En medio de la madrugada, Kate se despierta sobresaltada. Mira hacia todos lados y recuerda que esta en el cuarto de Castle. Nota que él no esta. Se levanta, enciende la luz. Lo busca en el baño y la oficina. Al no encontrarlo por ninguna parte sale del cuarto hacia el living.

Al ver que no hay nadie por ninguna parte mira la hora. 3:20 AM.

Luego sube las escaleras sigilosamente y se dirige al cuarto de huéspedes.

Abre la puerta con cuidado de no hacer ruido, entra y enciende una lámpara. Y allí esta Castle, apenas tapado con una sabana, durmiendo pacíficamente en calzoncillos.

Kate se sonríe y se arrodilla a su lado, posando una mano en una de sus mejillas.

-Castle… Rick…

El apenas hace alarde de que la esta escuchando. Y le responde sin abrir los ojos.

-Fue muy amable de tu parte dejarme dormir allí y venir aquí, pero no corresponde, Castle.

-Está bien, Kate. Ve a dormir.

-Me siento mal quitándote la cama, Rick.

-No te sientas mal, todas las camas de aquí son iguales. Vamos, ve.

-¿De verdad?

El abre los ojos y levanta una de sus manos posándola en una mejilla de ella.

-De verdad. Descansa.

Ella le sonríe y posa sus labios sobre los de él dulcemente dándole un beso.

-Gracias.

-Duerme bien, Kate.

-Igual tu. Perdón por despertarte.

-No hay problema.

Rick vuelve a dormirse. Kate lo tapa un poco mas con la sabana, toma su bolso, apaga la lámpara y se va.

Regresa al cuarto de Rick, se coloca el pijama y se recuesta en la cama.

Se sonríe pensando lo a gusto que se siente estando allí. El cuarto entero huele a él.

Enseguida se queda dormida.

Por la mañana, Kate se despierta, antes que su despertador suene, por el sonido del agua de la ducha corriendo. Mira la hora. 7 AM.

La puerta del baño esta cerrada. Ella se levanta, toma sus cosas de aseo y golpea la puerta.

-Puedes pasar si quieres, estoy en la ducha.

Kate abre tímidamente la puerta y entra al baño el cual esta lleno de vapor y huele bien.

Rick asoma su cabeza despeinada por detrás de la mampara azul.

-Buen día, Kate. ¿No hay beso de los buenos días para mí?

Ella se sonríe. Y le da un beso en la mejilla.

-Buen día, Castle. Espera que me lave los dientes.

Él se sonríe y continúa bañándose.

Kate se lava la cara y los dientes. Luego se acerca a la bañera y corre la mampara un poco asomando la cabeza para dentro.

-¿Te gusta lo que ves, Beckett?

Ella se sonríe y se sonroja.

-Solo estoy aquí para darte tu beso de los buenos días, Castle.

Él se sonríe y se acerca a ella. Ella lo toma por un lado de la cabeza y lo besa pausada y tendidamente.

-¡Wow! El mejor beso de buenos días de toda mi vida.

-¿Tuviste muchos besos de buenos días?

-Estuve casados dos veces, Kate.

-Lo se.

-Pero créeme cuando digo que este fue el mejor.

Ella le sonríe.

-Enseguida salgo así puedes bañarte tu.

Kate se sienta sobre el inodoro. Rick termina de bañarse y cierra el agua.

-¿Me pasas una toalla del armario que esta a tu lado, por favor?

Kate abre el armario revelando un montón de toallas bien dobladas de todos los colores, y algunas batas, pantuflines y toallas pequeñas. Extrae una toalla grande color negra, cierra el armario y le acerca la toalla a Castle.

-Aquí tienes.

-Gracias.

Kate cada vez se siente más cómoda con la intimidad compartida. Rick sale de la ducha con la toalla envuelta en su cintura y el pelo chorreando agua.

-Espera.

Kate abre el armario nuevamente y toma una toalla pequeña. Se acerca a él y delicadamente le seca el cabello. El cierra los ojos disfrutando el momento.

Luego, se besan una vez más.

-Báñate tranquila. Ya sabes donde están las toallas y dentro de la ducha encontraras shampoo, crema de enjuague y otras cosas. Luego te espero en la cocina para desayunar.

Ella asiente. Rick se dirige al cuarto a cambiarse. Una vez que cierra la puerta detrás de si, Kate se desviste e ingresa a la bañera. Abre el grifo y se deja embargar por el agua caliente y las sensaciones que le causa saber que apenas segundos antes, Rick ha estado en esa misma ducha.

Quince minutos después, Kate sale del baño envuelta en una toalla rosada. Se viste con ropa limpia, se perfuma, maquilla y cepilla el cabello.

Nota que afuera esta lloviendo, por lo cual decide dejarse el cabello mojado, nadie sospechara nada en la comisaria.

Guarda su ropa sucia en su bolso y deja el cuarto rumbo a la cocina.

Allí están Rick y Martha. Él terminando de preparar el desayuno, Martha ya esta desayunando.

-Buen día, Martha.

-Oh, buen día, cariño. ¿Cómo has dormido?

-Bien, gracias. ¿Usted?

-Nada de usted. Soy vieja pero que no se note, Kate. Dormí bien, gracias.

Kate se sonríe. Y toma asiento en el desayunador.

Rick le sirve café.

-Aquí tienes leche, azúcar, tostadas, dulces, bear claw, lo que gustes.

-Gracias, Rick.

-Bueno, chicos, yo los dejo. Tengo que ir de compras.

-Toma un taxi y lleva paraguas, madre. Esta lloviendo fuerte.

-Si, gracias, Richard.

Martha se despide tirando un beso al aire a ambos, toma sus cosas y se va.

Kate y Rick desayunan casi en silencio a excepción de algún comentario sobre el caso que están trabajando.

-¿Por donde comenzaremos hoy, Beckett?

-Veremos si los chicos o Lanie tienen novedades, y de ahí partiremos. Con esta lluvia no podemos ir a Central Park, y además cualquier pista que pudiera haber debe haberse lavado.

Luego de desayunar, toman sus cosas y salen rumbo a la comisaria en el coche de Kate que esta estacionado en la puerta.

Al llegar, nadie se percata de que lleguen juntos ni de que luzcan mas amistosos que de costumbre. Pero Esposito y Ryan se percatan de otra cosa…

-Hola, Beckett, Hola, Castle. ¿Sin café esta mañana?

-¿Castle, no has comprado café para Beckett?

-No, si, nosotros…

-…lo tomamos de camino aquí. Pase a buscarlo para venir. ¿Alguna novedad en el caso?

-Últimos llamados hechos por ambos y hayamos una cámara de seguridad de un local cercano, que enfoca la escena del crimen, aunque la imagen es difusa y lejana.

-Bien. Cuéntame de los llamados.

-Gabriela solo tiene llamadas a él y a su madre. Lo mismo con los mensajes de texto, a excepción de algunos a una amiga, Cinthia Byron. A la cual chequeamos y esta fuera de la ciudad desde hace dos semanas. Sebastián realizo llamadas a sus padres, al gimnasio y a Gabriela. Las últimas son de su madre.

-Todo esto esta demasiado hermético. Todo gira entre ellos dos y sus familias.

-Te lo dije, es el padre.

-¿Qué hay del video?

-Aquí están las capturas de lo único que puede apreciarse. Es una cámara giratoria que se mueve de acuerdo a las personas que pasan por el local, por lo cual no tenemos imágenes de la escena de todo el tiempo.

Esposito le entrega unas fotografías.

-Algunos vehículos estacionados. Los cuales estamos comprobando aun. Y allí están Gabriela y Santiago sentados en el banco. Luego pasa directamente a ellos ya muertos. No tenemos imágenes del momento del hecho.

-Bien, cuando sepan a quienes pertenecen los vehículos estacionados, si algo resalta háganmelo saber.

Ryan y Esposito asienten y se van.

-Este caso es muy compacto, Castle. No me gusta.

-¿Quieres un café?

-Dale, te lo agradecería.

Rick se dirige al cuarto de descanso a prepara dos cafés.

Las horas pasan, y el caso parece no avanzar. No hay pistas. Ni sospechosos plausibles. Beckett y Castle pasan horas sentados observando la pizarra.

Enseguida, se acerca Ryan.

-Beckett, Castle… Creo que tengo algo.

-¿De que se trata?

-Comprobamos los vehículos estacionados. Todos, menos dos pertenecen a trabajadores y residentes del área. De esos dos excluyentes, uno es de una señora que todas las noches va con amigas al parque a hacer gimnasia.

-¿Y el otro?

-El mismísimo Sr. Cohen.

-Te lo dije.

-No te emociones tanto, Castle. Tal vez le presto el coche a su hijo o se lo robaron.

-Lo dudo. Sebastián no tiene permiso de manejo, y no parece la clase de chico que se robaría el coche del padre. Y no hay reporte de robo sobre el coche.

-Muy bien, Ryan, gracias. Llama por favor al Sr. Cohen y dile que se presente aquí cuanto antes.

Ryan asiente y se va.

-Beckett, es obvio, todo apunta a él.

-Apuntar no es sinónimo de disparar, Castle. Puede no haber sido él.

-Pero es probable que si haya sido.

-Ya veremos.

Media hora más tarde, el Sr. Cohen se presenta y es interrogado.

-Gracias por venir, Sr. Cohen.

-Ya les dije todo lo que se. ¿Por qué me han pedido volver?

-¿Qué coche tiene Sr. Cohen?

-¿Coche? Tengo un Sedan verde. ¿Por qué?

-¿A dónde estuvo ayer entre las diez y las doce de la noche?

-¿Me están acusando de haber matado a mi propio hijo?

-No lo estoy acusando de nada, Sr. Cohen. Solo dígame dónde estuvo.

-Durmiendo. Me acuesto temprano porque madrugo. Y tomo píldoras para dormir. Duermo profundamente, detective, y no asesino a nadie mientras lo hago. Despedí a mi hijo después de la cena, ni siquiera supe que no estaba en casa hasta que mi esposa me lo comento en la mañana. Asumimos que estaba con esa chica.

-¿Su hijo usaba su coche?

-No. Sebastián no manejaba. Nunca quiso aprender.

Beckett le enseña las fotografías donde se ve su coche.

-Su automóvil estaba estacionado frente al parque la noche del crimen.

-No puede ser. No salió de mi garaje.

-No puede, pero es, Sr. Cohen. ¿Alguien más maneja su coche?

-No. Mi esposa no sabe manejar. Y nadie más… no, nadie toca mi coche.

-Bien, lo chequearemos, Sr. Cohen. Por favor no abandone la ciudad y manténganse disponible por cualquier cosa.

Enseguida regresan frente a la pizarra.

-¿Tu le crees, Beckett?

-Parece sincero. Hay que esperar que los chicos vuelvan de registrar su casa.

Media hora más tarde, los chicos vuelven.

-¿Qué encontraron?

-Efectivamente el Sr. Cohen tiene píldoras para dormir, recetadas. Pero… hayamos el arma.

Esposito se la enseña dentro de una bolsa plástica.

-Falta que Lanie le haga pruebas pero es casi seguro que es el arma.

-¿Dónde estaba?

-Envuelta con un trapo de piso dentro de un cajón en el living.

-¿Quién les abrió la puerta, chicos?

-La Sra. Cohen. La cual luego desapareció y debimos irnos cerrando la puerta por nuestra cuenta.

-Fue ella.

-Castle, no puedes acusar a toda la familia solo porque una pieza te encaja mejor que otra. No tienes el rompecabezas entero.

-Beckett, piénsalo. Mientras su marido duerme pesadamente por las pastillas, ella toma el arma y el coche, los mata, regresa y se acabó. Nadie sabría que fue ella. El marido piensa que no sabe manejar, no tiene licencia, el arma no esta registrada, es una mujer que no se ajusta al perfil de un asesino. Aparentemente no tendría motivos. Tiene que ser ella. Y cuando los chicos registran su casa, ella desaparece.

-Bien, chicos, traigan a la Sra. Cohen.

Veinte minutos después…

-Beckett. La Sra. Cohen no regreso a la casa. El marido no sabe nada de ella y dejo su teléfono en casa.

-Es ella.

-¡Castle!

-Beckett, puede que Castle este en lo cierto. Lanie acaba de decirnos que el arma fue limpiada de huellas, pero le han echado perfume para cubrir el olor a pólvora recién disparada. Perfume de mujer, y el mismo que usa la Sra. Cohen.

Cuarenta minutos mas tarde, encuentran a la señora Cohen en el cementerio frente a la tumba de su hermana. Ella, en un ataque de nervios y dolor, confiesa todo. Fue al parque a matar a Gabriela para que su esposo dejara de ser duro con su hijo, y además previendo que Sebastián abandonaría la idea de entrar al liceo militar si iba a tener un bebe, y el Sr. Cohen no soportaría eso y perturbaría la familia. Pero se le salió todo de las manos, cuando Sebastián se interpuso recibiendo el primer tiro. Luego mato a Gabriela y de nervios disparo múltiples veces dándole a su hijo. Regreso a su casa, limpio el arma, la perfumo y la envolvió en un trapo de piso. Nadie sabía de esa arma, la adquirió ella misma hace dos meses para defensa personal.

Apresan a la solloza y arrepentida Sra. Cohen, ante la vista reprobatoria y abatida de su esposo.

-Al final tenias razón, Castle. Tendré que escucharte más.

-Puedes compensarme la falta de credibilidad esta noche.

Kate se sonroja y frunce el seño.

-¿Cena y película? La lluvia es perfecta para ese plan.

Ella se sonríe.

-Bien. Pero en mi casa. ¿Qué dices?

-Acepto. Iré a casa a saludar a Alexis y a mi madre. Tú termina el papeleo, ya sabes que no soy de ayuda en eso. Luego te veo. ¿A que hora te parece bien que vaya?

-¿A las ocho esta bien?

-Perfecto. Llevo el vino y la comida. Elige la película.

-Es una cita.

Él se sonríe.

-La tercera.

-Yo diría cuarta.

-Cierto.

-Nos vemos luego, Castle.

-Nos vemos.

Él se va, ella se queda sonriendo, hasta que Esposito la interrumpe.

-¿Puedo ir?

-¿A dónde?

-Con ustedes.

-¿De que hablas?

-¡¿Nos vemos luego, Castle?

-Es una forma de decir, Espo.

-Si, claro.

-De verdad.

-Finge con Castle, Beckett, no conmigo.

Ella le da un golpe en el brazo. Y se sonroja. Luego se sienta a hacer el papeleo del caso. Esposito la deja mientras se va sonriendo.