Nota de la autora: Tarde más de lo acostumbrado, ¿verdad? ¡No se preocupen! Estaba terminando el capítulo VIII y es que este, el capítulo V es el último de prólogo, la base, y ahora empieza lo bueno. Les presento el nuevo capítulo y los hijos de Draco y Hermione Malfoy.
Capítulo V. – The Malfoy's children.
El matrimonio Malfoy tenía cuatro hijos, todos tan maravillosos como habían sido sus padres en sus años de Hogwarts. Porque sí, los cuatro hijos habían demostrado, a lo largo de su infancia, que serían brujas y magos.
Los primeros eran los gemelos, la de bromas que contribuyo el que Hermione tuviera gemelos durante el primer embarazo, los policías podían ser crueles con esas cosas. La pequeña Viola Marie y el pequeño Scorpius Orion, sin embargo, acabaron con todas las bromas. Esos ojitos grises mercurio y los mechones de rubio platino los tenían a todos embrujados. Tanto que no se fijaron que Hermione estornudaba burbujas fosforito durante su tercer cumpleaños.
El siguiente fue Regulus Titan, un niño de pelo rubio y alborotado y ojos castaños, la mezcla perfecta, incluso tenía las pequitas por toda su naricita de su madre, y también era un encanto de niño.
-¿Por qué Regulus? – Preguntó Draco una noche, mientras Hermione lo amamantaba en la mecedora.
-Regulus Arcturus Black fue un Mortífago, el hermano de Sirius, traicionó a Voldemort y murió intentando destruir uno de sus Horrocruxes, supongo que se lo debo, de algún modo.
Tardo un poco más que sus hermanos mayores en hacer magia, que cuando el nació ya tenían tres años y eran un tanto revoltosos, tuvo que cumplir los cinco para maquillar a su padre mientras este se preparaba para ir a trabajar.
Y por último, no menos importante, la princesa de su padre, Valeska Elizabeth, una casi perfecta copia de su madre, pelo castaño, pero liso, y ojos miel, nació dos años después que Regulus, pero no dio tantos problemas con su hermanos hasta que cumplió los dos años y empezó a fundir cosas cuando se enfadaba y volarlas si le daban berrinches, cosas pequeñas, claro. Pero asustaba a sus hermanos y la magia se disparaba por toda la casa.
Eran los hijos más increíbles que podían pedir y a sus padres lo que les preocupaba era el cumpleaños de los mayores, el onceavo cumpleaños de sus primogénitos y una lechuza que podía o podía no aparecer en sus vidas con dos cartas para ellos. Hermione pasaba cada vez más noches en vela, y Draco se perdía en sus pensamientos más seguido. Llegaba del trabajo y se sentaba en su despacho/biblioteca a mirar el jardín desde la silla hasta que Hermione iba a buscarlo para cenar.
Pero hicieran lo que hicieran el día no hacía más que acercarse y sus hijos no entendían la preocupación de sus padres, no, ellos no sabían porque sus padres se preocupaban tanto, después de todo, sus pequeños asuntos mágicos no habían sido descubiertos por nadie. Ni en la escuela, ni por los vecinos.
Hasta el día que Viola escuchó una conversación de sus padres.
-Viola y Scorpius se tendrán que ir, no podemos mantenerlos aquí, creo que podríamos mandar a Scorpius a Durmstrang y a Viola a Beauxbatons, estoy segura de que los aceptarían si mandásemos la solicitud a primera hora.
-No, Hermione, nuestros hijos no se irán a ningún lado, terminaran la primaria, la secundaria, la universidad y trabajaran en lo que ellos quieran, sin tener que ver con la magia.
-Draco, es su herencia, nos hemos apartado de ese mundo, pero no cambia lo que somos.
-¡Somos muggles, Granger! – Su padre tenía que estar enfadado para referirse a su madre con su apellido de soltera – ¡Y nuestros hijos son muggles! ¡No habrá más varitas que la tuya y la mía en esta casa y esas están escondidas!
-¡Bien, Malfoy, siéntate aquí a gruñir y pensar como un idiota, y veamos cuanto tarda en presentarse aquí McGonagall o Snape para ver porque nuestros hijos, supuestamente muggles no van a entrar en ninguna escuela de magia y hechicería!
Escuchó los pasos de su madre y volvió a subir con cuidado las escaleras. Casi la pilló al final, pero entro en la habitación que compartía con Valeska a tiempo para ver la figura de su madre pasar por delante de su habitación. Casi.
Al día siguiente todo estaba tan tranquilo como el día anterior, a una semana de ser su cumpleaños, los niños estaban emocionados, además sumándole que su padre había prometido llevarlos al parque de atracciones y luego a la ciudad, ya que también estaba en vacaciones y al ser agosto, su madre también podía ir.
Y francamente, el día de su cumpleaños no podía haber sido peor, no fueron a ninguna parte, por la mañana había una montaña de cartas sobre la mesa, sin abrir, sus padres las miraban como si fueran a abrirse solas y empezar a gritarles y luego, a medio prepararse para ir parque zoológico y comer por fuera. Tocaron a la puerta.
-Hermione, sube y quédate con los niños, coge la varita – La besó, no sabía que esperaba fuera, pero no creía que fuera nada bueno. – No bajes pase lo que pase, y si pasa algo malo, márchate con los niños, llévatelos lejos.
Si fuese en otra situación, se hubiera reído y dicho que no estaban en la época de Voldemort, pero no lo era, no había pasado ni medio día desde que sus niños cumplieron once años y mira por donde, ya están tocando a la puerta. Cuando ella cumplió los once años, McGonagall tardo bastante más en ir a hablar con sus padres sobre su hija siendo una bruja. Sin embargo, no se movió del pie de la escalera, directamente frente a la puerta y por una vez, Draco no le dijo nada más.
Abrió la puerta, y para su sorpresa, el que había ido a verlos era Snape, Severus Snape con su túnica negra y grande, ocupando todo el marco de la puerta, la simple visión del hombre, mirándolos fijamente con sus ojos de cuervo les dio escalofríos.
-Pensaba que era una broma de…la directora – Fue lo único que dijo antes de entrar en la casa, pasando al lado de su ahijado sin dirigirle una sola mirada. – Las cartas han llegado bien, no es de buena educación quedarse parado con la boca abierta, Draco, estoy seguro de que tu padre estaría muy decepcionado contigo.
Y el infierno terminó de congelarse cuando los niños bajaron riéndose y peleándose a la vez por llegar antes.
