Nota del Autor: Quiero agradecer a toda la comunidad de por su apoyo con este fic, aquí les presento los finales (si, finales, varios, pues consideré que, después de todos los votos recibidos, solo un final no sería suficiente) espero de corazón que les gusten. Feliz día 14!

Final Alternativo A

Rainbow Dash se despertó esa mañana mucho más temprano de lo habitual. Y no es que haya querido hacerlo, sino que el persistente sonido del casco de algún poni que tocaba a su puerta se fue haciendo cada vez más molesto hasta que ya no pudo ignorarlo.

—¿Quién podrá ser a esta hora? —dijo molesta la pegaso, levantándose de su cómoda cama hecha de nubes.

Estiró las alas, se miró en el espejo. Su colorida crin estaba echa un lio, pero no le dio realmente mucha importancia: mientras que, durante ese preciso día del año, la mayoría de las jóvenes yeguas del pueblo se preparaban para un evento especial, peinando sus melenas, y vistiendo sus más relucientes galas primaverales, Rainbow se jactaba de poder pasar el día recostada descansando, o practicar sus audaces piruetas en lo alto del cielo: No tenía por qué tomarse tiempo para arreglar su cabello o elegir ropa, prefería que el silbante viento de medio día la peinara, al pasar raudo a su lado, cuando ella lo dejara atrás con su inigualable velocidad.

Pero ni aun la idea de practicar sus acrobacias aéreas la emocionaba ese día. Prefería quedarse en casa donde el empalagoso y dulzón aroma a cítricos que provenía de la villa no le amargaba la mañana.

Rainbow salió de su alcoba y bajó volando sobre la escalinata de nubes. Cuando estuvo en el recibidor, donde unas bien trabajadas columnatas daban a la vivienda un aire a la distante pero primorosa ciudad de Cloudsdale, se acercó a la puerta para abrirla.

—Bueno días, Rainbow —la saludó alegremente Derpy cuando la pegaso azul hubo abierto. El pelaje gris de la pegaso rubia brillaba bajo la luz del sol, y por los listones que usaba sobre su crin bien cepillada se notaba que había conseguido cita para esa mañana.

—Hola, Derpy ¿Qué ocurre? —respondió el saludo Rainbow, no demasiado preocupada por ocultar su desanimo.

—Vine a entregarte esto. Apenas hace un momento recordé que me lo dieron anoche para que te lo trajera. —Derpy sacó una pequeña nota escrita en trocito de papel cuidadosamente doblado y se lo entregó a Rainbow. —Ahora, si me disculpas, tengo que ir a la celebración. No quiero hacer esperar a mi invitado.

Sin decir más, la pegaso gris emprendió el vuelo hacia la villa. Ya que su peinado ya estaba listo, probablemente iría a preparar su atuendo antes de que el festejo comenzara.

Dash no le dio mucha importancia, pero tan pronto volvió a poner atención en la diminuta nota que alguien le había enviado por medio de Derpy, se dio media vuelta, entró en su casa, cerró la puerta tras ella y se puso a leerla.

No contenía muchas letras y el mensaje era claro y explícito. Rainbow se quedó callada después de leerla y al mirarse en el espejo que estaba colgado en su sala hecha de nubes, salió volando disparada de vuelta a su alcoba.

Tenía que arreglar su cabello y elegir algún lindo accesorio. Al parecer, asistiría a la celebración del Día de los Azahares en Flor.

Faltaban aun varias horas para el medio día, y a la sombra de uno de los naranjos al otro lado de la colina sobre la que descansa Sweet Apple Acres, Burning Spades estaba parado, pero sentía que sus rodillas le temblaban y que sus piernas no tardarían en dejarlo caer al piso. El poni miraba en todas direcciones, esperando ver en cualquier momento que llegara volando, como un relámpago multicolor, Rainbow Dash, la chica que, después de horas y horas de deliberación, había decidido invitar al festejo primaveral de Ponyville. Spades comenzó a mover sus cascos, luego a dar vueltas de un lado a otro, finalmente, cuando parecía que acabaría excavando una zanja de tanto girar en torno al árbol que le había compañía, fue que la vio.

Era Rainbow, mas no había venido volando. Pareciera que había llegado como el resto de las ponis invitadas; caminando tranquilamente por el sendero que iba desde Ponyville hasta la granja. Tan pronto la vio, el primer pensamiento de Spades fue salir a su encuentro, pero una idea más convincente le vino de inmediato a la mente. ¿Por qué no mejor tomarse el tiempo para pensar un plan de acción? ¿Para qué precipitarse y salir balbuceando incoherencias?

Lo siguiente que Burns hizo fue esconderse tras el tronco del árbol a su lado, para que, cuando Rainbow pasara cerca, ella no pudiera verlo. Y así fue. La pegaso pasó de largo a buena distancia, y Burning mirándola de lejos, apreció como ella iba y se sentaba sobre el pasto en un claro rodeado por arboles de toronjas y mandarinas.

"Hora del show" pensó Spades, pero antes de poder emprender el camino hacia donde estaba Rainbow, sus nervios lo forzaron a darse la vuelta y refugiarse de nuevo a la sombra del árbol.

"¿Y qué vas a decirle?" se preguntó. Se quedó callado pensando un momento, y comenzó a ensayar sus palabras, previendo todos los posibles escenarios y respuestas de la pegaso y planeando sus comentarios en consecuencia. Cada cierto tiempo, Spades se asomaba por encima de su hombro y veía a la pegaso sentada bajo el sol primaveral y un fuerte deseo de ir a hacerle compañía lo impulsaba a ponerse de pie, pero habiendo dado un par de pasos se arrepentía y volvía sentarse donde la sombra del forraje del árbol lo protegía de la luz del sol y el grosor del tronco lo ocultaba de la vista de Rainbow.

Y así pasó el tiempo. Spades tal vez no lo sintió, pero por el avance del sol en el cielo debían de haber pasado cuando menos un par de horas. Cada minuto que había pasado le había servido al poni para reunir su valor, y cuando finalmente se sentía convencido y motivado, se levantó sobre sus piernas traseras, y estirándose, alcanzó una de las ramas del árbol bajo el que se encontraba.

"Que mejor manera de abrir conversación que con un sencillo y humilde presente" pensó. Mordió el tallo de una de las flores del naranjo y la arrancó llevándola en el hocico. Conforme caminaba hacia donde la pegaso esperaba, se deshizo de su última dosis de nervios tragando saliva, y fue justo cuando se dio cuenta.

Nada le hacía molestia en el cuello. ¿Nada? ¿No debía estarlo medio asfixiando el corbatín de moño que Rarity le había confeccionado para la ocasión? Con uno de sus cascos delanteros se tocó el cuello y lo corroboró. Aquella mañana, al momento de prepararse para salir y ponerse el elegante chaleco obsequio de Rarity, había olvidado ponerse el moño.

"No es muy importante" se dijo. "¿Qué no lo es?" se respondió. "Todo debe ser perfecto" concluyó, y dándose la vuelta, echó a andar de regreso. Pasó junto al árbol que le había servido de refugió y dejó a sus raíces la flor que había seleccionado. Ahí estaría seguro el obsequio especial de Rainbow.

Finalmente, el poni echó a andar de vuelta a la villa, donde entraría en su casa, tomaría el corbatín y volvería en instantes para pasar el resto de la tarde con Dash.

—¿Vas a algún lado? —escuchó Spades una voz inconfundible, que lo hizo detenerse como si se hubiera petrificado.

Frente a él, volando ligera con el viento aromatizado de cítricos, Rainbow Dash lo miraba fijamente. Se veía molesta. Tal vez no molesta. Más bien furiosa, y el enojo de su rostro no la hacía verse menos linda, con su melena sujetada por un listón y un fino pañuelo multi-color amarrado en el cuello.

—Dime, ¿acaso tu broma ya te aburrió? —insistió la pegaso.

—¿Cuál broma? —respondió Burning.

—Oh, vamos, no seas modesto. Es obvio que tú preparaste todo. —respondió Dash enfurecida, acercándose amenazante al poni de tierra —¿Te pareció divertido verme sentada en la hierba durante horas esperando a una cita que jamás llegaría?

—Espera… yo no…

—¿Tu no qué? ¿No esperabas que te viera? Escondido detrás de un árbol de naranjas en la colina de un lado. ¡Te vi desde que llegué y pasé cerca! ¿O acaso crees que no sabría que eras tú el de la nota, a pesar de que cobardemente la enviaste sin firma?

¿Sin firma? ¿Acaso en sus desvelos y cavilaciones, había olvidado firmar la nota que le había enviado a Rainbow? Aquella había sido una noche muy larga, y Burning, honestamente, no era capaz ni aun de recordar lo que había escrito en la carta.

—Y claro, te creíste muy listo al enviármela con Derpy ¿no es cierto? Como jamás sales de tu herrería, aprovecharías que ella aun no te conoce para mantenerte anónimo. Gran plan, Burning Spades, muy ingenioso —le aplaudió sarcásticamente Dash.

Burns no pudo decir nada. En parte porque Rainbow hablaba rápida y efusivamente, en parte porque estaba en shock por los nervios y la sorpresa. Para cuando la pegaso volvió a decir algo, su voz ya no se escuchaba molesta, y su mirada ya no era terrible y penetrante. En su voz se reflejaba una tristeza profunda y sus ojos desviaron la mirada con vergüenza.

—Comprendo que aun estés molesto por la manera en que te traté cuando llegaste a Ponyville. Sé que desconfié de ti, y te acuse de traicionarnos, pero debes comprender que lo único que hacía era defender a mis amigas… no tenías derecho a jugarme una broma tan pesada… —cuando Rainbow volvió a parpadear, unas delgadas gotitas corrieron por sus mejillas. —Hay cosas con las que no se debe jugar…

Afligida, Rainbow Dash se dio la vuelta y se dispuso a salir volando sin que nadie mirara su tristeza. Incapaz de verla tan triste, las palabras volvieron a la boca de Spades, pero ya era tarde:

—Rainbow, espera, no entiendes…

—¡Y no quiero entender! —le gritó ella dándose la vuelta un momento. Era obvio que estaba llorando —Hoy fuiste demasiado lejos, Spades.

Y sin que nadie pudiera detenerla, salió disparada a la velocidad de una flecha, volando cada vez más veloz para estar cuanto antes en la privacidad de su casa. Tanto fue su esfuerzo, que casi volvió a vencer la barrera del sonido, fue tanto su empeño que por poco y provoca un triste Sonic Rainboom.

Por su parte, Burning Spades ya no movió un musculo más. Se quedó allí parado como una estatua en un jardín. ¿Tenía caso que correr tras ella? ¿Vencería corriendo a un relámpago? ¿Volaría sin alas hasta su puerta? ¿Se posaría en su pórtico de nubes sin tener cascos de pegaso? Todo esfuerzo sería inútil. Si Rainbow así lo quería, no le volvería a dirigir nunca más la palabra.

Ese día, algo perdió brillo en el mundo de Burning Spades. A partir de ese día, no volvería a ver el brillo glorioso del reino de Equestria de la misma manera. Ese día reconsideraría abandonar Ponyville para vagar solo de nuevo. Ese día, regresaría al siniestro estudio de la ciencia prohibida de los habitantes de un mundo más allá, abandonado y sin esperanzas, a la merced de la voluntad maligna de los Colores Exteriores…