Capítulo V
.
By Risana Ho
.
…oooO*Oooo…
.
Una nueva lluvia de pétalos arrastró el viento hasta el agua. Naruto los observó flotar, escondiéndose del reflejo de Sasuke a su espalda. Quiso quedarse así, contemplando las flores para evitar encontrarlo de frente. Su corazón latió muy rápido, los escasos sonidos del bosque desaparecieron y sólo escuchó el retumbar en sus oídos. ¿Por qué Sasuke causaba eso en él? Decidió tranquilizarse olvidando el sentimiento, y se levantó dándole por fin la cara.
A Sasuke le costaba reconocer que las sorpresas para Naruto surgieran tan fácil para él, iba en contra de su naturaleza reservada. Sin embargo, viéndolo en la orilla del lago, y luego notar las pequeñas flores al pie del árbol, fue irresistible recogerlas y cubrirlo con ellas. «Cursi», gritó la voz de su subconsciente y la ignoró. Su carácter serio pocas veces permitía demostrar su interés por otra persona, y siendo sincero consigo, había esperado ansioso su próximo encuentro. En poco tiempo Naruto se había ganado un lugar importante en sus pensamientos y corazón. La palabra amor aún quedaba grande, pero si continuaba conociéndole más, posiblemente caería rendido a sus pies, admitiendo el sentimiento por completo. Esa mañana acabó sus deberes pronto únicamente para reunirse con él. Por un instante creyó que no llegaría, pedía un imposible sabiendo que no tenía permitido salir, además tampoco quería arriesgarlo. Sabía que Tsunade confiaba en su Tayu, pero un descuido traería grandes consecuencias. Aunque, por admirar esos bonitos ojos azules, valía la pena el peligro, defendería a capa y espada. Naruto ejercía un raro poder sobre él, como si pudiese manipularlo. Esperaba no demostrar tal debilidad, para él, portando su cargo de Capitán, sería peligroso dejarse manejar por otro individuo. «¿Qué peligro representaría un Oiran?», pensó, descartándolo de inmediato. Imaginarlo como una amenaza sonaba ridículo. Lo contempló atento, desde sus ropas sencillas; la yukata café sucia por la tierra y su rostro sin maquillaje, natural. Una imagen encantadora.
Las raíces del árbol sirvieron una vez más como asiento. Uno al lado del otro.
Naruto probó mantenerse firme, ignorando la emoción causada por los detalles de Sasuke. ¿Por qué complicaba su trabajo? La disculpa, esa bonita camelia y la lluvia de sakuras, serían difíciles de olvidar. Especialmente porque a él le interesaba "Naruto Tayu" y despreciaba a "Naruto espía".
«Sé profesional», repitió una vez más. O cometería un error.
Los primeros minutos estuvieron en silencio. ¿Por dónde empezar? Ambos eran idiotas a su madera. Sasuke gustaba del silencio ameno, no uno incómodo como ése. La capa de tensión podía palparse en el aire. Naruto no se atrevía a comenzar, temía exponerse demasiado, la situación era bastante estresante. ¿Qué pasaba con él? ¿Dónde quedó la persona segura y optimista que había aceptado el trato con Sasuke? Se desconocía. ¡Despabílate!
—¿Estarás callado toda la mañana? ¿Para esto me pediste venir? —Preguntó con cierto tono de reproche, rompiendo el hielo. Y la sonrisa en sus labios cooperó también.
Sasuke le atrajo el descaro de Naruto.
—Supongo que no —rió de medio lado.
—¡Qué bien! Me estoy aburriendo-ttebayo —dijo despreocupado. Tapó su boca con ambas manos percatándose del error; había expuesto su inseparable muletilla. Una persona educada para hablar apropiadamente con clientes distinguidos no debía utilizarla. Usar un lenguaje vulgar estaba fuera de los parámetros en un Tayu. Había bajado su máscara en un desliz. Su comportamiento frente a Sasuke sería reprochado.
No obstante, Sasuke estuvo más pendiente del pánico en el rostro de Naruto. Cierto, desconcertaba oír esa muletilla tan corriente, pero en él quedaba bien, propio. Comenzó a reírse.
Naruto bajó las manos y abrió los ojos, escéptico. ¿Sasuke Uchiha riéndose? ¡El fin del mundo se acercaba! ¿Soñaba? Pues el sonido de su risa descartaba la teoría. ¿Ese bastardo se reía de él? Sus mejillas enrojecieron por la vergüenza y el coraje.
—¡No encuentro la gracia! —Se levantó molesto, desviando el rostro para que no mirara el rojo en sus facciones.
Sasuke dejó de reír y Naruto giró a encararlo… nada lo preparó para la escena.
Por un instante quedó aturdido observando el rostro sonriente de Sasuke. Una sonrisa que jamás imaginó presenciar en él; los ojos cerrados daban más énfasis al gesto, los delgados labios se habían curvaron ligeramente de manera natural, exponiendo la verdadera esencia de la sonrisa. Era la primera vez veía a Sasuke sonreír así. Pese a conocerlo poco, consideraba a Sasuke Uchiha del grupo de personas reservadas que anteponían barreras y alejaban a la gente, individuos que guardaban sus emociones para sí mismos. ¿Había derribado una de esas barreras? ¿Cómo? Desconcertado empujó su hombro, él abrió los ojos confundido por el golpe.
—¿Y ahora?
—Es por reírte de mí, no es gracioso —volvió a sentarse, cruzándose de brazos.
—No me reí por la palabra, tonto. Si no porque eres una persona sorpréndete.
—¿Eh? —Naruto no comprendió. ¿Más burlas?
El capitán suspiró cansado, debía explicarlo con peras y manzanas.
—Eres diferente, Naruto, lo has demostrado. Dices y haces las cosas a tu manera, arriesgándote a las consecuencias, no eres como los demás preocupándose por guardar las apariencias. Lo expresaste al gritarme la noche que nos conocimos, cuando traté de ayudarte con el ministro. La segunda vez casi me corriste del salón, ni siquiera te importó que fuera un cliente influyente, y ahora me hablas descuidando tu vocabulario, sin atemorizarte por mi cargo. —Naruto no supo a dónde mirar, Sasuke estaba elogiándolo en lugar de reprocharle su actitud desinhibida. Sintió una mano en su barbilla y segundos después observaba directo a los ojos negros de Uchiha. Él unió sus frentes lentamente—. Hay algo especial en ti y me gusta cómo eres.
Esa última oración la dijo en un susurro, su aliento golpeó la boca contraria y Sasuke no dudó en besarlo. Cuando Naruto le correspondió un enorme peso cayó de sus hombros. La agradable sensación de los labios de Naruto se mezcló con el sabor de su propia boca. Su lengua encontró a su compañera y la intensidad del contacto provocó una nueva guerra por convertirse en vencedora. Naruto tampoco pensó, renunció al razonamiento coherente. Sasuke embriagaba su cuerpo, sentía las piernas de gelatina y agradeció estar sentado. Un beso muy diferente al compartido la primera noche de su cita. Un beso que no servía para saciar un deseo, este contacto iba cargado de sentimientos diferentes.
Rompieron el contacto cuando buscaron un respiro, pero continuaron unidos. Naruto ignoraba en qué momento había pasado los brazos alrededor del cuello de Sasuke, él tampoco supo cuándo sus manos abandonaron el rostro de Naruto y abrazaron su cintura.
Entonces la realidad golpeó como una tromba y Naruto rápidamente lo soltó. «¿Qué estoy haciendo?», se cuestionó alarmado. Los sentimientos de Sasuke dañarían su propia cordura, él no deseaba lastimarlo. Sí, Sasuke Uchiha representaba su objetivo, pero la imagen de enemigo se distorsionaba a pasos agigantados. Debía poner un límite. ¿Por qué había correspondió? Ni él mismo entendía. Conocer esa faceta diferente de Sasuke estaba confundiendo. Su misión perdía el rumbo. ¿Lo peor? Dudaba conseguir fingir y guardar sus propias emociones.
—Tengo que irme, Sasuke —Necesitaba alejarse y aclarar la mente. Dio una rápida reverencia, recogió el lienzo para cubrir su cabello y casi huyó de ahí.
Sasuke lo vio partir a prisa. ¿Se había propasado? Aunque Naruto había correspondido. Tocó sus labios y sonrió levemente. Posiblemente tenía una oportunidad de conquistar el corazón de Naruto. ¿Cuándo fue la última vez que sonrió más de una ocasión al día? Parecía un tonto hombre enamorado. Y no le importó admitirlo.
…
Las grandes puertas de Shimawara lo recibieron como un guardia. Naruto entró agitado al barrio, sentía el corazón en la garganta a punto de vomitarlo. Observó su alrededor en busca de personas que hubieran notado su presencia, la poca gente lo ignoraba por completo. Acomodó mejor el lienzo y cubrió parte de su rostro, evitaría más problemas. Caminó despacio a través de los polvorientos callejones, miró varios hamirises vacíos y pronto arribó a la casa de Tsunade, la más grande del lugar. Estuvo a punto de correr a la barda trasera para saltarla, pero notó una persona familiar a punto de tocar el portón principal. Reconocía esas marcar rojiza, alzó los brazos haciendo un par de señas.
—¡Kiba! —dijo, abrazándolo fuerte al momento de tenerlo cerca.
Cuánto había extrañado a su amigo. Un cómplice con quien hablar.
—¿Naruto? —Pocas veces lo estrechaba así, algo andaba mal—. ¿Qué sucede?
El abrazo no disminuyó ni un centímetro. Mostrarse vulnerable ante Kiba no entraba en sus planes, pero la situación lo superaba. Conversar con una persona de confianza serviría para sacar sus dudas. Tenía años de conocerlo, Kiba Inuzuka era un amigo confiable.
Por fin libre, Kiba examinó extrañado, preocupado por el semblante afligido. Naruto era escandaloso, efusivo, siempre portando una sonrisa, y verlo cabizbajo significaba mala señal. Naruto revisó que nadie estuviera vigilando y fueron hasta la puerta trasera, había unos escalones de piedra que funcionaron de banca.
—Dime qué ocurrió, Naruto.
Él suspiró, llevando sus brazos atrás, sosteniéndose y alzando la cabeza, admiraba el cielo azul.
—No quiero continuar con esta misión.
Inuzuka parpadeó atónito. Durante el tiempo trabajando juntos, Naruto nunca se había dejado intimidar por una misión. La muerte estuvo presente en varias ocasiones, y ni con ella retrocedió. Limpiaba la sangre de sus heridas, sonreía e insistía adelante. Rendirse jamás fue una opción. ¿Por qué dimitir ahora?
—¿Es una broma? ¿Quién eres tú y qué hiciste con mi compañero testarudo?
Su intento de gracia no funcionó.
—Mírame y dime qué ves —dijo serio.
¿Qué tramaba? Kiba no entendió pero acató la orden. Había pequeñas diferencias; tenía el cabello rubio revuelto, un poco más brillante, tal vez debido a los aceites y esencias que Tsunade obligaba a utilizar. Vestía un simple yukata café de tela suave, un delgado cinto rojo en la cintura que resaltaba el azul de sus ojos. Las prendas eran sencillas, aunque el atractivo natural de su amigo las destacaba. Un calor intenso abordó sus mejillas por pensar así. «¡Naruto es mi camarada!», se regañó mentalmente.
—Tienes buen aspecto, si mantuvieras la boca cerrada pasarías por un verdadero Tayu —Naruto entrecerró los ojos—. ¡No lo tomes como un insulto! Me refiero al estilo elegante y atento de un Oiran.
—¡Exacto! ¿Sabes cómo me observan en el hamirise? —Se levantó molesto y Kiba negó—. Ven en mí una prostituta más, una mercancía cara que pueden conseguir con el dinero suficiente. ¡Odio las miradas de esos tipos asquerosos! ¿Y sabes qué es peor? —su amigo negó nuevamente—. Que él, sin importarle mi posición, me considera una persona que vale la pena.
—¿Él? ¿De quién hablas?
Naruto ignoró la pregunta y siguió hablando.
—Cada día me siento mal por engañarlo —rió apático, recordando las palabras de Sasuke—. Si fuera como los demás no dudaría en despedazarlo. En otras misiones he encontrado situaciones similares; tipos en altos cargos que asesinan, roban cruelmente, violan y esclavizan a los trabajadores, hombres que merecen un castigo. Engatusarlos y jugar con sus sentimientos sería un regalo misericordioso, después de todo, ellos no tienen sentimientos. Pero él lo está dificultando, no es una mala persona como la mayoría piensa, llevo poco tratándolo y lo reconozco. Es un tanto posesivo y orgulloso, y al mismo tiempo atento y cordial. Conmigo, siendo Tayu, se comporta diferente, creo que él está…
—Enamorado —Kiba completó la frase. Entendía el punto de su amigo, sus neuronas unieron los cabos y la conclusión fue obvia para él.
—Enamorado.
Otra vez la misma palabra en boca de otra persona. Primero Sai, ahora Kiba.
—¿Y tú, Naruto? ¿Qué sientes por él?
Ahí empezaba el problema de Naruto Namikaze, porque todavía no descifraba sus sentimientos. Sasuke Uchiha salía por completo de sus parámetros. Los enemigos que anteriormente había engañado fueron fáciles. No, no por tratarse de unos "adefesios" y Sasuke fuese apuesto. Una vez conoció a Kimimarou Kaguya, un hombre atractivo que pretendió conquistarlo, aunque bajo esa bonita sonrisa escondía una cruel fascinación por traficar esclavos. Otro más, Mizuki Hanataro, engañaba con su buena educación, hasta que descubrieron la tortura perpetuada contra uno de sus compañeros.
Sasuke Uchiha no compartía nada con ellos.
—No lo sé —respondió sincero.
A veces Naruto era bastante lento para comprender sus propias emociones. Porque Kiba, aun siendo un bromista, desorientado y algo relajado, sabía leer entre líneas. Las expresiones de su amigo hablaban por sí mismas, exponer tantas cualidades por otra persona reflejaba mucho. Apostaría una fortuna asegurando que Sasuke no era el único enamorado.
—Te complicas la vida por gusto, deja fluir las cosas —sonrió—. Por algo soy tu mejor amigo, discutiré con Jiraiya si tú quieres.
—Gracias, pero no será necesario-ttebayo. Solo quería desahogarme, me las arreglaré, después de todo soy el gran Naruto Na- —cortó la frase, su apellido era prohibido por la existencia de oídos curiosos.
—Eres un idiota, rubio.
Ellos comenzaron a reír. Exteriorizar sus dudas fue una buena idea.
Pero hubo un problema, ninguno notó una presencia al otro lado de la reja. Ella había escuchó cada detalle de la conversación.
Sakura había salido a la puerta trasera, gustaba de fumar su pipa al aire libre alejada del ruido de la casa. Nunca esperó escuchar voces del otro lado. La curiosidad ganó y caminó en puntillas hasta pegar su oído en la madera. Reconoció la voz de Naruto. «¿Qué hace allí afuera?» Unas frases sonaron amortiguadas, no comprendió todo, pocas palabras tenían coherencia. Captó algunas expresiones y procuró darles sentido. Según intuyó; Naruto engañaba a un pretendiente enamorado. ¿A quién? ¿Qué más escondía? Podría ir con Tsunade y acusarlo. ¿Pero le creerían? Naruto tenía cierta preferencia con ella, dudaba que Tsunade desconfiara, pasaría la sanción por alto y Sakura quedaría como una entrometida. ¡Y no era justo! Nadie tenía permitido salir de ahí sin compañía o vigilancia, y eso en casos espaciales. Respiró hondo y se relajó. Caminó de regreso a su habitación, ya pensaría cómo sacarle provecho a la valiosa información.
…
El nuevo informe que recibió por la tarde le hizo pensar mucho. Conocía cada sello, y el pergamino manchado con cera marrón y una serpiente retorcida, no auguraba nada bueno. Sasuke abrió de inmediato la misiva, a las noticas desagradables debía darles prioridad. Leyó la primera línea con el falso saludo cordial y continuó bajando, a cada palabra fruncía más el ceño. Cuando Sai entró a la habitación encontró una expresión molesta en su rostro.
—¿Malas noticias? —preguntó, sentándose en su silla preferida.
—Algo así.
—¿Tan grabe? ¿Qué sucede?
—Orochimaru adelantó su visita, llegará en dos semanas. Al parecer se enteró de un nuevo grupo rebelde en esta zona —dijo pensativo—. Eso no es todo, traerá sus propios soldados para encargarse de ellos.
—Parece sospechoso.
—Lo sé, aquí hay un solo grupo rebelde, el famoso grupo de la oposición; Konoha, con su líder Jiraiya Sannin. Un segundo grupo está fuera de nuestro conocimiento, y Konoha no ha hecho ningún movimiento, ¿por qué tanta insistencia de Orochimaru para enviar su propio escuadrón? —Guardó el pergamino en un cajón del mueble—. Además, si hubiera otro grupo ya nos habríamos dado cuenta, las malas leguas corren rápido.
—¿Crees que esté tramando algo? Esa serpiente haría lo que fuera por obtener más poder y desacreditarte.
—Prefiero no confiarme, estaremos pendientes por cualquier inconveniente. Infórmale a Suigetsu y Juugo, quiero que ellos también lo sepan.
Sai asintió, dejando su lugar. La seriedad del problema ameritaba prisa.
—De acuerdo.
Sasuke mantuvo un semblante serio, Orochimaru traería dificultades. Estaba seguro de ello.
…
Los cargos de conciencia derrumbaban poco a poco a una persona, pero hablar con su amigo favoreció su confianza e incrementó su determinación. Después de reír y bromear Kiba propuso varios consejos que, según él, podrían auxiliarlo a conllevar la misión, sin sentirse un desgraciado.
«No estarás jugando con sus sentimientos si demuestras que realmente te interesa.»
Kiba veía la vida muy simple. Ojalá lograra su ejemplo.
«La información es lo importante para Konoha, Uchiha puede salir librado, piensa en ti, el amor es aparte.»
¿Amor? Meditó la palabra. ¿Haría lo correcto? Si mostraba parte de su verdadera personalidad, sus verdaderos sentimientos, no sería realmente un engaño… una verdad a medias.
«Cuando termine la misión puedes renunciar a Konoha y quedarte con él. Olvidar el pasado.»
Parecía muy bonito y fácil, pero tenía un mal presentimiento, tarde o temprano su identidad quedaría descubierta.
«No pienses demasiado, trátalo como un amor pasajero.»
Kiba exponía la situación muy simple. ¿Estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua? Tal vez adoptar sus consejos sería una idea razonable, por lo menos un par de puntos. Sólo pedía que ese embrollo no empeorara.
…
Sus noches de trabajo pasaban con rapidez, los días también. Esa mañana Naruto abrió los ojos con pesadez, el ruido del otro lado de la puerta había esfumado su hermoso sueño; fantaseaba con grandes tazones de ramen desfilando ante él, listos para devorarlos. Desde su ingresado a la misión no había probado aquel suculento manjar, cada día lo añoraba más. Ahí no lo servían porque "engordaba" y perderían su esbelta figura. ¡Patrañas! El ramen era un platillo de los Dioses. Posiblemente pediría un tazón a Kiba de contrabando.
Unos toques en la puerta interrumpieron su plan.
—¿Podemos pasar? —preguntó la suave voz de Hinata.
—Claro que sí —dijo aún medio dormido.
Hinata entró junto a otra muchacha y Haku, los tres contuvieron las risas al ver el desastroso cabello de Naruto. Él encogió los hombros restándole importancia, acababa de levantarse y su pelo rebelde amanecía siempre igual, en la cama deseaba tener un poco de libertad.
—Venimos a presentarte a la nueva compañera —señaló a la chica castaña—, se llama Tenten y tenía muchas ganas de conocerte.
Observó a Tenten y ella le regaló una sonrisa.
—Mucho gusto, Tayu, me siento afortunada por estar frente a una persona tan importante —Tenten hizo una reverencia.
Importante no sería la palabra que Naruto usaría, él no creía que, aparte de su misión, estuviera haciendo algo significativo. El respeto que muchos proporcionaban no pertenecía a su estilo de vida.
—Solo dime Naruto, ¿está bien?
—¡Es poco apropiado! —protestó alarmada.
—No te preocupes, a mí me gusta, no hay problema entre nosotros. ¿De acuerdo, Tenten?
—Está bien.
Tenten accedió no muy convencida, no pretendía enojar a Tayu en su primera presentación.
—Por cierto, ¿por qué hay tanto ruido?
Hinata se sentó a su lado.
—Están preparando la celebración del festival de Tanabata —Naruto no creyó que lo celebraran—. ¡Se me ha ocurrido una idea! ¿Quieres acompañarnos a comprar los adornos? Podemos salir al mercadito que está muy cerca, por tratarse de una ocasión especial tenemos permiso. Shizune podría guiarnos, mientras no salgamos de Shimawara estamos seguros.
La idea le gustó.
…
Las calles de Shimawara rebosaban de gente, comerciantes principalmente, la fecha próxima del festival animaba a las personas. Un pequeño mercado había instalado sus puestos, la gente del barrio rojo compraba lo necesario. A Sai le tocó dar una ronda de vigilancia, revisar que no hubiera accidentes, evitar los robos y ladrones. Pero no iba solo, Sasuke lo acompañaba.
Sai observó curioso los adornos que la gente colocaba en sus locales. La tradición traspasaba los muros y ellos eran parte de la fiesta, hablaban mucho del festival de los enamorados. Shimura conocía la historia por libros, el tema de los sentimientos nunca fue lo suyo. Aún recordaba las veces que Shin lo llevaba por los fuegos artificiales, a escondidas de su padre. Extrañaba la compañía de su hermano mayor.
—Son bonitos.
—Son simples adornos, Sai.
La respuesta del Capitán no le sorprendió, Sai disfrutaba molestándolo.
—Eres muy amargado, Sasuke. ¿Así te comportas con Naruto-kun? —Uchiha entrecerró los ojos en una muda advertencia, él ignoró como siempre—. Ahora entiendo por qué no te quiere.
—Si valoras tu vida recomiendo callarte, Shimura.
—Uy, nos estamos poniendo serios con el apellido. No te alteres, únicamente pretendía animarte para invitarlo al festival.
—¿Qué?
—Sí, ya sabes, es un festival para los "enamorados", sería ideal invitarlo a pasar esa noche contigo. Escuché que los fuegos artificiales serán sorprendentes.
Sasuke meditó la sugerencia, no parecía tan cursi como pensó al principio. Pero había un pequeñísimo inconveniente; Naruto nunca abandonaría su trabajo y saldría de noche. Sus encuentros por el día contaban con cierto justificante, desconocía cómo lo hacía pero Naruto conseguía escapar de la vigilancia de Tsunade, quizá con la ayuda de su misteriosa compañera de cuarto. Por otro lado, la noche representaba un inconveniente mayor. ¿Cómo escapar a la hora de trabajar? Tayu no podría abandonar sus obligaciones para asistir al dichoso festival. Siendo sincero dolía aceptarlo.
—Pésima opción, recuérdalo, él no es libre.
—Es verdad, pero… ¿por qué no le preguntas a él?
Sai hizo una seña y Sasuke siguió la dirección que apuntaba con el dedo; frente a ellos, a unos cuantos puestos y rodeado de varias personas, los mechones del cabello rubio de Naruto sobresalían de una pañoleta. La silueta fue inconfundible para Sasuke. Tres mujeres enseñaban unos faroles de colores y un pequeño niño jalaba la manga del yukata verde. Sasuke pasó de ellos, la gente alrededor sobraba, no pudo apartar los ojos de él.
Naruto sintió una mirada a su espalda, buscó disimuladamente y se topó con los profundos ojos negros de Sasuke. Estaba a unos metros acompañado de Sai, sonrió y alzó un poco el brazo como saludo. Uchiha regresó el gesto y Naruto sonrió todavía más. Shizune, Hinata y Tenten continuaban debatiendo por el color más adecuado en los faroles, ajenas al intercambio de saludos, el único que se percató fue Haku. El niño sonrió cómplice, pues a su criterio, Naruto veía al Capitán Uchiha con el mismo sentimiento que sus difuntos abuelos clamaban.
—Tayu, ¿quiere ir con él? —preguntó Haku en tono bajito y Naruto enrojeció. ¿Tan evidente se había vuelto?—. Descuide, cubriré su ausencia, vaya a saludarlo y yo me encargo de distraerlas.
No pudo negarse porque Haku le dio un empujoncito y avanzó más, entonces el niño sujetó las manos de Shizune y Hinata, arrastrándolas a otro puesto apartado con la excusa de más adornos. Ellas lo siguieron sin rebatir y Naruto quedó ahí parado, solo. ¿Qué hacer? Al final respiró profundo y caminó al encuentro de Sasuke.
Sai fue el primero en notarlo, sabía que haría el mal tercio y tampoco podía saludarlo como un amigo, significaría confesarle a Sasuke la promesa que Naruto le había confiado. Eligió darle una palmada en la espalda y sonrió.
—No arruines la oportunidad, Sasuke, pídele que te acompañe al festival.
Dio media vuelta, marchándose antes del arribo de Naruto. Faltaba trabajo.
—¿Por qué se fue tu compañero?
—Tenía cosas que hacer, debe seguir la guardia.
—Qué mal, me hubiese gustado saludarlo. —Sasuke enarcó una ceja—. No pienses mal, tonto, es tu amigo y me habría agradado conocerlo. Estaré poco tiempo, vine con los demás a comprar adornos.
—¿Está bien? Pueden molestarse por haberlos dejado.
—Haku me cubre —susurró cómplice.
—Es un buen niño.
—Demasiado, muy educado, no deja de decirme Tayu.
—Y tú harás lo posible por remediar eso.
—Tenlo por seguro-ttebayo.
Un silencio cómodo. Deseaban hablar de varias cosas pero con tanta gente alrededor era imposible. Naruto miró de reojo y descubrió a Haku haciéndole señas. Habían terminado las compras y debía despedirse de él.
—Debo irme, a Shizune no le gustará que tarde más.
—Espera, Naruto —Sasuke sujetó su manga del yukata.
—¿Qué sucede?
¿Por qué lo había detenido de repente? Quizás por las tontas palabras de Sai. Sin embargo sería firme y aprovechar la ocasión.
—¿Quieres acompañarme la próxima semana al festival?
La mente de Naruto quedó en blanco. ¿Más sorpresas? Lo que menos esperaba de Sasuke Uchiha era una invitación al festival de los enamorados. Y aunque le gustaría decir sí, había otras situaciones impidiéndolo. Algunos compañeros ya sospechaban de las preferencias que Tsunade le brindaba, y faltar una noche al hamirise arriesgaría su fachada.
—Me gustaría, pero recuerda que salir de Shimawara está prohibido. Son obligaciones que debo cumplir.
—Comprendo, no te preocupes.
Por un segundo Naruto sintió más culpa. Sasuke, ese hombre orgulloso, había dejado a un lado su arrogancia para invitarlo, bastante honesto.
—Lo siento, adiós.
—Adiós, Naruto. Cuídate.
Se despidieron así de simple. Naruto avanzó a pasos cortos, alejándose lentamente del Capitán… y repentinamente tuvo una idea. Después de todo, él nunca seguía las reglas al pie de la letra, seguía su propio camino. Paró en medio de la calle, a unos metros de su objetivo, aun debatiéndose. ¿Lo haría? ¡Lo haría!
Respiró hondo y gritó:
—¡Sasuke! ¡Si me ayudas esa noche, tal vez pueda acompañarte!
Sonrió, amplio y luminoso. Y finalmente se marchó dejando la respuesta del Capitán en el aire. Las demás personas miraron raro al chico escandaloso en medio de la calle, pero nadie lo reconoció y olvidaron su locura.
En cambio, Sasuke Uchiha quedó en medio de las personas, procesando la repentina oferta de Naruto. Fue real, ¿cierto? Sus labios lo traicionaron y también sonrió. Cada día Naruto desconcertaba su interés de buen modo, tan diferente, hacía y decía las cosas despreocupado, mantenía su esencia. Libre a su manera.
¿Cómo no enamorarse de una persona así de auténtica?
.
Continuara…
.
…oooO*Oooo…
.
.
.
Muchas gracias por los comentarios, no saben cuánto los he valorado: princserekou, DGHA, Ai-chan, nakatsu-suichi, gatiuchiha-kun, sol yuki uzumaki, kotoko-noda, hikikomori-chan, kaii-ch, Nelira, hiromihyuga24, katsura-hime, SmileSkuashSKII y Natusky.
Gracias x leer \(°~°)/
