-¿Estás bien, Rose?- Arrodillado a su lado, frotaba dulcemente su espalda sin saber cómo ayudarla. Unos segundos después, la pelirroja se enderezó con el rostro un poco pálido y el cabello ligeramente desaliñado. Scorpius le acarició la mejilla blanca suavemente, como si pudiera romperse.

-Estoy bien.

-¿Segura?

-Sí, son solo nauseas matutinas. Victorie dijo que son normales hasta pasado el tercer mes. No creo que las sufra mucho más.- Se puso en pie con la ayuda de su novio, pues aún se sentía un poco mareada.- Pero, creo que me sentiré mejor una vez que me lave los dientes. - Scorpius asintió con una media sonrisa. Luego de besar la frente de la pelirroja salió del baño para darle un poco de espacio.

Rápidamente cruzó la habitación, caminó por el pasillo y se sentó en el sofá frente a la chimenea. Miró alrededor y una sensación cálida lo invadió.

"Nuestro hogar... este departamento lleva un mes siendo nuestro hogar."

La estancia no era todo lo lujoso que podía esperarse de un Malfoy, más bien era confortable y cálida, con un aire a la Madriguera que, sin perder la elegancia, hacía recordar a noches de invierno contando historias junto al fuego del hogar.

Unos brazos rodearon el cuello el rubio desde atrás y luego sintió un dulce beso en su mejilla.

-¿En qué piensas?- Rose se sentó a su lado mientras Scorpius posaba una mano sobre el vientre de ella, ya bastante abultado para sus tres meses de embarazo.

-En que ya llevamos un mes aquí... Se ha pasado muy rápido.

-Sí, bastante.-De pronto ambos guardaron silencio.- ¿Lo sentiste?- Dentro de Rose, un bebé se había movido. Ella con los ojos brillantes de emoción miraba a Scorpius, quien se encontraba igual que ella. Asintió lentamente.

Los ojos azules se posaron en la arcada que comunicaba con la cocina-comedor, y sintió un inexplicable antojo de manzanas... las cuales se habían acabado el día anterior.

-Cielo, quiero comer manzanas.- Scorpius sonrió divertido, los antojos de Rose eran lo que más le gustaba de su embarazo.- Pero anoche se acabaron. Además, nos quedamos sin leche y quiero almorzar y cenar algo que no sea pasta, para variar. Debemos ir a comprar víveres.

-De acuerdo. Ve a vestirte y nos vamos al mercado.- Besó rápidamente los labios de su novio y luego Rose salió disparada a la habitación. Scorpius rió quedamente por la prisa de la pelirroja y se puso en pie para buscar los abrigos.

Entonces su mirada se topó con un mueble en la pared del fondo de la sala, donde descansaban tres fotografías en sus marcos. Una era de la familia Malfoy, otra con los Weasley's y una tercera mostraba a Rose, Scorpius y Albus en su séptimo año de Hogwarts. Ésta última fue la que atrajo la atención del rubio.

-Ya estoy lista. Vamos, cielo.- Al ver que no respondía, Rose se acercó a su novio. Junto a él pudo ver las fotos y adivinar qué pasaba por su mente.- Deberíamos escribirle, ¿verdad?

-¿Por qué siempre sabes lo que estoy pensando?- La miró con una sonrisa de lado, ella siempre adivinaba lo que se cruzaba por su mente.

-Porque te amo demasiado.- Lo besó dulcemente por unos momentos. Cada vez que sus labios se juntaban era como la primera vez, podía sentir las mariposas en el estómago y el mundo le daba vueltas. Se separaron lentamente.- Ven, vamos a escribirle a Albus.

Caminaba mirando al suelo, sin un rumbo fijo, mientras pateaba algunas rocas del camino. Cada tanto suspiraba y miraba el paisaje del parque en pleno verano, al tiempo que el sol se despedía poco a poco en el horizonte, tiñendo el aire de dorado y escarlata.

"Un mes"

Trataba de quitarse los pensamientos negativos de su mente, pero era imposible alejar la preocupación. Sabía que de haber pasado algo malo ya se habría enterado. Pero el miedo no cedía, y lo mantenía nervioso y afligido. Tan sólo necesitaba unas pocas líneas escritas para tranquilizarlo. Pero parecía que esa carta que deseaba no llegaría.

"Cálmate, Albus. Ellos deben estar esperando que las cosas se normalicen. No quieren que los descubran, eso es todo. Pronto llegará esa carta."

Pero aún así, sus esperanzas se deslizaban poco a poco más cerca del suelo, mientras sentía que cada vez estaba más solo.

Un sonido lo distrajo de sus pensamientos, un ulular más que familiar. Una lechuza color café-con-leche acaba de aterrizar en su hombro. Mordía afectuosamente su oreja y en una pata llevaba atada una carta.

-¡Hopy!- Feliz de reconocer la lechuza de su prima, Albus tomó la carta rápidamente.- ¿Me traes una carta de Rose?- No le tomó ni un segundo encontrar la caligrafía de la pelirroja en el sobre, que prolijamente escrita rezaba:

Para: Albus Potter

De: Rose y Scorpius Malfoy

-¡Ay Rose! Sigues tan loca como siempre primita.- Vio a la lechuza alejarse feliz de cum

plir con su entrega y luego se encaminó a toda velocidad hacia el Nº 12 de Grimmuld Place.

Ignorando las protestas de su madre por cerrar la puerta tan fuerte, Albus subió a su habitación lo más rápido que sus piernas le permitieron y cerró la puerta con todo cuidado. Luego se recostó en su cama y abrió el sobre con manos temblorosas de la emoción. Dentro del mismo habían dos cartas, una de Rose y otra de Scorpius.

Albus tomó primero la de su prima y comenzó a leerla ávidamente.

Querido Al:
¡Primo! ¡No puedo creer que llevemos tanto tiempo sin hablarnos! No sabes lo que te he extrañado primo. Aunque no me creas, me haces mucha falta.
Antes de que te preocupes innecesariamente, nosotros estamos de maravilla. Vic me dijo que el embarazo iba genial. Y... ¿Adivina qué?... ¡Vamos a tener mellizos! Sí, sí, así como lo lees. Parece que los genes Weasley no me piensan abandonar, ja ja.
Me gustaría saber cómo está la familia. Espero que no tan conmocionada como lo imagino. Abraza a mi mamá mucho por mí, por favor. ¿Está muy afectada? De mi padre no me digas nada, ya me lo imagino (y sé que me debo estar quedando corta). ¿Cómo reaccionó Hugo? No sé qué esperar de mi hermanito.
¿Cómo está nana Molly y el abuelo Arthur? ¿Y mis otros primos y tíos? Espero que no se sientan mal, tú sabes que no ha sido mi intención hacerles pasar un mal rato.
Quiero que sepas que encontramos un lindo departamento en Londres. No es muy grande, pero es perfecto para nosotros... claro que cuando los niños nazcan deberemos mudarnos a otro lado, ja ja.
Espero que estés bien, Al. No hemos querido escribirte antes porque nos preocupaba que te estuvieran vigilando. Esperamos que no hayas estado muy preocupado por nosotros.
Te extraño mucho, y a todos, pero en especial poder hablar contigo. ¡Te amo primo!

Un beso enorme, Rose M.

PD= ¿Qué crees que opinará la familia de mi nuevo apellido? Ja ja.

Albus sonrió ante las ocurrencias de su prima y decidió que luego tendría que ocultar muy bien esa carta.

¡Mellizos! Definitivamente Rose y Scorpius estaban decididos a romper todas las tradiciones de ambas familias. Lo único que faltaba era que fueran dos niñas para rematar aún más la tradición Malfoy.

Albus tomó la carta de Scorpius, visiblemente más pequeña, y comenzó a leerla.

Querido Albus:
Cielos, amigo no había notado lo mucho que necesitaba hablar contigo. Creo que Rose me ha quitado todas las cosas que podía contarte.
¡Mellizos! ¿Puedes creerlo? Imagínate a mis abuelos cuando se enteren. Bromeo con Rose que deberían ser dos niñas, para acabar con la tradición Malfoy, pero ella insiste con que quiere un niño. Ya veremos que sucede.
¿Sabes algo de mi familia? No creo que la relación entre Weasleys-Malfoys sea la mejor en estos momentos, pero tal vez te has enterado de algo.
Creo que Rose ya te escribió sobre nuestro departamento, no te damos la dirección por miedo a que intercepten la carta, pero quiero asegurarte que es un lugar precioso y que a tu prima no le falta nada.
Muchas gracias por todo esto, Albus. Eres el mejor de los amigos, siempre lo supe. Respóndenos en cuanto puedas, estaremos esperando tu carta. Y una vez más: ¡Gracias por todo!

Un abrazo, Scorpius M.

PD= ¡Que testaruda que es Rose! No quería enviar la carta si no la firmaba como Rose Malfoy.

Albus releyó tres y hasta cuatro veces seguidas las cartas de sus mejores amigos, mientras borraba rápidamente unas lágrimas rebeldes que caían de sus verdes ojos.

A él no le gustaba llorar, pero esa situación lo superaba, se sentía muy feliz por ellos y aún más por comprobar que no lo habían olvidado.

Tomó pergamino y lápiz y comenzó a escribir su respuesta.