"PELIGRO: UNA ADOLESCENTE EN CASA"

FanFic inspirado en personajes del anime Card Captor Sakura de propiedad intelectual del grupo CLAMP.

CAPÍTULO VI: "Noche de dulce luna II"

Cuando vi su rostro perplejo y luego sonrosado, después de emitir un comentario para tranquilizarla –al verla tan pálida y hecha un manojo de nervios–, sentí algo extraño en mi interior.

No sé por qué me nació decirle eso a mi siempre altanera empleada Kinomoto, cuando pude haberme burlado de su situación en ese momento con una enorme carcajada o un comentario mordaz. Lo habitual entre ambos. La verdad es que yo mismo me sorprendo de ello.

Se veía tan hermosa con sus mejillas ligeramente de la tonalidad de las cerezas que por un instante me quedé sin palabras. Hasta se podría decir que callada y avergonzada era mucho más agradable que cuando abría la boca para lanzarme una que otra ironía que yo me esforzaba en responder inmediatamente de la misma manera.

Tal vez pensar en ella de esa forma sea gracias a la estúpida apuesta con mi fastidioso amigo, Eriol Hiragizawa, pero si se debiera a eso, lo que más me convendría sería cantar junto a ella y así, por ende, evitarme las bromas y comentarios de mal gusto de mi socio al igual que otra de sus famosas citas dobles. Pero simplemente no podía dejar de mirar esas enormes piscinas verdes, que me observaban fijamente, subiendo y bajando las espesas pestañas que los bordeaban.

Ya era hora de que canten. Todos esperaban oír a la pareja de castaños entonar la melodía asignada.

Unos morenos sentados en la mesa número 7 miraban con suspicacia el comportamiento de ambos castaños en el estrado. Cada uno sacando conclusiones parecidas.

El showman estaba impaciente viendo como la pareja estaba prácticamente congelada observándose fijamente el uno al otro. Carraspeó fuertemente antes de decir: -Bien, si ya están listos, empiecen, por favor.

La ojiverde rompió el contacto visual, hasta ese entonces mantenido con su jefe, cuando escuchó el llamado y luego de respirar profundamente, llevó el micrófono que tenía entre sus dedos cerca a sus labios.

La música se dejó escuchar.

Era una balada muy conocida y, a decir verdad, una de sus favoritas también. Ni siquiera tendría que mirar siquiera alguna de las pantallas colocadas cerca al estrado con la letra de la canción, se la sabía de memoria.

No sabía si para mala o buena suerte la mujer empezaba a cantar primero.

Cerró suavemente sus ojos, dejándose llevar por la linda melodía y su dulce voz se oyó:

Como un bello amanecer

tu amor un día llegó,

por ti dejó de llover

y el sol de nuevo salió,

iluminando mis noches vacías.

Al inicio algo temerosa, pero luego agarrando más confianza.

Tenía una voz bonita y afinada. Tal vez no muy potente como la de la intérprete original de la canción, pero melodiosa a los oídos de todos y más aún a los del ambarino.

La voz de éste se deja escuchar:

Desde que te conocí

todo en mi vida cambió,

supe al mirarte que al fin

se alejaría el dolor,

qué para siempre seríamos dos.

Ella por un momento deja de respirar –al escucharlo cantar tan bien–, sin embargo reacciona y une su voz con la de su acompañante:

Enamorados,

siempre de manos,

eternamente.

En el coro, ambos elevan un poco más el tono de sus voces:

Si no hubiera conocido, no sé

que hubiera sido de mí.

La de cabello castaño completa, todavía, con sus ojos cerrados y sintiendo sus mejillas arder repentinamente:

Mi amor.

A dúo (la joven aún con la posición del inicio y el varón a una distancia prudente de la misma):

Si tu mirada enamorada, no sé

si yo podría vivir.

Ella termina la estrofa:

Sin el latido de tu corazón.

El de ojos miel se voltea y queda viendo a la joven, después completa:

El mundo es más frío.

Luego uniendo nuevamente sus voces, continúan:

Nada tendría sentido,

si nunca te hubiera conocido.

Posterior a la prolongada pausa, la ojiverde abre sus ojos lentamente y, sin darse cuenta, termina mirando fijamente a su acompañante, para después comenzar otra estrofa:

Toda mi vida soñé,

con tu llegada mi amor.

Él imita a la castaña en la actitud y termina la frase:

Así yo te imaginé,

tan bella como una flor.

Ambos cantan un poco más fuerte:

Supe que siempre seriamos dos...

Enamorados,

siempre de manos,

eternamente.

Sin quitarse la vista el uno del otro continúan el coro:

Si no te hubiera conocido, no sé

que hubiera sido de mí.

Se sentía una atmósfera mágica; la de ojos esmeraldas y el ambarino, agregaran respectivamente:

(De mí)

(Qué hubiera sido)

Sin tu mirada enamorada, no sé

si yo podría vivir.

Ella completa suavemente:

Sin el latido de tu corazón.

El de ojos miel termina:

El mundo es más frío.

Nuevamente a dúo:

Nada tendría sentido

si nunca te hubiera...

Luego sólo él y con voz más elevada:

...conocido.

Mientras la ojiverde dice:

Qué hubiera sido de mí...

Nada tiene sentido.

Y él termina:

Si no es contigo...

Después ambos y con mucha profundidad:

No seeeeé

Ella alzando su voz:

Qué hubiera sido de mí...

Él imitándola agrega segundos después:

(Hubiera sido)

Ella también agrega:

(No, no, no)

A dúo:

Sin tu mirada enamorada, no sé

Luego él subiendo su tono de voz:

Si yo podría vivir...

La castaña deja de mirarlo por un instante, pero después automáticamente voltea hacia él, mientras sigue cantando:

Sin el latido de tu corazón

El ambarino:

(Sin ti)

El mundo es más frío.

Ambos, pausadamente:

Nada tendría sentido,

si nunca te hubiera conocido

Nada tendría sentido,

si nunca te hubiera conocido...*

Los aplausos no se hicieron esperar, mientras la pareja seguía observándose fijamente y sin intenciones de separar sus miradas, hasta que el animador interrumpió diciendo: -Felicitaciones. Ya sabía yo que una belleza como tú, Sakura, tenía que ser dueña de una voz tan hermosa y dulce.

La hermana de Touya se sonrojó hasta las orejas por el cumplido, rompiendo el contacto visual, y sólo agradeció haciendo una reverencia. No estaba acostumbrada a que le digan esas cosas y mucho menos si era alguien a quien ni siquiera conocía.

El hijo de Ieran sentía unas ganas inmensas de lanzar al showman por alguna ventana del lugar. ¿Quién se creía ese tipejo para decirle esa cursilería barata a SU empleada? Sí, SU empleada, porque… porque trabajaba en la misma revista que él y era una de sus columnistas y..., nada más.

Por acto reflejo, cogió del brazo a la muchacha (dejando al animador parado con rostro sorprendido y a la castaña muy confundida) y la dirigió a la mesa en donde los esperaban Hiragizawa y Daidouji, quienes observaron divertidos la escena (ya habían intercambiado un par de palabras mientras Li y Kinomoto cantaban).

-Felicidades, hermano. Tus "gallos" no sonaron tan mal.- sonrió el ojiazul mirando al de cabellos chocolates (al cual le brotó una venita en la frente).

-¡Cantaron divino!- exclamó la amatista con estrellitas en los ojos.- ¡Sakura, veo que por fin pudiste vencer tu pánico escénico! ¡Eso es maravilloso!

-No es para tanto, Tomoyo.- dijo avergonzada la ojiverde y con una gotita sobre su nuca.- Fue golpe de suerte, eso es todo.

-Bueno, es su turno, hermosa dama.- se le escuchó decir al animador mientras besaba la mano de la de cabello oscuro.

La mujer no se sonrojó en lo más mínimo (como sucedió con la de ojos esmeraldas) y sonrió dulcemente ante el gesto, zafándose de forma delicada del agarre.

Caminó hasta el estrado, seguido del peli azul (el cual antes de irse le murmuró en voz baja a su amigo un: "Mira y aprende del maestro") y después de coger sus respectivos micrófonos, le sonrió, primero a su mejor amiga y luego a Eriol.

-¿Lista?- preguntó, antes de que la música sonara, el hombre de gafas.- Recuerda lo que acordamos.

-No te preocupes, que yo también deseo lo mismo.- contestó la chica Daidouji sonriendo misteriosamente.- Si tengo que cantar como nunca lo he hecho antes en toda mi vida, para que mi amiga sea feliz, lo haré gustosa. Jamás escatimo cuando se trata de ella, es como mi hermana.

-Es bueno escucharte decir eso, Tomoyo.- respondió por última vez Hiragizawa con una sonrisa enigmática antes de acercar el micro a sus labios.

La música se dejó oír. Era también una balada muy conocida. El de anteojos inició la melodía con una voz varonil muy afinada:

Si tal vez

pudieras comprender

que no sé

como expresarme bien.

Cogió la mano de la amatista y se acercó lentamente a su oído entonando la canción en un susurro, como si se lo dedicara a ella en especial. La joven mujer sólo sonrió (siguiéndole el juego) y movía su cuerpo al ritmo de la canción.

Si tal vez

pudiera hacerte ver,

que no hay otra mujer

mejor que tú, para mí.

Una melodiosa voz femenina se dejó oír, tan dulce y cándida, agradable a los oídos de todos, muy afinada:

Si tal vez

me harías muy feliz,

si tal vez

me lo podrías decir.

La de cerquillo miró fijamente al varón y se soltó suavemente del agarre, para luego caminar unos pasos lejos de él, mientras seguía entonando:

Si tal vez

detalle a detalle

podrías conquistarme

sería tuya.

Después el de lentes se acercó a ella lentamente y después de rodear su pequeña cintura, a dúo (elevando los tonos de sus voces) cantaron el coro magníficamente:

Te quiero

tanto, tanto, tanto,

tanto, tanto, tanto,

cada día un poco más.

Te quiero

tanto, tanto, tanto,

tanto, tanto, tanto,

para mí no hay nadie igual.

(No lo hay)

Te quiero

tanto, tanto, tanto

tanto amor,

que ya no puedo más

que ya no puedo más...

El socio de Shaoran, aún con su brazo en el talle de la morena, y la misma (pegados el uno del otro) se movían suavemente al compás de la música. Nuevamente el peli azul inició otra estrofa:

Pues tal vez

el mundo aprenderá,

con nuestro amor,

lo bello que es amar.

La de tez pálida se soltó delicadamente del agarre y luego de entrelazar su mano libre con la de su acompañante, se miraron fijamente, mientras la mejor amiga de Sakura seguía:

Y tal vez

lo vuelva a repetir,

pareja por pareja,

el mundo entero al fin.

Antes de repetir el coro, cerraron sus ojos y chocaron tiernamente cabeza con cabeza, como si ambos trataran de leer sus mentes, elevando sus voces armónicamente:

Te quiero

tanto, tanto, tanto,

tanto, tanto, tanto,

cada día un poco más.

Te quiero

tanto, tanto, tanto,

tanto, tanto, tanto,

para mí no hay nadie igual.

(No lo hay)

Te quiero

tanto, tanto, tanto

tanto amor,

que ya no puedo más

que ya no puedo más

que ya no puedo más

que ya no puedo más...

Separaron suavemente sus cabezas y sin dejar de mirarse fijamente volvieron a repetir nuevamente el coro, uniendo magníficamente sus voces, haciéndolas una sola:

Te quiero

tanto, tanto, tanto,

tanto, tanto, tanto,

cada día un poco más.

Te quiero

tanto, tanto, tanto,

tanto, tanto, tanto,

para mí no hay nadie igual.

(No lo hay)

Te quiero

tanto, tanto, tanto

tanto amor,

que ya no puedo más

que ya no puedo más

que ya no puedo más

que ya no puedo más...**

Todos los presentes se emocionaron y aplaudieron muy fuerte, silbando efusivamente y ovacionando a los morenos allí presentes (quienes agradecieron haciendo una reverencia).

Shaoran aplaudía sorprendido, no tenía ni idea que su molestoso amigo y socio cantara bien. Sabía que el ojiazul tocaba apoteósicamente el piano, pero desconocía de sus dotes para el canto.

¡Rayos! Era más que obvio que había perdido la apuesta y ahora tendría a Eriol y sus bromas pesadas por el resto de su vida, al igual que volvería a salir en parejas, sin embargo, no entendía por qué no le molestaba en lo más mínimo.

Dirigió su vista a la de ojos esmeraldas y la quedó viendo por un largo rato, mientras ésta aplaudía incesantemente.

Sakura estaba muy conmovida, la interpretación de Eriol y Tomoyo fue maravillosa. Sintió tan bien verlos cantar a dúo (como viviendo la melodía a flor de piel), que hasta parecía que ellos siempre lo hubieran hecho juntos.

En eso, se sintió observada y cuando volteó, se topó con unos profundos ojos ámbares, que por un momento hicieron latir su corazón muy rápido y la dejaron sin habla. Se sonrojó furiosamente y esquivó su mirada.

Se sentía bastante extraña y su estado empeoró cuando cierto ambarino la tomó del brazo (y prácticamente la arrastró) hasta la mesa donde estaban sus compañeros, luego que el animador le lanzara un piropo a ella.

Su actitud la confundió mucho y no entendía por qué.

Los morenos se acercaron hasta su mesa, muy sonrientes y cogidos de las manos.

Wow! ¡Me encantó, Tomoyo!- exclamó la de ojos verdes a su amiga.- ¡Lo hicieron estupendo! ¡No! ¡Qué digo estupendo!, ¡magnífico!

-Ya no exageres, Sakurita.- contestó la amatista.- Se hizo lo que se pudo.

-¿Y qué tal te pareció, camarada?- preguntó divertido el ojiazul a su amigo.- No me vayas a decir que no te gustó, porque yo te vi aplaudiendo.

-Nada mal.- sólo se le escuchó decir al de ojos miel.- Al menos algo bueno sabes hacer a parte de fastidiarme.

-Gracias por tu "halago", socio.- agradeció el de gafas con una sonrisa.- Ahora ya sabes quien ganó, ¿verdad?

-Sí.- afirmó el padre de Rei.- Tú.

-No, estás equivocado.- negó el peli azul con una enigmática sonrisa y sorprendiendo a su interlocutor.- Ustedes lo hicieron mejor, se puede decir que su interpretación fue mucho más real.

Shaoran mostró un rostro perplejo ante lo dicho por el de anteojos.

¿Eriol hablaba en serio sobre la apuesta? ¿Y cómo era eso de que su interpretación fue mucho más real? Tenía tantas dudas, sin embargo estaba seguro de algo: su amigo podría ser todo molestoso que quería, pero también era demasiado extraño en ocasiones.

o-OoºoOoºoO-o

Se paseaba en su silla de ruedas a motor dando vueltas sin dirección por su amplia alcoba.

Llevaba así aproximadamente una hora, tiempo después de haber cenado y desde que su papá se fue a "hacerle un favor" a su tío Eriol.

Wei, el mayordomo de la casa, ya había entrado varias veces a su habitación a pedirle que se durmiera –obligándola a ponerse su pijama, incluso–, porque ya era tarde, pero ella hizo caso omiso.

No podía pegar el ojo en una situación como esa: cuando tenía tantas cosas en la cabeza rondándola incesantemente. Estaba demasiado preocupada con la llegada repentina de su abuela, el rollo de la esposa china, el heredero varón y ahora la salidita nocturna de su progenitor con su tío (algo que le daba muy mala espina, pues tenía conocimiento de lo "picaflor" que era Eriol y de la cantidad impresionante de "amiguitas" que éste tenía por todo Japón).

Ahora entendía porque a la etapa en la que se encontraba le decían "adolescencia", claro, el que la vive: "adolece" de todo. Si ahorita se sentía atormentada, que sería cuando le llegara su primera menstruación o consiguiera un novio. Suspiró pesadamente.

La imagen de un hermoso joven de ojos celestes claros con reflejos lilas se coló en su mente, haciéndola sonrojar. ¿Por qué hasta en los malos momentos tenía que pensar en él? Tal vez, porque si se acordaba de su bello "ángel", los problemas parecían no existir en su mundo.

Hace poco había descubierto que se había enamorado de él a primera vista (con ese rostro siempre serio, pero que a ella le parecía tan encantador). No por algo en una de las clases se puso a contarle todas y cada una de sus pestañas –sin que él lo notara, claro– y ponía cara de tonta cuando se le acercaba.

Sí, lo sabía: Patético desde cualquier punto de vista (más no desde aquellos que están enamorados).

La cuestión era que, a pesar de que Yue le gustaba mucho, hoy había descubierto de boca de su nueva amiga –y hermana del aludido– que, éste rechazaba a todas las chicas que se acercaban a declararles sus sentimientos por él y que hasta ahora no se le había conocido novia alguna (algo que al principio la hizo sentir aliviada y luego acongojada).

Si todo lo que llegó a escuchar era cierto, ella jamás tendría oportunidad con él. Ya que, al parecer, el mellizo de Nakuru tenía expectativas desconocidas para la muchachita de ojos grises.

Ella sabía que no podía ilusionarse con un amor platónico (como lo era el chico Kinomoto), ya que saldría lastimada de alguna o de otra manera. No quería sufrir y mucho menos por un amor no correspondido o que no podía ser.

Dio suspiro pesado.

En verdad iba a arrepentirse por lo iba a hacer. Llegó a una conclusión certera y ya lo tenía decidido: Debía olvidarse definitivamente y como sea de Yue Kinomoto, por su bienestar y el de todos.

No entendía por qué sabiendo todo esto, su corazón parecía querer hacerse pedazos. Sintió una lágrima brotar de uno de sus hermosos ojos grises y rápidamente se la secó con el dorso de su pálida mano.

Ahora debía dormirse de una buena vez. Ya eran más de las diez de la noche y se seguía desvelando, le saldrían ojeras que la delatarían ante su papá (quien le dijo se acostara temprano o sino no dejaría que su amiga Nakuru venga a visitarla la casa –chantaje según ella, "Método Rei de convencimiento", según él–, pero aún así no quería darle motivos para que la castigue.

Colocó su silla de ruedas junto a su cama y se deslizó con destreza sobre ella (cuando su papá no la acostaba –que era la mayor parte de tiempo– ella misma lo hacía y ya había agarrado mucha práctica), cubriéndose con sus cobijas color melón.

Cerró lentamente sus ojos y poco a poco el sueño de apoderó de todo su ser.

Mañana sería un día difícil, porque vendría a vivir con ellos (entiéndase Rei y su padre) uno de sus más grandes temores cuando era niña, la gran dama china de sociedad: Ieran Li, su abuela paterna.

o-OoºoOoºoO-o

Todos bailaban divirtiéndose y riendo mientras la música estaba a un volumen muy alto para gusto y regocijo de las personas en la pista de baile.

Una pareja de morenos danzaba alegremente y en uno que otro coqueteo en un lado del salón de baile del "Moon Sweet". Por otro lado, en la barra para ser exactos, un par de castaños estaban sentados desde hace un buen rato (cada uno sin cruzar palabra o gesto, salvo una que otra mirada furtiva).

Llevaban en esas después de haber cantado a dúo en el salón de karaoke. Ninguno de los dos se atrevía a iniciar una conversación del otro (tal vez porque no tenían mucho –o nada– que decirse).

Ella bebía otra piña colada (la primera se terminó hace mucho) cruzada de piernas y cavilando mentalmente. Tenía muchísimas cosas en que pensar.

Él ya iba en su tercer –y último– Martini de la noche, mientras se debatía entre romper o no ese incómodo "silencio" (era obvio que se refería a charlar, puesto que el lugar rebosaba de gran ruido) en el que habían estado sumidos desde que el canto en parejas había terminado.

-¡Al diablo!- pensó el varón de cabellos chocolates y luego le preguntó: -¿Por qué lo hiciste?

-¿Eh?- sólo dijo la joven volteando a mirar al dueño de la voz. La música no dejaba oír mucho.- Hábleme fuerte, porque con toda esta bulla no le oigo muy bien.

-¿Por qué lo hizo?- gritó el ambarino hablándole más formalmente (se dio cuenta que al inicio no lo hizo así que se corrigió).

-¿Qué cosa?- interrogó confundida la castaña alzando la voz.

-Cantar enfrente de todos cuando se supone que sufre de pánico escénico.- se le escuchó decir al hijo de Ieran como si hablara del tiempo o el estado del clima.

La ojiverde levantó una de sus finas cejas y lo observó extrañada.

¿Eso fue lo único que se le ocurrió para empezar una conversación? Para ser un gruñón y un maniático del orden, era poco original. Hasta ahora se preguntaba como un tipo como él –que siempre la hacía enojar cada vez que se encontraban– le podía gustar. Debía estar perdiendo completamente la cordura.

-Lo dice como si fuera una enfermedad incurable o algo por el estilo, señor Li.- respondió la de cabellera castaña con voz fuerte. Bien, ahí iba de nuevo. Al parecer intentaba contestarle de buena manera, pero le costaba tanto. Sin embargo, lo intentaría.- Sólo le voy a decir que uno debe vencer sus miedos y enfrentar sus problemas por lo menos una vez en su vida y creo que mi momento llegó hoy: Canté ante un montón de desconocidos sin desmayarme, morirme o salir corriendo.

Hace unas horas su jefe le regaló una de las sonrisas más encantadoras que había visto en su vida (que le hizo darse cuenta de la atracción que sentía por él), luego cantaron juntos una de las baladas más lacrimógenas que pueden existir sobre la faz de la Tierra –haciendo que su corazón lata a mil por hora hasta el punto de querer salirse de su pecho– y ahora intentaban entablar una conversación que no incluya sarcasmos o ironías por parte de ambos. Tarea no muy sencilla hasta el momento.

-¿Sabe algo?, noto que siempre está a la defensiva cuando habla conmigo, señorita Kinomoto.- se le oyó decir al primo de Meilin con rostro serio.- ¿Por qué? Si se puede saber, claro.

-Es extraño que usted me lo pregunte, cuando también actúa de la misma forma.- contestó la hermana de Touya con una sonrisa irónica.- Pero dándole una respuesta rápida, tal vez sería porque, no nos conocimos en las mejores circunstancias, ¿no lo cree?

-¿Lo dice por lo del ascensor?- preguntó el de ojos miel y recibiendo un asentimiento por parte de su interlocutora.- Bueno, sólo le diría que no estoy acostumbrado a que la gente me salude cayendo sobre de mí, eso es todo.

-Le pedí perdón.- se apresuró a decir la castaña.- Pero creo que no lo cogí en un buen momento. Sin embargo, le reitero mis disculpas, señor Li.- replicó la de ojos esmeraldas con gesto firme.- No era mi intención caerle encima ni mucho menos ensuciarle el traje. ¿Sabe?, yo no suelo saludar de esa manera a las personas. Generalmente, con una reverencia, un apretón manos o un beso en la mejilla (en el más familiar de los casos), basta y sobra.

-No se preocupe. Pero, me parece que sería mejor olvidarlo, ¿no cree?- sonrió levemente el ambarino.- Como dicen los chiquillos: borrón y cuenta nueva. Usted trabaja para mí y no sería bueno que llevemos una mala relación laboral.

-Creo que tiene razón.- afirmó la de cabello castaño con una sonrisa sincera.- Está bien, entonces comenzaré yo. Sakura Kinomoto, mucho gusto.

-Shaoran Li, igualmente.- dijo ya con una sonrisa y dándole un apretón de manos a su interlocutora.- Bien, ya que hicimos las respectivas presentaciones: hábleme de usted. ¿Cómo así llegó a trabajar a la revista?

La joven mujer lo observaba con una sonrisa en sus labios. Le parecía nuevo todo eso de hablar con su jefe sin tener que preparar frases a la defensiva o uno que otro sarcasmo, es más, debía admitir que no le desagradaba en lo más mínimo esta situación.

-Qué le puedo decir. Tengo 27 y entré hace aproximadamente un año (un poco más, un poco menos) a "L&H", gracias a que mi mejor amiga, Tomoyo, me convenció de que presentara mi hoja de vida en su empresa.- respondió la muchacha antes de beber un sorbo de su trago.- Me gradué e hice mis postgrados en Periodismo en la Universidad de Tokio y me especialicé en prensa escrita. Se puede decir que, éste es el primer trabajo que he conseguido ejerciendo mi carrera.

-¿Trabajó en otros rubros?- preguntó el hombre de cabellos chocolates.

-Cuando estaba en la universidad fui camarera en un restaurante, niñera y hasta ayudante de chef.- contestó la joven con una sonrisa.- Pero todos eran de medio tiempo, mis estudios no me permitían uno de tiempo completo.

-Vaya, ha sido de todo un poco.- dijo un sorprendido Li.- ¿Y usted vive sola? Digo, como tuvo que trabajar cuando estudiaba, supuse vivía sola.

-Antes sí, ahora no. Actualmente vivo con mi papá, mi hermano, su esposa y mis sobrinos.- se le oyó decir a la ojiverde.- Pero estoy ahorrando para alquilar (o en todo caso) comprar un departamento, me gustaría independizarme y no causarle más gastos a mi familia.

-¿Su madre no vive con ustedes?- preguntó el ambarino repentinamente.

-Mi mamá murió cuando yo era muy pequeña, a los 3 años para ser exacta. Me crié con mi padre y mi hermano desde ese entonces.- se le escuchó decir a la de ojos esmeraldas con un dejo de tristeza, pero luego sonrió dulcemente.- ¿Sabe?, sin embargo, nunca me sentí sola en ese aspecto: la señora Sonomi Daidouji, madre de Tomoyo, era prima de mi mamá y, cuando ésta murió, me trató como si yo fuera una hija más. Es por eso que le tengo un cariño muy especial a ella y siento a Tomoyo como si fuera mi hermana de sangre. Nos conocemos desde niñas y nos queremos muchísimo la una a la otra.

El padre de Rei miró con admiración a la mujer que tenía enfrente y le sonrió comprensivamente. Cuantas cosas le habían sucedido a esa joven y ella siempre portaba una gran sonrisa (lo notó en varias ocasiones cuando Kinomoto no estaba discutiendo con él).

Y él que pensaba que ella era de esas chicas engreídas –hijitas de papá–, sin aspiraciones en la vida o que no se preocupaban por nada ni nadie, debido a su comportamiento tan altanero cuando estaba con él. Ahora se daba cuenta de lo equivocado que estuvo. Esa muchacha era completamente diferente a como se la había imaginado en un inicio.

Sintió algo de arrepentimiento por cómo se comportó con ella (de una forma tan poco educada, para ser un caballero), pero ya que estaban empezando desde cero, de ahora en adelante la trataría mucho mejor.

-¿Y qué me dice de usted?- interrogó la tía de Nakuru con una sonrisa expectante. Luego se dio cuenta de lo hizo y se arrepintió.- Perdóneme, no debí preguntarle eso. Usted es sólo mi jefe y yo, una de sus empleadas, no tendría porque decírmelo.

-Descuide.- respondió rápidamente el aludido.- Mi vida privada no es algo que deba guardarse bajo siete llaves, pero tampoco algo que deba ventilarse públicamente. Sin embargo, ya que me contó algo de su usted, lo más lógico y justo sería que yo haga lo mismo.

-No lo haga si se siente forzado.- dijo la chica Kinomoto algo apenada. La estruendosa música ocupo el lapso de tiempo (apenas unos segundos) en los que Shaoran se tardó en responder.

-Tengo 30 y estudié Administración de Empresas en Hong Kong, mi ciudad natal, vine a vivir aquí a Japón (después de enviudar) hace aproximadamente unos cinco años con mi hija Rei, quien es mi adoración.- comenzó el hombre de ojos ámbar.- "L&H" es una sociedad que se formó entre la familia Li y Hiragizawa hace casi diez años. Yo tomé las riendas de la revista cuando llegué aquí. Antes lo hizo mi padre, pero falleció, luego el de Eriol, sin embargo éste se retiró poco después.

-¿Y es hijo único?- preguntó con interés la de ojos esmeraldas. No sabía porque razón pero quería conocer todo de él.

-No, tengo cuatro hermanas.- se le escuchó decir al varón con una gotita en la nuca.

Wow! ¡Cuatro!- exclamó la castaña sorprendida.- ¿Todas menores que usted?

-No, mayores que yo. No sé si para mi buena o mala suerte.- contestó el ambarino dando un suspiro de resignación. El sólo recordarlo le causaba unos escalofríos, ya que sus "hermanitas queridas" tenían caracteres y personalidades muy "peculiares".

-¿No se lleva bien con ellas?- interrogó la ojiverde con rostro extrañado.

-Al contrario, como soy el único hijo varón y el último, también, son demasiado "cariñosas" conmigo.- "Y asfixiantes" iba a completar Li, pero mejor no lo hizo. No quería que ella piense que su familia era de esos lunáticos fuera de serie.- A pesar de todo eso, las quiero mucho.

-Sí, se nota.- se le escuchó decir a la hija de Fujitaka con una sonrisa dulce, que por un momento hizo sonrojar a su interlocutor (sin que ella se diera cuenta, claro).- Digo, por como habla y se expresa de ellas, con esa mirada llena de bondad. Eso dice mucho de usted.

-Gracias.- sólo dijo el de ojos miel con un rostro pensativo.

Shaoran quedó viendo por unos segundos a la castaña. Le parecía extraño que ella opinara eso de él cuando no se conocían de antes y ni siquiera eran amigos, cualquiera que lo hubiera escuchado pensaría que estaba loco de remate por hablar así de su familia. Sin embargo, ella no lo hizo y hasta le dijo un cumplido.

Se sentía tan bien conversando amablemente con la mujer enfrente de él, como si ya se conocieran de toda la vida o siempre lo hubieran hecho. Era una sensación cálida y agradable.

-¿Y vive con sus hermanas aquí en Japón?- se le escuchó preguntar a la de cabello castaño.

-No, todas son casadas y viven en China.- respondió el de cabellos chocolates. Iba a decir igual que su madre, pero recordó que ésta llegaba mañana por la noche a instalarse en su casa y con un "propósito" específico. Frunció el ceño.

-Discúlpeme.- dijo la joven mujer con rostro avergonzado, sorprendiendo de sobremanera al aludido.- No pensé que le molestara tanta pregunta que hago. Lo digo por la cara que puso. En verdad lo lamento.

El ambarino levantó ambas cejas en signo de no entender.

-¿Y qué cara fue la que puse?- preguntó él con cierto interés.

-Una así.- trató de imitar el gesto anterior del hombre, pero le salió una mueca rara que inmediatamente hizo reír a su interlocutor.

Su risa era tan ronca y varonil a sus oídos (la pudo escuchar claramente a pesar de la incesante bulla del lugar). Al inicio eso no le gustó que hiciera eso, sin embargo terminó riéndose junto a él.

Una risa melodiosa para el presidente de "L&H", quien la observaba detenidamente sin poder parar de reír, como hipnotizado.

-Lo lamento tanto, señor Li. Soy malísima imitando caras y gestos.- contestó la muchacha sin dejar de reírse.

-Descuide.- sólo atinó a decir sonriendo el hombre.- A decir verdad, debería reír más a menudo. Se ve muy linda cuando lo hace.

La ojiverde paró de reírse en seco y luego se sonrojó hasta las orejas, sintiéndose muy apenada.

Su jefe, el hombre que le gustaba, le había dicho que se veía "muy linda" cuando reía. En su interior quería saltar de la felicidad en un pie, pero se controló como pudo y en muestra de agradecimiento le regaló una gran sonrisa acompañado de un tímido "Gracias".

El joven padre se quedó estático (y prácticamente embobado) mirando a la de ojos esmeraldas sonreírle de esa forma tan angelical. Aún no entendía cómo es que se le ocurrió decirle eso. No es que fuera mentira ni nada que ver. Estaba pensando en lo bella que se veía esa noche Kinomoto, sin embargo al parecer lo hizo en voz alta.

Aunque debía admitir que no se arrepentía en lo más mínimo, sino ella no le habría obsequiado una de las más bellas sonrisas que había visto en toda su vida.

Mientras tanto en otro lado del salón de baile –en un lugar donde se podía observar muy bien a la pareja de castaños–, unos morenos veían la escena ante sus ojos de forma cómplice.

Hace un rato, cuando bailaban, tuvieron una conversación muy interesante.

Inicio del Flash Back...

Ya llevaban buen rato en la pista de baile, moviendo sus cuerpos al ritmo de la música y no parecían agotados en lo más mínimo. Se estaban divirtiendo a más no poder. Era evidente la enorme química que tenían ambos.

-Tomoyo, ya que estamos pasándola tan bien.- se le escuchó decir en voz alta al de anteojos.- ¿Puedo preguntarte algo?

-Creo que ya sé lo que es. De seguro tiene que ver con el por qué acepté tu invitación a salir (cuando siempre me he esforzado en rechazarte) y te puse la condición que sea en parejas, ¿verdad?- contestó la de tez pálida también elevando el tono de su voz (y así dejarse escuchar entre el tumulto), recibiendo un asentimiento por parte de su interlocutor.- Y sólo voy a decirte que tengo mis motivos.

-Tiene que ver con ese par.- no preguntó el ojiazul con una sonrisa divertida y señalando con su cabeza a ambos castaños sentados en la barra completamente en silencio.- Tú también lo notaste.

La chica Daidouji le regaló una sonrisa divertida y siguió bailando alegremente.

-No eres como las otras chicas.- afirmó el peli azul cogiendo su pequeña cintura, rozando su espalda descubierta por el escote del vestido.

-¿Lo dices porque tus estrategias de conquista no están funcionando conmigo ahora?- preguntó la de cerquillo con expresión divertida mientras se zafaba de su agarre con un paso de baile.

-Sí y no.- contestó el de lentes volviendo a rodear su talle con su brazo. La música cambió por una más lenta y sensual.

La joven mujer le siguió el juego y entrelazó sus delgados brazos por el cuello del moreno.

Se miraron fijamente y sus respiraciones se sentían muy cerca. Los ojos del varón brillaban con intensidad y poco a poco se fue acercando al rostro de la muchacha.

Ya casi podía sentir los labios de la chica en contacto con los suyos, pero entonces, sin que éste se diera cuenta, Tomoyo le susurró en el oído con voz seductora: -Aún no es el momento.

Fin del Flash Back...

-Ya es algo tarde.- comentó la hija de Sonomi con una sonrisa.- Se ven tan lindos riendo que no me gustaría interrumpirlos pero es hora de irnos.

El de gafas despertó de sus pensamientos cuando escuchó hablar a la morena.

-Claro.- sólo dijo el varón escoltando a la joven y acercándose a la barra en donde estaban sus respectivos amigos.

No sabía cómo decirlo o explicarlo, pero por primera vez en su vida se sentía tan extraño. Y todo se lo debía, por así decirlo, a la hermosa dama de nombre Tomoyo Daidouji. Extremadamente bella, educada y gentil, pero también con un carácter muy peculiar y misterioso.

Jamás una chica le había dicho lo que ella le dijo, jamás una chica se había comportado de la manera en como ella lo había hecho.

Se puede decir que, esta vez, él no tuvo las riendas de la situación (como en otras en que salió con tantas mujeres) y no sabía si molestarse o seguir el juego que ambos empezaron cuando a él se le ocurrió cortejarla.

Era raro, pero estaba completamente seguro de algo: ella no era como las demás y eso… le fascinaba como no tenía ni idea.

Continuará…

NOTAS DE LA AUTORA: (Me encuentro leyendo la última parte y coloco un gesto como de º.º' frente al monitor). Eriol y Tomoyo son una pareja bastante extraña. ¿Qué opinan de la actitud de nuestra querida amatista? Sí lo sé, este capítulo estuvo lleno de todo un poco y para todos los gustos! Además, me salió larguísimo a lo que acostumbro redactar, pero… ¡qué va!

Konichiwa a todas mis lindas lectoras! Espero que hayan disfrutado leyendo este cap., tanto como yo lo hice escribiéndolo.

Por fin puse el tan esperado karaoke! Sean piadosas conmigo: es la primera vez que escribo uno (porfa comenten que les pareció xD). Bueno, también leyeron la parte de la reflexión Rei en su recámara. La pobre quiere olvidarse del bello Yue para no sufrir, pero no tiene ni idea que es "novia" de él (ya verá que pasa en el siguiente episodio).

Bueno, ahora a explicar mis asteriscos del mal:

*Es sobre la primera canción. Creo que todas ya sabemos de cuál de trata, pero para las que no adivinaron se llama: "Si no te hubiera conocido" y es cantada por Christina Aguilera y Luis Fonsi (Una de mis favoritas).

**Es de la segunda canción. También muy conocida: "Te quiero tanto" de OV7 (También una hermosa balada).

Antes de que me olvide saluditos para: SakuMarhi, Endri-Chan, rebeca26 (me mataste con el correo bomba xD), amu824 y Ceciali que me dejaron sus reviews en el capítulo pasado. En verdad, aprecio sus lindos comentarios.

¡Mil gracias!

Sin más que decir, me despido. Cuídense mucho.

Besos de chocolates para todos.

¡Sayonara!

PD: DEJEN SU REVIEW *.*

"LOS COMENTARIOS DE LOS LECTORES SON UN GRAN ALIENTO PARA LOS ESCRITORES"