Capítulo IX

.

By Risana Ho

.

oooO*Oooo…

.

Dejó los documentos a un lado y observó al exterior de la ventana; el cielo comenzaba a oscurecerse. Descansaría un minuto en el respaldo de la silla. ¿Cuánto tiempo estuvo encerrado en su oficina? Las mañanas pasaban en un parpadeo y las tardes igual. Su trabajo le gustaba, pero en las últimas semanas había aumentado. Mantener a Orochimaru en el margen requería dobles funciones para él, prefería ahogarse en papeles a permitirle meter las manos en los asuntos del Cuartel, desconocía qué tramaba el hombre y su guardia continuaba atenta. ¿Qué detenía a Orochimaru? ¿Por qué no hacía algún movimiento sospechoso? ¿O solo había construido enemigos en su cabeza? La situación empeoraba, porque muchas actividades significaban tiempo insuficiente con Naruto. En dos meses podía contar sus pocos encuentros con los dedos; las citas del lago habían quedado descartadas a causa de los nuevos soldados merodeando el bosque y las visitas a la casa de Tsunade también las canceló. Si ellos descubrían su interés particular por Naruto yendo a Shimawara, Orochimaru obtendría ventaja de él. Pondría en peligro una persona inocente, ajena a sus problemas. Jamás permitiría eso. Los momentos que habían compartido lo hacían más suyo, Naruto le pertenecía, y él a Naruto. Creería en sus palabras. Luego de poner las cartas, y sentimientos, sobre la mesa, cedió un nuevo voto de confianza. Sólo necesitaba resolver el asunto de Orochimaru y finalmente se concentraría en buscar una solución para sacar a Naruto de Shimawara. Quizá pronto.

—Si continuas perdiéndote en tus pensamientos dudo que esos papeles se revisen solos.

A Sasuke no sorprendió el comentario, la única persona con tal confianza era su Teniente. Sai entró cargando más pergaminos y los colocó en el escritorio, notándolo atento a la ventana.

—Ni un insulto o un ceño fruncido, esto sí es nuevo. ¿Puedo saber qué pasa, Sasuke?

—No.

Sai ignoró la cortante respuesta, sentándose en una silla.

—¿Estás seguro? Supuse que tus pocas ganas de amenazarme se debían a cierta persona de ojos azules, de la cual no diré su nombre porque las paredes tienen oídos. —Sasuke por fin lo miró.

—Mejor ponte a trabajar.

—Yo he terminado por hoy —encogió los hombros, despreocupado—. Y, además de los rollos, vine a ofrecerte cierta información útil.

Las ideas de Sai siempre daban mala espina. Uchiha tomó un nuevo pergamino, ignorando la sonrisa de su compañero.

—No me interesa.

—¿Ni por estar relacionada con esos ojos azules?

«¡Maldito, Sai!», pensó aguantándose las ganas de arrojarle el documento. Shimura conocía su debilidad por Naruto.

—Está bien, tú ganas, ¿qué has investigado?

Sai sonrió. Quizás estaría bien una broma o comentario irónico, pero conociendo a Sasuke su paciencia tocaría límite, y lo echaría a patadas sin permitirle hablar.

—Verás, el otro día estuve patrullando la zona de Shimawara, hubo conflictos por unos tipos apostadores, iniciaron una pelea y… ése no era el punto. Lo importante fue después, ya cerca intenté visitar a Na- —Sasuke frunció las cejas, no por enterarse del propósito de Sai, sino por pronunciar el nombre en voz alta—. De acuerdo, quise visitar a un conocido pero no lo encontré, una muchacha rubia me atendió en su lugar, estuvimos conversando de muchas cosas. Sabes que una buena plática me entretiene, y de una cosa pasamos a otra, simpática ella. Aunque a mí, como en tu caso, me van más los pe-

—¡Sai! Concéntrate.

—Eres un aburrido, Sasuke. Está bien, al punto, ella parecía muy interesada en mí cuando dije que manejaba la posición de Teniente. Sonreía mucho, coqueteaba y pretendió convencerme de volverme su danna. No entendí hasta que la encargada me explicó el término. Y pensé en ti.

Sasuke sí dominaba el concepto e intuyó la intención de Sai. Ciertamente no era mala idea. Un danna se trataba de un cliente habitual, adinerado, que poseía los recursos para financiar los costos del entrenamiento y obtener los servicios de Oiran exclusivos. Hasta pagar su deuda completa. Sai tenía un punto interesante.

—¿Quieres que me convierta en su danna?

En respuesta Sai asintió, satisfecho por su buena obra del día.

Pagar por una persona nunca estuvo en sus planes, sin embargo consideraría la opción; nadie tendría derecho sobre Naruto, únicamente él. ¿Cuánto reclamaría Tsunade por el beneficio de Tayu? ¿Cuánto debería considerar pagar por su libertad? En un alto rango como Tayu la suma sería enorme. Contaba con el capital suficiente gracias a la herencia de sus padres, pero Itachi administraba su dinero, y dudaba que aceptara de grata manera que malgastara su fortuna en una prostituta. Otro problema a su lista de pendientes. Después de Orochimaru vería cómo resolverlo.

«¿Aceptarías un compromiso conmigo, Naruto?»

La noche cayó en Kioto; la luz de las farolas iluminaba las calles y las sombras favorecían el viaje de Naruto. Dos meses sin incidentes. Pese a los nulos resultados proseguía su misión de vigilancia. Tanto Jiraiya y Gaara estaban desconcertados. ¿Habían exagerado en desconfiar del Capitán? La calaña del hombre era bastante reconocida pero, ¿realmente planeaba algo contra ellos? Costaba admitirlo, parecía una fachada, la tranquilidad antes de la tempestad.

Cuando llegó al final de calle, a metros del Cuartel, subió al techo de una casa y descansó ahí. Últimamente terminaba más agotado en los recorridos, normal, atribuía a sus constantes desvelos y la ausencia de hambre. Pasaba noches durmiendo mal y prefería acostarse por las tardes y saltarse las comidas a falta de apetito, en ocasiones le daba asco. Cosas insignificantes que guardaba de la persistente vigilancia de Tsunade. Apreciaba mucho a la mujer, aunque exageraba bastante con sus reglas. Tampoco la culpaba, él era un despistado preocupando a cualquiera. Como hace varias semanas, así de la nada, despertó a las tres de la mañana al recordar que había olvidado tomarse el té de Shizune. ¡Idiota! Si no fuera porque asustaría a los demás habría gritado de frustración. Tantas cosas hubo en su cabeza; la nueva asignación de Jiraiya, la visita de sus amigos, su pelea con Sasuke y la situación con Orochimaru, confabularon en su contra para ocupar sus pensamientos, olvidándose de ese detalle importante. En su cruzada por conseguir un nuevo té había mentido a Shizune, inventándose una historia: «Será mejor beber doble ración, soy nuevo en esto. Quiero asegurar la efectividad al cien por ciento-ttebayo.» Ella se conmovió por su ingenuidad y, ahorrándose más preguntas, obsequió otra taza. Quedó implícito en su plática que era un secreto para Tsunade. El líquido tuvo el mismo aspecto desagradable y un sabor peor. La sensación viscosa bajando por su garganta casi lo hizo vomitar. ¿Era demasiado tarde? Esperaba que no.

Además, siendo realista, no fue la única vez que compartió su lecho con Sasuke. Sus visitas habían disminuido por el problema de Orochimaru, pero esas cortas citas las aprovechaban muy bien…

Sintió las mejillas calientes bajo la máscara recordando sus demás encuentros; en la intimidad de su habitación, a plena luz de la tarde, con los habitantes de la casa paseándose en la planta baja. Mejoró. En la complicidad de cuatro paredes saboreó los besos del Capitán, las caricias en sus cuerpos, el rose de sus labios por su piel húmeda. Ambos cuerpos desnudos unidos nuevamente. Extasiados. Sintiéndose completos, plenos. Polos opuestos complementándose. Había mordido sus labios para no gemir fuerte o serían atrapados, y golpeó a Sasuke con una patada por su sonrisa satisfecha.

Nadie sospechó de sus esporádicas citas, aunque finalmente contó la verdad a Tsunade porque necesitaba más té.

—¿Sabes el problema que tendrás si Jiraiya descubre tu secreto? Como dije hace semanas; a mí no me interesa con quien duermas, eres libre. Sólo recuerda que el mocoso Uchiha es tu encomienda.

—Lo sé, pero quiero a Sasuke, y acabaré la misión antes que él lo descubra.

—Eres muy ingenuo —ella frunció las cejas por un segundo y luego suspiró—. Te pareces a mi difunto hermano, Nawaki siempre luchó por sus sueños y mantuvo su camino siendo un idealista. Pero cuanta conmigo. Haz lo que tengas que hacer, y enfrenta tu propio sendero sin arrepentirte, Naruto.

—¡Muchas gracias, abuela Tsunade!

Tsunade movió la cabeza en un gesto negativo, tragándose las ganas de golpearlo.

El sonido de varios pasos lo trajo al presente. Desde el techo descubrió un grupo de tres hombres saliendo del cuartel, parecían bastante sospechosos, miraban discretos a los extremos de la calle, pendientes y vigilando, como escondiéndose de posibles personas curiosas. Una vez que verificaron la seguridad fueron a la parte del bosque. Naruto los siguió. A una distancia considerable era fácil mantenerles el paso, ocultándose entre los árboles. Se detuvieron en un claro y él prefirió buscar un árbol cercano para escucharlos, pendiente de la conversación. Trepó escondiéndose en las ramas, obtenido así una mejor panorámica. Su traje negro se camuflaba en la oscuridad del follaje.

—Estoy cansándome de esto —dijo el tipo gordo mientras masticaba unas hojas—. ¿Cuánto tiempo debemos aguantar? ¡Estoy aburrido!

Otro sujeto palmeó su hombro antes de sentarse en el tronco de un árbol caído.

—No te desesperes, Orochimaru tiene todo preparado. Unos días más y tendremos diversión.

El tercer hombre delgado soltó una carcajada.

—¿Imaginan su reacción? Ése presumido Uchiha cree que es superior a nosotros y nos tiene custodiados —escupió—. Muero de ganas por ver su cara destrozada cuando hayamos ganado, el bastardo ni siquiera lo sospecha. Jamás sabrá por dónde llegará el próximo golpe.

¿Ganar? ¿Golpe? ¿Qué tramaban esos tipos?

—Kabuto tuvo una idea ingeniosa —alabó el soldado del árbol—. ¿Quién pensaría que los emblemas de Konoha que robamos en Edo servirían tanto? Es cuestión de esperar a los ninjas que Orochimaru contrató en la Capital. Ellos vestirán las insignias, matarán a Sasuke y sus tontos subordinados culparán a Konoha.

—¡Tan fácil como arrojar una piedra y esconder la mano! Querrán venganza, y la lucha entre el cuartel de Kioto y la Oposiciónserá inevitable. Orochimaru matará dos pájaros de un tiro, entonces el poder de esta zona pertenecerá por completo al "héroe".

—¡Brindemos por eso! —propuso uno—. Vayamos a Shimawara a celebrarlo.

—Idiota, todavía no podemos celebrar nada, tenemos prohibido ir al barrio rojo. También me antoja una puta, pero Orochimaru es precavido. ¿Sabes cómo te pones de hablador cuando te embriagas, imbécil? Confórmate con el sake que conseguí hoy, en unos días disfrutaremos a lo grande.

El hombre gordo cruzó los brazos y pateó un montón de hojas, los dos restantes rieron a carcajadas.

Naruto quedó completamente mudo y aturdido, sus oídos dejaron de escuchar las risas. La información golpeó directo en su estómago. Mordió sus labios en un difícil intento por tranquilizarse, deseó bajar y matarlos, sin embargo cometería un error imperdonable. Descontando el tres contra uno, su impulsividad alertaría a Orochimaru y perdería la valiosa ventaja informativa que ahora poseía. Espió una vez más a los hombres, éstos habían sacado una pequeña botella de sake y discutían sus anécdotas en Yoshiwara. Media hora después ellos arrojaron la botella vacía a la hierba y regresaron al cuartel, dándole la oportunidad a Naruto para abandonar el árbol.

Corriendo a prisa subió al primer tejado accesible que encontró y aceleró sus pasos. Su prioridad era informarle a Jiraiya. Sus amigos estaban en peligro y… Sasuke. Un escalofrío torturó su columna ante la ilusión de Sasuke muerto, por un segundo se mareó. Se detuvo a sacarse la máscara y controlar su respiración, casi llegaba al campamento. ¿Cuánto tiempo había corrido? Haría lo impensable por asegurar la vida de Sasuke Uchiha. Orochimaru planeaba enfrentarlos entre ellos, una emboscada, pero Konoha idearía la manera de contraatacarle.

El campamento apareció como un faro luminoso en medio de la nada, y el gran peso en sus hombros y la presión estallaron en su garganta. Entró apresurado a la casa, restándole importancia a las miradas curiosas de sus compañeros. Sus ojos iban de un lado a otro en busca de Jiraiya. Él sabría qué hacer ante la situación.

—¡VIEJO!

—¿Naruto? ¿Qué haces aquí?

Izumo lo vio desconcertado y preocupado. La misión de Naruto era conocida por todos, y su presencia a esa hora debía tratarse de una emergencia.

—Busco a Jiraiya. ¿Dónde está, Izumo?

—En su habitación, durmiendo. ¿Puedo preguntar a qu-?

—Lo siento —cortó—, después te explico. Debo darme prisa.

La habitación de Sarutobi quedaba cerca. Tocó fuerte dos veces, a la tercera recibió una maldición del otro lado de la puerta. El hombre abrió y Naruto pasó impaciente, como un torbellino, ignorando el ceño fruncido del mayor.

—¿Qué son esos gritos, muchacho? ¡Es más de medianoche!

—¡Se trata de Orochimaru, viejo!

Todo rastro de somnolencia desapareció del rostro de Jiraiya.

—Habla, ¿sabes algo de su objetivo?

Naruto asintió.

—Hace más de una hora seguí a tres de sus hombres, entraron al bosque y, pensando que estaban solos, comenzaron una conversación. Mencionaron la posibilidad de contratar ninjas en Edo para usar nuestro emblema, su propósito será matar a Sasuke e inculparnos. ¡Inventaron otro grupo de rebeldes para desviar la atención! —Apretó los dientes—. Así los soldados de Sasuke tendrán mayores motivos y nos atacarán en venganza. Orochimaru iniciará un enfrentamiento que eliminará a ambos.

Jiraiya quedó en silencio, analizando cada palabra. ¿Por qué Sannin odiaba tanto al mocoso Uchiha?

—Orochimaru siempre va por lo grande, pero entiende que con sus posibilidades actuales no manejaría Edo, y la zona de Kioto es la segunda más importante. Quiere ganar poder. Eliminando a Sasuke tendrá el control de un ejército en crecimiento, no imagino que planea al obtener su objetivo. ¿Un golpe de estado? ¿Derrocar a Ieyasu? —Suspiró, sentándose en la cama—. Lo averiguaremos a su tiempo, por ahora nos preocuparemos de nosotros.

—¿Qué haremos? Su meta es matarlo, ¡pero no sé cuándo!

Y la simple idea quemaba por dentro.

Sarutobi percibió la desesperación en Naruto. ¿Ese muchacho escandaloso creía poder engañarlo? Le faltaban muchos años de experiencia para guardarle secretos. Conocía a la perfección sus amoríos con Sasuke Uchiha. Tsunade había participado como su cómplice, pero cuando ella bebía de más soltaba la lengua. Su primer impulso fue sacarlo de ahí, alejarlo de Uchiha, perder a Naruto por una calentura de cabeza afectaría su futuro. Sin embargo su presencia en Shimawara era primordial, el disfraz de Tayu beneficiaba a la misión. Mientras Namikaze tuviera los pies en la tierra, sin afectar sus tareas, él no interferiría en la relación. Eran enemigos por las diferentes posiciones e ideales, no porque realmente odiara a Sasuke Uchiha. La vida había otorgado al Capitán el papel de enemigo, de lo contrario, hasta le hubiese agradado contar con esa mente brillante en Konoha.

—Uchiha es nuestro rival, eliminarlo sería un beneficio… —los puños de Naruto temblaron, por un segundo creyó ver un tinte rojizo en los irises azules. Estaba enojándose de verdad—. Tranquilo, no he acabado. Como decía, sería un beneficio, pero Orochimaru cometió el error de involucrarnos a nosotros.

Naruto relajó los hombros.

—¿Entonces…?

—Sannin se ha convertido en un enemigo mayor, y estableceremos prevenciones. —Las circunstancias requerían medidas precipitadas—. A partir de hoy te relevo de la misión en Shimawara —iba a discutir. Jiraiya interrumpió—. Escúchame bien, desde mañana tu nueva tarea será, exclusivamente, vigilar la rutina del Capitán Sasuke Uchiha.

—¿En verdad?

Jiraiya afirmó.

—¡Gracias, viejo!

—Nada de "gracias", hago esto por la seguridad de Konoha, si llegaran a matarlo la culpa caería en nosotros. Jamás permitiré que mi gente page los muertos de otros. Y también como retribución, esta información salvará la vida del grupo. Buscaremos el modo de contraatacar sus planes, enviaré más hombres a patrullar. Ahora vuelve con Tsunade y duerme, mañana tendrás un nuevo objetivo.

Dudaba poder dormir, aunque agradecía la confianza de Jiraiya. Lucharía por él, por Sasuke y sus amigos.

Sasuke guardó el último rollo en su cajón, estuvo a punto de levantarse cuando tocaron la puerta. Pronunció un simple "adelante", permitiendo la entrada. ¿Quién sería a esa hora?

—Me alegra encontrarte despierto.

Orochimaru; la persona que menos deseaba atender. Sin embargo parecía tratarse de una urgencia.

—¿Qué pasa, Orochimaru?

Llevaba un semblante serio, no la sonrisa maliciosa que lo caracterizaba. Antes de responder le entregó un pergamino, un sello propio en él. Su voz salió igual de formal.

—Léelo, es una orden primordial, quiero organizar más grupos de vigilancia.

—¿Por qué la urgencia? Estas semanas han patrullado ya diferentes grupos.

Algo andaba mal.

—Ahora es diferente. Un grupo de mis hombres acaba de traerme noticias lamentables, teníamos un acuerdo con la familia Temura, ellos nos surtían los suministros; cereales, pescado y leche. Cada semana puntual, pero esta noche no aparecieron. Envié soldados a investigar y encontraron el lugar saqueado, desgraciadamente asesinaron a la familia completa. Seis hombres, dos niños y tres mujeres vivían ahí. ¿Entiendes la magnitud de la amenaza?

El rostro de Sasuke quedó blanco, apretando la mandíbula de impotencia. ¿Niños? ¿Mujeres?

—¿Atraparon a los culpables?

—No, los hombres de la granja dieron pelea pero solo mataron a uno… el sujeto portaba la insignia de Konoha. Ellos lo hicieron, esos salvajes masacraron inocentes, simplemente por ayudarnos a abastecernos.

¿Konoha? Esos malditos pagarían con la misma sangre. Habían rebasado su límite de consideraciones. Volvió a leer la hoja de pergamino, la petición de más patrullaje para hallar el escondite de los culpables era un buen comienzo. Firmó antes de entregársela a Orochimaru. Mientras él estuviera al mando nadie quedaría impune en Kioto.

—De acuerdo —dijo Uchiha—, mañana mismo organizaré los grupos y ampliaremos la búsqueda.

—Haremos lo correcto, destruiremos a los traidores. Están mostrando su verdadera naturaleza violenta al sentirse acorralados. Si no tuvieron compasión por una familia inocente, ¿por qué nosotros deberíamos tenerla con ellos? Tomaste una sabia decisión, Sasuke.

Comprendía la gravedad. Entonces, ¿por qué su instinto advertía peligro? Pensaría después, su prioridad era atrapar a los culpables de Konoha.

La emoción de saber que protegería a Sasuke desapareció tan pronto cruzó las puertas. Regresar a Shimawara, recordando su actual posición, bajó su ánimo. Ante los ojos de Sasuke continuaba siendo Tayu. ¿Cómo justificaría su ausencia? ¿Fingirse enfermo hasta obtener el fracaso de Orochimaru? ¿Lograría ayudarlo? Posiblemente la farsa funcionaría unos días, pues ignoraba el tiempo que demorarían en atacar. Los hombres del bosque habían dicho días, pero desconfiaba de ellos. Esa conversación no abandonó sus pensamientos y quiso distraerse escribiendo el informe completo para Jiraiya. A los pocos minutos cayó rendido en su futón. Sentía en el pecho la repentina ansia de un mal presagio.

Sus manos estaban atadas, su boca sellada.

¿Cómo prevenir a Sasuke sin delatarse a sí mismo? Una carta anónima podrían interceptarla, dándole a Orochimaru más beneficio. La idea de pararse frente a él, advirtiéndole del peligro con una mentiría, estaba descartada. Sasuke haría preguntas, una llevaría a otra, una mentira a otra mentira, un descuido a uno mayor. La máscara caería inevitablemente… y la seguridad de Konoha acabaría expuesta. Orochimaru conseguiría una doble victoria. ¿Él? Naruto sólo ganaría el odio de Sasuke Uchiha.

Esos escenarios oscuros lo atormentaron hasta el amanecer.

Por la mañana la noticia del atentado contra la familia Temura se regó como pólvora.

Inició la agenda con la reunión de ambas unidades, distribuyéndolos en grupos y así empezar la guardia las veinticuatro horas. Irían dividiéndose los turnos para abarcarlas. Durante el resto de la semana los soldados de Sasuke patrullaron la zona de cultivos y el bosque, mientras los hombres de Orochimaru rondarían el templo y las calles centrales de Kioto. Las personas los evitaban, temerosas de ser asociadas con los miembros de la Oposición. Ni el bullicioso barrio rojo se salvó del tenso ambiente. Esa noche clasificaron la ciudad en cuatro zonas; Shimawara quedó a manos de Orochimaru.

Con Sasuke hasta el otro lado del pueblo, él vio la oportunidad perfecta de rondar libre, prestándole completa atención a la casa de Tsunade. Lo recibió una mujer joven y ordenó la mejor habitación, el sake más costoso. Al solicitar la presencia de Tayu, la muchacha tembló nerviosa pero hizo una reverencia y salió presurosa en busca del Oiran.

—Merezco una recompensa —se dijo, saboreando lentamente el sake—. Es hora de poner en marcha la segunda fase del plan.

Su ficha inicial estaba colocada estratégicamente en el tablero; engañar a Sasuke fue el primer paso. Cuando involucraba la vida de personas inocentes, como esperaba, la prioridad del Capitán Uchiha recaía en castigar a los culpables. Él se valdría de ello. Negociar con la familia Temura, crear un vínculo y luego eliminarla para su beneficio –haciéndolo parecer un crimen de odio perpetuado por Konoha– resultó brillante. Y nunca se descubriría, porque esa misma noche Sasuke Uchiha también moriría.

Efectuaría la segunda etapa.

Meses de planeación darían sus frutos, afinó los detalles cuidadosamente. Una vez que Sasuke, líder del régimen, muriera, el mando pasaría a Orochimaru. Entonces la tercera pieza rodaría. Kioto estaba creciendo bajo la sombra de Edo, pero sirviéndose de ese desarrollo llegaría a derrocar el Imperio. Poco a poco reuniría más soldados, bandidos, delincuentes, a los marginados les daría comida y techo a cambio de su lealtad. Entrenarían día y noche. Incrementaría la fuerza de su propio ejército. Con el armamento listo declararía la guerra a Ieyasu, Tokugawa caería cediéndole el paso como nuevo gobernador de Edo. Sería una venganza. Ieyasu pagaría su humillación, jamás debió menospreciar su liderazgo eligiendo a Itachi Uchiha como el próximo comandante de su guardia. Aún funcionando bajo sus órdenes por más años, Tokugawa prefirió al genio Uchiha en su lugar. Enterarse del nuevo cargo militar de Sasuke Uchiha en Kioto, se convirtió en una oportunidad de oro. Destruiría lo más valioso de Itachi, tendría la cabeza de Sasuke y desterraría a su familia, incluido a sus hijos.

Pronto, muy pronto. Su primera victoria la celebraría entre las piernas de Tayu. Disfrutar lo mejor.

Un llamado a la puerta apartó sus cálculos, abandonó el sake e indicó el permiso. Grande fue la decepción viendo entrar a una mujer de ojos verdes.

—¿Quién eres tú?

El desprecio en su voz quedó claro. Ella sintió un ligero escalofrío debido a la mirada penetrante del hombre. Pero soportaría. Aguantaría el asco por atender a un Capitán proveniente de Edo, superior a Sasuke Uchiha. Por primera vez se creyó importante, merecedora de un buen cliente.

—Soy la Sancha Sakura, seré su acompañante por esta noche especial, Tayu se encuentra indispuesto —reanudó el protocolo arrodillándose frente a él, bajando la cabeza hasta que su frente tocó el dorso de sus manos tendidas en el tatami. Levantándose nuevamente descubrió la seriedad en su cliente—. Parece molesto, Capitán Orochimaru.

—Por supuesto que lo estoy. ¿Pretenden estafarme? Pedí lo mejor de la casa y enviaron una insignificancia. Quiero hablar con la dueña.

Las crueles palabras hirieron el orgullo de Sakura, pero procuró sonreír.

—Puede insultarme si desea, aunque dudo cambie algo —seguiría su juego, mentiría un poco. Según Tsunade, Naruto tenía fiebre y era incapaz de trabajar. Pues haría creerle al estúpido capitán otra cosa—. ¿Le cuento un secreto? En realidad Tayu rechazó la solicitud, es bastante selectivo con sus clientes, no recibe a cualquier forastero, por muy important-

Sakura supo que abusó de su lengua cuando Orochimaru saltó sobre ella, apretándola del cuello.

—¿Qué has dicho, niña insolente? ¿Crees que puedes tratarme así?

—L-lo s-sien-t-to —la respiración le fallaba. Caería inconsciente si continuaba sin aire—, n-no es mi culpa, él prefiere a los hombres jóvenes c-como el ca-capitán Uchiha.

La mención de Sasuke funcionó. Orochimaru la soltó, mirándola interesado. Esa mujer idiota podría servirle después de todo. Ella jadeó y tosió fuerte.

—¿Uchiha? ¿Sasuke Uchiha? —Sakura tiritó temerosa, asintiendo fervientemente—. Pensé que alguien tan correcto como él repudiaba Shimawara, ¿quién hubiese imaginado que también compra putas? ¿Qué más sabes? —Acomodó un mechón suelto de cabello rosa tras su oreja, el acto la congeló y prefirió hablar.

—Antes asistía rara vez en compañía de sus amigos, pero desde que conoció a Naruto regresó con frecuencia, aunque en las últimas semanas ha dejado de hacerlo —incluso aterrada por los ojos amarillos las palabras salieron impregnadas de desprecio. Odiaba a Tayu.

Interesante.

—¿Qué tan fascinado está por él?

—Sasuke parece bastante interesado —dolió admitirlo—, mis compañeras dicen que podría convertirse en su danna.

Orochimaru sonrió. Aún con Sasuke muerto, nunca despreciaba la posibilidad de un as bajo la manga. Más adelante tal vez sería útil.

—¿Sabes? Me excedí contigo, querida, eres verdaderamente agradable y servicial. ¡Hasta puedes ayudarme! —Sakura miró confusa—. Sé recompensar a las personas que me sirven. Debes mantenerme informado de Tayu. ¿Cómo acabas de llamarlo? ¿Naruto? —ella asintió—. Saldrás beneficiada si me cuentas cada detalle de Naruto… dinero, joyas, posición, lo que desees.

Una oferta tentadora, y tras sufrir la ira del Capitán, Sakura elegiría correctamente. Concentrarse en lo positivo; la riqueza y el secreto de Naruto.

—Será un placer trabajar con usted, Capitán Orochimaru.

—Es un trato, querida Sakura. No te arrepentirás.

Cada soldado interponiéndose en su camino restaba minutos a su destino. En el techo, escondiéndose cuidadosamente, temblaba de anticipación e inquietud. La vigilancia en la ciudad había aumentado al triple. Conocer la razón del hecho lo enfurecía. Había pasado una semana, pero todavía recordaba la impotencia que sintió por el informe. Aquella mañana Kioto despertó con la conmocionada noticia de la masacre a la familia Temura a manos de Konoha. Cuando escuchó a las cocineras en el comedor, tiró su tazón de arroz antes de correr con Tsunade en busca de respuestas. Afortunadamente Kiba llegó temprano, reportándole también la tensa situación que los afectaba. Orochimaru había ejecutado su primer movimiento: inculparlos. Los apostó como homicidas de sangre fría y serían eliminados de inmediato. Estaba seguro que Sasuke sería el próximo en su lista. Trabajó duro una semana convirtiéndose en su sombra. No obstante, su presentimiento no desaparecía.

Esa noche tenía un aire pesado.

El tiempo jugaba en contra y necesitaba concentrarse. Una hora costó abandonar la ciudad, ésta desapareció a su espalda y en la soledad del bosque respiró aliviado. Mantenía atenta su defensa, la mayor parte de soldados resguardaban las calles centrales, otros patrullaban el bosque. En cinco meses, desde el inicio de su misión en Shimawara, conocía los senderos desiertos de memoria. Exploró los alrededores, cuidadoso y constante, hasta dar con el área cerca de la oficina de Sasuke. Subió al árbol alto de costumbre. Pero grande fue su desconcierto al toparse con la habitación oscura y vacía. ¿Dónde estaba Sasuke? ¿Patrullando las calles, solo? ¿Expuesto a los propósitos de Orochimaru?

La incertidumbre golpeó su cabeza como un mazo y el latido de su corazón acelerado taladró sus oídos. ¿Era demasiado tarde? ¿Sasuke moriría por su descuido?

Alzando la vista comprobó las nubes cubriendo la luna. Oscureció más el trayecto y el frío caló sus huesos. Pronto caería una tormenta. ¿Cuánto había pasado de su último recorrido vigilando? Antes de obtener su cargo como Capitán salía constantemente, inspeccionaba la zona junto a sus compañeros, o solo. Las cosas habían cambiado mucho. Su trabajo ahora consistía en conservar el orden sentado tras un escritorio. Pero, tratándose de una situación peligrosa, no podía quedarse en su oficina mientras sus hombres buscaban la base de Konoha. Orochimaru y él formaron los grupos; los hombres de Sannin vigilarían la zona del barrio rojo y los cultivos, los suyos estarían recorriendo las calles y la parte norte. La distancia entre ambos sectores era considerable, y lo agradecía, necesitaba alejarse. Dispuso a Juugo, Suigetsu y Sai como líderes de sus grupos. Ellos ampararían la calma de los ciudadanos inquietos, el miedo en la población sólo traería más dificultades. Era primordial demostrar su determinación acabando con la Oposición. Sasuke prefería ir solo, en grupo llamaba más la atención. Confiaba en sus compañeros, había elegido una zona relativamente tranquila a petición de sus Tenientes.

La noche desolada le recordó otra situación similar, aquel enfrentamiento con el ladrón del pergamino. La imagen del muchacho provocó un gusto amargo en su boca del estómago. Quería volver a encararlo, saldar la cuenta pendiente. Aunque la tierra se lo había tragado. ¿Seguiría vivo? Algún día daría con él, saldría de su escondite y lo atraparía.

Prolongó su ronda.

Sin embargo tras él, a unos cuantos metros considerables, tres figuras acechaban sigilosamente en las sombras. Contratados en Edo por Orochimaru, la eficiente técnica del asesinato silencioso los identificaba en los barrios bajos. Las instrucciones del Capitán fueron precisas; seguir al objetivo hasta contar con una oportunidad, crear una distracción para separarlo de sus subordinados, eliminarlo e inculpar a Konoha. Empleaban los trajes negros característicos de la Oposición, el emblema reluciendo en sus antebrazos por el metal. Su paciencia tuvo éxito y la primera parte estaba hecha, con las manos limpias. Uchiha había dejado a sus hombres atrás. Pobre idiota. Crearían el lapso adecuado. Dos de ellos –los más cercanos a Sasuke– revelaron el filo de un kunai. Un brillo peligroso destelló en los ojos rasgados.

La presa hoy sería cazada.

Corrió a gran velocidad ignorando el dolor en sus piernas, la urgencia por hallar a Sasuke tenía prioridad. Descartó un callejón lleno de soldados y avanzó por una vía menos transitada, evitaría enfrentamientos innecesarios con los soldados de Uchiha, retrasaría su propósito de alcanzarlo. La mayor parte del cuartel invadía las calles. Fue una suerte, luego de abandonar el bosque, toparse con un par de soldados hablando del paradero de su Capitán. Sasuke había ido solo a patrullar el área norte. ¡Maldición! ¿Por qué sin seguridad? Ofrecían la vida de Sasuke en bandeja de plata.

A cada paso el bullicio del distrito desapareció, la oscuridad y soledad del callejón le alarmó. El desierto escenario causaba sospechas. Sus limitaciones le impedían ir por más ayuda, el campamento quedaba a las afueras de Kioto, hasta el sur de la ciudad. Tardaría demasiado. Se arriesgaría solo, frenaría como fuese los planes de la Serpiente.

Se detuvo en un cruce de calles, indeciso del camino. ¿Cuál habría seguido Sasuke? Estuvo a punto de escoger la derecha pero el sonido del metal chocando contra metal lo frenó. Por un segundo también el latir de su corazón. Había escuchado tantas veces aquel ruido, era imposible errar ante el eco del encuentro de dos amas enfrentándose; una katana o kunai. A prisa continuó en la dirección del estruendo, cada vez más fuerte. Por instinto, y precaución, se escondió en los arbustos, acercándose lentamente, discreto. Se sorprendió al hallar el lugar vacío, silencioso y despejado. ¿La pelea había acabado? La escasa claridad dificultaba su búsqueda, en su escaneo, a lo lejos, advirtió a una persona tendida en el suelo. ¿A quién pertenecía el cuerpo? No podía distinguirlo. Podría tratarse del enemigo o… Sasuke. ¡¿Sasuke?! El miedo nubló su razonamiento, evitó pensar en las consecuencias y salió del escondite, yendo directo a confirmar la identidad del cuerpo. Si era Uchiha debía verificar su condición, atenderlo urgentemente. Sin embargo, acercándose más, distinguió las diferencias en la vestimenta del hombre; un traje oscuro, no el uniforme del cuartel. Su corazón saltó aliviado. Entonces descubrió la placa de Konoha en el brazo izquierdo del impostor. ¿Quién estaba detrás de ellos? Giró el cuerpo para quitarle la máscara y, a punto de arrancar la tela oscura del rostro, notó otra presencia.

El viento sopló fuerte, moviendo una de las nubes que cubría la luna, ofreciendo una vez más su luz. La tenue claridad ayudó a Naruto, diferenció el brillo del metal tras un árbol y rápidamente soltó la máscara, saltando hacia atrás arrastrándose en la tierra a tiempo para esquivar el ataque que pasó a centímetros de su cabeza. Desenfundó su katana dispuesto a regresar el ataque. Un fulgor peligroso cruzó en los ojos azules, aunque éste no duró demasiado. La voz de su contrincante petrificó su cuerpo, el arma resbaló ligeramente de sus dedos y su mirada se concentró en la tierra, como buscando respuestas.

—Me equivoqué, son más de tres, apareció otra rata —Sasuke caminaba a él, empuñando a Kusanagi—. ¿Quieres saber si tu compañero continúa con vida? Lamento informarte que está muerto.

¿Por qué los miembros de Konoha lo creían ingenuo? Subestimaron sus habilidades. Ciertamente daba méritos a la hora de ocultar su presencia, pero los había previsto unos metros cerca del final. A punto del ataque sorpresa él los enfrentó. Era obvio que, como líder, sería el objetivo a eliminar. Confirmó su teoría cuando los tipos salieron de las sombras dispuestos a ejecutarlo. No sería fácil. Desenfundó su katana, concediéndoles la posibilidad de un combate cara a cara. Pretendía derrotarlos, dejarlos inconscientes y llevarlos al cuartel para un interrogatorio, pues los tres ninjas portaban el emblema de Konoha. La lucha duró lo suficiente. A los dos primeros tuvo que asesinarlos, eran ellos o él. El tercer individuó recibió un corte en el estómago, quizá viviría si lo atendían a tiempo. Pensó llamar a sus hombres para recoger los cadáveres. Sin embargo el murmullo de nuevos pasos, tan sigilosos como los anteriores, le previno de otro posible peligro. ¿Refuerzos? Se ocultó y arrastró al sobreviviente junto a él, sólo atacaría si identificaba al enemigo. Una figura envuelta en negro surgió al extremo de la calle. Efectivamente, aquel traje pertenecía a Konoha. El recién llegado quedó inmóvil hasta localizar el cuerpo de su compañero y corrió a socorrerlo. Su señal. Le quitó un kunai al tipo inconsciente y atacó. El lanzamiento fue preciso pero el blanco consiguió esquivarlo. Bien, Kusanagi y él tendrían un nuevo adversario. Tal vez, por la forma de eludir el ataque, más habilidoso que sus compañeros.

Solo uno saldría vivo.

Naruto apretó la cacha de su katana, aferrándose a ella como una tabla salvavidas. La gruesa voz de Sasuke rememoró su primer encuentro. Cruel deja vú. ¿Qué ganaba el destino empeñándose en enfrentarlos? No había vuelta atrás. Respirando profundamente alzó despacio la cabeza, mostrando determinación en sus irises azules. Sasuke, velado por la sed de sangre, titubeó al descubrirlos.

Esos ojos. Aquel azul. «Se parecen a los de Naruto», pensó. La abrumadora semejanza turbó su coraje. ¡Era una tontería, un insulto para Naruto! ¿Por qué comparar los ojos de un asesino con los de su persona amada? Sasuke endureció el gesto, porque ese tono también le recordó a una persona más. Esa silueta, la forma de sostener la espada, su postura defensiva…

—Eres tú —al final cobraría su deuda pendiente—. Tuviste mala suerte al toparte nuevamente conmigo, ladrón del pergamino. ¿Pensaste que escaparías?

La situación estaba yéndosele de las manos. Enfrentarse a Sasuke, o herirlo, quedaba fuera de su perspectiva. ¿Lastimarlo? En otras circunstancias su instinto de sobrevivencia actuaría inmediatamente, pero no con Sasuke. ¿Tan blando e inútil se había vuelto? La mejor alternativa sería escabullirse. Echó un rápido vistazo a su alrededor buscando una abertura, una vía de escape, la calle angosta dificultaba su cometido. Los diferentes caminos estaban repletos de soldados y prefería enfrentarse a ellos en lugar de Uchiha. Su única opción era atacar y soltar una bomba de humo, el descuido abriría un atajo. Con una distracción. Sujetó firme la katana con ambas manos, antes daría un par de golpes para engañarlo.

Atacó.

Sasuke inmovilizó la hoja con su propia arma, golpeándolo después en las costillas. Naruto tosió aturdido por el embate, aferrándose a localizar una abertura, lanzó un nuevo ataque y consiguió rozarle una ceja con la punta del acero. La sangre escurrió por el ojo izquierdo de Sasuke, imposibilitándolo un segundo, tiempo suficiente para soltar el dispositivo; la cortina de humo surgió.

No. Ésta vez Sasuke lo impediría. Con un ágil movimiento usó la espada formando un abanico de aire que disipó el humo. Ni la invisibilidad de su ojo impidió embestir al sujeto antes de permitirle huir. Rasgó la manga del traje negro, provocándole una cortada en el brazo.

—El mismo truco no funcionará dos veces —la sangre manchó la hoja de su katana—. ¡No escaparás, basura!

La punzada dolorosa le hizo soltar un gruñido a Naruto, la herida poco profunda ardía demasiado. Su plan había quedado obsoleto. Muy a su pesar, Sasuke Uchiha frustraría su intento de huir. ¿Ahora? Si él deseaba pelear, una pelea tendría. «Debo dejarlo inconsciente, sólo así huiré.» El brazo entumecido entorpecería el agarre del arma, pero necesitaba ambas para ganarle a Sasuke. Uchiha también preparó la ofensiva, su adversario enfrentaría seriamente. Lástima, porque él ganaría. Morir ahí quedaba descartado, había cosas por hacer. Regresar al lado de Naruto, una de las más importantes.

El viento frío movió las ramas de los árboles y ambos contrincantes lo dispusieron como una señal para comenzar, lanzándose uno contra el otro.

Los ataques fueron certeros y precisos, ninguno se permitiría ceder. Poseían desventajas; Naruto la herida del brazo y Sasuke la sangre del corte en el ojo izquierdo. Namikaze tiró una patada que Uchiha esquivó, éste rozó el pecho del espía con la punta de su espada, y sólo rasgó la tela. Poco a poco sus respiraciones se volvieron irregulares, la pelea estaba tardando demasiado.

Concentrados en ellos mismos, ignoraron que el ruido de las armas había despertado al ninja inconsciente. Aturdido contempló el corte de su estómago, por el dolor, la fiebre y el escalofrío, supo que pronto moriría. Sonrió bajo la máscara al fijarse en su objetivo, sujetó firme la espada de su cintura y, jadeando, se levantó lentamente, quedándose quieto a la espera de concentrar su fuerza. El enfrentamiento transcurría independiente de él, y sería su ventaja. Justo cuando detectó una abertura en la defensa del Capitán, inmediatamente debido a la adrenalina, corrió temerario al ataque. Su intención era encajar la hoja en la espalda de Sasuke.

Los ojos azules de Naruto reflejaron terror advirtiendo, en cámara lenta, cómo el ninja se lanzaba a Sasuke con el firme propósito de matarlo. Su cuerpo prácticamente se movió solo, ni siquiera supo en que momento empujó a Sasuke, posicionándose rápidamente frente a él, recibiendo de lleno el golpe de la espada. El brusco ajetreo había cambiado la dirección del ataque y el metal atravesó su hombro, la tibia sangre emanó del corte perdiéndose en el tono negro del traje. Pero Naruto sonrió tras la máscara mirando su propia katana alojada en el vientre del asesino. El cuerpo inerte se desplomó hacia atrás llevándose consigo el arma, causándole un gran dolor al sentir el metal deslizándose una vez más en su músculo. Naruto gruñó adolorido, débil, y cayó de rodillas en el suelo. Todo dio vueltas.

El derrumbe de ambos cuerpos regresó a Sasuke del shock inicial. Las circunstancias habían pasado tan deprisa, en su mente costaba procesarlas. Un segundo peleaba con el ladrón del pergamino, y al siguiente éste se interponía en la embestida mortal, salvándole la vida. No entendía, no había lógica en su acto. ¿Por qué su enemigo lo protegió? Un sentimiento de gratitud emergió, aunque prontamente fue sustituido por otro diferente. ¿Cómo podía compadecerse de personas que habían matado a una familia inocente a sangre fría? Los cuatro hombres compartían el emblema de Konoha, pertenecían a la misma organización, seguían las mismas órdenes y tenían las manos manchadas de sangre.

—¡¿Por qué lo hiciste?! ¿Esperas ganarte el perdón, misericordia, por defenderme? —demandó el Capitán.

Naruto mantuvo la boca cerrada. Decir una palabra sería su perdición, reconocería su voz y todo terminaría para él. ¿En sus malas condiciones podría escapar como la primera vez? ¿La suerte lo acompañaría? ¿Alguien ayudaría? «Iluso.»

Sasuke apretó los puños, furioso por el silencio de su prisionero. ¿Tanto costaba responderle? No tendría consideraciones, ni se dejaría engañar por su acto "heroico". Mostrarle piedad sería perjudicial. ¿Quién aseguraba su lealtad? Nadie. Y la seguridad del pueblo, sus personas preciabas, caía en sus manos. Sasuke era un militar, un Capitán, se comportaría como tal. Obtendría información de la familia Temura, la ubicación de Konoha, el número de miembros y datos… luego lo eliminaría. Haría que hablara de cualquier forma. Ciñó a Kusanagi dispuesto a utilizarla.

Vaya final.

El cuerpo de Naruto sufrió un estremecimiento, arrodillado frente a Sasuke Uchiha, sintiéndose frágil. Así terminaría su historia. Le hubiese gustado pasar más tiempo junto a él. Inconscientemente llevó una mano a su vientre por el ligero calor del dolor. Su voluntad vaciló y su mundo tembló cuando la mano de Sasuke quedó sobre su cabeza, dispuesto a retirar la capucha.

La mentira se había consumado. La máscara estaba rota.

Para comenzar el interrogatorio requería verle la cara. Sasuke agarró la máscara por la parte de arriba, jalándola bruscamente para retirar la tela que lo cubría. Quedó helado develando el color dorado del cabello. Ojos azules, cabellos rubios. ¡¿Era una maldita broma?! Incrédulo, apretó unos mechones, tirando fuerte de ellos para alzar el rostro. Cuando la imagen completa estuvo a su disposición sintió el mundo caer en pedazos a sus pies. Ojos azules, cabellos rubios. Un latido frenético y la consciencia devastada. Una ola devastadora de sentimientos enfrentados lo sacudió. La realidad se había transformado en una mala broma del karma. Su katana se acercó a la garganta de Naruto. Ojos negros fijos en los azules. ¿Qué significaba? Era evidente desde cualquier punto de vista; había sido engañado. Fue un completo idiota. Se burlaron de él. Ahora comprendía muchas cosas de los misterios alrededor de "Tayu".

—¿Por qué? —Susurró desconcertado, como si decirlo en voz alta lo hiciera más real.

—¡Déjame explicarte!

—¿Explicar qué? ¿Te obligaron a engañarme? ¡No soy ciego, perteneces a Konoha! —Gritó, apretando la espada—. Me mentiste, ¿puedes negarlo?

—Sasuke, y-yo… —Su voz se apagó. ¿Cómo contradecirlo con las pruebas gritando la verdad?

El Capitán endureció la mirada, negando ligeramente con la cabeza en un gesto rígido.

—Soy el Capitán Uchiha, no vuelvas a mencionar mi nombre con tanta confianza, asesino.

Las palabras frías devoraron a Naruto, pero aun destrozado jamás se desplomaría ante Sasuke Uchiha. Moriría sosteniendo el orgullo de su corazón. El destino por fin decidió sus caminos y Sasuke le arrebataría la vida como su enemigo. Kusanagi cortaría su garganta y todo acabaría.

¿Sería capaz? Sasuke debía recordárselo firme; el sujeto arrodillado a sus pies era un traidor, no su persona amaba.

Para él, Tayu había desaparecido esa misma noche en la oscura bruma, dejando a su paso un camino con pedazos olvidados de su máscara fragmentada.

.

Continuara…

.

oooO*Oooo…

.

.

.

Muchas gracias por los comentarios, no saben cuánto los he valorado: sasukita15, Natusky, hikikomori-chan, DGHA, hao3572, SmileSkuashSKII, Hanajima-san, princserekou, ShinigamiXD, ani-chan, sabri-zanza, kaii-chn, saskenaru, gatiuchiha-kun, katsura-hime y NelIra.

Gracias x leer \(°~°)/