Capítulo XII

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By Risana Ho

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oooO*Oooo…

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Las hojas rojizas de los árboles caían despacio y el viento frío las movía de un lado a otro, advirtiendo el cambio de la próxima estación. Casi podía respirarse el dulce aroma del otoño. Una ligera ráfaga de aire fresco acarició su rostro llevándose consigo algunos de sus pensamientos. Estaba atardeciendo y los últimos rayos del sol aún iluminaban las calles; sus tonos naranjas y purpuras rodeaban a las personas transitando la plaza. Una estampa tranquila, acogedora, como si Kioto no retuviera augurios de guerra. Ojalá fuera igual de ignorantes a ellos, viviendo una vida simple. Pero era imposible. En los hombros cargaba una pesada lapida de responsabilidad. ¿Qué continuaría ahora? ¿Cuánto duraría la estampa de paz? Las respuestas lo inquietaban.

Había llegado a esa banca de la plaza unas horas antes, luego de terminar el papeleo del Cuartel, aun experimentando el shock que vivió una semana atrás en la reunión con los miembros de Konoha, las palabras de Gaara se repetían una y otra vez en su cabeza. En los días siguientes había tomado por costumbre salir de la oficina a divagar, sentándose en el mismo sitio con la mirada perdida al frente, deseando tener la mente en blanco. Pensar en nada y todo a la vez.

Sintió un golpe en su bota y bajó la vista, notando una pequeña pelota de cuero. Un par de niños gritaron y él les lanzó nuevamente el juguete. Ellos rieron felices mientras regresaban con su madre. Niños inocentes.

Niños.

Contrario a lo que varios pensaban, a Sasuke Uchiha le agradaban los niños. Tenía el deseo de, algún día, formar su propia familia; enseñarles cosas a sus hijos de generaciones pasadas y compartir la vida con un compañero. Sus dos sobrinos eran la mejor prueba de su capacidad para intentarlo. ¿Cómo no querer a esos pequeños diablillos? Cuando visitaba la casa de Itachi, en Edo, ellos corrían a recibirlo, encantados de escuchar sus historias o practicar con la espada de madera. ¿Sorprendente? Se trataba de una faceta desconocida para muchos, exceptuando su familia. Frente a ellos abandonaba el porte de tempano de hielo, sustituyendo el ceño fruncido por una simple sonrisa. E Itachi no perdía el tiempo de burlarse. «Con tus hijos serás un buen padre, hermanito.» Repetía constantemente viendo a Kanae (su sobrina menor) reír mientras la alzaba por el aire, o jugando a la espada con Yukio, su sobrino mayor.

¿Buen padre? Sasuke dudaba.

Sus últimas acciones, y decisiones, claramente indicaban lo opuesto. Ni siquiera supo cómo actuar por la noticia de Naruto. ¿Qué debía sentir? ¿Felicidad? ¿Furia? ¿Alegría o decepción? Procuró conservar una fachada seria ante Gaara, como si la declaración no involucrara a otro ser vivo, y prosiguió con la junta omitiendo el tema. Los demás estuvieron de acuerdo, sin volver a mencionarlo. Esa noticia delicada solo podía tratarla los involucrados. Sólo hasta concluir la junta, con una nueva fecha de reunión y lejos de la cabaña, Sasuke se permitió golpear fuertemente el primer árbol a su alcance, importándole poco la sangre en sus nudillos magullados, concentrado en su frustración. ¿Por qué el destino insistía en ponerlo a prueba? No se trataba de cualquier cosa, sino de una nueva vida. ¡Su hijo! Sabía que era suyo, porque al revelar el verdadero objetivo de Naruto también había caído su máscara de Oiran. Nunca hubo clientes a sus pies, ni dinero del mayor postor para disfrutarlo una noche. Naruto era libre. Las manos de Sasuke habían sido las únicas en recorrer su piel, degustar sus labios y devorar su alma.

Sin embargo aquel sentimiento de dicha, sosegando su mente, fue repentinamente golpeado… ¿Y Gaara?

La imagen de Naruto en el vestíbulo de la casa de Tsunade, sonriéndole a Sabaku, invadió sus recuerdos. Una sonrisa real, genuina y sincera. ¿Cuán importante sería Gaara para Naruto? ¿Y si el bebé era del hombre pelirrojo? Absurdo. Pues Gaara le habría restregado la verdad en su cara. Pero, sobre todo, Naruto no parecía la clase de persona que durmiera con dos al mismo tiempo… aunque había caído en sus mentiras una vez. Siendo realista, la posibilidad de una relación amorosa entre ellos –como miembros de la Oposición– quedaba factible. Un escenario dónde Naruto amaba a Gaara antes de su misión en Shimawara, y él fuese el tercero en discordia, interponiéndose como objetivo. ¿Así habría sucedido?

«Si continuas indagando por este camino acabarás arrepintiéndote», se dijo a sí mismo deteniendo sus funestas suposiciones.

Necesitaba aferrarse a los recuerdos de pasión y entrega. ¿Aún lo amaría después de rechazarlo? Ahora tenía clara sus prioridades. Con el paso de los días la venda que cubrió sus ojos iba desvaneciéndose. Cierto, pasaron cosas dolorosas, la traición el principal desencadénate, pero aquel sentimiento que pareció una barra de hierro al rojo vivo atravesándolo la espalda, había abrumado su razón y evitó observar las cosas de manera crítica. ¡Naruto había salvado su vida! ¿Y cómo le pagó? Dejándolo sin oportunidad de una explicación.

Quería verlo, porque sus intentos por olvidarlo habían fracasado. Naruto quedó grabado en su alma.

Pasó una semana buscando la forma de encararlo y averiguó, por sus propios medios, la nueva ubicación de su "escondite". Era lógico que ni Gaara u otro miembro de Konoha ayudaría a reunirse con él. La respuesta a su problema la obtuvo de Sai. Sus esporádicos reportes informaban la situación del campamento, y aprovechando el enlace solicitó el favor. Aguardó cinco días para obtener una respuesta afirmativa de Shimura. El mensaje llegó oculto en el informe y pensó que la dirección era una broma, pero Sai aseguraba la veracidad; la casa de Tsunade. ¿Qué pensaba el viejo Jiraiya mandándolo nuevamente a Shimawara? No le concernía, había tomado por fin una decisión.

Miró al cielo ya oscuro, las tintineantes estrellas brillaban en el negro manto. Se levantó de la banca y comenzó a caminar de vuelta al Cuartel.

Sería una noche larga.

Observando sus dedos cubiertos de puntos rojos, Naruto suspiró cansado. El leve dolor desapareció cuando sostuvo un pequeño zorro de tela naranja, el muñeco había quedado deforme pero le encantó el resultado. Sonrió satisfecho, orgulloso de sí mismo por terminar el nuevo juguete de su hijo. Hinata le había obsequiado el material y las clases, con gran ayuda. Llevaba encerrado más de una semana y las ideas de Hinata para entretenerlo eran bastante extrañas. Mostró cierta reticencia al coser el peluche, se consideraba bueno en muchas cosas menos para la costura. ¡Un fracaso total con la aguja! Sólo la insistencia de Hinata, la principal razón de continuar, hizo posible su trabajo. Ella resultaba muy persuasiva.

Su regreso a la casa fue considerado un secreto a voces, abandonó el puesto de Tayu y, aunque la mayoría sabía de su estancia, nadie comentaba su nombre, posiblemente órdenes de Tsunade. Agradecía el detalle, pues no soportaría volver a fingir sumisión, sonreírle a gente falsa le provocaba dolor de cabeza. Los rumores iban y venían, varios decían que Tsunade pensaba cederle el puesto a Sakura. A Naruto le dio igual, Sakura podía convertirse en la esposa del ministro más acaudalado y para él sería el equivalente al vuelo de una mosca. Desde su conversación con Orochimaru en la celda del Cuartel procuró tener precaución respecto a ella, y también había advertido a Tsunade. «No te preocupes, Sakura es una buena muchacha, seguro Orochimaru la engañó para obtener información de tu relación con Sasuke.» Senju la apreciaba y ese cariño nublaba su criterio. Pero él no subestimaría sus acciones, Sakura Haruno escondía una careta peligrosa.

Un asunto más agregado a su lista de pendientes y frustraciones.

Últimamente andaba inquieto, pensaba muchas tonterías y sus preocupaciones aumentaban cada minuto. ¿Cómo no estar impaciente luego de saber que Gaara habló de su hijo frente a Sasuke? Escuchándolo del propio Gaara tuvo que recurrir a su completa fuerza de voluntad para no saltarle encima y darle una paliza. Solo desistió por su disculpa sincera. Y concedía un punto a favor; había prometido con Sai el secreto, pero a Gaara nunca mencionó ocultarlo de Uchiha. ¿Cómo olvidó mencionarlo? Su amigo no había actuado con mala intención, supuso que ellos –en ese momento bastante tenso en las celdas del Cuartel–, habían discutido respecto a su actual estado. Se equivocó.

—¿Qué dijo Sasuke?

Aun deseando mantenerse desinteresado el bichito de la incertidumbre lo comía por dentro, preguntándose cómo había reaccionado Sasuke por la noticia. Sin embargo el mutismo de Gaara provocó un doloroso hueco en su estómago, asumiendo su respuesta silenciosa. Una semana y el montón de dudas permanecía ahí, consumiéndolo lentamente. ¿Qué esperaba de Sasuke Uchiha? ¿Por qué no fue a reclamarle, a pedirle una explicación? ¿Qué pensaba del bebé? O tal vez, una posibilidad palpable, Sasuke creía que no era suyo. Odiaba a su hijo. ¿Despreciaba al bebé? Quizá… Naruto dibujó una sonrisa indescifrable por guardar pequeñas esperanzas. Era un idiota, el Capitán había dejado clara su posición, sus sentimientos, las cosas estaban pérdidas para ellos. La ausencia y el tiempo ofrecían una nueva resolución.

Se olvidaría completamente de Sasuke Uchiha.

¿Cuán difícil sería esconder sus bonitos recuerdos dentro de una cajita y extraviarla en el fondo de un viejo baúl imaginario? Ojalá fuese sencillo.

Entró cautelosamente a Shimawara, resguardando su identidad bajo una capucha oscura y vieja. Sus ojos negros inspeccionaron los puntos elementales, procurando hallar una vía libre de personas curiosas, la mayoría inmersa en su propio mundo. Llegó a una de las casas más grandes, la residencia de Tsunade se mostraba animada como siempre, pero había algo ligeramente extraño en el ambiente, posiblemente en relación con las sonrisas tensas y nerviosas de las personas en el hamirise. Habían asumido precauciones por la amenaza de Orochimaru, aún con la protección de Jiraiya ellos no bajarían la guardia, estarían pendientes de cualquier ataque sorpresa del Capitán.Se percató de varios hombres posicionados discretamente, patrullando y vigilando alrededor de la propiedad. Si un sospechoso intentaba entrar sería acreedor de un corte mortal, y esa cuestión ponía en desventaja su plan. Mas su decisión era firme. Esa noche finalmente hablaría con Naruto. La lógica proponía conversar primero con Tsunade, pedirle a ella una audiencia con Naruto, sin embargo recordaba el cariño de la mujer por su pupilo y dudaba accediera a su petición. Darse media vuelta, huyendo como cobarde con el rabo entre las piernas, tampoco era una opción. La ferviente impaciencia de volver a sentirlo frenaba sus pasos.

Estuvo meditándolo mucho tiempo, posiblemente más del necesario, varios días. Y cada lapso solo confirmaba lo obvio; seguía enamorado de Naruto, jamás podría olvidarlo. Se jugaría el todo por el todo. Determinado, se escabulló sigilosamente a la parte trasera de la casa donde los guardias jugaban entretenidos los dados. Buscó rápido el acceso que meses atrás utilizó para visitar a Naruto, pocos conocían el área posterior. Una vez posicionado esperó el minuto adecuado, saltando a prisa la barda. Ningún hombre notó su movimiento y aprovechó su buena suerte para atravesar el pequeño bosque interior. Localizó la misma habitación de Naruto, lo supo reconociendo su silueta en la ventana abierta, vestía una yukata simple de color azul sin accesorios, y resaltaba sus facciones naturales que antes cubría con el maquillaje. Sus ágiles movimientos servirían al subir el árbol bajo la ventana, un recorrido que sabía de memoria.

No había vuelta atrás.

Naruto estuvo a punto de cerrar la ventana cuando la repentina presencia de Sasuke lo sobresaltó, haciéndole dar un par de pasos atrás. La conmoción de tenerlo frente a frente duró unos segundos y una expresión molesta adornó su rostro.

—¿Qué haces aquí? ―moderó la voz, sin sonar alarmado. Sasuke saltó del marco de madera y entró completamente a la habitación—. ¿Cómo pasaste los guardias?

—Tenemos que hablar —ignoró las preguntas, mirándolo directamente a los ojos. Dio un paso acercándose más y Naruto retrocedió dos. La expresión cautelosa desconcertó a Sasuke y procuró ocultarlo. Sus ideales estaban más claros que nunca, lo comprobó detallando esos bonitos irises azules. Por Dios, cuánto los había extrañado—. Sabes el motivo de mi visita.

—No, no lo sé, la última vez dejaste muy claro lo que pensabas de mí. ¿Por qué debería escucharte ahora?

—Porque ahora —enfatizó la última palabra—, hay alguien más.

Naruto hizo un gesto molesto.

—¿Y qué importa? ¿Te preocupa? ¿Qué cambia? ¡Nada! Tú puedes continuar tu camino y yo el mío. Separados. Cada uno con sus propias metas.

La obstinación de Naruto era comprensible. Sasuke respiró hondo, nada ganaba perdiendo el control. Entendía el enojo de su compañero, pero también estaba su hijo. Ese bebé en camino le pertenecía y ansiaba escucharlo de sus labios.

—El bebé cambia muchas cosas porque es mío.

Directo y sin rodeos.

Los ojos de Naruto se abrieron incrédulos. ¡Qué desfachatez! ¿Sasuke pensaba que arreglaría las cosas aceptando al niño? Le tomó dos semanas. Casi dos malditas semanas sin tener una miserable noticia de él, y ahora, repentinamente, aparecía exigiendo una paternidad que (por el lapso del tiempo) había puesto en duda. El sabor amargo de la cólera subió por su garganta.

—No es tu hijo.

Sasuke frunció el ceño.

—¿Dirás que Gaara Sabaku es el padre?

—¿Y qué si él lo fuera?

Mentía. Esa expresión, retadora y segura, no lo engañaba. Incluso, Sasuke prolongaría su juego para hacerlo enfurecer y derribar la farsa.

—Entonces es cierto —sonrió de medio lado, empezando su papel—, realmente ibas por ahí abriéndole las piernas a cualquiera.

Y funcionó. Naruto enrojeció hasta las orejas. ¿De vergüenza o ira? Sasuke declinó por la segunda cuando esquivó, oportunamente, un puño directo a su rostro. Un segundo golpe alcanzó su mandíbula, suficientemente fuerte para desestabilizarlo un poco. Pudo interceptar el tercero apretándole firmemente las muñecas. Ni el forcejeo de Naruto aflojó el agarre.

—¡Suéltame, maldito bastardo! —Cobraría el insulto—. ¡No soy un cualquiera, tú eres el único con quien he estado, imbécil!

La sonrisa satisfecha del Capitán hizo comprender a Naruto que había caído en la trampa.

Una trampa que Sasuke usaría a su favor al percatarse de sus cuerpos cercanos. La corta distancia le permitía observar cuidadosamente esos fieros ojos claros, de un azul intenso, desafiándolo y manteniéndose orgullosos. Naruto evitaba parpadear, en un reto por no doblegarse. Uchiha experimentó una sensación familiar, similar al escenario de su primer encuentro. Desde aquella noche, instintivamente, supo que Naruto sería su perdición. Un talón de Aquiles. Su mayor debilidad. Era consciente de ello, porque aun esforzándose en arrancarlo de sus pensamientos, del corazón, fue inútil. Sus noches en vela daban fe a tal conclusión, el afanoso sentimiento tortuoso del amor lo tenía a su merced, mucho más fuerte que un obstinado orgullo. ¿Sería demasiado tarde para demostrárselo? Soltó sus muñecas cuando Naruto desistió de forcejear y le acarició la mejilla con el pulgar, un gesto sencillo, pero el roce estremeció a su compañero. Tal vez Sasuke no era el único sintiendo sus defensas flaquear.

—Lo sé, eres mío —su voz sonó baja—. Soy un idiota, dame una última oportunidad y no volveré a fallarte. —¡A la mierda el orgullo! Naruto valía realmente el esfuerzo.

Las palabras fueron sinceras, aunque no curaría la herida así de fácil. Sasuke Uchiha lo había despreciado, herido de distintos modos. No, ambos se lastimaron demasiado. Confiar otra vez, completamente, costaría un mundo, se habían encargado de derrumbar sus pilares de fe. Unas semanas antes habría dado todo por escuchar esa aceptación, un poco de comprensión, un ilusorio; «No importa quién eres, yo creo en ti, Naruto», pero sólo obtuvo desprecio y humillación. ¿Cómo fiarse de Sasuke? ¿Cuánto valía su promesa? La realidad distaba mucho de acabar en un cuento de hadas, en un final feliz por la magia de una disculpa.

—¿Una oportunidad? —Se alejó de él, todavía sosteniéndole la mirada—. ¿Por qué pide una oportunidad a su enemigo, Capitán Uchiha? Usted mismo aclaró que no éramos nada. —Para Naruto la conversación había terminado—. Váyase.

Dio media vuelta esperando que saliera pronto, si Sasuke prolongaba su estancia acabaría cediendo a sus impulsos.

La impotencia recorrió el cuerpo del Capitán de forma desesperada. ¿El final para ellos? Apretó los puños fuertemente y tensó los labios, incapaz de contener sus futuras acciones. En un arrebato absurdo caminó rápidamente a "Tayu" girándolo bruscamente y atrayéndolo a sus brazos. Silenció su queja con un brusco beso. La sorpresa de los voraces labios aturdió a Naruto, por un segundo estuvo tentado a corresponderle pero la fuerza del abrazo le recordó su postura. Furioso, mordió el labio inferior de Sasuke, provocando un corte que manchó de sangre sus bocas. Cuando él sintió la tibieza de la sangre, dejó libre a Naruto y descubrió su mirada decepcionada mientras se limpiaba la boca con la manga del yukata azul. ¿Así pensaba solucionar las cosas? «Bien hecho, Sasuke, estás haciéndolo de maravilla.»

—Lo siento, Naruto.

—¿Por qué?

Existían tantas cosas englobando la pregunta que era difícil decidirse por una en concreto.

—Por todo. —Representaba un enorme paso admitirlo. Siendo un hombre orgulloso le impedía reconocer algunos fallos, aunque por primera vez quiso ceder, mostrarse sincero con sus sentimientos. Como un simple humano, era un simple humano, con errores, fallos y emociones encontradas—. Discúlpame, digo esto en serio. Fui un tonto por no escucharte, salvaste mi vida y no valoré tu sacrifico —respiró profundo, sintiéndose expuesto—. ¡Pero debes entenderme, estaba cegado por el dolor de sentirme traicionado! ¿Qué hubieses hecho tú en mi lugar?

Dudar. Y lo hacía justo ahí. Sasuke había sonado genuino, sincero, real. Quería creerle, realmente deseaba corresponderle. Sin embargo, el temor, la herida en su confianza, frenaba su aceptación. Desenterró cada noche de insomnio, sintiéndose impotente al cerrar los ojos y revivir las escenas de sus últimos encuentros con Sasuke. Cobraba fuerza el odio, el desprecio y el daño. Se habían lastimado mucho. Sería difícil empezar de cero. Alejarse parecía lo más saludable, continuar su propio camino, separados, sanar las llagas… aunque significara romperse el corazón.

—Eres injusto —rió desanimado—, no puedes venir a disculparte y esperar que todo quede en el pasado. ¿Cómo puedo confiar yo en ti, tú en mí? ¿Cómo sé que al primer cambio no volverás a lastimarme? ¿Cómo pensar que no dudaste de mi hijo? —habló más alto y estrujo la tela del yukata, temblando ligeramente. Un poco más y los intensos ojos negros de Uchiha desarmarían pedazo a pedazo su convicción—. A estas alturas ya no importa quién tuvo la culpa, los dos hacíamos nuestro trabajo. Tú dijiste que éramos enemigos, continuemos así, sólo por la alianza y Orochimaru acordemos un trato de paz, pero no esperes nada más de mí. Márchate, Sasuke, nosotros no somos nada.

Cada palabra fue como una afilada aguja clavándose en su pecho. Más dolorosas reconociendo que Naruto tenía razón. Lamentablemente había fallado la primera prueba. Naruto lo engañó, cierto, pero arriesgó su vida, se había interpuesto entre la espada del enemigo para protegerlo, demostró su amor recibiendo la herida. ¿Y qué hizo él? Darle la espalda, desconfiar de sus sentimientos y tratarlo como un maldito criminal. Orochimaru había contribuido mucho engañándolo con la masacre de la familia Temura, no obstante, él le negó a Naruto la posibilidad de una explicación. La tortura de la traición y el rencor de su orgullo herido cegaron su buen juicio, y las consecuencias de sus decisiones se reían ahora en su cara. ¡Maldición, estaba a punto de perderlo gracias a su estupidez!

Pero insistir más no conduciría a nada, y bajo esa férrea determinación, tras su máscara, distinguía un atisbo de cansancio. Lo que menos deseaba era atentar contra la salud de Naruto.

Asintiendo, se dirigió directo a la ventana. Antes de salir desató las delgadas cintas de cuero que sostenían su colgante familiar y lo colocó en el alféizar. Por esa noche necesitaba meditar las cosas.

—Dejaré esto para ti, significa mucho en mi familia, cuídalo por mí —dijo, subiendo al marco y deteniéndose ahí—. No me daré por vencido fácilmente. Demostraré que puedes confiar en mí otra vez, Naruto.

El salto al árbol fue tan precipitado que Naruto quedó aturdido, tanto por la declaración como por la desfachatez de su "obsequio". Reprimió el impulso de correr a la ventana para verlo marchar. Siguió inmóvil en el lugar, preguntándose si había hecho lo correcto. Al final la curiosidad venció y recogió el pequeño colgante. Levantó la pieza a la altura de sus ojos, identificándolo como el famoso paipái rojo y blanco de la familia Uchiha, giró lentamente descubriendo una S y U forjadas con finos trazos en negro. ¿Qué pretendía Sasuke con ello? ¿Debía usarlo? ¿Tirarlo a la basura? ¿Regresaría por él con más insistencia?

La simple idea estremeció su corazón. ¿Por qué? ¡Acababa de rechazarlo! Su convicción no debería emocionarlo.

—Eres un imbécil, Naruto Namikaze, aléjate de él, es mejor para ambos. ¿Todavía guardas ilusiones? —se recriminó a sí mismo en un susurro, sentándose en el marco de madera y jugando con las cuerdas del colgante—. O acaso… ¿no conseguiré olvidarlo?

El pequeño paipái parecía burlarse de su indecisión y estuvo tentado a lanzarlo al jardín. Hizo el ademán pero no logró soltarlo, por el contrario, apretándolo fuerte contra su pecho regresó al interior del cuarto.

Desde la oscuridad del bosque, resguardado entre los árboles, Sasuke Uchiha contempló atento esa escena.

Ser testigo de la fuerza con la que Naruto estrechó el dije fue suficiente para alentarlo a mantenerse firme. Durante el trayecto al Cuartel puso sus ideas en orden. En primer lugar daría espacio a Naruto. Si realmente deseaba demostrarle su error necesitaba respetar el acuerdo. Luego, pondría especial énfasis en detener el plan de Orochimaru, su hijo no crecería en un lugar rodeado de guerra, conflictos y muerte. Las ambiciones de Sannin afectarían a gente inocente si su contraataque no funcionaba, su alianza con Konoha sería la clave. La alerta se mantenía al máximo. En los últimos mensajes que había recibido de su informante en Edo le advertía sobre la actividad de reclutamiento por parte de Orochimaru. Además, tanto Juugo como Suigetsu vigilaban los pasos de Kabuto. Estaba al tanto de las investigaciones, y los subordinados de la serpiente pronto hallarían la ubicación del campamento Konoha a las afueras de Kioto.

A ese ritmo el enfrentamiento estallaría en un par de noches, por mucho.

Y, siendo optimista, una vez solucionado el conflicto pondría su entera disposición en hablar con Naruto y resolver sus problemas. Jamás dejaría solo a su hijo, deseaba formar parte de su vida. Enmendarían juntos las dificultades, pues la culpa recaía en ambos. El destino había sido caprichoso cruzando sus caminos en una situación desfavorable, pero empezarían de cero; no como Tayu de la casa de Tsunade, ni el espía de Konoha, o el Capitán de la milicia, sólo como dos simples personas cualquiera… como ellos mismos.

Sai corregía el reporte de la semana para enviárselo a Sasuke. En los últimos días había perdido comunicación con su Capitán, evitando así levantar sospechas de Orochimaru. Llevaba más de un mes viviendo en las filas de Konoha, había aprendido suficiente de ellos y cada día confiaba en sus ideologías. Nunca traicionaría al Cuartel que le ofreció una familia, pero considerando las nuevas circunstancias tenía claro que la Oposición no significaba un simple grupo de gente conflictiva contra el gobierno, eran personas unidas deseosas de una mejor calidad de vida. Luchaban por sus ideales, y él pretendía participar de ellos. Extrañaba a sus amigos, aunque sus esfuerzos para derrotar a Orochimaru valdrían la pena. Y no estaba solo, tanto Kakashi, Jiraiya y Kiba guiándolo como iguales. El mayor reto fue Gaara Sabaku, el hombre serio había permanecido al límite, hablándole en contadas ocasiones, estrictamente necesario. Supuso que parte de la desconfianza venía de su comunicación con Sasuke. Su opinión cambió al enfrentarlo una mañana en el campo de entrenamiento; Sai había salido temprano a practicar un par de horas, servía de distracción y, al mismo tiempo, ayudaba a mejorar sus movimientos. Con la espada en el hombro llegó al área trasera, encontrándose la figura semidesnuda de Gaara, él estaba de espaldas, sudando del esfuerzo y rugiendo cada golpe a un adversario imaginario. Observar detalladamente los músculos marcados de sus hombros fue inevitable. No supo cuánto tardó parado como tonto, sosteniendo varios segundos la respiración. Sólo hasta que Gaara giró y lo miró, Sai regresó de su aturdimiento. ¿Qué rayos sucedía con su comportamiento?

—Tienes una técnica sorprendente —dijo de improvisto. Tampoco mentía, los golpes fueron certeros, de movimientos rápidos y excelente postura—. ¿Te gustaría entrenar conmigo?

Gaara entrecerró los ojos, desconfiado. Sai quiso golpearse con el mango de su katana por dicho ofrecimiento. El tipo le detestaba, obvio no aceptaría una invitación. Tal vez sería mejor retractarse. Pero el asentimiento inesperado de Gaara lo sorprendió más.

—No pienso ser indulgente contigo, Shimura.

—Me ofenderías si lo fueras.

De ese modo pasaron una hora entrenando, Gaara impresionado gratamente de su digno rival, Sai emocionado por mostrar sus habilidades. Ninguno dio su brazo a torcer, disponiendo la pelea codo a codo, aunque Sabaku resultó vencedor. Aún agitados, sudados y cubiertos de polvo, se sentaron en el tronco de un árbol para recuperar la reparación.

—Eres bueno.

—¿Es un cumplido? Porque pensé que me odiabas.

Por primera vez Gaara lo miró fijamente, confundido.

—No te odio, simplemente no confío en las personas de la noche a la mañana, menos tratándose de un miembro del Cuartel —Sai iba a contestar pero él alzó la mano deteniéndolo—. Te he observado estos días y me alegra haberme equivocado contigo. Además, ayudaste a Naruto y siempre tendrás mi agradecimiento.

Gaara sonrió levemente. ¿Qué responder a tal gesto? Sai quedó mudo, azorado. Gaara era un tipo serio, pero también expresaba sentimientos gentiles. ¿Tanto quería a Naruto? La idea resultó un poco inoportuna.

La conversación estaba conduciéndolos a un camino peligroso, y la falta de confianza para hablar de temas personales los detuvo, Gaara estuvo callado unos minutos antes de levantarse y despedirse con un gesto de mano, con la promesa de volver a entrenar juntos. Sai lo vio partir y se sintió confundido por primera vez en mucho tiempo. El tema de las emociones confundía bastante.

—Lo quieres mucho, ¿cierto? —susurró, apretando la katana.

De aquel entrenamiento pasó una semana e intentó distraerse con los informes de Sasuke encerrado en su habitación, como ahí mismo. Pero las dudas y respuestas ambiguas recriminaban su mente a todas horas, porque cada día admiraba más a Gaara Sabaku; su temple, su personalidad seria, decidida y responsable, sus ojos tranquilos de un verde admirable. Es peligroso. Sin embargo reconocía los sentimientos de Gaara por Naruto, y sabía que entre más alto volaran sus pensamientos e ilusiones, peor sería la caída y el golpe de la realidad.

—Repítelo lentamente para mí, querida Sakura.

Orochimaru miró a la mujer con gesto aburrido mientras bebía un sorbo de su taza de té. Sakura tenía la cabeza gacha, sentada frente a él en un cojín rojo de una mesita baja, apretaba los labios y las mangas de su kimono rosa, sin saber cómo hablar. La presencia del Capitán la ponía nerviosa, si no fuera porque se encontraban en un pequeño local de té, rodeada por varias personas, estaría aterrada por otro ataque de ira del hombre. Cuando salió al mercado del barrio a conseguir nuevos listones de seda para su futura presentación como Tayu, jamás imaginó que los soldados de Orochimaru la interceptarían, amenazándola si gritaba por ayuda. Los siguió hasta la tienda de té en la parte más alejada del centro. Tuvo miedo y comenzó a balbucear incoherencias apenas Sannin la saludó.

Contrólate. Sería fuerte, conservaría la calma y obtendría ventaja de la situación. Al recordar a Naruto, al pequeño bastardo, regresó su serenidad, su fuerza para levantar la vista. Orochimaru quería información, pues ella daría esa información por un pago a cambio.

—Disculpe mi torpeza —respiró hondo—. Lo diré claro, Capitán Orochimaru, hace un par de semanas Naruto volvió a la casa. Mis compañeros y yo ignoramos los motivos de su desaparición, pero de la nada apareció para denegar el título de Tayu.

Sus instintos nunca fallaban. Secuestrar a Sakura en cuanto la reconoció paseando fuera de la vigilancia de Tsunade había sido una idea productiva. Jiraiya protegía a capa y espada la residencia de Senju luego de la amenaza a Naruto. Aunque tampoco esperaba que su viejo compañero enviara a su pupilo de regreso allí, el último informe de Kabuto advertía cierto aumento de seguridad en torno a Shimawara, ahora entendía por qué, facilitaba mucho sus propósitos.

—¿Cómo saliste sola con tanta seguridad?

—Tsunade nos permite comprar en el mercado, acompañadas por un escolta, pero convencí al mío de darme más libertad —una pésima idea, gracias a ese descuido fue abordada por los tipos de Orochimaru—, prometí que gritaría fuerte si lo necesitaba, debe estar esperándome en el mismo lugar, pensando que continúo comprando mis listones.

—Posees una inocencia que engaña a cualquier hombre.

Sakura sonrió orgullosa, olvidándose por completo del miedo.

—He pasado años perfeccionando una sonrisa encantadora. —Lástima que no funcionara con Sasuke Uchiha. La imagen de él y Naruto juntos, sonriendo y cargando a su pequeña larva sin rostro, llenó su boca de un sabor agrio. Mordió fuertemente su labio inferior intentando contenerse.

—¿Algo más te inquieta, querida? —Orochimaru acarició su mano, sonando adulador. A Sakura no importó el contacto.

—Es Naruto, no regresó solo, escuché su conversación hace unos días, él… él tendrá un bastardo. Y estoy segura que lo utilizará para causarle compasión a Sasuke. ¡Ojalá no existiera!

Vaya situación inesperada. Un hijo. Donde Sakura veía un estorbo, Orochimaru pensaba en una ventaja. ¿Sasuke sabría del bebé? ¿Qué estaría dispuesto a sacrificar por su "familia"? Sonrió inevitablemente.

—¿Quieres deshacerte de ellos? Puedo apoyarte si quieres vengarte, me has sido fiel y sé recompensar a mis subordinados. Un último favor para mí y yo los desapareceré de tu vida.

Sakura meditó un segundo los pros y contras. Su título como Tayu estaba seguro, pero de nada serviría con Naruto viviendo bajo el mismo techo, menos con un hijo interponiéndose. Debía arriesgar todo para ganar.

—Acepto, ¿qué voy hacer?

Orochimaru sorbió su té, escondiendo una sonrisa mayor tras la taza, nunca antes había probado un elixir así de dulce.

La rutina de su día a día comenzaba a desesperarle. Desde la mañana ayudaba una hora en la cocina, ocasionalmente en la limpieza y la mayor parte lo excluían como si fuera un lisiado que no podía sostenerse por sí mismo. Extrañaba bastante sus tardes de entrenamiento, sus noches en vela por las calles de alguna ciudad vigilando mandatarios corruptos, o simplemente bromear y beber con sus amigos del campamento a luz de una fogata. Las horas pasaban lentamente para él y sus demonios internos no paraban de susurrarle. Pensó que distanciándose de Sasuke, fijando un punto final entre ellos, las cosas mejorarían. Estuvo equivocado. Cada tarde se encontraba pensando en él, perdiéndose en el paisaje de su ventana y estrujando el dije que colgaba de su cuello. ¿Por qué aún aguardaba por Uchiha cuando él había rechazado su disculpa? ¿Su corazón no entendía que habían terminado? Buscó la manera de distraerse; Kiba iba un par de veces, charlaban de cosas banales porque Inuzuka se reusaba tajantemente a notificarlo del avance en la preparación del plan de la Alianza, todo para no angustiarlo, aunque irónicamente la incertidumbre e ignorancia lo consumían el doble. Además, las personas de la casa parecían rehuirle como la peste, a excepción de Hinata y Haku que ocupaban sus descansos para visitarlo en su habitación. Y debía añadir a Iruka y Sakumo, ellos habían llegado hace unos días a petición de Kakashi, sorprendiéndole gratamente su estancia y recordándole la gravedad de la situación, por seguridad. Estaría arrancándose los cabellos de la impaciencia sino fuera por sus amigos. Pasaba unas cuantas horas con Iruka, pues, a su corta edad de cuatro años, Sakumo Hatake era un niño bastante inquieto, consumía mucha atención de su antiguo maestro.

Suspiró cansado y avanzó en su camino al jardín.

Pronto se ocultaría el sol y quería darle de comer a los peces koi. Halló su banca favorita ocupada; Iruka supervisaba al niño que jugaba entretenido en la orilla del estanque, lanzando pequeñas migas a los peces.

—¡Acércate, Naruto! —Iruka sonrió notando su presencia y señaló un lugar a su lado, él aceptó la invitación—. Creía que estarías con Hinata.

—Ella está en su clase de té, y me aburre sentarme en la misma posición mucho rato-ttebayo.

—Unas clases no te harían daño —bromeó, deseando levantarle el ánimo. Lo conocía suficiente para percibir su preocupación. Según el informe de Kakashi el enfrentamiento explotaría en cualquier momento y, aumentando los problemas personales que Naruto cargaba, la presión derrumbaba su estado emocional gradualmente. Era como ver a un hermano menor en apuros—. Disculpa, sé estás ansioso por todo y comprendo cómo te sientes aquí encerrado, tus manos atadas ante la cercanía del conflicto. Pero debes mostrar firmeza, mantenerte estable como el muchacho revoltoso que nunca se da por vencido, esa persona inquieta que sonríe frente las dificultades y lucha a su manera, solucionándolo con su esfuerzo. Tu hijo te necesita fuerte, ¿cierto?

Naruto no supo qué decir, sonrió y asintió varias veces. Por eso admiraba a Iruka Hatake, su don para confortarlo era único.

—Gracias, Iruka-sensei.

Hablaba de corazón. Durante los primeros días en el campamento de Jiraiya, Iruka le había dado más que clases sobre armas, le obsequió razones para no rendirse en los duros entrenamientos cuando terminaba con las manos llenas de ampollas, los pies hinchados y moretones en el cuerpo. Miró al niño arrojar más migas y suspiró otra vez.

—¿Qué más ronda por esa cabeza tuya?

—¿Crees que sea un buen padre?

—Es una pregunta bastante tonta, Naruto, por supuesto que serás un excelente padre.

—¿Cómo sabes eso? Soy un desastre total. ¡Ni siquiera sé cocinar bien! Tal vez viviremos a base de ramen.

Iruka rió.

—Suena un poco temprano para optar por el ramen —palmeó su hombro, conciliador—. Pero en serio, Naruto, conozco a tus padres, te conozco a ti, y pondría mis manos al fuego como garantía. Es difícil cuidar un ser indefenso, no lo voy a negar, nadie nace sabiendo cómo ser padre, vas aprendiendo en el camino. Pregúntale a Kakashi el trabajo que constó con Sakumo, cada vez que él intentaba dormirlo lloraba la noche entera. Fue una odisea que valió la pena.

Imaginar a Kakashi Hatake, desvelado y ojeroso, dando vueltas de un lado a otro arrullando a un bebé llorón hizo sonreír a Naruto.

Sakumo olvidó las migas y cortó un par de florecitas cerca del árbol, corrió a ellos, subiéndose en las piernas de Iruka para colocarle una en el cabello, Naruto recibió la otra.

—Me gusta cuando sondies, Naduto.

—¿Ves? Una sonrisa queda mejor en ti.

Naruto sonrió más y revolvió los cabellos plata del pequeño. Había olvidado que no estaba solo.

Cuando Orochimaru convocó a primera hora para tratar un asunto urgente relacionado con el campamento Konoha, jamás esperó tener en sus manos el mapa marcado con la localización exacta del grupo rebelde. Por un segundo sintió la sangre abandonar su rostro, posiblemente quedó más pálido de lo normal. ¿Cómo había obtenido Orochimaru dicha información? Llevaba un mes intercambiando mensajes cifrados con los miembros de Konoha, ambos sabían que pronto sucedería lo inevitable. Cuestión de tiempo fue para Sannin ubicar el campamento, y parecería haber llegado el día de luchar. Irían en una carrera contra reloj. La sonrisa satisfecha y orgullosa del hombre pronosticaba problemas, maquinaba confiado los planes de su siguiente jugada. Pero ellos también comenzarían a ejecutar la confrontación.

Sasuke recuperó la compostura y señaló el punto.

—¿Seguro de la posición exacta? No podemos arriesgarnos enviando soldados y ponerlos en alerta, jugaría en nuestra contra.

—Despreocúpate, mis hombres no comenten errores. Estuvimos investigando cada detalle sospechoso, toda la exploración indica que el bosque al límite de la ciudad pertenece a Konoha, el camuflaje los tiene resguardados. Esas ratas no sabrán por dónde recibirán el ataque.

«Me temo que otro será el sorprendido». Su alianza con la Oposición se convertiría en la pieza clave. Orochimaru aún no sospechaba nada.

—¿Cuándo atacaremos?

Sannin meditó un largo rato mientras inspeccionaba un segundo mapa extendido en el escritorio.

—Considerando mis cálculos debemos organizar ambos grupos, mis hombres y los tuyos, abarcar toda el área del bosque, su campamento se encuentra en el centro y cuentan con la facilidad de escapar por los alrededores. Ideé el modo de acorralarlos, pero requeriremos, mínimo, otra semana para reafirmar la estrategia. La finalidad es eliminarlos a todos, sin dejar uno libre, los sobrevivientes podrían causar problemas en la ciudad, tomar venganza contra personas inocentes.

Siete días era buen tiempo.

—El ejército no es un grupo de carniceros —advirtió Sasuke—, intentaremos atraparlos vivos, pagarán sus deudas ante Ieyasu y merecerán la muerte bajo su orden, no por las nuestras.

Orochimaru hizo un gesto para reprimir su descontento y aceptó.

—En ese caso, no hay más por discutir, reuniré a mis hombres y empezaré a organizarlos. Espero lo mismo de tus subordinados. En unos días atacaremos.

Una semana para concluir. Konoha desaparecería.

Sakura Haruno había sido una mujer paciente, bastante en realidad, y su perseverancia recibiría una excelente recompensa. Desde su encuentro con Orochimaru se impuso como tarea primordial vigilar cada paso de Naruto; lo seguía disimuladamente entre los deberes de la cocina y no perdía detalle de cada plática con Hinata, sólo cerca de Iruka Hatake y su hijo mantenía una distancia considerable para no levantar sospechas. Naruto era una persona difícil de predecir, pero aprendió cierto ritmo en sus actividades y en sus amigos. Descubrió que, a una hora específica de la tarde después de la comida, Iruka preparaba a Sakumo para su siesta, dejando solo a Naruto. Ahí entraría ella, ese pequeño período sería esencial en su misión. Esa mañana durante su recorrido corto por el mercado se había visto nuevamente con un subordinado del Capitán. El hombre le entregó, discretamente, un pergamino con las especificaciones para conducir al antiguo Tayu hasta el bosque fuera de Shimawara. Orochimaru estaba ansioso y tramaba algo grande, pues esa noche atacarían.

—¿Estás bien, Sakura?

Ino movió su mano frente al rostro de su amiga y ella pareció regresar de sus pensamientos. Sakura recordó que estaban almorzando en el comedor y sonrió, concentrada en el otro extremo de la habitación, justo en la mesa de los compañeros de Naruto.

—Mejor que nunca, Ino —dejó los palillos al lado del tazón, su arroz a medio terminar—. Aunque necesito hacer un par de cosas. Nos vemos después.

Se levantó de su cómodo cojín yendo a la salida. La tarde caería pronto y tendría su oportunidad en bandeja de plata. Sus compañeras disfrutaban por costumbre beber té acabando la comida, ocupaban el tiempo en charlar, intercambiar chismes y contarse alguna aventura con sus clientes. Hinata, Tenten y Haku jugaban entretenidos los dados, Iruka subía a dormir a Sakumo y Naruto nunca se quedaba dentro más de cinco minutos. Un lapso perfecto. Sakura calculaba media hora libre. La suerte le sonrió cuando, unos minutos luego de esperar en el área alejada del jardín, notó a Naruto salir solo del comedor, sin rastros de Iruka o Hinata. Iba distraído directo a la banca cercana al estanque, en una mano sostenía un pergamino y la otra jugaba con algo colgando de su cuello. Unos segundos bastaron para reunir el valor de actuar, si esperaba demasiado corría el peligro de un fallo. Su plan, a simple vista, parecía improvisado, pero había pasado noches en vela calculando el punto adecuado. Los miembros de la casa y los amigos de Naruto no eran su única dificultad, también consideró los hombres que vigilaban la casa día y noche. Ellos serían un asunto más complicado. Confiaba en su belleza, actuar inocente le quedaba muy bien, y tenía en la mira al tonto indicado.

Convencida, fue a pasos silenciosos, acercándose despacio a la espalda de Naruto. Sus instrucciones eran sacarlo de la residencia, lo más lejos posible del barrio rojo. Una vez ahí Orochimaru mandaría a sus hombres para el resto del trabajo. Pero no… ella poseía sus propios planes.

—¿Qué lees? No sabía que podías hacerlo —usó un tono burlón, tocándole el hombro. Naruto no saltó sorprendido como ella esperaba.

¿Algún día Sakura lo dejaría tranquilo? Bajó el pergamino y miró de reojo su mano. ¿Consideraba asustarlo? Por Dios, él era un espía. En cuanto se sentó había percibido su presencia en medio de los árboles, la ignoró para evitar discutir con ella; y no dio resultados. El pasatiempo favorito de Haruno era molestarlo, pero él no estaba dispuesto a caer en sus provocaciones, suficiente tenía con sus propios problemas. Guardó el rollo en su manga, levantándose dispuesto a marcharse.

Sakura corrió a interponerse en su camino, sujetándole fuerte del brazo e impidiéndole avanzar. Sus ojos azules fueron de la mano en su brazo a la sonrisa presumida de la mujer. ¿Qué tramaba?

—Estoy cansado de esto —en verdad lo estaba—, dejemos los juegos y sólo ignórame.

Juegos. Sakura enrojeció de ira pero procuró tranquilizase, sería un inconveniente gritar y llamar la atención. Sonrió otra vez.

—Deberías conocer tu lugar, no te conviene portarte altanero conmigo.

Naruto zafó su brazo.

—El nuevo puesto de Tayu está afectándote la cabeza.

—¿A quién le importa un simple título cuando tengo aliados más valiosos?

Esas palabras trajeron a flote los recuerdos en la celda del Cuartel, esa situación retorcida con Orochimaru amenazándolo y exigiéndole destruir a Sasuke. Después de todo Sakura sí guardaba secretos, una asociación con Orochimaru sonaba factible viendo de esa mujer ambiciosa. Sólo debía comprobarlo.

—¿De qué hablas?

Un brillo emocionado pintó los irises verdes.

—Hacerte el ingenuo no funcionará conmigo, sabes a qué me refiero. Tsunade fue muy ingenua por haberme creído, pero tú nunca confiaste en mí. ¡Felicidades! Tuviste razón. ¿Orochimaru te habló de nuestra conversación? ¿Sabías que fui yo quien reveló tu aventura con Sasuke?

Sakura se había delatado sola. La sorpresa debió reflejarse en su rostro y ella sonrió satisfecha.

—¿Por qué me cuentas esto? Podría ir ahora con Tsunade y exponer tus intenciones.

La mujer volvió a sujetarle del brazo, colgándose de él y negando varias veces.

—No lo harás, porque nosotros vamos a dar un divertido paseo.

—¿Paseo? No iré contigo a ninguna parte, Sakura.

—No, no, no, tú no entiendes. Me acompañarás gustoso. ¿Acaso quieres que ocurra un accidente? Hinata es una mujer torpe, podría caer por las escaleras en un momento inesperado. ¿O el pequeño Sakumo? Los niños son muy distraídos cuando juegan cerca del agua, ¿cierto?

—¿Estás amenazándome? —Naruto apretó los dientes furioso—. ¡No te atrevas, Sakura!

—Yo no hago amenazas, yo cumplo mi palabra. Rétame y me conocerás realmente.

La creía capaz. Un sentimiento amargo llenó su pecho de impotencia. Observó cuidadoso de un lado a otro en busca de apoyo, una distracción. Sin embargo Sakura fue inteligente al interceptarlo a la hora del té. ¿Cuánto tardó planeándolo? ¿Y desde cuándo estaba confabulada con Orochimaru? Mas nada importaba si sus amigos quedaban a salvo. Ella apretó su brazo para obtener atención, con el ceño fruncido y una clara advertencia.

—Ni se te ocurra gritar o intentar escaparte, será tu palabra contra la mía. ¿Crees que soy estúpida? Tengo aliados, los hombres de Orochimaru están escondidos alrededor de la casa, y si no salgo en media hora cumplirán las indicaciones de incendiar la casa. ¿Quieres una prueba?

—Descuida, Sakura, haré lo que digas.

—Eso espero, un movimiento en falso y tus queridos compañeros mueren.

Sakura había acorralado sus posibilidades. Naruto era una persona capaz, su entrenamiento lo hacía competente aún en su actual estado, derribarla de un golpe y dejarla inconsciente sería fácil, no obstante, estaría corriendo un riesgo enorme. Dudaba que Orochimaru actuara a plena luz del día, pero tampoco quería arriesgarse. ¿Cómo protegerlos de una posible marea de fuego? ¿Sería posible intervenir un ataque así? Odiaría equivocarse y comprometer vidas inocentes, siempre pensaba en los demás antes de sí mismo. Debía tantear bien el terreno, sin contradecirla para mantenerla quieta, seguir el juego hasta valerse de un descuido en el trascurso al bosque.

Avanzaron en dirección a la puerta trasera del jardín, entrelazando sus brazos como si fueran los mejores amigos, Naruto supo controlarse. Los hombres de Kakashi custodiaban las salidas, pero la sonrisa divertida de Sakura le hacía desconfiar. No era para menos, Sakura conocía perfectamente quién vigilaba cada turno. Tsunade había repartido las tareas de entregar comida a los guardias, y en dichos recorridos ella sacó ventaja. Costó un par de coqueteos, sonrisitas inocentes y mejillas sonrosadas para ganarse la confianza del tipo. De todos los vigilantes él parecía el más idiota.

En breve alcanzaron la gran puerta de madera, Sakura se apresuró tocando fuerte tres veces y luego dos toques bajos. El sonido de una cerradura la alertó y la puerta se abrió un par de centímetros. Ella aclaró su garganta, hablando con voz suave.

—Hola, es un gusto estar aquí otra vez.

El guardia rió apenado, contestando en un murmullo del otro lado.

—El placer siempre es mío, Sakura-san, pero temo que llegó tarde, una amable joven me trajo ya la comida.

—Lo sé, estoy aquí por otro asunto, quiero pedirte un enorme favor. ¿Me ayudarías?

Naruto apretó los dientes esperando una negativa, para su mala suerte la puerta se abrió completamente dejando ver el rostro sonriente del guardia.

—Sería un honor.

Sakura regresó el gesto a Rock Lee.

—Eres un hombre amable y atento, Lee. ¿Nos permitirías salir a dar un paseo? Tsunade no sabe nada, pero prometo tardar muy poco, sólo iré al mercado a conseguir unos lienzos para mi presentación, y mi amigo conoce varios lugares. —Ella se apartó, entonces Lee por fin advirtió la presencia de Naruto.

Él junto a Sakura parecía una escena extraña.

—Hola, Naruto-kun, ¿por qué no me dijiste que sabías de telas? ¡Es estupendo!

Sakura asintió, ciñéndose más al cuerpo de Naruto en una muda advertencia.

—Los días como Tayu me enseñaron muchas cosas, Lee.

Aunque tenía sentido Rock Lee los miró con el ceño fruncido, debatiendo en su interior la petición de Sakura. Las órdenes de Kakashi fueron claras; nadie salía o entraba sin autorización de Tsunade. ¿Y cuál era el motivo para fugarse si Senju constantemente le permitía a Sakura salidas al mercado?

Haruno percibió la indecisión de Lee y, con la mano libre, sostuvo su brazo, él dio un ligero brinco sintiendo los dedos delgados y suaves acariciándolo. Casi se desmaya al descubrir los hermosos ojos verdes contemplándolo de una manera desamparada. Inevitable caer bajo el hechizo de la belleza de Sakura Haruno.

—Por favor, quiero hacerle una sorpresa a Tsunade, solo media hora. Por favor, por favor, Lee-san.

—¿Media hora?

—Menos de media hora, nadie notará nuestra ausencia.

—¿Qué dices, Naruto-kun? ¿Me das tu palabra?

Los hombros de Sakura se tensaron. Naruto había permanecido sospechosamente callado, de él dependía su éxito. Su respuesta tardó unos cuantos segundos, eternos a perspectiva de ella.

—No te preocupes, Lee, tienes mi palabra. —La mentira brotó fácil de sus labios.

—¡Entonces diviértanse, vivan la flor de la juventud!

Lee levantó su pulgar derecho de manera exagerada y sonrió. Sakura hizo una reverencia y ambos salieron, abandonando la seguridad de la casa.

—Bien hecho, Naruto. O él habría sido el primer cadáver sobre tu espalda.

—¿Cómo van las cosas? Estamos a poco de atacar y quiero todo en su respectivo lugar.

La semana había pasado como agua y al fin la hora caería. Tic tac, tic tac.

—El pequeño ejército de mercenarios que contratamos desde Edo arribó hace dos días, esperan las instrucciones para desplegarse en el bosque —Kabuto entregó un rollo—. Éste es el informe de Kidomaru, su equipo también está cerca, tardarán aproximadamente dos horas en alcanzar el blanco. El punto de encuentro quedó fijo, será cuestión de esperar a Sakura para cumplir su parte.

Contaba con poco tiempo, apenas la semana alcanzó para los preparativos. En unas cuantas horas, al anochecer, iniciaría la última parte de su plan. Y su principal ventaja dependía de una tonta mujer con aires de grandeza.

—Realizará su parte, Kabuto, es la más interesada en desaparecer a Naruto, y yo estoy dispuesto a tenerlo junto a mí.

—¿Qué hará con él?

—No puedo traerlo directo al Cuartel, Kidomaru tiene la orden de llevarlo a mi mansión en Edo, ahí lo mantendrá prisionero. Quiero disfrutar del rostro de Sasuke cuando se entere poseo su más preciado tesoro.

—¿Y su hijo?

Orochimaru hizo un movimiento de mano restándole importancia.

—Los viajes largos son muy pesados y riesgosos, y los bebés bastante frágiles en los primeros meses. ¿Comprendes?

—Tiene razón.

Accidentes inevitables.

—Siempre, mi querido Kabuto, yo siempre tengo la razón.

Cada vez faltaba menos. Sus ambiciones pronto se cumplirían.

La alegría embargó el corazón de Sakura al instante que estuvieron frente las enormes puertas de Shimawara. La seguridad de Tsunade perdía poder a cada paso, alejándose lentamente. Ambos pasaron como simples viajeros, ella tuvo la discreción de comprarle trapos viejos a una anciana lavandera; sirvieron de pañoletas para cubrir sus cabellos, el rosa y rubio atraía mucho la atención, y su objetivo era pasar inadvertidos. A nadie pareció sospechoso verlos abandonar el barrio rojo rumbo al bosque. Naruto continuaba silencioso, un silencio tenso que aumentaba sus nervios. Las manos le temblaban ligeramente y comenzó a sudar frío por una emoción desconocida apretándole el pecho. Cada vez más cerca de su destino.

Naruto observaba discreto varios puntos, explorando los rostros de la gente, cerciorándose de reconocer algún subordinado de Orochimaru. La búsqueda no resultó favorable y prefirió memorizar el camino. Percibía a Sakura más inquieta, y sus posibilidades de fuga se redujeron por la inmensidad del bosque, tardaron una hora en situarse. Los altos arboles de hojas amarillas y rojizas les recibieron como centinelas y la tierra crujió bajo sus pies en un pasaje irregular. Naruto estuvo a punto de caer dos veces por la prisa de Sakura. La mujer sonreía jovial, parecía que al final del recorrido la esperara un premio. Tal vez así era. Caminaron otra hora al mismo paso, los pies empezaron a dolerle y el agarre en su brazo empeoró, su antigua herida del hombro punzaba, pero no daría la satisfacción de quejarse. ¿Cuánto más entrarían? ¿Quién estaba del otro lado? ¿Orochimaru, Kabuto, un asesino? Se detuvieron en un claro vacío, nada más. Nada. Sólo árboles, ramas secas, arbustos y tierra rodeaban el lugar.

Soltándolo, ella dio varias vueltas alzando ambas manos, como si fuese libre. Al terminar su extraño ritual respiró profundo, viéndolo fijamente.

—Me ordenaron traerte aquí —dijo directa—, ellos harán el resto.

¿Ellos? A Naruto le desagradó la opción. Sakura rió advirtiendo la preocupación en su rostro.

—Deja de jugar, Sakura, aún podemos arreglar esto solos.

—Es demasiado tarde —negó varias veces con la cabeza—. Orochimaru prometió desaparecerte, sacarte de mi vida para siempre. Pero pensé mejor, y yo soy la única que tiene derecho a matarte, ¿verdad?

En un abrir y cerrar de ojos la locura se apoderó de la frágil mente de Sakura. Antes de continuar hurgó en las mangas de su kimono rosa, revelando un filoso cuchillo. Sus paseos por la cocina habían dado resultados y consiguió aquella belleza.

Él retrocedió un paso. Un arma ponía la balanza en su contra. Su propia daga había quedado al resguardo de Jiraiya en el campamento.

—¿Por qué haces esto? —inquirió precavido, esperaba distraerla—. Jamás te causé daño.

—¿Todavía preguntas? ¡Eres un descarado! —Balanceó el arma descuidada—. ¡Te atreviste a interponerte entre Sasuke y yo! ¡Robaste mi título! Soñaba convertirme en Tayu, sería mi oportunidad de capturar su corazón. ¡Pero tú apareciste y destrozaste mis ilusiones!

Ahora Sakura lloraba. Las lágrimas mojaban sus mejillas dándole un aspecto frágil y delicado. Si no fuera por el cuchillo en su mano para matarlo, Naruto hubiese sentido lástima.

—¿Soy el culpable? —cuestionó molesto. Nunca le quitó nada—. Aun sin mí, Sasuke no se habría interesado en una persona como tú.

Tal afirmativa cayó como un balde de agua helada.

—¡Cállate, cállate, cállate! ¡No lo llames por su nombre! ¡NO DIGAS MENTIRAS! —Gritó furiosa—. ¡SASUKE-KUN ES MÍO!

En el fondo de su corazón Sakura reconocía que Naruto decía la verdad. Pero dolía demasiado aceptarlo. Deseaba aferrarse a la idea de una realidad diferente; un lugar donde Sasuke Uchiha la amara únicamente a ella. ¿Era mucho pedir? La furia nubló su buen juicio y embistió a pasos rápidos, quiso utilizar el cuchillo para cortarle la garganta pero el brillo de un dije –sobresaliendo de la yukata de Naruto– ganó su atención, frenó a tiempo y de un fuerte manotazo arrancó la fina cuerda de cuero. Conocía perfectamente ese símbolo. Retrocedió varios pasos como si le hubiesen escupido en la cara.

—Esto es…

—Sakura, tranquilízate.

En este punto Naruto levantó ambas manos, tratando de contener a la fiera, acercándose lento para arrebatarle el cuchillo. Sakura parecía perdida en su interior, el instrumento filoso pendía de sus dedos en su costado derecho y los inquietos ojos verdes contemplaban el dije en su mano izquierda. Desaprovechar su distracción costaría caro. No obstante, quedó a tres pasos de distancia cuando ella enderezó la cabeza, colérica.

—Jamás serás digno de portar el emblema Uchiha, menos tu bastardo —susurró. Detalló la pieza una última vez y luego la arrojó al suelo, usando así las dos manos para sostener el cuchillo—. Ahora morirás y quedarás en el recuerdo. No te preocupes, yo consolaré a Sasuke.

Sakura había tomado su decisión. ¡A la mierda las ordenes de Orochimaru! Ella sería capaz de eliminar el problema. Avanzó lento, disfrutando del retroceso de Naruto. Un deleite exquisito acorralarlo en un árbol.

Naruto apretó los puños, molesto con Sakura y consigo mismo. El árbol a su espalda imposibilitaba un escape, y su búsqueda por un objeto que sirviera de defensa fue infructuosa. Pensaría rápido. Su bebé dependía de él, aunque la adrenalina elevó su pulso frenando sus movimientos. «¿En serio, Naruto? ¿Terminarás así?» No. La dejaría dar el primer golpe para tenerla cerca, y allí desarmarla. Sakura no poseía entrenamiento y él golpearía un punto vital en su descuido. Instintivamente cerró los ojos y se encogió protegiendo su vientre con ambos brazos. Sakura sonrió abalanzándose veloz. Naruto esperó, determinado, el dolor del metal incrustándose en su cuerpo…

Pero éste no llegó.

En su lugar escuchó el sonido sordo de un objeto pesado caer en las hojas secas. Rápidamente abrió los ojos, apreciando a sus pies el cuerpo inconsciente de Sakura, un pequeño hilillo de sangre le cruzaba la cara. Su mirada pasó de ella a una tercera persona. Jamás se alegró tanto de volver a encontrarse con Hinata Hyuuga. El rostro de la chica estaba blanco como papel, y a punto de llorar, sus manos temblaban mientras sujetaba una gran piedra.

—¿E-estás bi-e-en, Naruto-kun?

—Hinata. ¿Cómo tú…?

—L-lo siento —murmuró, percatándose de la sangre lanzó la roca lejos, cayó de rodillas—. Te seguí cuando vi que salías con ella y tuve un mal presentimiento, no quise matarla, solo deseaba defenderte… Sakura quería lastimarte. ¿Soy una mala persona?

Hinata lloró en silencio. Tal vez no fue inteligente seguirlos, sin embargo ver a Sakura jalando a Naruto hasta la salida trasera despertó una alarma en su cabeza. La opción más inteligente hubiese sido informarle a Tsunade o Iruka, pero no tuvo tiempo cuando Haruno convenció al guardia de permitirles salir. Por la expresión seria de su amigo intuyó algo andaba mal. Convenció a Lee también, inventando un pretexto convincente, el hombre confió en ella al mencionar a Naruto. Luego su presencia inadvertida ayudó escondiéndose a una distancia prudente. Iban alejándose más de Shimawara y el escalofrío en su espalda aumentó en el bosque. ¿Qué tramaba Sakura? Casi pierde el rastro y rezó todo el camino, deseando regresar por ayuda. Imposible. Deteniéndose en el claro se escondió tras un árbol a su espalda, y los reclamos y amenazas de Sakura revelaron lo inevitable; mataría a Naruto. Todavía temblando recogió una gran piedra cercana, aunque, debido a la adrenalina, ignoró exactamente en qué segundo corrió a ella golpeándola fuerte en la cabeza, dejándola fuera del juego.

—¿Mala persona? —fue a ella, ofreciéndole una mano para levantarla. Hinata aceptó—. Lo contrario, nos salvaste la vida, Hinata. Muchas gracias.

Naruto limpió sus lágrimas con los pulgares, sonriéndole agradecido.

—¿Está m-muerta?

—Relájate, quedó inconsciente. —Analizó el cuerpo de Sakura, la reparación pausada garantizaba su diagnóstico. Hinata tenía poca fuerza, no mataría a una persona de un golpe—. Ahora no estamos seguros, los cómplices de Sakura pronto nos encontrarán aquí, debemos irnos ya.

Hinata asintió a punto de soltar nuevas lágrimas.

Los cuatro del Sonido, cómo se hacía llamar el grupo de ninjas asesinos que Orochimaru había solicitado en Edo, tardaron poco en arribar al punto dispuesto que Kabuto marcó en su mapa. Ellos fueron elegidos para realizar la misión de escoltar a Naruto hasta la casa principal del Capitán. Pero su objetivo había desaparecido y, en su lugar, hallaron el cuerpo de una mujer herida.

—Estúpida mujer inútil —escupió uno de ellos.

Sus tres compañeros indagaron su entorno en una búsqueda infructuosa.

—Ha escapado —afirmó un hombre de cabellos lilas. Examinaba cuidadoso las huellas en la tierra de diferentes tamaños—. Y parece que no está solo.

La única mujer del grupo chasqueó la lengua.

—No puedo creer que ésta cualquiera haya arruinado el plan. ¿Era mucho trabajo traerlo aquí?

—Tú lo has dicho, Tayuya. No podemos fiarnos de una mujer de Shimawara. Si quieres que algo salga bien hazlo tú mismo.

Como líder del grupo, Kidomaru no podía fallar. Orochimaru había sido explícito en la captura de su presa. La responsabilidad caería en él.

—Ukon, Sakon, guíense por la huellas y vayan tras ellos. El bosque es bastante grande, imposible que salgan antes que nosotros. Si regresan con las manos vacías conocerán la furia del Capitán.

—¡A la orden, jefe!

Los gemelos asintieron y desaparecieron por el sendero. Tayuya frunció las cejas mirando a Sakura. Sólo sonrió dándole una patada en las costillas.

—¿Qué ganaremos con ella? —preguntó Jirobo, el hombre regordete y calvo junto a Tayuya.

—Es un simple estrobo.

—Déjala ahí tirada, Jirobo. El olor a sangre atraerá perros y lobos salvajes. También tienen derecho a comer —Kidomaru observó a Tayuya darle otro golpe, la mujer en el suelo gimió—. Orochimaru ordenó encargarnos de ella, pero ni siquiera merece nuestra atención.

Kidomaru y Jirobo dieron media vuelta dispuestos a subir nuevamente en sus caballos. Darían una última vuelta en el perímetro por su presa. Tayuya disfrutaba patear las costillas de Sakura, aborrecía a las mujeres de Shimawara por creerse más valiosas y hermosas que ella. Antes de irse robaría sus joyas. Rebuscó en sus ropas pero no encontró nada costoso, sólo el brillo de una medalla escondida entre las hojas valió el esfuerzo. Aquél era el emblema de una familia prestigiosa en Kioto. ¿Qué hacía el símbolo Uchiha allí? Los únicos portadores de la insignia eran descendientes directos, actualmente y más cercano; el Capitán Sasuke Uchiha. ¿Tenía relación con esa mujer, o con su presa? Estaba roto de la cuerda… ¿Lo habrían robado? De una manera u otra serviría en algo. Su jefe sacaría buen provecho de él.

A medida que avanzaban la oscuridad del bosque los envolvía más. El ulular de los búhos, el aullido de los animales y el inquietante canto de las cigarras y grillos acompañaban el crujir de sus pisadas. Habían demorado en abandonar el claro porque Naruto procuró borrar sus huellas y caminar en círculos para confundir al enemigo. Cuando continuaron, apenas unos metros más, escucharon el relinchido de varios caballos, él tuvo que cubrirle la boca a Hinata evitando que gritara de pánico. Sujetó firme la mano de su amiga y serpentearon las veredas a prisa, con el corazón en la boca, deseando despistar a los hombres de Orochimaru. Hinata tropezó un par de veces raspándose las rodillas, a Naruto le dolían los pies. Y empeorando la situación, estaban perdidos. Debían salir pronto y la opción inevitable sería separarse.

—Es arriesgado, oscurecerá en poco tiempo y no podremos avanzar. Hay que separarnos.

Los ojos claros de Hinata mostraron angustia.

—Tengo miedo, es peligroso en la oscuridad.

—Tranquila, separados tendremos el doble de oportunidad para encontrar el camino. —Observó al cielo, las estrellas aún no aparecían y dificultaba ubicarse—. Tú irás por aquella vereda, estoy seguro que no buscarán en esa dirección.

—¿Y tú? Es más difícil para ti, Naruto-kun.

—Tengo trucos bajo la manga, intentaré ingeniármelas —sonrió para convencerla—. Piensa en positivo, fuera del bosque pediremos ayuda.

Ella ciñó las mangas lilas de su sencillo kimono y asintió tiritando. Su temor a la oscuridad no la detendría, recurriría a su valor por seguridad.

—De acuerdo, Naruto. Cuídate mucho.

—Cuídate igual, en un par de horas estaremos en Shimawara tomando té como si nada de esto hubiese pasado-ttebayo.

Ambos realmente desearon creerlo.

Ella dio un fugaz abrazo antes de correr en dirección contraria. Desapareció en unos minutos cubierta por las sombras de los arbustos. Una vez solo, Naruto prosiguió su propio sendero. Escrutó impotente un árbol alto, si tuviese la posibilidad de trepar podría ubicarse. O, en un caso desesperado, utilizarlo de escondite hasta el amanecer. Pero las ramas quedaban muy separadas, peligrosas de escalar sin un equipo adecuado, y la preocupación del bienestar de su hijo detenía su plan. Una caída sería fatal. Entonces no, la idea de subir quedaba descartada. ¿Moriría en ese lugar? Recordó a Sasuke, sus padres y amigos. Rió irónico pensando en despedirse de ellos… ¡Jamás, él no bajaría la cabeza, rindiéndose a la primera! Su cuerpo hecho polvo reclamó el esfuerzo pero insistió en su marcha. Palmo a palmo, paso a paso. Ignoró el pensamiento desagradable y se detuvo al escuchar el crujir de una ramita. Sus instintos le alertaron, buscando a su alrededor. Los arbustos empezaron a moverse y el ritmo de su corazón aumentó. ¿Alguien vigilaba? ¿Lo habían encontrado?

El intruso salió de improvisto mientras a él le regresaba su alma al cuerpo. Un conejito blanco movía su diminuta nariz olfateando el aire.

—Me asustaste, pequeña bola de pelos.

Sin embargo, dando la media vuelta, chocó contra el cuerpo de un hombre. ¿Cuándo lo alcanzó con tal sigilo? La acción inesperada dejó vulnerable su defensa. Contuvo la respiración y notó su propósito de cubrirle la boca. Naruto reaccionó a tiempo retrocediendo, alejándose de él, aunque el tipo actuó más rápido; un solo brazo sirvió para atraerlo nuevamente a su pecho mientras la mano libre tapaba su boca, hubo un forcejeo inevitable. Naruto intentó gritar o morderle los dedos. Lanzó un par de patadas al aire, una de ellas golpeó la rodilla de su captor y el agarre se aflojó segundos. Quiso huir otra vez, mas su victoria se desvaneció por un certero golpe en la nuca. El nombre de Sasuke fue su último pensamiento antes de caer inconsciente.

—Eres bastante escurridizo y salvaje.

Sin mayor ceremonia el hombre levantó el cuerpo con ambos brazos cargándolo al estilo princesa. Un caballo esperaba relinchando a varios metros. Escoltaría una carga valiosa.

En la complicidad de su habitación, Orochimaru repasaba el plan una y otra vez. Su proyecto consistía en dos fases:

Primero, dividiría su ejército en dos partes. Los hombres en el Cuartel acompañarían al regimiento de Sasuke como una fachada. Ellos ayudarían en el asedio del campamento Konoha junto a Uchiha. El segundo destacamento –los delincuentes que había contratado y traído de Edo– esperarían ocultos en el follaje del bosque, aguardando sus indicaciones. En segundo lugar, una vez que el ejército de Sasuke y el suyo exterminaran a los miembros de Konoha, daría la señal para proceder. Los hombres de Sasuke estarían agotado y distraídos, confiados en la victoria. Ahí él movería su última ficha; sus subordinados saldrían del escondite para unirse al enfrentamiento. Emboscaría a las tropas de Uchiha, acabaría inmediatamente con los soldados sobrevivientes, y luego se encargaría de la escoria que no jurara lealtad.

Dejaría a Sasuke Uchiha al final, restregándole su éxito. Un triunfo dulce. Eliminar al líder militar de Kioto brindaría poder necesario para el próximo paso. Iniciaría con Yasumoto en Kioto y concluiría en Edo, despojando a Ieyasu. Nadie volvería a menospreciarlo.

Unos repentinos golpes en la puerta devolvieron sus pensamientos.

—Adelante.

—Lamento interrumpirlo, Supervisor —el soldado entró e hizo un saludo militar—. El Capitán Uchiha desea informarle que en unas cuantas horas estaremos reunidos en el patio principal. ¿Contaremos con su presencia?

Orochimaru repasó los planos abiertos en su escritorio.

—Por supuesto, estaré ahí con ustedes. No abandonaría a Sasuke, es una noche importante.

Los preparativos de la Alianza marchaban viento en popa desde su aviso. Jiraiya, Gaara y Kakashi habían dividido los grupos y reunido las armas. Cada equipo tenía una orden fija, la gente trabajaba duro, listos, esperando la medianoche. Incluso él se había reunido con sus Tenientes más confiables. Suigetsu y Juugo liderarían su correspondiente escuadra, ambos hombres consientes del plan entramado con Konoha. Así como Orochimaru, ellos buscarían la hora indicada para actuar. Pero un mal presentimiento inquietaba a Sasuke. La víspera de una guerra desbordaba distintas emociones, no sabías si regresarías vivo o muerto, y la impaciencia carcomiéndolo por dentro venía del recuerdo de una persona: Naruto. Podría perder la vida, el destino era impredecible, no quería marcharse sin visitarlo una última vez.

La noche estaba cerca, sus hombres finalizarían los respectivos preparativos. Nadie notaría su ausencia unas horas. Y la urgencia de verlo desaparecería hasta encontrarlo sano y salvo. Ni las protestas de Tsunade impedirían entrar a despedirse.

Subió a Tsukuyomi, su fiel palafrén negro, y cabalgó presuroso a la casa de Senju en Shimawara. Shizune lo recibió angustiada, a punto del colapso nervioso cuando preguntó por Naruto. Su comportamiento le dio mala espina y esperó a Tsunade por una explicación. Estuvo encerrado en una habitación lejana, dando vueltas de un lado a otro como animal. La mujer mayor apareció con un semblante tranquilo, una aparente calma absurda. Había más tras esos vivaces ojos color miel.

—¿Dónde está Naruto? ¿Por qué tanto misterio? —exigió—. Pasaré por tus guardias si me impides hablar con él.

Tsunade se sintió indignada, aguantando las ganas de correrlo a patadas por su actitud exigente. ¡No permitiría que gritara en SU casa! Recurrió a su temple, tenía como prioridad explicar la desaparición de Naruto, Sakura y Hinata. Jiraiya había mandado un manojo de incompetentes. ¿Cómo escaparon frente a sus narices?

—Es una noche importante, eres nuestro aliado y me gustaría darte la bienvenida —suspiró cansada—, pero temo informarte que Naruto ha huido.

—¿Qué? ¿A dónde fue? Tenía prohibido salir.

—Si supiera su paradero no estaría charlando aquí contigo, Uchiha. Tampoco sé mucho, por la tarde uno de los guardias, Rock Lee, les permitió salir al mercado y no regresaron. Incluida a Sakura y Hinata.

Sasuke vio rojo de ira. ¡Maldición, Orochimaru podía ir tras Naruto! Ignorando la palabrería de la mujer, se marchó de la habitación dispuesto a encarar al guardia. Reconoció su característico corte de cabello cerca de la entrada, Lee gimió adolorido cuando Sasuke sujetó las solapas de su hakama, estampándolo contra la pared de madera.

—Tuviste órdenes precisas de Kakashi, ¿por qué los dejaste marchar? ¡Contesta!

Lee tragó saliva, asustado. El rostro furioso del Capitán estaba demasiado cerca.

—L-lo siento, Capitán Uchiha, Naruto me prometió regresar rápido.

—¿Naruto te convenció? ¿Y Sakura y Hinata? Cuéntame todos los detalles.

Uchiha soltó su agarre cediéndole libertad a Lee, éste asintió muchas veces.

—A la hora de la comida, Sakura visitó mi puesto y dijo desear salir para comprar en el mercado, no tenía permiso de Tsunade por ser una sorpresa para ella. Sé que está prohibido abandonar la casa sin autorización, pero Naruto-kun la acompañaba y regresarían de inmediato, él lo prometió. Poco después salió Hinata, me contó que Sakura había olvidado su monedero y corrió a buscarlos… sin embargo pasó una hora y nadie volvió. Informé a Tsunade, y mis compañeros y yo revisamos el perímetro sin hallar rastro. Ella supone que huyeron porque no hubo discusiones o forcejeos, ningún vecino vio personas extrañas.

¿Huir de qué? ¿Sakura y Naruto de compras? La simple idea era inverosímil. Sakura odiaba a Naruto, cualquiera con dos dedos de frente notaría su desprecio. Desconfiaba de Sakura Haruno, ella transmitía un aura peligrosa. Aunque torturarse con escenarios funestos estropearía su instinto para concentrarse en la misión de esa noche. Realmente esperaba que Naruto estuviera seguro. ¿Su mal presentimiento se haría realidad?

—Organiza tus compañeros nuevamente, continúen buscando, no paren hasta encontrarlos.

—¡A la orden!

Rock Lee desapareció presuroso. Sasuke abandonó la casa y montó su caballo, debatiéndose entre ayudarlo o regresar al Cuartel a completar los preparativos. Naruto era muy importante para él, pero las vidas de sus hombres y el futuro de muchas personas pesaban en sus hombros. Su compromiso como capitán imponía sus prioridades.

La piel de sus dedos ardió apretando, impotente, las riendas de la montura guiando a Tsukuyomi rumbo al Cuartel. «¿Hago lo correcto, Naruto?»

—¡Hoy nos espera un enemigo difícil, daremos nuestras vidas con tal de erradicar la plaga que daña la prosperidad de Kioto! Somos la esperanza de familias, lucharemos por la memoria de los caídos.

En lo alto de su caballo, Orochimaru dirigía el discurso a los soldados, especialmente a los suyos. Dio un par de vueltas por las filas, cerciorándose de la alineación, una vez hecho el recorrido se colocó junto a Sasuke, Tsukuyomi relinchó estando cerca del otro semental.

—Estás muy tranquilo, Sasuke-kun.

—Partiremos pronto a una batalla, ¿por qué debería estar emocionado? —Uchiha respondió mirando las filas, concentrado en organizar a los hombres por medio de señas. Todo en él gritaba confianza, calma, así dictaminaba su máscara seria. Por dentro, la inquietud del paradero de Naruto estaba torturándolo—. ¡Es la hora! ¡Avancen!

Cabalgó lejos de Sannin e interceptó a sus Tenientes. Los grupos iniciaron la marcha; el primer regimiento comandado por Orochimaru a la cabeza, paralelo al fiel Kabuto, seguía la tropa de Sasuke, luego Juugo y en último las filas de Suigetsu. La mayoría de hombres iba a pie, marchando al ritmo de las órdenes. El Capitán Uchiha giró un poco la cabeza, inspeccionando de reojo su ejército. Juugo asintió en un rápido movimiento cuando Sasuke hizo lo mismo. Pasaron el mudo mensaje a Suigetsu, éste sonrió mostrando sus dientes afilados.

La lucha comenzaba, uno caería esa noche.

Demoraron media hora en arribar al escondite de Konoha a las afueras de la ciudad, y dividieron cada escuadrón en torno al perímetro del campamento; Orochimaru el norte, la entrada principal del cuartel, Sasuke el sur, y sus tenientes los puntos restantes. No obstante, hubo algo sospechoso, demasiado silencioso. Orochimaru entrecerró los ojos, reparando en el nulo movimiento de los miembros de Konoha, las antorchas y faroles iluminaban alrededor, había un par de fogatas, pequeñas tiendas de lona y animales de granja corriendo libres, pero ninguna persona. ¿Sabían de la emboscada? No, era imposible. Sólo en el interior de la casa principal se proyectaban sombras. Atacaría ese punto. Orochimaru hizo una seña con los dedos –medio e índice– ordenando a sus hombres avanzar en silencio, desenfundando sus katanas listos para el asalto. La oscuridad de la medianoche y el basto follaje de la naturaleza obsequiaban un excelente camuflaje.

A casi tres metros del objetivo él dio la orden:

—¡Ahora!

Kabuto y los soldados corrieron a la casa, gritando blasfemias y alzando sus espadas. Derribaron las puertas con patadas y la madera estalló en una potente lluvia de astilla, la mitad del grupo entró a la residencia dispuesto a derramar sangre, no importaba que fuera hombre, mujer o niño. La otra parte aprovechó las antorchas, resueltos a incinerar las chozas pequeñas. Nadie quedaría vivo, ni siquiera los animales. Los soldados destrozaron los muebles a su paso y recorrieron los pasillos en busca de sus víctimas. Cada puerta interior fue arrancada, pero las personas de Konoha habían desaparecido. El campamento estaba vacío. ¿Qué ocurría? Kabuto ordenó bajar las armas, preguntándose cómo proceder. Estuvieron a punto de regresar cuando un fuerte olor a pólvora los mareó, y en menos de un segundo la casa se convirtió en un mar de fuego, consumiendo todo en su camino. Devorando los cuerpos blandos y frágiles de los intrusos. Algunos, los más cercanos a la salida, lograron escapar y rodaron por el suelo en un vano intento de extinguir las llamas que calcinaban sus pieles.

Orochimaru presionó las riendas de su semental, boquiabierto ante la torre de fuego. Los gritos agónicos de sus hombres retumbaron en sus oídos. Una parte de él, aún en la incomprensión, esperó la aparición del resto de su ejército escondido en los árboles y sólo obtuvo más gritos por doquier. Los soldados mercenarios cayeron en manos del grupo de Sasuke y los rebeldes, que habían aparecido de improvisto. Entonces, en medio del caos, entendió el escenario. Las piezas del rompecabezas encajaron una por una. ¡Maldito hijo de perra! Sasuke Uchiha había descubierto su plan, y contrarrestó el ataque aliándose a Konoha. La emboscada había funcionado, pero no la suya contra Uchiha.

No. Sasuke lo subestimaba, todavía conservaba un As en su poder.

El inclemente ejército de Sasuke sometía a los bandidos que intentaban huir del bosque, habían llegado a tiempo, pues el incendio sirvió como señal para iniciar el contrataque. Un tercio de sus subordinados derrotó al grupo de Orochimaru que destruyó las chozas, las otras dos partes, junto a los hombres de Jiraiya –Sai acompañándolos– avasallaron el segundo contingente de Orochimaru. Una lucha difícil, sangre y desesperación, el estruendo del choque de metal contra metal rugió sobre el mar de cuerpos cansados. Sasuke embistió a varios enemigos, Kusanagi los rebanaba como mantequilla fresca. Esquivó a tiempo un ataque que rozó su mejilla, dibujándole una línea gruesa de sangre. Casi cercenó el cuello de su contrincante, pero el relinchido de un caballo distrajo su golpe y acabó cortándole el pecho, el tipo se derrumbó desangrándose en el suelo. Libre, alcanzó distinguir el semental pinto de Orochimaru abandonando la pelea, yendo directo al otro extremo del bosque. Eso no. Sannin no huiría de él.

Montó a Tsukuyomi dispuesto a seguirlo.

—Sai, Juugo, Suigetsu —gritó fuerte—. Encárguense del resto, voy por Orochimaru.

—¡De acuerdo, Capitán! —dijeron al unisonó.

Sasuke confiaba en ellos. Su prioridad sería atrapar a la serpiente.

A pesar del otoño próximo las tupidas hojas de los árboles dificultaban la visibilidad del camino. La luna brillaba en lo alto pero era insuficiente para él. Se acostumbró lento a la oscuridad, atento a los ruidos y movimientos. Bajó del caballo, guardando sigilo, y desenfundó a Kusanagi preparándola para un posible ataque sorpresa. Orochimaru estaba cerca. Un relinchido salió de la nada y se tiró al suelo evitando el embiste; el corcel desbocado corría solo, el jinete había desaparecido. Presuroso volvió a levantarse y avanzó despacio al claro más iluminado. Grande fue su sorpresa al verlo ahí, en el centro del espacio dándole la bienvenida con los brazos extendidos, como si estuviera esperándole desde mucho. La imagen alarmó a Sasuke y sostuvo la katana en posición defensiva.

—Debo aceptar la derrota en esta batalla, fuiste más astuto que yo. Confié en tu inexperiencia y resultó un fraude para mí —la sonrisa burlona de Orochimaru activó su alerta instintiva—. Pero estás equivocado si piensas que ganaste. Siempre guardo mi último As bajo la manga.

—Nada te salvará, Orochimaru, ni trucos baratos. Eres un traidor, entrégate y ahórrate la burla.

—¿En verdad? Sasuke, Sasuke, Sasuke, menosprecias mi ingenio —revolvió el bolsillo de su uniforme y levantó la mano, mostrándole un emblema familiar—. ¿Reconoces esto?

La sangre de Sasuke se heló y Kusanagi tembló en sus manos. Frete a él pendía el dije que había entregado a Naruto. Reconocería su emblema donde fuera.

—Eso es…

—¡Exacto! Sakura es una mujer astuta, me entregó esto como regalo cuando llegó a mí con un atractivo acompañante de cabello rubio y ojos azules. Une los puntos, Capitán Uchiha. Ahora piensa y dime; ¿qué es más importante? ¿Tu vida, o la de Naruto y tu bastardo? —Si las miradas mataran, Orochimaru hubiese caído despellejado agonizando lentamente. Mas el hombre ignoró los ojos asesinos de Sasuke, satisfecho por tenerlo acorralado—. Sé un buen perdedor. ¡Suelta a Kusanagi o él pagará las consecuencias!

¿Obedecería? Nada aseguraba el bienestar Naruto. ¿Quién garantizaba que, dejándose vencer, Orochimaru lo liberaría? Matarlo tampoco era opción, sus cómplices ejecutarían sus órdenes aún después de muerto. Y hacerse el valiente sólo pondría en mayor peligro la vida de sus personas importantes. ¿Valía el riesgo? Sintió culpa e impotencia por descuidar la seguridad de Naruto, si había una pequeña oportunidad de remediarlo se aferraría a ella con uñas y dientes. Qué irónico morir a manos de un traidor como él. Sus brazos cayeron a los costados, lentamente Kusanagi resbaló de sus dedos.

—Sabia decisión —Sannin contuvo una carcajada—. Arrodíllate e inclina la cabeza.

La rabia tensó el cuerpo de Sasuke aunque cumplió la orden. Orochimaru desenfundó su propia katana, acercándose lento, regocijándose en la estampa humillada de un Uchiha. A escasos centímetros puso el filo del arma sobre su nuca. El frío metal se convirtió en una pesada lápida, una clara sentencia de muerte. Fue curioso cómo las imágenes y recuerdos aparecieron de repente. A Sasuke le habría gustado conocer a su hijo, cargarlo y verlo crecer, brindarle un lugar seguro para vivir. O, mínimo, contemplar una vez más los hermosos ojos azules de Naruto. Siempre supo serían su grata perdición.

—Muy gracioso, después de todo, el orgulloso Sasuke Uchiha sí tiene corazón, ¿quién hubiera dicho?

Orochimaru rió finalmente y alzó la katana con ambas manos a una distancia considerable. Su ejército estaba acabado, pero él no se iría con las manos vacías.

Enviar a Sasuke Uchiha al infierno sería su preciada recompensa.

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Continuara…

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oooO*Oooo…

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