Capítulo XI
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By Risana Ho
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Gaara Sabaku aceptaría la oportunidad que tenía en las manos.
Había llegado muy lejos.
En su conversación con Jiraiya dejó claro que necesitaba una solución para la situación de Naruto. De imaginarlo en una celda oscura, hambriento, malherido y rendido, provocó un hueco en su pecho. Sin embargo, aun discutiendo posibles maneras de infiltrarse en el Cuartel, al final no encontraron una que les permitiera entrar a tiempo. Los planes requerían días, y no contaban con ellos, en cualquier momento los interrogatorios destrozarían la poca cordura de Naruto. ¿Sería capaz Sasuke Uchiha de torturarlo? Jiraiya conocía el historial de Uchiha y, aunque nunca mencionaba tortura en primer lugar, descartaba la idea de benevolencia si él ya sabía la verdadera identidad de "Tayu". Un hombre despechado y con el orgullo herido declinaba la razón, dedicándose a la venganza. ¡Maldición! El escenario se veía más desfavorable con el paso de las horas. Su habitación le pareció pequeña y tuvo que salir a tomar aire, pensar a solas. La lluvia había parado y la luna se asomaba entre las nubes. Caminó lejos del campamento, en los linderos silenciosos del bosque, respirando un aire frío.
Media hora después estuvo a punto de regresar, furioso consigo mismos sin un plan. Aunque el repentino ruido de ramas rompiéndose lo alertaron; una silueta misteriosa se removió entre los arbustos, a unos pasos de él. ¿Enemigo? Desenfundó su katana con la mirada fija en la sombra.
—¿Quién está ahí? Muéstrese ahora o será atravesado por mi arma.
—¡Espere por favor! —Escuchó una apresurada voz femenina.
Una mujer de cabello oscuro salió de los matorrales, las manos en el aire, mostrándose indefensa.
—Te conozco.
—¿Me recuerda? Soy Shizune de la casa de Tsunade, nos conocimos cuando visitó a Naruto. Por favor, no me haga daño, ella envió un mensaje para ustedes. ¿Podría llevarme con Jiraiya?
Recordaba a la mujer perfectamente, Shizune había atendido su entrada en Shimawara. Pero algo olía mal, ella parecía nerviosa, mirando de reojo a su espalda por breves momentos. ¿La seguían? Esa mujer temía por la situación, y posiblemente la habían amenazado para guiarlos a Konoha. Observó detenidamente los arbustos hasta notar otra silueta. La cólera corrió por sus venas y se lanzó contra la sombra, Shizune gritó alarmada pensando que sería atacada. Mas Gaara pasó a un lado y levantó la katana dispuesto a cortar al intruso en dos.
—¡NO! —Gritó ella—. ¡Deténgase por favor!
Shizune sostuvo su brazo a tiempo, recurriendo a toda su fuerza para detenerlo a unos centímetros del objetivo.
—Suéltame, te han seguido hasta aquí.
—¡Está equivocado! —La mujer negó frenética, soltándolo e interponiéndose entre él y el sujeto tendido en la hierba—. Viene conmigo.
Gaara quedó desconcertado por un segundo. ¿Una trampa? ¿Ella trabajaba para los militares? ¿Tsunade había traicionado a Jiraiya? Deseaba matarlo, pero no pasaría encima de una muchacha indefensa, al menos hasta escuchar su justificación.
—Explícate, mujer.
Shizune temblaba, la voz autoritaria de Gaara y sus ojos fríos causaban ese efecto. Balbuceó. ¿Por dónde empezar? Entonces el hombre a su espalda por fin se levantó para dar la cara.
—Ella sólo me enseñó el camino, yo te daré las respuestas, déjala ir. Soy el Teniente Sai Shimura, el segundo al mando del Capitán Sasuke Uchiha. —La espada del pelirrojo vibró de coraje. Sai lo ignoró, sonriéndole a Shizune—. No te preocupes, Shizune-san, puedes retirarte, me haré cargo del resto.
Dudó por un instante a la petición, luego aceptó comprendiendo que estorbaría. Había cumplido el pedido de Tsunade; llevar a Sai Shimura hasta la base de Konoha. Era hora de regresar a su hogar.
—De acuerdo —le dijo a Sai y miró a Gaara—. Por favor escúchelo, Tsunade confió en él, es muy importante.
Con una última reverencia desapareció en las sombras del bosque. Gaara quiso seguirla pero tenía un problema mayor frente a él. Si no aceptaba la explicación del teniente, iría tras ella más tarde.
Una vez solos, Sai detalló mejor al hombre pelirrojo amenazándolo con el filo de su arma. Alto e imponente. Sus ojos claros –de un curioso tono aguamarina– reflejaban molestia y desprecio. Aunque no le afectó. Intimidaba, sí, pero había contenido su ataque por una explicación de Shizune, eso hablaba bien de él, otro la habría matado sin dudar. Y su objetivo era Jiraiya. El plan parecía sencillo; una vez ahí, Shizune atravesaría el campamento y contactaría algún vigilante para solicitar una audiencia con Sarutobi. Así el hombre mayor iría al límite del bosque y hablarían. Sonaba descabellado que aceptara fácilmente, mas fue el único método. Nunca esperó encontrarse a Sabaku merodeando allí. «Es Gaara Sabaku, líder de Suna en Osaka. Visitó a Naruto en Shimawara, es uno de sus amigos más cercanos —susurró Shizune, oculta junto a él—. Saldré, o tendremos peores problemas.» Sai aguardó antes de seguirla. ¿Osaka? ¿Amigo? ¿Sería el famoso pretendiente de Naruto que había arribado desde Osaka? Porque tal vez la verdadera identidad de Tayu quedaba descartada, sin embargo la posibilidad de un amante real era factible. Si ese hombre amaba a Naruto, posiblemente la suerte estaría de su lado. Ya lidiaría con Sasuke más tarde. De una forma u otra negociaría con él. Su decisión sería firme. Costó una noche completa balancear los pros y contras, y la conversación con Sasuke había inclinado la balanza a un punto. Gracias a su actitud hostil obtuvo una respuesta. Al entrar en el ejército una deuda cayó en sus hombros y era tiempo de regresarle el favor a Sasuke Uchiha. Por su hijo, por él y por Naruto. ¿Estaría atribuyéndose problemas ajenos? No, pues Sasuke le recordaba a su hermano Shin, y como tal daría su apoyo.
Además tenía otro objetivo, Orochimaru Sannin por fin había cometido un error.
Su primer paso consistió en hallar el campamento de Konoha, los miembros del Cuartel desconocían la ubicación y el siguiente lugar en la lista apuntó a Shimawara. Naruto había trabajado en casa de Tsunade, por obvias razones la mujer debía estar involucrada con la Oposición. Entró cuidadosamente al barrio rojo y logró hablar con ella. Como era de esperarse (siendo él un militar y ella una opositora) Tsunade negó cualquier relación con Naruto y Konoha. No obstante, cuando explicó la nueva condición de "Tayu", notó un atisbo de vacilación en los ojos miel. Se valió de ese sentimiento y recurrió a la fiel promesa de ir desarmado, solo, poniéndose a su completa disposición si había una traición. Únicamente para localizar el cuartel de Konoha.
—¿Por qué? ¿Qué ganas haciendo esto por un enemigo? ¿Pretendes revelarte contra Sasuke Uchiha?
Tsunade, una mujer astuta, descartaría cualquier estafa antes de cooperar.
—Es por Sasuke que hago esto principalmente, una deuda pendiente. Y también quiero atar cabos sueltos, estoy seguro que hay más escondido tras esto, Orochimaru sobre todo.
Nadie entendía. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Escuchaba siempre, y él estaba guiándose por sus instintos, por una persona importante y por la seguridad de Kioto, su hogar. Una hora después Tsunade aceptó recelosa, enviando a Shizune para mostrarle el camino, prometiéndole una cruel venganza si resultaba una trampa. Esperaron al anochecer y, sirviéndose de la oscuridad, pasaron inadvertidos.
—No vine a pelear —levantó ambas manos como Shizune hizo antes. Como garantía iba desarmado a petición de Tsunade—. ¿Te importaría hablar conmigo un momento?
—¿Piensas que caeré en tu engaño? Cierto, estás desarmado, pero nadie me asegura que no tienes cómplices rodeándonos.
Sai negó ligeramente.
—Escuchaste a Shizune, ella no mentiría, no es una traidora. Nadie del cuartel sabe que estoy aquí, ni el Capitán. Vine solo a hablar de Naruto.
Gaara titubeó ante el nombre de su amigo.
—¿Qué sabes de él? Ustedes lo apresaron como un animal. Aún piensan que nosotros somos unos asesinos a sangre fría, pretendes eliminarnos. —Los ojos verdes de Gaara escrutaron duramente. Por primera vez en su vida Sai se sintió nervioso, expuesto e indefenso.
—Estás equivocado, mi intención es conversar con Jiraiya —dijo, recuperándose de la impresión—. Quiero respuestas también. Sé que hay algo más tras esas muertes. ¿Por qué atacarían justo cuando vigilan el doble de soldados? ¿Por qué no antes? ¿Qué ganarían haciéndose notar ahora? No tiene sentido ese asesinato —admitió—. Y también deseo ayudar a Naruto, me preocupa su estado.
—¿Sus heridas son graves?
—Las heridas sanarán pronto, el corte en su hombro fue profundo pero la vieja Chiyo hace bien su trabajo. —«Es hora, sin mirar atrás», pensó dándose ánimos—. Ella misma confirmó su condición… su embarazo.
Precipitado, sí, necesario, por supuesto.
La noticia desestabilizó a Gaara y bajó la espada despacio, procurando darle sentido a la información. ¿Mentía?
—Naruto nunca mencionó nada durante mi visita.
—Según Chiyo, él confundió los síntomas; cansancio, falta de apetito, mareos, los atribuyó al desgaste de sus actividades nocturnas. Tuvo un poco de dolor a causa del estrés, aunque proporcioné suficiente comida y cuidado. Ahora requiero de su apoyo.
Demasiada información para digerirla en unos segundos. Gaara examinó al Teniente, buscando indicios de una farsa, desgraciadamente no los encontró. Sai parecía decir la verdad.
—¿Por qué haces esto?
Shimura encogió los hombros.
—Se lo debo a él.
Gaara supo que no se refería especialmente a Naruto. Finalmente, aún precavido, decidió creerle por el bienestar de su amigo.
—De acuerdo, iremos con Jiraiya a resolver tu petición. Acompáñame, pero cualquier movimiento raro y garantizo tu muerte —advirtió—. ¿Cuál es el plan?
Sai comenzó la explicación mientras avanzaban. En cuanto puso al tanto a Jiraiya, expuso varias cuestiones y resolvieron otras; descubrieron que Orochimaru aparecía como principal autor de los asesinatos y su plan ambicioso iba más allá. Discutieron un par de horas, planificando un trato y al final ambos acordaron ir por Naruto. Punto primordial. Como responsable, Gaara vigiló a Sai todo el tiempo, tomándolo como rehén. Los tres idearon una forma de entrar al Cuartel, ocultos y silenciosos. La alarma no fue problema, Sai conocía los puntos ciegos y algunos pasadizos secretos que solo los miembros de alto rango dominaban. Estaban contra reloj y esa misma noche irrumpirían. Gaara buscó a dos hombres de su confianza y resguardaron a Sai, ocultos hasta el cambio de guardia, un lapso sin testigos, tendrían media hora para sacar a Naruto. Luego Sai iría a la habitación de Sasuke y explicaría la situación, ahí esperaba no perder la cabeza por la furia de Uchiha y ser considerado un traidor, las circunstancias habían escalado un grado mayor, Kioto y Edo corrían peligro.
Pero tropezarse con el Capitán a metros de la entrada resultó un inconveniente que no habían contemplado.|
Y acabaron así; Gaara haciéndose cargo de la situación, Sasuke furioso ignorando cómo habían entrado, y Sai nervioso, en calidad de prisionero aliado.
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—Será mejor ir a otro lugar, permanecer a medio pasillo de una prisión no parece buena idea.
Sasuke apretó los dientes, indignado. ¿Cómo se atrevía ese hombre a darle órdenes a él? Aunque tenía razón. El guardia en la puerta de Naruto podría escucharlos, y si atacaban matarían a Sai. Mantendría a salvo la vida de Shimura hasta saber sobre las peticiones de su enemigo.
Asintió.
—Sígueme, hablaremos en la bodega que está casi a la salida.
—Nada de trucos, Uchiha.
—Tienes a Sai, no soy imbécil.
Guardó a Kusanagi y cruzó entre ellos dándoles una señal para que lo alcanzaran. Entraron a un pequeño cuarto, apenas tenía una mesa que servía a los guardias a la hora del almuerzo y un par de sillas. Las lámparas de aceite estaban apagadas, Sasuke procuró encender la vela de la mesa y una lámpara. Su invitado ingresó solo, dándoles instrucciones a sus hombres para mantener vigilando los alrededores y al rehén.
—Bien, estamos solos, ahora dime quién eres y qué pretendes.
Aún con la suposición de su objetivo (rescatar a Naruto) quería escucharlo de él. Ese sujeto era el mismo que vio en la casa de Tsunade besando a "Tayu". Una sensación amarga subió por su garganta imaginándolos juntos, burlándose de él.
—Soy Gaara Sabaku, líder del grupo Suna en Osaka —respondió, manteniéndose firme. Sasuke pensaba que ellos habían capturado a Sai, y no que él recurrió a Konoha primero, dejaría esa idea hasta que Shimura desmintiera. No se dejaría intimidar. Sería imparcial, tenían la oportunidad de contar con un aliado fuerte, el problema de Orochimaru requería todo el apoyo posible—. He venido a proponerte una alianza.
Si no fuera por su carácter serio, Sasuke habría soltado una carcajada.
—Estás loco, jamás aceptaría un trato contigo. ¿Es por el prisionero?
¿Loco? A Gaara también le pareció una locura cuando escuchó el plan de Jiraiya. «Lamento aceptar que nosotros solos no podremos enfrentar a Orochimaru, Sai confirmó mis sospechas. Necesitamos un aliado, más fuerza, y Sasuke Uchiha será el indicado.» La propuesta sonaba descabellada, pero surgiendo de un hombre astuto como el líder de Konoha, depositaría su confianza en él. Contaba con dos propósitos esa noche; rescatar a Naruto y convencer a Sasuke Uchiha para unírseles, aunque éste le cayera como una patada en el hígado.
—Sí, deseo liberar a mi amigo, por supuesto. Sin embargo esto va más allá de él. Escúchame antes de negarte, te conviene. Tenemos un enemigo peligroso en común, un adversario que nos eliminará uno a uno, comenzando contigo. Orochimaru Sannin esconde su verdadero rostro, es un hombre despiadado y calculador.
Sasuke frunció el ceño.
—¿Orochimaru? No confío en la vieja serpiente, pero sigue siendo mi superior. ¿Por qué me uniría a ustedes, asesinos? ¿Por qué eliminaría a un miembro del ejército?
—Sencillo, porque él está detrás de todo. Orochimaru es el responsable de manejar los hilos tras el telón; asesinó a la familia Temura enviando a sus propios hombres a eliminarlos, usurparon nuestra identidad e inculparon a Konoha. Piénsalo, desde años hemos luchado contra el gobierno por nuestros ideales, defendiendo al pueblo. ¿Qué ganaría Konoha matando gente trabajadora? Orochimaru puso como excusa el hecho del abastecimiento de alimentos, pero la familia Aburame suministra alimentos a tu ejército y nunca han salido perjudicados. ¿Por qué precisamente ahora? ¿Por qué arriesgarnos cuando un ejército nuevo patrulla? Fue una trampa para nosotros, y también para ti. Orochimaru pretende distraerte con la búsqueda de un chivo expiatorio y tener una justificación a tu muerte.
—¿Mi muerte?
—Orochimaru contrató ejecutores en Edo, estos ninjas utilizarían el emblema de Konoha, nos inculparían por tu asesinato. Lo comprobaste la noche pasada.
La expresión seria de Gaara daba mayor credibilidad al testimonio y los cimientos de su confianza se tambalearon. La pequeña habitación quedó en silencio, Sabaku dándole tiempo a Uchiha de asimilar la verdad.
Sasuke reconocía el odio de Orochimaru hacia él, pero… ¿llegar a tanto? ¿Qué ganaba con su muerte? ¿O sería una estrategia de Konoha por salvarse?
—Suena muy provechoso para ustedes, podría tratarse de un plan; ponerme en contra de mi propio dirigente.
—Cierto, es lógico desconfiar de mí, si estuviera en tu lugar pensaría igual. Aunque, como mencioné antes, va más allá de la Oposición. La situación no acabará aquí en Kioto. Por precaución, Jiraiya envió cartas a otras personas en Edo. Con cada miembro hemos atado cabos y descubrimos parte del objetivo de Orochimaru; luego de tu muerte pretendía quedarse al poder de la zona. ¿Sabías que pronto será degradado por Ieyasu? Quedará desplazado de su cargo y piensa ganar terreno en esta ciudad, tal vez formar su propio ejército. Es peligroso. ¿Quieres pruebas? Naruto las tiene —la mención del espía tensó a Sasuke—, mientras trabajaba de encubierto vigiló a los subordinados de Sannin. Descubrió sus planes de asesinato y quiso detenerlos.
—¿En verdad? —ironizó, todavía incrédulo—. Qué buena persona resultó Naruto.
Gaara apretó la mandíbula y habló después:
—Es mejor persona de lo que piensas, tu orgullo te impide ver la realidad. Ni siquiera mereces su cariño, pero estoy aquí por circunstancias mayores a mí; Konoha, Suna, mi gente y mis hermanos de Kioto. ¿Dejarías solos a tus soldados? Tu familia podría caer ante las ambiciones de Orochimaru, ¿quedarás de brazos cruzados y esperarás paciente la muerte, Uchiha? —No esperó réplica. Incluso suponía que la herida de Naruto había sido causada por proteger a Sasuke. Su amigo tenía un corazón noble—. Él arriesgó su vida por ti a cambio de nada.
Sasuke azotó el puño en la mesa de madera, furioso.
—¡Sólo fui parte de su trabajo!
Sabaku suspiró imperceptiblemente, Sasuke Uchiha era un completo idiota. Un idiota que había ganado el corazón de Naruto y ahora lo rechazaba. Tomar ventaja de ello resultaría demasiado fácil… cambiar los sentimientos de Naruto no tanto. Recordaba el brillo emocionado en aquellos ojos azules y su sonrisa radiante. Quebraba un poco sus ilusiones, aunque haría algo al respecto.
—Es tu problema creerle o no, pero necesito tu respuesta. ¿Estás con nosotros para detener a Orochimaru?
Sasuke recuperó su temple, analizando los pros y contras del acuerdo, rememorando cada detalle de la noche pasada cuando Naruto se interpuso entre él y la espada. ¿Estaría diciendo la verdad? Podía ignorar la información de Gaara, ¿o confiaría una vez más en Naruto? Debía arriesgarse, la codicia de Orochimaru no caería únicamente en él, también en sus subordinados y Kioto.
—De acuerdo.
Esperaba no equivocarse.
—Es un trato.
Gaara asintió satisfecho. Sai había sido sincero; Sasuke era un hombre reservado, pero jamás arriesgaría la vida de personas inocentes. Esa alianza beneficiaría a ambos, unidos arruinarían a Orochimaru.
—Una cosa más, es una condición —dijo el Capitán—. Quiero un hombre de mi entera confianza con ustedes, él me informará los avances y estará reportándome los movimientos desde su base.
—Comprensible, no habrá problema. ¿Quién?
—Mi Teniente, Sai Shimura, hablaré con él y cubriré su ausencia.
—Trato —repitió Gaara—, irá con nosotros esta noche… junto a Naruto.
—¿Naruto?
—Somos nuevos aliados, no debería estar encerrado aquí, la información que él tiene no te sirve de nada. ¿Algún inconveniente?
El simple hecho de imaginarlo con Gaara provocó un sentimiento desagradable, pero Sabaku tenía razón, como parte de una alianza no podría retenerlo. Y posiblemente jamás volvería a verlo. ¿Importaba? Naruto le había engañado, se burló de él y su cariño fue falso. ¿Por qué dudar? La distancia ayudaría a olvidarlo.
—Ninguno, relevaré al guardia y tendrás tiempo suficiente. Media hora.
—Esperaré la señal —dio unos pasos hacia él—. Una última cosa.
—Dim-
Sasuke ni siquiera acabó la frase, así de la nada, el puño de Gaara se estampó en su cara, haciéndolo caer al suelo. Derribó la mesa en el proceso y las velas acabaron rodando cerca. Uchiha saboreó la sangre de su labio roto, aguardando una respuesta que Gaara advirtió con su intensa mirada.
No hubo más palabras. Ambos sabían el por qué: Naruto.
…
Cuando el camino quedó libre del guardia, Gaara usó la llave del Capitán y quitó la cerradura de la pesada puerta. Se apresuraría o llegaría el próximo turno. Debía sacarlo de ese deplorable lugar, una vez fuera sus hombres lo esperaban al límite del bosque con Sai (Shimura había intercambiado un rápido par de palabras con Sasuke sin muchos detalles, pero sabía que pronto informaría adecuadamente). Abrió cuidadosamente y sigiloso, esperando no asustar a Naruto, sin embargo lo recibió un objeto puntiagudo apuntándolo directo al cuello.
—Naruto, soy yo.
Su voz firme fue suficiente, retirando al atacante. Naruto quedó aturdido por un momento, imaginó que su próxima visita, dada su desobediencia a las indicaciones de Orochimaru, sería éste mismo con una nueva amenaza. Apenas salió Sasuke buscó los palillos que robó a Karin, había ocupado una piedra para afilarlos, preparándolo como una futura arma. Aún débil quería aprovechar la ventaja de un ataque sorpresa.
Pero la sorpresa fue para él.
—¿Gaara? ¡Gaara!
Tiró los palillos e ignoró el dolor de su cuerpo entumido −gracias a las heridas y ungüentos−, permitiéndose abrazar a su amigo. A Gaara le costó reaccionar al impulsivo gesto, sonrió ligeramente, palmeándole la espalda. Observó el cuarto y luego a Naruto, la decadencia flotaba en el aire, aunque habían curado sus heridas, tal como prometió Sai.
—¿Estás bien?
Naruto asintió varias veces, soltándose de él, confundido. Había muchas preguntas.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? ¿Y los guardias? ¡¿También te atraparon?!
—Tranquilízate —sujetó ambos brazos, mirándolo a los ojos—. Es una larga historia, no tenemos tiempo para hablar ahora, debemos apresurarnos a salir de aquí.
—¡Es una mala idea!
La propuesta de escapar sonaba muy tentadora, pero las consecuencias serían alarmantes. ¿Cómo reaccionaría Orochimaru? ¿Y Sasuke? En su última conversación había dejado claro su desprecio, sería peor una fuga. Muchas personas correrían peligro.
—Escucha, Naruto —la indecisión de Namikaze alentó su respuesta, necesitaban salir o serían descubiertos por algún soldado de Sannin—, tenemos un trato con Uchiha, diría que somos "aliados". Marchémonos que aquí, busquemos un lugar seguro para esconderte y después contaré todo.
—¿Esconderme? —Dijo frunciendo el ceño—. Sé defenderme solo, correr riesgos como cualquiera, si ustedes enfrentarán a Orochimaru yo también lo haré. ¡No tengo miedo-ttebayo!
—Comprendo tu frustración, pero no cambiaré de opinión.
Naruto se alejó de él, como si estuviese conversando con un desconocido. Detestó ser tratado así, con delicadeza y cuidado. ¿Era lástima por lo ocurrido con Sasuke? ¿Pensaba que intentaría lanzarse al primer barranco por un corazón roto? ¡Odiaba la compasión! Siempre había luchado junto a sus compañeros, y ahora no sería la excepción.
—¡Estoy bien! Me repondré de mis heridas. Lo sucedido con Sasuke quedará en el pasado, puedo combatir.
Sonaba decidido. Gaara pretendería créele. La testarudez de Naruto convencía a muchos, pero él notaba las diferencias; bajo esa determinación escondía una grieta, una lesión del alma que solo curaría el tiempo. No palabras falsas desapareciendo en el viento.
—¿Seguro? ¿Podrás concentrarte en una pelea? Nuestros enemigos aprovecharán los descuidos en la batalla, una distracción te costaría la vida.
—No soy un inútil. ¡Deja de entrometerte donde no te llaman! —Su respuesta, y el rostro paciente de Gaara, le hizo comprender que desquitaba su furia con la persona equivocada, pues sólo deseaban ayudarlo. Respiró profundo y revolvió los cabellos de su nuca en un gesto exasperado—. Discúlpame, Gaara, agradezco tu preocupación, en serio, pero estoy decidido a enfrentarlo con ustedes, no voy a esconderme.
Entendía a Naruto, realmente trataba. Mas la situación rebasaba sus límites. Arriesgarlo en su actual condición sería una irresponsabilidad que nunca se perdonaría. Existía alguien más importante e indefenso por proteger. Y si revelar la verdad ahí dentro, entre esas sucias paredes de piedra, serenaba el buen juicio de Naruto haciéndole olvidar su papel de héroe, lo haría con mucho gusto.
—Esperaba informártelo en un lugar seguro pero veo que no entiendes razones. Confío en ti, en tus esfuerzos, tienes una voluntad enorme y Sasuke Uchiha no la hará pedazos, te levantarás el doble de fuerte… porque esto va más allá de ustedes dos —Naruto quiso rebatir, Gaara alzó una mano impidiéndoselo—. No eres solo tú, debes pensar en tus prioridades… y en el bienestar de tu hijo.
Por un segundo el rostro de Naruto quedó más pálido. Sai decía la verdad al mencionarle la ignorancia de su amigo en cuanto a la existencia del bebé.
—¿Hijo? —Movió la cabeza de manera negativa—. Ja, ja, ja, ésa es una broma muy mala, Gaara. ¿Po-por qué no ríes?
¡¿Por qué no reía?! Obviamente porque no se trataba de una broma, y él lo sabía. Desde sus malestares, el dolor en su vientre y la revisión de Chiyo supo que había más en el fondo. La mujer había mentido cuando preguntó. Sus síntomas gritaban su condición, e intentó pensar que eran imaginaciones suyas. Sin embargo tenía bastante lógica; la primera vez que estuvo con Sasuke olvidó tomarse el té. Fue un irresponsable. Podría justificar el descuido por su carga de trabajo, las tareas de vigilancia y los exagerados horarios nocturnos, pero aun así no desaparecería el problema… Y ahora alguien crecía en su interior. ¿Un error? «Mi hijo.» Un bebé que no tenía la culpa de nada, jamás odiaría a ese pequeño trocito de Sasuke y él. ¿Cómo despreciarlo? Aún asustado sonrió sincero, con una emoción risueña envolviéndole el corazón mientras tocaba su vientre plano con la mano sana.
A Gaara le pareció una imagen encantadora.
—¿Cómo lo supiste?
—El Teniente Shimura me contó los detalles en nuestro encuentro, él supo gracias una tal Chiyo, la persona que atendió tus heridas. Es una larga historia, prometo contártela más tarde.
No muy convencido Naruto aceptó. ¿Sai Shimura? ¿Por qué un amigo de Sasuke ayudaría? ¿Y Uchiha, él también sabría del bebé y negaría su existencia? ¡Muchas preguntas y ninguna respuesta! Deseaba pensar claro y reordenar sus ideas. Sai sería su primer paso.
—Quiero hablar con Shimura antes de irme.
—Es un tanto imprudente, debemos marcharnos, discutirás con él después.
—Por favor, Gaara, tardaré poco, unos minutos. Es muy importante para mí-ttebayo.
La firme mirada azul lo convenció. Naruto no daría su brazo a torcer fácilmente y brindarle tiempo con Sai agilizaría la situación. Salió a buscarlo, esperando no tardar demasiado.
Una vez más en la soledad de la celda Naruto aprovechó los breves minutos de silencio y profundizó en la noticia de su futuro hijo. Una partecita en él todavía se negaba a creerlo. Frotó su vientre de arriba abajo y sonrió sin dudarlo. ¿Sería una tontería tener un hijo en medio de conflictos, mentiras y desengaños? La respuesta honesta era un "sí", sin embargo ese bebé, apenas en unos segundos, se había transformado en su fuerte pilar. Una luz, un destello al final del túnel alejándolo del oscuro vacío. Cuando pensó que la vida le daría la espalda por el odio de Sasuke, repentinamente recibía un obsequio. ¡Qué ironía! El hijo de quién consideró su enemigo haría feliz su camino. ¿Cómo reaccionaría Sasuke? Dadas las circunstancias posiblemente lo menospreciaría, pero Naruto amaría a ese niño por los dos. Su bebé era fuerte, seguía aferrándose a la vida, y él tampoco caería vencido.
Luego de cinco minutos Sai entró, vio a Naruto sentado en la orilla del camastro y fue junto a él. Se veía mejor. La petición de Gaara le había sorprendido, apenas contaban con poco tiempo, Sasuke distraería a los hombres de Orochimaru, aunque tenía una idea del por qué Naruto pedía conversar antes de continuar.
—Parece que Gaara-san te contó todo.
—Una parte, lo esencial para dejar de quejarme como un crío. ¿Sabes? A veces la gente piensa que soy muy tonto —rió—, soy despistado, acepto, pero sospechaba de mi estado desde que Chiyo vino. Quise engañarme e intenté convencerme de lo contrario. Confundí muchos malestares con el estrés y cansancio.
—Ella comentó eso, fácil confundirse. Los síntomas varían, es diferente en una mujer.
Naruto asintió, dándole la razón.
—Tenía la cabeza en varias cosas; la misión, Orochimaru, mis amigos, vigilar a Sasu- —cortó la frase recordando la relación de Sai con Sasuke. Por muy aliados que fueran, Sai continuaba siendo amigo de Sasuke, no suyo.
Shimura notó el cambio brusco y puso una mano en el hombro libre de vendas, apretándolo ligeramente.
—No te preocupes, Naruto-kun, no voy a culparte de nada, era tu trabajo. Además, las personas cargan secretos, entiendo mejor que otros. ¿Cómo puedo juzgarte? Yo mismo he escondido muchas cosas en mi vida. Aunque soy malo en esto de los sentimientos, puedes considerarme un amigo más.
Fue sincero. Por primera vez en mucho tiempo Naruto vio a Sai sonreírle de verdad.
—¿Puedo pedirte un favor?
—Claro.
—¿Sasuke sabe del bebé?
—No, Chiyo-san me dijo únicamente a mí y pedí que guardara el secreto.
—Eso está bien, por favor, no le menciones nada a él.
—Pero tiene que saberlo.
—¿Por qué? No quiero que odie a mi hijo.
—Y suyo.
—Con todo lo sucedido dudo siquiera me crea. Dejó claro su desprecio por mí, y mi hijo tendrá el mismo trato.
—Estás siendo muy duro con Sasuke, si le dices podría cambi-
—¡No! —Cortó, poniéndose de pie—. Puedo amarlo demasiado, mas nunca permitiría que ofendiera y dudara de algo tan valioso. Es mejor así.
Los argumentos de Naruto eran válidos, Sasuke guardaba sentimientos de traición y dolor, sería probable que pensara en el bebé como un plan para darle lástima. ¡Hasta podía rechazarlo! Aceptaría la petición hasta que las aguas estuvieran más tranquilas.
—De acuerdo, de mí no sabrá nada, pero… —Naruto frunció las cejas por ese "pero"—. Estaré esperando que tú hables con él, es su hijo y tiene derecho a conocer su existencia. ¿Aceptas?
La propuesta desagradó un poco aunque no quedaba de otra.
—Es un trato. Gracias, Sai.
…
Sai fue el primero en salir para informarle a Gaara que había terminado su reunión. Naruto aguardó un poco más, unos minutos que parecieron asfixiantes. La puerta había quedado entreabierta y decidió salir por su cuenta a buscarlos, existía la posibilidad de toparse a los otros guardias, pero la ansiedad estaba desesperándolo y no esperaría de brazos cruzados. Lo primero que advirtió fue el desolado pasillo, las lámparas de aceite parpadeaban a los lados, sumergiendo el lugar en una tentativa penumbra. ¿Cuánto llevaba encerrado ahí abajo? El tiempo corría diferente, pausado, cuando no había indicios de la luz del sol. Avanzó despacio, su cuerpo dolía y tuvo que utilizar la mano sana para sostenerse en la pared de piedra. En su recorrido lo acompañaron los chillidos de las ratas y los murmullos de los grillos. No obstante, sintió el corazón en la garganta al escuchar el sonido de una puerta abriéndose. De inmediato buscó un lugar donde ocultarse y, sin éxito, maldijo en voz baja. No tenía un arma ni las fuerzas para defenderse. Como única opción se resguardó en la parte más oscura, alejándose de las lámparas, procurando pegar el cuerpo al muro y evitar así mostrar su presencia. ¿Sería Gaara, Sai u otro soldado? Distinguió la silueta del hombre y reconoció ese perfil iluminado por la luz naranja.
Prefirió mil veces haber esperado en su diminuta celda.
—Sasuke —ahogó las ganas de gritar.
Creía que habían pasado años de la última vez que lo vio, aunque en realidad transcurrieron apenas un par de horas. Sasuke se giró hacia él, examinándolo entre las penumbras con esos astutos ojos negros. Por la sorpresa pintada en ellos, Naruto supo que no pretendía tropezar con él. Sería inevitable enfrentarlo y su orgullo le impedía retroceder, excluyendo el sudor en sus manos y la boca seca. Caminó despacio hasta disminuir la distancia casi medio metro.
—¿Qué haces aquí solo?
El interés era genuino. Sasuke no entendía, Naruto debía estar con Sabaku. ¿Por qué deambulaba débil y expuesto?
—Estoy buscando a Gaara. —Le sostuvo la mirada, negándose a bajar la cabeza, entonces se percató de la sangre seca en el labio roto de Sasuke—. ¿Qué te pasó?
Por impulso levantó la mano y tocó la herida. Así, repentinamente, fue como regresar semanas atrás, a los días preocupándose de nimiedades, ambos resguardados en una habitación, cómplices bajo el futón acariciando sus mutuas cicatrices. Sasuke deseó regresar allí y su alrededor desapareciera por un simple toque de él.
¿Imposible?
—Nada en especial, cosas sin importancia. Naruto, yo…
¿Qué diría? Se mostraba indeciso y vulnerable bajo el encanto de esos intensos ojos azules. Quería continuar, su boca y su razón se negaban a ceder. Unas horas antes lo motivaba el odio, el desprecio por una traición, ahora dudaba como un idiota. ¿Por Gaara? Naruto se iría con él y sería un adiós definitivo. Había pretendido sacárselo de la cabeza, aborrecerlo como un prisionero más y desecharlo de su vida. Fracasó su intento. Sintiéndolo cerca hacía tambalear sus barreras. Cada herida en Naruto gritaba la verdad; ésas que obtuvo por protegerle. Incluso el rostro pálido y magullado provocaba en él un deseo inmenso por abrazarlo, cuidarlo.
Sin embargo su estúpido orgullo ganó la partida. Dio un paso hacia atrás alejándose del toque, siendo consciente de la decepción en el rostro de Naruto. Una desilusión convirtiéndose en coraje.
—¡Eres un bastardo, Sasuke Uchiha! ¿Te da asco un roce mío? —Apretó los dientes, arrepintiéndose de bajar la guardia. Había imaginado, por la expresión de Sasuke, que habría un abrazo como tregua. ¡Qué idiota!
—¿Soy yo el bastardo? —Sasuke frunció las cejas, molesto—. ¿Fui yo quien te engañó?
—¡No me permitiste explicarte! Debo contarte muchas cosas, mis motivos.
Tal vez si revelaba la notica sobre su hijo…
—Lamento interrumpirlos, pero estamos quedándonos sin tiempo. —La repentina aparición de Gaara detuvo su intención de confesión. Ciertamente era un momento inadecuado—. Una pelea en medio del pasillo, con los soldados de Orochimaru pisándonos los talones, arruinaría el plan.
—Lo siento, Gaara —respondió Naruto, avergonzado. Sasuke chasqueó la lengua, cruzándose de brazos.
—En cualquier minuto ellos llegarán, démonos prisa —ignoró la presencia del Capitán, acercándose a Naruto y sacándose el chaleco para colocarlo en sus hombros—. Han visto a Orochimaru regresar por el lado Este, debemos salir. ¿Cierto, Uchiha?
Sasuke miró a "Tayu", luego a Gaara, y asintió al final sin agregar más. Ese silencio fue suficiente para Naruto, dejaba todo claro entre ellos. Se terminaba ahí.
—Vámonos de aquí, Gaara.
Avanzaron juntos, pasando de largo al Capitán, éste no giró de su lugar, negándose a verlos partir. Quedó justo allí, dándoles la espalda con la mandíbula tensa, mientras desaparecían en la oscuridad. Sería lo mejor. ¿O no? Naruto había traicionado su cariño, y él olvidaría todo rastro de su vida. Entonces… ¿Por qué le hervía la sangre saber que estaría bajo el cuidado de Sabaku? ¿Había hecho lo correcto?
Sólo esperaba no equivocarse. Debía encargarse del resto.
…
Orochimaru golpeó la mesa de su escritorio, volcando en el proceso una costosa botella de sake que rodó por el suelo y manchó el tatami. Su rostro, siempre pálido, estaba rojo de furia. ¡Tenía a imbéciles como subordinados! ¿Cuán difícil era vigilar una persona? Un muchacho herido y débil, además. Regresó de un viaje al barrio rojo para encontrarse con la desconcertada noticia de la huida de su valioso prisionero. Kabuto recibió una bofetada apenas terminó el informe, y los otros soldados no se atrevieron a dar la cara. Según Yakushi, Naruto había aprovechado el lapso del cambio de guardia para escapar, obviamente con ayuda exterior. La bilis subía por su garganta recordando cada palabra de Kabuto explicándole cómo había hallado a los soldados atados e inconscientes en la celda de Naruto. Ni los incompetentes hombres de Sasuke lograron averiguarlo; quién fue el infiltrado o cómo Konoha burló la vigilancia del Cuartel. ¿Quién sería la rata traidora? Olía las astutas artimañas del viejo Jiraiya. Y tampoco podía reclamarle a Sasuke, supuestamente Orochimaru desconocía la existencia de Naruto. ¿Con qué cara exigiría explicaciones de su ineptitud? ¿Cómo explicar su visita al prisionero para amenazarlo? Su preciada carta se había ido al demonio. Saboreó la dulce victoria antes de tiempo y las consecuencias por confiarse le habían dado una dura bofetada.
Pero actuaría ya, desecharía sus lamentaciones y proseguiría con la parte más importante del plan.
Aún sin Naruto, Sasuke Uchiha caería.
…
Después de una noche ajetreada finalmente tenían una mañana tranquila; Naruto estaba de regreso en el campamento Konoha, sano y salvo, habían logrado una alianza con el Capitán Sasuke Uchiha e idearían un plan, contrarrestando las ambiciones de Orochimaru.
Jiraiya tomó de un solo trago el sake de su copa y puso atención al rostro del hombre frente a él. En la confidencialidad de su despacho consultarían las nuevas decisiones. Primero: el lugar más seguro para Naruto y su bebé. Gaara le explicó la situación sobre la amenaza que Orochimaru había impuesto en su ahijado y el peligro que corría la casa de Tsunade.
—Estuve meditándolo mucho, enviaré varios de nuestros hombres para vigilar Shimawara, nadie se acercará a la casa de Tsunade y saldrá ileso. Por esa razón enviaré a Naruto de regreso con ella. Protegeremos a ambos —propuso Jiraiya, sirviéndose otro trago—. ¿Qué opinas, Kakashi?
Kakashi Hatake, uno de sus mejores y confiables compañeros, sería un buen consejero. Por la amenaza de Sannin había enviado cartas a sus partidarios en otras ciudades, así como Gaara, Hatake abandonó su retiro familiar y arribó esa madrugada desde Kobe como refuerzo en su próximo enfrentamiento. Gaara y él aprovecharon el tiempo poniéndolo al corriente.
—Una idea bastante arriesgada —rebatió Kakashi—. Orochimaru cuenta con muchos seguidores, irrumpirían en la casa de Tsunade por buen dinero, él está dispuesto perjudicarla sin reparar en costos. Enviarlo a Shimawara sería como facilitarle el trabajo, dejárselo servido en bandeja de plata.
Jiraiya negó de inmediato.
—Al contrario, conozco un poco su forma de pensar. Una vez fuimos compañeros de entrenamiento cuando éramos críos, bajo el cuidado del abuelo Hiruzen. Es meticuloso, ordenado, arriesgarse con una masacre y llamar la atención no le convendría. Con la fuga de Naruto perdió la oportunidad del anonimato. ¿Cómo estará seguro que Naruto no avisó a Tsunade, y ella a su vez, informarle a Sasuke? La culpa caería inmediatamente en él —respondió seguro—. Además, este lugar también peligrará, es cuestión de tiempo para que sus hombres encuentren el campamento, habrá un enfrentamiento y no quiero a Naruto aquí.
—Te preocupas demasiado —Hatake sonrió bajo la tela que cubría su boca, restándole tensión al ambiente—. Pareces un abuelo enojón.
—¡Claro! ¡Es como mi nieto! Prometí a Minato y Kushina cuidarlo. ¿Imaginas qué haría ella si le ocurre algo malo a su hijo? Sin pensar en la reacción del peligro para su futuro nieto.
Kushina Namikaze, una mujer amable y alegre, aunque provocar su furia era una cuestión peligrosa. Nadie salía intacto. Kakashi dio la razón.
—Hablaré con Tsunade, la pondré al tanto del riesgo y ayudaré con las medidas necesarias. En cuanto Naruto esté listo viajaremos a Shimawara de vuelta —Hatake suspiró—. Iruka también vendrá, a más tardar en una semana, él y Sakumo le harán buena compañía.
—¿Está bien que Iruka y tu hijo viajen?
—Estoy más tranquilo manteniéndolos cerca. No se preocupe, Iruka sabe cuidarse y querrá mantenerse al lado de Naruto. Irán acompañados por otros miembros, algunos de mis hombres cuidarán el lugar, estarán atentos y armados.
La doble seguridad de Kakashi dejó más tranquilo a Jiraiya. Naruto, Tsunade, las personas de su casa, Iruka y Sakumo, estarían seguros. El primer punto cubierto ofrecía el camino libre para esperar a Gaara y empezar la estrategia contra Orochimaru. Quedaba mucho por hacer.
…
El pergamino continuaba limpio. Observándolo por enésima vez se preguntó por qué le costaba encontrar las palabras adecuadas. Jugueteaba distraídamente con el pincel sin indicios de avanzar. Necesitaba argumentar su primer reporte como parte de la alianza, y ni así logró concentrarse. Su estancia en el campamento de Konoha, como portavoz de Sasuke, le había sorprendido cuando lo escuchó de él, pero aceptó con responsabilidad. Abandonar el Cuartel junto a Naruto marcó el inicio de una tregua. Había valido la pena el riesgo. Aunque no todo era miel sobre hojuelas; varios miembros de Konoha miraban con malos ojos y desconfianza, recelosos de su presencia entre ellos, los comprendía. Sólo hasta que Jiraiya convocó una junta con todos sus hombres dejaron de acosarlo, pero la vigilancia no disminuyó. Sai le restó importancia con tal de cumplir su misión. Sus ex enemigos habían demostrado un poco de cooperación, acordando los términos con Jiraiya, Kakashi Hatake y Gaara Sabaku.
Gaara Sabaku.
¿Cuándo se sacaría de la cabeza esos peligrosos ojos claros? La respuesta inquietaba. «¿Por qué haces esto?» Había preguntado Gaara. Era difícil entenderlo desde cualquier punto de vista; actuó a escondidas de su Capitán, arriesgó su vida hablando con la Oposición, maquinó un plan junto a ellos para formar una alianza y… ¿todo por Sasuke? ¿Así de primordial era Sasuke Uchiha en su vida? ¿Por qué? ¿Qué sentía realmente por él, al punto de exponer su seguridad?
Sonrió. Pocas veces sonreía de manera sincera.
Conociendo la personalidad de Sasuke y la suya, nadie comprendía cómo se convirtieron en amigos. Pero tantos años debían darle algún crédito. La única persona que conocía la verdadera historia de Sai, era Sasuke.
Sai Shimura, un niño rico, cuyo padre, Danzou Shimura, conservaba una de las herencias más poderosas de Nagasaki.
Desde pequeño, sus maestros particulares, le habían enseñado muchas cosas. Amaba pintar y leer. Y con el paso del tiempo también había adquirido una habilidad sorpréndete con la espada. Su hermano mayor, Shin, enseñó a utilizarla. Sai hizo lo posible por perfeccionar su técnica con los duros entrenamientos a escondidas de su padre. Vivió una infancia diferente. Nunca conoció a su madre, pues ella había fallecido dándolo a luz. Danzo Shimura tampoco pudo perdonarla por haberle dado un niño débil, "anormal". Así las muestras de cariño paternal quedaron olvidadas. Sai procuró restarle importancia, convenciéndose de no necesitarlas, el cariño de su hermano mayor era suficiente. No obstante, éste mismo hecho lo marcó en su ausencia. La partida de Shin al cuartel de Kioto dejó un hueco en su vida, pero había prometido regresar por él para vivir juntos en Kioto. Shin mandaba cartas una vez por semana, emocionado por sus asignaciones, luego cada mes escribía menos, y al final no recibió nada. El día que finalmente llegó un mensaje del Cuartel le arrebató un pedazo de su alma; la carta decía que Shin Shimura había muerto en el campo de batalla, salvando la vida de otros soldados. Sai sintió que la vida lo odiaba y estuvo a punto de quemar el libro de dibujos que su hermano le había regalado en su último encuentro, como promesa, un libro que jamás quedaría completo.
Allí frente al fuego, con las manos temblorosas apretando firmemente el cuaderno, prefirió una mejor opción. Eligió continuar el sueño de Shin, formar parte del ejército, ayudar a las personas como hizo él.
No solicitó el permiso de su padre, sabiendo su respuesta, recogió sus pocas pertenencias, dinero ahorrado y escapó de casa, informándole en una carta que jamás volvería a sentir vergüenza de él, porque desaparecería de su vida. Dudaba que enviara hombres a buscarlo, y comprobó su falta de interés con el paso de los días. Danzou anunció, una mañana fría, que su segundo hijo había muerto en un accidente de caballo. Fue el empujón final que Sai necesitó para marcharse a Kioto con la mirada al frente, decidido y confiando en sus habilidades.
Poco duró el ánimo.
El Cuartel General de Kioto lo recibió receloso. Su hermano siempre dijo que sonriera, triste, enojado y, por supuesto feliz, sonriera. E hizo lo imposible por parecer confiable frente a los ojos del Capitán a cargo, lástima que sus sonrisas falsas no ayudaran nada. Según las palabras del hombre encargado de reclutar, Teniente Ebisu, él no tenía potencial. «Quebrarán tus piernas antes que puedas levantar la espada. El ejército no está hecho para debiluchos como tú, márchate a cuidar cerdos y ordeñar vacas.» Confiaba en su técnica, pero no darían una oportunidad de demostrarlo. Herido en su orgullo dio media vuelta y salió del salón, pasando por el campo de entrenamiento para los nuevos reclutas. Un poco celoso, la curiosidad por los combates fue inevitable. Avanzó un par de pasos hasta tener un mejor panorama; alrededor del patio habían reunidos varios candidatos, soldados veteranos y algunos superiores los observaban de manera crítica. Reconoció al Capitán Fugaku Uchiha y su hijo mayor, Itachi Uchiha. Ambos hombres atentos al centro del ruedo, orgullosos por el chico de cabellos negros que estaba dándole una paliza a su compañero de pelea. Entre los gritos de ánimo escuchó su nombre, fue la primera vez que vio al muchacho de diecisiete años desplegar sus habilidades. Obviamente Sasuke Uchiha ganó y los aplausos aparecieron como invocados por arte de magia. Sai no pasó por alto los vistazos furiosos de los otros reclutas dirigidos a Sasuke. Por un instante lo miró fijamente, suficiente tiempo para que Sasuke alzara la vista y sus ojos se encontraran, luego regresó su atención al Capitán.
—Bien hecho, hijo —dijo Fugaku—. ¿Quién sigue?
—¡Yo!
La respuesta de un nuevo combatiente fue lo último que escuchó antes de salir del Cuartel. ¿Por qué quedarse si jamás entraría?
Pasó horas en diferentes puntos de la ciudad, esperando hallar un trabajo para subsistir en ella. Había perdido el alberge del Cuartel y un camino incierto esperaba; gastó casi todo su dinero en el transcurso del viaje, no tenía un lugar para dormir y el estómago le dolía del hambre. ¿Cómo sobreviviría? ¿Acabaría en Shimawara vendiéndose por una pieza de pan? La simple idea le causó frustración.
La noche caía rápidamente, la oscuridad adornaba las calles solitarias y adelantó el paso por los callejones, ahí escuchó un par de amenazas cerca del final. Apretó el mango de su katana dispuesto a defenderse. El ruido de golpes, jadeos y maldiciones, incrementaba a medida que avanzaba. Aún lejos del barrio rojo había ladrones en todos lados, los desolados caminos eran un excelente escenario para robar. Sería arriesgado enfrentar esos ladrones, pero su hermano le había enseñado a proteger personas indefensas. Y una pelea de seis contra uno entraba en las cosas que Shin odiaría. Grande fue su sorpresa al acercarse y reconocerlos; eran los tipos que estuvieron en el entrenamiento matutino, y su víctima, Sasuke Uchiha. Parecía una especie de venganza por la humillación de Uchiha en la exhibición. «Idiotas», pensó Sai ciñendo fuertemente el mango de su espada y lanzándose contra el individuo (casi treinta centímetros más alto y corpulento) que estuvo a punto de encajar una katana en la espalda de Sasuke.
Se defendía bien, aunque hasta el más hábil cedía por una desventaja de número.
Unieron fuerzas y acabaron con el problemático grupo. Entre golpes, cortes, maldiciones y sangre, gracias a Sai Shimura, Sasuke Uchiha había salido vivo. Apenas lo reconoció en la oscuridad, pero aceptaba su admirable técnica, algo descuidada, nada que un buen entrenamiento resolvería eficaz. Mientras sacudía el polvo de su ropa ideó la manera de pagarle el favor.
—Estuviste esta mañana en las prácticas del Cuartel —dijo Sasuke—. Querías entrar al ejército. ¿Rechazaron tus habilidades? ¿Desistirás?
—Para ser muy inteligente haces preguntas absurdas. —Uchiha frunció el ceño, Sai supo que había hablado de más, rara vez podía detener su boca afilada. Sonrió forzadamente esperando resolver el problema—. Pero sí, el Teniente Ebisu me aconsejó dedicarme a cuidar cerdos y no molestar, ni un combate de prueba permitió.
A Sasuke le fastidió su falsa sonrisa, aunque ese chico flaco había salvado su pellejo. Su desempeño hablaba solo.
—Soy Sasuke Uchiha.
—Lo sé, me llamo Sai Shimura.
—¿Shimura? ¿Pariente de Danzou Shimura de Nagasaki?
—No, mi familia está muerta, sólo soy yo. ¿Importa?
Sasuke encogió los hombros restándole importancia.
—Realmente no… —iba a continuar pero el sonido del estómago de Sai interrumpió. Guardó su katana y comenzó a caminar, se detuvo al notar a Sai parado atrás e hizo una seña con la cabeza. Dudoso, Shimura lo alcanzó, avanzando a su lado—. Eres bueno, mejor a esos idiotas que enfrenté en la mañana, por lo visto tienen tiempo de sobra en lugar de entrenar más. Te debo una, y si en verdad quieres formar parte del Cuartel puedo pedirle a mi hermano recomendarte al Capitán Morino, habrá puesto vacantes —refiriéndose a los tipos tirados en el callejón—. Pero advierto que esto no será una palanca, tú mismo debes ganarte ese lugar, demuéstrales como peleaste hoy y pasarás fácil la prueba.
Sai quedó mudo. ¿Por qué Sasuke le ofrecía algo tan grande? ¡No había ayudado para obtener un beneficio! Por primera vez, siendo siempre tranquilo, sintió ganas de maldecir. De replicarle que no buscaba la caridad de nadie. Mas en el fondo de su corazón experimentó emociones diferentes; orgullo y alegría, porque alguien había reconocido sus habilidades. Porque alguien como Sasuke Uchiha, un sujeto arrogante y serio, le tendía una mano. Porque alguien lo valoraba como igual. Esa muestra de confianza merecía una respuesta sincera.
—Sería sencillo aceptarlo, pero pretendía hacer trampa… en el ejército no aceptan donceles.
Soltó la bomba y sonrió, escondiendo tras esa mueca falsa su miedo latente. Era un ser anormal, Danzou repetía constantemente. Entonces Sasuke se detuvo, viéndolo de arriba abajo, atento.
—¿Eres uno?
—Al parecer no se nota.
Cierto. Generalmente las facciones finas destacaban, no obstante, como todos los rasgos en las personas, también existían excepciones. Considerar a Sai una belleza sería mentir, posiblemente por su entrenamiento desde niño, su altura o esa forma rara de sonreír, pero no, exceptuando su palidez, Sai Shimura pasaba como un chico flaco común y corriente.
—Acabas de vencer a un sujeto del doble de tu tamaño, ¿y eso te preocupa? —Sasuke no esperó respuesta—. Funcionará, mientras tus habilidades sigan creciendo nadie buscará detalles, he conocido a varios hombres jactándose de su fuerza que tú podrías vencer al primer embate. Sería un desperdicio dimitir. Enfócate en un objetivo y no causes problemas. Creo que tu espada podría serme útil en el fututo. ¿Aceptas el trato?
Las palabras de Sasuke fueron como encontrar un oasis en medio del desierto, irreal y salvador. ¿Qué podría perder? Estaba solo y el horizonte todavía continuaba incierto.
—Hecho.
Sai Shimura sonrió sincero por primera vez.
—Bien, ahora busquemos un lugar decente para cenar.
Al día siguiente, luego de conversar con Itachi y Morino, la capacidad de Sai habló por sí sola. Poco a poco se integró a la vida del Cuartel, Sasuke adiestrándose con él, codo a codo. Con problemas y aciertos. Algunos compañeros desaprobaban su ingreso, sabiendo de su cercanía con el hijo de Fugaku. Sin embargo en el campo de entrenamiento les hacía comerse sus insultos con polvo. Y nadie había visto a través de él. Para conservar su fachada acompañaba sus juergas en Shimawara, platicaba con las Sancha, escuchaba música, jugaba mahjong y tomaba sake. Los demás, perdidos en los efectos del alcohol, jamás advertían su falta de participación a la hora de manosear mujeres. Le parecían hermosas, y los hombres atractivos, pero pocas veces llamaban su atención. Comenzaba a creerse asexual. Con la admiración era suficiente.
Los años pasaron y sus verdaderos amigos llegaron lentamente. En el momento menos pensado estuvo rodeado por Juugo, Suigetsu, Karin y Sasuke, celebrando los ascensos de Uchiha.
Confiaba en ellos, especialmente en Sasuke, la única persona guardando su secreto. Gracias a él había logrado su sueño.
Sus sentimientos por Sasuke Uchiha eran difíciles de explicar. Bastante complicado como el estremecimiento que Gaara Sabaku causaba en él cada vez que sus ojos verdes lo miraban. Muy diferentes y similares al mismo tiempo. ¿Estaba enamorado de Sasuke? La simple idea ponía su piel chinita. Para él, Sasuke representaba la viva imagen de un hermano, no el reemplazo de Shin, su lugar estaría por siempre guardado, sino un cariño fraternal y agradecido. Ambos malos para expresar sentimientos, jamás compartían muestras de afecto como abrazos o palabras bonitas, pero sostenían un pilar solido de confianza. Y ahí estaba la respuesta a la pregunta de Gaara.
¿Por qué haces esto?
Porque Sasuke le brindó una oportunidad cuando sus puertas habían sido cerradas, su hermano merecía la felicidad. Una felicidad que había conocido al lado de Naruto, en esa persona especial que derrumbó sus fuertes muros. Uchiha necesitaba en su vida alguien diferente, alguien con una sonrisa sincera, con unos ojos brillantes y un carácter alegre que endulzara su temple reservado. Una familia cariñosa. Pondría su grano de arena, pues el orgullo de Sasuke complicaba la situación. Ir con Tsunade, enfrentarse a Gaara, pedirle asesoría a Jiraiya y rescatar a Naruto, fueron pequeñas piezas para ir construyendo su obra de agradecimiento. Sai había hecho los movimientos, sólo el destino y el tiempo tendrían la última palabra.
Aún faltaban obstáculos por enfrentar.
…
Cuando Kakashi avisó que, esa misma mañana, había hablado con Tsunade para solicitar amparo nuevamente, creyó que todavía estaba soñando. Al principio pensó en una broma, aunque Jiraiya disipó su error explicándole su plan de resguardo. No muy conforme Naruto aceptó, el dolor de sus heridas había reprimido sus reclamos. Extrañaría el campamento, la compañía de sus amigos y el ambiente de camaradería rodeando Konoha, sin embargo entendía las decisiones de Jiraiya y haría lo posible por recuperarse rápido.
Por la tarde Kakashi y Kiba trabajaron en disfraces de vagabundos para su comitiva al barrio rojo. Hubiesen preferido viajar en la noche, en la oscuridad, pero solo atraerían atención indebida. De ese modo; Naruto cubierto de la cabeza a los pies, en una pequeña carreta, resguardando su identidad, viajaría inadvertido. Los soldados de Orochimaru deambulando las calles ignorarían su paso. ¿Quién sospecharía de unos malvivientes llevando nueva mercancía a Shimawara?
Su misión tuvo éxito y pronto se halló bajo el techo de Tsunade, otra vez.
—¡Naruto-kun!
Luego de despedirse, y recibir un beso de Tsunade en la frente, la dulce voz de Hinata lo sorprendió cruzando el pasillo. La muchacha de largo cabello corrió a él, dándole un fuerte abrazo.
—Hinata, a mí también me alegra verte, pero necesito respirar.
Más que aire para sus pulmones, protestó el dolor que Hinata provocó apretando sus heridas. Estuvo tentado a soltar un gemido lastimero.
—Lo siento —se disculpó avergonzada, sus mejillas rojas—. Pensé que había pasado algo malo, nadie sabía de ti. Desapareciste e imaginé lo peor —repentinamente enmudeció percatándose de las vendas en el brazo, afortunadamente el hombro quedó oculto por la yukata naranja—. ¡Estás herido! ¿Quién lo hizo?
Naruto sonrió, tranquilizándola.
—No te preocupes, nada del otro mundo, un pequeño accidente-ttebayo.
Hinata dudó, absteniéndose de preguntar más. Su intención no era atosigarlo, únicamente obsequiarle su amistad. Determinada, sujetó su brazo sano guiándolo por el pasillo hasta salir al jardín, sentándose en el corredor de madera.
—Tal vez no sé bien qué sucede… —habló cabizbaja. Muchas personas la consideraban una mujer tonta, pero ella apreciaba perfectamente la tensión del ambiente. Primero Naruto desaparecía de la nada, Sakura andaba feliz por ello y la inquietud de Tsunade casi parecía palpable. Además, la carta que envió Neji informándole de su demora en la próxima visita, debido a "contratiempos", puso sus nervios al límite. Neji nunca faltaba a una cita. ¿Ocurría algo malo? ¿Tendría relación una cosa con otra? Ojalá no. Y estaría ahí apoyándolos desde su corazón—. Sabes que cuentas conmigo, para cualquier cosa, por pequeñita que sea, ¿verdad?
—Lo sé.
Realmente agradecía su afecto y confianza. Deseaba corresponder esa muestra de cariño y, aunque confesarle la verdad pondría en peligro la vida de Hinata, tenía otra noticia que compartir con ella. Como una verdad a medias. Su brillante tesoro.
—Eres mi amiga, Hinata —ella asintió contenta—, y voy a confiarte una noticia importante que será un secreto —respiró hondo y dijo—: Estoy esperando un bebé.
Los ojos de la muchacha se abrieron bastante gracias a la sorpresa. Un segundo después lo abrazó nuevamente, cuidando no lastimarlo y riendo emocionada.
El sentimiento embriagante y cálido abrumó sus barreras, pues habían olvidado que las paredes tenían oídos curiosos…
Tras el panel de madera a sus espaldas, Sakura cubrió su boca con ambas manos evitando gritar de frustración. La noticia del regreso de Naruto se había esparcido como pólvora en la casa, y poco tardó en averiguar su paradero. La presencia de Hinata había retrasado su cometido pero no dudó en vigilarlos sigilosamente, de cerca a escondidas. Y ahí estaba el resultado; enterándose del secreto de Naruto. Una nueva ola de celos recorrió su cuerpo. ¿Por qué él tendría un hijo de Sasuke? Porque obviamente, sabiendo de sus encuentros continuos, la probabilidad más factible recaía en el Capitán Uchiha. Un par de lágrimas manchando sus mejillas la hicieron reaccionar y huyó apresurada a su habitación. Se comunicaría con Orochimaru, él tenía tanto interés en Naruto que sabría cómo utilizar la información. Ese pequeño bastardo desaparecería. Nadie le arrebataría su oportunidad de sobresalir, menos un mocoso que aún no nacía.
…
—¿Qué escribes?
Suigetsu preguntó mientras colocaba varios pergaminos en el escritorio de Sasuke. Con la trasferencia de Sai a Konoha, Hozuki había tomado su lugar realizando las actividades correspondientes. Uchiha ya los había reunido, a Juugo y él, para ponerlos al tanto de la nueva situación. Siendo sincero, sospechó que Sasuke había perdido la cabeza ante el informe de una alianza con la Oposición, sonaba una locura. Pero finalizando el relato, exponiendo todos los detalles, quedó claro el peligro que representaba Orochimaru. Reconocía el valor de Sasuke como líder, confiaba en su buen juicio, y si colocaba las manos al fuego por apoyar a Konoha, él acompañaría esa locura. «El enemigo de mi enemigo es mi amigo.» Describía su actual estado. En pocos días, cuando arribara el primer reporte de Sai, Sasuke iría a reunirse con las cabezas de Konoha y preparar una estrategia.
—Una carta —respondió, levantando la vista y examinando alrededor. Infórmale a Suigetsu sus planes para dicho mensaje sería imprudente con las paredes delgadas—. Últimamente hay poco movimiento de rebeldes, comunicaré a Itachi del avance en los nuevos patrullajes. Cosas de rutina.
Hozuki supo interpretar entre líneas. Sasuke no reportaría nada a su hermano, notificaría del trato con Jiraiya, y quizá solicitar algún consejo táctico. También advertencias para reforzar la seguridad en Edo. Orochimaru debía contar con amigos en la ciudad, o cerca de Ieyasu, esperando órdenes. Parecía buena idea pero… ¿y si interceptaban la carta? Sannin contaba con un sinfín de hombres a su disposición en los caminos. ¿Qué pasaría con el plan? Acabarían muertos.
—Puedo ir yo —dijo despacio—. Tengo poco trabajo y el trayecto es peligroso, conozco varios atajos.
Sasuke negó, muy tranquilo para el gusto de Suigetsu.
—No será necesario, te requiero aquí en el cuartel. Hay pendientes que no puedo confiarle a otra persona. —Sasuke continuó escribiendo, concentrado en el mensaje e ignorándolo. Suigetsu quiso protestar—. Descuida, dejaré esto en manos de otra miembro.
¿Otra miembro? Rápidamente recordó a cierta persona irritante. ¿Cuándo planeó aquello?
—Tienes razón, ella lo hará mejor.
…
Pasaron días antes de volver a reunirse. Durante ese tiempo Sasuke investigó a fondo los movimientos de Orochimaru. Encontró diversos detalles que permitieron confirmar las teorías de Gaara. Orochimaru había reunido gente en Edo, mercenarios, ladrones y asesinos, y tenía un encargo de armamento; espadas, cuchillos, kunais y shurinken, principalmente. Otra de sus investigaciones fue a los cuerpos de los ninjas que intentaron asesinarlo, "misteriosamente" los cadáveres habían desaparecido. No fue extrañó hallar en el reporte de vigilancia los nombres del escuadrón de Sannin, ellos habían desaparecido convenientemente la evidencia. Con mucho trabajo (a espaldas de Orochimaru) recuperó solo una cabeza, gracias a ella determinó su verdadera identidad. El tipo resultó ser un criminal buscado en Edo por asesinato y tortura, sin ninguna conexión con Konoha. Y el homicidio a la familia Temura también cayó sobre los hombros de Orochimaru. Sabaku había dicho la verdad. Esos ninjas fueron contratados por la serpiente. ¿Cómo estuvo tan ciego? Su frustración y furia apresuró las cosas. Debían comenzar un régimen de contraataque, aprovechar el factor sorpresa mientras Orochimaru ignoraba su alianza.
Nadie esperaría que Konoha y el Cuartel se unieran.
Cuando Sasuke recibió el reporte de Sai, enviado estratégicamente con el chico repartidor del pescado, descubrió envuelto en el paquete del salmón la fecha, hora y lugar (encriptados) para la primera reunión como sociedad.
Y allí estaban los cinco; Jiraiya, Kakashi, Gaara, Sasuke y Juugo, en una casita vieja a las afueras de Kioto. Rodeaban una mesa, con un mapa extendido sobre ella e iluminados por la escasa luz de una lámpara de aceite.
—Según el informe de mis exploradores, las actividades de Orochimaru están inactivas. Quiere apresurar primero la entrega del armamento, una vez con las armas nada detendrá su avance.
Ellos asintieron ante el reporte de Kakashi.
—Es cuestión de tiempo, pronto encontrará la ubicación de nuestro escondite y, una vez en la mira, será su oportunidad de enviar el ataque —dijo Jiraiya—. Se está quedando acorralado y actuará en breve. Por los reportes reunidos sabemos su plan; piensa eliminarnos de un solo golpe. ¿Cómo? Fácil, una vez que obtenga nuestra ubicación, te convencerá de mandar a tus tropas, Uchiha, él cree que aun estás de su lado. El enfrentamiento de nuestro bando y el tuyo sería inevitable, las bajas subsistirían seguras. En conclusión; tus soldados acabarían con gran parte de Konoha, pero tú también quedarías vulnerable. Aquí entraría Orochimaru con un ejército reforzado, sus miembros intactos y numerosos, fácil acabarían con ambos sobrevivientes. Tanto tus escuadrones y gente de la Oposición. Incluso, durante la confusión, nadie sospecharía si murieras, Uchiha. Habrías caído a manos de los rebeldes y no desconfiarían de él.
Sasuke apretó los puños, procesando la información.
—Bastante ingenioso —aceptó el Capitán—, pero otros puntos delatarían su plan, por ejemplo… ¿Quién creería que un grupo menor de Konoha tendría el poder para superar al doble de soldados entrenados del Cuartel?
Kakashi rió bajo la máscara y respondió:
—Es inteligente, pensó en todo. Por eso corrió el rumor de un nuevo grupo de rebeldes. ¿Por qué imaginas que está reuniendo pura escoria? Bandidos, mercenarios, ladrones. El pago de esos pobres imbéciles será la muerte, los subordinados de Orochimaru se encargarán de eliminarlos. Para alguien con el rango de Orochimaru es sencillo mentir, nadie dudaría de su palabra si dijera que esos malvivientes estaban relacionados con Konoha. ¿Quieres hacer cuentas, Sasuke? Suma el número de hombres de Konoha y esos individuos, obtendrás un total mayor que tus propios soldados. Ante los ojos de Edo, Orochimaru quedará como el superviviente de una masacre, no como el autor principal de ese baño de sangre. ¿Comprendes?
¡Por supuesto que entendía! Esa serpiente era astuta. Aunque ellos se encargarían de destruir sus planes.
—Y una vez "redimido" regresará a Edo como héroe, Ieyasu lo recibirá con los brazos abiertos, pero solo obtendrá una puñalada en la espalda —terminó Jiraiya.
Los cinco permanecieron en silencio un par de minutos, cada uno analizando las consecuencias.
—Bien —retomó Gaara—, nuestro propósito es organizar las tropas para liquidar el regimiento de Orochimaru. Formaremos varios grupos y trataremos de emboscarlos —señaló parte del mapa—. A ustedes les tocará cubrir el área norte, nosotros la sur, rodearemos ambos puntos. Pensará que nos acorrala, pero seremos nosotros quienes lo emboscáremos.
—De acuerdo.
Jiraiya sacó un nuevo montón de papeles con bosquejos de rutas, esparciéndolos en la mesa. Uno y otro comenzaron a hablar, asintiendo o negando a las sugerencias de vez en cuando. Juugo había convivido junto a sus compañeros con los subordinados de Sannin y explicaba sus habilidades y debilidades al resto. Pasaron más de una hora organizando grupos, acordando fechas y proponiendo maniobras. Sasuke odió admitirlo, pero Gaara resultó un buen estratega.
—Nombraremos a líderes de los grupos —propuso Sabaku—, ¿tienes pensado a quién colocar, Uchiha?
—Tengo los hombres indicados. —Asintió confiado. Sus amigos serían la mejor opción.
—Yo estaré a cargo de uno, y pronto seleccionaré los demás.
Sasuke se preguntó si Naruto estaría entre ellos. Recordar su nombre provocó un sentimiento de ingenuidad. Ni con el paso de los días, por más que intentó, había logrado sacárselo de la cabeza. Menos con el último tropiezo que tuvieron, tal parecía que Naruto deseaba contarle algo importante. ¿O fue producto de su imaginación? ¿Sus ansias de saber de él estaban volviéndolo débil? Necesitaba verlo, sentir su presencia, no importaba si fuera en medio de una batalla. Qué patético.
—Entonces… ¿Naruto también tendrá un puesto?
Gaara dejó a un lado el mapa y alzó la vista, clavando sus intensos ojos verdes en Sasuke, como si éste hubiese dicho una blasfemia. ¿En serio?
—Asumí que eras más inteligente, Uchiha, pero me he equivocado —Sasuke frunció notablemente el ceño—. ¿Cómo pretendes poner a Naruto frente a una ofensiva en su actual condición? No arriesgaré su vida, mucho menos la seguridad del bebé que está esperando.
Nadie dijo nada. Un incómodo y pesado silencio cayó en la mesa.
Sasuke pensó que había recibido una fuerte bofetada, dejándolo perdido y confundido. ¡¿Bebé?! ¿Naruto esperaba un bebé? ¿Suyo? Su mente quedó en blanco.
Gaara miró la desaprobación en los rostros de Kakashi y Jiraiya. ¿Qué? ¿Nadie le había dicho a Sasuke Uchiha que sería padre? Por su falta de reacción, probablemente no.
Sólo deseaba no haber cometido un error exponiendo a su amigo.
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Continuara…
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…oooO*Oooo…
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Gracias x leer \(°~°)/
