me has oído? —claro que la había oído. Volvió a intentarlo—. He dicho que no iba a acostarme contigo y hablaba en serio —nada—. Hablo en serio. No diré que no se me ha pasado por la cabeza. Tampoco que no he sentido algo mientras me besabas el cuello… o la oreja… o los labios, pero eso no significa que quiera acostarme contigo. Pero no disfrutaría. De acuerdo, tal vez sí, pero después me odiaría. Tú eres todo lo que no quiero para mi futuro.
El estoicismo de Sasuke comenzó a ponerla de los nervios.
—No me crees. Piensas que cederé. Con esa mente distorsionada y arrogante que tienes, piensas que puedes besarme en la mejilla y caeré rendida a tus pies, que me harás suplicar que me hagas el amor. Eso es lo que piensas, ¿verdad?
No tenía sentido responder a sus preguntas cuando ambos sabían la respuesta.
Unos momentos más tarde se detuvieron en un pequeño motel de camino a Rapid City. Sasuke fue a solicitar una habitación. En esa ocasión dos si era posible, aunque lo considero una ficción innecesaria. Regresó sin palabras para ella. Solo con una llave. Llevaron al coche a la parte de atrás y aparcaron delante de la habitación 110.
Después de descargar el coche y estirarse un poco en el espacio de la pequeña habitación, Sakura comenzó a preguntarse si Sasuke volvería a hablarle alguna vez. Akamaru se había refugiado debajo de una cama, casi como si esperara problemas. Y Sasuke se hallaba en el cuarto de baño, al parecer preparándose para meterse en la cama. Salió enfundado solo con los calzoncillos, lo que bastó para pararle el corazón a Sakura.
Su torso era una obra de arte que hasta el mismo Miguel Ángel habría envidiado. Un vello suave de color negro casi transparente se extendía por la parte superior del pecho para ahusarse en la línea recta hasta el ombligo. Tenía los músculos pronunciados y Sakura se preguntó si había hombres tan bien dotados in cirugía estética.
Sintió como si se hubiera tragado la lengua. Tragar saliva se convirtió en una tarea ardua.
Sin mirarla, Sasuke pasó a su lado y apartó el edredón. Se tumbó en la cama, se tapó y le dio la espalda, como si fuera invisible.
—No, bajo ningún concepto me acortaré contigo, así que no nos humilles a los dos preguntándolo.
Orgullosa de sí misma por dejarlo bien claro, fue al cuarto de baño para prepararse. Al salir vestida con su camisón de figuras de Snoopy, la habitación se hallaba a oscuras. Pensó en irse a dormir, pero se mostró reacia a la idea de meterse a la cama sola. Se quedó plantada en el cetro del cuarto y las lágrimas le humedecieron los ojos.
— ¿Pelirosa?
La voz suave la llamó en la oscuridad, e inconscientemente se dirigió hacia ella.
—No sé que hacer —musitó entre sollozos.
—Vamos a la cama —Sasuke alzó el edredón y extendió la mano hacia ella.
Llegado el momento, la elección de Sakura resultó ridículamente fácil.
CONTINUARA…
ESPERO QE LO HAYAN DISFRUTADO, MUCHOS SALUDOS
BYE
