Autora: Sé que todos deseaban ver algún tipo de reacción por parte de Snape, pero ¿en serio? Es Snape. No se va a poner a llorar, ni a gritar, ni mucho menos se va a desmayar. Actuará como es. Frío, calculador y ya se encargara de sobre llevarlo a su manera.

Muchas gracias por los comentarios, los favoritos y las alertas. Me animan a seguir. No se extrañen si subo rápido, noches en las que me cuesta dormir porque las ideas no dejan de darme vueltas a la cabeza, contribuyen bastante.

Disfruten de este capítulo.

Capítulo VI – Where past and present collide.

-Mamá, estoy cansada.

-Papá, cárgame.

-¿Cuánto tiempo más tenemos que estar aquí? Voy a perderme mi programa favorito.

-¿No pusiste el vídeo a grabar?

-Se me olvido, no pensé que fuéramos a estar tanto tiempo.

-Viola, Scorpius, ya vale. Valeska y Regulus están cansados y sólo nos falta comprar un par de cosas más. – Terminó la discusión Hermione. – Ahí esta Madame Malkin's.

Entraron en la tienda, que aunque tenía un hechizo refrescador dentro, con la cantidad de gente que había dentro esperando por sus túnicas para el nuevo curso, hacía un calor espantoso. Hermione puso una mano en el hombro de Scorpius y este cogió la mano de su hermana Viola.

Las dos últimas semanas habían sido horrorosas para la familia Malfoy, tener que inventar excusas de por qué sus hijos mayores no seguirían asistiendo al colegio al que iban, donde coincidían con algunos hijos de los compañeros de Draco, donde trabaja Hermione, y hacer que los pequeños no dijeran nada sobre ser una familia de magos y sus hermanos yendo a Hogwarts.

Después de la breve visita de Snape, donde los miró primero a uno, luego a otro y fijarse en los hijos de su ahijado. No dijo nada pero tampoco hacía falta, les dio las cartas a los mayores y les contó que sus padres iban a mandarlos a una escuela para gente como ellos, que los esperaba el día uno de septiembre. Y se fue.

Los niños, queriendo conocer más de Hogwarts no los habían dejado en paz, y harto, Draco les había gritado y castigado, y vuelvo al trabajo, dejando sus vacaciones para otro momento. Hermione había hecho un almuerzo encantador, les había dado sus regalos, y luego esperado a su marido para hablar.

-Creo que deberían ir a Hogwarts, están emocionados y no es como si no pudiéramos permitírnoslo.

-Preferí construir una habitación nueva en esta casa antes que comprar otra, o ir a Malfoy Manor, Hermione, porque no me apetecía el cambio, los niños son bien recibidos, una carta a un colegio de magia y hechicería no.

-¿Tanto miedo te da que descubran lo que pasó hace trece años?

Draco se apretó el antebrazo izquierdo, la marca hacía mucho tiempo que se había quedado gris, apagada, y apenas se movía, ocasionalmente cuando estaban teniendo sexo mientras los niños estaban en la escuela o cuando todos los demás dormían, incluso cuando perseguía a algún criminal o disparaba en el campo de tiro, pero el recuerdo, el significado de esa serpiente y la calavera, la guerra en sí, los perseguiría pasase el tiempo que pasase.

-No van a marginar a mis hijos por mi pecado, Hermione, no quiero que lo pasen mal por mis errores.

-No son solo tus hijos, también son los míos…Son inocentes, nacieron después de la guerra y no dejaré que nadie les haga nada malo.

-Tu si que eres inocente. – La besó y asintió – Dentro de dos semanas tendré un par de días libres, iremos al Callejón Diagon y podemos ponernos glamour para no parecer los Malfoy si quieres.

-No nos esconderemos. – Se levantó encantada y fue a avisar a los niños. – Les he dado sus regalos por cierto.

-Eres una consentidora – Le dijo entre risas y abrazo a su hija, le apretó el hombro a su hijo y el día volvió a ser igual de bueno que al principio.

-Mamá, mamá, ya nos toca – Scorpius apretó su mano y tiró de ella, se había perdido en sus pensamientos y ahora Draco se burlaba de ella con su sonrisa pícara.

-Bien, señores, pasen por aquí, les tomaré las medidas para arreglar las túnicas.

Primero subió Viola, Hermione no pudo evitar verse a si misma, estirando los brazos para entrar en la enorme túnica de prueba, emocionada por ir a un nuevo colegio, por saber más.

Draco por su parte estaba metido en sus pensamientos, la gente los miraba, podía darse cuenta, como no hacerlo, Hermione era inconfundible y su pelo rubio y sus ojos grises tampoco es que dejasen de llamar la atención. Cuando la tienda se estaba vaciando cada vez más, al salir los pedidos, la gente no podía evitar darse la vuelta y mirar, cuatro niños, tres de ellos con el pelo rubio plateado, acompañados por una mujer de pelo rizado, castaño y tan hermosa como el día en que se fue, hace más de una década.

Luego subió Scorpius, con el porte de su padre, no pudo evitar notar Hermione, era un poco más alto que su hija y sus facciones más masculinas, pero por el resto, eran idénticos y se sentía muy orgullosa de ellos yendo a Hogwarts.

Draco por su parte no podía dejar de mirar por el escaparate, sin saber que esperaba ver, quizás una manada de cabezas pelirrojas y una negra, quizás a sus antiguos colegas de Slytherin. No sabía que había sido de ellos después de la batalla, y tampoco es que le apeteciera saberlo, seguro que movieron todo lo que tenían que mover para quedarse fuera de la prensa y de Azkaban.

-Bien, esperen diez minutos en aquella zona y en seguida tendremos listas sus túnicas, ¿dos para cada uno? – Preguntó la vieja bruja, sacándolo de su reflexión.

-No, mejor tres para cada uno – Respondió Hermione, pasando un brazo por los hombros de sus hijos y llevarlos a un lado – Los niños pueden ensuciarse a menudo.

Aunque los elfos de Hogwarts se encargasen de limpiar las túnicas todas las noches y dejarlas como nuevas, no quería arriesgarse a que sus hijos fueran por ahí llevando la ropa sucia, de ningún tipo.

-Y también dos de cada uniforme. – Siguió Draco, sujetando a Valeska que quería irse a jugar con un gato que pasó cerca de ellos. – Valeska, no te arrastres por el suelo.

Esperaron los diez minutos que tenían que esperar y salieron con las bolsas, Draco no pudo evitar mirar para ambos lados, sin saber por qué, quizás la costumbre de que en el mundo muggle si no miras pueden atropellarte, o al menos eso se decía.

-Bien, pues, Draco, coge a Regulus y Valeska y ve a por las cosas de pociones, yo iré a por los libros con Scorpius y Viola – Viendo lo tarde que se hacía y todavía tenía que preparar los baúles y la cena – Y nos vemos en Ollivander's.

-De acuerdo, tienes el dinero, ¿verdad?

Asintió y le dio un pequeño beso a su esposo.

-Nos vemos después.

Se separaron, Hermione tenía un mal sabor de boca, en el estómago una piedra y no sabía realmente por qué, lo ignoró mientras salían de Flourish and Blotts, lo ignoró mientras buscaba la cabeza rubia de su marido y a sus hijos menores…hasta que escucho a alguien gritar al final de la calle…

-¡Malfoy, suelta a esos niños y levanta las manos!

Y se giró a tiempo para ver como dos hombres vestidos de aurores, jóvenes aurores, se lanzaban, varitas en alto, contra su esposo y otros cinco los rodeaban, sus hijos sosteniendo fuerte la chaqueta de su padre, asustados por los repentinos actos de esos hombres desconocidos. Luego un montón de gente se puso entre ellos, queriendo ver como atrapaban al último de los Malfoy, y por mucho que gritase, por mucho que oyese a sus hijos llamándola, no pudo evitar nada de lo que paso a continuación.