Emily Williams se despertaba cada mañana con el sonido de la tetera. Con el sonido de aquella tetera de color amarillento, regalo de boda para sus padres, quienes al parecer se negaban a seguir adelante y a modernizarse. Su padre preparaba te para el y su madre, también el desayuno para la pelirroja y compartían los pocos minutos familiares que sus apretadas agendas les dejaban disfrutar. Se daba una ducha, se vestía y colocaba en su sitio la cabina de policía. La verdad es que Emily ya había olvidado cuando le habían regalado esa cabina, sabia que no tenia ningún significado pero aun con todo esto sus padres seguían guardándola, decían que era importante, y como siempre que preguntaba el por que nadie la respondía, acabo por aceptarlo.

Observaba la caja azul, le daba un par de vueltas e intentaba cada mañana entrañar si tenía algún misterio que alegrara su vida de adolescente pelirroja. Pero no, fuera de la capacidad de cambiar de lugar todas las noches, cosa motivada por la no menos pelirroja Amelia Williams, esa cabina era normal y corriente. Aquello enfadaba a una pelirroja que había dejado de creer en cuentos de hadas, en mágicos centuriones y princesas. Bajo las escaleras como de costumbre y se encontró con su padre quien ya estaba sentado y jugueteando con su taza de te. Su madre por otro lado ojeaba el periódico local mientras se paseaba de un lado al otro de la habitación. Era tremendamente inquieta. Tomo como de costumbre su asiento y miro a su padre.

–Vaya -Dijo- Al parecer hoy desayuno folletos de universidad...

–A mi no me mires -Dijo con cierta inocencia- Debe de ser cosa del doctor

–Siempre es cosa del doctor -Añadió Amelia desde la lejanía-.

Sobre la mesa se esparcían por lo menos cincuenta folletos de universidades. Y desde hacía unas semanas al parecer, su dieta se había limitado a folletos de papel. Siempre que iba a tomar asiento en la mesa del comedor, se encontraba con folletos, y es que quedaba nada para tener que tomar la decisión y Emily no sabía todavía a cual quería ir, ni que quería estudiar... Estaba perdida, pero las presiones de su padre no ayudaban demasiado. Emily creía que su padre hacia todo aquello por que esperaba con ansia que le diera la noticia de que iba a estudiar medicina. Pero a Emily no le gustaba eso de confiar todo a los doctores. Resoplo con fuerza y recogió los folletos de la mesa ante la atenta mirada de sus padres.

–No, todavía no he decidido nada y si... Se que el verano se esta acabando

–¿Entonces a que esperas? -Pregunto Rory ahora si con seriedad-.

–No se, un milagro... No se que quiero hacer con mi vida... -Dijo- Lo único que se, es que hoy me espera un día en la biblioteca, prometo pensar...

¿Iba a hacerlo? Seguramente no. Últimamente pasaba mucho tiempo en la biblioteca, no por trabajo sino por que consideraba que era el único lugar tranquilo de aquel pequeño pueblo escoces. Un pueblo de casas iguales, gente que te conoce perfectamente y se sabe todas tus costumbres... Además allí había aire acondicionado. Se pasaba las mañanas encerrada en aquel lugar, rodeada de libros por que ansiaba encontrar algo que la hiciera despertar. Sabia eso de que los adolescente estaban perdidos, pero no pensaba que fuera de aquel modo. Quedaban escasas semanas para que el verano se acabara, para que tuviera que afrontar su entrada a la universidad y empezar a rellenar solicitudes. Pero aun no tenía nada claro.

A veces se encontraba a si misma pensando ¿Donde esta el doctor cuando una lo necesita? Pero solía sacarse de inmediato aquellos infantiles pensamientos y seguir adelante como si nada hubiera pasado. ¿Por que seguía guardando aquellos pensamientos infantiles? En cierto modo, consideraba que si un doctor así existiera las cosas serian mas fáciles y mas divertidas. Camino sin rumbo alguno por los pasillos del lugar esperando que algo pasara cuando de pronto... Nada, un simple libro se encontraba tirado en medio del pasillo. Se acerco a donde este estaba y lo tomo con la mano, no parecía nada extraordinario, pero no era el tipo de libro que un niño deja en el suelo.

Era de color marrón y en la portada no lucia ningún titulo, la parte posterior tampoco tenía nada escrito. Emily lo zarandeo de un lado a otro, no había nadie en aquel lugar, y los pocos que estaban con ella permanecían sentados en las mesas leyendo o haciendo trabajos. Resoplo con fuerza y abrió aquel libro tratando de saber que era. La primera página estaba en blanco... Comienzo prometedor, pensó la pelirroja. La siguiente hoja también lo estaba y otras cuatro más. Debía de ser una agenda, no podía ser un cuaderno de notas pues era demasiado pequeño. Lo cerro de golpe. ¿Que esperaba que pasara? Pero cuando fue a depositario en la repisa correspondiente sintió una sensación extraña recorrerle la espalda. Como un escalofrió. Tenía que verlo de nuevo.

Tomo el libro otra vez y lo abrió por la primera página, estaba en blanco, la segunda también, la tercera... En la tercera alguien había escrito algo. Era imposible, hacía solo unos segundos el libro estaba en blanco. Emily sacudió la cabeza ¿Se estaba volviendo loca? Seguramente. En el libro, de color azul, escrito con prisas y una caligrafiá algo extraña estaba escrita la palabras "Corre!". ¿Corre? ¿Por que? Paso la siguiente página, "Corre!" apareció de nuevo escrito. En todas y cada una de las páginas había aparecido aquella palabra, ¿En todas? No, en la ultima página una frase diferente aparecía reflejada. A Emily Williams le costo respirar durante unos segundos. En la ultima página del libro se podía leer la frase.

"Corre! ¿A que estas esperando? Con cariño... El Doctor"