"PELIGRO: UNA ADOLESCENTE EN CASA"
FanFic inspirado en personajes del anime Card Captor Sakura de propiedad intelectual del grupo CLAMP.
CAPÍTULO XIII: "Confesiones sinceras"
-¡Qué vergüenza!- exclamó una voz femenina mientras se reía junto a su acompañante.- ¿Viste la cara que puso cuando le dijiste que queríamos entrar? Creo que pensó que estábamos bromeando.- el otro soltó una sonora risotada.- Hasta ahora esto es lo más bochornoso que hecho y te lo debo a ti.
-No puedes culparme, dulce Tomoyo.- comentó con una sonrisa divertida el hombre.- Es el parque de diversiones, todo se vale y uno puede elegir subirse al juego que más le apetezca.
-Exacto, pero también debes tener en cuenta que hay ciertas edades límites para algunos, como por ejemplo ese.- replicó la muchacha en tono sabiondo.- Mira que ¿querer que subamos al "gusanito"?, ¿no crees que ya estamos bastante grandecitos para eso?
-¿Me lo dice la bella dama que hizo que subiéramos al carrusel?- preguntó audaz pero en tono relajado Eriol Hiragizawa. La chica Daidouji hizo un mohín.
-Ya te expliqué por qué lo hice.- respondió la aludida con autosuficiencia.
-Sí, ya sé, estabas molesta conmigo porque no te dije lo de mi socio y del alguna u otra manera querías hacerme pagar.- contestó el otro con una sonrisa.
-Suena muy cruel si lo dices así.- añadió ella cruzándose de brazos. El ojiazul amplió su sonrisa.- Además, aún sigo molesta. Me parece muy injusto que hasta ahora no me lo quieras decir. Pero también me da mucho que pensar.
-¿Te da que pensar?- preguntó el moreno con un brillo enigmático en sus ojos.
-Así es.- confirmó la de tez pálida con una sonrisa misteriosa.- El hecho de que no quieras decirme nada sólo confirma las sospechas que tengo.
El varón no se pronunció al respecto y, más bien, sólo atinó a esperar que su interlocutora continúe. No sucedió lo que esperaba. Más bien, la hermosa muchacha se separó de él, regalándole una sonrisa fugaz, y caminó sin rumbo aparente.
Eriol con un semblante algo pensativo, la quedó mirando desconcertado por unos segundos y antes de perderla de vista entre la multitud, la siguió.
Llegaron hasta donde estaba ubicada la "rueda de la fortuna" y luego de entregar los boletos, subieron a ella en un profundo silencio, el cual siguió reinando durante un buen lapso de tiempo. Ambos estaban sentados frente a frente, y aunque Tomoyo se encontraba tranquilamente admirando el paisaje por una de las ventanas, parecía no tener intenciones de querer hablar con él.
A Eriol se le desencajó el rostro por completo, pero posteriormente no pudo evitar sonreír. Ya debería haberse acostumbrado. La mujer frente a él no era como las demás. En absoluto. Tomoyo era única y actuaba de una manera…, como decirlo, muy interesante. Demasiado interesante. Y eso era lo que más le encantaba de ella.
Cuando ella llegó a trabajar a la empresa, se quedó prendido de su belleza, era la mujer más hermosa que había visto en su vida. No desaprovechó la oportunidad y la invitó a salir –pensando que se saldría con la suya– pero no contó con que fuera rechazado sin precedentes. Eso fue como una bofetada en el rostro. Ninguna chica se había negado a salir con él, nunca. Todas siempre caían a la primera.
No tiró la toalla y lo intentó nuevamente. Fue en vano. Pensó que ella se estaba haciendo la interesante, por lo que no se dio por vencido y al día siguiente le propuso lo mismo. Obtuvo el resultado del día anterior, fue mandado a volar bien lejos.
Eso lo llenó de un "no sé qué" indescriptible y desde ese entonces se prometió algo: No descansaría hasta tenerla rendida a sus pies. Tomoyo Daidouji sería su reto personal y aunque parecía ser inmune a sus encantos, ella estaría con él. De todas maneras.
Desde esa fecha, iba todos los días a visitarla al piso donde trabajaba –el octavo– a proponerle lo mismo que el primer día. Y aunque ella siempre se le negaba con un "Gracias, pero no estoy interesada" cuando no estaba ocupada o un "Ya sabes la respuesta, así que no insistas" cuando sí lo estaba, él siguió haciéndolo. Nunca se rendía tan fácilmente, no sin antes dar la batalla.
Ya habían pasado varios meses desde entonces y aún no obtenía los resultados esperados. Tomoyo había sido la fémina que más se había resistido a él y la que más negativas le había dado.
Cuando ya estaba empezando a considerar rendirse y mejor optar por irse con al frente en alto, consiguió –por fin– sacarle una cita, no los dos solos como él hubiese querido, sino en parejas, pero era eso o nada. Y aunque después descubrió el porqué de su decisión, no le importó mucho. El hecho relevante era que todo su esfuerzo estaba rindiendo frutos. Ahora ella le mostraba más confianza y ya no lo mandaba a volar como antes, más bien conversaba con él y de vez en cuando le coqueteaba –sutilmente– pero lo hacía. Y eso sólo significaba una cosa, él ya no le era indiferente. Es más, podía afirmar sin equivocarse que Tomoyo se sentía atraída por él.
-¿No piensas decirme tus sospechas?- preguntó el peli azul dejando de cavilar en sus pensamientos.
-Ya te habías tardado más de la cuenta.- se le escuchó decir a ella sin mirarlo y dejando que unas sonrisa se pose en sus labios.- Nunca te habías demorado tanto preguntándome algo.- se volteó a verlo.
-Me dejaste un poco desconcertado con tu actitud, eso es todo.- contestó honestamente el aludido.- En verdad creí que me dirías que es lo que pensabas en ese momento, sin embargo, no lo hiciste. Ahora mi cabeza lucha por encontrar un posible porqué a tu comportamiento.
-¿Y lo encontraste?- interrogó ella mirándolo intensamente.
-Debo decir con cierto pesar que, no.- negó Eriol.- ¿Podrías decírmelo tú o es un secreto que no quisieras revelarme?
La aludida cruzó una de sus piernas y luego de sonreírle divertidamente, dijo simplemente Tomoyo: -Porque no serviría de nada. Diga lo que diga o haga lo que haga, de todos modos no me lo dirás. No tienes intenciones de hacerlo, o al menos es lo que noto. Sería demasiado tonto de mi parte el seguir insistiendo.
-¿Por qué afirmas con tanta seguridad que no te lo diré?- le preguntó el peli azul a la joven.
-Muy sencillo, Li es tu mejor amigo, es por ello que le debes cierta fidelidad.- la joven hizo una media sonrisa.- Algo a lo que la psicología llama: "Lealtad masculina".- el aludido levantó una ceja en signo de entender ni media palabra. Ella amplió su sonrisa.- Un comportamiento que siempre se hace presente en situaciones donde los hombres deben encubrir ciertos actos de los de su género, sobre todo aquellos que dejan mucho que desear.
-Sabes bastante sobre psicología, me refiero a la masculina.- comentó divertido Eriol.- O mejor dicho, sabes mucho sobre varones.
-No me considero una experta en el tema, pero puedo decir orgullosamente que sé lo suficiente como para saber tratarlos y poder cuidarme de ellos.- se le escuchó decir a la amatista con una sonrisa autosuficiente.
-¿Nos consideras peligrosos?- preguntó en tono divertido el de anteojos pero entrecerrando ligeramente sus ojos.
-En absoluto.- replicó ella sin borrar su sonrisa.- Ustedes me parecen mucho más inofensivos de lo que aparentan ser. Supuestamente son el "sexo fuerte", pero en realidad son mucho más frágiles y débiles que nosotras las mujeres.
-¿Hablas de los hombres en general?- preguntó esta vez Hiragizawa.
-Por supuesto que no, toda regla tiene su excepción.- añadió la chica Daidouji.- Pero si me refiero a la mayoría de ellos cuando lo digo.- lo miró fijamente sin parpadear.- Específicamente a aquellos que son como niños y luchan contra su complejo de "Peter Pan". No quieren crecer y mucho menos madurar, piensan que toda la vida serán jóvenes y por eso se dan el gusto de salir con cuanta mujer se les cruce en el camino. Creen que el resto del mundo es ingenuo en comparación con ellos, pero no saben que la cosa es al revés. Nunca dan un paso en falso, sin embargo son demasiado predecibles. Definitivamente, unos verdaderos tontos con disfraces de nobles e inteligentes caballeros.
El ojiazul arregló sus anteojos en un gesto indescriptible y luego preguntó: -¿Todo eso lo dices por alguien en particular?- era una pregunta casual pero a la vez suspicaz.
-No lo sé.- dijo la amatista después de soltar una pequeña risita.- ¿Tú sientes que de alguna manera aludí a alguna persona en especial?- le lanzó una mirada inquisidora.- ¿A alguien que quizás conozcas?
El otro no rompió el contacto visual, estaba analizando las palabras de su interlocutora (quien, se dio cuenta, le estaba preguntando indirectamente si se sentía aludido). Sonrió para sus adentros y luego negó lentamente con la cabeza.
La vio hacer una sonrisa de medio lado y después murmurar: -Lo supuse.
Eriol entrecerró ligeramente los ojos en un gesto enigmático y comentó: -Últimamente supones mucho. Me pregunto si todo lo que sospechas será cierto.
-Quizás.- replicó ella con una sonrisa.- Una nunca sabe.
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Un par de ojos azul cielo miraba por la ventana de su habitación sin fijarse en ningún punto en particular. Estaba más ocupado evocando el rostro de cierta joven con la que se había topado hace muy poco, "La dulce dama de la mirada melancólica", como la había nombrado al no conocer su nombre. Una hermosa mujer poseedora de unos hipnotizantes ojos esmeraldas.
Suspiró de sólo recordarla. Hace un par de horas que había sucedido ese encuentro, sin embargo no podía quitarse de la cabeza a esa muchacha. El sólo recordarla era un deleite para su mente.
Dio otro suspiro. Lástima que no pudo conversar más con ella y al menos sacarle su nombre. Aunque alguien tan linda como ella, sólo podría tener un nombre igual de lindo.
-¿Me pregunto si estará soltera?- comentó con una sonrisa. Se cacheteó mentalmente.- ¿Qué estás pensando?- se alejó de la ventana y caminó hasta su cama. Se sentó sobre ella.- No sabes si te la encontrarás alguna vez nuevamente y tú pensando si será "soltera".- soltó un suspiro.- Eres caso perdido.- se cruzó los brazos detrás de la cabeza y miró el techo.- Como me encantaría volver a verla.
Un timbre de celular interrumpió sus cavilaciones. Se levantó del lecho y cogió el móvil de la mesita de noche. Miró la pantalla. Puso los ojos en blanco cuando vio de quien se trataba y no pudo evitar suspirar.
-Hi, mom.- saludó él en inglés, contestando la llamada.- ¿How are you?
-Hola cariño, bien, ¿y tú?- le contestó la voz femenina en japonés, al otro lado de la línea.- Veo que ya llegaste. ¿Todo estuvo bien? ¿No hubo algún inconveniente?
-Llegue entero si es lo que te preocupa.- se le escuchó decir al joven en tono divertido. La escuchó reír.- Todo estuvo bien, salvo cuando el avión aterrizó. Perdieron mi equipaje pero después lo recuperaron. Es por eso que no me pude comunicar contigo antes. Pero descuida, estoy bien.
-¡¿Perdieron tu equipaje?!- exclamó preocupada la mujer.- No lo puedo creer, estos aeropuertos de hoy en día. Pero bueno, ¿dijiste que encontraron tus maletas? ¿Estaban todas tus cosas? ¿Todo?
-Sí, no se llevaron nada.- afirmó el sujeto con una sonrisa. Su progenitora se preocupaba demasiado por él.- Todo mi equipo estaba en la maleta. Mi cámara, las memorias, etc.
-Que bueno.- suspiró la última.- Dime, y ¿ya pudiste visitar a tu tía?
-Aún no, primero pensaba desempacar y arreglar todo por aquí.- respondió el muchacho.- Hay mucho por hacer y limpiar.
-Es verdad, el departamento estuvo deshabitado por largo tiempo.- dijo la mujer.- Desde que tu padre y yo fuimos contigo la última vez. Tenías 13 años, creo. Pero, bueno. Ya sabes, cuando te desocupes dale una visita a tu tía, estoy segura que se alegrará de verte. Al igual que tu prima. Ambas te quieren mucho.
-De acuerdo, mamá.- aceptó el hombre.- Mañana iré a verlas a primera hora.
-Eso me tranquiliza.- comentó aliviada la mujer al otro lado de la línea.- Bueno, ya me tengo que ir. Tu padre y yo vamos a salir. Cuídate mucho y come a tus horas, no quiero que regreses a casa tan delgado como cuando llegaste del Tíbet*. ¡Parecías un fideo!
El hombre comenzó a reír. Las exageraciones de su madre a veces eran muy graciosas.
-Sabes que por mi trabajo tengo que hacer ese tipo de sacrificios.- replicó el joven.- A veces me quedo en lugares donde no hay mucha comida, mamá.
-Sólo a ti se te antoja ser fotógrafo profesional en lugar de encargarte de los negocios de la familia.- se lamentó la mujer.- Pero, bueno, gracias a tu enorme talento eres uno de los mejores fotógrafos del mundo y eso nos llena de orgullo. No por algo eres el gran…
-OK, mamá, entendí a la perfección.- la interrumpió el aludido con una gotita en la nuca. Mejor era cortarle antes de que empiece el discurso de "Tú eres igual o mejor que Superman".- Oye, ¿Qué no ibas a salir con papá?
-¡Es verdad!- exclamó asustada la mujer al otro lado de la línea.- Casi se me olvida, gracias por recordármelo, cariño. Eres tan lindo. Bueno, ya me voy, aún no me he arreglado y tu padre ya no tarda en venir. Bye, bye. Hablamos luego.
-Adiós, mamá.- se despidió el hombre y después colgó. No pudo evitar suspirar. Su madre era única, a veces muy graciosa y a la vez ocurrente. Sin embargo, su cualidad principal era el ser preocupadiza, se preocupaba por todo y por todos. Pero más por él.
Se levantó de la cama y sonrió mirando a su alrededor.
Bien, era hora de empezar con la limpieza del lugar. Tenía que asear el departamento y arreglar sus cosas, además debía armar su estudio y todo eso antes de la cena. Estaba seguro que terminaría rendido con todo este trabajo, así no tendría ni fuerzas para preparar algo, por lo que mejor saldría a comer fuera. De paso recorrería la ciudad y sacaría algunas fotos. Hace años se hizo una promesa, que ni bien pisara suelo nipón fotografiaría la Torre de Tokio en su máximo esplendor, es decir con la oscuridad de la noche y las estrellas brillando como fondo.
-Muy bien.- dijo con una sonrisa.- Manos a la obra.
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Un Ferrari color azul disminuyó su velocidad estacionándose a un costado de la acera de una gran mansión, la casa de la familia Daidouji. Apagó sus luces dejando a ambos pasajeros del mismo en la penumbra de la oscuridad nocturna.
El hombre –que hace unos instantes había conducido– salió del auto para abrir la puerta del copiloto.
-Ya estamos en su hogar, hermosa dama.- dijo el varón en tono divertido mientras ofrecía su mano para escoltarla.- La traje sana y salva como se lo prometí.
-Gracias, noble caballero.- agradeció la aludida dándole la mano y siguiéndole el juego.- No debió haberse molestado, pero igual le agradezco la cortesía.
-Es lo menos que puedo hacer luego de haber disfrutado de su grata compañía.- contestó el hombre haciendo una exagerada reverencia.- Debo decirle, mi bella dama, que hoy me divertí mucho junto a usted.- ambos empezaron a reír.- Ya dejando la broma de lado, en verdad, me divertí mucho contigo, Tomoyo.
-Lo mismo digo, Eriol.- respondió la amatista con una dulce sonrisa.- Hace mucho que no iba a un parque de diversiones, la última vez que fui cuando tenía doce años, así ya te harás una idea.
-Es bueno saberlo, a ver si la próxima vez volvemos a ir.- comentó Hiragizawa.
-¿Qué te hace pensar que habrá una próxima vez?- preguntó la chica Daidouji levantando una de sus finas cejas.
Vio a su interlocutor desconcertarse por completo y luego susurrar inaudiblemente "Otra vez volveremos al principio". Rió para sus adentros. Como le encantaba ponerlo en aprietos. Se divertiría un poco haciéndolo sufrir por no contarle nada de lo de Li. Sí, señores, Tomoyo Daidouji también tenía su lado vengativo. Pero nunca lo comenten.
-Según ambos sabemos esta cita se debió para cumplir mi parte del trato.- añadió la joven en tono diplomático.- Trato en el que acordaste darme la tarde libre del día lunes para ver a mi amiga a cambio de una salida juntos. Bien, como yo ya cumplí con lo que me hiciste prometer, no encuentro motivos para que volvamos a salir, ¿no lo crees?
-No.- negó el aludido mirándola fijamente.- Y no lo entiendo, tú en el "Moon Sweet" me dijiste que salías conmigo para ayudar a que mi socio y tu amiga estén juntos. Eso aún no se ha logrado y creo que no deberíamos inmiscuirnos, pero muy aparte de todo ese asunto. ¿Por qué ahora no quieres que continuemos saliendo?
-Yo nunca te dije eso.- interrumpió Tomoyo algo ofendida. Ya se le habían quitado las ganas de fastidiarlo en cuanto el pronunció lo anterior. ¿Por quién la estaba tomando?- Yo sólo te dije que tenía mis motivos y no recuerdo habértelos explicado. En cuanto a lo que hay entre mi amiga y tu amigo, yo no lo inicié y mucho menos tuve que ver para ellos se gustasen.- hizo una pausa.- Cuando te pedí salir en parejas, sí tenía la intención de que Sakura conozca a alguien, se divierta, que se desestrese y se olvide del trabajo que la estaba volviendo loca, pero nunca me imaginé que tú llevarías precisamente al encargado de que ella esté tan estresada últimamente, es decir al señor Li. Se me pasó por la cabeza. Sí, lo admito, pero supuse que cuando se lo propondrías, él te mandaría volar bien lejos. Ahora, ¿yo que iba a saber que tú no tendrías más amigos a 30 kilómetros a la redonda?- Eriol iba a interrumpirla, pero ella no lo dejó.- Es por eso que me indigna que pienses que ando inmiscuyéndome en asuntos que no me competen cuando no es así. Y ¿te puedo pedir algo?, nunca afirmes nada de lo que no eres consciente. En verdad te lo agradecería muchísimo.- dicho esto último se dispuso a entrar en su casa lo más pronto posible.
-Espera Tomoyo.- la detuvo el peli azul cogiéndola del brazo.- Discúlpame, no quise ofenderte con mi comentario. Ahora me doy cuenta de que entendí todo mal. De alguna manera me adelanté a los hechos. Pero aún así aún no me quieres decir por qué saliste conmigo.- Tomoyo iba a protestar, pero el ojiazul continuó.- Sin embargo, está bien. Nunca voy a obligarte a hacer algo que no quieras y eso incluye decir cosas que no deseas.
-Es bueno saberlo.- dijo irónica la aludida, zafándose.- No me obligarás a nada pero si vas a pensar lo peor de mí cuando se te antoje. No sabes el alivio que me hace escucharte decir eso.
-Hablo en serio, Tomoyo.- continuó el varón cogiéndola del hombro. Ella se deshizo del agarre.- No te pongas así.
-¿Y qué quieres que haga?- preguntó la amatista con el rostro serio.- ¿Que me ponga a reír después de lo que acabo escucharte decir sobre mí?- el otro no quiso contestar.- Pues lamento decepcionarte si esperabas eso, porque no puedo, no me gusta ser hipócrita. Es una de las cosas que más odio en esta vida. Y si tanto querías saber por qué salí contigo, pues bien, te lo diré si eso te hace "feliz".
-No tienes que hacerlo si no quieres.- intervino el aludido.
-Descuida, no es secreto de estado.- se le escuchó decir a la chica Daidouji en tono sarcástico.
Eriol miró al cielo rogando por paciencia. ¿Cuándo se volvió Tomoyo tan sarcástica con él?
La amatista lo miró fijamente y pensó detenidamente sus palabras antes de responderle. Tampoco le diría que tenía cierto interés en él, porque sería como ponérsele en charola de plata con moño incluido. Así que tendría que usar el plan B, una solución algo drástica pero muy efectiva: terminar con el jueguito que ambos empezaron y no volverlo a ver hasta el final de los tiempos.
Sí, definitivamente era la mejor opción o dentro de muy poco se habría terminado enamorando de él –ya era demasiado con que la atracción sea recíproca– y además, tipos como Eriol Hiragizawa sólo buscaban chicas para pasar el rato, o la noche –en la mayoría de los casos– y ella no estaba para eso. Está bien que él sea todo lo apuesto y atractivo que quiera, pero más que todo era un mujeriego con el ego del tamaño de la Torre Eiffel, que hacía uso de las cualidades físicas que Dios y el gimnasio le dieron para seducir mujeres y llevárselas a la cama.
Completamente opuesto a su prototipo de hombre. ¿Cuál era ese? Pues, no era como todas las mujeres nos lo imaginamos –el clásico príncipe azul con cientos de cualidades encima y ningún defecto–, sino más bien un simple mortal al que no se le salgan los ojos cada vez que vea una minifalda con un par de piernas adorándola, que sea honrado y trabajador, que esté buscando una relación seria a futuro, pero sobre todo uno que la ame verdaderamente por quien era y no por lo que es, entiéndase esto último como la futura heredera de la magnate en cadenas de jugueterías de toda China y Japón, Sonomi Daidouji.
¿Era mucho pedir? Estaba segura de que no. Es por ello que debía parar con esto ya, antes de que llegue demasiado lejos. Y ustedes saben a lo que me refiero.
Suspiró mentalmente. Bien, al mal paso darle prisa.
-Lo hice para que me dejes en paz.- dijo por fin con semblante firme. Era muy buena actuando, no por algo fue la mejor de su clase de arte dramático.- Llevas intentando sacarme una cita durante meses, desde que llegué a la empresa siendo más específica, y ya me estaba cansando de tus acosos matutinos.- Eriol levantó una ceja en señal de incredulidad. ¿Él la acosaba?- Pensé que si salía contigo estarías tranquilo y me dejarías de fastidiar de una vez por todas, sin embargo, luego llegué a la conclusión de que no te conformarías con eso. Es por ello que te puse la condición de que sea en parejas, con más gente mirándonos serías incapaz de hacer algo.- hizo una pausa.- Con respecto a esta cita, como ya te lo he repetido hasta el cansancio, cumplí con mi parte, así que fin del trato, ¿de acuerdo?
Pasaron bastantes segundos y cuando parecía que la lengua del ojiazul se la había comido el gato, Eriol habló: -Me doy cuenta que no te gusta deberle nada a nadie, ¿verdad?
-Así es.- confirmó la de tez pálida.- Me gusta saldar mis cuentas siempre, ¿por qué?
-Es bueno escucharte decir eso.- dijo el de gafas con una sonrisa divertida y un brillo enigmático en sus azules ojos.- Porque ahora tienes que pagarme lo que me debes.
-¿Lo que te debo?- preguntó perpleja la muchacha.- Yo no recuerdo deberte nada.
-En eso te equivocas.- replicó el aludido.- Me debes algo desde hace buen tiempo, así que creo que llegó el momento de cobrarlo. Y con intereses.
-No sé de qué estás hablando, yo no te deb...- Tomoyo no pudo completar la frase porque Eriol la había cogido de su talle, pegándola a su figura, plantándole un tierno beso. Ella no pudo evitar sorprenderse –segundos en donde se quedó como piedra–, pero luego reaccionó e intentó separarse empujándolo con sus brazos. Eso provocó que el varón la estreche más contra su cuerpo e intensifique el contacto entre sus labios. Ya no era un beso tierno sino uno apasionado. Verdaderamente apasionado.
Siguió luchando por zafarse, pero poco a poco se fue olvidando de intentarlo y sintió como sus párpados se cerraban. Sin darse cuenta ya le estaba respondiendo tímidamente.
El hombre se dio cuenta de ello y casi salta de la felicidad. ¡Tomoyo le estaba correspondiendo!
Hace un momento pensaba desistir de continuar con el beso entre ambos (al ver los intentos furtivos de ella por separarse de él), pero con esta respuesta ni loco lo hacía. No cuando por fin después de tantos intentos lo lograba. La siguió besando con vehemencia y luego se abrió paso entre su boca para explorar en su interior. La sintió temblar entre sus brazos. Continuó con su tarea aún más animado.
¿Saben algo?, era la primera vez que probaba por primera vez los labios de Tomoyo y ya parecía haberse vuelto adicto a ellos. No quería separarse de ella, era como si su existencia dependiera de ello. Por un momento sintió algo extraño en su interior. Era una cálida sensación de absoluta plenitud, como si ya no necesitara nada más en la vida.
Y entonces lo comprendió –sería un verdadero tonto sino lo hacía– pero era un alivio saberlo o, en todo caso, confirmarlo. Se había enamorado de Tomoyo Daidouji.
¿Cómo pasó? Ni idea. Aunque algo en su interior ya se lo decía desde hace un buen tiempo y él le hacía oídos sordos. Además, nunca había sentido tanto interés por una mujer en particular –podía tener las que quisiera sólo chasqueando los dedos– y mucho menos había insistido tanto en salir con alguien como sí le había pasado con ella.
Bueno, al menos él podía hacer alarde de darse cuenta muy rápido de las cosas que otros no veían –muchísimo antes– y no como el despistadote ese de su mejor amigo, quien aún no se daba cuenta de lo que realmente sentía por Kinomoto y pensaba que sólo era una atracción. Shaoran seguía siendo un distraído de lo peor; cuando lo conoció era igual.
Quien lo diría, él "enamorado"… ¡Ja! Estaba seguro de que antes hubiera pagado lo que fuera por verlo. Sin embargo, también estaba que, antes no conocía lo que se sentía. No sabía lo feliz que se podía ser. Sonrió aún besándola y dejó el contacto apasionado para pasar luego a uno como el del principio, más dulce y tierno. La escuchó soltar un suspiro.
Pero como el oxígeno puede ser un enemigo mortal del ser humano cuando está a punto de terminarse en los pulmones de éstos, tuvieron que separarse. De muy mala gana.
Ambos se quedaron mirando sin decirse nada, con los rostros aún a milímetros el uno al otro, sus corazones latiendo a mil por hora y él aún rodeando la cintura de la joven. Los dos parecían haber nacidos mudos, por lo que el silencio sepulcral siguió rondando en el espacio. Sólo se escuchaban sus respirares entrecortados.
La muchacha fue la que dijo algo primero: -Con que eso era lo que te debía.
El otro no dijo nada. Estaba demasiado embobado viendo el hermoso rostro de la joven y perdiéndose en la mirada amatista. Cuando su cerebro pudo volver formular una idea o frase coherente contestó: -Sí.
-Nunca antes le había debido a alguien un beso.- añadió Tomoyo mirándolo fijamente.
-¿Nunca?- preguntó Eriol desviando su vista a los labios de la amatista para luego volver a mirarla fijamente. La aludida negó levemente con la cabeza.- Claro.
-Oye.- lo llamó la de tez pálida, aún sin separarse ni un centímetro.- Ese fue el beso que te debía, es decir, ¿con los intereses incluidos?
El aludido asintió con la cabeza. Por el rostro de la amatista se hizo visible la desilusión. Hiragizawa no pudo evitar sonreír.- ¿Quieres que me vuelva a cobrar?- preguntó en tono divertido.
La notó sonrojarse ante la pregunta de su parte y no pudo evitar sonreír de medio lado.
-No lo hagas si no quieres.- se le escuchó decir a la aludida con el rostro ruborizado y un dejo de enojo.
Tampoco podía sonar como desesperada porque la bese. Aunque pensándolo bien, así parecía.
-Mejor olvídalo.- dijo rompiendo el contacto visual y alejándose de su figura.- Bien, ya me tengo que ir. Es muy tarde y…- ya no pudo terminar porque alguien atrapó sus labios de sorpresa y la tomó su cintura de un tirón. Sonrió en sus adentros (había conseguido lo que quería) y se dejó llevar por el mar de sensaciones que experimentaba en ese momento. Besar a Eriol era como caminar descalza por las nubes.
-Me gustas.- se le escuchó decir al peli azul aún besando los labios de la muchacha y cogiendo con sus grandes manos su rostro.- Y mucho.- le dio un corto beso y luego la miró fijamente.- Además, creo que me he enamorado de ti.
-¿Solamente lo crees?- preguntó ella mirándolo intensamente y sin parpadear. Algo dentro de su corazón quería escucharlo decir algo mucho más específico.
El otro la volvió a besar y luego contestó: -No, tienes razón, no lo creo.
Ella por un momento se sintió morir ante esas palabras. Le dolía pensar que él jugara de esa manera con sus sentimientos. ¿Por qué? Allí estaba lo interesante. La creerán algo loca por lo que les iba a decir, más aún después de haberles dado el psicoanálisis completito de su interlocutor y definido su prospecto de hombre (que era todo lo opuesto al ojiazul), sin embargo era la pura verdad: se había enamorado de Eriol Hiragizawa.
¿Desde cuándo? Ni siquiera lo sabía, tal vez fue desde que lo vio o en el trayecto de sus visitas por su oficina (eran muchos meses de por medio), pero estaba segura de que no estaba alucinando, no con los besos que recibía de parte de él.
-Estoy enamorado de ti.- dijo por fin. La amatista abrió sus ojos desmesuradamente. ¿Eriol le había dicho que estaba enamorado de ella o su mente le estaba haciendo una jugarreta retorcida sólo para torturarla?
-¿Cómo dices?- susurró aún pasmada la de tez pálida.- ¿Podrías repetirlo?- el aludido sonrió de forma divertida.- ¡No te burles de mí!- exclamó ella abochornada.- Es que me suena imposible de creer lo que me estás diciendo.
-Pues créelo.- comentó el de lentes.- Porque estoy total y perdidamente enamorado de ti, Tomoyo Daidouji. Lo estuve desde el primer momento en que te vi y ahora lo puedo confirmar. Después de haber besado los labios más dulces que he probado en toda mi vida y que espero no dejar de probar. Y ¿sabes?, ya no me importa si sueno extremadamente cursi por decírtelo, pero es así.- tomó sus delicadas manos y les besó el dorso a cada una.- Es por ello que me voy a tomar el atrevimiento de preguntarte algo, ¿estás tú enamorada de mí, como yo lo estoy de…- no completó la frase porque la muchacha había sellado sus labios con los suyos.
Cuando se terminaron de besar, él dijo en son de broma: -¿Eso es un sí?
-¿Tú qué crees?- replicó la amatista.- ¿Que ando saludando a mis amigos de beso en la boca cada vez que los veo?
-Yo sólo espero que no.- comentó Hiragizawa.- Porque entonces tendré que golpearlos, a mi novia sólo la puedo besar yo.
-¿Novia?- respondió Tomoyo aún sin creer lo que escuchaba.- ¿Quieres que yo sea tu novia?
-No si no lo deseas.- se le escuchó decir al moreno.- Ya te dije que no pienso obligarte a hacer algo que no quieras.
-¿Y besarme a la fuerza no es obligarme a hacer algo que no quiero?- interrogó audaz la chica Daidouji.
-No.- negó el otro inmediatamente.- Yo sólo cobré lo que me debías, así que no lo puedes considerar dentro de ese rubro.
-Para todo tienes la respuesta precisa, ¿no?- replicó la muchacha ladeando su cabeza.
-En eso nos parecemos.- sonrió el aludido. Tomoyo hizo un mohín. Él amplió su sonrisa.- Aún no me has respondido, ¿quieres ser mi novia?
-Mmmm… no lo sé.- dijo dudosa la amatista.- ¿Será bueno?- bromeó. Eriol puso rostro serio. Ella soltó una pequeña risita para luego agregar.- Sí quiero, tonto.
-Como te encanta hacerme sufrir, ¿verdad?- se le escuchó decir al ojiazul en tono "ofendido".
-En eso nos parecemos.- respondió la mejor amiga de Sakura con una dulce sonrisa. Le dio un beso corto para después añadir.- Ya debo entrar. Mi madre debe de haber llegado y estará esperándome para cenar.
-Claro.- dijo el otro con una sonrisa triste.- ¿Nos vemos mañana?
-Obviamente.- replicó la amatista en tono divertido.- Trabajamos en la misma empresa, ¿recuerdas?- Eriol quiso cachetearse allí mismo por no haberse acordado.- Hasta mañana.
-Hasta mañana.- se despidió Hiragizawa. La muchacha ya estaba alejándose de él cuando se le ocurrió volverla a coger sorpresivamente y le estampó un beso.- No pensabas que te ibas a ir sin despedirte de mí adecuadamente, ¿o sí?
-No.- negó ella con una sonrisa soñadora y luego soltó una risita.- Hasta mañana.- Le volvió a dar otro corto beso y después entró a su casa.
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-¿Entonces así quedamos?- se le escuchó decir a una voz femenina. Su interlocutora al otro lado de la línea habló.- Sí, no te preocupes, mañana te llevo lo que me pediste. Lo tengo todo guardado en el sótano. Si lo dejaba en mi habitación, mis padres o Yuyú lo habrían encontrado.- escuchó la puerta principal abrirse y cerrarse.- Alguien vino, tengo que colgar, después hablamos, ¿sí?- susurró.- O mejor nos vemos mañana en la escuela y te llevo todo.- la voz al otro lado de la línea le contestó.- Sí, sí, sí. OK., cambio y fuera.- colgó la bocina del teléfono.
Vio pasar por el corredor a una silueta, a quien reconoció como su tía Sakura, y luego subir apresuradamente las escaleras. Se quedó mirando muy extrañada el lugar por donde se había ido. Su tía nunca entraba a la casa sin saludar a nadie y mucho menos a ella o su mamá.
-Qué raro.- murmuró Nakuru con gesto pensativo.- ¿No me habrá visto?- ladeó su cabeza y alzó los hombros en señal de suponerlo.
Se levantó del sillón donde había estado conversando con su amiga Rei por teléfono, rumbo a la cocina. Traía una sonrisa de oreja a oreja por lo que harían mañana. Por fin su amiga se había decidido a llevar el plan que ella había ideado, el Plan "BALA".
Un par de horas después de salir del colegio, Rei la llamó, le dijo que necesitaba que la ayudara a conseguir las cosas de la lista que le dio. Ella se sorprendió muchísimo cuando la escuchó y hasta pensó que estaba soñando –se tuvo que dar un pellizco para averiguarlo– pero después notó que no alucinaba, Rei hablaba en serio. Muy en serio. Casi pega un grito de pura felicidad cuando su mejor amiga se lo impidió. Un "No hagas un escándalo o me olvido de que eres mi amiga" puede callar a cualquiera.
Cuando terminaron de charlar, ella se fue rapidito a conseguir todo lo que le pidió, al menos lo de las cinco primeras, y los escondió en el sótano. Al inicio pensó en la cochera, pero se acordó que su papá se iba todos los días al hospital en auto, así que era muy probable que encontrara las cajas y diera el grito en el cielo cuando viera que había en el interior. Por eso el sótano era una mejor opción.
-¿Quién era, hija?- dijo Kaho volteándose a verla. Estaba terminando de preparar la cena.- Escuché la puerta abrirse.
-Era Sak.- respondió la muchacha mientras se recostaba en el filo de la puerta.- Pero subió muy a prisa hasta su cuarto. Ni me saludó.
-Seguro hoy tuvo un día pesado.- comentó la esposa de Touya.- Debe estar cansada y sólo quiere dormir.
-Seguro.- suspiró la chica Kinomoto.
-¿Que quería tu amiga Rei?- interrogó la mujer pelirroja.- Cuando preguntó por ti se oía ansiosa.
Nakuru se sobresaltó un poco y no pudo evitar pasar saliva.
-Ehm… pues.- balbuceó algo nerviosa. ¿Ahora qué le diría para despistarla?- Me llamó para preguntarme sobre….- una buena idea se le vino a la mente.-…una tarea de la escuela.- dijo rápidamente.- Sí, es que hoy el profesor de matemáticas dejó unos ejercicios muy complicados. Yo a las justas los entendí y pues, a ella también le resultan algo difíciles de resolver.
-¿Y para cuando es esa tarea?- preguntó la nuera de Fujitaka Kinomoto.- Porque si todavía tienen tiempo, dile que venga mañana a la casa o vayan a la suya, tu hermano le podría explicar. Ya sabes que es muy bueno en esa materia.
-Yuyú es bueno en todo lo que hace, ma.- "Y Rei también" iba a completar la de cabellos marrones, sin embargo se le ocurrió algo mejor. Sonrió ampliamente.- ¿Sabes?, es una buena idea, mami. Mañana, después de clases, iré con Yuyú a verla.
-Pero pregúntale si puede.- comentó Kaho apagando las hornillas de la cocina.- A lo mejor tiene que otras cosas que hacer y no debes importunar.
-Descuida, ma, Rei no tiene nada importante que hacer a parte de su tarea.- sonrió Nakuru.- Y otras cosas muy interesantes.- pensó con una sonrisita maliciosa.
-Entonces no hay problema. Mañana pueden ir a verla.- sonrió afablemente la madre de Yue.- Ayúdame poniendo la mesa, hija, mientras yo sirvo.- le pidió.
-Claro, ma.- afirmó la aludida acercándose a la mesa a poner los cubiertos. Arregló todo lo más rápido posible.- Listo.
-Gracias, cariño.- agradeció su madre.- Ahora hazme un último favor, llévale esto a Sakura.- le entregó la bandeja con la cena.- Lo más probable es que no baje, así que dáselo y dile que se lo coma, no puede dormirse sin comer algo. Después vienes y comemos juntas. Ya sabes que hoy tu hermano llega tarde y tu padre, también.
-Tienes razón, los del club de piano salen a las ocho y mi pa no llega hasta las diez.- contestó la muchachita.- Bueno, ya vengo, ma.
Subió los escalones, camino a la habitación de la hermana de su padre. Cuando llegó, encontró al pequeño Kero rasguñando la puerta del cuarto de su tía.
-¿Qué pasa Kerokero?- le preguntó al felino.- ¿No puedes entrar a la recámara de Sakura?
-Miau.- maulló el minino, como afirmando sus suposiciones. Nakuru no pudo evitar sonreír y luego tocó la puerta con su pie. Escuchó un débil "pasa".- Lo haríamos si pudiéramos, Sak. Kerokero es muy pequeño para llegar hasta la perilla y yo traigo las manos ocupadas.
Vio la puerta de la recámara abrirse y a su tía en pijama. Traía el cabello mojado, por lo que se dio cuenta se había bañado hace poco.
-Toma.- le dijo entregándola la bandeja con comida.- Te lo manda mi ma, dice que te lo comas porque no es bueno irse a la cama con el estómago vacío.
-Gracias.- agradeció la castaña cogiendo la bandeja.- A ti y a tu mamá, no debieron haberse molestado.- intentó regalarle una sonrisa pero le salió una mueca forzada. Nakuru lo notó.
-¿Te sucede algo?- preguntó la melliza de Yue.- Es que te noto diferente. No lo sé, es extraño pero como que estás algo triste, ¿no? O ¿es mi imaginación?
-¿Triste, yo?- resopló como si hubiera dicho una locura.- Definitivamente, es tu imaginación.- asintió la esmeralda con una amplia sonrisa. Sonrisa que no llegaba a sus ojos.- Lo que tengo yo es cansancio, nada más. El trabajo me tiene muy estresada.- su interlocutora la escrudiñó con la mirada. A leguas se notaba que su sobrina no le creía nadita.- ¿Y ya cenaste?- intentó cambiar el tema. La aludida negó con la cabeza.- Pues deberías bajar o Kaho se molestara conmigo después por andar reteniéndote y haciendo que no comas a tus horas.
-Con la que se va a molestar es con otra si es que no ve que se comió todo lo que le dio.- comentó la hija de Touya. Decidió pasar por alto el cambio de tema. A Sakura le brotó una enorme gota en la nuca.
-Bueno, vengo más tarde a recogerla.- señaló con la mirada la bandeja.
-No te preocupes, cuando termine, yo misma la llevo.- dijo la mejor amiga de Tomoyo entrando a su cuarto.- Gracias, de nuevo.- y después cerró.
Dejó la bandeja a un lado de la cómoda –no tenía hambre– y luego se sentó frente a su tocador. Se quedó mirando frente a su espejo.
-Te ves terrible.- le dijo a su reflejo.- Y todo por una tontería.- soltó un largo suspiro y ocultó su cara entre sus brazos. Se acomodó mejor quedando de tal forma con su cabeza recostada de lado sobre sus brazos. No pudo evitar mirar las hermosas rosas que había puesto en el florero y las que hace poco había recibido. Todas las imágenes de hace un par de horas se le vinieron a la mente.
Inicio del Flash Back…
Caminaba sin rumbo fijo por las aglomeradas calles. Llevaba horas en ese estado, tanto que ya le estaban doliendo un poco los pies por andar sin molestarse a descansar, sin embargo no tenía intenciones de parar. Caminar la hacía sentir mucho mejor, podía pensar con calma y disfrutar de la compañía de la soledad. Algo contraproducente pero cierto.
Miró a su alrededor, las luces fosforescentes de los edificios, establecimientos, tiendas, entre otros locales, empezaban a encenderse porque la noche hacía por fin notar su presencia y la luna le seguía los pasos. Siguió caminando más al norte y pudo vislumbrar la enorme Torre de Tokio. Tan brillante y colosal. Una verdadera belleza para la retina humana. Sin querer se quedó mirándola por largo rato. Estaba en una excelente posición, por lo que se podía decir que tenía una vista panorámica del monumento.
Un flash interrumpió su momento de paz visual. Rápidamente se volteó hasta el costado de donde vino el sonido y sólo encontró a un sujeto con una cámara fotográfica en las manos.
-Discúlpame.- escuchó decir al tipo.- Es que no me pude resistir. Tu rostro mirando la Torre, la luz de la luna iluminándote de forma mágica, el viento moviendo tu cabello… todo era perfecto para inmortalizarlo en una fotografía.
Ella lo miró extrañada. ¿Qué clase de explicación era esa?
Abrazó con fuerza el folder que traía en sus brazos y disimuladamente se fue alejando del hombre, quien sabe si era algún enfermo mental o secuestrador de mujeres. Ninguna persona le tomaba foto a otra sólo porque se veía "perfecta para inmortalizarla". ¡Claro que no! Como dice el refrán: "A otro perro con ese hueso". Ella era a veces ingenua pero no estúpida.
Siguió retrocediendo y ya estaba por echarse a correr a la cuenta de tres lo más lejos posible, cuando pisó mal y cayó sentada sobre la acera. Vio al sujeto acercarse hasta su posición.- ¡No se acerque!- le gritó.
-Pero si yo sólo quiero...- lo oyó decir, ya junto a ella.
-¡Le dije que no se me acerque!- exclamó la castaña interrumpiéndolo. Lo vio poner cara de no entender nada.- ¿Acaso piensa que me voy a creer eso de que me tomó una foto sólo porque quiso? ¡Ja! Ninguna persona le toma una fotografía a una completa desconocida sólo porque se ve "perfecta para inmortalizarla". Yo no me trago eso. Lo que usted tiene son otras intenciones y sino se aleja de mí ahora mismo, gritaré lo más fuerte posible y llamaré a la policía. Se lo juro.
-¿Terminaste?- lo escuchó decir con una sonrisa divertida. ¿Encima de querer hacerle sabe Dios que cosas, se burlaba de ella?- En primera, no soy algún pervertido que secuestra mujeres después tomarles una foto (si es lo que estás pensando) y en segunda, nosotros si nos conocemos, no de la forma adecuada (con presentaciones y todo eso), pero sí nos conocemos.
Sakura lo miró como si le hubiese hablado en idioma marciano o algo por el estilo. ¿Qué ya se conocían? ¿De dónde que no se acordaba?
-¿Ya no te acuerdas?- le preguntó él.- Soy el americano con quien te topaste hoy por la tarde, el que te hizo botar tu folder.- le señaló con la mirada la carpeta que ella seguía estrechando.
OK., definitivamente, este sujeto no era un desquiciado como ella pensaba, ¡era un demente! Ella no conocía a ningún americano con el que se haya tropezado hoy por la tar…
La imagen que un hombre de cabello castaño oscuro y ojos azul cielo se le vino a la mente. Miró al tipo frente a ella y lo comparó con el de sus recuerdos. Abrió los ojos como platos, eran el mismo. Se sonrojó hasta la orejas. Lo escuchó reírse.
-¿Por fin recordaste?- le preguntó él sin borrar su sonrisa y extendiéndole su mano para ayudarla a levantarse. Ella asintió con la cabeza aún abochornada.- Hoy cuando nos topamos no tuvimos la oportunidad de presentarnos. Me llamo Derek Taylor, mucho gusto…
-Sakura.- dijo ella avergonzada limpiándose el vestido.- Sakura Kinomoto.- quería enterrar su cabeza en el suelo, misma avestruz, por haber confundido al amable chico que le ayudó a recoger sus cosas hoy en la tarde, cuando por su torpeza las tiró.
-Tienes un lindo nombre cuyo significado es "cereza".- comentó el rubio con una sonrisa.- Es más, hay un árbol que da las flores de sakura o también llamadas flores de cerezo aquí en Japón, ¿cierto?
-Sí, ¿cómo lo sabe?- interrogó la aludida.- Dijo que no sabía mucho de nuestras costumbres o eso fue lo que entendí.
-No es que no sepa mucho, como podría siendo mi madre japonesa y habiendo vivido una temporada de mi adolescencia en este país, sino que se me olvidan.- comentó el varón rascándose la cabeza y con una gotita en la nuca.- Además, por mi carrera ando viajando por todo sitio y me es imposible memorizar las costumbres de cada uno.
-¿Y usted es…- intentó preguntar la castaña. ¿Él le había dicho que era?
-Fotógrafo.- contestó el varón alzando la cámara que le colgaba del cuello.- Fotógrafo profesional, a eso me dedico.
-Claro.- dijo la joven con ganas de tirarse una cachetada a sí misma.- Por eso trae la cámara.- el hombre le sonrió afablemente.- Perdón por haberle gritado, así como una loca y todo eso, pero es que me asustó, pensé que era algún maniaco o un enfermo con malas intenciones. Lo siento.
-Descuida, ya me ha pasado antes.- respondió Derek con una sonrisa.- En Francia, hubo una ocasión en la que les tomé una foto a unos niños jugando en el parque. Las madres de estos me vieron, pensaron que era un secuestrador y llamaron a la policía. Esa fue mi primera noche en una comisaría.
-¿La primera?- se sorprendió Sakura.- ¿Quiere decir que hubo otras posteriores a esa?
Taylor asintió con la cabeza.- Pero no me trates de usted, me hace sentir viejo. Y eso que aún tengo 28.- soltó una risa.- Tutéame, con confianza.
-De acuerdo.- aceptó la muchacha.- Derek.- mencionó su nombre.- ¿Entonces dices que antes ya te han pasado cosas así?
-Sí, pero todas han sido en otros países.- comentó.- Ésta es la primera vez que me sucede en Japón.- Sakura se sonrojó a más no poder.- Supongo que se me avecina algo muy bueno.
-¿Por qué lo dices?- preguntó la castaña.
-Es que después de cada incidente, siempre me llueven contratos de trabajo.- respondió él.- Así que supongo que ahora será igual.
-Claro.- dijo ella intentando hacer una sonrisa pero no le salió muy bien. Sin haberse dado cuenta ya estaba caminando con el antes desconocido fotógrafo. Miró instintivamente arriba, ya estaba entrada la noche. Las estrellas brillaban iluminando el oscuro cielo.
-¿Sucede algo?- preguntó el americano.- ¿Ya tienes que irte?
-No.- negó la aludida moviendo la cabeza.- No es eso.- el joven lo miró expectante.- Es que llevo horas caminando y me están doliendo la piernas.
-Me parece que por aquí vi unas bancas libres.- dijo el hombre mirando a su alrededor.- Sí, allí están.- las señaló.- Sentémonos un rato para que descanses y de paso seguimos conversando, ¿te parece?
-Bueno.- sólo dijo la castaña. Caminaron hasta allí y luego se sentaron. Era un completo alivio para sus pies.- Dijiste que eras americano, pues hablas muy bien el japonés.- comentó haciéndole una especie de cumplido. Él sonrió ampliamente.- ¿Y cuánto llevas en la ciudad?- preguntó para no quedarse callada.
-Este es mi primer día.- contestó el varón.- Llegué hoy en la mañana.
-¿Tienes familia aquí?- preguntó esta vez la ojiverde.
-Sí.- confirmó el aludido.- Una tía y una prima, para ser más preciso.
-¿Y estás viviendo con ellas?- interrogó. Luego notó lo que estaba haciendo.- Discúlpame, pensarás que soy una entrometida por preguntarte eso.
-No hay problema.- se le escuchó decir a Taylor.- Y en respuesta a tu pregunta, no, no vivo con ellas, me estoy quedando en el departamento que era de mis padres. Estuvo por años deshabitado así que tuve que asear un poco.- le sonrió ampliamente.- Está muy cerca de aquí. Es por eso que aproveché y vine para tomar unas cuantas fotografías a la Torre.
-Y a las desconocidas, deberías agregar.- bromeó ella. Se había olvidado un rato de su conversación con Li y lo mal que resultó. Derek empezó a reír.
-Sí, también eso.- afirmó él sin borrar su sonrisa.
-¿Y qué te trae por aquí?- le preguntó Sakura.- Familia, trabajo, novia…
-De las que mencionaste, las dos primeras.- respondió.- Novia no tengo. Por mi profesión me es casi imposible, pero no le cierro las puertas al amor. Además, estoy seguro de que si me llego a enamorar de verdad sería capaz de dejar mi vida sin lugar fijo y quedarme para siempre con la persona que amara.
-¿Viajas mucho?- interrogó la esmeralda algo curiosa.
-Bastante.- confirmó el americano.- Es por eso que tengo el orgullo de decir que me he paseado por casi todo el mundo.
-Sorprendente.- comentó Sakura y después ya no agregó más. No quería que pensara que era una preguntona.
-¿Y qué me dices de ti?- dijo Taylor rompiendo el incómodo silencio.- ¿A qué te dedicas?
-Soy periodista.- sólo contestó ella.- Columnista de una revista muy conocida en el país.- lo escuchó reírse. Frunció el ceño.- ¿Dije algo gracioso?
-No.- negó él aún riendo. Lo vio intentar calmarse.- ¿Es que, me puedes creer que pensé que eras modelo?
Ella alzó ambas cejas en signo de desconcierto. ¿Ella modelo? ¿Era un chiste, cierto?
-Sí, es que por tu lindo rostro y figura supuse que eras alguna modelo de por aquí.- añadió el hombre. Ella no pudo evitar sonrojarse.- ¿De verdad no eres modelo?- la aludida negó con la cabeza.- Pues estás perdiendo dinero, querida Sakura, porque créeme cuando te digo que tienes todo lo que se necesita para serlo.
Ella ya iba a decirle no lo diga ni en broma porque después se lo terminaría por creer, cuando un niño –que se paró enfrente de ambos– la interrumpió. Traía unas cuantas rosas en una canasta que colgaba de su brazo.
-¿No quiere comprarle una rosa a su novia, señor?- lo escuchó preguntarle a su acompañante.- Son las últimas que me quedan.
Ella se sonrojó misma cereza y Derek sólo atinó a sonreír. ¿Acaso él sonreía hasta en momentos como éste?
-¿Cómo te llamas?- lo escuchó preguntarle.
-Yuzo.- contestó el niño.- Yuzo Ishimara, señor.
-Pues, mucho gusto en conocerte, Yuzo.- lo saludó el americano.- Pero creo que ha habido un error, esta hermosa dama que ves aquí a mi costado no es mi novia.- aclaró.- Aunque no me importaría si lo fuera, ¿verdad que es muy linda?- el muchacho asintió con la cabeza. La castaña no sabía que hacer. Por un lado, se sentía realmente abochornada por el malentendido que se había ocasionado y por otro, quería sonreír ante la actitud tan amable de Derek para corregir al niño. No hizo ninguno de los dos.
-Sin embargo, no porque no lo sea, no significa que no le pueda comprar flores, ¿a qué no?- añadió el hombre. El niño negó con la cabeza.- Dime, Yuzo, ¿cuánto cuesta cada una?- preguntó mirando el cesto.
-Diez yenes, señor.- contestó el muchacho.
-¿Cuántas me darías si te doy esto?- se le escuchó decir a Taylor entregándole un billete. El niño abrió sus ojos y boca exageradamente.
Sakura al principio no entendió, pero luego cuando vio el monto también se sorprendió. Derek le estaba dando al niño un billete de 100 dólares. Y si sus cálculos matemáticos no le fallaban, eso en yenes era bastante dinero.
-Todas las que me quedan y hasta le saldría debiendo, señor.- dijo el muchacho aún estupefacto.
-Bien, entonces dame todas las rosas que tengas.- pidió amablemente el americano.- Y dejaré que te quedes con el cambio, siempre y cuando me prometas que no lo despilfarrarás en cosas que dañen tus dientes o tus ojos después, ¿de acuerdo?
-Cuente con ello, señor.- respondió emocionado el niño entregándole las flores de su canasta.
-Gracias.- agradeció el hombre y le entregó el dinero.
-Gracias a usted, señor.- dijo el niño haciendo una exagerada reverencia y luego se retiró dando saltitos de felicidad.
-Toma, son para ti.- lo escuchó decir entregándole las rosas.
-No puedo aceptarlas.- dijo ella negándose.
-¿Por qué?- interrogó desconcertado el varón. Luego puso cara de entender lo que pasaba.- ¡Ah, claro! No puedes recibir nada de nadie que no sea tu novio, ¿cierto?- dijo comprensivamente.- Descuida, entiendo, y más bien discúlpame por haberte incomodado.
-Yo no tengo novio.- replicó rápidamente Sakura y en tono algo molesto.- Así que no es por eso.
-Entonces, ¿por qué no puedes aceptarlas?- preguntó Taylor curioso.
-No es correcto que yo las acepte, las compraste tú, con tu dinero, por lo tanto son tuyas.- dijo por fin ella.- Te costaron muy caro.
-Sí, lo sé, pero el dinero es lo de menos. Va y viene siempre. Además, yo quiero obsequiártelas.- insistió el americano.- ¿Hay algo de malo en eso?- le preguntó. La castaña negó con la cabeza.- ¿Lo ves? Acéptalas.
Ella soltó un suspiro.
-Gracias.- sólo dijo recibiendo las rosas.- Son muy lindas.- las olió.- Y huelen muy bien.
-No son tan bonitas como quien las recibe pero al menos sí son dignas de ti.- comentó Derek con una sonrisa.
Sakura se sonrojó ligeramente ante el cumplido e intentó sonreírle también, sin embargo no pudo. Parecía haber olvidado cómo hacerlo.
-¿Ya cenaste?- le escuchó preguntarle.- Porque si no, podemos comer algo. Creo que vi un restaurante muy cerca de aquí y la comida que servían se veía realmente deliciosa. ¿Qué dices? ¿Cenamos juntos?
-No es necesario.- dijo la esmeralda.- No tengo hambre.
Un fuerte gruñido se escuchó. Sakura abrió desmesuradamente sus ojos y Derek sólo atinó a sonreír ampliamente.
-¿Estás segura de que no tienes hambre?- lo escuchó decirle en tono divertido.- Porque tu estómago no parece decir lo mismo.- La aludida se sonrojó a más no poder.
-Este…, bueno, yo…- balbuceó. Un nuevo rugido se escuchó. ¡Qué estómago para más inoportuno!
-Solo será un ratito. Chiquitito.- se le escuchó decir al americano haciendo un ademán con sus dedos índice y pulgar.- Anda, di que sí.- ella aún no se convencía.- No lo tomes como si fuera algo sentimental, ni nada de eso. No.- lo vio negar con la cabeza.- Considéralo más bien una cena entre dos personas que recién se están conociendo y quizá puedan llegar a ser grandes amigos.- le sonrió afablemente.- ¿Qué dices?
-Está bien, pero que sea sólo un ratito.- dijo ella aceptando.- Porque ya debo volver a casa.
-Prometido.- respondió el sin borrar su sonrisa. Definitivamente, el sonreír estaba en su naturaleza. Nunca dejaba de hacerlo.
Fin del Flash Back…
Y tal y como prometió, estuvieron sólo un rato conversando. Debía admitir que Derek era bastante amable y educado. Todo el trascurso de la cena estuvo muy atento con ella preguntándole si deseaba algo más de comer. Sí, él fue el que pagó. Claro, no sin antes haber tenido que "discutir", porque ella no quería que haga eso. Recién se conocían y no le parecía correcto que él invite todo. Pero al final él se salió con la suya y la hizo prometer que a la próxima ella podía invitar. Ese chico era bastante peculiar y para todo sonreía. Era extremadamente risueño.
Cogió el pequeño pedazo de papel que estaba junto a las flores y lo leyó. Estaba escrito el nombre y apellido de él, seguido de su teléfono móvil. No pudo evitar sonreír de medio lado. Recordó lo que le dijo cuando se la dio.
Inicio de Flash Back…
-Aquí están mis datos para que puedas contactarme, quien sabe si nos volvamos a encontrar después.- había dicho él antes de despedirse y entregándole un pedazo de papel con sus datos.- Disculpa la simpleza, pero es que aún no he sacado tarjetas de presentación con la dirección de aquí, como recién llegué hoy. Pero cuando las saque serás la primera a la que se lo daré para que le des el visto bueno.
-Claro.- sólo contestó ella.
Fin del Flash Back…
Abrió los ojos como platos, para luego golpearse la frente con la palma de su mano. ¿Cómo se le pudo haber pasado?
-Eres una descuidada de lo peor, Sakura.- se dijo a sí misma.- ¿Cómo se te pudo olvidar haberle dado tu teléfono también?- soltó un suspiro.- Ahora tendrás que llamarlo disculpándote por ser tan distraída.- alzó la vista hasta el celular que estaba sobre su cama.
Se levantó de su asiento y lo cogió entre sus manos. Lo quedó mirando por largos minutos.- ¿Será bueno llamarlo ahora?- preguntó indecisa. Miró el reloj sobre la mesita de noche. Eran las ya las 8 de la noche.- ¿Y si está ocupado?- siguió diciendo mientras se debatía en llamarlo o no.- ¿Qué hago Kero?- le preguntó al gatito que estaba echado sobre su cama.
Éste alzó su pequeña cabecita y la quedó mirando unos segundos para volverse a acurrucar sobre el lecho.
-Si que eres de mucha ayuda.- le dijo irónica. Puso semblante serio.- ¿Qué hago?- susurró. Se quedó mirando por largo rato la nada.- Lo voy a llamar.- dijo decidida. Agarró la tarjetita y marcó el número escrito en ella. Ya estaba por marcar el botoncito verde para que la llamada se procese cuando marcó el rojo diciendo.- Mejor mañana.- y luego dejó el teléfono sobre la cómoda.
Sí, mañana era la mejor opción. Y hablando del día que se vendría, este ya no sería como los anteriores. Por supuesto que no. Sería diferente, demasiado diferente. Y no sólo por el hecho de que hoy sucedieron muchas cosas que definirían este y los posteriores, sino porque tenía que ver a Li sola y exclusivamente como su jefe. Debía olvidarse de que le gustaba, porque ambos ya habían aclarado las cosas. Sin embargo, no podía evitar que muchas preguntas arremolinen su cabeza.
¿Qué pasará cuando le vuelva a ver la cara mañana? ¿Se hablarían, no se hablarían? ¿Se mirarían, no se mirarían? ¿Se sentiría extraña o nerviosa cerca de él, o sería como si nada hubiera pasado?
Soltó un suspiro. Ni ella misma sabía cómo reaccionaría. Podía decir infinidad de cosas que haría cuando lo vea, sin embargo, a la hora de la hora, si se acordaría de ello.
Lo mejor era dormirse ya, mañana debía levantarse temprano porque tenía muchas cosas que hacer. Sobre todo a la hora del almuerzo. Le preguntaría a Tomoyo si la podía acompañar, le gustaría una segunda opinión.
¿Para qué? Pues, para ir a ver algunos de los departamentos de los folletos que le dio su amiga. Ya los estuvo revisando ni bien llegó a la casa y varios llamaron su atención. Muy pronto, si Dios así lo quería, estaría estrenando apartamento nuevo. Llegó la hora de hacer cambios en su vida. ¿Si no los hacía hoy, entonces cuando?
Continuará…
NOTAS DE LA AUTORA: ¡Hola niñas! Por fin un nuevo capítulo listo. Bien, en primera debo disculparme porque sé que llegó algo tarde (¿Algo?) ¬¬' Bueno, llegó MUY tarde. Pero el hecho es que ya está aquí y creo que eso es lo que cuenta. Recuerden que les prometí actualizarlo siempre (ya sea a tiempo o con retrasos), pero no lo dejaré inconcluso. Eso denlo por hecho.
Los motivos de mi tardanza ya ni los explicaré (me saldrían otras veinte hojas sólo haciéndolo ¬¬), por lo que mejor olvidémoslo, pero si les interesa saber, lo encontrarán en las notas de autora del penúltimo capítulo de "Hombres al borde de un colapso nervioso".
Ahora me gustaría decir que este capítulo de lo dedico a una linda lectora que me dejó un review que me animó cuando anduve sin nada de inspiración: Sui-AiRls. Gracias por haberme escrito ^-^ ¡Me animaste como no tienes idea!
Y siguiendo con mis supernotas, explicaré el asterisco que coloqué:
*Este es sobre el "Tibet". Bien, para las que desconocen el nombrecito de este lugar, el Tibet es una región del suroeste de China y se caracteriza por estar rodeado por las cordilleras más altas del planeta (según lo que leí en Wikipedia n.n). Y me pareció perfecto para mencionarlo como el lugar a donde viajó el nuevo personaje que incorporé y del cual regresó muy delgado.
Bien, debo decir que este capítulo estuvo más T&E que S&S (y eso que Shao ni apareció), pero no se preocupen que de aquí en adelante las historia se centrará en nuestra pareja principal, sí habrá más T&E pero de vez en cuando. Por lo pronto le voy adelantando que se vienen muchas sorpresas y noticias de lo sucedido con el Plan "BALA". Así que se reirán un rato con las diabluras que tengo preparadas para Ieran, wuajajaja -risa malévola con fondo maquiavélico-.
Por cierto, también por fin di a conocer al desconocido con quien se topó Saku en el cap. pasado, Derek Taylor (un nombre muy común en Norteamérica) y a que vino, asuntos de trabajo y familia. Y hablando de ello, es mitad japonés, por lo que tiene una tía y una prima allí. ¿Quiénes serán? Se irán de espalda cuando se enteren, aunque creo muchas lo adivinarán ni bien lo lean T.T, pero sino en el próximo lo sabrán =D.
También se enterarán de lo que pasará con la odiosa de Lya y el asunto del beso (la van a querer matar por lo que acaba de hacer), Shaoran al parecer se meterá en un enorme problema y Meilin hará aparición poniendo de vuelta y media a nuestros protagonistas. Rei se divertirá un rato haciendo patalear a su abue, sin embargo, alguien le dice algo que puede que la haga desistir que continuar con el plan (¿Le hará caso?). ¡Ah! Y un nuevo empleado llega a trabajar a "L&H".
Esto y mucho más, en el próximo episodio de su telenove…, perdón, en su fanfic favorito "PELIGRO: Una adolescente en casa" (jajajaja, me salió como anuncio televisivo XD). Así que no pueden perderse el siguiente capítulo, porque estará de candela. Eso es una promesa.
Ahora continúo y les mando mis más sinceros saludos a las niñas que me dejaron sus reviews el episodio anterior. Hoy no tengo tiempo para responderle sus comments como quisiera, pero igual las mencionaré para que no piensen que me he olvidado de ustedes:
MaríaLi0113
Nanitayi-Li
Emiko-Hime
Didi
Sakura Li
Ceciali
rebeca26
Sayuri Noa
bebeli
Endri-Chan92
PiroNeko
Sasha Kinoli
leoni tao91
sakuritamoon70
Paola-Chan95
Nathi
Neko lila
SoffiGaby
Klaudia-de-Malfoy
Sui-AiRls
aome1896
katha4792
Pao
¡MIL GRACIAS MUCHACHAS!
Y si me olvidé de alguien, mil disculpas pero se me acaba el tiempo.
Sin nada más que decir o agregar, me despido, no sin antes mandarles un besotote de chocolate y pidiéndoles que se cuiden.
¡Sayonara!
PD: Siguiente actualización: "Hombres al borde de un colapso nervioso", capítulo final. Estará bomba =D
PD2: ¡DEJEN REVIEW, PLEASE! Jajaja, Ahora sí me voy. XP
"LOS COMENTARIOS DE LOS LECTORES SON UN GRAN ALIENTO PARA LOS ESCRITORES"
