Hola!
Se que me tarde mucho, pero esuqe ahora no he tendio tiempo de hacer nada, apenas y tengo tiempo de escribir un pedacito y pedacito del capitulo, prometi que traeria doble capitulo, pero no tngo tiempo, lo siento chicas:C pro saben qe las amo3 y por eso las dejo con el consuelo de
1- SASUSAKU10%
L E M O N!
Cap. 7
No amaba a Shino, pero sí amaba a Sasuke. Absurdo. Ridículo. Ninguna persona cuerda y racional se enamoraba en el transcurso de unos días. Pero como no siempre era cuerda y racional, las reglas no se aplicaban a ella. Amaba a Sasuke. Pero él no la amaba. Él no pensaba en el futuro de los dos. Solo vivía el momento. Sakura aceptó y decidió unirse a Sasuke en la cama.
Tomó su mano extendida como si fuera un cabo salvavidas y dejó que la acercara hasta quedar junto a él en la cama. La envolvió con sus brazos y el calor le recorrió el cuerpo. La necesidad la encendió.
"Ve despacio", se ordenó Sasuke con severidad. "Esto es importante". En cuanto tuvo ese pensamiento, trató de desterrarlo. Eso era sexo. Una tensión sexual que alcanzarían su cima y luego estallaría. Nada más.
"No la mires a los ojos, entonces. Si lo haces, verás la verdad".
Una vez más desterró ese enojoso pensamiento. Sin duda Sakura sabía lo que significaba esa noche. Eran dos adultos que consentían tenerse.
Solo se permitió sentir. Sintió los temblores de sus músculos, los aleteos en su estómago, el calor en su sexo. Se sentía como una adolescente virgen con su primera chica. Quería satisfacerla. Quería que Sakura lo recordara. Pero lo que debía hacer primero era sacarle las lágrimas de los ojos.
—Por favor, no llores —le susurró mientras se los besaba y absorbía las lágrimas con los labios.
—Es que estoy tan… entusiasmada —explicó ella.
A Sasuke le gustó saber que era algo que deseaba tanto como él. No habría marcha atrás. No sabía muy bien hacia dónde iban, pero sabía que irían juntos.
—Quítate el camisón —ordenó. Necesitaba sentir ese cuerpo suave contra el suyo.
—Es Snoopy —comentó Sakura mientras se lo quitaba por encima de la cabeza con la ayuda de él.
Sasuke no respondió. Podía percibir su nerviosismo, pero se hallaba demasiado concentrado en lo que iba a suceder como para poder mitigar su ansiedad. Su cuello tenía un vello suave de pelo rosado cuando la beso detrás de la oreja. La piel blanca lo hizo pensar en leche dulce, y al posar los labios sobre el nacimiento de un pecho, supo que era eso exactamente lo que probaba.
Un escalofrío sacudió su cuerpo, obligándolo a ponerse de rodillas y a apartarse de ella para poder respirar bien.
— ¿Qué sucede? —preguntó Sakura confusa. No había motivo para parar en ese momento; se había entregado a él sin importar las consecuencias. Alzó la mano para colocarla en el centro de su torso y dejar que los dedos se cerraran sobre el suave vello que encontró allí. Sasuke se puso tenso. Más atrevida, incorporó la otra mano al juego.
Nunca antes Sasuke se había visto tan abrumado por la emoción. Lujuria, sí; emoción, jamás. Como no estableciera cierta distancia, no dispondría de ningún control sobre el acto sexual.
Entonces las manos de Sakura comenzaron a bajar por su pecho hasta quedar apoyadas contra el estómago liso. Sintió que los músculos se le contraían y ella suspiró en respuesta. Sasuke vio incertidumbre en los ojos de ella, pero no podía detenerla, ya que se encontraba atrapado en el hechizo de la excitación. Su único recurso fue dejar escapar un gemido para transmitirle lo complacido que se sentía de que deseara tocarlo del modo en que necesitaba ser tocado.
Animada por el evidente placer que experimentaba él, bajó la barrera de los calzoncillos de algodón por sus caderas y muslos. Contuvo el aliento al verlo excitado. No era que nunca hubiera visto a un hombre. Se había criado con cinco hermanos y conocía la anatomía básica. Pero nunca había visto a uno de esa manera… por ella.
Sasuke se quitó los bóxers por completo y le permitió observarlo a su antojo, como si percibiera que era algo nuevo para ella.
Era hermoso de un modo que con anterioridad Sakura nunca había entendido acerca de los hombres. Con indecisión, volvió a tocarlo, en esa ocasión piel sobre piel. Sintió el temblor de Sasuke ante el leve contacto y vio que el rostro se le tensaba. Esa tensión, esa intensa expresión de placer, la animó. No solo disfrutaba con su contacto. Lo anhelaba.
Incapaz de seguir apartándola, Sasuke cayó sobre ella y le tomó los labios. Introdujo la lengua en su boca, deseando penetrarla y esperar al mismo tiempo. Las manos subieron por su cuerpo y le capturaron los pechos… los pezones se irguieron para recibir el contacto. Tiró con suavidad y sintió que Sakura arqueaba la espalda para unir los cuerpos excitados.
Con la boca exploró por todas partes. Le succionó los senos. Hundió su lengua en su ombligo, lo que le provocó una exclamación llena de sensaciones. Descendió más y colocó besos húmedos sobre su suave montículo, hasta que ella suplicó liberación. Pero no pensaba ofrecérsela. Tenía que conocerla, en su totalidad. Él mismo se sentía consumido por la necesidad que lo embargaba. El cuerpo quiso estallarle en cuanto ella le tocó el sexo, y en ese momento había alcanzado un nivel de sensación que no podía nombrar. Y no era el final.
Le dio la vuelta hasta ponerla boca abajo y reanudó el recorrido. La parta de atrás de sus rodillas eran suaves y tentadoras. Le pasó la punta de la lengua por la zona lumbar, haciendo que ella alzara el cuerpo lo suficiente de la cama como para acariciarle los pechos mientras la lengua proseguía por su columna.
No se detuvo. No podría hacerlo hasta que no la oyera sollozar. Con suavidad volvió a ponerla boca arriba y depositó un peso sobre ella, con los muslos entre los de Sakura. La piel suave de la zona interior de las piernas al acariciarle las suyas provocaba una dulce fricción.
—Cariño, no llores. ¿Te he hecho daño?
—No puedo soportarlo —gritó Sakura. Le rodeó el cuello con los brazos y se aferró a él con fuerza.
También el cuerpo de Sasuke clamaba por obtener liberación. Metió la mano debajo de la almohada para sacar el preservativo que había colocado allí nada más acostarse, rompió el envoltorio y cubrió su furibunda erección. Adelanto las caderas, Sakura abrió las piernas e instintivamente rodeó la cintura con ellas.
—Por favor, Sasuke, por favor —lanzó las caderas contra la erección, en una petición silenciosa de lo que desesperadamente necesitaba su cuerpo.
—Pelirosa —comenzó él, con el cuerpo inflamado hasta el punto en que no fue capaz de contenerse de embestirla. Con las manos bajo las nalgas, la alzó hacia él y la penetró hasta lo más hondo… hasta que la oyó gritar.
Una virgen. Una virgen de treinta años.
—Ya está bien —le informó—. No me duele. Por favor, no pares.
No habría podido hacerlo aunque le hubiera suplicado. La sentía compactada e increíblemente ardiente y mojada en su alrededor. Cuanto más la penetraba, más agradable era. Se tomó una eternidad para dejar que se acostumbrara a su tamaño. La comodidad de ella era su placer. Con suavidad y lentitud, salió de Sakura hasta que no pudo soportarlo, luego regresó al calor que lo llamaba. Era una sensación que no se parecía en nada a lo que había experimentado hasta ese momento.
No fue hasta que ella alzó las caderas con gesto urgente cuando se dio cuenta de que se hallaba lista. Las embestidas se tornaron presurosas, lo mismo que los gritos de Sakura. Al sentir que se contraía a su alrededor, supo que había encontrado el placer que había querido ofrecerle. Una buena señal de ella también fueron los gritos que emitió a voz en cuello.
La embistió una última vez y sintió que vertía su simiente. Y por algún extraño motivo, en un rincón de la mente descubrió que lamentaba la barrera que había entre ellos.
El amanecer llegó con crudeza a través de las rendijas en la persiana que cubría la ventana del motel. Sasuke tardó unos momentos en orientarse, a medida que algunas cosas se hacían obvias. Primero, nunca en la vida se había sentido tan bien. El cuerpo le palpitaba con un placer saciado que hacía que deseara que el tiempo se detuviera. Segundo, Sakura se encontraba acurrucada contra su pecho como si fuera una almohada predilecta. Y tercero, Akamaru estaba encima de él emitiendo profusos ladridos.
—Deja que mamá duerma, pequeño. Te daré de comer en un rato —musitó, aún medio dormido. Al parecer se trataba de un ritual que realizaba a menudo, ya que el perro se marchó contento para acostarse mientras esperaba que despertara su ama—. Se hace tarde —le dijo a Sakura. Tampoco él tenía ganas de empezar el día, pero había llegado el momento de los arrepentimientos de la mañana después. Lamentaba haber tomado la inocencia de ella, y sin duda la Pelirosa lamentaría habérsela entregado.
Con un movimiento brusco, ella levantó la cabeza, sorprendida por la voz masculina que la había despertado. Pero al mirarlo, sus labios esbozaron una sonrisa soñadora. El cuerpo le palpitaba con los dolores virginales, pero habían valido la pena.
—No lo digas —pidió Sasuke de inmediato. En ese momento sin duda parecía feliz, pero solo porque no alcanzaba a comprender la importancia de lo que había hecho. En cualquier momento lo percibiría y comenzarían las acusaciones.
Antes de que ella tuviera oportunidad de decir algo, Sasuke salió disparado de la cama.
Sakura lo observó dirigirse al cuarto de baño. Tenía unos hombros anchos y fuertes. Los glúteos eran firmes, las piernas largas. ¡Qué cuerpo!
¿Decir qué? Después de quedar deslumbrada por la imagen que ofrecía desde atrás, pudo concentrarse en lo que él había solicitado. Nada de "Buenos días" o "Lo de anoche fue perfecto". Ninguna palabra cariñosa, ni amable. Solo "No lo digas". ¿Qué diablos significaba eso?
¿No decir que se hallaba encantada de que su primera vez hubiera sido maravillosa? ¿Qué se había sentido segura, cómoda y excitada al mismo tiempo y que eso era un tributo a Sasuke? Quizá le resultaba extraño que fuera virgen después de tantos años. Desde luego, no era la norma. Pero tanto como el instituto como la universidad, había salido con Shino. Nunca había experimentado el deseo de acostarse con él. Y él nunca había insistido. Y en sus viajes, jamás había existido alguien a quien pudiera decir que amaba lo suficiente como para entregarse a él. Cuanto mayor se hacía, más selectiva se tornaba. Sasuke fue el primero. El primero en conquistar su corazón, su mente y en ese momento su cuerpo.
¿Eso era lo que no quería oír? ¿Consideraba que una vez que le había tomado la virginidad, o más precisamente, que ella le había dado, le exigiría matrimonio? ¡No era tan anticuada! No obstante, hablaba mucho sobre las intenciones de Sasuke. Era evidente que no tenía idea de prolongar su relación. En cuanto frenara la boda de la hermana, regresaría a Seattle. Sakura no iba hacia atrás. Avanzaba hacia adelante. Y lo que era más importante, iba a casa.
Un concepto que Sasuke rechazaba.
"No lo digas"
Lo que había querido dar a entender era: "No digas que me amas porque no va a funcionar". Se envolvió con la sábana y se pudo de pie, incapaz de permanecer un minuto más en la cama que habían compartido. "Oh, Sasuke", pensó. "¿Qué vamos a hacer?"
Mientras avanzaban a las Colinas Negras de Dakota del Sur, Sasuke iba perdido en sus pensamientos. Era virgen. Una virgen de treinta años. Se preguntó cómo era posible algo así en el mundo en el que vivían. Supuso que tendría algo que ver con Shintone y la evidente renuencia de Sakura al querer casarse con él. Esa relación carecía de sentido. Nadie esperaba durante siete años que una novia volviera a casa, y ninguna novia enamorada de su novio se marchaba siete años. Lo que significaba que Sakura no amaba a su futuro marido, y que, de un modo extraño, explicaba por qué era virgen. Demasiado pundonorosa para entregarse a cualquiera que no fuera su novio, pero no los suficientemente enamorada de este como para entregarse a él. Irónico. Sakura.
Y ahí entraba Sasuke. Al parecer, no tuvo problema para entregarse a él. Lo que significaba que lo más probable era, o al menos eso creía ella, que estaba enamorada de él. Ridículo, por supuesto. Se conocían desde hacía menos de una semana. Sencillamente, Sakura había confundido el deseo con el amor. Quizá no siquiera eso. Tal vez sabía que era deseo, pero prefería llamarlo amor para apaciguar su conciencia culpable.
Observó su perfil. Cada vez que la miraba, una parte de él anhelaba que el hechizo de desvaneciera, no estar tan cautivado por la luz de sus ojos o el fuego de su cabello. La estudió en un intento por encontrarle algún defecto. Pero la encontró arrebatadora. Igual que la noche anterior.
¡La noche anterior!
Pasaría el resto de su vida tratando de repetir la misma experiencia. Y dudaba de que alguna vez pudiera aproximarse. Lo sucedido la noche anterior no había sido lujuria y desde luego tampoco mentiras. La Pelirosa había hecho el amor con él porque lo amaba. De eso estaba seguro. Hasta ahí estaba dispuesto a admitir. Lo que desconocía era qué había estado haciendo él la noche anterior. ¿La amaba? No sabría decirlo. Sentía lago. ¿Se hallaba dispuesto a trasladarse de la Costa Este para criar a dos hijos con Sakura?
Bajo ningún concepto.
Probablemente, no.
Tal vez.
Sintió un nudo en el pecho. Era precisamente el motivo por el que había evitado el amor. Este significaba compromiso y responsabilidad. Depender de otra persona para ser feliz. El riesgo consistía en que algún día podría despertar para descubrir que Sakura no estaba, y que su felicidad se habría marchado con ella. Podía suceder con la celeridad con que un avión sufría un accidente. Por esa causa había mantenido el círculo de personas a las que quería limitado a una. ¿Se atrevería a ampliarlo?
Un grito agudo llenó el coche. Al instante, Sasuke se cubrió las orejas para protegerse los tímpanos sensibles. Akamaru se metió bajo el asiento, aterrada por el sonido que su madre acababa de emitir. Sakura, ajena a la incomodidad de sus acompañantes, siguió gritando.
— ¿Qué diablos estás haciendo?
—No pude soportarlo más —explicó ella.
— ¿Qué no pudiste soportar?
—Que… estuvieras sentado ahí… pensando. No soy tonta, Sasuke. Sé lo que pasa por ese cráneo increíblemente denso que tienes. Estás pensando en la noche anterior. Piensas en por qué era virgen y, lo que es más importante, en por qué te entregué mi virginidad a ti. Si quieres las respuestas a esas preguntas, ¿Por qué nos las formulas?
"Porque me dan miedo. Porque no me encuentro preparado para oírlas". Una sonrisa iluminó el rostro de Sasuke. ¿Qué le preocupaba? Ella no iba a contarle la verdad. Nadie iba por ahí hablando de sus verdaderas emociones. Era demasiado arriesgado. No, en la época en la que vivían, la gente mantenía todo embotellado en su interior. Por eso eran corrientes las úlceras.
—De acuerdo. ¿Por qué me entregaste tu virginidad?
—Porque estoy enamorada de ti.
El corazón comenzó a martillearle, los pulmones se le contrajeron y si no se equivocaba, los ojos se le habían puesto en blanco.
Sakura oyó la respiración dificultosa de Sasuke y actuó de inmediato. Alargó la mano, la colocó detrás de la cabeza de él y trató de bajársela entre las piernas. Era un procedimiento común cuando alguien estaba a punto de desmayarse. Por desgracia, el salpicadero se interpuso y lo único que consiguió fue proporcionarle otro chichón en la frente.
— ¡Ayyy!
— ¡Lo siento! Pensé que te ibas a desmayar y trataba de colocarte la cabeza entre las piernas.
—No me iba a desmayar —expuso él con irritación.
—Sí, y tampoco te da miedo volar. Ya lo sé —lo miró y trató de evaluar el daño que le había causado a la cabeza. La tenía roja, pero no creía haberle roto la piel. Por las dudas, alargó el brazo hacia atrás para buscar un pañuelo en el bolso. En cuanto lo tuvo, intentó limpiarle la herida a él, pero Sasuke se lo impidió.
—Mantén la vista en la maldita carretera. Estoy bien —indicó mientras le inmovilizaba la mano. Le quitó el pañuelo de papel y lo tiró a su espalda.
—No hace falta que grites —se quejó Sakura. Después de todo, solo intentaba ayudarlo.
Sasuke necesitó más de un minuto para reordenar sus pensamientos. Cuando lo logró, estaba convencido de que no había oído lo que creía haber oído.
—Sé que no te oí decir lo que creo que has dicho.
—Dije que te…
—No lo digas —interrumpió. No quería oírlo dos veces en un día. El corazón no lo soportaría. Tampoco su cabeza—. No puedo creer que lo dijeras. ¿No sabes que se supone que no debes decirlo? Nadie lo hace. Se supone que has de guardar esos sentimientos en tu interior.
—Conseguiría una úlcera si guardara todo encerrado dentro de mí.
— ¡Exacto! —se comportaba como un idiota, pero no le importaba. Jamás algo lo había sacudido tanto como la declaración de amor de Sakura. Quizá porque nunca nadie se lo había dicho.
—No me dejaste terminar —susurró ella—. Lo que quise decir fue que anoche me acosté contigo porque te amo.
Sasuke deseó interrumpirla. Decirle que confundía la lujuria con una emoción mucho más fuerte que no era posible que sintiera por él. Era demasiado pronto. Demasiado imposible.
Pero Sakura se negó a permitírselo.
—Te amo. Sé que lo más probable es que pienses que es una tontería. Nos conocemos desde hace muy poco. Pero por lo poco que me conoces a mí, creo que sabes que jamás habría hecho el amor contigo si no significara eso para mí. Hacer el amor.
Lo había sabido en cuanto Sakura había ido hacia él. Lo había visto en sus ojos, pero se había negado a reconocerlo entonces, como si la arrogancia pudiera hacerlo desaparecer. Debería haberse marchado. Pero su fuerza de voluntad lo había abandonado. Sakura representaba una tentación demasiado poderosa.
—Sea como fuere, supongo que quería que lo supieras —continuó ella, mientras en el proceso el corazón se le rompía—. Pero ahora debes escuchar. Sé que tú no sientes lo mismo. Eres demasiado pragmático para dejarte llevar por el amor en tan poco tiempo. No pasa nada. Porque la verdad es que aunque me amaras, no funcionaría.
Eso lo aturdió.
—De pequeña solía creer que el amor podía con todo. En las películas románticas que veía o en los libros que leía, el héroe y la heroína siempre triunfaban ante las adversidades, porque sabían que lo único que necesitaban era amarse y estar juntos. Eran historias hermosas. Pero solo eso. Historias. Ahora soy una adulta. Y sé que los cuentos de hadas no siempre se vuelven realidad. Sé que un compromiso requiere de algo más que un exceso de emoción. Te amo, Sasuke, y no me avergüenza reconocerlo. Pero quiero algunas cosas en mi vida. Quiero criar hijos cerca de sus primos. En el verano quiero ir a excursiones familiares y pasar la Nochebuena alrededor de un árbol enorme bebiendo ponche con todas las personas a las que quiero.
—Si pudiera… —comenzó él, pero las palabras murieron en sus labios. ¿Qué iba a decir? Todo lo que ella acababa de describir era todo lo que él había dedicado la vida a evitar.
—Pero no puedes. Así que acepta lo que tengo que ofrecerte. Deja que llore cuando te marches, pero no me hagas suprimir mi amor o mantenerlo oculto porque te pone incómodo.
Su rostro era un cuadro de sinceridad. No se trataba de un ardid para impulsarlo a reconocer cosas que no quería admitir. Se trataba de una Sakura seria.
De pronto, a la defensiva, Sasuke sintió que la ira brotaba de su interior. No podía evitar sentirse como un miserable por decepcionarla, por no ser lo que ella quería que fuera. ¡Pero él jamás había pedido eso!
—Lo único que quería era llegar a Filadelfia para impedir que mi hermana se casara con el hombre equivocado. ¡No quiero tu amor! Tu cuerpo, sí, por supuesto, deseo tu cuerpo, ¡pero eso es todo!
Sakura se ruborizó por la declaración furiosa pero halagüeña. Nadie jamás había deseado su cuerpo del modo en que lo deseaba ese hombre. Era un consuelo pequeño para un corazón roto, pero olvidó un poco el frío que lo dominaba.
— ¡Todo es por culpa de mi hermana! —Musitó Sasuke—. Voy a matarla cuando llega a casa.
Sakura decidió cambiar el tema.
—Hablando de tu hermana, no llegamos a determinar cómo íbamos a impedir este matrimonio. ¿Te vas a presentar en el registro y gritar que no consentirás esa boda?
—Cuando lo pones de esa manera, suena un poco tonto —concedió Sasuke.
Tras una breve parada, conductora y pasajero cambiaron de asientos.
CONTINUARA…
ESPERO QE LO HAYAN DISFRUTADO, MUCHOS SALUDOS
BYE
