Hola a todos, se que me tarde, pero ya de una vez, subiré todos los capítulos

Cap.8

¡No me quiero enamorar!

—Si no puedo sobornarlo, ¿Qué te parece si le doy una buena paliza? —atravesaban las colinas verdes del condado de Lancaster, Pennsylvania, a pocas horas de llegar a su destino, y de pronto a Sasuke se le ocurrió que aún no habían encontrado un plan legítimo para separar a Hidan de Mikoto.

—No puedes. Mikoto se apiadaría de él si cree que lo maltratas.

— ¿Y si de forma lógica y serena le expongo a mi hermana que Hidan solo busca su dinero y que casarse con él sería el mayor error de su vida? —preguntó Sasuke.

Una vez más, Sakura desempeñó el papel de abogada del diablo.

— ¿Funcionó la última vez?

No hacía falta ninguna respuesta.

—De acuerdo, señorita Tengo-todas-las-respuestas, ¿tú qué sugieres?

Sin temer exponer sus opiniones sobre el tema, Sakura manifestó la única solución posible:

—Necesitamos pruebas.

— ¿Pruebas de qué?

—De que Hidan es un estafador y que la quiere desvalijar. Ya hemos acordado que la mala suerte que hemos sufrido en este viaje no podía ser una coincidencia. Alguien nos sigue. Te apuesto lo que quieras a que Hidan está detrás de ello. Técnicamente, se supone que la boda va a celebrarse pasado mañana, ¿cierto?

—Sí, pero no olvides que le pedí que la postergara.

— ¿Y qué te lleva a creer que lo hará? Quizá ese fue su plan en todo momento, frenarte para que no llegaras hasta Mikoto a tiempo para detener la boda —con los dedos comenzó a contar todos los accidentes sufridos, para que Sasuke pudiera ver que el número había crecido—. Uno, la cartera robada. Dos, las llantas pinchadas. Tres, el misterioso sedán de color beige.

— ¿Qué has dicho?

Sakura suspiró. Ni siquiera escuchaba y era su hermana quien estaba metida en problemas.

—El misterioso sedán de color beige.

— ¿Tú también lo viste ayer?

—Sí, pero no vi a nadie dentro. Pensé que había un hombre en Jackson Hole con una hora de béisbol y aspecto sospechoso, pero no lo vi en el aparcamiento.

—Pero el coche… ¡el coche! Claro. Era el mismo que había ante mi casa al marcharme a Washington.

— ¿Crees que nos ha estado siguiendo todo el tiempo?

— ¿Crees que Hidan llegaría tan lejos como para contratar a alguien que me frenara de llegar a la boda? —Replicó Sasuke, como si la respuesta a una pregunta fuera la respuesta para las dos—. Vas a tener que venir conmigo hasta Filadelfia —decidió de pronto—. Voy a necesitar tu respaldo cuando se lo cuente a Mikoto.

—Si no queda otra alternativa se encogió de hombros y trató de ocultar el placer que representaba para ella saber que le viaje todavía no había terminado.

Eran las once pasadas cuando llegaron a la elegante residencia de Sasuke en Filadelfia. Sakura había dedicado los últimos veinte minutos a mirar boquiabierta por la ventanilla el tamaño y el lujo de las casas ante las que pasaban. Creía proceder de una casa grande, pero su hogar no tenía comparación con esas mansiones.

Hasta Akamaru estaba impresionado, y eso que era una Comandante.

Al subir por la entrada de vehículos, Sasuke vio que la puerta del garaje estaba abierta y que faltaba el BMW de Mikoto. ¿Dónde podía estar su hermana a tan altas horas de la noche? ¿Y dónde se hallaba Hidan? Supuso que con ella. No había problema. Sakura y él podrían esperar en la casa.

—Ven —dijo, aparcando en la entrada circular.

La llevó adentro y con un movimiento de la muñeca pareció iluminare toda la planta baja.

— ¡Guau!

—Lo sé —susurró Sakura casi con todo reverencial—. Ve a explorar. Pero recuerda que eres un invitado —dejó que Akamaru vagara a sus anchas mientras ella trataba de absorber lo que veía.

Gruesas alfombras orientales cubrían los suelos de parqué. Había cuadros con pequeñas lámparas incorporadas en los marcos que Sakura había creído que solo existían en los museos. Unas antigüedades decoraban la repisa encima de la chimenea y las diversas mesillas diseminadas por el salón. Al menos eso es lo que creía que era. Se trataba de una enorme estancia cuadrada situada a la izquierda del recibidor.

— ¿Te gusta la casa, Pelirosa? —no supo por qué, pero estaba ansioso por obtener su aprobación. Hacía tanto tiempo que no veía la casa desde otros ojos. Ver cómo la disfrutaba hacía que apreciara lo que tenía. Pero buscaba algo más que un renovado amor por la residencia familiar. Quería que a Sakura le gustara porque…

"No termines ese pensamiento. Comienza y termina con y vivieron felices para siempre".

—Me encanta. ¿A quién no? No me extraña que Hidan vaya tras Mikoto. Estáis forrados.

—Supongo que sí. Teníamos unos padres y un hermano que nos querían. Nos teníamos el uno al otro, aun cuando mi hermana pone a prueba mi paciencia. Éramos ricos en todos los sentidos que importan. Esta casa no es más que un adorno. No es más que una casa, Pelirosa. Más grande que algunas, más pequeña que otras. Mi hogar —y llevaba fuera de él demasiado tiempo. Extrañamente, estar en el recibidor en compañía de Sakura no le provocaba las sensaciones que por lo general sentía al regresar. La sensación de pérdida que por lo normal invocaba la casa seguía presente, pero menos asfixiante, menos opresiva. En su lugar había una sensación de idoneidad. Se parapetó contra esa emoción. Sabía que el dolor no tardaría en retornar—. Supongo que Mikoto ha salido con Hidan. Lo mejor es que nos instalemos para pasar la noche.

Sakura movió las cejas con gesto insinuante y se acercó a él con lo que esperaba que fuera a un dar sexy.

— ¿Una noche de qué exactamente?

—Oh, seguro que ahora me deseas —bromeó, aun que ya empezaba sentir que la sangre le hervía.

—Bueno, dijiste que nos quedaban pocas oportunidades. Y disponemos de esta casa enorme para nosotros. Parece una pena desperdiciarla.

—Supongo que tienes razón —quiso transmitir una indiferencia que no sentía.

Sakura esperó hasta que trató de acercarla a él antes de alejarse de su alcance.

—O podríamos sentarnos en ese sofá a esperar Mikoto.

—Podrían tardar horas en venir —apuntó Sasuke, dirigiéndose hacia ella mientras Sakura retrocedía con sonrisa provocativa.

—Horas, ¿eh? Deja que piense… ¿Qué más podríamos hacer durante horas?

—Siempre está la biblioteca.

—Sí, es verdad. O… —rio al correr hacia él y darle un beso pleno en la boca.

Sasuke río. Luego, con un movimiento fluido, la alzó en vilo y subió con ella por la amplia escalera hasta llegar al dormitorio. Era una de las suites principales, mantenida para él tal como la había dejado. Una cama de madera de cerezo estaba decorada con un edredón de color verde bosque y unas almohadas grandes con fundas de una tonalidad más clara de verde. Delante de la cama había una versión en pequeño del salón de abajo, con un sofá de piel que daba a un televisor de pantalla ancha.

Le había contado que en una ocasión la habitación había servido con una fortaleza de soledad.

Sakura la inspeccionó. Vio trofeos que él había ganado en acontecimientos deportivos. Premiso académicos enmarcados, sin duda por su madre antes de que hubiera fallecido. No era la habitación de un hombre, pero Sakura podía ver restos de su juventud. La emocionó. Alguna vez había sido niño. Probablemente vulnerable, quizá arrogante, aislado, pequeño.

La depositó en la cama y luego retrocedió. Era la primera vez que llevaba a una mujer a su cama, a su habitación. Debería haberlo alarmado permitirle la entrada con tanta facilidad, pero no fue así.

—Desvístete para mí —le pidió.

Ella se sentó y con dedos trémulos hizo lo que le pedía. Comenzó a quitarse la camiseta azul por encima de la cabeza. Pero cuando tenía los brazos atrapados entre el algodón, Sasuke aprovechó la oportunidad para volver a tumbarla con delicadeza sobre la cama. Con los brazos confinados de esa manera, era impotente para frenar su contacto.

No era que hubiese querido hacerlo.

Él fijó los labios sobre un pecho y la besó a través del encaje del sujetador. Con los dientes le dejó los pezones endurecidos, que con el roce de la tela le provocó un dolor único y delicioso.

Con los brazos aún inmovilizados, Sasuke comprendió que si quería llegar a verla desnuda, iba a tener que desvestirla él mismo. Con los labios bajó por los pechos hasta el estómago, y de allí hasta el borde de los vaqueros. Soltó cada botón y bajó los pantalones por las piernas hasta que cayeron al suelo.

—Mmm —murmuró Sasuke, incapaz de contener el sonido que escapó de sus labios mientras le quitaba las braguitas y también las tiraba al suelo—. Eres increíble.

Se pudo de rodillas ante ella, como si fuera una diosa merecedora de adoración, adelantó la cabeza y posó la boca justo debajo del ombligo, donde la piel era suave y compacta. El suspiro que escapó de la boca de Sakura cuando bajó unos centímetros a oídos de Sasuke sonó más como un grito.

Una de las cosas que más le gustaban de Sakura era su exuberancia. Cuando la llevaba hasta la cumbre, podía sentir el gozo que sentía ella por la vida. Compartía ese gozo. Y también se convertía en parte de él.

—Oh, Sasuke. Por favor.

No era necesario que se lo pidiera. Sasuke necesitaba estar dentro de ella tanto como Sakura anhelaba tenerlo en su interior. Se puso de pie y se inclinó para darle un beso en los labios.

—Libérame los brazos —suspiró cuando él se separó—. Quiero abrazarte.

Le quitó la camiseta, luego le soltó el sujetador y tiró ambas cosas al suelo. De inmediato los brazos le rodearon el cuello. Lo acercaron para que Sakura pudiera pegar el cuerpo al suyo. Cuando Sasuke vio el estorbo que representaba sur ropa, prácticamente se la arrancó.

Desnudo, y tan arrebatador como ella lo recordaba, regresó a su lado.

— ¿Tienes algún… ya sabes, que quedara de la última vez? —preguntó Sakura casi sin aliento.

—Compré un paquete —sacó un preservativo de la cartera y se lo puso con rapidez. Se llevó un dedo a la cabeza y sonrió—. Siempre me adelanto a los acontecimientos, Pelirosa. Es hora de que sepas eso sobre mí.

Quería saberlo todo sobre él, pero no lo manifestó en voz alta. Una declaración de amor ene se momento solo serviría para ahuyentarlo.

Con las piernas le separó los muslos y se situó entre ellos. Sakura tiró de él hasta tenerlo encima y disfrutar de la libertad de frotar los pechos contra el torso duro.

Volvió a rodearle el cuello con los brazos y, con una fuerza que desconocía que poseía, fue capaz de incorporarse y girar. El súbito cambio de movimiento desequilibró a Sasuke. Antes de darse cuenta de lo que había sucedido, estaba de espaldas y Sakura se subía encima de él. Tenía el aspecto de una tigresa al acecho. Una tigresa encendida.

Sasuke se hallaba en el Cielo.

Animada a ver que él aprobaba su atrevimiento, se puso de cuclillas y contra su suave trasero sintió una erección dura, ardiente y palpitante. Se movió adelante y atrás hasta que Sasuke gimió sumido en una deliciosa agonía.

— ¿Quieres más? —musitó Sakura.

—Síííí —siseó él.

Entonces subió un brazo para bajarla y poder darle unos besos profundos y penetrantes. No bastaron. Necesitaba más. Tenía un sabor de una dulzura embriagadora. Sakura era su afrodisíaco particular. Cuando más la probaba, más pronunciado se volvía su deseo.

Pero había llegado el momento de la crisis. Le había permitido creer a Sakura que tenía el control, pero en ese momento su necesidad pudo con su contención. Con manos fuertes agarró las caderas de ella y la situó encima con intención bien clara.

—Ayúdame —le dijo.

Sakura obedeció de buen grado. Bajó la mano y acarició el sexo de Sasuke. Le encantaba la sensación palpitante bajo sus dedos. La vida jamás resultaba tan evidente como en el sexo de un hombre.

—No, dentro. Necesito estar dentro de ti —en otra ocasión dejaría que Sakura explorara y jugara. En ese instante se encontraba demasiado excitado.

Como también ella experimentaba la necesidad de estar unidos, aceptó. Mientras le penetraba el cuerpo, también le penetraba el alma. Su unión era mágica. Dominada por la emoción y la excitación, apenas podía mantener erguida.

Por suerte, Sasuke mantenía la suficiente presencia mentar como para completar la tarea que los ocupaba. Con las manos fuertes en sus caderas, la alzaba arriba y abajo, entrando cada vez más, bajándola cada vez con más fuerza, hasta que no hubo espacio entre sus cuerpos.

Juntos implosionaron. Sakura sintió que empezaba en lo más hondo de su estómago y durante un instante pensó que todo su cuerpo se colapsaría sobre sí mismo. Sasuke sintió que los músculos de ella se contraían en torno a él y también se vio atrapado en un remolino de placer que lo dejó sin aire y al mismo tiempo rejuvenecido.

También ella tuvo que luchar por recuperar el aliento. Sabía que era una novata en ese campo en particular, pero el poder de su unión casi parecía increíble. Algo tan poderoso no podía nacer de dos personas que solo se gustaban y se deseaban. Tenía que proceder de dos seres que se amaban. Y ella sabía que amaba a Sasuke. Por lo tanto, eso debía significar…

—Creo que hay algo que debería saber, Sasuke.

— ¿Qué? —preguntó, luchado aún por recobrar el aire y los sentidos. Sakura no había separado su cuerpo y en ese momento estaba tumbada encima, con la cara apoyada en una mano mientras lo miraba.

—Creo que estás enamorado de mí.

¿Qué respuesta se daba a semejante afirmación?

—Sakura —comenzó con gentileza—, por nada del mundo querría hacerte daño. No diré que no quería esto. Nada más verte, supe que quería que fuéramos amantes. Pero, ¿amor? Es demasiado pronto. No nos conocemos lo suficiente como para estar enamorados. Y a pesar de lo mucho que deseo conocerte mejor, no puedo quedarme. Me espera una vida —intentaba escapar y para ello tendría que hacerlo mejor. Entonces recordó—. Tengo un negocio en Seattle.

— ¿Por qué no puedes trasladarlo a la Costa Este, donde tienes tu hogar? —señaló ella.

—Porque mi negocio gira en torno a la madera. La gente tal árboles en el noroeste, no en noreste.

—Entonces, supera tu miedo a volar y viaja a los lugares que necesitas ir —era una solución práctica.

Sasuke cerró los ojos. Sakura no iba facilitarle nada. ¿Podía culparla? No. Creía estar enamorada y luchaba por ese amor. Eso la volvía valerosa, no obstinada.

—No tengo miedo a volar. Pero aparte de eso, me pides lo imposible. Quieres hacer que parezca fácil, cuando no lo es. Sé que te duele oír esto, pero no te amo, Pelirosa. No puedo permitirme amarte.

Durante un momento, ella guardó silencio. Sasuke supuso que estaba absorbiendo el golpe recibido.

—Podrías —sugirió Sakura.

—Pero no te amo.

—Pero podrías.

—Pero no te amo.

—Tal vez.

—Imposible.

—Posiblemente.

—Bajo ningún concepto —gritó, cansado de ese juego verbal—. Y la conversación se ha terminado, Sakura —ella le dedicó una sonrisa jubilosa—. ¿Por qué sonríes?

—Acabas de llamarme Sakura.

Sasuke gimió. Había sido un desliz. Nada más. Pero lo había tomado como si le hubiera declarado un amor eterno. Tenía que haber algo que pudiera decir que la convenciera. Con un movimiento la hizo girar para quitársela del cuerpo y se puso de pie junto a la cama.

—Vamos. Vístete.

Ella parpadeó confundida.

— ¿Vestirme? ¿Para qué?

—Te llevo a casa. Ahora. No sé cómo convencerte, Pelirosa, de que esto ha sido una aventura. Nada más. Eres demasiado emocional. Probablemente porque tomé tu virginidad. Comprendo de dónde surge este apego, pero no puedo fomentarlo. De modo que te voy a llevar a casa y a ponerle fin ya. Entonces entenderás que hablo en serio.

Como una zombie, Sakura se levantó y comenzó a ponerse la ropa. No era algo para lo que hubiera estado preparada. Sonaba como si Sasuke hablara en serio. Iba a llevarla a casa y a dejarla para siempre.

"Ten fe", se dijo. Lo que Sasuke decía y lo que Sasuke hacía podían resultar dos cosas muy diferentes. Algo acerca de amarla lo asustaba.

En silencio, lo siguió a la planta baja. Para consternación de Sakura, Akamaru había encontrado el sillón más caro para acorrucarse. Acomodó al perro sobre un hombro y contempló el pelo que había en el cojín.

—Pagaré por su limpieza —le dijo a Sasuke.

—No te preocupes.

—De modo que aquí acaba todo —dijo con tristeza desde la puerta.

No podía dejarla ir de esa manera. No estaba bien. Era tarde e iba a tener que cruzar toda la ciudad para llegar a Nueva Jersey.

—Te llevaré y regresaré en taxi.

—No hace falta…

—He dicho que te llevaré —repitió con firmeza.

Sakura se encogió de hombros y lo siguió hasta el coche. Era evidente que aún no se sentía preparado para dejarla. Definitivamente podría llegar a amarla.

—No me lo puedo creer —musitó Sasuke por enésima vez desde que el coche se había parado en la zona residencial de Hoddonfiel, Nueva Jersey.

— ¿Y cómo iba a saber que no teníamos suficiente gasolina? —preguntó Sakura al llevar al volante mientras Sasuke empujaba el vehículo. Si la expresión de él servía de indicio, estuvo segura de que si la amaba, ya lo había superado.

—Por lo general, una buena advertencia es el indicador de la gasolina situado en "vacío" —replicó, maldiciéndola en voz baja.

—Pensé que nos alcanzaría.

Haddonfield era una pequeña ciudad histórica llena de casas grandes. Era hermosa; por desgracia, también era de la clase de ciudad donde todo cerraba temprano. Iban por la calle principal cuando el coche se detuvo, y no se veía un alma. Ni un agente de policía, ni una gasolinera, nada.

Sasuke había empujado el coche los últimos dos kilómetros, y aún les quedaba otro.

—Falta poco —indicó ella también por enésima vez.

Él ni se molestó en reconocer sus palabras o en animarse a oírlas. Siguió empujando y maldiciendo, con el condenado perro que no le quitaba la vista de encima desde la ventanilla trasera.

Un kilómetro después, empujaba el coche por la entrada de vehículos de Sakura. Se trataba de una casa colonial grande, y a juzgar por el número de coches allí aparcados, se hallaba a rebosar de gente.

—Mi familia sabía que volví a casa. Todos querían estar presentes para darme la bienvenida —le explicó—. Son casi las tres de la mañana. ¿Por qué no te quedas a dormir aquí y por la mañana te lleva a casa uno de mis hermanos? Si es lo que de verdad quieres.

Sasuke cerró los ojos con resignación. No era lo que quería. Quería marcharse en ese momento, mientras aún tenía una oportunidad. Lo último que necesitaba era conocer a la familia de Sakura. Pero ella acertaba en una cosa: carecía de energía para llamar a un taxi. Empujar el coche durante tres kilómetros en medio de la noche podía hacerle eso a un hombre.

—De acuerdo. Me quedaré. Pero me iré a primera hora de la mañana.

—Claro.

Se sentía demasiado cansado como para interpretar el tono de la contestación, de modo que ni lo intentó.

—Me temo que lo único que te puedo ofrecer es un sofá —apuntó ella mientras subía los escalones de la entrada.

Las palabras de ella hicieron que volviera a observar la casa colonial. Tenía que haber como mínimo cinco o seis dormitorios en una casa de ese tamaño. ¿Lo único que podía ofrecerle era un sofá? Se preguntó de quién había sido la estúpida idea de dejar su cómoda casa para llevarla hasta allí. No necesitó contestarse que suya.

Como si le hubiera leído los pensamientos, le ofreció una explicación mientras lo conducía hasta la puerta de atrás:

—Está Gaara, temporalmente vive en casa… te hablé de él. Se ha divorciado. Hagas lo que hagas, no se te ocurra sacar ese tema. Aún está muy sensibilizado. Lo más probable es que comparta una habitación con Sasori. Nagato y su esposa, Hitomi, sin duda dispondrán de otra habitación. Sus tres hijos, más el bebé de Pain y Konan, estarán en otra. Pain y Konan deben tener su dormitorio. Seguro que Deidara y Katonoha están en la sala de estar de arriba con su pequeño bebé. El dormitorio principal lo ocupan mis padres. Ahí se acaban los dormitorios y los sofá camas. Pero en la sala de abajo hay un sofá muy cómodo.

Sasuke perdió su atención en el segundo hermano. Estaba cansado. Cuando entraron en la casa, se sentía medio dormido.

Lo condujo por varias habitaciones hasta el sofá que sería su cama. Se desplomó y ella se tumbó a su lado con una manta que los mantendría abrigado a ambos.

El último pensamiento de Sasuke fue que probablemente no debería dormir juntos bajo el techo de sus padres. Era una descortesía. Llegó a decírselo.

—Está bien. Nos levantaremos antes que los demás —entonces se acurrucó contra el pecho de él. Le encantaba la proximidad que sentía de esa manera. Adoraba el sonido de su corazón, la fuerza de su cuerpo, su olor. Justo cuando empezaba a tener idea, captó un leve ronquido. Con un susurro entusiasmado, le dijo—: Estoy impaciente porque conozcas a mi familia. Te van a adorar.

CONTINUARA…

Ojala les haya gustado, como sea, tendre que subir los demás capítulos, porque luego no los subo porque se me olvida, perdón:P! Los quiero mucho y gracias por todo.