Aquí les traego el capitulo 9, mañana subo el 10 y terminamos:D

Cap.9

Sasuke tuvo la clara impresión de que no iba a caerle bien a los hermanos de Sakura. Al despertar por la mañana, lo primero que vio fue a seis hombres grandes y ceñudos de pie junto a él. El mayor del grupo fue el primero en hablar.

— ¿Quieres que empecemos por arrancarte los brazos o prefieres que comencemos por la cara?

"Fantástico", pensó. Disponía de opciones.

—La cara, papá. Apuesto mi Corvette a que jamás le han roto la nariz —eso lo dijo un rubio con el ceño más pronunciado.

Sasuke se enorgullecía de su nariz intacta.

Fue el turno del más pequeño de los seis:

—Como le rompamos la nariz, vamos a tener que soportar la ira de Sakura todo el día.

Al fin se alzaba una voz razonable entre esos bárbaros.

Continuó otro hermano, también pelirojo y con una sonrisa:

—Sí, romperle la nariz sería una estupidez. Tenemos que golpearlo donde no se noten las magulladuras.

Era evidente que ese no era un aliado.

—Callaos todos —intervino el mayor—. Se está despertando.

Sakura se estiró de forma gloriosa. Pero como aún no se hallaba preparada para enfrentarse el día, se acurrucó contra el fuerte cuerpo de Sasuke. Entonces comprendió que apenas disponían de tiempo antes de que la casa despertara. Necesitaban estar levantados antes de que su padre y sus hermanos descubrieran que habían pasado la noche juntos en el sofá.

—Sasuke —musitó mientras le daba en las costillas—. Será mejor que nos levantemos antes de que la familia se dé cuenta de que hemos dormido juntos —le acarició el poderoso pecho y de inmediato cambió de planes—. Desde luego, podríamos tener tiempo para un poco de…

—Pelirosa, si valoras mi vida, no termines esa frase —advirtió Sasuke.

Confuso por sus palabras, abrió los ojos.

— ¡Papá! ¡Gaara, Nagato, Pain, Deidara y Sasori! Estáis todos. ¡Es maravilloso! ¡Me alegro de encontrarme en casa!

Los hombres de su vida no compartieron su entusiasmo.

—Sakura, ¿hay algo que quieras decirnos? —Instó su padre—. Por ejemplo, ¿quién es este hombre que te rodea con los brazos como si fueras un osito de peluche particular?

Por despecho, la abrazó aún más. Se negaba a ser tratado como un adolescente a quien acabaran de sorprender besando a la pequeña de la casa.

Si eso era posible, los hermanos y el padre se mostraron todavía más ceñudos. Al percibir la tensión reinante, y conociendo una única manera de mitigarla, Sakura habló:

—Papá, chicos… no pasa nada. ¡Sasuke es mi novio!

En el acto cambió la actitud de todos. Fue como si alguien hubiera agitado una varita mágica para transformarlos de leones en gatitos.

—Vaya, ¿y por qué no lo dijiste antes? —la reprendió su padre.

Jiraya alargó la mano para poner a Sasuke de pie. Antes de darse cuenta de lo que pasaba, este estrechaba la mano del hombre mayor y trataba de no hacer una mueca por la intensidad del apretón.

—Bienvenido a la familia, hijo.

Hizo lo único varonil que podía y aceptó todas las palmadas amables en el hombro y las manos que le extendieron, a pesar de que ambos gestos prácticamente lo habían dejado sin aire y amenazaban con romperle los dedos.

—Vale, chicos, ya basta de esa actitud de machos. Dadnos un minuto para que podamos despertarnos y saludar al resto de la familia.

—Claro, hermana —dijo Pain.

Para Sasuke, se trataba del único hermano racional.

Salieron de la habitación en masa. Sasuke no pudo evitar sentirse asombrado por el tamaño que tenían todos.

—Sasuke, no quiero que te enfades —comenzó Sakura con titubeos.

Con la mirada de falsa sorpresa, este respondió:

— ¿Enfadarme? ¿Por qué? ¿Por qué tuve que empujar un coche tres kilómetros pasada la medianoche? ¿Por qué me despertaron seis hombres cuyo único objetivo al verme era el de infligirme el máximo daño físico posible sin dejarme marcas? ¿Por qué a esos mismos hombres les has contado que te he pedido que te cases conmigo cuando anoche dejé bien claro que eso no iba a suceder? ¿Es por eso que lo que debería estar enfadado?

—Sí —asintió con timidez—, pensé que eso podría molestarte… un poco.

— ¡Pues tienes razón! —gritó—. ¿Por qué demonios tuviste que contarles que era tu novio? Podría haber sobrevivido a la paliza que querían darme por haber dormido contigo en el sofá. No seré tan afortunado cuando me convierta ene l hombre que rompió el compromiso contigo.

Podría haberle dicho que no tenía que romper el compromiso si no quería, pero consideró que quizá fuera demasiado.

—Estás de malhumor por haber dormido poco. ¿Qué te parece si nos reunimos con la familia para desayunar? Es domingo, y si conozco a mi madre, habrá preparado huevos, beicon y bollos caseros.

Solo porque el estómago le rugía permitió que Sakura lo condujera dócilmente a la cocina. Lo que siguió fueron más gritos, abrazos y besos de los que habría sido capaz de imaginar. Los niños se pusieron a dar saltos con la intención de capturar la atención de Sakura. Los bebés con sus andadores chocaron contra las piernas de Sasuke durante todos los ángulos. Las esposas exclamaron encantadas por la idea de que Sakura estuviera prometida y los hombres miraron a Sasuke desde los costados con ojos suspicaces.

En el centro de todo eso había una mujer diminuta que había estado de pie junto a la cocina con una espátula en la mano. Separó a la multitud como Moisés el Mar Rojo.

— ¿Así que tú eres el hombre que va a casarse con mi hija?

Sasuke tuvo que reconocer que se sentía más intimidado por esa mujer que por todos los hermanos y el padre juntos. Y solo le llegaba hasta el pecho. No quería mentirle, pero tampoco deseaba averiguar lo que podría hacer con la espátula si le contaba la verdad. Pero no era un mentiroso.

—La verdad es, señora Haruno…

— ¡La verdad es que está loco por mí, mamá! —interrumpió Sakura. Fue al lado de Sasuke y le enlazó el brazo. Era su modo de advertirle que no jugara con la mujer que blandía la espátula.

—Estoy loco, eso es seguro —indicó él con absoluta sinceridad.

—Eso es bueno —comenzó Tsunade—. No sabía cómo iba a contarte esto, cariños, pero ya no importa.

— ¿Qué? —preguntó Sakura, preocupada por la noticia que su madre no querría contarle.

—Shino se fugó la semana pasada con una corista de Atlantic City.

— ¿Qué? —estaba aturdida. Se suponía que Shino debía esperarla. Que estaba enamorado de ella. ¡Prácticamente le había sido fiel! Al darse cuenta de lo ridícula que estaba siendo, soltó una carcajada—. Shino con una corista. ¡Bien por él!

Todo el mundo intervino con bromas sobre Shino mientras se sentaban a una mesa con más comida de la que nunca había visto Sasuke. No sabía muy bien lo que sentía por la situación. Por un lado, agradecía que Sakura no fuera a casarse con alguien a quien no amaba. Por el otro, eso significaba que cuando se marchara, se quedaría sola. ¿Lo echaría de menos? ¿O se pondría a buscar el sustituto de Shino?

Quizá si se quedara un tiempo, si dejara que Neji llevara el negocio durante uno o dos meses, podría… ¿qué? No, no solo había una manera de encarar la situación. Iba a tener que quitarse a Sakura de encima como si fuera una tirita.

—He de irme.

Sakura bajó la cabeza para que su familia no viera el dolor en sus ojos. Ella era la única que sabía que Sasuke no regresaría.

El resto del grupo comenzó a protestar. Un desayuno no era tiempo suficiente para llegar a conocer a un posible miembro de la familia.

—Mi hermana me necesita —explicó con todo patético.

Sakura fue al rescate y puso al corriente a su familia de la existencia de Hidan, de las tácticas traicioneras que empleaba y del peligro que corría la hermana de Sasuke. Este se percató de que no mencionó el hecho de que apenas se conocían desde hacía una semana.

La familia comprendió de inmediato la situación en la que se encontraba al igual que la preocupación que sentía por su hermana. Todos harían lo mismo por Sakura si creyeran que se casaba con el hombre equivocado.

— ¿Qué piensas hacer? —pregunto Gaara, poco propenso a la discusión y siempre listo para la acción.

—Mi plan era echarlo de la casa y encerrar a Mikoto en su habitación hasta que recuperara la cordura.

Los hombres Haruno asintieron al unísono. Les gustó la forma de pensar de Sasuke.

Las mujeres movieron la cabeza y Sakura se puso del lado de sus cuñadas.

—Le dije que eso no funcionaría. Por desgracia, no he encontrado una solución mejor. Necesitamos pruebas de que Hidan ha saboteado nuestro viaje, pero no sé cómo conseguirlas.

—Habla con tu hermana, Sasuke —ordeno Tsunade Haruno—. No puedes saber lo que siente hasta que hables con ella. A veces lo más difícil es escuchar.

Sasuke estuvo de acuerdo. Tanto, que deseó oír la voz de Mikoto de inmediato en vez de tener que esperar el tiempo que tardaría en regresar a casa.

Sakura lo escoltó a un teléfono privado en la sala de estar. Él marcó los números que se sabía de memoria. Y al rato oyó que contestaba una voz familiar.

— ¿Mikoto?

—Sasuke, ¿dónde estás? Me pareció ver que habías dormido en tu cama, pero esta mañana me fue imposible encontrarte. No sabía dónde estabas. La bosa es mañana. No pensé que pudieras llegar a tiempo. Y eres la única familia que tengo.

Se sintió muy culpable. Era su única familia y de poca ayuda le había sido. Se hallaba tan distanciado de su propia hermana, que ni siquiera sabía qué albergaba en el corazón. Entonces algo que le dijo lo sacudió.

— ¿Mañana? ¡Ya eso llamas postergar una boda!

— ¿De qué hablar? Te dije la fecha cuando te dejé el mensaje en el contestador.

Era evidente que no había recibido el mensaje que le había dado a Hidan.

—Olvidaba la fecha, Mikoto. Lo más importante es que necesitamos hablar antes de que sigas adelante y te cases. Ni siquiera conoces a esa persona.

Durante un momento, ella guardó silencio. Cuando respondió, lo hizo con voz fría:

— ¿Vas a poder llegar? ¿Dónde te encuentras?

—Cerca, Mikoto —repuso, sin tomarse tiempo para explayarse—. Escúchame. No conocer a Hidan todo lo bien que deberías. ¿Sabes que lo llamé desde la carretera? Me dijo que no estabas.

—Es del todo posible que hubiera salido, Sasuke.

—Sí, pero le pedí que postergarais la boda. Estaba sufriendo toda clase de problemas y necesitaba más tiempo. ¿Te contó algo de eso?

—Se le habrá olvidado —justificó los actos de su novio—. Después de todo, Hidan tiene muchas cosas en la cabeza. Mañana va a casarse.

No si él podía evitarlo.

—Mikoto, por favor, solo escucha. Los problemas que te acabo de mencionar no eran problemas normales. Nos rajaron las ruegas, me robaron la cartera, dos veces vi a un coche sospechoso. Creo que Hidan contrató a alguien para evitar que llegara a la boda. Considero que busca tu dinero.

Sakura, que se hallaba en el umbral para ofrecerle su apoyo silencioso, hizo una mueca ante ese último comentario. Había sido un error táctico.

— ¡Cómo te atreves! —Exclamó Mikoto—. ¿No crees que alguien pueda amarme por mí misma? No, solo alguien que ande escaso de dinero tendría una relación con la pobre hermana de Sasuke. Pues tengo noticias para ti… estás loco si piensas que Hidan ha pretendido sabotearte. No es esa clase de hombre. Me ama y quiere casarse conmigo. Si quieres ser parte de eso, puedes reunirte con nosotros en el ayuntamiento mañana al mediodía. Si no, no te molestes en volver a hablarme jamás.

Sasuke oyó el clic y luego la línea muerta. No había salido como él había querido.

—Jamás le digas a una mujer que el único motivo por el que alguien quiere casarse con ella es el dinero. Tiene a ponerla a la defensiva.

Sasuke se volvió en busca de consejo.

—Tienes razón. ¿Qué hago ahora?

No quedaban muchas alternativas.

—Ve a la boda. Ofrécele tu apoyo y espera que tome la decisión adecuada.

—O puedes ir a buscarla ahora y encerrarla —esa sugerencia la aportó Gaara, que se encontraba detrás de Sakura en el pasillo.

—Ahora mismo está un poco furiosa conmigo. No creo que deje que me acerque a ella. Quizá lo mejor sea darle la oportunidad de que se serene.

—Muy bien —Gaara asintió—. Tu segunda opción es llegar pronto a la boda y llevártela antes de que comenta un error que lamentará siempre. Si quieres, voy contigo.

Sasuke miró a Sakura, luego a Gaara.

—Gracias. Necesitaré tu ayuda para mantener ocupado a Hidan mientras yo saco a Mikoto de allí. En el ayuntamiento al mediodía.

Sakura suspiró con frustración. Hombres. No sabían nada sobre las mujeres.

—Yo también iré, pero para que quede constancia, me opongo a estas tácticas de guerrilla.

Sasuke pasaría el resto de día con la familia de Sakura y a primera hora del día siguiente se marcharía al ayuntamiento. Con un poco de suerte, quizá convenciera a su hombro y dejaría que Gaara mantuviera ocupado a Hidan. Era un plan perfecto. Que, desde luego, lo ponía nervioso.

Aquella noche, la cena comenzó bien y terminó con historias divertidas sobre la juventud de Sakura al ser la única chica en una familia de chicos. Sasuke se rio a expensas de ella y le encantó.

Demorándose con las copas de sobremesa, Sakura y Sasuke vieron cómo cada pareja terminaba por sentirse cansada y se marchaba a dormir. Al final solo quedaron los padres de Sakura y Sasuke, quien había descubierto que tenía mucho en común con Sasuke. Aunque llegó el turno de Gaara que bostezara.

—Os veré por la mañana —indicó al dirigirse a su cuarto.

Entonces solo quedaron los cuatro. Para sus adentros, Sakura suplicó que su madre subiera a acostarse, así podría disfrutar de unos momentos a solas con Sasuke. Tal como ella lo veía, había logrado ganar un día más con él, aunque ese tiempo empezaba a agotarse. El día siguiente estaría ocupado con Mikoto. Y en cuando arreglara la situación, nada lo retendría en Filadelfia.

Eso lo dejaba con una noche. Sin embargo, su madre representaba una interferencia con la que no había contado.

—Quería preguntarle a Sasuke dónde está el anillo de compromiso —dijo de repente Tsunade.

Parecía una pregunta casual, pero Sakura sabía que no lo era. Su madre sospechaba. Siempre había sido capaz de descubrirla en una mentira.

— ¿El anillo? —repitió él. No tenía ni idea de cómo contestar esa pregunta.

—Ya sabes, el diamante que le informa a todo el mundo que Sakura es tuya.

—Aún no lo he elegido, mamá. Sasuke no quería comprarme algo que no me gustara —era una buena excusa.

—Es una pena, entonces.

— ¿A qué te refieres? —preguntó, sin gustarle el tono de la voz de su madre.

—Ya conoces la regla, Sakura. Sin anillo, no hay cuarto.

Sasuke no pudo muy bien a lo que se refería. Pero Sakura sí.

—Pero, mamá, estamos prometidos.

—No hasta que haya un anillo en tu dedo. He puesto un camastro en la habitación de los niños. Puedes dormir con ellos. Sasuke se queda en el sofá.

La voz de su madre sonó autoritaria y Sakura sabía que lo mejor era no discutir.

Sasuke al final entendió lo que sucedía. Estaba bien. Si dormían juntos, la desearía. Y no parecía correcto hacerle el amor abajo mientras toda la familia dormía arriba. Y menos cuando planeaba dejarla al día siguiente.

—Pero… —protestó Sakura. Solo necesitó una mirada de su madre para callar.

Esta y su sonriente padre se levantaron y se dirigieron hacia la escaleras. Se detuvieron a pie de los escalones y aguardaron a que Sakura se reuniera con ellos. También Sasuke se puso de pie y la ayudó a levantarse. Le tomó la cara entre las manos y le dio un beso suave en los labios.

—Buenas noches.

Con un mohín, fue a reunirse con sus padres.

—Buenas noches —se despidió por última vez.

—Buenas noches —repitió él.

—Te quiero.

Pensó que era malvada al decirlo delante de sus padres y de esa manera. No podía no responder, pero que lo condenaran si creía que iba a emplear las mismas palabras.

—Yo también —repuso ceñudo.

Sakura sonrió ante la astuta contestación y subió las escaleras.

Acomodándose en el sofá, Sasuke trató de no pensar en su falta novia. Se concentró en la inminente confrontación que le esperaba. Descartaba cualquier catástrofe. Estaba seguro de que iba a ser bastante sencillo. Siempre y cuando todo saliera según el plan.

Instintivamente, Sasuke supo que nada iba a salir según el plan. Cualquiera día que se atravesara a las doce y un minuto estaba destinado a ser desastroso.

Había empezado con lo que creía ser un sueño erótico. Sintió besos cálidos en su pecho y manos calidad que le masajeaban los músculos. Sintió que se excitaba, y para su absoluto deleite, una mano suave se deslizaba por debajo de los pantalones del chándal y lo acariciaba casi hasta el punto de la explosión.

Con una sonrisa escandalosa, se obligó a abrir los ojos antes de perder el control completo. En ese momento se dio cuenta de que no se trataba de un sueño. Alzó la cabeza y vio un cabello llameante extendido sobre su estómago. ¡La Pelirosa! Sakura hundió su lengua en su ombligo y la sensación lo hizo jadear.

— ¿Qué haces? —musitó al tiempo que bajaba la mano para paralizarle los dedos antes de que fuera demasiado tarde.

Con expresión aturdida, los ojos de Sakura se encontraron con los suyos.

— ¿Qué sucede? ¿No lo hago bien?

Sasuke recordó su inocencia y trató de tomar en consideración que todo eso era nuevo para ella. Era vulnerable y debía tener cuidado en cómo manejaba la situación.

—Diablos, sí, lo estás haciendo bien. Pero, ¿Por qué lo haces?

Sakura se sintió un poco desconcertada por al pregunta. Creía que la respuesta era obvia.

—Lo necesitaba.

Sasuke no deseaba otra cosa que saciar esa necesidad y la suya en el proceso. Pero no podía. Ni lo haría. No en la casa de los padres de ella. Y menos cuando habían confiado en él. Bajo la mano y volvió a subirse los pantalones. Pero Sakura se los bajó otra vez.

—Pelirosa, para. No podemos hacerlo.

Sakura bufó con frustración.

—No seas aguafiestas. Jamás lo sabrán si guardas silencio. Aunque sé que te gusta gemir —sonrió con picardía y luego volvió a la tarea de quitarle los molestos pantalones.

— ¿Gemir? Escucha, señorita Jadeos, no soy yo el que tiene un problema vocal. Pero eso está al margen. No voy a hacerte el amor mientras tus padres duermen arriba. No estaría bien. Además, soy demasiado viejo para andar a hurtadillas de esta manera —tuvo que sujetarle las manos para hacérselo entender.

— ¡Pero es posible que sea nuestra última vez! —protestó ella.

La última vez. Las palabras le causaron un impacto enorme. Y le dolieron tanto que tuvo que luchar contra ellas.

—No, Sakura. Anoche fue nuestra última vez. Tú lo sabías.

Sakura se incorporó, con las manos aún sujetas por las de él. Podía ponerse a llorar o enfurecerse.

— ¡Estúpido patán! —Se adelantó hasta quedar sentada sobre su estómago—. Te amo y es posible que tú también me ames…

—Pero no es así —insistió Sasuke.

—Pero podrías. Solo que vas a perderse, y, entonces, ¿qué harás?

Como le había forzado todo el aire de los pulmones, no tuvo respuesta. Por desgracia para él, que intentaba ser noble, no había nada más sexy que ver a Sakura no salirse con la suya.

De pronto la luz iluminó la habitación. Sasuke solo tenía la expresión de ella como referencia, ya que tanto la puerta como el interruptor se hallaban a su espalda, aunque tuvo la clara impresión de que uno o los dos padres se encontraban en el umbral.

"Por favor, que no sea la madre. Por favor, que no sea la madre", entonó para sus adentros. La ira de esa mujer lo asustaba más que cualquiera de los hermanos o el padre.

—Bajé en busca de un vaso de leche caliente cuando me pareció oír algo —dijo Tsunade desde la puerta.

Sasuke gimió en silencio. Alzó a Sakura de su regazo y la depositó en el suelo. Luego se levantó y se irguió detrás de ella para explicar con calma y racionalidad lo sucedido.

—Fue su culpa —tuvo que reconocer que no era el curso de acción más valiente, aunque sí la verdad. Y por si la señora Haruno no captaba la referencia, la señaló con el dedo para dejarlo bien claro.

Sakura se volvió y le lanzó una mirada desdeñosa.

—Rata de cloaca.

Sasuke simplemente le guiñó el ojo y se esforzó por no sonreír.

No fue necesario que su madre dijera nada más. Alzando el camisón con gesto señorial para no tropezar en su salida, Sakura abandonó la sala de estar y subió por las escaleras. No fue hasta que estuvo de espaldas de su madre cuando esta esbozó una sonrisa.

—Niños —suspiró, y siguió a su hija escaleras arribas.

Sasuke volvió a acostarse en el sofá y trató de recuperar el sueño, aunque las imágenes de Sakura permanecieron con él toda la noche.

"Vas a perderme, y, entonces, ¿qué harás?"

—No lo sé —dijo a la habitación vacía. No fue hasta el amanecer cuando al fin pudo quedarse dormido.

Por eso durmió apaciblemente durante el juego de los niños por la mañana. También durante el desayuno. Y habría dormido junto a mil despertadores que hubieran decidido soñar al unísono si alguien no le hubiera vertido un vaso de agua directamente a la cabeza.

— ¿Qué demonios? —farfulló. Trató de incorporarse de un salto del sofá para evitar mojarse más, pero tropezó con la manta y terminó extendiendo sobre el suelo. Cuando al fin pudo secarse la cara, abrió los ojos para encontrar a una pelirosa de cara perversa de pie sobre él con un vaso vacío en la mano.

—Despierta, rata de cloaca. Llegas tarde.

Mientras se sacudía el agua de la cabeza como el animal que Sakura creía que era, tardó un momento en asimilar las palabras de ella.

— ¿Qué llego tarde? ¿Para qué? —preguntó aún aturdido.

— ¡HOLA!, has conducido cinco mil kilómetros para impedir la boda de tu hermana. Y ahora te vas a quedar dormido mientras se lleva a cabo. Son las once.

¡Las once! La boda era al mediodía.

— ¿Por qué diablos no me despertaste antes? —gritó.

De prisa, comenzó a ponerse la camisa por la cabeza.

—Espero que no creas que soy el tipo de muer que recurriría al agua sin intentar primero otros medio para despertarse —desde luego, él no se equivocaba. Pero había llegado el momento de hacer a un lado las tácticas de venganza y detener una boda—. Gaara tiene el coche listo. Mamá ha preparado una taza de café para que la bebas durante el trayecto. Solo faltas tú.

Mientras se ponía las zapatillas, la miró.

— ¿Qué llevas puesto?

Akamaru asomó la cabeza del portabebés que Sakura se había ajustado al pecho.

— ¡Guau!

—Él viene conmigo.

— ¿Porqué?

—El hijo menor de Jiraya tiene manos veloces y afinidad para los rabos de perro. Además, es justo que Akamaru vea cómo concluye todo esto.

Como no tenía tiempo que perder, la siguió hasta la cocina, donde Mamá Haruno le dio el café y un beso en la mejilla.

—Para que tengas suerte —dijo.

—Bueno, hemos tardado una hora —bufó Sasuke. En ese momento supo de quién había heredado Sakura la costumbre de conducir despacio.

Durante todo el trayecto, Gaara había llevado el coche, un Corvette, nada menos, al máximo de velocidad permitida.

—Ye te he dicho que soy agente de policía —repuso Gaara—. Como oficial del orden, es mi deber cumplir la ley en todo momento.

—Por lo que a mí respecta, es desperdiciar un buen coche —musitó Sasuke.

—Ya basta de quejas. Hemos de encontrar aun pareja. ¿En qué sala están? —quiso saber Sakura.

El equipo de rescate se hallaba en la entrada del ayuntamiento. Una cosa era saber que la ceremonia sería al mediodía, y otra en qué sala los iba a casar el juez.

— ¿Crees que habrá una lista? —ladró Sasuke lleno de frustración.

Con calma, Gaara se dirigió a la recepcionista sentada detrás de un escritorio en el vestíbulo.

—Vengo a la boda de un amigo. Sé que se casan al mediodía, pero no sé qué juez celebrará la ceremonia.

Con sonrisa amigable, la bonita empleada comenzó a ayudar a Gaara en su búsqueda.

Sasuke, demasiado agitado, se mantuvo atrás y observó todo el proceso.

—Debería haber estado más a su lado —musitó a nadie en particular.

De todos modos, Sakura lo oyó.

—Difícil cuando vives a cinco mil kilómetros de distancia. Y más cuando te da miedo volar.

—No me da miedo volar —la corrigió por enésima vez.

—Huiste de tu casa, Sasuke. Fue tu elección. Ahora tu hermana ha hecho la suya, y tú debes respetarla. Igual que ella respetó la tuya.

¿Había huido de casa? Sí. Pero no del hogar, sino del vació dejado por el fallecimiento de sus padres y su hermano mayor. Era una verdad dura de reconocer. No le gustaba la idea de que pudiera huir de algo.

"¿Acaso no huyes de Sakura?"

Sasuke se acercó a la pareja súbitamente sombría.

—Sala 310. Pero hemos de darnos prisa. Son las doce pasadas, y Nancy me ha dicho que el juez Morgan es puntual. Quizá ya haya empezado la ceremonia.

Gaara abrió el camino y Sasuke lo siguió hasta los ascensores.

— ¿Has pensado en lo que vas a decirle? —preguntó Sakura, sabiendo que no lo había hecho.

¿Qué haces con Sakura? ¿Qué decirle a su hermana? ¿Cómo detener la boda? ¿Nunca se agotaban las preguntas?

El ascensor les indicó que habían llegado a la tercera planta. La sala 310 se hallaba a la izquierda. Al acercarse a la puerta de cristal, y aunque no era transparente, pudo ver a un hombre y a una mujer vestidos de gala volverse el uno con el otro y besarse.

Habían llegado demasiado tarde. Fue lo único en lo que pudo pensar. Cinco mil kilómetros, dos parques nacionales, unas ruedas rajadas y se habían perdido la boda. Sin sabes qué otra cosa hacer, abrió la puerta y gritó:

— ¡No!

Los cristales se sacudieron con su furia. Un paso detrás, Sakura y Gaara lo flanqueaba y observaban las expresiones aturdidas de todos los presentes en la sala. Cuando Sasuke al fin se quedó sin aliento y pudo mirar bien a la pareja, se percató de un detalle importante. La mujer con el vestido blanco no era su hermana.

—Oh.

— ¿Oh? —preguntó Sakura.

— ¿Oh? —inquirió Gaara.

—Oh —repitió Sasuke—. No eres mi hermana —le dijo a la novia, aún demasiado aturdida como para responder—. Y tú no eres Hidan Yugakure —el novio tuvo la ecuanimidad de asentir—. Y yo estoy en la boda equivocada —no disponía de tiempo para sentirse avergonzado. Se adelantó entre la pareja recién casada con un gesto de disculpa y le preguntó al juez—: MI hermana, Mikoto Uchiha, se suponía que iba a casarse aquí al mediodía. ¿Sabe por casualidad qué pasó con esa boda? ¿Es la siguiente?

El juez reflexionó un momento y luego respondió:

— ¿Uchiha, ha dicho? Sí, tuve a una Uchiha antes. Su boda estaba programada para las once. De hecho, en un principio era para las doce, pero el novio llamó esta mañana y la adelantó.

Una oleada de aplastante decepción cayó sobre Sasuke. Había llegado demasiado tarde de verdad. Sintió que Sakura se acercaba y le tomaba la mano para darle apoyo.

—No los casé —añadió el juez, por si fuera una información pendiente.

— ¿Qué quiere decir con que no los casó? —preguntó Sasuke esperanzado.

—La novia lo canceló todo. Algo acerca de un mensaje que recibió. Luego se marchó. Y después se fue el novio.

Con sonrisa luminosa, Sakura comenzó a dar saltos. La ocasión lo merecía.

— ¡Gaua! —chilló Akamaru en protesta.

—Mikoto no se casó —repitió Sasuke para cerciorarse de que no se había equivocado—. ¡Ja, ja! —enmarcó el rostro de Sakura en las manos y le plantó un beso en los labios. Mientras la besaba, alguien le tocó el hombro.

—Eh, amigo, ¿te importa? —preguntó el novio.

Mientras salían, Sakura gritó por encima del hombro:

— ¡Felicidades!

— ¿Qué hacemos ahora? —inquirió Gaara.

—Si no se han casado, solo puedo suponer que Mikoto habrá vuelto a casa.

—Hombres —suspiró Sakura—. El último sitio al que habrá ido es a casa. Acaba de dejar plantado al novio ante el altar. Se siente angustiada y confundida, y probablemente se está preguntado si ha hecho lo correcto.

— ¿Y dónde podrá estar? —inquirió Sasuke.

—En una heladería —afirmó Sakura.

Los dos hombres de quedaron boquiabiertos. Gaara estaba a punto de pedirle a su hermana que se explicara cuando Sasuke lo detuvo al alzar la mano.

—No. Sé lo que estás pensando. Créeme. He pasado por ello. Antes de que te des cuenta, te encontrarás en medio de una discusión acerca de si el chocolate debería tener almendras. Hagamos esto. Tú ve a recorrer las callen e busca de una heladería. Yo iré con Sakura a mi casa.

Sasuke extendió las manos y Gaara le entregó las llaves.

—El límite de velocidad es…

—Sí, sí. Entiendo. Dame las llaves —con ellas en la mano, corrió hacia el coche con Sakura pisándole los talones.

Esta le ofreció un último consejo a Gaara.

—Busca una heladería donde tengan helado de chocolate.

CONTINUARA…

Mañana el 10, ojala les haya gustado esta historiesita:B