"PELIGRO: UNA ADOLESCENTE EN CASA"

FanFic inspirado en personajes del anime Card Captor Sakura de propiedad intelectual del grupo CLAMP.

CAPÍTULO X: "De confusiones y demás"

-¡Buenos días!- exclamó una voz femenina mientras entraba dando saltitos al comedor.- ¡Hola ma, pa, Yuyú!

-Buenos días.- dijeron al unísono los tres aludidos. Uno con negando con la cabeza tomando su taza de café (sabía que su hija era caso perdido, por más que le decía que saludara correctamente, ésta no hacía caso), el otro lanzándole una mirada asesina (por el nombrecito con que siempre lo llamaba) y la mujer con una sonrisa afable.

-Hola, hija.- saludó Kaho parándose rumbo a la cocina.- Siéntate, en un momento te sirvo tu desayuno.

-Gracias, ma.- dijo Nakuru mientras se sentaba alegremente en una de las sillas.- ¿Y Sak? ¿Aún no ha bajado?

-No, parece que se siente mal.- respondió la de cabellos rojizos con gesto preocupado.- Me dijo que hoy no irá a trabajar.

-La quise revisar, pero me dijo que ya se le iba a pasar.- se le escuchó decir al hijo de Fujitaka mientras se levantaba de su lugar.- Es increíble que los monstruos se enfermen.- dejó los trastes en el lavaplatos.- Bueno, ya me voy. Se me hace tarde para llegar al hospital.

-¿Está enferma? Pero si ayer en la mañana la vi muy bien.- pensó la muchachita Kinomoto, luego preguntó a su papá.- ¿Hoy te toca turno?

-Sí y además el doctor Yamamoto se fue a un congreso de médicos en Kyoto y desde hoy empiezo a suplantarlo. Por lo que estaré sumamente ocupado.- contestó el de ojos cafés.- Nos vemos.

-¿No te olvidas de algo?- mencionó la pelirroja antes de que el sujeto saliera. Se acercó a su marido.

-Ya hemos hablado sobre las actitudes cariñosas frente a los chicos.- susurró el aludido con gesto incómodo.- No es bueno que ellos presencien esas cosas. En esta etapa andan con las hormonas alborotadas y…

La que antes fue Mizuki soltando una risita interrumpió: -No me refería a eso, sino a esto.- le entregó el pequeño maletín de cuero color negro que siempre llevaba consigo el médico. Al hombre de 38 años le brotó una gotita sobre la cabeza.

-¿Qué haría yo sin ti?- respondió el hermano de Sakura con una sonrisa.- Gracias, amor. Bueno, ya me voy.

La aludida asintió no sin antes pedirle que se cuide. Se escuchó la puerta cerrarse.

-Yo también ya me retiro, madre.- se le oyó decir al joven de cabello plateados con rostro serio.- Gracias por el desayuno.

Después de despedirse con una inclinación de su progenitora, cogió su mochila.

-¿Ya te vas?- preguntó la de cabellos marrones dando un respingo. El aludido asintió con la cabeza y luego salió de la cocina.- ¡Oye, espérame!- comió de un solo golpe sus alimentos.- Gracias por la comida.- se levantó rápidamente de su asiento y después de dejar los trastes, se despidió con un beso en la mejilla de su mamá.- Nos vemos en la noche. Recuerda que hoy Yuyú y yo vamos a casa de mi amiga Rei y nos debes ir a recoger.- miró hacia la salida.- Si no me apresuro, es capaz de dejarme.

Se escuchó el sonido que indicaba que de ojos celestes ya había partido.

-¡Me dejó!- exclamó ofendida la atolondrada muchachita mientras salía a ponerse los zapatos.- Pero ahorita lo alcanzó. ¡Adiós, ma!

-Vayan con cuidado.- sonrió la mujer despidiéndose de sus mellizos con un ademán.

Después de cerrar la puerta, lavar los platos sucios (entre cosas) ágilmente, subió las escaleras rumbo a su habitación (olvidó bajar su bolso y tenía que irse a trabajar). Cuando ya tenía todo listo, caminó por el pasillo, pasó por la recámara de su cuñada y tocó su puerta. No abrieron.

Entró sigilosamente y haciendo el menor ruido. Vislumbró a la muchacha cubierta de pies a cabeza con el edredón color rosa.

-Sakura, sólo quería decirte que dejé tu desayuno en la cocina.- dijo en voz baja pero audible al oído humano.- Cuando ya te sientas mejor, come algo. Ya sabes, la mejor medicina para el cuerpo es el alimento diario.- no obtuvo respuesta o alguna acción que indicara que la había escuchado.- Bueno, ya me voy. Cuídate mucho.

Dicho esto salió de la misma forma como entró.

La castaña, cuando se aseguró de que no había nadie en la casa (el silencio sepulcral le daba indicio de ello), se fue destapando poco a poco. Dio un suspiro.

Se quedó largo rato observando el techo de su habitación. No tenía ganas de levantarse, ni bajar a probar bocado –a pesar que su estómago le reclamaba algo de alimento–, ni de salir de su alcoba... En pocas palabras: no tenía ganas de nada. Ni sueño, y eso que no había podido pegar el ojo en toda la noche.

Lo único que deseaba con unas ganas tremendas es que algún pedazo de basura espacial, alguna parte de un avión, algún platillo volador… ¡lo que sea!, cayera sobre su cabeza en ese instante y borrara sus recuerdos por completo. O mucho mejor si la tierra se abría haciendo una enorme grieta, y la tragaba con todo y su cama.

¿Por qué tanto anhelo por desaparecer así de repente de la faz de la Tierra?

La chica Kinomoto claramente respondería que porque su vida era un completo desastre, o dicho de otra manera, una parte de su vida –la sentimental– era un verdadero fiasco. Y no sólo por el hecho de que siempre ponía los ojos en la persona equivocada, sino también porque en algún sentido se dejaba llevar por sus impulsos o la emoción del momento. Sí, ahora estaba empezando a pensar que ese aspecto de su personalidad era más un defecto que una cualidad.

El punto es que había llegado a la conclusión de que todos los hechos más vergonzosos de su corta vida habían sucedido con su adorado tormento –entiéndase Shaoran Li– y dentro del condenado ascensor de la empresa en donde laboraba. Bueno, en donde antes trabajaba.

Sí, porque ayer tuvo uno de esos ataques de orgullo herido en donde explotó (debido a una tontería impuesta por su jefe) y le dijo sus cuatro verdades en la cara. Y antes de irse con la frente en alto, le dio la completa libertad de despedirla si así lo quería. Así que lo más probable era había perdido su empleo.

Posteriormente su jefe y ella se habían quedado atrapados en el elevador. Ya que éste se había detenido de golpe y, para colmo de males, la luz se había ido. Estaban ambos, completamente SOLOS, dentro de un espacio reducido y en una posición algo comprometedora (muy pegaditos y con los rostros a milímetros uno del otro). Sí, digno de novela rosa o fanfic romántico para chicas.

Pero eso no fue lo malo, porque lo peor vino luego.

Inicio del Flash Back…

Sintió que algo cálido se apoderaba bruscamente de su labio inferior. Al inicio los recibió con algo de sorpresa –se imaginaba que el gesto iba a ser algo tierno y delicado–, sin embargo después ella también se sumó respondiendo de igual forma. El contacto entre ambos no era para nada suave, es más, era hecho con suma rudeza, como si ambos trataran de desquitarse el uno con el otro intercambiando ese beso. Era casi como un baile entre sus bocas. Cada uno parecía competir por ver quien era el que podía más o era el mejor.

Sin darse cuenta la ojiverde ya estaba atrapada entre uno de los muros metálicos del elevador y el cuerpo del ambarino. Él se abrió paso en su boca. Se podía decir que era el que tenía el control, pero a ella en ese momento poco le importó.

Cruzó sus brazos por el cuello del varón, para así profundizar el beso. Su bolso hace rato que se había deslizado sin hacer el menor ruido o interrumpirlos y ni que decir del portafolio que traía el hombre, lo más seguro era que descansa de la misma manera sobre el suelo metálico. Él todavía tenía las manos rodeando su cintura y la ceñía fuertemente. Agradecía millones eso, porque sus piernas parecían gelatina derritiéndose. No le sorprendería si después de eso debían recogerla con una pala porque la encontrarían desparramada sobre el suelo del ascensor.

No quería que ese "sueño" terminara, porque a ella le parecía eso: un sueño, era demasiado irreal para ser cierto. Que su cavernícola jefe, el sujeto al que no soportaba y al que le daban casi todas las veces unas ganas tremendas de patearle el trasero por el espantoso carácter que se manejaba, la esté besando, dentro de un espacio de aproximadamente un metro cuadrado, con el mayor de los frenesís.

Y como todo no puede durar para siempre y ambos necesitaban del oxígeno para sobrevivir –como cualquier ser vivo–, tuvieron que separarse.

Ella tenía los labios entreabiertos. Debían estar hinchados y presentía que además muy rojos. Sentía las mejillas y todo el cuerpo arder. ¿Cuándo empezó a hacer tanto calor allí?

Podía escuchar claramente la respiración de Li, pues estaba en las mismas condiciones que la suya (inhalando y exhalando el aire con dificultad). Sino fuera porque estaba recostada en uno de los muros metálicos del elevador, ya se abría caído en un dos por tres.

A pesar de la escasa luz (sólo estaban alumbrados por las luces de emergencia), si quería podía verle el rostro al ambarino, sin embargo no se atrevía. Su cabeza estaba gacha y no tenía la fuerza de voluntad para levantarla. Pero, por cosas del destino, o tal vez su cuerpo que nunca obedece sus órdenes, terminó observándolo fijamente a los ojos. Por un instante se perdió en esa mirada color miel, la cual estaba oscurecida por el… ¿deseo?

No, eso no podía ser cierto. ¿Su jefe la estaba mirando con…? ¿Ese color oscuro en sus pupilas era "deseo"?

Ambos no decían palabra alguna y el incómodo silencio empezó a reinar en el ambiente.

Sabía que se iba a arrepentir después de lo que tenía pensado hacer dentro de un segundo, pero… ¡al diablo con todo! Quería que él la vuelva a besar como hace unos segundos.

En un impulso –y arrebato– de su parte lo jaló del saco y de un tirón le estampó un beso. Cogió con una mano sus cabellos de su nuca y empezó a mordisquear el labio inferior de éste, al mismo tiempo que le daba pequeños besos. Al parecer lo agarró desprevenido, porque en un inicio no respondió al gesto, sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, la estaba besando nuevamente con rudeza.

Esta vez antes que se acabe el aire, Shaoran empezó a dar besos alrededor de su cuello haciendo que de su boca salga un suspiro de satisfacción. Al parecer, él lo notó y siguió con su tarea.

Ella se sentía desfallecer y sin embargo, no tenía intensiones de evitar que el varón siga dando pequeños besos y acariciando con su boca su cuello, que no sabía era una parte TAN sensible de su anatomía.

Él volvió a apoderarse de sus labios y continuaron con lo que habían dejado pendiente. Las manos de Li aún ceñían su talle y ella tenía las suyas ahora en el pecho de él. Recién se daba cuenta que el ambarino tenía su cuerpo en excelente forma, porque podía sentir sus músculos duros; lo más seguro era que hacía mucho ejercicio. Ya se estaba imaginando que se sentiría tocarlos sin toda esa molesta ropa y…

Un momento.

¿Acaso ella se estaba imaginando ese tipo de "cosas"? Y lo peor del asunto con ¿su jefe?

No, no, no, no. Definitivamente… ¡NO!

El ascensor empezó a moverse y la luz volvía al reducido espacio. De repente algo pareció hacer ¡CLICK! en su cabeza.

¡Oh cielos! ¡Ella estaba besándose de una forma para nada SANTA con Shaoran Li! ¡SU JEFE!

Porque debía recordar ese "pequeño" –o más bien gigantesco– detalle. El sujeto que en este momento la tenía aprisionada contra el muro del elevador era su SUPERIOR, el dueño de la empresa en donde laboraba y además el troglodita al que detestaba por ser tan arrogante y prepotente con todos.

Sintió que algo –o mejor dicho alguien– comenzaba a bajar lentamente el cierre de su blanco vestido con detalles en rosa pastel. Abrió los ojos como platos. Absolutamente, ese era el indicativo que le decía que debía separarse cuanto antes.

Empujó bruscamente al hombre que hace un instante la había tenido entre sus brazos, el cual notó estaba sin el saco que traía puesto antes. Su rostro se tornó carmesí, porque ahora recordaba que ella botó algo y no sabía que era. Luego de mirarlo aún con sus ojos verdes abiertos desorbitadamente, cogió su bolso rápidamente, (no sabía si gracias a Dios) el elevador abrió sus puertas en el primer piso y salió mismo rayo del lugar.

No volteó a ver la reacción del varón, porque empezó a correr –tanto como sus piernas se lo permitían– hacia la salida del edificio.

Fin del Flash Back…

Soltó un bufido de exasperación mientras se daba vuelta hacia el lado derecho de su cama. Por más que quería olvidarse de lo que había sucedido ayer por la noche con su ex jefe, no podía. Los recuerdos invadían su mente una y otra vez en cámara lenta. Ahora comprendía eso que dicen que: "Recordar es volver a vivir", porque… ¡era la pura verdad!

Todas las sensaciones, emociones y demás que sintió ayer en la noche parecían regresar de golpe. Cada beso, cada caricia que le había propinado Shaoran Li en el ascensor… Absolutamente TODO estaba más que fresco en su memoria.

Lo más normal sería que ella estuviera molesta por su comportamiento o el de él, pero allí estaba lo malo. Ella ya estaba empezando a considerar que no era muy normal que digamos, ya que –no sabía por qué– NO le fastidiaba en lo más mínimo.

¿Ahora entienden la razón por la cual quiere que un bloque de concreto le caiga en la cabeza?

-Soy una tonta.- dijo Sakura mientras cogía una almohada y se tapaba la cabeza con ella.- Una verdadera tonta.

Ella estaba hecha un lío. En ese momento tenía unas ganas tremendas de hablar con alguien. Como le hubiera gustado que Tomoyo estuviera allí escuchándola y dándole consejos, como cuando iban en escuela. Al menos ella si sabría que hacer en situaciones como ésta.

Poco a poco su cuerpo empezaba a pasarle la factura. Sus párpados se cerraban y le reclamaban las horas en que se suponía debía conciliar el sueño pero sin embargo se mantuvo despierta porque no podía dormir. Sin darse cuenta cayó rendida.

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-¿Oye, Shaoran?- preguntó una voz masculina tratando de llamar la atención del hombre frente a él. Chasqueó los dedos cerca a la cara del Li y sólo con eso pareció hacerle caso.- ¿Me estás escuchando?

-¿Eh?- sólo pronunció el aludido.- Sí, claro que sí. ¿Por qué no estaría escuchándote?

-Ajá.- musitó Eriol para nada convencido.- ¿Haber qué fue lo que dije hace un instante?

-Mmmm… Estabas hablando sobre… el balance financiero de la empresa.- contestó algo dudoso el ambarino.

El ojiazul levantó una ceja y lo miró con cara de incredulidad.

-¿Y dices que sí escuchaste lo que dije? Hermano, hace media hora que terminé de informarte sobre el balance financiero.- comentó en tono molesto.

-¿Ah sí?- sólo atinó a decir el presidente de "L&H".- ¿Y todo está en orden?

-Sí.- afirmó Hiragizawa asintiendo con la cabeza haciendo una mueca.- El que parece que no lo está eres tú, socio.- se levantó de su asiento y lo escrudiñó con la mirada.

El ambarino levantó una ceja y esperó a que su interlocutor continuara.

-Desde la mañana estás rarísimo.- añadió el de anteojos.- Primero, porque desde que llegaste pareces estar con cuerpo presente pero con alma ausente. Segundo, no he escuchado algún rugido, bramido o grito venir de tu oficina. Y tercero, pero sobre todo más preocupante, ¡no te has molestado con alguna de mis bromas en lo que va del día!- el aludido no ocultó un gesto de sorpresa.- Haber, cuéntale a tu mejor amigo… ¡qué es lo que rayos te pasa!- colocó ambas manos en el escritorio de Shaoran y lo miró fijamente.- Porque no me puedes negar que hay algún motivo de extremo poder que te tiene en ese estado, brother. Vamos, suelta la sopa. Es más que obvio que se trata de una fémina.

-¡Anda a que te revise un loquero, ¿sí?!- exclamó el padre de Rei levantándose de su acolchonado asiento.- Creo que andar tras las faldas de Daidouji te está dañando el cerebro.- se cruzó de brazos.- A mí no me pasa nada. Lo que me tiene así es la presencia de mi madre en mi casa, nada más.

-Sí, tal vez pueda ser eso.- comentó con una sonrisita misteriosa y un brillo enigmático en sus azules ojos.- Sin embargo, la razón que me das, suena un tanto extraña, ¿no lo crees?

-¿Extraña?, ¿en qué sentido?- replicó a la defensiva el de cabellos chocolates.- Ya te dije que es por mi madre que estoy así. Por si no lo recuerdas, ella busca casarme. Y yo no quiero estar con nadie en este momento.

-Lo dices como si trataras de convencerte a ti mismo de ello.- sonrió el peli azul para luego volverse a sentar cómodamente en su silla.

-No digas estupideces, ¿quieres?- pidió el de ojos miel mientras se tomaba asiento nuevamente.- Ya y para que no sigas fastidiando, dime, ¿de qué me hablabas hace un minuto?

-Pues, verá, mi querido señor presidente.- se le escuchó decir al de anteojos con una sonrisa de oreja a oreja.- Te estaba comentando sobre lo que hablé con la linda Tomoyo hoy cuando me la encontré por aquí.

Li dio un suspiro de cansancio. Allí iba de nuevo, otra vez Eriol narrándole sus avances con la chica Daidouji. Ya lo más tenía más que cansado, ayer también le contó sobre el almuerzo imprevisto entre él y la amatista. Ahora, ¿qué otra cosa "interesante" de su vida amorosa pensaba decirle?

-Como te decía hace un buen rato (en el que no me prestaste ni pizca de atención).- el aludido puso los ojos en blanco.- Le di permiso a Tomoyito para que hoy salga más temprano de la revista a cambio de una cita.

-Hey, ¿desde cuando tú otorgas permisos a mis empleados?- protestó el hijo de Ieran.- Y más aún si tienen que ver con sus horas de salida.

-En primer lugar, relax, man, take it easy.- sugirió Hiragizawa.- Y en segunda: por si lo olvidaste soy tu socio, por ende esta empresa también es mía. Y si tú eres el gerente es porque así lo decidió la junta directiva. Ahora, retomando el tema. Si le di permiso a Tomoyo para que salga temprano es porque me lo pidió como un favor personal.- cruzó una de su piernas y del escritorio cogió dos lapiceros (uno verde y el otro morado).- No sé si lo notaste o no, pero Kinomoto no vino a trabajar.- levantó el verde.- Y cómo sabrás.- levantó las dos plumas y las movió de un lado a otro.- Ambas son amigas y primas segundas, me comentó también Tomoyito.- dejó los bolígrafos en su sitio.- Estaba muy preocupada porque Sakura no contesta su móvil, su teléfono de casa, ni responde a ninguno de sus mensajes de texto. Parece como si se la hubiera tragado la tierra.

Li al inicio no le prestó mucha atención a lo que decía, sin embargo cuando escuchó "Kinomoto", seguido de la frase "No vino a trabajar", lo empezó a oír atentamente.

-¿Por curiosidad tú no tienes algo que ver con la falta de Sakurita aquí a la empresa?- interrogó suspicazmente el de ojos azul índigo.

El aludido no respondió al instante. Pero con el tono más calmado –y que a Eriol le pareció premeditado– contestó burlonamente.- ¿Por qué me preguntas eso? Déjame adivinar, ¿"intuición femenina"?

Su interlocutor en vez de molestarse por su comentario soltó una risotada.

-No lo tomes a mal, Shao.- replicó con una sonrisita divertida el de lentes.- Pero, ambos sabemos que Kinomoto no es de tu total agrado, es más, tú siempre te has quejado de que ella en cada oportunidad que tiene se porta un poco altanera y desafiante contigo. No sé por qué pero mi "intuición masculina" me dice, a gritos, que algo debió de haber pasado entre ustedes.- notó como el ambarino empezó a tensarse.- Y ¡Oh, sorpresa!, ayer ella se quedó reemplazando a tu secretaria, por lo que estuvieron trabajando hasta muy tarde los dos SOLOS. Ya que los lunes tienes que redactar el informe de la junta.

Con cada palabra que decía, a Shaoran se le contraían uno por uno los músculos de su cuerpo. O eso era lo que notaba el peli azul. Ahora entendía el por qué del estado de su socio. Su distracción tenía nombre y apellido: Sakura Kinomoto, respectivamente.

El padre de Rei carraspeó fuertemente. No debía ponerse nervioso –por más que quisiera– frente a un tipo como Eriol. Demasiado astuto.

Lo más tranquilo posible –sólo por fuera– respondió:

-Y ¿no podías considerar que es una coincidencia el hecho de que justamente hoy no haya venido la señorita Kinomoto a trabajar y según tú yo estoy más "distraído" que de costumbre?

Con una enigmática mirada en sus azules ojos dijo:

-En este mundo no existen las coincidencias, solamente puede haber lo inevitable*.

El primo de Meilin lo quedó viendo con el rostro desconcertado. Las palabras dichas por su socio sonaban una y otra vez en su cabeza como disco rayado.

Una interesante pregunta se formó en su mente: ¿Era inevitable lo que sucedió entre él y su empleada?

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Tocaba incesantemente la puerta frente a ella. Ya hasta le estaban doliendo los nudillos, pero al parecer o no había nadie en casa o la personita a la que buscaba no tenía intenciones de abrir para que entre.

Bien, sí así quería que sean las cosas…

Buscó rápidamente entre su cartera un objeto en particular. Cuando por fin lo encontró, lo alzó hasta altura de sus ojos y sonrió triunfalmente. Tenía entre sus dedos la solución a su problema: la llave de la puerta principal de la casa de su mejor amiga (una de las copias). Sakura se la dio en una ocasión y era un alivio que la haya traído en su bolso justo hoy.

Ella dijo que debía sólo en casos de emergencias y, considerando que la castaña no se había aparecido en la revista ni contestaba alguno de sus intentos de comunicación, no sabía si algo le había pasado o a lo mejor la tenían secuestrada y antes de empezar a llamar a la morgue, los hospitales o la policía, mejor se aseguraría de que todo esté en orden. Por lo que esta oportunidad podía ser considerada como una verdadera emergencia.

Abrió silenciosamente el enorme portón y entró sin hacer el menor ruido. Cuando verificó que la castaña no estaba en el primer nivel, subió las escaleras sigilosamente. No sabía por qué pero la situación le parecía demasiado familiar. Algo le decía que Sakura estaba echada en su cama, cubierta con su edredón y con una almohada tapando su cabeza, y sin ganas de hacer nada. Sí, como aquella vez. La pobre se encerró todo el día en su habitación y no quería ver ni hablar con nadie.

Siguió avanzando y por fin pudo visualizar la puerta de la recámara de su mejor amiga. Entró sigilosamente y, luego de cerrar sin hacer ruido, la encontró tal y como se la imaginó.

Se cruzó de brazos y puso los ojos en blanco. Ella preocupadísima pensando en que cosas terribles le podía haber pasado a su amiga y ésta, bien gracias, durmiendo.

¿Para esto le había pedido a Eriol que la dejara salir después del almuerzo a cambio de una cita?

Dio un suspiro mientras negaba con la cabeza. Al parecer, la ojiverde estaba profundamente dormida, la amatista se debatía en las formas de cómo podía despertarla. Cada una más tentadora que la otra. Sonrió maliciosamente. Ya había decidido la manera de levantarla.

Tomo cierta distancia y luego de dar un paso largo se tiró encima de la cama, cayendo sobre la joven debajo del edredón.

-¡Ahhhh!- gritó asustada la muchacha rodando rápidamente y cayendo al suelo.- ¿Qué pasa? ¡¿Temblor?!

La de cabellos oscuros soltó una risotada mientras se sentaba en la cama. El sólo ver a su amiga con rostro lleno de pánico mirando a todos lados como si buscara por donde salir debido al "temblor" era para morirse de la risa.

Y su carcajada se intensificó cuando la escuchó quejarse.

-¡Tomoyo!- la vio pararse con cara de pocos amigos y los brazos en sus caderas.- ¿Cómo entraste?- la aludida le enseñó la pequeña llave que tenía entre sus manos (aún sin parar de reírse).- Nunca debí darte esa llave. ¡¿Podrías dejar de reírte?!

-Lo… jajaja sien… jajaja to... jajaja.- dijo entre risa y risa la aludida. Cuando notó que su interlocutora estaba empezando a ponerse roja de la ira, carraspeó y poco a poco fue recobrando la compostura.- Ya está.- se calmó definitivamente.

-¡¿Cómo se te ocurre hacer eso?!- vociferó la esmeralda.- ¡Pudiste haberme matado del susto!

-Pero sigues viva, ¿no?- respondió una sonrisa angelical la chica Daidouji.- Así que no hay de que preocuparse. Más bien, no entiendo por qué te molestas, la que debería estar enojada soy yo.- puso rostro serio.- ¿Por qué no has contestado ninguna de mis llamadas? Y sobre todo ¿por qué no fuiste a trabajar hoy?

-No te contesté y no fui porque me siento mal y no quería salir de mi cuarto.- se le escuchó decir a la castaña mientras se introducía nuevamente entre sus sábanas y se cubría con su edredón hasta el cuello.

La de tez pálida puso una mano en la frente de su interlocutora.

-No tienes fiebre.- comentó.

-Dije que me sentía mal, no que estaba enferma.- replicó la chica Kinomoto con voz cansada.- Ahora, si no es mucha molestia… ¡me puedes dejar a solas!

-De ninguna manera, señorita.- se le oyó decir a Tomoyo en tono de madre que reprocha a una hija.- Tú me vas a explicar en este momento que es lo que te sucede. No es posible que de un día para otro te sientas mal, así de la nada.

Vio que la ojiverde se había cubierto hasta la cabeza y no tenía intensiones de destaparse. Se levantó de la cama y cuando Sakura pensó que le había hecho caso y se había ido, sus cobijas le fueron arrebatadas.

-¡Tomoyo!- exclamó levantando la cabeza notando como la amatista tenía entre sus manos su edredón color rosa y le sonreía triunfalmente.

-Vamos, Saku. ¡Arriba!- animaba la joven Daidouji.- No puedes pasarte en la cama todo el día.

-Sí puedo.- replicó la esmeralda cogiendo una de sus almohadas y tapándose la cabeza con ella.

La de cabello oscuro con suma destreza le quitó las almohadas y dejó a la castaña sin nada más con que cubrirse.

-¡Puedes quedarte con mi frazada y mis almohadas si quieres!- exclamó en tono molesto la muchacha.- Pero, ¡no me pienso mover de aquí!

-¿Te estás viendo?- preguntó con el rostro perplejo la amatista.- Sakura, te estás comportando como niña chiquita que hace una de sus pataletas. Como en aquella ocasión, ¿la recuerdas, verdad?

Al parecer el comentario emitido por su mejor amiga la hizo reaccionar. Se sentó sobre su cama abrazando sus piernas y colocando su cabeza sobre sus rodillas. Luego de dar un largo suspiro, asintió con la cabeza.

-Entonces…- sólo pronunció la hija de Sonomi.- ¿Me piensas decir qué es lo que te sucede, sí o no?

La muchacha se mordió el labio inferior y después de debatirlo mentalmente, le dio una palmadita al costado de su cama invitando a su amiga a sentarse. Ésta entendió el mensaje y allí estaban ambas sentadas la una junto a la otra.

-El estar así me hace acordar cuando íbamos en la preparatoria.- empezó la esmeralda con voz pausada.- ¿Lo recuerdas?

-Como olvidarlo.- sonrió la amatista.- En las pijamadas que hacíamos, hablábamos de cual era el chico más guapo de la escuela, las salidas al cine o al centro comercial y de lo lindo que era el hecho de que seamos mejores amigas. Nos contábamos absolutamente todo, no había secretos entre nosotras.

-Sí.- sonrió también la castaña, mientras recordaba.- Y siempre que me metía en problemas tú me escuchabas y tenías el consejo preciso para solucionarlos.

El silencio se hizo presente por un largo rato y, cuando parecía persistir, Tomoyo comentó: -Otra vez te metiste en problemas, ¿no es cierto?- la vio asentir con desgano.- ¿Li tiene ver en algo?-volvió a asentir.- ¿Medida aproximada?- la ojiverde al inicio juntó las palmas de sus manos y luego las fue alejando lentamente, hasta que sus brazos estaban abiertos por completo. Soltó una risita y continuó.- OK, ya capté el mensaje.- estiró sus piernas en la cama y Sakura (colocando una almohada) se echó de costado sobre ellas.- Creo que voy a empezar a cobrarte por mis servicios como consejera sentimental.

-¿Por qué?- sólo pronunció la esmeralda apesumbrada.- Tú no necesitas el dinero.

-Sí, pero está el hecho de que siempre te metes en problemas.- añadió la chica Daidouji.

-La historia de mi vida.- suspiró Sakura.- Espero que tengas tiempo de sobra, porque lo que te tengo que contar es bastante extenso.

-La pregunta correcta sería si tenemos el tiempo necesario para que no venga nadie a interrumpirnos.- rió la muchacha de cabello oscuro.

-Descuida.- pronunció la ojiverde.- Touya no viene hasta Dios sabe cuando, tiene turno en el hospital. Kaho tiene reunión de profesores en la escuela donde trabaja, Nakuru y Yue irán a casa de una amiga a hacer los deberes. Creo que tienen un trabajo grupal.

-Ahora entiendo porque nadie contestó cuando llamé aquí.- comentó la amatista.- ¡No hay ni alma en este lugar! ¡Sólo están tu pereza y tú!

Luego de soltar una risita, la de cabellos castaños dijo: -Sí, al parecer hoy todo colabora para que consiga mi paz espiritual.

-Muy bien, señorita Kinomoto.- se le escuchó a la de tez pálida con voz seria, como de una verdadera psicóloga.- Cuénteme su problema.

-Doctora.- respondió con voz preocupada su interlocutora, siguiéndole la corriente.- Espero que esté preparada porque lo que le pienso decir a continuación puede que altere el orden lógico del universo. ¿Está usted lista?

-Más puesta que un calcetín.- contestó Tomoyo.

-Resulta que…- empezó con su relato, la esmeralda.

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-¿Es aquí?- se le escuchó decir a una voz femenina mientras miraba asombrada por la ventanilla de la limusina, la gran mansión frente a ellos.- ¿Esta es tu "casa", Rei?

La aludida asintió algo avergonzada con la cabeza mirando a Nakuru. Trataba en lo más mínimo ver el rostro de cierta personita de cabellos plateados que iba sentado al costado de su amiga; y que la ponía un tanto nerviosa con su presencia.

Bajaron del lujoso vehículo. Se habían estacionado frente a unas enormes columnas estilo grecorromano –que detrás tenía un enorme portón– y la fuente de mármol adornada con figuras estéticas de querubines hechas del mismo material.

-Wow.- se sorprendió la chica Kinomoto. Estaba maravillada viendo los frondosos árboles de cerezo, la cantidad de flores que cubrían el césped de los enormes jardines de la mansión; más allá una especie de laguna artificial con muchos patos navegando sobre ella.- Ahora entiendo porque tu casa ocupa como cuatro manzanas enteras, ¡es gigantesca! Más grande que la de Tom.

-¿Tom?- preguntó confundida la de ojos grises.- ¿Quién es él?

-Más bien, ella.- sonrió la atolondrada jovencita de ojos marrones.- Tomoyo Daidouji. Así se llama la mejor amiga y casi prima de mi pa y mi tía Sak. Yuyú y yo varias veces hemos ido a su casa en fiestas de cumpleaños o cuando nos invita. ¿Sí o no?- el aludido asintió con la cabeza.- También es una mansión, pero no de grandes proporciones como ésta. ¡La tuya es el doble de colosal!

A la hija de Shaoran le brotó una gotita sobre la nuca, mientras reía nerviosa.

-Muy buenas tardes, señorita Li, amigos de la señorita.- saludó amablemente y haciendo una reverencia un anciano hombre vestido con smoking.- ¿Qué tal estuvo su día en la escuela?

-Hola, Wei. Como todos los días: llena de tareas.- respondió al saludo la de cabellos negros, soltando un suspiro.- Los voy a presentar.- miró a sus acompañantes.- Nakuru, Yue, él es Wei, el mayordomo y casi como una miembro más de la familia.- vio al anciano.- Wei, ellos son Nakuru y Yue Kinomoto, amigos de la escuela. Ambos son hermanos mellizos.

-¿Mellizos?- se sorprendió el de traje. Notó que la hija de su señor lo observaba como diciéndole: "Sí lo son, aunque no lo parezcan". Sonrió.- Claro, ahora noto el parecido.

-¿Verdad que sí?- dijo la extrovertida Nakuru jalando del brazo a su hermano y pegando sus rostros, haciendo con este gesto que el de ojos celestes ponga una mirada gélida, más ninguna expresión en su rostro pálido.

-Por favor, adelante.- Rei hizo un ademán invitándolos a pasar.- Siéntanse como en su casa.

-No le digas eso a mi hermana o lo tomará en serio.- comentó el de apariencia de "ángel" con su clásico rostro inexpresivo.- Después no habrá quien la saque de aquí.

-¡Oye!- protestó ofendida su melliza.- ¿Donde quedó el mudo se siempre? Para molestarme si tienes palabras, ¿no?- el aludido no contestó.- Bueno, está vez pienso aguantarte sólo porque estoy en falta, pero no te acostumbres porque pronto se va a acabar, ¿de acuerdo?

Rei miraba a sus amigos con una enorme gota sobre su nuca, mientras el mayordomo sonreía sutilmente ante la escena.

La dueña de casa fue mostrándole cada espacio de su hogar a pedido de Nakuru, quien un poquito más y se arrastraba para que le haga ese favor. Rei les advirtió que estarían cansados, porque el lugar era "algo" grande.

Pasaron primero al recibidor. Un espacio bastante amplio recubierto en caoba fina y con unos enormes jarrones chinos adorando el lugar; muy cerca, una mesa de base alta con un florero pequeño lleno de rosas rojas. Más allá, estaban las escaleras (habían dos, una de cada lado) también de madera, cubiertas con una angosta alfombrilla verde con detalles dorados. Por un corredor ancho se podía vislumbrar la sala, adornada por unos elegantes sillones (que primera vista se veían que eran muy antiguos y costosos) y una mesita de centro. Avanzando por el pasillo, a la derecha, estaba el gran comedor con una mesa larga de aproximadamente 3 metros de largo y 1, 80 de ancho, hecha también de caoba.

En otra puerta del corredor, la de la izquierda, estaba el salón. Espacio de 200 metros cuadrados, decorada con finísimas cortinas estampadas en colores neutros y en un rincón del lugar se encontraba un gran piano de cola en brillante, color negro.

La decoración de la mansión iba entre lo tradicional chino y la exquisita elegancia occidental. Una verdadera belleza al ojo humano.

Cuando regresaron nuevamente a las escaleras, la sobrina de Sakura dio un suspiro de cansancio.

-Rei, déjame decirte que tienes una preciosa casa. Sin embargo, me hago esta pregunta, ¿nunca te has perdido en este tremendo lugar?- comentó asombrada.

La aludida soltó una risa melodiosa.

-No, ya no. Cuando recién llegué a esta casa, a cada rato. Pero con el tiempo me he logrado acostumbrar. He vivido aquí cuatro años de mi vida, por lo que conozco como la palma de mi mano cada rincón.- miró a los mellizos.- Supongo, que estarán exhaustos. Y eso que no les he mostrado el segundo nivel. Será mejor que subamos a mi habitación, allí podemos hacer el trabajo tranquilos. Le diré a Wei que suba unas bebidas y aperitivos.

-¿Tenemos que subir escaleras después de haber paseado por tu "pequeña" vivienda?- preguntó asustada la hija de Touya.- No es por nada, pero no sería raro si mis piernas se salen de su sitio a mitad de camino. Tú tienes la ventaja de permanecer sentada, pero nosotros…

-Créeme que me encantaría estar en tu lugar, pero ya vez que yo no estoy sentada porque quiero.- la aludida hizo un mohín.- Oye, te lo advertí. Te dije que te ibas a cansar.- respondió con una sonrisa divertida la nieta de Ieran.- Además, ¿quién dijo que subiríamos por las escaleras?

-Si no es por allí, entonces ¿por donde subiremos?- interrogó la atolondrada muchachita ladeando la cabeza.

-Síganme.- sonrió la chica Li. Los hermanos Kinomoto hicieron lo que les pidió y llegaron hasta el final del pasillo. Allí encontraron el medio por el cual subirían hasta el segundo piso.

-¡¿Tienes un ascensor?!- exclamó perpleja Nakuru.- ¡Requete wow!

-Bueno, a decir verdad son 2.- con una sonrisita avergonzada y asombrando mucho más a su interlocutora.- Pero utilizo éste porque me lleva directamente a mi habitación. El otro está cerca a las escaleras y me deja en el pasillo. Supongo que no quieren seguir caminando.- los aludidos negaron con la cabeza.

Entraron al elevador y ascendieron. Cuando la puerta se abrió se encontraban dentro de una enorme recámara de paredes en tonos rosas y muebles de color blanco. Ni bien avanzaban se podía ver la gigantesca cama estilo princesa, con tules y gasas atadas en la parte superior, cubierta con un juego de sábanas estampadas con flores en los mismos tonos. Estaba llena de mullidas almohadas como decorado. A los extremos de ésta tenía mesitas de noche con una lamparitas muy delicadas.

En una esquina estaban una puerta de cristal con cortinas que hacían juego y llevaban al hermoso balcón adornado de flores. Junto a uno de los ventanales estaba un escritorio de madera, en donde estaban impecablemente ordenados varios accesorios, aparatos tecnológicos (MP4, celular, etc.) y peluches. También, encima había una laptop, un porta lapiceros con muchos plumones y demás útiles de escritorio.

Cerca allí había un amplio tocador color blanco, con un enorme espejo en el centro. Estaba lleno de perfumes, otros cuantos peluches y demás accesorios femeninos.

En un rincón se encontraba un gran piano de cola blanco.

-Tu recámara es literalmente gigantesca.- comentó Nakuru, acercándose con los otros dos muchachitos.- ¡Mi casa entera entraría en ella y encima sobraría espacio!

-Y eso que no has visto la de mi papá.- sonrió la nieta de Ieran.- Es la habitación más grande la casa y el doble de ésta.

La sobrina de Sakura silbó fascinada y después señalando el piano le preguntó a su amiga: -¿Sabes tocarlo?

-Sí.- asintió la aludida.- Es uno de mis pasatiempos favoritos. Mi tío Eriol me enseñó cuando llegué aquí. Así que puede decir que no soy tan mala tocando.

-Yuyú toca excelentemente el piano. Practica en el órgano que tenemos en casa.- sonrió la melliza de éste.- ¿Y cuál es tu pieza favorita, Rei?

-Tengo muchas en esa categoría.- respondió la chica Li.- Pero sin duda la que me encanta es el "Claro de Luna". Es una melodía algo triste, pero llena de sentimiento.

-¡No puedes hablar en serio!- exclamó emocionada la extrovertida muchachita con estrellitas brillando en sus ojos.- ¡Esa también es la pieza favorita de mi hermano!- miró a su mellizo.- ¿No es cierto?- el aludido asintió con la cabeza.- Ya veo que ustedes tienen muchas cosas en común.- sonrió pícaramente mirando al par frente a ella.- Harían una linda pareja.

Rei se sonrojó hasta las orejas. ¡Qué cosas decía su amiga!

El chico Kinomoto miró asesinamente a su hermana y permaneció en silencio sin mostrar alguna expresión. Siguieron avanzando y cerca al otro ventanal había un estante lleno de libros y a su costado otro lleno de muchos detallitos.

-¿Qué es esto?- preguntó curiosa la de cabello marrón acercándose a ese estante y maravillada ante la cantidad de muñecas de porcelana vestidas con un sinfín de indumentarias de todo tipo.

La sobrina de Meilin se acercó y comentó: -Es mi colección de muñecas de vis cuí**.

-Wow.- sonrió impresionada Nakuru.- ¡Tienes muchísimas y son tan lindas!

-Sí, tengo 30 exactamente. Una por cada lugar que he visitado.- se le escuchó decir a Rei con una sonrisa.- Papá me compra una para añadirla a la colección, cada vez que viajamos de vacaciones a alguna parte del mundo.

-Sorprendente.- siguió curioseando por el espacio de madera y vio muchos discos en sus respectivas cajas.- ¿Y eso?

-Esa es mi colección de dramas coreanos. Y la que está al costado es la de animes y mangas.- respondió la chica Li.- ¿Recuerdas que te comenté que tenía una de esas?

-¡Es cierto!- asintió emocionada la hija de Touya.- Oye, tú dijiste que era pequeña. ¡Ésta supera el nivel de mi imaginación!

Rei sonrió algo apenada. Por un instante se topó con unos ojos celestes con reflejos lilas y rápidamente hizo como si no hubiera visto nada.

-Oye, pero, ¿dónde está tu armario?- se le escuchó decir algo confundida Nakuru.- No me digas no tienes uno.

-Por supuesto que tengo.- señaló con la cabeza hacia una esquina de la habitación. La chica Kinomoto volteó y vio una enorme puerta blanca doble.

-¿Y cómo las abres?- interrogó curiosa palmeando la madera.- No tiene perillas.

-Con esto.- dijo la hija de Shaoran enseñándole una cajita delgada y negrita que tenía entre su mano. Presionó un botón y las puertas se abrieron mostrando un majestuoso armario lleno de vestidos, blusas, entre otras prendas femeninas.- Cómo verás yo no puedo movilizar muchas aquí, así que papá instaló un sistema inteligente de puertas a control remoto. Sólo está para el armario, el baño y otras cosas más.- presionó en otro botón y la baranda donde estaba colgada la ropa se salió hacia afuera.- Y los zapatos están por aquí.- presionó otro botón del control y una especie de cajón empotrado se desplegó de la pared mostrando una buena cantidad de zapatos de todo color y modelo.

-Wow, ¿ese es el control de la película CLICK*** o qué?- preguntó maravillada la nieta de Fujitaka acercándose a su amiga, la cual estaba al costado de Yue.- ¿A ver?- cogió el aparatito y presionó un botón al azar.

En el muro frente a la gran cama se abrió una especie de puerta descubriendo un televisor pantalla LED de aproximadamente 42 pulgadas.

-¡Súper!- sonrió ampliamente la de ojos marrones.- Si todo aquí es así, ya me muero por ver el baño.- presionó otro botón y una puerta se abrió, corrió hasta ella y cuando entró sólo encontró oscuridad.- ¿Eres fotosensible?

Rei soltó una carcajada y después negó con la cabeza: -Ese no es el baño, Nakuru. Esa es mi sala de audiovisuales.- presionó un botón y se prendieron unas lucecitas a los costados del lugar.

-¡Oh, my god!- gritó anonadada.- ¡Tienes un cine en tu cuarto!- salió del espacio y después de pellizcarse el brazo para asegurarse que estaba despierta. -¡No estoy soñando!- exclamó.

La hija de Shaoran rió melodiosamente. Mientras tanto Yue observaba a su melliza, sintiendo vergüenza ajena –sin expresarla, claro está–, la cual parecía niña pequeña en su primera vez por Disneylandia, saltando de un lado a otro por toda la habitación.

Después de que a Nakuru casi le da un infarto cuando vio el gigantesco baño que tenía su amiga (con un jacuzzi tipo piscina), una que otra expresión o comentario de sorpresa, llegaron hasta el centro de la recámara en donde había una pequeña salita: -Siéntense.- dijo Rei con una sonrisa. Cogió la bocina del intercomunicador y luego de esperar unos segundos.- Wei, por favor, trae algunas bebidas y aperitivos para nosotros.

-En seguida, señorita.- contestó la voz al otro lado de la línea.

-Muy bien, ya nos distrajimos por bastante rato.- comentó la de cabellos negros con voz seria.- Es hora de empezar con la tarea, sino no la podremos terminar.

-¿Tarea?- preguntó indecisa la nieta de Fujitaka.- ¿Tú crees que tengo ganas de hacer la tarea cuando estoy por primera vez en tu casa y en cuarto de princesa de cuento moderno? ¿Bromeas, verdad?

A la dueña de la habitación y al muchacho allí presentes les brotaron unas ENORMES gotas al escuchar el comentario emitido por su interlocutora.

La hija de Shaoran luego de dar un suspiro, se dio cuenta que esta tarde iba a ser MUY larga. Lo más seguro era que hoy se quedaría hasta muy noche terminando sus deberes, porque algo le decía que no avanzarían mucho.

o-OoºoOoºoO-o

Manejaba por la autopista tratando de concentrarse en el camino. Había salido temprano de la empresa (7 de la noche para él era muy temprano), porque simplemente no tenía cabeza para nada. Estaba demasiado distraído en casi todo momento y esa actitud no le estaba ayudando en la revista. Así que mejor optó por irse a su casa a descansar, después de pedirle al pesado de Eriol que termine lo restante por él.

Sí, piensan que le contó todo lo que pasó con Kinomoto, se equivocan. Estuvo a punto, pero después de arrepintió. Sabía que si lo hacía, el ojiazul lo estaría fastidiando por el resto de sus días con su empleada y el "episodio" de la noche anterior en el elevador.

Pudo visualizar la reja de su mansión y luego estacionar su carro en la cochera –después del respectivo reconocimiento–, bajó de su automóvil. Como siempre, Wei estaba en la entrada recibiéndolo. Después de saludarlo y preguntar por su hija (de la cual le dijeron estaba con unos amigos haciendo un trabajo grupal en su habitación desde que llegaron de la escuela) y su madre (de la cual le dijeron había salido a hacer una diligencias), subió a su recámara.

Necesitaba descansar o al menos despejar su mente de los recuerdos que no parecían querer abandonar su memoria. Se deshizo de su saco y la corbata –que no sabía podía llegar a asfixiarlo–, mientras se echaba en su enorme cama.

Dio un suspiro de cansancio. Otra vez, sin querer comenzó a pensar en el suceso de ayer. Soltó un bufido de exasperación.

¿Como pudo dejarse llevar por la ocasión? Él un tipo cien por ciento racional, recto, y centrado ¡había sucumbido ante la tentación! Empero, era inevitable no recordarlo a cada segundo.

Inicio del Flash Back…

Se apoderó bruscamente del labio inferior de la muchacha. En un principio pensó besarla con delicadeza y suma ternura, sin embargo a último segundo cambió de planes. Notó la sorpresa con la que lo recibió ella (quien se había quedado inmóvil), por lo que sonrió para sus adentros. Pero en un dos por tres empezó a corresponder a su contacto de igual forma que él. Eso lo hizo seguir adelante.

Poco a poco la fue apegando contra el muro metálico. Y abrió paso entre su boca. Ella pasó sus brazos por su cuello, mientras aferraba la pequeña cintura de la mujer.

Sintió que el oxígeno empezaba a faltar en sus pulmones, por lo que se separó de ella.

En lapso de segundo, se dio cuenta de lo que había hecho y se sorprendió a sí mismo. ¡Había besado a Kinomoto de una forma para nada púdica! ¡La mujer a que supuestamente detestaba por ser tan altanera y desafiante!

Su respiración era dificultosa, sentía su corazón latir a mil por hora. Y cuando se volteó a la muchacha enfrente de él, se quedó sin aliento. Estaba recostada en la pared del elevador, respirando aceleradamente y tenía los labios entreabiertos. Sus mejillas estaban sonrosadas (lo notaba a pesar que ella tenía la cabeza gacha) y el blanco vestido que traía puesto algo arrugado. En abrir y cerrar de ojos estaban observándose fijamente el uno al otro. Por un momento, le dieron unas ganas tremendas de volver a besarla y tenerla entre sus brazos.

Ya estaba por disculparse por consentir ese tipo de pensamientos en su cabeza y además por haberla besado, cuando sintió que algo lo cogió de su saco jalándolo –o mejor dicho alguien– y le estampó un beso. Era ella, quien lo había cogido de la nuca y empezaba a mordisquearle su labio inferior, al mismo tiempo que le propinaba pequeños besos.

Al inicio lo agarró frío. ¡Él nunca se imaginó que ella haría eso! Es más, una cachetada por su atrevimiento hubiera sido más razonable. Pero no, ella había preferido seguir con los besos frenéticos.

Una parte de su mente le decía que debía parar, que no era correcto lo que estaba haciendo, sin embargo, otra lo animaba a continuar y dejarse llevar por el momento. No sabía a quien hacerle caso: si a la razón o a su instinto.

Bien, optó por lo segundo. Pero esta vez antes que se acabe el aire, empezó a darle besos alrededor de su cuello. Ella soltó un suspiro de satisfacción. Ese el fue detonante para que continuara y así lo hizo.

Volvió a apoderarse de sus labios y la besó con vehemencia. Sus manos seguían ciñendo su talle y acercándola más a él. En un acto inconsciente (o tal vez no tanto) fue bajando el cierre del vestido de la chica.

Ese fue el principio del fin.

En un acto brusco, ella lo empujó a un costado del reducido espacio y luego de mirarlo con los ojos abiertos como platos, salió corriendo como alma que lleva el diablo de allí. Él ni cuenta se había dado de que ya había regresado la luz y que, además, el ascensor ya no estaba descompuesto.

Ya en sus cinco sentidos soltó un puñetazo contra la pared metálica del elevador y luego dejó caer su cabeza sobre el mismo lugar.

Ahora se daba cuenta de dos cosas:

La primera, lo estúpido que había sido al dejarse llevar por la emoción del momento. La segunda –y sobre todo más preocupante–, lo que sentía por su altanera empleada no era odio o antipatía, era… Atracción. Sakura Kinomoto le gustaba y demasiado para su gusto.

Fin del Flash Back…

Se levantó de golpe de su cama. ¡Rayos! ¡Otra vez volvía había vuelto a recordar lo que había pasado con ella! ¿Cuánto tiempo más estaría así? ¡Llevaba en ese trance en lo que iba del día!

Pensando a cada minuto en Kinomoto y en lo que habría sucedido si ella no lo hubiera detenido.

¡Santo cielo! ¡Qué locura habría cometido! Un acto del que habría arrepentido después.

Está bien que ella sea todo lo hermosa que quisiera, con esos ojos del color de las esmeraldas adornados con esas tupidas pestañas y sus labios tan apetitosos que…

Se dio un golpe en la frente con su mano. ¡Qué estaba pensando! Debía parar con esto pero… ¡YA!

El tanto escuchar las "grandes hazañas" de su amigo Eriol con alguna de sus conquistas le había afectado el cerebelo. Y ahora que recordaba, hace mucho que no había estado con una mujer en… situaciones de "esa índole". Se quiso estrujar las sienes con sus manos. No era para nada sano pensar incesantemente en lo bien que se había sentido besando a su empleada. ¡NO SEÑOR! Debía de una buena vez por todas olvidarse de lo sucedido. Por su bien y el de su salud mental.

Sin embargo, estaba el hecho que la joven con la que estuvo en esa situación tan "comprometedora" trabajaba para él, es más la veía todos los días. Y hablando de la aludida, ésta no se había aparecido hoy como de costumbre a emprender sus labores.

-¿Y que querías?- escuchó que dijo una vocecita en su cabeza.- ¿Qué apareciera en tu oficina para retomar lo que dejaron pendiente?

-No, pero…- se respondió a sí mismo en su mente dudando por un instante.- No es para que falte, ¿o sí?

-¿Qué no es para que falte?- preguntó nuevamente la voz y se escuchaba indignada.- ¿Eres tonto o te haces? Tú que eres hombre no puedes dejar de pensar en lo sucedido y ella que es mujer… ¿Acaso crees que está bailando conga de la felicidad como si nada hubiera pasado?- esto lo dijo con sarcasmo.- ¿Cómo si todos los días terminara encerrada con su jefe en el elevador y se besaran con frenesí?

-Bueno, tienes razón.- se contestó algo avergonzado.

-¡Por supuesto que tengo razón!- exclamó la vocecita.- Ahora, debes buscarla y aclarar este asunto.

-¡Qué!- gritó el ambarino pero con voz real.- ¡Yo no pienso ir a buscarla!

-¿Acaso crees que ella te vendrá a buscar a ti?- dijo por última vez la voz.- No seas cobarde y da la cara. Muy hombrecito para besarla, ¿no? Pues bien, pórtate como tal. Un Li jamás huye de sus problemas y siempre afronta las consecuencias de sus actos.

Esas palabras resonaron una y otra vez en su cabeza. Era verdad, un Li jamás huía de las adversidades, por más difíciles que estas parecieran. Siempre afrontaba lo malo y se hacía responsable de sus actos.

Tenía que hablar cara a cara con Sakura Kinomoto. Aclarar, de una buena vez por todas, este asunto y como sabía que ella jamás se aparecería en oficina para hablar del tema (y menos a su casa), él mismo debía ir a su encuentro. Y no podía seguir esperando un minuto más. Por suerte, él tenía todo las hojas de vida en su portátil, por lo que no sería difícil ubicar la dirección de ella.

En menos de quince minutos arreglaría este problema que lo tenía tan distraído y preocupado. Si ni pudo dormir bien en toda la noche por divagar en lo sucedido. Pensando en lo que pudo pasar si ella no lo hubiera detenido.

De repente su cuerpo empezó a elevar su temperatura. Demasiado calor se acumulaba en algunas "partes" de su cuerpo.

-Pero primero, una ducha.- se le escuchó decir mientras avanzaba hasta el baño de su recámara.- Con agua helada.

o-OoºoOoºoO-o

Se había bajado en la parada de autobuses cercano al lugar y ahora caminaba buscando la dirección que había anotado en el papelito que tenía entre sus manos.

Hace aproximadamente una media hora, el fastidioso de su hermano había llamado a la casa pidiéndole que recogiera a sus sobrinos que estaban en casa de una compañera. Al inicio, no le hizo caso y hasta le colgó el teléfono, pero después la llamó su cuñada y le pidió amablemente si podía recoger a los mellizos. No se pudo negar.

Bueno, por lo menos, ya no se sentía tan mal como en la mañana. Se puede decir que la visita de Tomoyo en la tarde había ayudado bastante. Le confesó todo lo que la aquejaba y el "incidente" en el ascensor con su ex jefe, ayer en la noche.

¡Ni que decir del rostro que puso la amatista cuando se lo contó! ¡Tenía la mandíbula por los suelos!

Por suerte, no le salió con una bromita de mal gusto o algún comentario con doble sentido (y ella se lo agradecía). Sin embargo, la sorprendió de sobremanera cuando le dijo que presentía desde hace mucho que algo iba a pasar entre Li y ella. Demasiada "antipatía" entre ellos era muy peligrosa.

También, le aconsejó que no tenga miedo de lo que podía llegar a sentir por su ex jefe. No era pecado desear a un hombre como Shaoran Li. Y le causó gracia cuando le escuchó decir: "La carne es débil, amiga, y tú no eres de piedra".

Ahora ya no se sentía tan avergonzada como antes, pero de algo estaba segura, no sería capaz de verle la cara aún al presidente de "L&H" en un buen tiempo. Por suerte, ya no trabajaba en el mismo lugar que él.

Llegó a una enorme reja cuando vio la dirección, y la verificó con la del papel entre sus manos, tocó el timbre. Había una camarita mirándola desde arriba. Una voz al otro lado dijo: -Buenas noches, ¿en qué puedo ayudarla?

-Buenas.- saludó amablemente Sakura con una sonrisa.- Me llamo Sakura Kinomoto y vengo a recoger a mis sobrinos. Ellos llegaron aquí por la tarde acompañando a su compañera de escuela. Sus nombres son Nakuru y Yue.

-Un momento, por favor.- respondió la voz. Después de unos minutos dijo: -La información fue verificada. Adelante.

-Eh… gracias.- sólo pronunció la castaña antes de que la gigantesca reja se abriera. Caminó a paso ligero por el sendero de piedra, que supuso llevaba a la puerta principal. Y cuando por fin pudo ver una fuente de mármol y un enorme portón detrás de unas columnas (después de pasar por el jardín y una especie de laguna), respiró tranquila. El lugar era gigantesco y por un momento pensó que podía llegar a perderse. Esta mansión le recordaba mucho a la de su amiga Tomoyo. Aunque la casa de la aludida no era tan grande como ésta.

En la entrada vislumbró a un anciano hombre vestido con ropas elegantes –se dio cuenta que era el mayordomo–, quien la saludó con una inclinación.

-Muy buenas noches, señorita. Gusto en conocerla.- se le escuchó decir al anciano de cabellos canos.

-Buenas noches, señor.- contestó la esmeralda sonriendo y haciendo una reverencia.- Igualmente.

-Usted debe ser familiar de los amigos de la señorita Rei, ¿no es cierto?- se le escuchó decir al hombre con una sonrisa afable.

-Sí.- afirmó la joven mujer.- Me llamo Sakura Kinomoto y soy su tía. Su madre, mi cuñada, me dijo que venga a recogerlos, porque le salió un imprevisto.

-Entiendo. Adelante, por favor.- hizo un ademán invitando a pasar a la muchacha al recibidor.-Espere aquí. Voy a avisarles a sus sobrinos que vinieron por ellos.- añadió cuando ya estuvieron allí.

-Claro.- ultimó Sakura asintiendo con la cabeza. Cuando el mayordomo subió las escaleras y se perdió de vista, la ojiverde permaneció allí parada en ese espacio. Miraba curiosamente todo a su alrededor. La casa era verdaderamente muy hermosa. Escuchó unas voces provenir de cerca al corredor.

-¡Hola Sak!- saludó efusivamente una voz chillona mientras se levantaba su mano y la sacudía.- Veo que ya te sientes mejor. Oye, pensé que mamá vendría a recogernos.

-Buenas noches, tía.- saludó educadamente el peli plateado con una reverencia.

-Ese era el plan original.- comentó con una sonrisa la esmeralda.- Pero, le salió un imprevisto y me pidió de favor que viniera por ustedes.

-¡Oh, pero que maleducada soy!- exclamó Nakuru cuando volteó a ver a su amiga.- Voy a hacer las respectivas presentaciones.- hizo un ademán señalando a la ojiverde.- Rei, ella es mi tía Sakura.- miró a la castaña.- Sak, ella es Rei, compañera de la escuela y mi mejor amiga.

Por un momento se quedó observando a la muchachita en su silla de ruedas. Notó que tenía un rostro muy angelical y unos ojos de un color gris hermoso. Sonrió ampliamente.

-Ya veo, tú eres la famosa Rei, de quien mi sobrina habla tanto.- hizo una reverencia la aludida.- Un gusto en conocerte.

-El gusto es mío.- sonrió tímidamente la chica Li. La mujer le pareció muy linda.

La hermana de Touya se volteó a sus sobrinos y le dijo:- Bueno, chicos, es hora de irnos.- miró a la de cabellos negros.- Gracias por todo y espero que no te hayan causado problemas. De Yue lo dudo, pero de Nakuru…

-¡Sak!- protestó ofendida la aludida haciendo reír a los presentes, salvo al joven que permaneció sin ninguna expresión en su rostro. Después cuando todos se calmaron, la de cabellos marrones comentó: -Saku, Rei dijo que nos invitaba a cenar antes de que tú vinieras, pero no sé que opinas.

-Sí, es verdad.- interrumpió la nieta de Ieran asintiendo.- Si quieren pueden quedarse a cenar con mi papá y conmigo. Wei me dijo que hoy llegó temprano a casa y ya iba a bajar.

-Porfis, porfis, porfis, porfis.- rogaba la hija de Touya con ojos de cachorrito y las palmas de las manos unidas.- Quedémonos a cenar. Tiene una mesa enorme, ¡tienes que verla!

-No debemos incomodar.- contestó la mejor amiga de Tomoyo mirando reprobatoriamente a su sobrina.- Además, su madre ya debe haber llegado a la casa y ha de estar preparando la cena.

-Ya pues…- volvió a rogar la melliza de Yue.- Sólo será un ratito.- hizo un ademán juntando su índice y su pulgar.- No seas malita.

Ya estaba por decirle que no insista cuando una voz ronca interrumpió: -Hija, voy a salir un momento.

A Sakura le resultó un tanto familiar escucharla. Por instinto miró hacia las escaleras y cuando notó de quien se trataba se quedó helada. Allí descendiendo majestuosamente por uno de los escalones de la gran mansión, estaba la persona que en la vida se le ocurriría encontrar precisamente en esa casa. El ser por el cual no pudo pegar el ojo en toda la noche debido a que recordaba una y otra vez lo sucedido con él en el ascensor, su adorado tormento, el hombre por el que sentía una atracción peligrosa: Shaoran Li.

Una súplica se formo en su mente: "Dios, dime que te he hecho para que me trates así. Es demasiada coincidencia que estas cosas sólo me pasen a mí."

Continuará…

NOTAS DE LA AUTORA: ¡Hola, hola! ¡Qué tal! Espero que mejor que yo. Primero lo primero, haré la pregunta del millón: ¿Díganme si no estuvo infartante este capítulo en particular? Si no les pareció así, ya saben DEJEN UN REVIEW y me cuentan su opinión ;)

Antes de que me olvide debo decir que este episodio se lo dedico a una lectora que gracias a su comentario me sacó de la depre en la que entré (entiéndase sin musa de la inspiración y sin ganas de escribir) y además por motivo de su onomástico: ¡FELIZ CUMPLEAÑOS SAYURI NOA! Este cap. va para ti como regalo de cumpleaños XD. Sé que me lo pediste para el 15 de diciembre, pero me emocioné tanto que no podía parar de escribir y me salieron ¡23 hojas! Hasta ahora mi mayor record de redacción. Miró el reloj de mi PC y son 5 minutos para las 0 horas, por lo que sí lo acabé a tiempo. Perdón si lo encuentras hoy viernes 16, pero como sabrás no tengo internet en casa ¬¬ y créeme que a esta hora es imposible que vaya a una cabina. Pero lo que cuenta es la intención, ¿no? Más vale tarde que nunca, espero que te haya gustado tu regalo y, valga la redundancia, espero también un review tuyo (pobre de ti si no lo encuentro jajaja).

Para las que dudaban de si iba a haber beso, les digo… =P. Jojolete, en mis planes tenía esta escena pensada desde un principio. Y miren que lo puse por partida doble (visto desde el punto de vista de cada protagonista).

Por fin se develó el misterio de cómo sube Rei a su habitación (Espero que tu duda se haya disipado Sayuri Noa). Muchas le atinaron con sus posibles hipótesis (¿si o no Endri-Chan, Sui-AliRs?). Ojalá que se haya entendido la descripción del "pequeño" hogar de la menor de los Li y no las haya mareado con tanto detalle. Si no entendieron mucho, le simplifico la vida diciéndole que me inspiré para escribir esa parte en las mansiones de Joon Pyo de Boys Over Flowers y la de Hye Na de My Fair Lady (ambos son dramas coreanos nwn). Vimos que Sakura y Rei ya se conocieron y no se cayeron para nada mal. Pero no se crean, eh, recuerden que a Rei más a adelante no le simpatizará en absoluto y una serie de interesantes hechos sucederán. Muajajaja (risa malévola XD).

Bueno me dispongo a describir mis clásicos asteriscos del mal:

*El 1ero es sobre la frase: "En este mundo no existen las coincidencias, solamente puede haber lo inevitable". Todas las que hemos visto la serie o leído el manga sabemos que este dicho es obviamente de nuestro querido Eriol.

**El 2do es referente a las muñecas de "Vis cuí", pues bien, con ese nombre también se les conoce a las muñecas de porcelana. Como yo no quería estar repite y repite como loro: muñecas de porcelana por todo lado, busqué un sinónimo y lo puse.

***El 3ero es sobre el control de "CLICK". No se vieron la película del mismo nombre (Adam Sandler sale como protagonista), pero allí había un control universal capaz de manejar con algunos botoncitos todo a tu alrededor, adelantar o retroceder el tiempo, etc. Me pareció divertido compararlo con el control de la recámara de Rei. (Y hablando de ello: ¡YO QUIERO UN CUARTO ASÍ! Aunque cambiaría el rosa de los muros por el lila pero ¡igual!… jajajaja).

Les mando saluditos a las lindas niñas que me dejaron sus comments en el capítulo anterior y vaya que el número de lectoras aumentó (mil gracias por ello):

amu824, rebeca26, Endri-Chan, Nanitayi-Li (dos veces!), Sui-AliRs, Ceciali, SakuMarhi, Paola-chan95 (nueva lectora, que emoción!), , Joyce chiba, Sakura Li, Sayuri Noa, Emiko-hime (otra nueva lectora, gracias por tu review!).

¡GRACIAS MUCHACHAS!

Por cierto, he notado que no sólo me han escrito halagos en mi buzón de reviews, sino también recomendaciones. Antes de que piensen que me voy a molestar, sólo les diré a estas chicas: Gracias. No saben lo agradecida que estoy por recordarme que soy un ser humano que se equivoca y que no es perfecto, por hacer que mis pies se mantengan pisando tierra y no crean que me enojé o indigné cuando leí que me criticaron diciendo que pongo muchos adjetivos calificativos, entre otras cositas que confunden. En verdad, reconozco que así es. Pero que puedo hacer, de alguna u otra manera es mi estilo de redacción. Un poco burdo a veces, pero es mi sello personal.

Yo sé muy bien que estoy empezando con esto de escribir. Vamos, tengo apenas ¡17 años! Y a mi opinión no me considero una verdadera escritora. Es más, creo que ¡soy un desastre como tal! Jajajaja. Sin embargo, mis desastres parecen gustarle a las que lo leen y cuando veo en mi bandeja de entrada que tengo un nuevo review o mis historias fueron agregadas a favoritas, alerta, etc.; no saben la alegría y emoción que me embarga. Me siento dichosa.

Trataré de mejorar mis errores, pero no les prometo nada, eh. Por más que uno le agarra la maña, después no hay como soltarse de ella jajajaja.

Ya saben, críticas (constructivas), comentarios, dudas, tomatazos, jalones de moño, correos bomba, virus cibernéticos (atención Sayuri Noa jajajaja)… Todito todo: DEJANDO UN REVIEW =D.

Bueno, definitivamente me pasé con este testamento (mucho más que en ocasiones anteriores). Sin nada más que agregar o decir, me despido mandándole besos de chocolate.

¡Sayonara!

PD: La próxima semana toca actualización del capítulo IV de "Hombres al borde un colapso nervioso", por lo que estaré publicando el capítulo XI de este fanfic la semana posterior a ésta (recuerden que se los dije en el cap. anterior). ¡Nos leemos en el siguiente episodio!

"LOS COMENTARIOS DE LOS LECTORES SON UN GRAN ALIENTO PARA LOS ESCRITORES"